X.

La decisión más difícil

Ja Kuti mantenía la vista clavada en Noway, la cual montaba sobre las espaldas del dragón de la suerte desde que partieran de Allegro. De vez en cuando acariciaba suavemente la melena del dragón para luego volver a recostarse sobre el mismo, estando aletargada y con una fiebre elevada. Atreyu había querido darle a beber del agua llevada por Wik, mas Morok negó diciendo que no se trataba de herida alguna aquello a lo cual se estaba enfrentando la fantasia.

El Piel Verde no sabía cómo lidiar con este nuevo inconveniente que se le presentaba, meditando sobre ello sin prestarle gran atención al sitio por el cual transitaban. Por su parte, Morok observaba con detenimiento a su nuevo amo, ya que desde que supiera su nombre debía obedecerle enteramente hasta su muerte… la cual esperaba ocurriera pronto.

Zenpu caminaba a un lado del caballo gris, controlando las riendas con mano firme y segura, siguiendo el camino que indicaba el Piel Verde, por eso mismo le extrañó que ni él ni el resto de sus acompañantes notaran que comenzaban a desviarse de su ruta; soltó a Asjob y alcanzó a Atreyu, deteniéndole del hombro.

–¿Qué sucede? –volteó a verle.

–Es lo que yo le pregunto, éste no es el camino al Castillo de Baureo… –le hizo notar.

Sólo entonces Atreyu pareció salir del semiestupor en el cual se encontraba, notando que los árboles se volvían cada vez más selváticos, indicio claro de que marchaban lejos de su objetivo, puesto que la zona a la cual debían dirigirse era inhóspita debido a la convergencia de los vientos. Ordenó el alto a los demás e indicó que podían descansar mientras meditaba un poco.

–¿Desea me haga cargo de la ruta? Creo que por el momento no está en condiciones óptimas para liderarnos… –ofreció el caballero.

–No… estoy bien… –declinó amablemente– Sólo me perdí unos momentos… no volverá a suceder.

–¿Le preocupa la condición de Noway? –preguntó, sentándose junto a él a un lado del camino.

–Hace tiempo perdí a un amigo… –le dijo en voz baja– No pude hacer nada por él a pesar de desear ayudarle; no sé qué habría pasado si hubiese llegado tarde con la Emperatriz Infantil cuando la Nada atacó… justo ahora… no quiero perder a nadie más… y no lo haré.

Atreyu levantó la mirada, dejando ver que estaba lleno de decisión. Le confió al hyatino la repartición de los alimentos al resto mientras él se encargaba de un asunto. Zenpu aún le vio desaparecer en la espesura de los árboles y oyó sus pisadas por unos minutos antes de que se lo tragara la vegetación. Comieron tranquilamente y en silencio, a excepción de Fújur, el cual se elevó para recibir algunos rayos de sol, y de Morok, el cual se alimentaba únicamente de las lágrimas de las fantasias. Zenpu tuvo especial cuidado de vigilar a Ja Kuti con el nuevo compañero cerca de ellos.

Mientras el hyatino preparaba lo necesario para el fuego, Atreyu se internó cada vez más profundo en la creciente selva en la cual se encontraban. Prestó especial atención a los árboles que le rodeaban, cortó una parte de su corteza con el cuchillo que siempre llevaba consigo, dejando al descubierto una madera de un pálido tono turquesa, lo clavó en la misma y una resina de color miel se dejó ver.

–Cuidado con tocarlo… una sola gota absorbida por la piel podría matar a cien trolls –escuchó detrás de él.

Al darse media vuelta no logró adivinar de dónde provenía la voz, la cual se le hacía extrañamente familiar.

–Vaya, vaya, si es el pequeño Piel Verde, hace mucho que no te veía, ¿cómo sigue tu herida?

Ahora sí notó que, al pie de un enorme hongo verde y morado se encontraba una mujercita. Tenía la cara arrugada, pareciera haber sido tallada en la madera, sus ojos eran dos puntitos negros que brillaban sobre una nariz regordeta, estaba ataviada con lo que parecían hojas secas, raíces y demás elementos del bosque. Atreyu la reconoció en el acto.

–Urgl, ¿qué haces aquí? –le miró sorprendido.

