XII.

Cambio de planes

Las imágenes y el zumbido lentamente se fueron aplacando hasta que Atreyu logró concentrarse en un débil llamado que sonaba extrañamente familiar. Cuando abrió los ojos se sorprendió de sobremanera, pues se vio rodeado por una alta hierba que apenas dejaba entrever el cielo azul. Se paró sobresaltado al reconocer que se encontraba en el Mar de Hierba, a su izquierda se hallaba la misma cría de búfalo purpúreo que soñase hace tanto tiempo, el pequeño debía medir lo mismo que un perro grande, mas todavía faltaba mucho para que alcanzase su talla final.

–Al fin ha despertado –habló suavemente–, aunque quizás ésa no sea la palabra adecuada.

–¿Quién eres? –le miró fijamente.

–Saludos, joven Piel Verde, soy Nulla, hijo del Gran Búfalo, aquél a quien casi mataste en tu Caza, el que te ayudase hace mucho en la Gran Búsqueda.

–¿Esto es un sueño?

–Algo así… –la cría se dio media vuelta, comenzando a caminar y siendo seguida por el Hombre de Hierba– A decir verdad me ha costado reunirme contigo, has viajado por toda Fantasia pero dormido poco, es por eso que tu rastro me ha sido difícil de seguir.

–¿Por qué me has buscado todo este tiempo? –preguntó curioso ante el rumbo de la situación.

–Gracias a ti mi padre ha podido guiarnos en la batalla más grande que hemos sostenido contra los lobos verdes, nuestros más grandes enemigos, el pueblo entero está en deuda contigo. No podíamos quedarnos sentados ante el peligro que se cierne sobre ti, por eso mismo decidimos advertirte.

–¿Advertirme qué?

–No recuerdas nada, ¿cierto? –la cría volteó a verle, fijando sus pequeños ojos oscuros en su rostro– No puedes acordarte de lo que pasó tras tu caída en la Batalla de la Torre de Marfil.

–Recuerdo que Fújur me llevó con él, luego todo es confuso, estuvimos huyendo del ejército de Bastián y por fin llegamos a un territorio aliado donde fuimos atendidos.

–¿Y qué sitio era ése? ¿Quiénes te ayudaron?

–No… no recuerdo… –se llevó una mano a la cabeza.

–Trata… –pidió suavemente.

Atreyu volvió a sentir ese zumbido en su cabeza, las imágenes regresaron y comenzaron a desacelerarse hasta que finalmente las contempló como si las viviera nuevamente… porque todas ellas eran recuerdos ocultos en lo profundo de sus pensamientos.

–Estaba… lloviendo… –recordó con los ojos cerrados, apretándolos con fuerza.

–¿Qué más?

–Fújur… él… él me llevaba…

Sí, era cierto. Llovía en el sitio que sobrevolaban, era noche tendida y todo estaba oscuro, Fújur descendió suavemente hasta tocar tierra, siendo recibido por un grupo de fantasios llenos de colorido, los cuales cuchicheaban al verlos en tal estado. Algunos de ellos desaparecieron para regresar al poco tiempo con mantas y lo que parecía ser medicina, un par de manos le bajaron con cuidado llevándole a un amplio salón donde también entraron sus compañeros de batalla heridos. Atreyu casi no podía moverse, la herida era profunda y había perdido mucha sangre, si no hacían algo pronto podía morir en ese sitio. En medio de la inconsciencia logró identificar seis pares de ojos amarillos escudriñándole antes de aplicarle unas hierbas extrañas ante las que gritó de dolor. Oyó la voz de campana de Fújur pidiéndole se relajara un poco y luego a alguien tocar la flauta para que se durmiera.

En el siguiente recuerdo él se había enderezado de la cama e intentaba caminar un poco, no podía quedarse mucho tiempo en un sólo sitio temiendo que en cualquier momento los seguidores de Xayide le encontrasen, oyó una risa cristalina, siguiéndola extrañado, parecía como si algo le atrajera irresistiblemente. Así llegó hasta el borde de una fuente en el cual se encontraba una niña sentada, debía tener aproximadamente su edad, su cabello era oscuro y estaba ensortijado, sobre su cabeza tenía una pequeña guirnalda de flores, usaba un vestido blanco y no llevaba zapatos.

