Siguiente capítulo listo! Disculpen los días de atraso pero de pronto muchas cosas surgieron.
Gracias a todos los que dejaron comentarios en el capítulo anterior. Se les agradece con el alma, el corazón y la vida.
Sé que el capítulo anterior estuvo medio flojito así que me voy a intentar reivindicarme. Aquí hay varias explicaciones de ciertas cosas además de la respuesta para la interrogante de jennitanime!
Advertencias: Capítulo largo. Recomendable leerlo con agua y algo de comida al lado para evitar desmayos y cuadros severos de deshidratación.
Espero que este capítulo sea de su agrado y me sigan leyendo hasta el final.
Naruto no es mio es de su autor Kishimoto.
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Sky full of Lights
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Capítulo 10:
Los problemas y angustias desaparecen durante el sueño. Eso era lo que él pensaba. Dormir con tantas cosas en la cabeza no le hacía bien. Sabía que en ese momento todo era parte de un sueño por que todo eran cosa pasadas. Cosas que había vivido, experimentado, sufrido y aprendido.
Las cosas que vives de niño aunque pase el tiempo no las puedes olvidar, por más que intentes. Esas cosas son lo que te hacen ser lo que eres ahora. Todo lo que había vivido hasta ese entonces le había enseñado una lección muy importante.
Nunca
Jamás
Hagas lo que quieres hacer.
En la casa, en el colegio, en la sociedad habían normas que debías de seguir.
Si no las seguías estabas en serios problemas.
Si lo veía desde ese punto de vista nadie en verdad era libre. Todo el mundo actúa de acuerdo a algo para quedar bien a los ojos del resto.
Si lo veía desde ese punto de vista el mundo era demasiado triste. Basado en apariencias, mentiras y engaños.
¿Qué era verdad?
¿Qué no?
Si lo veía desde ese punto de vista su vida sin motivación no era diferente a la de los demás. Era igual al resto aunque de verdad no se sentía así.
Su vida había sido una mentira desde que nació.
Si vives de una forma te acostumbras a esa forma. Entonces cuando aprendes la verdad todo se vuelve extraño. Se te hace difícil cambiar tus costumbres y tu manera de actuar. Pero si no lo haces no hay manera que encajes con los demás...
Era un desencajado.
No encajaba en un lado y menos en el otro.
¿Si no lo hacía entonces a donde pertenecía?
Ahí venía esa memoria otra vez.
Cuando era pequeño y su vida era sencilla. Por que vivía dentro de una mentira. Hasta que encontró la verdad y todo se hizo confusión. Para ese entonces no entendía nada y se le hacía difícil entender por que. Lo bueno y lo malo era algo confuso. Lo normal y lo no normal nunca lo entendió hasta después.
Cuando era pequeño y usar vestidos con volados y lazos en la cabeza era algo normal y bueno. Bueno por que su mamá le daba amor y lo atendía con esmero. Se sentía bien por que antes cuando era más pequeño aún su mamá no se le acercaba tanto. Ahora, en esa memoria en la que tenía tres años su mamá era muchísimo más cariñosa.
En su mente suponía que era por que podía ir al baño solo y ya no mojaba la cama, o por que su cabello había crecido y eso se le apetecía más a su mamá. Ahora ella jugaba a peinarla y a ponerle lacitos de colores. Las dos salían juntas de compras y su mamá se entretenía vistiéndola como muñeca. No le incomodaba. Al contrario la hacía sentirse especial.
Como su mamá pasaba más tiempo con ella la necesidad de la niñera había quedado obsoleta. Antes la señora que la cuidaba lo hacía por que su mamá estaba demasiado ocupada como para prestarle atención. Eso se lo había dicho su papá incontables veces antes de encerrarse en su despacho y olvidarse de su existencia.
Cuando le pregunto lo mismo a Itachi él le había respondido disfrazando la verdad, seguramente para no herirlo.
"Mamá te quiere mucho pero lamentablemente tiene que hacer cosas de adultos. La señora te va a cuidar hasta que mamá se desocupe"
En esas épocas él, Hana, vivía pegado a la ventana de la entrada. No tenía permiso de salir a la calle, ni siquiera al jardín a tomar sol. No recordaba haber salido nunca de la casa. Pero mirando por la ventana no podía ver mucho del mundo exterior. Para él el mundo eran esas cuatro paredes que formaban la casa, Itachi su hermano mayor, su mamá, su papá y la señora que lo cuidaba. Por eso vivía pegado a la ventana por que todos los días las personas que pertenecían a su mundo salían por esa puerta y demoraban un buen tiempo en regresar.
El primero en llegar a casa siempre era Itachi. Un carro venía y se estacionaba en la puerta principal de la casa. Luego entraba Itachi por la puerta más grande luciendo esa gran sonrisa, con su maleta de colegio en la espalda y su refrigerio en la mano izquierda. Siempre en la izquierda por que con la derecha le sobaba la cabeza.
La señora les daba de comer cuando llegaba Itachi. Itachi entonces empezaba a contarle cosas del colegio. Las clases, las tareas, los exámenes, los amigos. Todo sonaba tan interesante que se moría de las ganas de ir al colegio también.
"No te va a gustar" - le decía Itachi siempre que decía que también quería ir al colegio y luego se reía.
Luego de la comida, Itachi, por orden de su papá debía hacer sus deberes. Hana siempre quería jugar con él, por algo lo había estado esperando todo el día para poder jugar pero la palabra de su papá era ley. Itachi se iba resignado a estudiar mientras el regresaba a su sitio en la ventana.
A veces su mamá regresaba primero que su papá. A veces su papá regresaba primero que su mamá. Pero no había diferencia, llegara el que llegara no volteaban a mirarlo, pasaban de largo a continuar sus cosas. Eso significaba el final de su día.
La señora lo llevaba su cuarto, le ponía la ropa de dormir y lo dejaba jugando con las muñecas antes de despedirse y decirle hasta mañana.
Pero todo eso había ocurrido antes de los tres años. Después la señora fue despedida y el mundo que conocía se convirtió en un universo que solo giraba alrededor de su mamá.
Recordaba sus tres años como la época más grandiosa de su vida. Su mamá e Itachi lo querían mucho, tanto que comenzaron a sacarlo de casa.
Itachi lo sacaba a jugar al jardín por que ninguno de los dos tenía permiso para salir más allá de la reja.
Itachi lo dejaba correr en el jardín y rodar por el césped. Por la ventana había visto a los perros de los vecinos hacerlo y ese simple acto se había convertido en su fantasía mas oscura.
Mientras él, Hana, corría y se ensuciaba y gozaba del extenso jardín Itachi lo observaba debajo de la sombra de un árbol. A veces se reía, otras veces leía un libro o estudiaba un poco. Durante los fines de semana se daba el tiempo de corretearlo pero casi nunca lo atrapaba. El pensaba que por que era muy veloz corriendo pero la verdad el juego de Itachi era solo perseguirlo y nunca atraparlo.
Pero cuando se le ocurría agarrarlo le hacía cosquillas y lo obligaba a reír hasta que le pedía que parara.
Eran buenas épocas cuando la ignorancia era una bendición.
Con su mamá en cambio las salidas eran cruzando la reja.
La primera vez que salió en carro se mareó. No recordaba haber estado en uno pero mareado y todo intentó gozar la experiencia. El carro, la gente, las calles y avenidas, los árboles, el ruido, el aire golpeando la cara. Lo que no le gusto fue la multitud por la que a veces cruzaban. Ese mar de gente que se movía de un lado a otro sin rumbo aparente, muy apresurados y sin importarles lo que sucediera alrededor.
Su mamá en verdad no lo sacaba a pasear, lo sacaba para comenzar a lucirla con sus amistades. Muchas de ellas se habían medio olvidado que tenía una hija, "y es que la sacas tan poco" decían algunas. Otras solo la miraban de reojo como con envidia, algunas iban más allá y le jalaban las mejillas hasta hacerle doler y arrancándole un par de lágrimas.
En esas salidas, pocas al principio fue que conoció a las que serían sus compañeras de clases. Niñas como él, o mejor dicho, como Hana que eran las hijas de mamá y papá. Para ese entonces eran más calladas unas que otras, aún inocentes.
"¿Y la vas a inscribir al jardín de niños?"
"¿No te parece un poco tarde para eso? Las clases ya empezaron hace meses"
Eran los comentarios que le hacían a su mamá, como evitando su entrada para no opacar a sus hijas.
Ella no había evaluado bien eso y en verdad era una decisión que no podía tomar sola, tenía que consultarlo con su esposo. Pero tomo nota de todo lo que necesitaba y preparo algunas palabras para convencerlo.
Su papá dijo que no a la primera incursión de Mikoto al tema y con eso dio por finalizada la discusión.
Para ese entonces él había querido ir al jardín de niños para hacer amigos como Itachi. Quería salir por la puerta grande todas las mañanas como su hermano mayor y regresar tarde como él. Quería usar un uniforme y cargar una de esas maletas que usaban los niños de su edad con un sombrero amarillo. Pero cuando su papá dijo que no se puso triste, todas sus ilusiones se vinieron abajo. Incluso pensó que siempre se quedaría pegado en la ventana.
Las cosas cambiaron cuando un día su mamá lo levantó temprano, más temprano de lo habitual. Con los ojos cerrados y sus ojos con legaña se dejo hacer y cuando su mamá le dijo listo y lo paró frente al espejo se dio cuenta lo que iba a pasar. Su cara se iluminó de alegría y empezó a dar pequeños saltitos impaciente por ir al jardín.
Cuando bajaron a tomar desayuno se dio cuenta que su papá no estaba pero Itachi lo esperaba en la mesa. Itachi se veía tan feliz como él y le empezó a dar consejos y recomendarle que se portara bien y que hiciera muchos amigos. Incluso le tomo varías fotos con su móvil.
"Te ves hermosa" - le dijo y le beso la frente cuando el bus escolar vino por él - "Suerte Hana"
Cuando se subió al carro con su mamá empezó a sentir los nervios. ¿Y si no le gustaba? ¿Y si era muy difícil? Miles de veces había escuchado a su papá advertirle a Itachi que debía sacar siempre las mejores calificaciones por que era un Uchiha.
Para cuando el carro paró frente al edificio blanco y su mamá jaló de su brazo sintió sus piernas como gelatina.
Los tacones de su mamá retumbaban por los pasadizos de la institución y el olor a plástico inundo sus fosas nasales. Eran olores definitivamente nuevos pero le recordaban un poco al olor de las muñecas cuando las sacabas de sus cajas.
De repente ese fue el olor que sintieron los demás niños al verla. Hana la muñeca Uchiha, nueva, nueva para el mundo, salida de su casa sin noción de como ser sociable, sin saber que hacer en un cuarto lleno de niños de su edad.
