Cinco

El frio metal de la banca del parque entumecía sus piernas. El alegre cantar de las golondrinas inundaba sus oídos. La cálida luz del amanecer, que se filtraba entre las ramas de los cerezos, calentaba sus mejillas. La humedad del roció mojaba su largo cabello. La chica inhalo profundamente. El fresco aire de abril inundo sus pulmones y la lleno de vida. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan bien. Hacía mucho tiempo desde la última vez que había salido al exterior.

—Ha valido la pena —dijo para sí misma. Que se enojen si quieren. Estaba harta de que la tratasen como una frágil muñeca de porcelana. Estaba harta del olor del hospital. Harta de que todos la tratasen con complacencia. Necesitaba tiempo para estar a solas. Necesitaba un poco de libertad, aunque fuera breve, aunque fuera ilusoria. Necesitaba algún tipo de respiro.

Dio un largo suspiro y levanto la cara hacia los tenues rayos del sol. Quería disfrutar cada momento y extenderlo lo más posible, pues seguramente después de aquello no pudiera volver a salir en mucho tiempo.

—¿Estas bien? —pregunto una voz de chico.

Absorta en su mundo, la repentina pregunta la tomó por sorpresa.

—¡¿Me hablas a mí?! ¡¿Qui-quié-én es?!¡Cl-claro que es-estoy bi-bien! ¿Po-por qué n-no habrí-bría d-de e-estar bi-bien? —hablo de manera atolondrada y tímida, un poco asustada, un poco tímida.

—Bueno, porque estas llorando —dijo la voz cálida del chico.

Se llevó las manos a la cara y toco sus mejillas. Sintió sus tibias lágrimas bajo las yemas de sus dedos. Avergonzada, comenzó a enjugárselas enérgicamente con las mangas largas de su camisón.

—¿Quién eres? —pregunto con voz tímida. Como temiendo que la fueran a secuestrar de un momento a otro.

—Soy Uzumaki Naruto. Dios de la tormenta y el ramen —dijo Naruto, señalándose el pecho con el pulgar— ¿Y tú? ¿Cómo te llamas?

—Hyūga Hinata —dijo con voz tímida.

—¡Bien Hinata! ¡Estoy seguro de que un buen plato de ramen te levantara el ánimo! Vamos te preparare un plato delicioso.

Hinata se quedó paralizada sin saber qué hacer.

—¿Qué pasa?

—Bueno... se supone que no debo hablar con extraños...

—¿Acaso eres un niña pequeña?

Hinata se sonrojo, avergonzada de que le dijeran niña.

—Además ya no somos extraños, yo soy Naruto, tu eres Hinata. Ahora somos conocidos.

Bueno, suena lógico —pensó Hinata para sí misma— Pero sigue siendo un desconocido… Que tal si es un secuestrador… O un violador… O las dos cosas… Estas exagerando, suena bastante encantador y amable… Sí, pero las personas no suelen ser muy amables ¡¿y si es un asesino serial?! Los asesinos seriales deben ser amables y encantadores para atraer a sus víctimas ¿No es así?... ¡¿Acaso no dijo que quería prepararte un ramen?!¿Y si esa es la excusa con la que quiere llevarte a su casa para convertirte en una de sus víctimas?... ¡Corre! ¡Corre por tu vida!... No seas idiota, si corres sin rumbo te perderás enseguida o peor chocaras contra algo, caerás al suelo, quedaras indefensa y caerás en sus garras… Puedes gritar, esto es un parque público ¿verdad? Seguramente alguien correrá en tu auxilio… No funcionara. Estas demasiado cerca de él, en cuanto vea que tomas aire para gritar te tapara la boca con sus manos, te arrastrara a un carro, te amordazará, te amarrara las manos y los pies y antes de que te des cuenta tu cadáver estará flotando en el rio… ¡No debiste salir sin decirle a nadie!... Si le hubieras dicho a alguien no hubieras podido salir… Sí, pero tampoco estarías flotando en el rio… aun no estas flotando en el rio, tranquilízate, respira hondo y no te adelantes a los hechos… tiene razón, no es seguro que arroje tu cadáver al rio; tal vez le gusta más enterrar a sus víctimas en su jardín o tal vez ni siquiera las mata y solo las encierra en su sótano para torturarlas de vez en cuando… ¡¿Qué hago?!... No llores… no voy a llorar ¿Quién te dijo que voy a llorar?... ¡Soy tu! no hace falta que alguien me diga lo q… espera… ¿Qué es eso?... ¿Qué cosa?... Eso, ¿Que acaso no lo sientes? —Hinata volvió a la realidad y sintió un viento cálido que le acariciaba el rostro. Dio un grito ahogado de terror y se inclinó hacia atrás todo lo que su cuerpo le permitió al darse cuenta de que era la respiración de Naruto lo que sentía en la cara.