No te ves bien.

No me siento bien.

Esa herida en tu pecho, ¿duele mucho?

Duele más saber quién la causó.

¿Así que lo que está herido es tu corazón?

Podría decirse…

¿Odias a esa persona?

No… pero temo hacerlo… temo que la herida que tengo crezca sin poder recuperarme nunca.

Tengo algo que podría ayudarte –tomó el agua con sus manos, jugando con la misma–. Prueba un poco.

Lo recordaba… ¡podía recordarlo! El sitio al cual llegase, sus habitantes con trajes coloridos, la extraña fuente, la niña… ¡todo encajaba!

–Es por eso que llegamos a Arlequín, ¿cierto? –miró a Nulla– Porque debía devolver el favor que nos hicieron. Cuando Bastián me hirió hace varios años fue la Fuente de los Milagros la que evitó que odiase a mi amigo, su agua curó la herida de mi corazón.

–Así es.

–Y la niña que me la ofreció fue… Noway, por eso mismo llegamos hasta Júpax.

–Sí.

–Ahora estoy más determinado a encontrarla, no podemos darle la espalda –contestó seguro.

–¿Sabes por qué te he mostrado esto? –le miró con suavidad, sabiendo que sus palabras no serían bien vistas– Era tu destino el ayudar a los habitantes de Arlequín y el reencontrar a Noway, pero eso no sucederá esta vez. Tienes que continuar, debes avanzar hasta El Castillo de Baureo.

–¿Y darle la espalda? –se enfadó con dicha proposición.

–No está escrito que la encuentres ahora, sin importar cuánto la busques Noway y tú no volverán a encontrarse por el momento. Busca a la humana y así podrás avanzar, mientras no lo hagas tu historia estará detenida.

Atreyu escuchó la voz de la pequeña cría cada vez más lejana, los párpados comenzaron a pesarle, parpadeando un par de veces hasta que tuvo que sentarse, sentía unos irremediables deseos de dormir, de descansar adecuadamente. A su mente volvieron escenas del viaje que acababa de iniciar en compañía de los fantasios, la misión de la Emperatriz Infantil era primero, no podía darle la espalda a Fantasia entera, pero tampoco significaba ello que se olvidaría de Noway… la encontraría, de eso estaba seguro.

Cuando Atreyu despertó las miradas del resto de sus compañeros de viaje estaban fijas sobre él; notó la preocupación en el rostro de Fujúr, soltando un suspiro de alivio cuando finalmente abrió los ojos y se enderezó, el chico no dijo nada cuando empezaron a preguntarle cómo se sentía y si acaso estaba mejor, simplemente comenzó a caminar hasta llegar al lado de Asdjof, el equino se extrañó cuando fue el centro de atención del Piel Verde.

–Les he dicho que perdí a alguien en la Gran Búsqueda… Ártax no fue sólo mi montura, sino un verdadero amigo, le debo mucho… –el joven acarició la cabeza del caballo, juntando las frentes de ambos– Quisiera disculparme con él por no haberle podido salvar, te pido perdón a ti, Asdjof, en su nombre.

–Estoy seguro de que él entiende… –dijo tranquilamente sin saber por qué repetía lo que les explicase el otro día– Joven Piel Verde, ¿a qué debemos su actitud?

–No iremos por Noway… –murmuró, causando asombro en el resto.

–Mi Pequeño Señor, ¿qué te ha hecho cambiar de idea? –Fújur entornó un ojo color rubí, no comprendía la orden recién dada.

–Nuestro nuevo objetivo es el Castillo de Baureo, debemos llegar allí lo antes posible… Ja Kuti… –se dirigió a la hyatina, causando que diera un respingo– ¿Podría viajar en Asdjof? Sé que es su montura personal, pero…

–No hay problema –aclaró al ver esos ojos tan distantes–, es el caballo más dócil y fiel de mi reino. Asdjof, condúcete como si me llevaras a mí.

