VI.
El país dominado
Feos y deformes lucían los árboles del sitio por el cual transitaban. Asdjof, el caballo de Ja Kuti, había mostrado su inconformidad, queriendo regresar en más de una ocasión, sin que la hyatina lo permitiera; montada sobre él, manejaba las riendas con mano suave pero firme. Detrás de ella caminaba Zenpu, quien parecía no cansarse a pesar de hacer todo el recorrido a pie. Por su parte, tanto Noway como Atreyu caminaban a un costado de Fújur, aun cuando en ocasiones la fantasia subiera a él, pues no estaba acostumbrada a viajes largos. Sólo una vez el dragón remontó el vuelo para orientarse antes de decirle al resto qué camino seguir, negándose a volver a hacerlo para no dejar a su Pequeño Señor solo.
El sitio lucía desolado, sin apreciarse vida alguna por ningún sitio. Únicamente podían distinguirse esos árboles negros y algunos matorrales secos, elevándose a lo largo del camino. Las piedras completaban el cuadro, como si en ese sitio reinara la muerte. Atreyu volteó algunas rocas para buscar musgo que le indicara los puntos cardinales, sin hallarlo. Incluso no se habían topado con gusanos ni ningún tipo de insecto rastrero. El aire era ligeramente más pesado, indicando que habían llegado a un país de seres de las sombras.
Todos se mantenían alertas, temiendo ser atacados de un instante a otro, sin que esto ocurriera hasta el momento. Atreyu esperaba una niebla que los cubriera para completar el cuadro, pero incluso ésta se resistía a aparecer. Permanecieron atentos a cualquier ruido, pero ni los zopilotes o búhos se oían. Esa calma era desesperante, era como si se metiera en lo profundo de tu alma y comenzara a oprimirla cada vez más fuerte, sin poder librarte de ella.
-Quizás deberíamos tomar otro camino… –volvió a decir en voz alta el equino– Después de todo, no es necesario andar precisamente por este sendero.
-Tranquilo, Asdjof… –habló Ja Kuti– Pronto saldremos de aquí y podrás pastar en un verde campo.
-Mucho me temo que ese "pronto" tardará más de lo que dice, mi Princesa… –se consternó, moviendo la cabeza.
-¿Acaso sabes dónde estamos? –le preguntó la soberana.
-Quisiera equivocarme, pero si mis deducciones son correctas, deberíamos salir lo más rápido de este lugar… –relinchó el animal.
-¿Qué sitio es éste? –inquirió Atreyu, deteniéndose.
Ja Kuti y Zenpu se pararon al instante, Fújur entornó los ojos color rubí y les observó con detenimiento, Noway le imitó. Todos esperaron la respuesta del equino, quien pronto se vio en medio de ese interrogatorio silencioso, el noble animal golpeó suavemente la tierra dos veces con su pata delantera y resopló.
-Debemos estar en la tierra de Arlequín, en el País de Allegro.
Le miraron pasmados. El nombre dado no correspondía a ese lugar. Si el País de Gentuza era célebre en toda Fantasia porque en él habitaban todo tipo de seres de las tinieblas, Allegro era reconocido porque en él vivían las más curiosas y alegres criaturas. Constantemente se les hallaba jugando y preferían pasar el tiempo componiendo poemas o canciones que trabajando, eran famosos por dedicarse a la música en vez de las investigaciones y preferir la danza a los conflictos. En resumen, se trataba de un grupo de artistas que disfrutaban de su tiempo, pasándolo de la mejor manera posible.
-¿Estás seguro de ello, Asdjob? –le acarició Ja Kuti.
-Sí, mi Princesa. El ver a Arlequín de esta manera no es un buen presagio, deberíamos de irnos inmediatamente… –replicó.
-Tal vez tengas razón… –comentó Atreyu, sopesando sus palabras.
Siguieron caminando en silencio, retrocediendo sobre sus pasos, dispuestos a irse, pese a ello, pronto notaron que entre más quisieran alejarse, más profundo se adentraban. El caballo resopló, notando que no se había equivocado cuando, en una flecha de madera tirada a un lado de la vereda, en grandes letras negras garigoleadas leyó "A Arlequín".
-Estamos en Allegro, como dije… –movió la cabeza– Princesa, sin importar lo que pase, no se baje.
Ja Kuti asintió en silencio. Zenpu llevó la mano hasta su espada y acercó más al equino, esperando aquello que hubiera causado tal cambio en el País de la Alegría, como algunos le llamaban. Mientras continuaban avanzando Atreyu le indicó a Noway que subiera sobre Fújur, ya que él mismo no sabía qué ocurría en esos parajes. A los oídos del Piel Verde llegó un suave llanto, un llanto débil y nostálgico que flotaba alrededor de él.
-¿Oyeron eso? –preguntó al resto.