—¡¿Qu-que se supone qu-que haces tan cerca de mí?!

—Solo estaba mirando tus ojos.

—¡¿Mi-mi-mis ojos?! ... ¡¿Qu-que tienen mis ojos?!

—Nada, es solo que... hummm... ¿Cómo decirlo? Son... diferentes.

—¿Diferentes?

—Si. Nunca había visto unos ojos como los tuyos. Son bastante bonitos —dijo Naruto como si fuera cualquier cosa.

Hinata se sonrojo hasta adquirir el color de un tomate. Nunca antes, alguien le había dicho semejante cosa. De hecho nunca nadie la había elogiado por algo; y menos por sus ojos, que ella consideraba defectuosos; incluso su padre le había dicho que le ofendía mirarla a los ojos.

—¡Pero bueno, no te quedes ahí pasmada! ¡Vamos a mi restaurante! —dijo Naruto mientras la tomaba de la mano y la arrastraba en dirección a su restaurante.

Sorprendida y todavía aturdida Hinata apenas se pudo resistir.

—N-no creo que sea buena idea alejarme del hospital —dijo Hinata casi gritando.

—De que hablas —dijo Naruto extrañado —si mi restaurante está aquí enfrente.

—¿De verdad?

—Si, mira aquí está la barra ¿Por qué no te sientas? —dijo Naruto y le acerco un banco.

Hinata tanteo el aire con sus manos; tomo el banco con ambas manos y se sentó cuidadosamente. Naruto corrió a la parte trasera y se metió a su restaurante. Se puso su delantal y comenzó a cocinar.

—Y bien Hinata ¿Por qué no te quieres alejar del hospital?

—¿Que por qué?

—¡Si! Sonaste muy asustada cuando te tome de la mano.

—Eso... eso fue porque me asustaste.

—¡¿Yo?!

—Hummm... Si —dijo Hinata, avergonzándose de sí misma.

—¿Te di miedo? —pregunto Naruto incrédulo.

—S-s...S-si

—Que raro. Eres la primera persona que me dice algo así. Por lo general la primera impresión que causo es la de ser un idiota.

—L-lo siento no quise decir nada raro —dijo Hinata inclinando la cabeza —S-si lo prefieres igual pensare que eres un idiota... No... es decir... no creo que seas un idiota... es solo... veras es que no salgo mucho y me asustaste mucho cuando me hablaste... lo cierto es que pensé que eras un secuestrador... no digo que parezcas un delincuente... no hay forma de que yo sepa lo que pareces... yo... yo... solo... —En sus ojos comenzaron a amontonarse mares de lágrimas; mares que Hinata intentaba contener con todas sus fuerzas.

—Tranquila. No hagas una montaña de un grano de sal —le dijo Naruto con su voz cálida y alegre. Coloco un plato de ramen delante de Hinata y le dijo— Respira hondo y come.

Hinata respiro, más para intentar contener sus lágrimas que para hacerle caso a Naruto, pero una vez que el tibio aroma del ramen entro a su nariz no puedo evitar respirar lento y profundo.

Para Hinata el vapor del ramen era un fluido denso que recorría su nariz, igual que un rio que sigue su cauce. El olor la inundo por completo, como si una presa hubiera estallado en medio de un desierto. Un desierto que jamás conoció la lluvia.

Debajo de la arena ardiente de este desierto hay semillas que han esperado eternidades por la promesa de esta agua. El desierto bebió y floreció; convirtiéndose en un campo primaveral, rebosante de flores de vivos colores.