La profesora les mostró el salón a su mamá y a él. Cuando abrió la puerta pudo ver varias mesas pequeñas con sillas igual de chiquitas con varios niños y niñas. Todos riendo, conversando, pintando, otros jugando, comiendo y hasta durmiendo.
La profesora empujo su espalda para que fuera a conocer a sus compañeros mientras ella y su mamá conversaban de los por menores de la situación.
Intentó acercarse a un grupo pero nadie le presto atención. Se acercó a un par de niñas e intentó sonreírles pero las dos agarraron sus muñecas y caminaron lejos de ella.
La sociabilización de la que hablaba Itachi era más difícil de lo que pensaba.
Se quedo estático donde estaba evaluando a donde podría acercarse hasta que las niñas que se alejaron de ella se acercaron a la profesora.
"Chouji tuvo un accidente" - le decían mientras tiraban de su delantal y le hablaban en susurros paradas de puntitas. La profesora dejo a su mamá de lado y fue a ver al tal Chouji, un niño como diría su mamá bastante subidito de peso que no parecía haberse golpeado. Se tardo un rato en entender a que se referían las niñas con "accidente".
Vio como la profesora se llevaba a Chouji a una esquina y le bajaba los pantalones. Mientras ella buscaba el cambio de ropa en su gaveta el gordito aprovecho para huir y correr por todo el salón arrancando gritos de las niñas que escandalizadas se cubrían los ojos. Hasta que se acercó a él, Hana.
Lo miró de arriba abajo y Chouji lo miró fijamente.
"¿No vas a gritar como las demás niñas tontas?" - le pregunto riéndose.
Era su primera conversación con alguien de ese salón. Debía actuar como si no fuera la gran cosa aunque de verdad no entendía por que tanto escándalo.
"¿Por qué debería de gritar?" - le preguntó inocentemente. ¿Que corriera semi desnudo por el salón era algo malo? ¿Qué de malo tenía el niño? Era un niño por la manera como vestía. Las niñas usaban faldas y los niños pantalones cortos.
"Las niñas gritan cuando corro sin pantalones, no les gusta esto" - y con un dedo indicó su entre pierna.
El tenía algo igual a él o al menos bastante parecido. Se lo veía cada que se bañaba pero le habían dicho que no se debía tocar como lo estaba haciendo ahora el niño enfrente de él. Quizás las niñas gritaban por que se estaba tocando. ¿Eso significaba que también tenía que gritar? No entendía nada.
"Hana, tápate los ojos" - su mamá tiro de ella del hombro y sin pensarlo dos veces le obedeció. - "Las niñas no deben ver esas cosas, es indecente" - le resondró su mamá aquella vez.
La profesora por fin logró cubrir las intimidades de Chouji y lo guió a la esquina del salón para ponerlo a reflexionar sobre sus actos. Después de eso todos regresaron a sus cosas y una vez más la hicieron de lado.
Su mamá decidió en ese momento que ya debían irse, solo habían ido para ver como funcionaba.
Se subieron de regreso al carro y ella le pregunto que le había aparecido.
Siendo sincero no le había gustado por que se sentía de lado. Eso era por que no conocía a nadie.
"No conozco a nadie, nadie me quería hablar"
"Eso no importa, mis amigas tienen ahí a sus hijas. Llegando a la casa las voy a llamar para que le digan a sus hijas que sean tus amigas. Será muy divertido"
No estaba seguro que eso fuera divertido pero en ese entonces si su mamá le decía que iba a ser así el le creería. Hana en ese entonces era muy simple.
Cuando llegaron a la casa asumió su posición frente a la ventana a esperar a Itachi. Sentía que tenía que hablar con él para despejar cierta duda...
"Hana, Hana... Despierta ya" - su mamá lo estaba despertando. Sentía las pulseras hacer ruido cerca de su oído. - "Hana, despierta de una vez, tu primo Shisui va a venir a revisarte"
Termino de despertarse así como lo había hecho por once años. Los recuerdos de su experiencia del jardín de niños era un sueño recurrente. Había sido el inicio de su vida intentando entender por que se hallaba en esa situación, intentando esconder quien realmente era y engañando a todo el mundo.
Mientras su mamá escogía que vestiría ese día él había entrado al cuarto de baño para asearse. Una ducha rápida para quitar el olor a cama y para terminar de despertarse. Sus ojos se sentían mucho mejor después de haber descansado y se habían vuelto a acostumbrar a la luz.
Cuando acabo de bañarse salió a su cuarto para ponerse lo que le habían escogido. Su mamá no estaba en la habitación así que supuso que le estaba dando algo de tiempo personal para que se cambiara por si mismo. Su brazo aún era un problema. Lo podía mover mejor que el primer día pero el dolor persistía al punto que cada que lo movía cerraba sus ojos y mostraba incomodidad.
Una vez listo y después de todo el esfuerzo se sentó en el tocador para esperar a su mamá, no debía tardar en regresar y así fue. Regreso con algo de agua y las pastillas matutinas. Mientras se las tomaba sin saber exactamente que era lo que se estaba metiendo a la boca su mamá lo peinaba. Pasaba el cepillo por el cabello de arriba abajo y lo separaba. Termino por hacerle una trenza estrafalaria y le colocó flores reales entre los nudos. Cuando se vio al espejo, a pesar que se veía así mismo borroso, se confundió con un florero.
No se quejo, no valía la pena hacerlo. No tenía ánimos ni ganas ese día.
"¿Te provoca esperar a tu primo en la sala? No me gusta que te quedes en tu habitación todo el día" - le había preguntado por simple cortesía pero eso no significaba que iba a cumplir sus deseos, siempre se hacía lo que ella quería.
Se paró con desgano y miro hacía su cama por última vez. Se sentía cansado y con sueño como para alejarse de la cama. Sentía que donde lo sentaran se iba a quedar dormido. Pero antes de salir de la habitación el timbre sonó y a su mamá no le quedo de otra más que ir a abrir la puerta dejándolo solo en la habitación. Si era su primo Shisui estaba a salvo.
Giró sobre su eje y regresó a su cama apenas comprobó que de verdad era Shisui. Se acomodó lo mejor que pudo en su cama y se tapo con la colcha que estaba a los pies.
"Buenos días Hana. No pensé que ya estuvieras despierta, bañada, vestida y arreglada; es más, yo pensaba encontrarte durmiendo" - y es que Shisui vivía con la idea de que le gustaba dormir mucho. Idea que le había contado tanto Itachi como su papá. Y si, la verdad le encantaba dormir pero era un privilegio que no gozaba mucho. - "¿Cómo te sientes hoy? ¿Mi tío te llevo al hospital para hacerte los exámenes ya?"
No lo había llevado y no creía que fuera a hacerlo. La pregunta era si debía contestar con la verdad o debía mentir y decir que si.
"Shisui, cariño, tu tío me dejo este sobre para ti. Me estaba olvidando de dártelo" - su mamá intervino en el momento preciso. Eso significaba que papá había falsificado papeles.
Shisui abrió el sobre con cierta parsimonia y se sentó en una silleta. Leía los papeles y hacía ruidos con la boca y con la garganta. ¿Que clase de información habría puesto ahí su papá?
"Bueno, lo que sea que han usado contigo debió ser algún tipo de mezcla. Al parecer no ha hecho nada muy grave más que mantenerte fuera de combate. No hay nada de que preocuparnos" - le terminó de informar.
Para él no había nada de que preocuparse pero los papeles eran falsos. El ya se había dado cuenta de eso por que en ningún momento había salido de la casa ni le habían sacado una muestra de sangre. Si esos papeles eran mentira, ¿la información también?
"Te has puesto pálida. ¿Te sientes mal?"
"No, creo que necesito mi desayuno" - mintió mientras se acomodaba el cabello y se secaba el sudor que lo había invadido.
"¿Tía le puedes traer el desayuno a Hana?" - le pidió Shisui mientras ponía una mano en su frente para evaluar la temperatura.
"Eh... justo iba a bajar a Hana para tomar desayuno juntas" - le dijo mientras se mordía el labio como una niña chiquita.
"A mamá no le gusta tomar su desayuno sola" - le comento a Shisui en una voz casi inaudible pero que se logró escuchar. Hizo la frazada a un lado y bajo las piernas para buscar sus pantuflas resignándose de una buena vez a ser alejado de su cama.
"Tía por favor tráigale el desayuno a Hana. No creo que este todavía en condiciones de abandonar su habitación. Yo bajaré a desayunar con usted después" - Mikoto estaba un poco contrariada con eso pero aceptó y bajó a traerle el desayuno a su hija.
"Gracias, aunque no era necesario. Yo podía haber bajado..."
"Si pero si lo hubieras hecho te hubieras perdido de esto" - No se había dado cuenta de que su primo traía una maleta consigo. La abrió y sacó una bolsa de papel. Podía oler que tenía algo rico adentro. - "Yo sé que mi tía no te deja comer esto y dudo que vayas a subir de peso comiendo puras frutas. Son saludables pero a tu edad tu cuerpo necesita un poco de grasas y harinas y todas esas cosas que a tu generación les gusta. Lo voy a esconder en el cajón de tu velador. Te lo comes todo y antes que regrese pones la bolsa de papel en mi maleta para deshacerme de las evidencia" - y le guiñó el ojo en complicidad.
"Gracias Shisui, no sé que haría sin ti"
"Hago lo que puedo Hana" - le dijo mientras le sobaba la cabeza como Itachi le gustaba hacerle.
Mikoto llego con la bandeja. Una taza de té y una jarrita de leche para mezclarse, un tazón pequeño de fruta, una tostada con un poco de fruta en pasta.
Le pusieron la mesita auxiliar en sus piernas y luego los dos salieron a tomar el desayuno el primer piso. Aunque Mikoto sintió un olor diferente en el cuarto, pensó que era Shisui.
Apenas se cerró la puerta intentó estirarse para abrir el cajón del velador. Logró agarrar la bolsa de papel y como un animal hambriento, por que lo estaba, sacó el emparedado que había dentro. Era un pan tostado también con un huevo frito, queso y jamón. Sintió como su boca salivaba como el perro de Pavlov. Abrió la boca con cautela, no quería desperdiciar ni una sola migaja además de no dejar evidencias.
El pan sabía mejor de lo que olía. Comenzó dándole pequeños mordiscos alrededor, disfrutando cada pedacito. De cuando en cuando le daba un sorbo a su té con leche y se comió un par de pedazos de melón y para no desperdiciar un par de mordidas a la tostada. Sin darse cuenta se había comido todo su pan y hasta se había dado el lujo de chuparse los dedos. También se terminó la tostada para no levantar sospechas a pesar que ya se sentía a punto de explotar.
