A través del hielo

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Chapter II:

Los caminos se juntan, ¡un nuevo reto!

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"De perseverancia viven los objetivos".

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Había pasado una semana entera desde el día en que Sakura Haruno había pisado ese colegio. No pasó mucho desde entonces, nada pareció tener un curso diferente del de siempre. Claro que ahora el mundo debía acoplarse a la presencia de la chica nueva, pero en realidad muy pocas cosas se tomaron la molestia de cambiar.

En el patio trasero del colegio, allí en donde la mayoría de los estudiantes pasan el descanso con sus amigos, jugando en la cancha de fútbol, comiendo en los prados o hablando en las bancas, se encontraban un rubio y un castaño, correteando tras un balón. Naruto jugaba realmente bien, pero Neji Hyuga, de cabello largo, ojos perlados y carácter competitivo, casi lo mantenía a raya. Luego de un corto, pero exhaustivo partido, decidieron descansar y refrescarse.

Dirigiéndose a las bancas mientras charlaban, de pronto vieron pasar a lo lejos una cabellera rosada y larga que llamaba la atención.

¿Esa es la nueva? —preguntó Neji, con interés, mientras se sentaba y abría una botella de agua.

—respondió con brevedad.

Es bonita… —Tras el comentario, una mirada recelosa le fue dedicada al castaño— , o espera. Imagino que ya le pusiste los ojos encima.

Uzumaki rodó los ojos, mientras bebía un sorbo de limonada artificial.

Toda chica bonita de este colegio debe pasar por mí primero, ¿entiendes? Luego puedes quedártela si quieres.

Sus palabras eran crudas, pero no llegaron a sorprender a Neji. Todos los amigos de Naruto Uzumaki sabían cómo era él con esa clase de asuntos. ¿Buscaba él una relación seria? Lo dudaban. Tampoco significaba que el rubio no tuviera corazón, solo era su manera liberal y desinteresada de pensar acerca de las mujeres, aunque no tenía muchos problemas para interesarse por una relación seria de vez en cuando.

Como digas…


El zumbido que hacía el timbre de fin de descanso la hizo sobresaltarse un poco. Sí, estaba en el salón de ciencias políticas, como siempre en los descansos, charlando con su nuevo mejor amigo: el profesor Iruka. Él era una persona madura y que la hacía sentir cómoda siendo ella misma, cosa que alguien de su edad no lograba muy a menudo.

En tan poco tiempo, empezó a ser vista como la chica aplicada. Claro que no le interesaba a los adolescentes compañeros suyos, sino que fueron los propios profesores quienes llegaron a entablar una buena relación con ella. Entre ellos, claro está: Iruka, el docente encargado de enseñar ciencias políticas.

Los dos charlaban acerca del nuevo tema, tratando de saber qué tanto tenía Sakura que aprender para ponerse al día con las clases.

Bueno, creo que eso es todo, Sakura. Puedes estar tranquila: en realidad pareces estar más adelantada que mis estudiantes —dijo con una sonrisa irónica.

Ok… —El pitido de fin de descanso trajo consigo a uno que otro estudiante entrando por la puerta. Ahora la clase comenzaría, así que solo se dedicó a recoger una botella de jugo artificial, para luego echarlo al bote de basura.

Poco a poco el salón se iba llenando, y más estudiantes entraban y entraban…

Señor Uchiha, qué milagro. Me alegro de verlo por aquí de nuevo después de tanto tiempo.

Sakura dio un respiro brusco al escuchar tal apellido. "¿Uchiha? ¿El tipo de la motocicleta?". Rápidamente se giró sobre sus talones aún con la botella en la mano. Y lo vio.

¡Era el mismo! Precisa y curiosamente era el chico abusivo del pasillo. Entonces al segundo se regañó internamente por ser tan tonta. ¿Cómo no los había relacionado antes? Él encajaba perfectamente en el perfil de un rebelde sin causa sacando de quicio a todos con su motocicleta. En esta ocasión vestía una camiseta gris, acompañada de una chaqueta de cuero negra, unos jeans oscuros y zapatillas del mismo color que la camiseta. También colgaba de su cuello una cadena plateada.

