Tres

—Oye, Kakashi ¿Estás seguro que está bien hacer esto? ¿No deberíamos estar vigilando el parque? —dijo Yamato mientras contempla a los niños jugar a la luz del atardecer.

—¿De qué hablas? eso estamos haciendo —dijo Kakashi como si Yamato le estuviera contando la cosa más obvia del mundo.

—Estamos sentados, mientras comemos helado.

—¿Qué quieres decir? ¿No te gusta el helado? Si no lo quieres dámelo. —Kakashi estiro su brazo y le hizo una seña con la mano para que le entregara el helado.

Yamato se encogió para proteger su helado y le dio una lengüeteada para marcarlo como suyo —No es que no me guste el helado... solo me parece que no estamos haciendo nuestro trabajo.

—¿De qué hablas? Estamos vigilando el parque desde esta cómoda banca.

—Yo estoy vigilando el parque. Tú no has despegado la vista de ese libro desde que salimos de la comisaria. Y además ¿Cómo le haces para comer helado si siempre tienes ese trapo tapándote media cara?

—Solo pego el helado a mi boca, lo derrito con mi aliento y lo voy sorbiendo de a poco.

Yamato se le quedo viendo en silencio con los ojos entrecerrados mientras ve como Kakashi se come su helado, exactamente de la forma en que él había dicho.

—… eres raro.

—¿Crees que esa es una forma adecuada de hablarle a tu superior? —pregunto Kakashi despegando el helado de su máscara, dejando tras de si una ovalada mancha blanca en la tela negra.

—… lo cierto es que no entiendo porque eres mi superior.

—Porque soy más inteligente, fuerte y joven que tú.

—No puedo creerme una afirmación como esa, sobre todo lo de joven.

—Como sea. Tengo hambre. ¿No se te antoja comer ramen? —dijo Kakashi sin despegar la vista del libro que estaba leyendo.

—No realmente —dijo Yamato mientras lamia su helado como un niño enfurruñado—. Además no hay ningún restaurante de ramen por aquí.

—Pero si hay uno aquí al lado —dijo Kakashi señalando a su izquierda con el pulgar y sin despegar la vista del libro.

—¡¿Eh?! —Yamato giro la cabeza y entre las ramas de los cerezos vio una furgoneta con una enorme rana roja encima.

Kakashi cerró su libro, lo guardo y con las manos en los bolsillos se dirigió al lugar que había señalado.

—¡Oye! Pero ¿No estabas comiendo helado?

—Me lo termine hace un segundo —dijo Kakashi mientras se alejaba.

Yamato se levantó bruscamente para alcanzarlo y el helado se cayó al piso.

Yamato se quedó con el cono en la mano, mirando con lágrimas en los ojos como su helado se derretía sobre el piso de piedra del parque.

—¡Oiiii! Date prisa —le dijo Kakashi.

Yamato le dio el último pésame a su helado y siguió a regañadientes a Kakashi.

Al acercarse a la furgoneta vieron a una chica de cabello rosa discutir con el cocinero.

—¡Sigue sabiendo horrible Naruto! ¿Qué le echaste esta vez?

—Pimientos, zanahorias, papas, rábanos, pepinillos, jitomate, lec...

—¡Olvídalo! ya no quiero saberlo —Suspira— ¿Por qué no en vez de atiborrar la olla de ingredientes, agregas solo unos pocos y si no te agrada el sabor agregas otro? Ve de apoco, ingrediente por ingrediente. Aunque no sé qué también funcione ese método con tu pésimo sentido del gusto.

—Hmmm, jamás se me habría ocurrido hacerlo de esa manera. Eres increíble Sakura —dijo Naruto sorprendido y agradecido.

—¡¿Quieres decir que todo este tiempo has intentado preparar nuevas recetas de ramen de la misma manera?!

—Si, más o menos.

Sakura le arrojo el plato de ramen que estaba probando; Naruto apenas logró esquivarlo.