El agua seguía manado de esta presa. Un agua que prometía rebosantes placeres. Un agua que comenzó a escurrir por las glándulas salivales de Hinata. Un agua que comenzaba a inundar su boca. La creciente marea salival no solo empujaba las paredes de su boca, también empujo sus manos. Tomo los palillos chinos, separándolos con una calma tensa, cogió una porción generosa de fideos y carne. Comió, comió y comió; lento como el andar de un caracol; despacio como la respiración acompasada de dos amantes, que se dan un largo beso. Masticaba con cuidado cada pequeña porción que entraba en su boca y la saboreaba con cuidado; dejando que su lengua absorbiera todo el sabor. Tragaba y esperaba un momento para intentar descifrar el enigma de sabores que aquel bocado había dejado en su boca. Después volvía a tomar otro bocado.

El sabor era indescriptible para Hinata. El caldo, los fideos, la carne, las verduras; todo estaba lleno de un sabor profundo lleno de múltiples matices. Era como si toda su vida hubiera tenido hambre y no se hubiera dado cuenta hasta ese momento. Las sensaciones producidas por este sabor eran tan vastas que ya no podían ser descritas con palabras, en su mente ya no se agolpaban aquellos símbolos extraños que estaban desesperados por explicar lo que pasaba en su boca. Ahora su mente estaba llena de sensaciones. Era como si su mente fuera un espacio blanco que de pronto se vio llenado por un trillón de colores vivos; colores que se mueven como peces en el agua; colores brillantes que saturan su mente con luz cegadora; luz que la deja ciega ante la realidad; realidad que ya no puede percibir; solo hay luz; solo hay sensaciones.

Un sonido ahogado y seco, como el de una campana bajo el agua, la sacan de su mar de colores. Salvavidas cruel que la salvo de ahogarse en vivas sensaciones y la devuelve a la fría tierra de la realidad. Era el sonido de los palillos contra el fondo vacío del tazón de ramen.

Hinata contempla decepcionada el tazón, al que solo le queda el caldo. Suspira, suelta los palillos y aparta el plato. Pone los codos sobre la mesa y recarga su rostro entre sus manos. Se pregunta porque se siente satisfecha y triste al mismo tiempo. Es una sensación extraña, aunque no es exactamente tristeza, es más bien un vacío. Es ese vacío que dejan las cosas buenas cuando llegan a su fin. Esas cosas que te encantan, que te emocionan y te hacen sentir vivo pero que sabes que algún día terminaran. Es una sensación de pérdida, de abandono. Es el vacío que... espera... ¿Qué es esta sensación?... Se parece a...

—Wow, Nunca vi a nadie comer de esa manera —dijo Naruto, que de nuevo estaba pegado a la cara de Hinata, mirándola con curiosidad.

Hinata se sorprendió tanto que dio un grito. Casi se cae del banco pero logro sujetarse de la barra justo a tiempo.

—¡Por favor deja de darme esos sustos! —le dijo Hinata con las mejillas rojas y la respiración agitada— ¡¿Que tiene mi cara como para que te le quedes viendo tan fijamente?!

—Pues... como decirlo... no era tu cara, sino tu expresión. Estabas tan concentrada mientras comías. Igual que una rana cuando va a comerse una mosca.

—¡¿Una rana?!

—Si. Todo tu cuerpo estaba completamente centrado en comer el ramen. No solo en comerlo sino en sentirlo. No solo lo saboreaste; concentraste todo tu ser, toda tu existencia en sentir. Fue increíble. Eres como buda. Un ser iluminado que siente el mundo con todo su ser—. Los ojos de Naruto brillaban con la luz de la emoción.

—Y-yo no creo que sea para tanto —dijo Hinata avergonzada.

—¡Oh! ¡Gran maestra! —dijo Naruto ignorando a Hinata— Enséñame a sentir el ramen como tú lo haces— Naruto Inclino la cabeza y las manos como si reverenciara a un ser divino.

—Creo q-que te equivocas... —Hinata comenzaba sentirse incomoda.

—Por favor acepta a este humilde idiota como tu discípulo. Enséñame el camino...

—¡¿P-pero d-de q-que estás hablando?! S-solo comí como siempre lo hago. No fue la gran cosa. No fue nada increíble... —Yo no soy nada increíble pensó Hinata.