El equino asintió, Atreyu subió en su lomo sin esperar a que Zenpu colocase la silla sobre el mismo y partió a galope. Fújur se ofreció a llevar al resto, aunque en realidad no le hacía gracia cargar con Morok, el Ser de las Sombras dijo que no había necesidad, desintegrándose en miles de fragmentos oscuros y comenzando el recorrido en esa forma. Wik alegremente se pegó al cuerpo del dragón mientras que Zenpu colocaba las cosas sobre la nueva montura y ayudaba a Ja Kuti a subir sin dirigirle la mirada. Cuando finalmente todo estuvo listo remontaron el vuelo despacio, siguiendo con la vista el rastro del Piel Verde.

–¿Hay algo que deba saber? –preguntó el poderoso dragón– Desde anoche se comportan diferente.

–Me preocupa la actitud del joven Atreyu ante la desaparición de Noway… –se sinceró Zenpu.

–Le ha afectado más de lo que creí… –murmuró el de ojos rubí y su voz de campana sonó rota.

–Parece tan difícil en él demostrar sentimientos… –hizo ver.

–Debió ser más fuerte por Fantasia; las decisiones de la Emperatriz Infantil no siempre son fáciles de entender, exigen constancia de nuestra parte, Atreyu renunció a muchas cosas por permanecer dentro de ese camino. No se arrepiente de ello, comprende que era su deber y está orgulloso de haber sido elegido para llevar a cabo diferentes misiones… –explicó suavemente.

–Comprendo… el joven Piel Verde se ha sacrificado por Fantasia, por nosotros, muchas veces antes… –dijo Zenpu, notando cómo Ja Kuti se sujetaba con mayor fuerza a la melena de Fújur.

–No lo diría de esa manera… tuvo la opción de negarse o de renunciar, pero no lo hizo. Podría decirse que el amor que tenía por Fantasia y la amistad que le unía a Bastián le permitieron continuar por decisión propia.

–Amistad y amor, ¿eh? –sonrió el caballero.

El resto del viaje a bordo del dragón transcurrió en silencio.

Por su parte Atreyu recorría la selva sobre el lomo del equino gris, era agradable subir y bajar entre las nubes al ritmo de Fújur, pero debía admitir que había extrañado enormemente sentir la fuerza de las patas del noble caballo con cada paso y salto que daba, pegar su rostro al mismo mientras una brisa golpeaba a ambos y hacía ondear sus cabellos, sentir el pulso acelerarse conforme la adrenalina fluía en el cuerpo bajo él, colocar la mano en su cuello mientras escuchaba el latir de su corazón.

–¡Hala, cabalga, Asdjof! –pidió, acariciando el cuerpo del animal con una mano libre.

El noble equino aumentó la velocidad, siempre había sido una montura mansa con su princesa, adecuando su paso a la comodidad de la misma, con Atreyu no debía medir su energía, podía liberarla toda si quería… se sentía vivo. Divisó un tronco caído a la mitad del camino unos metros más adelante e iba a desacelerar para rodearle cuando el Piel Verde se pegó un poco más a él, comprendiendo lo que deseaba sin comunicárselo con palabras, Asdjof continuó con el mismo ritmo hasta llegar al obstáculo, brincándolo sin problemas, el Hombre de Hierba se soltó, extendiendo los brazos al cielo mientras sentía la fuerza del salto.

–¡Uuuu~! –gritó sin contenerse.

El relincho del caballo se unió a su voz, continuando su cabalgata con el mismo brío que hasta entonces, poco a poco el sonido de los cascos se perdió en la lejanía.

Hubieron de transcurrir un par de horas antes de que finalmente se detuvieran a descansar y comer junto a un arroyo, el cual les proveería del vital líquido. Fújur descendió suavemente con los fantasios todavía a su espalda, Atreyu desmontó del equino y Morok reapareció integrándose de miles de fragmentos negros. Wik saltó en el aire al ver a todos reunidos, cada momento le parecía mejor que el anterior, quería descubrir cada rincón de Fantasia, ver todo lo que se había perdido, y no había mejor forma que al lado del héroe del Reino sin Fronteras.

–Según mis cálculos el castillo de Baureo está muy cerca –avisó Fújur al resto–, deberíamos llegar en unos días.

–Tenemos comida suficiente para el resto del viaje, pero a pesar de ello cazaré en los alrededores, este sitio es rico en fauna salvaje –comunicó tranquilamente el caballero.

