I.

El temor de Atreyu

Atreyu mantenía la vista baja, clavada en el piso del amplio salón del palacio de Qüerquobad. Tenía ya varios minutos sentado en el asiento a un lado del trono del Anciano de Plata mientras pensaba en lo que le había prometido a Bastián: que acabaría sus historias. Pero la verdad era que no estaba seguro de hacerlo, después de todo eran demasiadas e innumerables, siempre apareciendo una nueva en la anterior. Ocultó el rostro entre las manos; a decir verdad estaba algo desilusionado, habían pasado ya algunos años desde que Bastián se había marchado de Fantasia.

Luego de dejar atrás a las serpientes clara y oscura, él y Fújur aparecieron en un terreno extraño, lejos de los países y provincias que ya conocían.

Al principio no fue nada bueno encontrarse en ese lugar, mas luego entendieron: ese sería el comienzo de una nueva historia. Volaron por encima de bosques, selvas, regiones antárticas, desiertos, mares, montañas… volaron sin rumbo fijo ya que no sabían exactamente dónde estaban, pero Fantasia es la tierra de los sueños y deseos y por tanto, el rumbo se rige por ellos, sean conscientes o no. Fue así como, en una semana de viaje, llegaron a la Torre de Marfil; qué hacían allí francamente no lo podrían decir, pero Atreyu y el Dragón de la Suerte se vieron pronto surcando los cielos por encima del laberinto que la rodeaba.

Todo parecía tan lejano que el muchacho dejó escapar un suspiro. Alzó la mirada, sabiendo que los Hombres de Hierba no se desaniman tan fácilmente, pero en ese momento parecía que todo su coraje se había perdido. De pronto, una enorme cabeza con una imponente melena y escamas de color madreperla apareció detrás de él. El dragón de la suerte giró sus ojos color rubí al ver al Piel verde y, haciendo sonar su voz de bronce, le dijo:

-Atreyu, mi Pequeño Señor, no deberías de preocuparte; Bastián debe de entender que las Historias que dejó son interminables, además… no sabemos con exactitud dónde están todos los fantasios que pertenecían a las mismas.

-Lo sé, Fújur, pero no puedo evitar sentir que le fallé a mi amigo.

-Eso no es verdad, estás tratando de cumplir tu promesa, de eso puedes estar seguro. Además, ¿qué es lo que hace un Dragón Blanco de la Suerte?

-Dar suerte…

El Piel Verde sonrió forzadamente, tratando de hacerle creer a su amigo que se sentía mejor, pero el mismo comprendió que eso no era cierto, así que salió de la estancia, dejándolo solo.

-Bastián… siento que te fallé…

Nuevamente el chico ocultó su rostro entre ambas manos, sintiéndose mal por no cumplir la promesa hecha. Se paró de su asiento y se dirigió a la ventana del salón. Recordó los destellos de Murhu al ser tocado por los rayos del sol, ahora sólo era una llanura pelada la que se extendía ante él; desde que los Amargancios habían dejado de trabajar la finigrana de plata, el palacio parecía ser sólo un montículo a lo lejos, sin ese brillo que tuviera tiempo atrás. Pensó en la Emperatriz Infantil, o la Hija de la Luna, como ahora todos la conocían, ¿qué estaría haciendo en este momento? Unos pasos comenzaron a escucharse en los pasillos, haciendo que el eco los repitiera en todo el palacio. Atreyu se quedó en silencio, tratando de escuchar detenidamente la fuente del ruido, fue entonces que reconoció un ruido metálico, era el andar de una armadura. En un instante el muchacho se ocultó tras una cortina cercana, que parecía hecha de piedra desde que la plata no había sido trabajada.

El causante de tal alboroto llegó pronto cerca del escondite de Atreyu, dándole la espalda; el chico corroboró que se trataba de un caballero armado, así que con rapidez salió de entre las sombras, colocándose detrás del desconocido, al tiempo que lo amenazaba con una flecha colocada en su arco.

-¿Quién eres y qué haces aquí? ¡Contesta o disparo!

-No dispare, soy sólo un simple caballero, mi nombre y misión no puedo revelársela.

-¡Habla o disparo!

-Por favor, sólo estoy buscando al héroe de Fantasia, al Piel Verde Atreyu.

-¿Para qué lo busca?

-Eso no puedo decirlo.

-Está bien. Habla. Yo soy Atreyu.

El desconocido se volteó, reconociendo al Piel Verde como a aquél que buscaba. Tenía mucho tiempo sin verle, pero lo reconoció de inmediato por el coraje de su tribu, el acabado del arco y el color de su piel y cabello.

-Atreyu…

-¿Qué desea?

-Baja el arco. ¿Acaso no me reconoces? Soy yo, Hýnreck el Héroe.

El muchacho lo miró detenidamente unos instantes, cerciorándose de que lo que decía era cierto. Luego de dudar, finalmente bajó el arma.

-¿Qué sucede? ¿Para qué me buscas? –mencionó con cierta hostilidad.

-Parece ser que tu carácter no ha cambiado nada.

-Aún no me respondes la pregunta, ¿cómo supiste que estaba en Amarganz? Y lo más importante ¿qué te trae en mi búsqueda?

-La Hija de la Luna me dijo que estabas aquí y me mandó con un mensaje para ti.

