- Por qué no?- me preguntó Billy cuando estaba a punto de cruzar la puerta.

Me detuve. Sabía muy bien de qué me hablaba. Del tiempo en que corríamos juntos por la reserva, imaginando tener nuestros poderes algún día, como su padre. En que huíamos de Harry que nos perseguía, y le gruñíamos que se fuera. Billy era todo mi mundo... hasta que apareció Sarah, indefensa y tierna, la pequeña caperucita roja. Y él sucumbió ante su encanto. Todas sus promesas... Por el contario, Charlie siempre había estado ahí. Silencioso, tímido, apartado del secreto y de la diversión, pero aún así estuvo para mí sin pedir nada a cambio. No me dijo que me amaba, sólo lo supe. Y cuando se casó con Renée, no me debía nada. Bendije su inestable unión a regañadientes. Para ése tiempo, Billy ya era padre. Y yo esperaba a la hija de Harry.

Miré fijamente a Billy.

- Porque la elegiste.