–Vaya recibimiento… –refunfuñó, acercándose a paso lento mientras cargaba con una pequeña cesta llena de lo que parecían flores, raíces, cortezas, hongos e insectos– Uno se esperaría que le hablasen de otro modo a quien te ha salvado la vida, ¿pero qué se le puede hacer? Sólo por ser gnomos nos olvidan con el tiempo.

–Disculpa… –trató de corregir de inmediato la confusión hecha– Es sólo que me has sorprendido, no esperaba encontrarte aquí. ¿Enguivuck está contigo?

–A ése no le importa el sitio dónde nos encontremos siempre y cuando pueda seguir con sus cosas… no le molesta que deba recorrer grandes distancias sólo para recoger la comida de todos los días… –se quejó la pequeña criatura.

–¿Eso significa que está lejos? –quiso saber.

–Pudiera ser… pero no… su nuevo trabajo se halla no muy lejos de aquí.

–¿Está en medio de una nueva investigación? –preguntó sabiendo que se había decepcionado luego de que el Oráculo del Sur desapareciera.

–Oh, te sorprenderías –le sonrió–. Ha dejado de lado sus absurdos objetivos de antaño.

Atreyu quedó sin palabras, no podía creer realmente que el gnomo se dedicase a otra cosa que no fuese la investigación, motivo de orgullo por el cual deseaba ser reconocido y alabado en toda Fantasia, dedicando su vida entera a ello. La pequeña mujercita logró leer cada uno de sus gestos, los cuales le había sido imposible ocultar.

–¿Puedo ir a verle? –preguntó suavemente.

–Claro, también quiero revisar esa vieja herida –señaló el sitio donde Ygramul le picase hace tanto–, uno nunca sabe si el veneno ha sido eliminado por completo, algunos fantasios parecen absorberlo como parte de su organismo.

El joven guerrero fue conducido por su pequeña amiga entre los diferentes senderos del sitio, las ramas de algunos arbustos atraparon su ropa y las ramas de los árboles le impedían observar por qué sitio andaba, mas Urgl le animaba a continuar, andando sin titubeos mientras le guiaba; finalmente llegaron hasta un pequeño montículo de rocas en el cual observó una puertecilla de madera y una chimenea de la cual manaba humo y un aroma extrañamente familiar. Después de unos minutos recordó en el mismo los alimentos dados hace tanto tiempo por la pareja de gnomos, seguramente cenarían lo mismo que la vez que le hallaron. Urgl subió por unas escaleritas de madera hasta el lugar, Atreyu quedó de pie, teniendo una perfecta visión del interior cuando ella abrió la puerta; apenas hecho esto una pequeña explosión surgió del interior, corriendo presurosa al origen de la misma.

–¡Vas a quemar la casa! –le escuchó gritar.

–¡Bah! Cada experimento requiere de un pequeño riesgo –la voz fue interrumpida por un acceso de tos– ¿Acaso el gran sabio Orju se rindió la primera vez que fracasaron sus inventos?

–Orju era un viejo chiflado, justo como tú. Y no vivía en lo recóndito del bosque lejos del resto de los fantasios.

–¡Calla, mujer! Harás que el experimento del otro cuarto se vea afectado por tus gritos –sonó visiblemente preocupado.

–No quiero saber qué tienes ahí dentro, pero te advierto que no pienso limpiar el desastre como la última vez –le escuchó trajinar en la cocina–. Ahora sal, que alguien ha venido a buscarte.

–¿Es de la Comunidad científica? No tengo tiempo para ellos, no importa cuánto supliquen, no regresaré a su círculo.

–Nadie ha venido a buscarte desde que dejaste tus investigaciones y nadie lo hará –le riñó, sacándole una pequeña sonrisa a Atreyu–. Se trata del joven del Oráculo del Sur.

–Dile que no estoy –se enfadó, bajando la voz.

–Ha escuchado todos tus griteríos y también la explosión, así que deja de portarte como un crío y sal –le dijo antes de volver a aparecer en la entrada con un tarro humeante en una mano y un cristal en la otra.

–Creo que no ha sido buena idea venir –Atreyu bajó la mirada avergonzado.

–No te preocupes, joven Piel Verde –destapó el tarro, el cual olía a alcachofas hervidas y brisa marina–, a él nunca le han agradado las visitas, es sólo un viejo amargado.

–¡Te escuché! –se oyó del interior de la vivienda.

–¡Me alegra! –contestó– Ahora, extiende el brazo, déjame verlo.