—Por supuesto que fue increíble —dijo Naruto, tomando sus manos entre las suyas y mirándola, otra vez, fijamente a los ojos— Tu capacidad para sentir es asombrosa. Estoy seguro que si te pregunto con qué ingredientes prepare el ramen, tú me dirás exactamente cada uno de ellos. ¡¿No es verdad?!

Hinata desvió la mirada sin decir nada. Podía hacerlo. Desde niña podía hacerlo. Cada sabor, sensación y olor están asociados en su mente de una forma extraña. Por ejemplo; Cada vez que come una pera tiene la sensación de estar metiendo sus manos en un costal de azúcar. Cada vez que percibe el aroma del pasto cortado, en su boca siente el fresco sabor del té de menta. Cada vez que acaricia un gato, en su nariz aparece el suave olor de la vainilla. Cada sabor, olor y textura está conectado con otra textura, sabor u olor. Cada vez que siente uno siente el otro. De forma que nunca olvida un nuevo sabor, un nuevo olor, una nueva textura. Siempre logra recordarlos como si los estuviera sintiendo en ese momento.

Por supuesto que sabía cada ingrediente del plato de ramen. Ni siquiera necesitaba probar un plato, le bastaba con el aroma para saberlo. Para ella, era una cosa cualquiera. Algo que podía hacer con los ojos vendados.

De niña se lo comento a su hermana y esta le dijo que era una bruja rara. Y aunque su hermana olvido lo que Hinata le dijo, nunca se lo volvió a decir a nadie; ya se sentía lo suficientemente fuera de lugar. No quería sentirse aún más rara, ni que los demás pensaran que era una bruja rara. Así que se lo guardo para ella misma. No dijo nada, igual que no dijo nada en este momento que Naruto la tomaba por las manos.

Pero Naruto es de esos idiotas que interpretan el silencio como una respuesta afirmativa. Pensó que Hinata no decía nada porque no quería presumir. También es de esos idiotas que no entienden sutilezas y solo entienden las cosas de forma directa. No supo ver la incomodidad en el rostro de Hinata, ni sentir el temblor nervioso de las manos que sujetaba, tampoco vio el ansioso movimiento de su cuerpo que quería escapar de ahí a toda velocidad, ni sus ojos vidriosos que estaban a punto de llorar. El solo veía lo que quería ver, igual que un niño. Por eso todo lo que le llamaba la atención le parecía asombroso, igual que un niño.

Así que ante el incómodo silencio que Hinata guardo; Naruto escucho "¡Sí! ¡Por supuesto que puedo hacerlo! ¿No te parece que soy increíble?"

—¡Lo sabía! ¡Sabía que podías hacerlo! —dijo Naruto con la voz llena de emoción— ¡Eres increíble Hinata!

—¿Increíble? —repitió Hinata, como si no entendiera el significado de aquellas palabras.

—Si, eres increíble.

In-cre-i-ble.

Nunca nadie le había dicho un cumplido como ese. Tampoco nunca creyó merecerlo. Siempre había sentido que nunca llenaría las expectativas de su familia. Siempre se sintió inferior, creyendo que nunca sería tan genial como su hermana, creyendo que su padre nunca la aceptaría. Pero ahora el chico frente a ella le decía que era asombrosa, increíble; y aunque fuera por una cosa que ella consideraba inútil, a pesar de que seguía creyendo que no se lo merecía; a pesar de que por su mente cruzo el pensamiento de que este chico la quería engañar; a pesar de eso... se sintió muy feliz. Tan feliz que comenzó a llorar.

Borbotones de lágrimas brotaron de sus ojos. Y comenzó a sollozar ligeramente, igual que una niña que intenta, sin éxito, no romper a llorar.

—¿Huh? ¿Por qué estas llo... —Naruto no alcanzo a terminar su pregunta. Pues un puño salido de la nada se estrelló contra su nariz, lanzándolo hacia atrás y derribándolo mientras cazuelas, sartenes, platos, verduras y demás ingredientes caían con él.

Una chica vestida de enfermera paso sus brazos por encima de la barra, tomo a Naruto del delantal y lo levanto como si fuera una pluma. Lo miro directamente a los ojos de forma amenazadora, con los mismos ojos que un tigre pone cuando va a matar algo, y lentamente, con una voz tensa le dijo.

—Tu, pervertido ¿Que le has hecho a Hinata?