-¿Oír qué? –le miró Ja Kuti.
-No he percibido nada… –comunicó Zenpu.
-Mis oídos son más agudos y tampoco escuché algo… –movió la cabeza el animal.
Miró a Noway, mas ella sólo negó con la cabeza, al dirigirse a Fújur percibió en su mirada que él sí notase algo y que precisamente en ese instante seguía oyéndolo. El Hombre de Hierba pidió guardaran silencio, obedeciendo en el acto. El Dragón de la Suerte elevó su cabeza, agudizando el oído lo mayor posible, finalmente la agachó y dijo con su voz de campana que, sin embargo, parecía un poco rota:
-Allegro ha sufrido mucho… el daño causado en sus tierras es enorme… la gente de Arlequín llora y su llanto se percibe de diferente manera a nosotros. Los árboles secos y estos matorrales son el resultado de la catástrofe que ha caído.
-¿Qué sucedió aquí? –inquirió Atreyu.
-Una criatura de las sombras alteró el balance. Entró en tierras de Allegro y escogió Arlequín para asentarse, los pormenores no los sé… –contestó.
-Debemos apurarnos en salir de aquí, sin la protección de ÁURYN o de la Señora de los Deseos, estamos a merced de lo que sea que causara este daño… –comunicó Zenpu.
-No podemos dejar Arlequín así… –le miró Atreyu– Si realmente alguien alteró el balance, deberíamos recobrarlo.
-Joven Atreyu, escuche atentamente: es usted emisario de la Hija de la Luna y, al igual que ella, no puede juzgar por sí mismo. Aún cuando no porte el Esplendor, la mayoría de los fantasios le respetamos y no haríamos nada en su contra. Sin embargo, nosotros no estamos exentos de esa regla y podríamos ser atacados, no permitiré que nadie dañe a nuestra Princesa.
El caballero le miró atentamente, queriendo corroborar lo dicho con su determinación. Atreyu comprendía que su misión era hallar a la humana, sin inmiscuirse en conflictos de ese tipo. Tanto bien como mal, belleza como fealdad, sabiduría como locura debían darle igual, sin importar que ya no usara la Alhaja. El muchacho asintió y dio media vuelta, continuando su camino. Los demás le siguieron en silencio.
Prontamente el bosque se hizo más espeso, las ramas y troncos torcidos parecían lamentarse y extenderse ante ellos implorando su ayuda. A Atreyu le dolía ver la situación del paraje donde transitaban. Sólo unos metros adelante se toparon con una ciudad, en la entrada se hallaba otro letrero en madera que indicaba su llegada a Arlequín. Por lo demás, nada en la ciudad parecía estar con vida. Atreyu recordó su estadía en la Ciudad de los Espectros, mas había algo diferente aquí.
Si bien en Gentuza las ciudades y parajes parecían estar sujetas a la locura, en Allegro parecía que la tristeza lo había invadido todo. Las casas, patios, torres y demás edificios no parecían retorcerse sobre sí mismos, simplemente estaban vacíos. El color era un negro como la pez en todo el lugar, lo cual hacía que ellos resaltaran perfectamente. Incluso el gris del caballo parecía lleno de vida en ese sitio. Sin embargo, lo verdaderamente contrastante era el cuerpo de Fújur, quien no podía evitar lanzar pequeños destellos sobre el piso ante cada reflejo de sus escamas de madreperla.
-¿Hay alguien aquí? –inquirió Atreyu.
Un viento frío recorrió las calles, llegando hasta ellos como contestación a la pregunta. Zenpu comentó en voz baja que lo mejor sería no llamar la atención. Continuaron avanzando con cautela fijándose en las ventanas y tejados, sintiéndose observados por ojos invisibles. Sus pasos les condujeron hasta una pequeña fuente, cuya agua en movimiento era todo lo que quedaba de vida en el sitio. Zenpu notó el cansancio de su soberana, llegando hasta el líquido para tomar un poco, cerciorándose de que era seguro y podía dárselo a Ja Kuti. El caballo se negó a tomar. Algo en el movimiento constante de esa agua le tenía atrapado, eso podía entenderlo Atreyu. Veloces fragmentos pasaron por su mente y contempló a una niña sonriente sentada en el sitio que le ofrecía de beber.
Cerró los ojos ante las imágenes presentadas y movió negativamente la cabeza, queriendo alejarlas. Fújur le contempló en silencio. Continuaron su andar en línea recta sin desviarse ni separarse, sin embargo, minutos después volvían a encontrarse en el mismo sitio. Nadie hizo ningún comentario al respecto, Zenpu se acercó a la fuente, revisándola con cuidado.
-Es el mismo sitio… –corroboró– Con el filo de la espada tracé unas líneas en la roca antes de irnos, esas líneas son las mismas.