Sakura deseó no haberse volteado a ver, porque de inmediato esa mirada negra se posó sobre ella, y no parecía dispuesto a ceder o a apartar los ojos. Aparentaba ser el tipo de personas que jamás desviaban la mirada. Jamás. Se sintió pequeña de un momento a otro. Entonces, no pudiendo más con todo eso, quitó su atención visual de él para mirar al profesor. Obviamente el sonrojo no podía hacerse esperar.

No puedo decir lo mismo —contestó el muchacho con voz dura, ahora mirando al adulto. A Sakura le pareció un acto muy descortés de su parte, ¡¿cómo se atrevía?! Era SU profesor tratándolo con un poco de amabilidad y bienvenida, y él le contestaba de ese modo. Pero más extraño aún: una sonrisa apareció en el rostro de Iruka, como si lo dicho anteriormente fuera un saludo cordial.

No preguntaré el motivo de su ausencia, pero sí le diré que hemos avanzado mucho. Tiene que adelantarse, y espero que sea lo más pronto posible.

¡Oh…! ¿Adelantarse? Bien, parecía que el tal Uchiha había faltado a clases por un largo rato, y es más: ahora que lo pensaba, luego del encuentro turbio en el pasillo no lo había vuelto a ver.

No me diga qué hacer.

De inmediato comenzó a avanzar hacia los puestos de atrás, pero la voz —esta vez más autoritaria— del castaño lo hizo detenerse.

Me temo que usted va mal en esta y otras materias, y no es la primera vez que se ausenta del colegio. Además, su tono no me ha gustado para nada.

Todos los adolescentes que se encontraban en el salón prestaron atención inmediatamente, con la curiosidad al rojo vivo. Era de esperarse el siguiente comentario.

Si me va mal o no es mi problema, no necesito que ande pendiente de lo que hago. Y si no le gustó mi tono, pues qué pena. No pienso hablarle como lo hace su madre.

Todos silbaron lo más bajo que pudieron un "uh". El profesor pareció perder la cabeza por un momento, enfurecido. Aún así se controló.

Ya me tiene harto. Está castigado. Ya veré qué le pongo, pero prometo que no le va a gustar.

Sakura no podía creer la insolencia que presenciaba. Él era todo lo opuesto a ella. Podía jurar que antes de atreverse a hablarle así a alguien, prefería orinar en público.

¡Y ustedes, a sus puestos! —ordenó dirigiéndose a los estudiantes.

Una expresión de odio cruzó por la cara del azabache. Por lo menos se dignó a permanecer con la boca cerrada, pero no quería ni imaginar lo que pasaba por su cabeza en ese instante. Seguramente no era agradable.

El ambiente seguía tenso, pero al menos ya no tanto. Entonces Sakura se acercó un poco al escritorio, tratando de ignorar al pelinegro parado un metro atrás de ella, mirando mal, estático y con los puños apretados.

Profesor… Con permiso… —murmuró cogiendo sus cuadernos con timidez y un poco de miedo al verlo tan enojado. Si hay algo que había aprendido perfectamente, era que en un estado de enojo, una persona es capaz de hacer cosas que no quiere.

De un segundo a otro percibió un brillo en los ojos del castaño. Uno travieso, casi alegre… Uno que solo aparece cuando se te ocurre algo genial.

Sakura… —la nombró con el volumen demasiado alto para lo necesario. Eso llamó la atención de varios estudiantes, incluyendo al Uchiha, que ya se había dado la vuelta.

Di… diga —Sí. Fue un pequeño tartamudeo de nerviosismo, pero la idea de tener mucha atención la ponía un poco lenta y tonta, impidiéndole hablar con elocuencia y parecer una persona completamente normal. "Estúpidos nervios".

¿Puedes hacerme un favor? —dirigió una mirada hacia el alto muchacho, que ya estaba por sentarse—, también lo necesito a usted, señor Uchiha.

Si hubiera tenido la oportunidad de dar un grito lo habría hecho. ¿Y ella… qué pintaba en ese paisaje? No es que le tuviera miedo al pelinegro, pero la verdad, una de las pocas cosas que esperaba de la vida era no tener que relacionarse con alguien tan… complicado. Porque la sola idea de verlo traía problemas.

Muchos problemas.

Pudo imaginárselo dándose la vuelta de mala gana y caminando con paso firme y furioso hasta el escritorio del profesor. Y la sola idea de pensar que él era más alto y estaba tras ella la intimidó.