—N-no, no le echo nada —dijo Naruto completamente aterrado.

—¿Y entonces por qué está llorando?

—N-no, no lo sé.

—Mientes —Tomo la nariz de Naruto entre los nudillos de los dedos índice y medio. Cerró el puño y comenzó a retorcer lentamente la nariz de Naruto.

Naruto sintió como su nariz comenzaba a crujir.

—¡Es la verdad! ¡Lo juro, lo juro! ¡Por favor no me arranques la nariz! —grito Naruto.

—¡Es la verdad! ¡Naruto no me hizo nada! —le dijo Hinata sujetándole los brazos— Así que por favor suéltalo. Por favor Sakura.

Sakura suspiro y soltó a Naruto. Este aliviado se llevó las manos a la nariz, palpándola cuidadosamente.

—¿Entonces por qué estabas llorando? —pregunto Sakura confundida.

—¡¿Heh?! Bueno... eso... fue... —Hinata pensó en contarle todo lo sucedido, pero desecho la idea de inmediato. Le daba vergüenza decirle la razón de su llanto, sobre todo delante de Naruto. Así que su cerebro se puso a trabajar a toda velocidad en busca de una mentira creíble— veras... yo... caminaba y entonces... algo... llego y... —Hinata se puso roja por el excesivo esfuerzo de pensar y su cabeza comenzó a echar humo. Hinata no sabía mentir.

Sakura volvió a suspirar —Esta bien. No te sobre esfuerces. Eso ahora mismo no tiene importancia. Ya me lo contaras luego. Debemos volver, todos te están buscando como locos. Sabes bien que no debes salir de esa manera. Qué tal si te llega a ocurrir algo —Sakura suspiro, aliviada de encontrar a Hinata— Vamos, volvamos al hospital.

—A sí que por eso no te querías alejar del hospital —Naruto hablaba como si tuviera la nariz tapada— Ahora todo tiene sentido —lo dijo como si hubiera resuelto un gran misterio.

—¿Como que "ahora todo tiene sentido"? —le increpo Sakura imitando su constipada voz— ¿Que no te habías dado cuenta que era una paciente del hospital?

—Pues no.

—Pero si es obvio que está enferma, no ves lo pálida que esta.

—Creía que solo tenía la piel muy blanca.

—¿Qué hay de la ropa de hospital?

—Pensé que era una piyama.

—Eres de lo que no hay —le dijo Sakura llevándose las puntas de los dedos a la frente y negando de forma incrédula con la cabeza— ¿Qué hay de sus ojos?

—¿Que tienen sus ojos?

—¿Como que "que tienen"? Son blancos.

—¡Así es! De un bonito blanco aperlado —dijo Naruto mirando a Hinata y levantando el pulgar, como si todo estuviera bien.

Hinata se sonrojo ante el cumplido.

—Oi, Oi. Que la gente, normalmente, no tiene los ojos blancos.

—¿Ah no?

—Nooooooooooo —le dijo Sakura que no podía creerse el nivel de idiotez de Naruto— Hinata es ciega Naruto ¡CI-E-GA! Hinata es una chica enferma, ciega y débil a la que debiste llevar al hospital en vez de hacerla llorar.

Naruto se quedó sin palabras y se le quedo mirado perplejo, como si no entendiera lo que le estaba diciendo.

Sakura volvió a suspirar, se acercó a Naruto y con el dedo índice le golpeo la nariz. El fuerte dolor hizo que Naruto gimiera y se retorciera.

—Vámonos Hinata —Tomo a la chica de la mano y la arrastro hacia el hospital.

Naruto, sobre poniéndose al dolor, alargo el brazo e iba a decirles que no se fueran pero una gota tibia callo sobre el dorso de su mano y luego otra y otra. Lagrimas pensó Naruto, giro su mano y comenzó a contar las lágrimas que caían sobre la palma de su mano.

—Lagrimas rojas —dijo Naruto con voz solemne, creyendo haber alcanzo un nuevo grado de iluminación espiritual. Y mientras bajaba su mano y dejaba que las lágrimas color sangre escurrieran entre sus dedos; contemplo con una mirada profunda las figuras de las dos chicas, que se perdían entre las ramas de los florecientes cerezos.

Uzumaki Naruto se había roto la nariz.