Cambiaron el rumbo, optando marchar por una calle a la derecha, mas nuevamente se encontraron en ese sitio. En ningún momento doblaron o se desviaron e incluso las calles eran rectas, sin curvas de ningún tipo, por lo que no era comprensible el volver allí. Fújur se alimentaba constantemente de las corrientes cálidas a su alrededor a través de sus miles de escamas, pero en ese lugar le costaba trabajo hacerlo pues el aire era más frío y pesado de lo normal, sin tener fuerza suficiente para remontar el vuelo, por lo que estaban atrapados. La noche llegó prontamente al lugar sin atreverse a acampar, mas al ver la insistencia de esa fuerza por mantenerles junto a la fuente, decidieron hacerlo en una calle desde donde podían contemplarla.
Las llamas de una fogata en la noche era lo único que les alumbraba, la calidez que irradiaba compensaba sólo un poco la pesadez del aire que seguía envolviéndolos y oprimiendo lentamente su interior. Atreyu dividió la madera y comida obtenidas el día anterior para tener reservas suficientes para otro día, aunque esperaban salir a la mañana siguiente. Comieron en silencio la carne del faisán que les quedaba y Noway hubo de conformarse con agua de la fuente, pues las moras y bayas silvestres se habían terminado en el camino.
En vano le apremiaron a comer un poco, su convicción con respecto a la carne era infranqueable. Atreyu no insistió, pero Ja Kuti lo hizo varias veces antes de rendirse. Fújur se enroscó a su alrededor, protegiéndolos nuevamente con su cuerpo, Zenpu y Atreyu durmieron con las espadas desenfundadas.
El Piel Verde tuvo un sueño extraño, varias imágenes pasaron por su cabeza de manera fugaz; podía distinguir la fuente siendo tocada por los rayos del sol y cómo las gotas de agua susurraban su nombre, era una voz suave y risueña que parecía tintinear ligeramente. Vio personas alegres bailar al ritmo de suaves melodías y luego, una sombra negra lo invadió todo; ellos corrieron queriendo escapar de aquello que se cernía sobre ellos; le pareció distinguir una silueta grande y oscura con un par de ojos brillantes y el grito de algunas mujeres, luego escuchó un llanto muy nostálgico, un llanto sumamente triste que hacía que las lágrimas asomaran a tus propios ojos… luego despertó.
El día volvía a ser gris, cubriendo las nubes todo rastro de sol. Zenpu despertó apenas unos minutos después que él y Fújur le siguió. El caballero inspeccionó con cuidado las calles aledañas sin perderles de vista y volvió sobre sus pasos. Cuando regresó, las chicas ya estaban despiertas.
-No parece que haya problema alguno, todo parece indicar que podemos avanzar sin perdernos ni regresar –avisó.
-Quizás deberías subir a uno de esos edificios y ver hacia dónde está la salida… –pidió Ja Kuti.
-No creo que sea buena idea entrar en un sitio como ése… –avisó Atreyu– Aunque parezcan vacías, realmente no pienso que las casas estén deshabitadas.
-¿Entonces qué sugiere? Fújur no puede volar para sacarnos de aquí –le miró fijamente Ja Kuti.
-Treparé por la cornisa sin entrar en la casa, ninguno deberá de hacerlo, oiga lo que oiga… –les miró fijamente a los ojos, sin dar oportunidad a réplica alguna.
El Hombre de Hierba dio media vuelta dispuesto a hacer lo ofrecido. El caballero le siguió en silencio, alcanzándole.
-¿Hay algo que deberíamos saber? –preguntó quedamente, tomándole del brazo.
-Si creyera que hay algo malo, se los diría… –le comunicó.
-Es mi deber proteger a mi princesa… –contestó firmemente.
-¿Sabes algo de un ser de las sombras interesado en Allegro? –inquirió quedamente, comenzando a subir.
-Muchos seres de las sombras no soportan Allegro y menos a Arlequín, su capital… –fue su respuesta, imitándole.
-¿Alguno que tenga ojos brillantes? –subió un poco más.
-Casi todos… –le alcanzó.
-¿Con interés en esa fuente? –dijo sin detenerse.
-¿Esa fuente? Es curioso que lo mencione… –llegó a él y continuó escalando– La fuente de Arlequín, seguro sabe sus propiedades.
-Capaz de curar heridas, así sean del corazón… –fue su respuesta, llegando más arriba.
-Si esa agua está en poder de ellos podrían declarar guerras y salir ilesos de ellas, podrían someter diversas regiones de Fantasia sin problema alguno… –subió más.
-Pero el agua sólo tiene esas propiedades si te la ofrecen de corazón, únicamente de manera desinteresada puede realmente sanarte… entonces no les serviría… –llegó a la azotea de la casa.