Atreyu obedeció, Urgl tomó el cristal, pasándolo por su piel, pudiendo contemplar la sangre fluyendo en las venas, así como los ligamentos y huesos del chico. Inclinó el objeto de acuerdo al sitio en cada ocasión y haciendo algunas muecas en su rostro dependiendo de lo que observaba.

–¿Ha dolido? –preguntó mientras guardaba el cristal y colocaba la pomada en la piel del chico.

–No desde que me ayudaste –negó con la cabeza.

–Parece ser que tu sistema eliminó todo el veneno de Ygramul, pero te pondré este ungüento protector por si queda vestigio alguno que tus huesos hayan absorbido.

–Gracias –inclinó la cabeza–, había olvidado la gran sanadora que eres. A decir verdad, ha sido una gran fortuna hallarte, tengo una amiga enferma, me gustaría que la revisaras.

–¿Qué le pasa? –preguntó curiosa.

–No lo sabemos… ha aparecido algo muy extraño en su pecho… como un pequeño remolino… –confesó apesadumbrado.

–Nunca he escuchado de una enfermedad así.

–¿Me ayudarás? –preguntó esperanzado.

–Iremos inmediatamente –apareció Enguivuck por la puerta en esos momentos.

–Ha pedido mi ayuda expresamente –se molestó la mujercita.

–Necesitarán de mis conocimientos si quieren ayudar a su amiga –movió la cabecita negativamente, cargando con un pequeño portafolio y poniéndose en marcha.

–¡Tonterías! Necesitarán de mi medicina –entró presurosa en la casa, metiendo en su cesta algunos frutos, semillas, frascos y partes de animales que Atreyu nunca había visto antes.

El chico se puso en marcha cuando los dos le indicaron que estaban listos, la pareja de gnomos continuó discutiendo entre sí en todo el camino. En sólo unos minutos se encontraban con el resto del grupo, los cuales ya habían terminado de alimentarse y estaban recogiendo las provisiones. Fújur fue el primero en darse cuenta de su retorno, llegando a su encuentro presuroso, Zenpu también se acercó al verle de vuelta tan pronto.

–¡Atreyu! Me alegra que ya estés aquí –se mostró afable el dragón.

–Traigo compañía –indicó, dejando ver a la extraña pareja–, seguramente te acuerdas de ellos, Fújur.

–¿Y cómo no? Sabía que con suerte podríamos volver a encontrarnos con quienes nos salvaron la vida y agradecerles como se merece. Gracias –les guiñó uno de sus ojos color rubí.

–Tú estás mejor que nunca, los Hijos del Viento soportan mejor los ataques de los Seres de las Sombras, pero parece ser que has peleado bastante este tiempo, tienes cicatrices en todas partes –le miró Urgl con detenimiento.

–No tienen importancia –hizo sonar su voz de bronce–, en un par de siglos no se notarán.

–Malo, malo –negó con la cabeza–, con ellas puedes atraer toda clase de maleficios, será mejor que me apresure a borrarlas.

La mujercita buscó entre sus cosas, sacando un frasco y una raíz que molió, agregándola al mismo y untando dicha medicina en las escamas del dragón con cuidado mientras éste se tendía en la hierba para facilitar la operación.

–Joven Atreyu, ¿quiénes son ellos? –quiso saber Zenpu, procediendo con cautela.

–Perdona –apenas reparó en su falta–, ellos son Enguivuck y Urgl, unos viejos amigos que hicimos durante la Gran Búsqueda.

–Es un honor –se arrodilló frente al pequeño gnomo.

–Ya lo creo, seguramente has oído hablar de mí, el antiguo científico Enguivuck, recientemente retirado, habrás sin duda leído mis más grandes publicaciones, como El misterio de la Esfinge sin rostro, por el profesor Enguivuck, o El secreto de la Ciudad de los gorriones, por el profesor Enguivuck.

–No, perdone –se turbó ante esa falta.

–Bueno, obviamente no te mueves en el mismo círculo que yo –pareció indignado.

–Lo siento.

–¿Y bien? ¿Dónde está la fantasia que decías, Atreyu? –preguntó, mirando al resto de los seres que le acompañaban.

–Se trata de Noway –se acercó a la chica, la cual parecía aletargada–, desde hace un par de días que notamos algo extraño en su pecho.

–Bien, bien, veamos qué podemos hacer por ella.