¿Qué quiere? —masculló el ojinegro. Se notaba por encima lo molesto que estaba. Lo bueno era que ya no estaba tras ella, sino a su lado.

Verá, señor Uchiha. Su promedio académico y disciplinario es de los más bajos que he visto en mi vida… —Sakura vi de reojo al "señor Uchiha" rodar los ojos—, pero no pienso dejar que eso le pase a usted. No quiero que pierda, quiero ayudarlo… —fue interrumpido.

No pienso mendigar notas —sentenció con seguridad.

Una sonrisa de medio lado apareció en la boca de Iruka.

No se preocupe. Yo tampoco pienso pasarlo así como así. Si quiere pasar esta materia, y posiblemente las otras, entonces tendrá que trabajar… —nuevamente es interrumpido.

¿Y quién le dijo que yo deseo pasar? Tal vez yo quiera irme de este puto colegio —Era intimidante. Mucho más que la verdadera autoridad de ese salón, mucho más que el profesor. Pero este no se mostró muy ofendido o molesto. Tenía su semblante serio.

Tal vez quiera irse de aquí, pero le recuerdo que no es usted quien se esfuerza por pagar todo esto. Sería una pena que alguien se decepcionara, ¿no?

Fue inminente la reacción del Uchiha: una cara seria pero furiosa. Aún así no parecía dispuesto a contestar. Es como si con eso lo hubiera frenado.

Ahora, como dije, deseo ayudarlo —Su atención pasó a la cara de Sakura, que se sentía incómoda de estar allí. Después de todo ella no tenía nada que ver con ese problema—, y espero que la señorita Haruno coopere en esto.

Ella… ¡Que la tierra la tragara! ¿Y por qué ella? ¿Qué se suponía que iba a hacer? ¿Ayudarlo?

¿Y qué tiene que ver ella con mis problemas? —preguntó aún más molesto, si es que eso era posible.

Ella será su tutora.

Silencio… Incluso los demás estudiantes callaron al escuchar eso último. Bueno, era inesperado. Sakura palideció a más no poder. ¿Ahora se suponía que ella debía cargar con el malgenio y las groserías de un desconocido? Y no podía mentir: le daba miedo.

No necesito a una niñera —dijo tras unos largos segundos de silencio.

¿Acaso dije niñera? Lo siento si fue así. Quise decir tu-to-ra —deletreó con cuidado, en un gesto de burla hacia el pelinegro. Este último puso las manos a ambos lados del escritorio, y se inclinó para encararlo más de cerca.

No pretenda burlarse de mí, Iruka. Ya se lo dije, yo no necesito ayuda.

El profesor no bajó la mirada, intimidado. Se la devolvió con autoridad.

¿Le tiene miedo a un poco de compañía por las tardes? —No lo dijo directamente, pero eso sonaba a un reto. ¡Y vaya! Por alguna casualidad de la vida, el Uchiha era una de esas personas que se toma en serio los retos.

Frunció su ceño al ver que lo tenía atrapado. Si decía que sí, entonces le diría adiós a todas sus gloriosas tardes de libertad, pero si decía que no… reprobaría ese año, y el profesor lo trataría como a un cobarde. No es que le importara la opinión de los demás, pero tenía un orgullo muy grande para defender.

¿Y… qué dice?

Lo pensó un poco más, hasta que una pequeña idea cruzó por su cabeza, como una tabla de salvación.

Ella no ha dicho que sí.

¡Cierto! La verdad es que en ningún momento había aceptado a colaborar con esa "noble causa", y de inmediato iba a decirle a su profesor que no, que no deseaba ayudarlo, que no era asunto suyo, pero al ver la mirada de Iruka… Es decir, Iruka era su amigo, la había apoyado, acompañado, ayudado… Ella no podía ser tan desalmada y desagradecida con él.

Lo haré —Se impresionó de lo segura que había sonado al decirlo.

Una sonrisa de satisfacción se posó sobre la cara trigueña del profesor, mientras una mueca de desagrado se hacía presente en el muchacho.

Perfecto. Ella planea ayudarte, ¿ves? ¿Qué dices? —dijo esta vez más alegre. El pelinegro solo pudo soltar un gruñido e irse rápidamente de ahí.

Mientras tanto, los nervios de Sakura se fueron bajando poco a poco conforme el chico se alejaba de allí. Pasaron unos segundos antes de que ella comenzara a hablar.