Fiel a lo acordado metió la bolsa de papel al fondo de la maleta de su primo para que se llevara las evidencias. Con algo de tristeza se fue al lavatorio a quitarse el sabor de ese rico desayuno con un poco de pasta dental y el enjuague bucal. Se lavó la cara y se perfumó otra vez. Si su mamá percibía un aroma raro en él no se lo iba a pasar por alto.
Después de todo ese ritual estaba cansado así que regresó a su posición inicial echado en al cama. No paso mucho tiempo desde que se tapó con la colcha hasta que entraron los dos de nuevo a la habitación.
"¡Te acabaste la tostada!" - le guiño el ojo su primo.
"Tenía hambre" - le contestó con una sonrisa pequeña.
Le dieron sus pastillas y al rato nomás Shisui anunció su partida por que tenía clases. Antes de irse y sin su tía presente, por que se había ido a atender una llamada, se acordó de algo.
"Hana, me estaba olvidando. ¿Estas aburrida verdad?" - asintió. - "Aún no te puedo permitir usar tus lentes de contacto hasta dentro de una semana más. Teniendo en cuenta eso ayer fui a tu optometrista y le pedí unas gafas con tu medida explicándole un poco tus circunstancias"
De su saco Shisui le extendió una caja. La abrió y sacó los anteojos. Se los puso y todo tomó forma.
"Alcánzame el espejo" - le pidió a su primo. Cuando se vio supo que a su mamá no le iba a gustar mucho la idea. Esos marcos gruesos a él no el incomodaban, le gustaba esa aura intelectual que le daban a su cara. - "Mis ojos se ven más grandes ¿verdad?" - Shisui se rio. Claro que sus ojos se veían enormes, los espejuelos eran casi casi como la base de esas botellas grandes y gruesas donde su papá guardaba sus vinos.
"Te hacen ver inocente. Con esos en tu cara no creo que le vayan a pedir tu mano a mi tío en un millón de años" - el comentario sarcástico de Shisui le dio ideas malignas para deshacerse de Naruto.
"¿En la escala del uno al diez que tan fea me veo?"
"No te ves fea, te ves rara. Pero no te puedo dar mi opinión acerca de eso, a mi me encantan las mujeres con anteojos así que para mi te ves hermosa y super sexy" - le dijo antes de irse y dejándolo inmerso en su nueva y temporal imagen frente al espejo.
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No le disgustaban los anteojos que le había dado su primo. Podía ver claramente, eso era lo importante. Con los anteojos puestos se sentía mucho mejor aunque quizás era idea suya. Se paro de la cama, ahora viendo exactamente a donde iba y no en un paisaje borroso. Se paro frente a la cómoda y metió su brazo hasta el fondo del cajón. Sus manos se cerraron en aquella montura rugosa y parchada. Viéndolo ahora claramente no tenía idea como Naruto había logrado salir del jardín de niños. Seguro Kakashi había tenido que pagar para que lo dejaran pasar el año.
El sin vista hubiera podido fijar mejor la montura a los espejuelos. No cabía duda, Naruto era un retardado mental con cero aptitud para reparar las cosas.
Pero no iba a arreglar lo que Naruto había unido con cinta adhesiva. Lo iba a conservar de esa manera como recuerdo intangible de su estupidez.
Los volvió a esconder entre la ropa para que su mamá no los viera.
Centro su mirada una vez más en el espejo.
Todo este tiempo había sido fácil para su papá hacerlo pasar por niña. Su cara era copia a carbón de su mamá. Ella y él incluso tenían el mismo estilo de peinado.
¿Si Naruto lo veía con los anteojos puestos su cerebro sería capaz de poner uno más uno? Lo dudaba pero por si las dudas era mejor prevenir.
Por un lado quería salir de la mentira pero por otro lado no quería perjudicar a su familia. Quería quedar bien con Naruto que le había ayudado en todo momento alejándose de él pero no quería decirle la verdad de frente por que seguro lo iba a repudiar. Quería ayudar a Naruto a salir de las garras de su papá a pesar que él aún no se podía liberar.
Su cabeza estaba debatiendo que hacer mientras sus manos agarraban las tijeras y recortaban un flequillo. Con ese corte de cabello se parecía más a Hinata, su mamá lo iba a odiar.
Y así fue. Cuando Mikoto entró a la habitación casi se cae de espaldas al verlo. No sabía que odiaba más si el nuevo flequillo en su cara o los anteojos con fondo de botella que le había dado Shisui. Pero el cabello ya estaba cortado y ella no podía hacer nada por cosérselo de nuevo.
Al final se fue enojada y lo dejo solo una vez más.
No entendía por que exactamente pero se sentía con ánimo. ¿Así se sentía la gente cuando hacía lo que le daba la gana? ¿Desde hacía cuanto no hacía lo que le daba la gana? Si lo veía de ese punto los tres años había sido una etapa dorada en su vida.
Otra vez venían las memorias a su cabeza. Cuando los tres años habían perdido su encanto. Cuando se le ocurrió ir a hacerle la pregunta de oro a su hermano.
Itachi había llegado ese día de la escuela, había almorzado y como un soldado a control remoto había ido hasta su habitación a hacer las tareas. El había esperado pacientemente hasta que entrara a su cuarto y a que su mamá se pusiera a hablar por teléfono con alguien. Se había escurrido con cuidado escaleras arriba y entró al inmaculado cuarto de su hermano sin cerrar la puerta, ese fue su gran error.
"¿Qué haces aquí Hana?" - su hermano le regalo una sonrisa igual que siempre, le revolvió un poco el cabello y luego le peino. - "¿Cómo te fue hoy en el jardín de niños? ¿Te gusto?"
"Los niños son raros, nadie me hablo excepto el gordito" - Itachi se rio una vez más.
"Los niños son diferentes a las niñas" - le dijo - "Los niños no nos interesan las mismas cosas que a las niñas" - en ese momento no entendió lo que su hermano le quiso decir, aún era inocente y no sabía nada.
"El gordito empezó a correr sin pantalones por todo el salón. Los niños se reían pero las niñas se tapaban los ojos. ¿Por qué?" - Itachi estaba haciendo lo posible por controlar su risa y es que para un niño grande la situación era graciosa.
"¿Tu no te tapaste los ojos?" - le pregunto a lo que respondió con una negación. - "Bueno... no sé si yo deba de enseñarte eso... creo que eso le corresponde a papá y a mamá... aunque ellos parecen haberlo pasado por alto" - lo último lo dijo en un murmullo, su hermano se estaba debatiendo en darle información o no.
"Dime, dime , dime... " - comenzó a rogarle hasta derretirle el corazón.
"Bueno... cuando viste al gordito ¿viste algo diferente?" - no recordaba nada diferente y como no recordaba no dijo nada. - "Los niños somos físicamente diferentes a las niñas. Es difícil de explicarte, mejor te lo muestro" - Itachi se paró de su escritorio y se fue hasta el librero que tenía en el cuarto. Paseó sus dedos por los lomos de los libros hasta que encontró el que buscaba. Se volvió a sentar en el escritorio y buscó la página.
"Mira Hana. Los varones tenemos esto y las mujeres aquello" - a Itachi no le molestaba enseñarle cosas nuevas a su hermana pero en esta pregunta en específico no pudo evitar ponerse algo rojo. Después de todo eso no era algo que alguien aprendiera de la boca del hermano mayor, esa era responsabilidad de sus papas.
"¿Yo soy mujer?"
"Claro" - le contesto sin duda.
"¿Y yo siendo mujer puedo tener eso?" - le volvió a preguntar señalando los genitales de los hombres a lo que Itachi se rio fuerte.
"¡Por supuesto que no Hana! ¡Si los tuvieras serías un fenómeno!" - Itachi en ese momento no supo el dilema que había creado en su cabeza.
"¿Ser un fenómeno es malo?" - le volvió a preguntar. Itachi se quedo callado por primera vez en su vida.
"Por supuesto que es malo" - su papá entró en la habitación. Los dos se petrificaron por que habían sido descubiertos. - "Los fenómenos se van a los circos y los encierran en jaulas como animales para que la gente los mire. Ser un fenómeno es ser blanco de burlas. Nadie quiere a los fenómenos"
"No le digas eso a Hana, ella no sabe de esas cosas" - se atrevió a intervenir Itachi.
"Hana, ¿Cuántas veces te he dicho que no te acerques a Itachi mientras esta estudiando? ¿No entiendes que tu hermano es inteligente y necesita estudiar más para ser el mejor? Lo estas distrayendo, vete a tu habitación" - no tuvo que terminar de dar la orden para que saliera corriendo de ahí.
"Enseñarle esas cosas a tu hermana no te correspondía Itachi. Estas castigado" - su papá nunca lo había castigado antes pero siempre había una primera vez. Cuando Fugaku salió de la habitación cerró la puerta con llave para evitar las tentaciones de salir a despejarse.
Fugaku tenía en ese momento el problema que había estado retrasando. Y todo por que a Mikoto se le ocurrió llevar al engendro a escondidas al estúpido jardín de niños. Lo que tenía que hacer en ese momento era mantener al chico a raya y evitar que abriera la boca.
Entro a la habitación tan rosada que lo hacía odiarlo más. En anteriores ocasiones lo habían pillado distrayendo a su hermano y el castigo siempre había sido ir a su cuarto y mirar a la pared en un rincón. Y ahí estaba, en la esquina mirando a la pared pero en su cabeza estaban las miles de preguntas y todas llevaban a una más grande. ¿Era él un fenómeno?
"Sígueme" - le dijo y empezó a caminar fuera de la habitación con dirección a su estudio. No podía hablar con el engendro dentro de esa habitación y no podía hablarle teniendo a Itachi en la habitación del costado.
Tímidamente se paro y siguió a su papá. Aún confiaba en el y lo quería mucho a pesar que siempre parecía estar enojado hacia su persona. Su altura y su porte acentuaban el respeto que le tenía pero quizás más que respeto era admiración.
Cuando llegaron al estudio su papá se sentó en su sillón que le daba un aire de superioridad más acentuado.
No podía dejar de pasear sus ojos por el lugar. Su papá nunca lo había dejado entrar ahí, para ese entonces ese lugar era un completo misterio pero no más. El estudio olía como a los zapatos de su mamá, olía a café y a humo, lo último lo dejaba medio atontado y adormilado.
"Vamos a dejarnos de rodeos de una vez. Eres un fenómeno. Una niña en el cuerpo de un niño o un niño con cara de niña. Lo que te parezca mejor. En resumen, nadie te quiere. Si tu mamá se entera que eres un niño te va a odiar y se va a volver loca, e Itachi. ¿Tu sabías que Itachi siempre quiso una hermana? Si se entera que eres un niño también te va a odiar. No solo eso, no te va a volver a hablar por que sabrá que eres un fenómeno. Si la gente se entera de que eres un niño no te van a hablar, nadie va a querer ser tu amigo y menos van a querer jugar contigo. La única manera en la que alguien te pueda querer es siendo la niña que eres ahora"
Ahora en su pequeña mente algunas cosas hacían sentido. Por eso los niños del salón no habían querido jugar con él. Por eso seguramente no le habían hablado.