El hombrecito se acercó a Noway, sacando de entre sus cosas una piedra que a los ojos de Atreyu lucía corriente y unos polvos que inmediatamente le roció encima, pareció muy interesado en lo que encontraba, colocándose la roca en el oído derecho y prestando especial atención a algo que el resto no podía ver u oír. Al cabo de unos minutos Urgl terminó su trabajo con Fújur y fue con Atreyu, el cual no había apartado su mirada del examen tan extraño.

–¿Qué está haciendo? –quiso saber.

–Está viendo sus signos vitales –le informó la mujercita–, aunque creo que allí no se localiza el problema.

Urgl se acercó a su esposo, el cual se cambió la roca a la otra oreja y lanzó unos polvos diferentes en esta ocasión, la mujercita se colocó molesta ambas manos en la cintura al verle actuar así.

–Debes ver su aura, su aura –recriminó.

–No, estoy seguro que se trata de sus órganos.

–Esto no es algo que provenga de una falla común, estoy segura que está vinculado a la cantidad de energía dentro de ella –insistió.

–Tonterías, es meramente funcional.

Comenzaron a discutir por ver quién tenía razón, sacando cada uno aparatos y frascos, examinando a la fantasia, la cual había terminado por sentarse en el pasto al ver esa pequeña pelea sin sentido. Morok permaneció inmutable bajo un árbol, observando con detenimiento el espectáculo que sus ojos ofrecían, Ja Kuti pareció preocupada ante esa pequeña consulta, mientras que Zenpu se dedicó a confiar en el juicio de Atreyu. Finalmente y, al cabo de una larga deliberación, los dos gnomos guardaron sus cosas y acercaron al Piel Verde.

–¿Han descubierto la causa de su mal? –preguntó el chico.

–Me temo que no –negó Urgl–, no es algo que haya visto antes, parece como si simplemente hubiese sido maldita y no tengo nada aquí que pueda quitar esa clase de hechicería.

–Nunca vi un caso así –se sinceró Enguivuck–. Todo su cuerpo parece ser consumido por ese remolino, el cual estoy seguro continuará aumentando. Hace mucho oí a una ondina hablar de un caso parecido, deseando hallar la cura.

–¿Y la encontró? –preguntó esperanzado.

–No lo sé –negó con la cabeza–, se marchó en su búsqueda.

–Hay alguien que podría ayudarte –habló Urgl–. Unas regiones al Sur podrás encontrar a un gran médico del cual se dice que no hay enfermedad que no pueda curar.

–Díganme dónde puedo encontrarlo y cómo luce –se apresuró a decir.

–Hace varios días que está al pie de la Montaña de los Túneles, se trata de un centauro negro de cabellos blancos que casi siempre usa un sombrero entretejido.

–¿Cairón? –se sorprendió.

–El mismo, pero deberás apresurarte –le apremió.

–¿Por qué? –quiso saber.

–Porque…

–Cairón nunca se queda en el mismo sitio, es probable que se marche dentro de poco –interrumpió Enguivuck lo que tuviera que decir Urgl.

–Has dicho al sur, ¿cierto? –reflexionó Atreyu en voz alta– Eso sería perder más días de viaje.

El Piel Verde llamó a Zenpu, queriendo consultar con él la decisión a tomar, sabiendo que no podían posponer la búsqueda de la humana por más tiempo, mas no queriendo dejar a Noway en ese estado, no sabiendo qué consecuencias podrían resultar de ello. Los gnomos les miraron a la distancia, hablando en su voz baja y su idioma natal para que no descubriese nadie el rumbo de su plática.

–¿Por qué no le dices la verdad? –preguntó la mujercilla.

–¿Crees que quiera saberla? Quizá Cairón pueda lograr lo que para nosotros parece imposible, de lo contrario la existencia de la fantasia será pronto sólo un recuerdo –habló en un susurro.

–Tiene derecho a saber, tiene derecho… –murmuró la pequeña gnomo.

Después de una larga charla, finalmente Atreyu mandó reunir al resto, los cuales esperaron por lo que tuviera que decir, el Piel Verde contempló a cada uno de ellos, sabiendo que su decisión no sería bien tomada por todos. Suspiró pensando que era lo más sensato considerando todos y cada uno de los aspectos presentes en ese momento. Ja Kuti le miró fijamente, esperando por lo que tuviera que decirles.