—¡De verdad que eres idiota! Que no has escuchado que hacer la misma cosa una y otra vez y esperar un resultado diferente es una locura —le grito Sakura exasperada.

—Vaya, vaya. Pareces bastante animada Sakura.

—¡Oh! Hola oficial Kakashi.

—¿Lo conoces Sakura?

—Claro, es el policía que vigila el parque. Yo paso todos los días por el parque para ir a mi trabajo y a mi casa así que nos vemos bastante a menudo, ¿eh? —Sakura reparo en la persona que estaba al lado de Kakashi— ¿Es su nuevo compañero?

—Así es. Recién graduado de la escuela de policías. El oficial Yamato.

—Mucho Gusto —dijo Yamato saludando con la cabeza.

—El gusto es mío, soy Sakura, encantada de conocerlo —dijo educadamente Sakura.

—Y bien ¿quién es tu amigo? —pregunto Kakashi con una sonrisa bajo la máscara.

—Oh, él es Naruto, un cocinero de ramen ambulante que acaba de llegar a la ciudad.

—¡Encantado! —dijo Naruto con una enorme sonrisa en su rostro— ¿Vienen a por un plato de ramen? Les aseguro que es delicioso. Si el plato que les sirvo no es de su agrado no tienen porque pagarlo.

—Gracias, eres muy generoso pero en realidad hemos venido para revisar tu permiso de venta —dijo Kakashi aun sonriendo.

—¿Eh? ¿Mi permiso de qué? —pregunto Naruto poniéndose rígido.

—Tu permiso de venta. Este es un parque privado y necesitas el permiso del dueño para vender aquí.

—¡Oh! Clarooo, ese permiso de venta, claro, claro —dijo Naruto cruzando los brazos y asintiendo afirmativamente de forma enérgica— Lo tengo por aquí en algún lado —se zambulló en el trastero de su pequeña cocina y después de algunos minutos, emergió— ¡Aquí esta, revíselo minuciosamente, vera que todo está en perfecto orden! —dijo Naruto mientras colocaba un humeante tazón de ramen en frente del oficial Kakashi.

Sakura se quedó muda ante el valor que la estupidez le daba a Naruto.

—Oye chico ¿acaso piensas sobornarnos con ramen? —dijo Yamato con voz seria.

—¡Gracias por la comida! —dijo Kakashi que ya estaba sentado en la barra y separaba los palillos chinos.

—¡Hey kakashi! ¿Cómo puedes aceptar un soborno como ese de un mocoso como este? ¡Demonios! ¡Que somos policías! Somos agentes de la ley y el orden, protegemos a los inocentes, somos guardianes de la paz, soldados de la justicia, símbolos de la seguridad. ¡¿Y tú estás vendiendo todo lo que significa portar este uniforme por un plato de ramen!?

—En realidad van a ser dos —Kakashi miro a Naruto, este asintió y comenzó a preparar un segundo plato de ramen— Vamos, siéntate a comer Yamato, yo te invito el primer plato.

—¡¿Que estás diciendo?! Cuándo dijiste que querías comer ramen no creí que fueras a extorsionar al cocinero. ¡Yo no pienso aceptar un soborno!

—Pero si ya lo hiciste.

—¿Qué quieres decir? —pregunto Yamato algo desconcertado.

—El helado que te comiste era un soborno.

—¡¿Que?! ¡¿Cómo pudiste extorsionar a ese noble anciano que trabaja de sol a sol empujando su pesado carro de helados?!

—Relájate Yamato fue solo un helado.

—Esto ya no se trata solo de un helado o un plato de ramen. Me has hecho parte de un crimen Kakashi. Has mancillado mi honor; mi orgullo de policía no se vende tan barato.

—¿Barato? —exclamó Kakashi sorprendido, pero después de unos instantes creyó adivinar las intenciones de Yamato—. Bueno en ese caso mañana viene Kotton.