Pero su mamá e Itachi si lo querían. Estaba seguro de eso.
"Mi mamá si me quiere" - le respondió a su papá sin poder controlar el llanto - "Itachi si me quiere"
"Eso es lo que tu crees. Tu mamá no te quiere. Estaba a punto de abandonarte en el hospital, se iba a deshacer de ti por que ella quería que fueras una niña. Pero se te ocurrió nacer niño. Tu hermano Itachi quería que fueras una niñas y cuando se enteró que ibas a nacer te compró cosas de niña por que quería tener una hermana. En ningún momento dijo que quería un hermano, ¿sabes por que?" - Fugaku estaba disfrutando el momento. Había destruído la canfianza de mucha gente, había destruído sueños e ilusiones de muchas personas pero todas ellas eran mayores, era la primera vez que se portaba tan crudo con un niño. Pero como era suyo en verdad no le importaba, después de todo era el hijo no deseado con el que estaba tratando. - "Por que él sabía que si nacías siendo un niño tendría que compartir cosas contigo. A Itachi no le conviene que seas niño. Si se entera que eres un niño seguro va a querer matarte"
No podía dejar de negar todo lo que le decía su papá. Todo tenía que ser una mentira.
"¿No me crees? Compruébalo tu mismo. Ve donde tu mamá y muéstrale lo que tienes entre las piernas. A ver si sigues pensando que de verdad te quiere"
No le creía a su papá. Se pasó el brazo y las manos por los ojos para secarse las lágrimas y salió corriendo del estudio a buscar a su mamá. Le iba a probar a su papá que estaba equivocado.
Su mamá estaba en el sala de estar terminando de hablar con alguien por teléfono hasta que se dio cuenta de su presencia. Cerró el teléfono y le pregunto.
"Hana ¿Por qué has estado llorando?" - le dijo mientras le acariciaba la cabeza y le acomodaba el cabello que se le había desordenado.
"Papá dice que tu no me quieres por que soy un niño" - su mamá pareció no entender lo que le había dicho.
"¿Qué estas diciendo Hana? Estas hablando tonterías, ¿Cómo vas a ser un niño si eres una niña hermosa?" - se rio de la situación como si le hubiera dicho una broma.
"Pero mamá, de verdad no soy una niña, soy un niño"
"No sé de donde has sacado eso o si lo soñaste pero tu eres una niña. Tu nunca has sido un niño" - su mamá estaba intentando convencerlo de algo diferente. El ahora sabía que era un niño y un fenómeno y su mamá no estaba entendiéndolo
"Soy un niño mamá, mira" - se alejo de ella y se bajo la ropa interior y se levantó el vestido.
Su mamá pego un grito tan alto que lo aturdió. Luego empezó a hablar rápido mientras movía su cabeza de un lado a otro.
"¿Mamá?" - cometió el error de acercarse.
Su mamá lo empujó hasta que cayó al piso que no le tomo mucho tiempo. Luego empezó a lanzarle cosas. Le tiro el florero que le golpeó la pierna, le tiro le cenicero que por suerte no le llegó a tocar, le comenzó a lanzar adornos. Cada golpe lo convencía que de verdad no lo querían. Si su mamá actuaba de esa manera Itachi lo iba a matar, lo iba a odiar. No tenía esperanza.
Su papá tardó un poco en entrar en escena. Cargo a su mamá que se encontraba en pleno ataque de histeria y logro sentarla en una silla antes de inyectarle un calmante. Luego la volvió a cargar y se la llevo a su habitación no sin antes dirigirle un par de palabras.
"Te dije que era mejor que nadie supiera que eras un niño. Si de verdad valoras tu vida sería mejor que siguieras fingiendo ser niña, todos quieren a las niñas, es la única manera de que alguien te pueda querer"
No sabía en que momento se había quedado dormido. Las pesadillas y recuerdos venían y se iban. Por suerte los anteojos no se habían roto, se había quedado dormido con ellos puestos.
Se levantó de la cama y bajo por algo para comer. Sentía hambre otra vez. Bajo las escaleras con cuidado, la cocina estaba demasiado limpia. Sin hacer ruido empezó a revisar puerta por puerta. Agarró dos lonjas de pan integral le puso una hoja de lechuga y como cuatro rodajas de tomate, esparció un poco de sal, pimienta y aceite de oliva y se lo devoró. Limpió todo y huyo del lugar.
Sintió la necesidad de aire fresco. Su mamá no parecía estar cerca así que aprovecho la oportunidad para salir. Agarró un abrigo del ropero y una chalina, guantes, se puso una botas altas contra el frío, tomó las llaves y salió de casa.
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Una vez fuera de casa sintió que el aire le volvía a entrar a los pulmones. A veces sentía que no podía respirar bien, sentía la presión de su familia aplastarlo sin piedad a tal punto que le empezaba a doler el pecho.
Caminó sin rumbo por las calles aledañas. Hacía frío. Se daba las gracias a si mismo por haber salido bien abrigado de casa. El aire le pegaba fuerte en la cara y la chalina no parecía tener la capacidad de cubrirle la nariz, por otra parte se había olvidado de ponerse un gorro, ahora sentía sus orejas tiesas, tan tiesas que quizás con un golpe se podrían romper. Pero no importaba, nada tenía importancia en ese momento.
Hacía un buen tiempo que no salía solo a pasear. A caminar y limpiar un poco su mente.
Hacía tanto frío que cada que respiraba salía un humo blanco de su boca. Quizás ya era tiempo de regresar a casa. Para llegar rápido a su casa era mejor cortar camino a través del parque. Aún era temprano y casi no había gente caminando. Seguro era por el frío, a nadie le gustaba estar afuera en el frío, él era el único que disfrutaba congelarse afuera hasta que se le entumecieran los dedos.
Tanto caminar se había quedado sin energías así que decidió sentarse en una banca y reposar un rato.
En los cinco minutos que había estado sentado no había visto a nadie pasar. Se paso las manos por la cara para darse un poco de calor, la temperatura seguía bajando y los guantes se hacían insuficientes. Se puso de pie y sintió que todo le daba vueltas. No había sido una buena idea salir después de todo. Se volvió a sentar. Metió su mano al bolsillo del abrigo con la esperanza de llamar a Shisui para que viniera a rescatarlo pero no tenía el móvil, no se había acordado que su papá había destruido el suyo y aún no se lo había repuesto.
La siguiente alternativa era caminar de alguna manera y buscar un teléfono público y llamar a Shisui o a su mamá. Sus manos recorrieron su cuerpo buscando algo de dinero pero no había cargado con nada a la hora de salir. Solo había pensado en salir a caminar un rato y despejar su mente, nunca pensó que algo así podía pasar.
Respiró profundamente y se calmó. Alguien tenía que caminar por ese maldito parque. Al primero que pasara le iba a pedir ayuda.
Mientras tanto decidió subir las piernas a la banca y abrazarse a si mismo para entrar en calor mientras cerraba los ojos para poder pensar.
Recordaba otra vez.
Cuando no sabía que era. ¿O un niño que parecía niña o una niña con partes de niño?
Cuando se calmo después de que su papá se llevara a su mamá. Se dio cuenta que su papá no le había mentido. Que de verdad su mamá lo odiaba y seguro también Itachi.
Los días siguientes se mantuvo alejado de todos.
Su mamá no se le acercaba. Cada que lo veía salía corriendo como si tuviera la peste por lo tanto no le daba de desayunar. No comía nada hasta que llegaba Itachi del colegio y le servía de almorzar. Se moría de hambre cuando veía el plato servido en la mesa pero no se atrevía a acercarse. No con Itachi tan cerca. ¿Qué pasaría si de pronto lo descubría?
"¿No tienes hambre acaso Hana?" - pero el solo lo miraba desde una esquina lejana - "Se te va a enfriar la comida" - se debatía. Tenía que comer algo ahora por que a la hora de la cena las cosas podrían ser peores.
Se acercó a comer cuando Itachi se sentó. Entonces corrió hacia la mesa y salto a la silla. La comida se veía deliciosa. Un pedazo de carne que su hermano le había cortado en pequeños pedazos, un poquito de arroz y una ensalada.
"Si te comes todo te doy una galleta Hana" - su hermano intento animarlo.
Los dos comieron en silencio hasta que Itachi decidió seguir la conversación.
"Mama esta rara otra vez. Me dijo que iba a salir de viaje un par de días y que papa no iba a regresar por que también tenía que salir de viaje. Creo que alguien va a venir a cuidarnos, ojala sea alguien divertido"
Pero eso a él no le importaba, quien fuera que viniera se tenía que alejar de él. Nadie podía descubrirlo.
Y así fue. Sus papas se fueron de viaje por separado y una persona venía por las mañanas para darles de desayunar y prepararles el almuerzo y la cena. Después de eso no tenía mayor obligación.
Por eso él la seguía pasando más solo aún. No se le acercaba a la persona encargada y cuando venía Itachi le huía. Corría a esconderse a su cuarto de donde no quería salir.
Su hermano se preocupo tanto por él que le pregunto si se sentía bien.
"Estoy bien"
"¿Estas enojado conmigo por algo Hana?"
"No" - no estaba enojado, estaba asustado.
"¿Estas enojado conmigo por lo del otro día? ¿Por qué te dije la diferencia entre niños y niñas?"
"No" - no quería tocar más el tema, tenía miedo.
"¿Entonces estas enojado conmigo por que mamá y papá te resondraron? Los oí gritar desde mi cuarto" - Itachi estaba indagando. El no sabía nada acerca de que era un niño, ni lo sospechaba - "Lo que sea te hayan dicho no les hagas caso. A mi no me importa que vegas a mi cuarto a hacerme preguntas. Yo te quiero mucho Hana por que eres mi hermanita. Yo te voy a proteger siempre de todos, cuenta conmigo para todo" - Itachi lo abrazó tan fuerte que derritió la pared de hielo que estaba forrando su corazón.
Lo que él había necesitado en esos últimos días había sido que alguien le dijera eso, que lo querían. El quería mucho a su hermano y eso no iba a cambiar. Aun así no podía decirle la verdad por que sentía temor que fuera cierto lo que le dijo su papá.
"¿Ya no estas enojada conmigo Hana?" - le pregunto Itachi por que le estaba abrazando mientras lloraba.
"Te quiero mucho Itachi"
Desde ese día intentó mantener una distancia prudente de su hermano, la suficiente para que no lo descubriera pero no tanta como para poder seguir siendo abrazado de vez en cuando.