–La Emperatriz Infantil me ha encomendado la misión de escoltar a la humana hasta su presencia –habló tranquilamente–, como su emisario no puedo juzgar al resto de los fantasios, su presencia debe para mí ser igual de importante. La última vez que me embarqué en una de sus tareas perdí a un querido amigo, hube de abandonarle por el bien de toda Fantasia…

Todos quedaron callados ante dicha declaración, Morok sonrió suavemente, conocía dolores de diferentes tipos, culpas y arrepentimientos y Atreyu en particular le resultaba apetitoso en ese momento mas, al mismo tiempo, le veía como a un igual por primera vez desde que le conociera. Noway mantuvo la vista en el pasto al oírle hablar así, sabía que su seguridad no se encontraba por encima del Reino sin Fronteras.

–Sin embargo… –continuó– No hay día que no me arrepienta de ello, Ártax me acompañó en gran parte de mi travesía, sin él no habría podido cumplir con la Gran Búsqueda y ahora mismo no me imagino perder a nadie más. He decidido ir en búsqueda de Cairón y ayudar a Noway, no pido al resto que marche rumbo al Castillo de Baureo en una misión que no es su responsabilidad y tampoco que me acompañe tras algo que podría no existir… así que les dejo en libertad de hacer lo que os plazca, pueden regresar a sus propios países de origen si así lo desean.

Se miraron los unos a los otros ante ello, Fújur fue el primero en hablar.

–No creerás realmente que te dejaré solo, ¿verdad, mi Pequeño Señor? –le sonrió– Estaré contigo a donde vayas.

–Le seguiré a donde sea, es mi amo hasta la muerte –dijo Morok, agregando un pequeño «Que ojalá le llegue pronto» que no fue oído por el resto.

–Hyat está en deuda con usted –habló Ja Kuti–, he jurado frente a la estatua de Suhj estar a su servicio y no pienso romper dicha promesa.

–Mi alma y cuerpo sirve a la corona de Hyat –se llevó la mano al pecho Zenpu–, considérenos sus compañeros de viaje.

–Allí donde vayan yo estaré –se divirtió Wik.

–No tienen la obligación de ello, estaríamos dejando la misión de la Emperatriz de lado y ello equivale a traición –les quiso hacer ver.

–No es así –Fújur hizo sonar su campana de bronce, guiñando uno de sus ojos color rubí–, simplemente nos estamos desviando un poco.

–Entonces partiremos mañana temprano, es demasiado tarde ya para avanzar, lo mejor será dormir –les avisó.

Hicieron los preparativos para la noche, recolectando la leña necesaria y juntando las provisiones disponibles, Atreyu se separó un poco del resto para reflexionar sobre la decisión tomada. Urgl y Enguivuck llegaron a su lado en ese instante.

–Gracias –dijo sin voltear a verles–, han sido de gran ayuda en todos mis viajes.

–Tonterías, simplemente te hemos tendido la mano –habló Urgl.

–Enguivuck… –inició el Piel Verde– lamento mucho que nunca pudieras revelar el secreto de Uyulala a los demás.

–Eso ya no importa… quizá haya sido mejor así –reflexionó–. El Oráculo del Sur desapareció por un motivo y la canción terminó como todos lo haremos algún día.

–¿No estás enfadado? –giró el rostro hacia él.

–En algún momento lo estuve… –suspiró– era el trabajo de mi vida después de todo. Sin embargo, ahora puedo dedicarme a una nueva ciencia.

–¿La medicina? –preguntó al recordar su atención a Noway.

–Así es, hace tiempo nos encontramos con Cairón, en ese entonces yo estaba muy deprimido por perder todos mis sueños de la noche a la mañana, sin embargo, al verle trabajar con exactitud y precisión no pude evitar alabar su trabajo y, al entrevistarle a detalle, me di cuenta que no distaba mucho de mi antigua profesión: desentrañar y revelar un misterio, aunque en este caso del cuerpo –relató.

–Lo has tomado muy bien –se sintió alegre por él–. ¿Así que ahora trabajan juntos?

–¡Bah! –bufó Urgl– Él cree que puede mejorar mis recetas y constantemente experimenta con diversos ingredientes sin importarle a dónde debamos ir para recolectarles o lo peligroso que puede resultar mezclarlos en cantidades diferentes sólo para saber si es el pelo de castor o la saliva de reno lo que realmente cura la fiebre gris.

–Estoy seguro de que muchos médicos estarán agradecidos con mis resultados –se quejó el pequeño hombrecillo.