¿Qué… qué fue eso?

Lo siento, Sakura. Era mi única opción —soltó en un suspiro. La chica parpadeó varias veces.

¿Por qué a mí?

Porque eres paciente, bondadosa, te gusta ayudar, eres buena persona y también eres muy inteligente. Mira… Él es un muchacho que necesita mucha… ayuda, por así decirlo. No lo aceptará, pero está muy solo. Por eso se comporta de ciertas maneras, y sé que tú podrías llegar a ser su amiga, o por lo menos puedes acercarte a él —concluyó preocupado de la reacción de su amiga y estudiante. Esta solo podía tener una expresión en su rostro: sorpresa.

Pe… pero yo… Él…

Tranquila, Sakura. Él no es un verdugo ni un monstruo como muchos creen. Solo necesita apoyo —trató de calmar las cosas.

Esas palabras la hicieron pensar. Estaba claro que el Uchiha no era una persona sociable ni agradable, pero ¿puede un humano vivir solo por siempre? ¿Sin amigos? "Tal vez si tenga" pensó. Pero se cuestionó cuántos de esos amigos lo querían de verdad, y a cuántos de esos amigos él podría llegar a querer. ¿Y si lo estaba pintando exageradamente como alguien desagradable?¨Tal vez no fuera así en realidad…

Pero… ten cuidado. No es una persona con tacto, Sakura. Le gusta hacer lo que quiere y casi no escucha a los demás. Debes saber tratar con él, o se te irá encima como un león. Es impulsivo, ¿sabes? —Y con eso se le fueron todas las ganas.

Bueno, eso sería todo un reto, ¿no? Tener que lidiar con un bravucón que estaría siempre a la defensiva. No era muy alentador, pero estaba dispuesta a hacerlo. Por Iruka. Por el Uchiha. Por ella, incluso.

De acuerdo.


Los estudiantes salían felices del colegio respirando los frescos aires de libertad que les proporcionaban las calles. Sakura, por su parte, iba pensativa. La escena de hace unas dos horas le habían estado rondando el cerebro una y otra vez, atormentándola con ideas. Aún no estaba muy segura de lo que iba a hacer, pero ya no podía echarse para atrás. Ahora su profesor confiaba en ella.

A lo lejos pudo divisar la figura del chico subirse a su motocicleta. Era grande, parecía pesada, pero muy bonita. Y también se podía afirmar que estaba hecha justo para él por el modo en que combinaban los dos. Sí, toda una belleza.

Corrió para alcanzarlo antes de que él se fuera. Tenían un asunto pequeño pendiente para arreglar.

¡Hey! ¡Espera! —gritó tratando de llamar su atención. El pelinegro se giró para verla, y al notar quien era una expresión de fastidio surcó su rostro.

No tardó en llegar hasta él. Cuando estuvieron de frente se dio cuenta de que intimidaba mucho más montado en esa fiera de acero.

¿Qué es lo que quieres?

Supo que en serio no quería nada que ver con ella. Se sintió tonta al haber aceptado ayudarlo, pero ya tendría tiempo para lamentarse.

Bueno… Necesitamos cuadrar una hora y días para vernos. Y ahora que yo seré tu tutora, pienso que luego de clases estaría bien —sugirió, temiendo una fea respuesta.

Él permaneció callado y serio, meditándolo.

Hmp.

¿Y eso qué era? ¿Sí, no? No lo entendía.

Entonces… ¿te parece los martes y los jueves a las 3:30 pm? —preguntó nerviosa. Él hizo una mueca.

Haz lo que se te dé la gana —y con eso se fue, dejándola con la boca abierta y una incómoda sensación de tristeza e impotencia, por no poder responderle.

Y ahora… ¿qué iba a hacer? Parecía que iba a ser más complicado de lo que había pensado. Se sentía extrañamente preocupada. Claramente Iruka se equivocó con ella. Lo que necesitaba el Uchiha era a alguien de carácter como él, que le dijera las cosas en la cara, y obviamente esa persona no era ella. No. Ella era sensible y callada, incluso al nivel de tonta. ¿Qué planeaba Iruka? ¿Dejarla con un trauma de por vida?

Lo cierto era que se iba a esforzar. Tal vez podría sacar provecho de eso, ¿o no?


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Continuará

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