Sus papas regresaron días después y las cosas volvieron a ser como antes del incidente. Su mamá volvía a querer a Hana y su papá seguía ignorándolo. El seguía esperando en el marco de la ventana todos los días.
Intentó de todas las maneras posibles de mantener a su hermano alejado de su intimidad. A veces la situación se dificultaba por que venía su primo a jugar mientras su papá no estaba y a los dos les interesaba hacerle compañía. Shisui desde entonces se había preocupado por Hana al verla siempre tan callada y alejada.
Entre los dos lo perseguían por toda la casa y trataban de entretenerla. A veces la atrapaban y le hacían cosquillas hasta que no lo podía soportar y pedía a gritos tregua. Unos cuantos accidentes por jugar de esa manera ocurrieron como resbalones en los pasadizos, adornos rotos, golpes por las caídas. El peor de todos fue cuando los dos cayeron por las escaleras. Al parecer él había dejado caer un juguete que lo hizo tropezar y caer. En su desesperación Itachi intentó agarrarlo pero los dos rodaron cuesta abajo los últimos cuatro peldaños.
Aquella vez no solo tuvieron que soportar el dolor de la caída, también tuvieron que escuchar los gritos de sus padres. A Dios gracias no se rompieron ningún hueso pero la caída los mantuvo a raya un buen tiempo.
Hasta que mandaron a Itachi a estudiar al extranjero poco después de que hubiera cumplido sus cuatro años.
La casa sin Itachi se sentía más aburrida que nunca. Sentarse en el marco de la ventana ya no hacía sentido pero seguía haciéndolo por que ya era una costumbre. Su primo Shisui solo iba a visitarlo cuando podía o en alguna reunión familiar que se daba cuando venía Itachi a visitar por ejemplo.
Su mamá no tenía permiso de sacarla a la calle tampoco. Aunque de vez en cuando se escapaban las dos.
Siempre se sentía enfermo y a veces amanecía con fiebre, eso le dio un motivo más a su papá para decirle a su mamá que no podía salir de casa y como paraba enfermo tampoco valía la pena mandarlo a la escuela.
La escuela era algo que él quería y a la vez no. No se podía olvidar de su efímera experiencia en el jardín de niños y eso le daba miedo. Pero tampoco era una opción dejarlo en casa sin educación, su padre estaba consciente de eso. Su hermano cada vez que podía venir le ejercía presión en eso. Por eso y después de meditarlo seriamente se decidió que iba a estudiar pero dentro de casa.
Se le contrato una persona que variaba cada cierto tiempo para que fuera a la casa y le enseñara las cosas que un niño de su edad debería saber. Leer, escribir, matemáticas, gramática, literatura, ciencias naturales, historia. Eso animó un poco su sosa vida. Sentía que tenía la oportunidad al fin de ser como su hermano. El profesor le dejaba tarea que él se esmeraba en realizar en el menor tiempo posible en especial por que no tenía nada mejor que hacer.
Cuando acababa las tareas se ponía a leer algún libro en su cuarto o en la sala. Leía durante el día y la noche con la luz de la lámpara. Los profesores vivían maravillados de ese hambre de conocimiento que tenía y sorprendidos con los resultados de los exámenes que le hacía.
Pero todos esos halagos no lograban estirar los labios de su papá. De su boca nunca salió un estímulo hacia él por lo bien que lo estaba haciendo. No valía la pena esforzarse tanto aún así lo seguía haciendo por que los estímulos venían de su hermano cada vez que hablaban por teléfono. Su mamá también lo apoyaba. Presumía de ella por teléfono con sus amigas que estaban deseosas de que sus hijas pudieran ser como Hana en los estudios y fue así como conoció a Hinata.
Hinata tenía problemas de sociabilización igual que él pero además de eso tenía problemas de aprendizaje. Se dispuso entonces que se hicieran "amigas" y que después del colegio Hinata fuera a su casa para hacer las tareas "juntas". Ahí fue donde él se dio cuenta que lo que él había aprendido era algo más avanzado de lo que veía Hinata con los demás chicos de su salón. Ayudarla fue fácil, hacerla entender fue un poco más difícil pero Hinata era constante y en poco tiempo pudo ponerse a nivel con su clase.
Otra idea surgió entonces. Idea de reintegrarlo a la sociedad. La familia Hyuga y su poder económico, en ese entonces, mayor que de los Uchiha ejerció presión en su papá para mandarlo al colegio con Hinata. Al final su papá, y por primera vez en su vida, dio su brazo a torcer. A regañadientes le dio permiso para asistir, no sin antes advertirle de la manera más siniestra que cuidara "el pequeño secreto".
Cuando iba al colegio sentía esa presión. Presión por ser el mejor, presión para guardar las apariencias, presión para no destruir las amistades de su mamá y las relaciones económicas de su papá, y la presión de guardar su género. Para asegurar esa parte se decidió que no participaría en deportes y clases de gimnasia. Solo asistiría a las clases y de ahí directo a casa.
Eso no ayudaba en nada a forjar amistades. Seguía con la sociabilidad de un hongo silvestre del bosque. No podía mantener una conversación con nadie por que sentía que no tenía afinidad con nadie. Las chicas hablaban cosas de chicas y los chicos cosas de chicos. No sabía nada de ninguno de los dos, no sabía que era popular y que no. No tenía idea de los shows de televisión ni de la música y artistas.
En el colegio también adopto la costumbre de sentarse junto a la ventana y mirar por ahí. Su vida se había convertido en monotonía pura y sin una pizca de diversión y emoción.
Hasta que en uno de esos días cuando el aburrimiento estaba a punto de acabar con él se le ocurrió hacer la peor estupidez posible. Iba a ser emocionante por un instante pensó por un momento sin pensar en las verdaderas consecuencias...
Cuando abrió los ojos en lo que pensó habían sido escasos segundos el panorama había cambiado. Ya no estaba tan claro y algunas de las luces de la calle estaban comenzando a prenderse. Intentó calentar sus manos con su aliento pero ya no salía ese humo de la boca. Hacía demasiado frío.
Hizo un esfuerzo y se puso de pie. Empezó a caminar lentamente a su casa apoyándose en lo que tenía al alcance. Arboles, bancas, cercas, postes y hasta tachos de basura. Se sentía agotado. ¿Tanto se había alejado de casa?
Se sentó a descansar una vez más, esta vez plenamente consciente que solo sería por un par de minutos por que cada vez se ponía más oscuro. Respiro profundamente un par de veces para calmarse y regresar a su casa. Cuando se paró reinició su camino. Iba avanzando muy bien hasta que escuchó que alguien se acercaba. ¿Debería pedir ayuda? Si era una mujer mayor le pediría ayuda, si era un hombre no lo haría por que se las podía dar de vivo y no estaba en condiciones para defenderse. Si era una persona joven lo pensaría más de tres veces.
Pero la persona se acercaba corriendo así que no era de edad. Se recostó en el tronco de un árbol para dejarlo pasar mientras se ponía a ver la tierra que cubrían sus botas. Hasta que la persona paró a su costado.
"¿Hana?"
"¿Qué demonios haces aquí?" - le preguntó intentando contener la rabia. De todas las personas que habitaban la ciudad tenía que encontrarse con el que no quería ver.
"Todos estamos preocupados por ti. Salí a buscarte y que suerte que te encontré" - Naruto lo estaba mirando más fijo que en otras ocasiones. Seguro se había asustado de los lentes - "No sabía que usaras lentes tan gruesos... se te ven raros en la cara..."
"Si no te gustan puedes ahorrarte tus comentarios y desaparecer de una vez" - cada que le hablaba procuraba poner algo de énfasis en cada palabra, intentaba fruncir sus cejas y poner mucho desprecio en sus ojos tal y como hacía su papá cada vez que lo veía.
El no parecía haberse amedrentado con su expresión de odio y desprecio, al contrario solo le sonrió e intentó tomarle de la mano.
"Debes estar cansada Hana, vamos, yo te llevo a tu casa" - y comenzó a jalar de él. Su mano estaba caliente y un poco sudada.
Se soltó de su agarre por que no pretendía ser jalado por él.
"Yo puedo ir a mi casa por mi cuenta, no te necesito" - le dijo y recogiendo toda su dignidad comenzó a caminar alejándose de él.
"Hana... estas caminando en dirección contraria" - le indicó con algo de miedo en la voz.
Que estúpido era. Caminando en dirección contraria, ¿en que demonios estaba pensando?
"Yo voy por donde me da la gana"
"Pero Hana..." - Naruto se acercó hacía él y en su desesperación por evitar que se alejara más se le puso enfrente. Lo miró a los ojos fijamente y luego se agacho y le dio la espalda - "Súbete, yo te llevo"
La sola idea de subirse a su espalda le trajo algo de calor al cuerpo. Podía sentir como le ardían las mejillas de solo imaginarse en esa posición tan vergonzosa. Ni en un millón de años se iba a trepar a su espalda así que el también le dio la espalda y empezó a caminar en la dirección correcta.
Naruto se demoro unos cuantos minutos en darse cuenta que Hana ya estaba a cierta distancia de él. La veía caminar despacio como intentando mantener un equilibrio y eventualmente agarrándose de objetos a su alrededor. Era terca. Iba a ser un hueso duro de roer pero no se iba a dar por vencido. La iba a conquistar a como diera lugar.
Caminó rápido para ponerse a su lado intentando no hacer mucho ruido para tomarla desprevenida. A penas lo hizo la tomó de la mano y como si fuera eso normal siguió caminando a su paso. La miraba de reojo y podía ver su cara completamente roja.
"Puedo caminar sin tu ayuda así que deja de tomar mi mano, eres una completa molestia" - trataba de soltarse de su agarren pero tal parecía que Naruto estaba empeñado en llevarlo de la manito hasta su casa. Se había adherido a su mano como si fuera una garrapata. No ejercía fuerza en su mano al punto de hacerle doler. - "¿No me escuchaste acaso? ¿Estas sordo?" - le dijo, estaba a punto de perder los estribos y comenzar a gritarle de verdad. Se tuvo de morder los labios de la cólera y seguir caminando por que Naruto no había detenido su paso. Si no caminaba por las buenas era capaz de arrastrarlo como un saco de papas por la calle.
"Le prometí a la señora Mikoto que no regresaría sin ti. Si te suelto eres capaz de ir caminando por otra dirección y no queremos que te pase nada malo Hana"
Hasta ahora no entendía como hacía Naruto para calmarlo. Todas esas ganas de apretar su cuello hasta que se quedase sin aire se fueron esfumando a medida que iban caminando en silencio. Había dejado de luchar por liberar su mano. El calor que le transmitía le regresaba el alma al cuerpo aunque lo ponía nervioso.