–De acuerdo, la noche está cerca y es peligroso andar solos en parajes desconocidos, acamparemos aquí –dijo Atreyu mientras terminaba su porción de carne de jabalí.

Tras ultimar algunos pormenores Zenpu procedió a retirarse para cumplir su promesa, Ja Kuti decidió recoger algunos frutos del bosque y Atreyu llevó a pastar al caballo, despidiéndose del mismo con una caricia en la crin. Asdjof se retiró complacido mientras que el Piel Verde se dejaba caer en el pasto, Fújur se acomodó detrás de él, sirviéndole de una enorme almohada.

–¿Está bien, mi Pequeño Señor? –preguntó con suavidad.

–Sólo un poco cansado… –aclaró, enterrando el rostro en la suave melena del dragón, era muy relajante estar así a su lado.

–¿Me dirá por qué ha desistido de buscar a Noway? Hasta esta mañana parecía desesperado por hallarla… –se enroscó a su alrededor, protegiéndolo.

–No la encontraré… –dijo sin abrir los ojos– No ahora…

–¿Qué le hace pensar de esa manera?

Atreyu le contó todo, desde los sueños que había tenido en Amarganz, las palabras de Nulla y cómo había podido recordar su anterior estancia en Arlequín. El dragón de la suerte le escuchó en silencio hasta que terminó su relato.

–¿Sabías eso? ¿Recordabas haber llegado al país de Allegro?

–No a decir verdad… –se sinceró– Estaba muy preocupado cuando te vi desplomarte tras el ataque de Bastián, volé sin descanso días y noches hasta sentir que estábamos a salvo y luego sólo me dejé caer… no recordaba el nombre del sitio en el cual fuimos atendidos ni cómo lucía, pues no me separé de tu lado, estuviste ardiendo en fiebre varios días.

–Gracias por todo, Fújur… –le abrazó con mayor fuerza– No sé qué hubiera sido de mí sin ti.

–Ni yo de mí… me salvaste de la tela de Ygrámul hace mucho…

–Realmente no hice nada… –habló adormilado.

–Hiciste mucho más de lo que crees… ahora duerme.

Cuando el resto de los compañeros de viaje regresaron, Atreyu llevaba varios minutos reposando de la agitación del día, a su alrededor el dragón se enroscaba, brindándole una sensación de paz y seguridad. El de ojos rubí pidió suavemente que no hicieran ruido y los demás procedieron a buscar un sitio dónde dormir, uno a uno se entregaron al sueño mas Fújur continuó despierto.

–Sé que estás allí… –habló al aire.

–Siempre estaré cerca de él –Morok se materializó de la nada–, le guste o no.

–No lo hace –se enfadó ligeramente.

–Ya somos dos… –dijo fríamente– Si le preocupa que pudiese o no lastimarle estese sin cuidado, no traicionaré a mi amo, por eso mismo quería hablar antes con usted.

–Te escucho… –le miró con desconfianza.

–Sé por qué se ha marchado Noway… –mencionó, captando la atención del otro.

A la mañana siguiente Atreyu se despertó sintiendo sus energías renovadas, miró en derredor pero los demás todavía descansaban, se dirigió al arroyo dispuesto a recolectar agua para el resto del viaje e inclinó sobre la corriente cristalina tomando de la misma; por un momento tuvo la sensación de que Noway saldría a su encuentro en cualquier instante, alzó la mirada un par de veces esperando encontrarle mas fue en vano, movió la cabeza negativamente intentando desechar esa idea de su mente.

–¿Atreyu?

La voz de Fújur le sacó de sus cavilaciones, el dragón de la suerte se hallaba parado en todo su esplendor, mirándole fijamente, como si quisiera observar cada uno de sus gestos. El Piel Verde se enderezó.

–¿Qué sucede?

–Morok tiene algo qué decirte…

El ser de las sombras se materializó nuevamente, ambos parecían estarse acostumbrando a esa manera de aparecerse en todos lados, aunque no les agradase realmente. El chico contempló adustamente al otro, haciendo que se hincase ante su presencia como un protocolo, después de todo estaba a su servicio.

–Habla.

–Ja Kuti le pidió… no, le exigió a Noway que se marchara –comunicó directamente, sin tacto ni rodeos de ningún tipo.