-¿La Señora de los Deseos? ¿La de los Ojos Dorados?

-Así es. Pareciera ser que te manda de nuevo en una misión.

-¿Cuál misión?

-Verás: hay una criatura humana en Fantasia.

-¿Acaso se trata de Bastián?

-No, no se trata de él. La Emperatriz Infantil menciona que en esta ocasión es una humana. Es tu misión escoltarla hasta la Torre de Marfil, en donde se encontrará con la soberana de toda Fantasia.

-Quizás no necesite de nuestra protección, ya ves que creímos que Bastián no se podría cuidar solo y nos equivocamos en ello.

-Sí, pero ahora es distinto. Según me comunicó La Señora de los Deseos, ella necesita de tu protección porque teme usar el Poder de ÁURYN, es por ello que no se atreve a desear nada y ya sabes que sin deseos no se puede avanzar.

-Eso lo sé, pero si en verdad ella no planea desear nada, no seré de gran ayuda, ÁURYN la protegerá de los peligros, de eso podemos estar seguros. Además, si se llegase a encontrar en un problema, no cabe duda de que utilizaría el poder del Esplendor para salvarse.

-Me sorprende que reacciones así, ¿qué ocurre contigo? ¿No es la misión de todo héroe salvar a su damisela en peligro?

-Entonces sálvala tú.

-Créeme que me gustaría ser yo quien fuese en su auxilio, pero Atreyu, ésta es tu misión, no la mía. Además, si en verdad hay una criatura humana en Fantasia, eso quiere decir que nuestro mundo corre peligro y sólo ella nos puede ayudar. Piénsalo bien, Atreyu ¡Fantasia entera depende de ti!

-Está bien, iré; si en verdad una humana está en nuestro mundo la encontraré y la llevaré hasta la Torre de Marfil. No le fallaré a la Hija de la Luna. Sé que esta misión es muy importante para todos los fantasios y me haré digno de ella. Le diré a Fújur y saldremos de inmediato.

-Buena suerte, Atreyu.

Hýnreck el Héroe se despidió del muchacho con un amistoso apretón de manos. Antes de que saliera del salón, el caballero le dijo:

-Creo entender porqué la Emperatriz Infantil te eligió.

El muchacho bajó un poco la cabeza y salió con rapidez. Instantes después Atreyu y el Dragón de la Suerte surcaban los aires.

Una vez que estuvieron lejos de la Ciudad de Plata, el Dragón de la Suerte se dirigió a su jinete:

-Mi pequeño Señor, ¿qué te ocurre? Desde hace días que te noto distante.

-No es nada…

-No le puedes mentir a un Dragón de la Suerte, yo sé muy bien que algo te atormenta. Vamos, dime de qué se trata.

-Es sólo que tengo la sensación de que algo muy malo va a pasar. No entiendo porqué una humana está en nuestro mundo, creí que ellos sólo venían a dar un Nuevo Nombre para la Emperatriz Infantil, pero según lo que me dijo la Vetusta Morla, éste sólo puede darse cuando se ha olvidado el anterior y aún recordamos el que Bastián le otorgó.

-Muy cierto, yo también tengo mis dudas.

-Además, según me dijo Hýnreck, ella apenas se va a encontrar con la Señora de los Deseos, La de los Ojos Dorados; creí que al llegar a nuestro mundo ya la habría conocido. Es todo muy extraño ¿qué está ocurriendo aquí?

-¿No me digas que tienes miedo?

-Al cruzar las puertas del Oráculo del Sur perdí todo miedo, mas ahora tengo una sensación extraña en mi interior. Además… anoche soñé con los Búfalos Purpúreos y con mis compañeros de caza. Esto me da un mal presentimiento…

-Confía en mi suerte, ya verás que nada malo ocurrirá.

-¿Cómo?

-Con suerte –mencionó mientras le guiñaba un ojo-. Supongo que, si ese humano desea encontrarse contigo, lo más probable es que se dirija al Mar de Hierba a buscarte.

-No estoy tan seguro, Hýnreck me dijo que le teme a los deseos.

-Aún así, sin deseos no se puede avanzar, tarde o temprano habrá de desear algo, sea consciente de ello o no.

-Esa es nuestra única esperanza… ¡Al Mar de Hierba!

El Dragón de la suerte aumentó la velocidad, cruzando el cielo azul que en ese momento colgaba de sus cabezas. Desde abajo parecía un relámpago blanco y lento. Muy pronto fue sólo un punto blanco en el horizonte.

Al mismo tiempo, Hýnreck el Héroe salía de Amarganz, montado en un caballo blanco, tomando la misma dirección que Atreyu; él también tenía una misión y la cumpliría, costase lo que costase. Pronto el ruido de los cascos de su caballo se perdió entre el bosque que rodeaba a la que alguna vez fue la Ciudad de Plata.

Mientras tanto, en una región muy apartada a Amarganz sucedía algo que nadie observaba y de lo que ni Atreyu y Fújur, ni tampoco Hýnreck, tenían la menor sospecha.

En un bosque frío y oscuro muy lejano, incluso más que Wodgabay, un extraño huevo negro se rompía, surgiendo de su interior una extraña silueta negra sin contornos definidos en la que brillaba un par de ojos rojos.