Por su lado Naruto intentaba estar sereno y mostrarse seguro. La verdad daba gracias que Hana dejara de intentar recuperar su mano y también el hecho que caminara detrás de él por que de esa manera no podía ver su cara roja y es que ella lo ponía muy nervioso.
Lo hacía sentir extraño pero por otra parte cómodo en su compañía. Eso sonaba más raro aún.
Estaba pensando en eso cuando sintió como Hana se tropezaba. No cayo al piso por que su cuerpo le había servido de parante. Ahora ella estaba agarrada de su espalda intentando no caerse.
"¿Te encuentras bien Hana?" - le pregunto preocupado por que con ella en su espalda no podía ver su rostro. Ella se apoyo en sus piernas y como si no hubiera pasado nada siguió caminando.
"¿Pensé que íbamos a mi casa? ¿Te vas a quedar ahí toda la noche?" - le pregunto jalándole el brazo para que siguiera caminando. El rió por lo bajo y fue tras ella como siempre. Hana siempre lo sorprendía.
Podía ser una chica ruda y sería por momentos pero en verdad era una chica dulce. Tenía la impresión que lo era por la manera como se había aferrado a su espalda y como continuaba agarrada de su mano. Algo le decía que los dos eran el uno para el otro. Podía sentir que a los dos les faltaba algo y ese algo se lo daban mutuamente, se complementaban a la perfección.
Cuando llegaron a la casa habían un par de autos estacionados fuera. Uno de ellos sabía que era de Fugaku el otro no tenía idea.
El sentía que no había cambiado su ritmo a la hora de caminar pero se dio cuenta que Hana arrastraba los pies y no solo eso, los dedos de su mano se movían inquietos entre la suya. Entonces se dio cuenta como Hana la dura se derretía y en su lugar quedaba Hana la sensible y asustadiza.
El no sabía lo que era tener que reportarse con sus papas por que no los tenía, en cambio se tenía que reportar con Kakashi e Iruka pero ellos no le daban miedo. Intuía que Hana estaba nerviosa pro la reacción de sus padres, lo había visto en muchas películas cuando cosas similares ocurrían.
El la siguió jalando hasta entrar a la casa. Si estaba en problemas a mal tiempo había que darle prisa. Pero no planeaba dejarla a su suerte, si podía y veía la manera como ayudaría para que no se enojaran tanto con ella.
Al abrir la puerta los adultos ya estaban ahí esperando.
"¿Dónde te habías metido Hana?" - su mamá corrió desesperada a abrazarla y besarla y a acariciarle la cabeza. La gente podía hablar mal de la señora Mikoto y murmurar que estaba loca y era una mala madre pero se veía que estaba loca de amor por su hija.
"Hana salí a buscarte con el carro y no te ví. ¿Te encuentras bien? No debiste haber salido de casa, aún es muy pronto" - el carro de afuera era el del primo doctor cuyo nombre no podía recordar. El la arrancó de mi lado y la sentó en una de las sillas del recibidor para empezar a revisarla.
"Creo que esta algo débil. Estaba tambaleándose a la hora de caminar y caminaba agarrándose de las cosas" - se le ocurrió intervenir.
"Gracias por encontrar a Hana Naruto. Se nota que eres un buen chico, no haces más que ayudarnos. No se como agradecerte" - Fugaku le dio las gracias.
"No se preocupe, no fue nada"
"¿Hana?" - la voz de Shisui los puso en alerta. Todos voltearon a ver que pasaba.
Hana había intentado ponerse de pie pero se había caído asustando a su madre y a su primo que estaban a su lado intentando ponerla de pie.
"Estoy bien, fue un mal cálculo"
"Mejor te llevo a tu habitación para que descanses" - le dijo Shisui mientras la cargaba escaleras arriba hacia su cuarto.
A él le hubiera gustado quedarse un rato más para ver que se recuperara pero recordó que si se demoraba más de la cuenta iba a tener que soportar un nuevo sermón así que decidió regresar a su casa. Mañana podría regresar para ver a Hana.
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Shisui prendió la luz después de empujar la puerta con su cuerpo. El cuarto de Hana aún tenía las cortinas abiertas y algo de la luz de afuera alumbraba tenuemente la habitación. Depositó a su prima suavemente en la cama y la observo juguetear con sus pies.
"¿Qué pretendías al salir sola de casa Hana? Después de lo que te ha pasado deberías estar más consiente que no puedes salir sola y mucho menos convaleciente" - la regaño. Se lo merecía aunque ella no tenía cara de arrepentimiento. - "¿Hana?"
"Me duele el pie" - fue lo único que contesto.
El se agachó y le sacó las botas. Sus pies estaban fríos y unos de ellos estaba hinchado.
"Te ayudo a entrar a tu cama" - le dijo mientras le ayudaba a sacarse el abrigo, todo iba bien hasta que intentó bajarle el cierre de la espalda del vestido que llevaba puesto. Lo empujo con el pie suavemente para alejarlo. - "Déjame que te ayude Hana, no debes tener vergüenza, soy médico acuérdate. He visto mujeres exuberantes desnudas, tu no tienes nada nuevo" - le dijo para que se sintiera cómoda pero no ayudo.
"No necesito tu ayuda. Puedo hacerlo yo"
"Entiendo. Cámbiate sola y cuando acabes hazme saber para entrar y revisar ese pie" - Shisui salió de la habitación de su prima. Era más tímida de lo que pensó, pero podía ser por que su cuerpo ya estaba empezando a cambiar y sentía vergüenza. Las adolescentes eran demasiado susceptibles, tenía que recordar eso.
Cuando su primo salió pudo volver a respirar tranquilo. Se tiro a la cama y busco su ropa de dormir debajo de la almohada. Con cuidado intentó salir de la prisión de aquel vestido e introducirse en la ropa de dormir que también era como un vestido bastante holgado de color blanco. Luego contra el frío que no dejaba de sentir se puso la chompa que le iba a juego. Se metió en la cama e intentó cubrirse lo mejor que pudo.
"¿Ya puedo pasar Hana?" - no tenía ganas de compañía pero quitarse a su primo no iba a ser posible. Estiro su brazo hasta el vaso que estaba en el velador y lo golpeo con una cucharita por que no tenía idea donde había dejado la campana que por lo general usaba.
Su primo entro y cerró la puerta con cuidado. Se paro a su lado y sin mayor dialogo lo destapo. Sus manos se dirigieron a sus pies y empezó a examinarlo.
"¿Te duele?" - le pregunto después de apretárselo con fuerza.
"No" - mintió pero no pudo dejar de hacer una mueca con los ojos.
"Supongo que debes haber caminado mucho hoy. Esas botas se ven dolorosas, no se como hacen ustedes las mujeres para caminar en esos zapatos tan duros..." - él tampoco lo entendía. Y eso que aún no se había atrevido a usar las nuevas botas de tacón que le había comprado su madre hacía más de tres meses. - "¿Hana... podemos hablar?"
"¿No estamos hablando acaso...?"
"Quiero hablar contigo seriamente. Tenme confianza. No soy Itachi pero quiero que confíes en mí y me cuentes que es lo que te pasa" - Se puso nervioso. ¿Shisui se habría dado cuenta de algo? fue lo primero que se le cruzó por la cabeza. Estaba muerto si había hecho algo que lo delatara, su papá lo iba a matar lentamente.
"¿De que hablas Shisui?" - intentó aparentar confusión. Lo mejor en esos casos era aparentar ignorancia.
"No soy tonto Hana. Quiero que me digas que tanto hay entre ese chico y tu. Y quiero la verdad" - exigió.
De pronto le vino el alma al cuerpo. Estaba a punto de perder la cordura en ese ambiente de luz ténue. Respiro profundamente antes de contestar.
"No te entiendo Shisui"
"¿Te gusta el rubio si o no?" - había decidido tomar un sorbo de agua del vaso que estaba en el velador pero cuando escucho la pregunta de su primo no pudo pasar el agua y la soltó como proyectil en su cara. ¿Estaba hablando en serio? - "Por tu reacción parece que sientes algo por él. No sé si mi tío o mi tía o el colegio ha tenido esta plática contigo pero los hombres no somos de fiar..."
"No no no no no..." - intentó detenerlo. No quería escuchar más.
"Me tienes que escuchar Hana. Los chicos a esa edad no se controlan y no quiero que se aproveche de ti. Si te llegase a tocar de una manera inapropiada quiero que me lo digas inmediatamente y voy a rescatarte. De repente mi tío no va a ver bien eso pero por que sea su socio no puede faltarte el respeto Hana, no te vayas a dejar intimidar..."
"No va a pasar" - le dijo intentando no explotar. No iba a pasar ni en un millón de años.
Naruto si estaba muerto de amor por él, osea Hana pero él no se iba a dejar. Naruto estaba enamorado de una fantasía. El se iba a encargar de desaparecer a Hana de la vista de Naruto.
"Así tu me digas que no tu no sabes como van a suceder las cosas. Tu llámame a la hora que sea y yo voy corriendo por ti"
Sabía que Shisui se preocupaba por él y se lo agradecía pero tenía la sensación que este discurso no era de parte de él sino de alguien que estaba más lejos.
"Ya entendí. Cualquier cosa yo te llamo así que dile a Itachi que ´el rubio´ no me va a tocar ni un pelo y que deje de preocuparse" - le dijo de la manera más calmada posible. - "Naruto hasta ahora a probado ser una persona preocupada por los vínculos y no ha intentado nada de lo que él y tu se están imaginando. Solo lo veo como un amigo. Nada más"
"Esta bien, lo que tu digas pero. Itachi no esta preocupado tanto por Naruto sino por mi tío. Tu conoces a tu papá y la manera que tiene de obrar en el cerebro de la gente. Solo haznos un favor y anda con cuidado y cualquier cosa mantenme al tanto" - fueron sus palabras finales acerca del asunto. Le beso la frente tal y como lo hacía su hermano y lo dejo solo para que descansara.
Se quedo solo recostado en su cama mirando el techo de la habitación. El no quería nada más que amistad con Naruto aunque si algún día lo llegara a descubrir la amistad se iba a ir al caño. Se detuvo a mirar su mano. Estaba fría otra vez a pesar de estar dentro de casa y metido en su cama, diferente al calorcito que le había pasado Naruto, por que su mano era como un horno prendido.
Naruto es solo un amigo -se repetía en la cabeza. Si era un amigo por que los dos eran hombres y los hombres solo pueden ser amigos.
Entonces la escena de los labios de Naruto venían a su cabeza.
Su cabeza esta en su contra. Le estaba jugando una mala pasada. Eso era imposible. EL frío debía haber matado unas cuantas neuronas en su cabeza, los golpes lo habían dejado estúpido. No podía dejar que las palabras de Shisui le influenciaran ahora. No y no.