—¿Quién es kotton?

—Es el señor que vende algodones de azúcar. Y el lunes viene la señora Uoitchi que prepara unos sándwiches deliciosos o si quieres podemos buscar al señor Barún que vende globos de helio o si quieres esperarte, en el festival de verano podremos darnos un festín de comida y regalos.

Yamato se quedó helado.

—¿Hasta dónde llega tu red de corrupción Kakashi? —pregunto Yamato indignado, como si Kakashi le hubiera robado la inocencia al decirle que Santa Claus no existe.

—Solo hasta los alrededores del parque.

—¿Cómo puedes ser tan cínico? Creía que bajo esa facha de policía holgazán y distraído aún se encontraba ese gran detective que algún día fuiste pero veo que me equivoque.

—Está bien, ya lo entendí —dijo Kakashi con su característica voz calmada, se levantó y miro a Yamato a los ojos —Bien, dime ¿qué es lo que quieres?

—¡¿Cómo te atreves?! ¡Escucha! no hay nada que puedas darme que me convenza de faltar a mis principios, ¡Nada!

—¿Seguro? Todo el mundo quiere algo. Solo piensa por un minuto, por un segundo. ¿No hay algo que quieras? —preguntó Kakashi de tal forma que pareció que podía leer la mente de Yamato— No es tan difícil, basta con que esta pregunta se quede en tu mente por un instante, para que un fantasma de lo que deseas cruce por tus ojos —Kakashi se había estado acercando a Yamato. Se acercó tanto que podía ver el temblor de la retina en los ojos de Yamato— Así que dime Yamato ¿Que deseas? —pregunto Kakashi con voz suave, parecía más un intento de seducción que una pregunta.

Ante la cercanía y la pregunta, Yamato se sobrecogió. Por supuesto que quería algo. Era humano y como cualquier humano tenia deseos, pero el deseo en particular que lo había estado agobiando la última semana era algo que Kakashi podía cumplir... bueno, tal vez, no estaba seguro. Había querido preguntárselo, pero le avergonzaba pedirle a Kakashi semejante cosa y ahora ante aquella situación, era su orgullo el que le impedía hablar.

Pero tal como dijo Kakashi, ante la pregunta, una imagen del deseo de Yamato surgió en su mente, por un segundo. Ese segundo fue suficiente para acelerarle el pulso y para que sus ojos emitieran un brillo fugaz. Una reacción inconsciente y breve que no escapo a la atenta mirada de Kakashi.

—Así que si hay algo. Dime que es —dijo Kakashi imperioso, sabedor de su pronta victoria.

—¡¿Que?! ¿De qué hablas? No hay nada que yo deseara... que yo pudiera pedirte... que tu pudieras hacer por mi... nada... —dijo Yamato de forma atolondrada.

—¿No tendrá acaso que ver con cierta señorita que conocimos en cierto restaurante de Yakiniku? —Kakashi finalmente se apartó de Yamato pero para pesar de este no lo suficiente para dejar de incomodarlo.

—¡¿Que?! ¡No! por supuesto que no. No tiene nada que ver cierta señorita de cabello negro, que conocimos en cierto restaurante de Yakiniku.

—Oooh ¿De verdad? Porque resulta que la conozco desde hace tiempo y si quisiera podría presentártela.

—¡¿En serio?!... digo —Yamato carraspeo— no te creo.

—No te miento Yamato; no solo puedo presentártela, incluso puedo conseguirte una cita con ella.

—¡¿De verdad?! ¿No me mientes?

—Claro que no Yamato.

—Me prometes que me conseguirás una cita con ella.

—Por supuesto. Te lo juro por la memoria de mi difunto padre.

—¡Bien pues comamos ramen! —dijo Yamato como si la conversación de hace un momento no hubiera ocurrido.

Y así Yamato, Sakura y Kakashi se sentaron en la barra a comer ramen.