–Y yo estoy segura de que no les importará –dijo la otra.

–¡¿Qué has dicho, mujer?! –se puso rojo de la ira.

–Lo que has oído.

El joven Piel Verde les contempló atentamente mientras emprendían el camino de regreso a su morada temporal sin dejar de discutir, algo le decía que hace mucho tiempo no compartían una pasión a tal extemo y que ambos disfrutaban de ello. No se equivocaba, la pareja de gnomos tenía un nuevo gusto en común que, sin bien en más de una ocasión les generó desacuerdos, también lograba que se complementaran como nunca antes al combinar el conocimiento empírico de Urgl y el deseo constante de mejora de Enguivuck, por todo esto muy pronto los diferentes fantasios llegaron de sitios remotos buscando su ayuda ante enfermedades que muchos consideraban incurables, marchándose con poderosos remedios con ingredientes secretos. Con el paso del tiempo les llegó la invitación para unirse a los 500 médicos más famosos de toda Fantasia mas la rechazaron por diversos motivos, pero ésa es otra historia y merece ser contada en otra ocasión.

Atreyu, por su parte, se acercó al resto de su grupo cuando ya todos dormían y se recostó en la hierba dispuesto a descansar un poco sin montar guardia por esa noche, sabiendo que les esperaba un largo viaje. Apenas Noway estuvo segura de que dormía se levantó del sitio en el cual se encontraba y caminó internándose en el bosque, se bajó la capucha del sayal, dejando que sus cabellos fueran mecidos por la suave brisa nocturna y contempló el cielo estrellado sobre su cabeza.

–No debería estar aquí… –oyó detrás de sí, girándose y encontrándose con Ja Kuti.

–¡Ah! Me ha espantado –se llevó una mano al pecho–, lo siento, he salido a despejarme, pero no planeaba alejarme de ustedes.

–No lo entiende –le contempló con dureza–, no debería estar con nosotros, por usted ahora debemos cancelar la misión de la Emperatriz Infantil, lo cual es lamentable. Usted sólo es un peso muerto para Atreyu y el resto de nosotros.

–L-Lo siento… –se disculpó– No ha sido mi intención.

–Lo sé… –pasó a su lado.

–Quisiera poder ahorrarles tantos problemas…

–Si realmente piensa así, márchese antes de que el sol salga y evítenos otro contratiempo innecesario.

Noway retrocedió ante sus palabras, dio media vuelta y marchó de allí a paso veloz, sabiendo que todo era cierto; Ja Kuti apretó con fuerza los puños, manteniendo la mirada gacha ante lo que acababa de hacer, no sintiéndose orgullosa de ello.

–Zenpu… –le llamó, sabiendo que había presenciado todo– Te prohíbo le digas a alguien sobre esto.

–El joven Atreyu no estará feliz cuando mañana descubra la desaparición de la chica… –salió detrás de un árbol.

–¡No importa! –se giró molesta– Como él dijo, abandonar la misión por la búsqueda de una medicina que no sabemos siquiera si existe es ir en contra de los deseos de la Emperatriz Infantil y eso… se paga con la muerte…

–¿Acaso no dijo que estaría a sus órdenes? –preguntó tranquilo.

–¡No si eso significa verlo morir! –cerró los ojos.

–Usted no vino en arrepentimiento por la Batalla de la Torre de Marfil, sino porque ese día, cuando lo vio subir las escaleras en pos de Bastián, se enamoró de él…

Abrió los ojos por la sorpresa, sonrojándose en demasía ante sus palabras.

–Si lo sabías, ¿por qué no le dijiste a mi padre? ¿Por qué no le confesaste que era simplemente una niña caprichosa detrás de un chico a quien había visto sólo una vez? ¿Por qué corroborar mi mentira?

–Porque yo soy su caballero… –respondió como si fuera lo más obvio– y le seré leal hasta la muerte.

Zenpu dio media vuelta, dejándole sola y con un nudo en la garganta, Ja Kuti dejó que las lágrimas surgieran en ese momento: acababa de mandar a una inocente directo a su muerte, había traicionado la confianza de su padre con falsos arrepentimientos y había condenado al único que se preocupaba realmente por ella a ir en contra de su código de Lealtad y Justicia.

El ser con alas chilló estrepitosamente al distinguir un aroma tan particular en el aire, miró en derredor localizando el sitio del cual provenía y remontó el vuelo: tenía una nueva presa.