La puerta de la habitación se abrió de golpe y su mamá entro casi casi colgada del brazo de su papá intentando detenerlo. Su papá tenía cara de pocos amigos, no le conocía otra después de todo.
Le levantó del cuello y lo tiro de la cama contra la pared. No le dio ni chance de reaccionar o intentar hacerse un lado.
Mientras intentaba hacer que su alrededor hiciera sentido podía escuchar los gritos de su mamá y verla acercarse a él. Podía ver los dientes de su papá a la hora que movía su boca sin hacer ruido muy cerca de su cara. El audio de la habitación se había malogrado por completo y no era la primera vez que pasaba.
Fue lo mismo que aquella vez cuando no tenía nada que hacer. Cuando se encontraba solo en casa sin supervisión adulta. Cuando se le ocurrió actuar por cuenta propia y revelarse de su vida.
Había aprovechado aquella ocasión que su mamá no estaba y que sus profesores habían acabado la lección y se habían retirado. Después de hacer las tareas y leer un poco más allá se había quedado sin nada que hacer.
Ya había hablado solo para hacerse compañía pero el eco de la casa le ponía los pelos de punta. Pero no había que tener miedo, la casa era segura y nada le iba a pasar mientras estuviera dentro. Le provocó llamar a su hermano pero cuando lo hizo alguien más contesto la llamada y le dijo que Itachi estaba demasiado ocupado como para atenderlo.
Ahogado en su soledad decidió caminar dentro de su palacio. Contó sus pasos, contó las ventanas, contó las cortinas, contó los cuadros, contó los segundos y los convirtió a minutos pero antes de hacer la conversión a horas sus manos empujaron una puerta que no se había abierto para él más que una vez y esa vez no había salido nada bueno.
El despacho de su papá, su guarida, su espacio personal siempre cerrado siempre alejado estaba desprotegido. Se veía oscuro y solitario sin su papá sentado en su sillón y el humo característico se había esfumado por una ventana abierta. Era demasiado temprano como para que el llegara del trabajo asi que se permitió entrar.
Antes de indagar más allá hizo una reverencia en señal de respeto por la travesura que iba a hacer. De por si ya era temerario y soez de su parte invadir el sacrosanto lugar de su papá, era un pecado imperdonable husmear dentro. Su alma se podriría en lo más profundo del infierno pero su curiosidad no lo iba a dejar en paz si no lo hacía.
No lo pensó más y se adentro más allá de lo imaginable. Tuvo en descaro de subirse al sillón de su papá y hacerlo girar hasta que las cosas a su alrededor perdieron la forma.
A los ocho años y antes incluso había tenido sueños recurrente como que su papá le hiciera caso y lo abrazara hacía como lo hacía con Itachi. Había soñado incontables veces con crecer y ser el orgullo de su padre. Se había visualizado así mismo vestido igual a su papá detrás de un escritorio hablando por telefono, leyendo un documento importante mientras oía música y fumaba uno de esos habanos que guardaba celosamente en una caja de madera labrada... todo a la vez. A esa edad, los ocho, el quería ser igual a su padre.
Aún no lo era pero podría jugar a aparentar por muy infantil que fuera. Pero nadie lo iba a saber por que de eso se trataba la travesura.
Dejo de dar vueltas en la silla giratoria y puso sus manos encima del escritorio. Recién se daba cuenta que sus pies no llegaban al piso y por mucho. Sus manos empezaron a recorrer el escritorio deslizándolas por los filos. Se dio el lujo de alzar el teléfono del escritorio e imitar a su papá frunciendo el ceño. Agarró un par de hojas en blanco y con una pluma empezo a escribir garabatos por que sabía que la letra de su papá era un caso serio.
Abrió los cajones para revisar que había en ellos pero no encontró nada interesante. Mas papeles, más lapiceros, algo de dinero, sobres y sellos. Eso último si le llamo la atención y no dudo en jugar con eso. Humedeciéndolo en la tinta y presionándolo contra el papel, era enviciante.
Cuando se cansó encontró la caja de habanos y no dudo en llevarse uno a la boca. No tenía buen sabor pero según Itachi los adultos siempre hacían cosas sin sentido a las que después le tomaban el gusto. Dudaba alguna vez en su vida fumar uno de esos pero la gente también decía nunca digas nunca.
No podía juzgar algo si no lo probaba antes. Después de todo su papá tenía tantos en esa caja que ni se iba a dar cuenta si cogia uno. El problema ahora para hacer que funcione debía de prenderle fuego. En uno de los cajones había visto un encendedor pero no tenía permiso de usarlo. ¿Qué tan difícil podría ser? pensó.
Al primer intentó se asusto al ver una llama intensa, al segundo se quemo los dedos pero la tercera era la vencida y logró mantener la llama constante a pesar que sentía algo de dolor en la uña. Se puso el habano en la boca y aspiro para intentar encenderlo.
Lo hizo con tanta fuerza que no pudo controlar el humo en su garganta y tosió miserablemente. El problema fue que en un descuido el habano se le cayo de las manos y quemo la alfombra de la habitación.
Se tiro al piso para resarcir el error.
La alfombra ahora tenía un hueco.
Su papá lo iba a matar si se daba cuenta que había entrado en la habitación. Intentó ocultar el hueco de la quemadura poniéndole el cesto de basura encima pero iba a ser demasiado obvio. Si movía el escritorio un poco hacia la derecha nadie nunca jamás se daría cuenta pero cuando intento hacerlo se dio cuenta que solo no podría. Era demasiado grande e imposible de poner en una superficie rugosa como la alfombra además que el escritorio era de madera supero pesada y brillosa.
En el miedo intento huir de la escena del crimen no sin antes chocar con todo lo que pudo chocarse, mesitas auxiliares, sillas, sofá y librero.
Su curiosidad se vio afectada una vez más en ese momento. No se había dado cuenta antes por estar jugando en el escritorio pero acababa de enterarse que su papá tenía una caja fuerte en la pared escondida tras una pintura igual que las películas de misterio que alguna vez le mostró Itachi.
Ya estaba en problemas por la quemadura de la alfombra y el habano, ¿que más daba si le echaba un vistazo a la caja fuerte? Una raya más al tigre... pensó sin poder detener sus manos que se estiraban hasta tocar el contenido de aquella caja fuerte.
Papeles, dinero, más papeles, chequeras, las joyas más caras de su mamá, las originales de las diplomas de Itachi y sus libretas de notas de cada semestre, de cada año. Estaba pensando que él no pertenecía a la familia por que no había nada de él en aquel escondite hasta que encontró algo que llamo su atención.
Al fondo y pegado contra la pared había un folder diferente a los demás. Todos los sobres eran del típico color amarillento pero con listones rojos que mantenían el contenido dentro. Este sobre en cambio tenía un escudo de un hospital y era de color verde claro. Las puntas estaban algo dobladas e incluso el folder se notaba había sido arrugado en algún momento. Al abrirlo todas las hojas cayeron al piso así que se tiro de la silla para recogerlas. No sabía en que orden había estado o si su papá recordaría el orden.
Las hojas, su contenido, estaba en inglés. Sus profesores le habían enseñado , no lo dominaba pero sabía lo suficiente para entender que se trataba de una partida de nacimiento. Pero no decía el nombre de Itachi o de alguien de la familia, quizás si por que no los conocía a todos pero Sasuke no era un nombre tan común.
Lo siguió leyendo y lo leyo hasta tres veces para estar seguro de la conclusión a la que había llegado su cerebro. Donde fuera que hubiera nacido por allá en Europa su verdadera identidad era la de un niño. En el exterior su papá no había podido disfrazar su existencia. Su nombre era Sasuke y al parecer había nacido un veintitrés de Julio y no en Agosto como le habían hecho creer.
Sus huellas digitales habían sido fijadas en las hojas. Solo para estar cien por ciento seguro corrió una vez más hasta el escritorio de su papá y embarró su mano en la tinta para después presionarla en un papel blanco. Se limpio la mano en el delantal del vestido que llevaba puesto antes de comparar sus huellas actuales con las de aquella vez.
¡Era El!
¡Era Sasuke!
Después de tiempo podía sentir que existía. Que de verdad no era una niña y que había un grupo selecto de gente en el mundo que sabían que era un niño.
Era tanta su alegría que en ningún momento pudo despegar sus ojos de aquel papel, no reaccionó a volver a poner las cosas en su sitio y de la manera como las había encontrado. Estaba tan ensimismado que nunca se dio cuenta lo que le golpeó la cabeza. Solo sintió el golpe y luego el dolor después de que su cuerpo fue lanzando por la fuerza contra el librero.
"¿Qué demonios estabas haciendo aquí?" - fue lo primero que le pregunto su papá. Había una furia desmedida en sus ojos de ese fuego que te hace creer en el infierno. - "¿Quién te dio permiso para entrar y revisar mis cosas insolente...?"
"Sasuke... me llamo Sasuke..." - estaba intentando levantarse apoyando su cuerpo contra el librero.
"Bueno, ya lo sabes. Incluso la basura tiene nombre ¿no?"
Sintió odio por ese veneno que salía de la boca de su papá. Sintió cólera por que no lo quería, sintió rabia por que todo ese tiempo había pensado que su nombre de verdad era Hana. De verdad no se sentía parte de la familia.
Su papá se puso a revisar sus cosas hasta que su olfato lo llevo al hueco de la alfombra.
"¿Qué demonios hiciste aquí?" - lo tomo del cuello del vestido y lo llevo a rastras al lado de su escritorio. Luego lo obligo a tirarse al piso y cogido del cabello puso su nariz al costado de la travesura como quien resondra a un perro. Su nariz y su cara golpearon constantemente aquel agujero en la alfombra.
Le dolía pero a su papá no le importaba. No le importaba humillarlo y tratarlo peor que a un perro golpeándolo exceptuando su rostro, no le importaba haberse parado encima de su mano derecha, no le importaba escucharlo pedir perdón incontables veces. Cuando se cansó de oírlo llorar lo dejo ir no sin antes apretarle las mejillas y amenazarlo de muerte.
"Que te vuelva a encontrar aquí y vas a desear no haber nacido infeliz"
Sintió algo en su pecho. Sintió como se le estrujaba el corazón y le daba un vuelco en el pecho. Sintió algo que no podía describir. Era una mezcla de varias emociones. Quería hacerlo sufrir de algún modo como él le estaba haciendo sufrir ahora.
Una vez más no pudo controlarse y dominar ese espíritu que se estaba rebelando en su interior.
De pronto su boca se abrió y sus dientes se cerraron en el antebrazo de su papá.
Fue la primera vez que vio dolor en sus ojos, sintió su molestia y deseo no haberlo hecho.