–¿Qué? –el otro le miró sin entender– ¿Cómo puedes afirmar ello?

–Porque lo presencié. Ya le he dicho que me alimento de las lágrimas de las fantasias, la hyatina representa mi única fuente de alimento constante, la noche en que Noway desapareció lo vi todo a través de sus ojos –Morok extendió una mano, en la cual brillaba una cálida joya–, si no me cree véalo usted mismo.

Sólo entonces comprendió que no se trataba de gema alguna, Morok había tomado las lágrimas de Ja Kuti y por medio de las mismas podía saber el motivo que había hecho que alguien las derramara. Las escenas se sucedieron una tras otra, casi como en una película Atreyu contempló lo ocurrido entre ambas fantasias, apretó los puños molesto ante ello.

–¿Quiere que la expulsemos? –se divirtió su subordinado– Imagino el caballero partirá con ella.

–No… –declaró fríamente– Ja Kuti no lo hizo con mala intención… meditaré un poco al respecto…

–Tsk, como guste –masculló Morok, desapareciendo.

–Creí que querrías saberlo –dijo Fújur cuando se quedaron a solas–, pero ¿por qué no te has enfadado?

–Yo también tomé malas decisiones queriendo proteger a Bastián… –se llevó la mano al puente de la nariz– Hasta cierto punto comprendo los sentimientos de Ja Kuti.

–¿Oh, realmente? ¿Puedes corresponder a los mismos?

Atreyu quedó callado.

Cuatro días después el pequeño grupo finalmente había llegado a los dominios de Baureo; el sitio era inhóspito debido a las continuas corrientes de aire que impedían a la vegetación común crecer, únicamente unos árboles se mantenían aferrados a unas rocas flotantes a escasos metros de altura. La arena se levantaba en pequeñas tormentas dificultando el avance e imposibilitando la visibilidad a más de dos metros de distancia, un silbido continuo se hacía presente en toda la región, era el corazón de Baureo.

Fújur se detuvo en seco.

–¿Qué sucede? –preguntó Atreyu, su voz fue ahogada en el ruido constante.

–Hemos llegado –intentó hacerse escuchar por encima de todo.

–No veo nada –Zenpu observó alrededor, pero el sitio estaba vacío.

–Mira con mayor detenimiento, ésta es la casa de un Gigante de los Vientos, ¿dónde es lógico que se encuentre?

Todas las miradas se alzaron al cielo. Sobre una roca enorme que nadie sabía cómo se mantenía flotando sin ser movida por las corrientes de aire se hallaba un castillo de piedra de cuya punta parecían salir tibios rayos de sol. Las paredes eran de color gris, tal como los contornos de su dueño, los ventanales eran grandes y estaban hechos con vitrales que escenificaban diferentes lugares de las regiones que gobernaba Baureo, no se lograba distinguir puerta alguna y tampoco un medio que les llevase hasta allá arriba.

–¿Volaremos sobre Fújur? –gritó Zenpu, esperando su voz se oyese.

–¡Imposible! Fuerte sí que soy, pero esas corrientes de aire nos arrastrarían en un minuto –explicó el dragón.

–¿Entonces cómo llegaremos hasta allí? –quiso saber.

–Morok, ¿crees que puedas materializarnos allá? –preguntó el Piel Verde.

–Es algo arriesgado, ¿seguro que quiere intentarlo? –le miró.

–Muy seguro.

–Iremos –afirmó el resto.

–Nunca me he movido con tanta gente –hubo de admitir–, tómense de mi capa.

Uno a uno le obedecieron, el ser de las sombras sonrió siniestramente cuando todos estaban fuertemente anclados a él.

–Bueno, lo peor que podría pasar es que nos desintegremos en miles de fragmentos, ¿no?

–¡¿Qué?! –le volteó a ver Ja Kuti, pero era muy tarde, al siguiente segundo todos desaparecieron.

–Sí, sabía que vendrían… –dijo la voz con tranquilidad, el ser observaba con detenimiento una bola de cristal, en ella se sucedieron diferentes escenas en regiones distantes de Fantasia– Un grupo bastante particular, una humana guiada por un ave maldita, y una fantasia a punto de transformarse en un quilphah completo… ¿por cuál de ellos irá primero aquél que sólo lleva la Muerte?