-Quizás querían evitar que alguien más la tome… –dijo Zenpu.
-O sólo esperaban por alguien que tendría que pasar por aquí… –oyeron detrás de sí.
Al girarse se toparon con un pequeño fantasma que les miraba fijamente. A través de él podía distinguirse el paisaje. Era como aquellos de las ilustraciones para niños en libros con bellas estampas. Se trataba de una pequeña bolita que flotaba a unos centímetros del suelo, sus ojos eran sólo unos círculos negros y la boca parecía una mueca eterna que, sin embargo, era agradable.
-¿Quién eres? –preguntó Zenpu, desenfundando su arma.
El pequeño fantasma se acercó flotando a ellos y dijo con voz agradable:
-Me llamo Wik, yo los vi desde que entraron ayer.
-¿Dónde está la gente de Allegro? –preguntó Atreyu sin desenfundar su arma, pues sabía que de nada serviría en un fantasma.
-Se fue… –contestó con tristeza.
-¿Se fue? –le miraron extrañados.
-Se fue al bosque …
-Sólo hay árboles y matorrales secos.
-Eso significa que aún están con vida… –remarcó, como si fuera evidente.
-¿Qué pasó aquí? ¿Y qué hace un fantasma en Arlequín? –le miró fijamente Zenpu.
-Mi ama me trajo hace mucho.
-¿Tu ama?
-La Condesa Sonrisas… –saltó en el aire– Me encontró hace mucho en uno de sus viajes y me trajo consigo. Arlequín me gustó y me aceptaron prontamente, éramos muy felices… pero luego esa "cosa" llegó.
-¿Qué cosa?
-El ser de las sombras.
-¿Quién es ese ser? –le preguntó Atreyu.
-No lo sé… la Condesa me metió en un clóset y me dijo que no saliera. El ser de las sombras se llevó a todas las mujeres consigo. Los hombres marcharon después, dispuestos a liberarlas… pero no regresaron. Yo me quedé esperando su regreso en vano… y aún les estoy esperando, cuidando de la Fuente.
-¿Eres tú el que nos mantiene aquí? –preguntó nuevamente el Piel Verde.
-Sí, si se alejan de la fuente, si se alejan de su protección… entonces el ser podría atacarlos, no deben de hacerlo, la Fuente de los Milagros es el único sitio donde están seguros.
-¡Mi Princesa! –gritó Zenpu, asomándose al borde de la azotea.
Debajo de ellos ya no estaban las fantasias, Fújur y Asdjob parecían dormidos sobre la calle. Bajaron con rapidez hasta llegar a su lado. La respiración del dragón y el equino corroboró que sólo estaban en un sueño profundo. Atreyu le despertó, preguntándole por Noway y Ja Kuti, el caballero hizo lo mismo con el caballo.
-No… no sé… –contestó adormilado el poderoso dragón.
Por su parte, Asdjob se puso muy inquieto y comenzó a relinchar, desesperándose por no hallar a su soberana en ningún sitio. El caballero tuvo que tomarlo de las riendas para evitar que corriera desbocado en su búsqueda.
-¡¿Por qué no nos avisaste nada?! ¡¿Por qué esperaste hasta ahora para decirnos?! –le gritó a Wik.
-Intenté informales, pero ustedes siempre se movían y yo tenía que usar mucha energía para protegerlos, apenas ahora que se han quedado quietos y yo he descansado durante la noche puedo acercarme a ustedes… –comentó quedamente a punto de llorar.
-No es su culpa –trató de remediar la situación el Piel Verde–. Debemos ir a buscarlas, ¿sabes dónde pueden estar?
-Lo sé, pero no puedo acompañarles, alguien debe quedarse a cuidar la Fuente de los Milagros.
-Está bien, iremos solos… –dijo Atreyu.
-Si van… es probable que no vuelvan… –avisó.
-Rescataré a mi princesa o moriré en el intento –contestó seguro Zenpu.
Wik suspiró, flotó a su alrededor un momento y luego señaló la lejanía.
-Sobre una colina a unos kilómetros de aquí, el ser de las sombras tiene su guarida. No es un castillo ni una fortaleza, se trata de un tronco hueco; en su interior podrán hallarle y también a sus prisioneros. Sabré que han tenido éxito cuando los árboles se tornen verdes y las flores vuelvan a Arlequín, pero si ustedes caen en su poder, sus lágrimas se unirán a las de los habitantes de la ciudad.
-¿Sabes cómo podemos derrotarlo? –preguntó Zenpu.
-Todos los seres de las sombras tienen un punto débil. Joven Piel Verde, para vencerle, recuerde los cantos… –dijo antes de desaparecer.
-¿Los cantos? ¿Qué quiere decir con eso? –le miró confundido Zenpu.
-No tengo idea… –respondió sinceramente.