Cuando lo soltó notó la sensación de sangre en su boca, antes que él reaccionara supo que debía esconderse y corrió.
Corrió como un animal que deseaba huir de su cazador a toda costa. Corrió entre los pasadizos escaleras arriba. Su gran plan era encerrarse en su cuarto y esconderse en el closet hasta que su mamá llegara a salvarlo. Le pondría seguro a la puerta y movería uno de los mueble para bloquear la puerta. El plan se oía perfecto sin contar con el pequeño inconveniente que su papá venía corriendo detrás de él y logró agarrarle uno de los pies haciendo que cayera justo cuando había llegado a la cima de la escalera.
Su papá lo obligo a ponerse de pie y le dio un golpe en la mejilla que le hizo perder el equilibrio. La caída fue larga, dolorosa y accidentada. Fueron veintiséis escalones que casi acabaron con su vida. Veintiséis escalones que provocaron un coágulo en su cabeza difícil de disolver y lo que marcó su vida. A partir de ese accidente su vista se deterioro en casi un ochenta por ciento.
Su recuperación fue lenta. Por supuesto no se le dio aviso a nadie de la familia, Itachi se entero de eso como tres meses después cuando Shisui lo vio en una de esas visitas esporádicas que le hacía muy de vez en cuando. Itachi se enojo con todos por mantenerlo al margen y no decirle nada respecto a su "accidente", pero al momento de verlo con las gafas en la cara y aquella actitud apagada que comenzó a tener su enojo paso a frustración. No pudo evitar llorar con él cuando lo vio casi destruido junto a su cama. Ya no le dolía tanto y se podía mover mucho mejor que antes pero su hermano había pasado a ser una imagen borrosa frente a él.
Su mundo borroso ahora parecía aclararse después que el golpe paso un poco. Su mamá enfrente de él, o mejor dicho Hana intentaba frenar los manotazos que le estaba dando. Su mamá no estaba logrando detenerlos, incluso recibió un par en su nombre.
"¡No toques a mi mamá!" - le grito a Fugaku mientras intentaba hacer a su mamá a un lado. - "Mátame si quieres pero no la toques"
Fukagu frenó su cólera y le escupió en la cara.
"¿Arranques de seguridad? ¡Eres un insolente mocoso!" - había tomado su cuello con ambas manos y se debatía en cerrarlas y acabar de una vez con su vida. Pero no, el mocoso todavía podía servirle, no se podía deshacer de él, aún no.
Liberó su cuello y el aire peleó por entrar en sus pulmones, su cuerpo volvía a la vida pero no por mucho tiempo.
Recibió una patada más en la espalda que termino por tumbarlo de nuevo al suelo. Luego sintió como lo arrastraba fuera de la habitación a pesar de los gritos desesperados de su mamá.
"No me sigas" - le advirtió a su esposa antes de desaparecer por el pasillo jalando al infeliz del pie derecho.
Cuando se dio cuenta para donde iba intentó agarrarse de la alfombra pero no pudo, sus uñas aún no habían crecido y el dolor al hacer el esfuerzo era demasiado. Intentó agarrarse de las patas de una mesita de por ahí, incluso del marco de la puerta pero le fue imposible.
"Nunca más se te ocurra dejarnos en ridículo" - y con eso se refería al hecho que su imagen como padres había quedado en el suelo al no saber donde estaba "su hija".
Su papá lo encerró en el armario y no contentó con eso le puso seguro a la habitación donde se encontraba el armario. No iba a dejarlo escapar de la casa otra vez aunque su salida no fue escape en verdad, solo una tomada de aire que se extendió demasiado.
Intentó serenarse y mantener la calma. Entre respiraciones profundas y mantras mentales logró escuchar a sus papas teniendo una conversación fuera de la habitación. Su mamá intentaba razonar con él y que lo dejara salir.
"¡Hana necesita descansar! ¡Tiene que seguir tomando los medicamentos! ¡Shisui y Naruto seguro vendrán a verla mañana! ¡Déjala salir por favor! ¡Te prometo que se portara bien!"
"¡No! Se va a quedar ahí hasta que se me de la gana, y si viene alguien a preguntar por ella dile que yo la lleve al médico y que vengan mañana" - dicho eso la conversación de acabo.
Pudo escuchar a su mamá poner cierto esfuerzo e intentar abrir la puerta pero sin la llave no lo iba a lograr.
"Hana... mi amor... no te preocupes, voy a convencer a tu papá que te deje salir de ahí. No te pongas triste"
No va a pasar nada, no va a pasar nada...
Seguía repitiendo en su cabeza mientras intentaba no abrir los ojos. Si los abría no se podría controlar, debía de mantener la calma. Tarde o temprano lo iban a sacar de ahí. Naruto y Shisui no iban a dejar de visitarlo, su papá sabía eso. Lo mejor en ese momento para él quizás era dormir.
Durmiendo no sentiría la desesperación que invadía su cuerpo y su alma, el tiempo pasaría más rápido, amanecería y abrirían la puerta, lo dejarían salir.
Palpó dentro del closet.
Enhorabuena su papá lo había encerrado en el closet de las toallas. Era pequeño el espacio pero por lo menos las toallas lo harían más confortable. El olor a limpio lo tranquilizaba un poco, se sentía adormecido. ¿Sería eso o se estaba quedando sin aire?
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Espero que les haya gustado este capítulo.
La verdad es que estas escenas (las del pasado de Sasuke) las tenía en mi cabeza y no tenía pensado ponerlas. Eran escenas solo para mi lol. Pero supongo que para que entiendan más o menos como se dieron las cosas en su niñez era necesario ponerlas. Para el próximo capítulo planeo avanzar más la historia por que ya tengo que hacerlo sino acabaré para el fin del mundo.
Quiero repetirles algo. Ya estamos en Setiembre. Lamentablemente no he podido escribir tanto como hubiese querido y es que el factor tiempo me va a apretar el cuello desde ahora hasta Diciembre. No voy a dejar de actualizar pero existe la posibilidad que me demore. Igual voy a intentar seguir con el capitulo mensual, de verdad es lo máximo que puedo apurarme. Una vez más siento mucho que tengan que esperar 30 días para el siguiente capitulo pero tengo que trabajar para costear mis vicios.
Lanzo una pregunta al aire: ¿alguien se ha percatado de la manera como habla Hana? En verdad es solo un pequeño detallito sin importancia .
Pachi-sensei: Aquí estala conti! No hay familia sin Mikoto, y como ya dije Itachi entrara también! Muchisimas gracias por comentar, espero que te haya gustado esta capítulo y me sigas leyendo!
Rosa: Lamento decirte que para que Sasuke salga de ese infierno me falta bastante. Y con eso me refiero al infierno en total. Dentro del infierno hay mini infiernos, o al menos así lo veo en mi cabeza. Pero supongo que el sufrimiento ira también de la mano con algunos tintes de felicidad. Cuando llegue a ese punto te darás cuenta! Muchas gracias por tu comentario, espero seguir contando con tu apoyo!
anonimA: Primero lo primero, gracias por haberme leído hasta este punto. Lamento mucho que el capítulo anterior te haya parecido aburridísimo, yo estoy consiente que mi talón de Aquiles es la redundancia. Redundo hasta el cansancio pero según mi bisoño cerebro era para hacer hincapié para algo que va a suceder después.
No es mi intención dar largas a esta historia. Mi segundo problema a la hora de escribir es hacer la historia concisa. Yo me voy por las ramas y como tu dices no avanzo en la historia. Voy a tener en cuenta lo que me has dicho a la hora que escribo e intentaré no explayarme tanto.
En cuanto acabar la historia ya o matar de una vez a Sasuke... creo que mi originalidad no se pierde con la redundancia, es mi opinión. Lo que he escrito hasta el momento (por más largas que le de) es algo que lo tengo planeado desde que se me ocurrió la historia. Tu crees que mi redundancia no me conduce a nada, yo creo que mi redundancia esta forjando los cimientos de lo que va a suceder después. Yo no quiero escribir algo que no tenga un sustento o que a la larga se lea jalado de los pelos como se dice. Yo sé a donde va la historia y me encantaría escribir más rápido para que pudieras saber lo que pasara después.
Una vez más gracias por leerme, espero te haya gustado este capítulo y si no es mucha molestia me encantaría hablar más contigo y leer tu opinión. No considero tu comentario como una ofensa, al contrario es magnifico saber tu punto de vista y tu crítica la voy a tener en cuenta. De verdad! Espero este capítulo te haya gustado y cualquier cosa tu dime. Gracias graciasgracias gracias...!
neblinadesol: yo pienso que a veces las personas nos dejamos cegar por un par de palabras bonitas, las adulaciones opacan tus instinto y muchas veces te aferras a las palabras bonitas para huir de tu realidad.
No he hecho sufrir a Sasuke tanto, es más voy a suavizar un poco eso por que estoy entrando a una nueva historia va tomando forma poquito a poquito. Espero que te haya gustado este capítulo. Mil gracias a ti por comentarme y espero que no hayas esperado demasiado por este capítulo, aunque creo que igual me demore un mes... algun día espero batir mi record! Tenme paciencia como al chavo del ocho!
jennitanime: sufre pero no tanto tampoco... o eso creo. Kakashi lo quise poner un poco como esos genios que dicen algo interesante pero no tienen ganas de llegar a la respuesta final por que siempre hay algo mas importante que hacer. Gracias por leerme!
lizayan: yo estoy consiente de que Sasuke esta bastante raro pero espero poder repararlo pronto. Gracias por leerme y darte un tiempito en tu trabajo para comentarme. Se agradece infinitamente!
HinataYaoi: Itachivendra pronto, eso espero. No creo que caiga mucho de sorpresa pero ya veras! Gracias por leerme y dejarme un comentario. Espero te haya gustado el capitulo.
ANNE: Gracias por agregarme a tus favoritos. Espero te haya gustado este capitulo y si tienes alguna duda o queja dejame saber. La reaccion de Naruto va a demorar un poco, tu sabes el niño es medio lento y anda distraido pensando en Hana. Muchisiiiiiisiiiiimas gracias por comentar!
MeruVantas: No recuerdo haberte matado pero espero no te haya dolido morir. Naruto es un inconsciente pero más que todo es distraído. Se le van las cosas. Espero que te haya gustado este capitulo y si tienes alguna duda dejame saber ;) Ah! y gracias por agregarme a tu lista de alertas y favoritos, muchas gracias!
FansAnikuname: Gracias por leerme y agregarme a tus listas de favoritos y de alertas!
Dudas, comentarios, quejas, mensajes de odio y muerte asi como criticas destructivas y constructivas son siempre bienvenidos! Sientanse libres de escribirme lo que se les de la gana, asi sea para decirme que no les gusto. Soy masoquista y me gusta el golpe asi que apedreenme!
Gracias totales!
