Seis

Desde su habitación podían verse los cerezos florecer. Alguna que otra golondrina se posaba sobre el marco de su ventana abierta y la saludaba. Un brisa fresca hacia bailar las blancas cortinas. La luz matinal iluminaba la habitación. Todo parecía resplandecer. Todas las cosas parecían emitir un aura distinta. El aire a su alrededor se sentía distinto. Hinata se sentía distinta.

Aun sentía ese cálido revoloteo en el corazón. Esa brisa suave que te hace creer que puedes volar. Esa cosa que buscamos tan a menudo y que cuando la tenemos en nuestras manos se escapa como agua. Felicidad.

Por supuesto no había pasado mucho tiempo. Solo habían pasado unas pocas horas desde que volviera del parque con Sakura. Pero a Hinata le resultaba increíble seguir sintiéndose así. Se sentía como si estuviera drogada. Por supuesto nunca había estado drogada. Pero en el hospital había visto a muchas personas que si lo estaban. Su antigua vecina, por ejemplo, era una linda anciana que decía que le encantaba la morfina.

—Es que es una cosa maravillosa. Te hace sentir como si saltaras sobre nubes. Te hace olvidarte de tus problemas. Es maravilloso. Me hace recordar mi juventud. Cuando era una joven colegiala y estaba locamente enamorada de Takahashi-sempai —dijo la dulce anciana con un suspiro. Miro a Hinata directamente a los ojos— Por eso me rompí el brazo. Dolió un montón. Como no te imaginas —La anciana agitó la férula de su brazo roto frente a la cara de Hinata—. Pero ha valido la pena porque ahora me siento justo como en aquella época. ¡Si! ¡Me siento como si estuviera enamorada! — Y soltó una risa alegre, tierna e inocente. Como el canto de un pájaro—. Me siento como si aún estuviera en sus brazos —Se abrazó fuertemente con su brazo sano. Dio una vuelta sobre sí misma, con la gracia de una bailarina y después con los movimientos seductores de un gato se subió a la cama, donde Hinata estaba acostada y se acercó lentamente, como si fuera a besar a su amante.

Hinata la sintió acercarse. Sintió el peso de la anciana desplazarse lentamente hacia ella. Hasta este momento había estado sonriendo y compartiendo con inocencia la felicidad de la anciana. Pero algo en la actitud de la anciana cambio. Hinata percibió el cambio y lo que le hizo sentir fueron escalofríos— ¿P-pero q-que e-esta haciendo? —pregunto con un hilo de voz.

– Siii – Suspiro la anciana, que ignoro a Hinata —puedo sentir el cálido abrazo de sus fuertes brazos. Puedo oler su cálido aliento —dijo acercando lentamente sus labios a los de Hinata. Hinata intentó resistirse pero incluso con un brazo roto, la anciana era más fuerte que ella. Bueno no es que fuera más fuerte que ella. Solo que no fue hasta que la anciana se subió sobre ella, que Hinata se dio cuenta de que la anciana pesaba por lo menos 100 Kg. Y así, aplastada por el peso de 100 Kg de grasa arrugada, sudorosa y excitada, Hinata no pudo hacer nada.

La anciana sujeto el rostro de Hinata con su mano sana y acerco sus labios para besarla. Y antes de que Hinata pudiera gritar, la pervertida anciana pego sus arrugados labios a los labios suaves y carnosos de Hinata. La anciana le dio un beso torpe. Uno de esos besos primerizos que se dan entre dos niños. Un beso inocente que te encoje el corazón de ternura. Y si no fuera porque el beso se lo daba una anciana gorda, el primer beso de Hinata hubiera sido aparte de tierno hasta romántico.

La verdad es que a Hinata le hubiera valido cualquier otro. Todo lo demás era perfecto. Como era su cumpleaños, su cuarto estaba lleno de flores, enviadas por su familia, que inundaban su habitación de un olor dulce y agradable. La acogedora luz del atardecer bañaba la habitación con una luz que invitaba al romance. Incluso en su radio había comenzado a sonar música suave, de esa música que suele ponerse cuando se va a tener una cena romántica. Lo único que no encajaba en ese ambiente era la gorda anciana.

El niño de 11 años del cuarto de enfrente. Su doctor. El conserje, que se escuchaba joven y afable. Incluso hubiera preferido a Sakura, su enfermera, que era amable y atenta con ella. Pero al parecer el destino solo quería divertirse con ella y le envió una gorda anciana.

Pues que se le va hacer; podría ser peor. Fue lo que Hinata pensó y no tuvo más remedio que cerrar los ojos y aguantar. Fue su naturaleza retraída y temerosa la que le hizo aguantar; y aguanto, aguanto por mucho tiempo; se preguntó si los besos siempre duraban tanto tiempo. No fue hasta que el sol se ocultó en el horizonte y las estrellas aparecieron en el cielo, que Hinata se dio cuenta que la anciana se había quedado dormida.

Con mucho esfuerzo, logro sacar su cara de debajo del enorme trozo, de 5 kg, que era la cabeza de la anciana. Después de meditar entre gritar por ayuda o despertar a la anciana. Se dio cuenta de algo curioso; ahora que no la estaba besando, la incomodidad había desaparecido. Se dio cuenta de que a pesar de que un gran peso la aplastaba, eso no le molestaba. Era como si estuviera siendo abrazada con cariño por el cuerpo de esta enorme anciana. Se sintió cómoda, abrigada, protegida y querida. Después de un rato, se vio sorprendida de estar disfrutando de la sensación. Sin pensárselo más, se dejó llevar y cayo rendida en un placentero sueño.

A la mañana siguiente. Cuatro enfermeros quitaban el enorme cuerpo de la anciana de encima de Hinata y lo colocaban como podían en una camilla.

—¿Que está pasando? —pregunto Hinata confundida y todavía adormilada.

—¡¿Eh?! Oh nada, nada; solo llevamos a la señora a la morgue —le respondió uno de los enfermeros, con la respiración agitada por el reciente esfuerzo.

—¿A la morgue?

—Si. Tal parece que tu amiga murió de un paro cardiaco mientras dormía—. El que le respondía ahora era su doctor.

—Pero al menos murió feliz ¿Que estuvieron haciendo anoche?— Le pregunto el enfermero a Hinata.

Hinata adquirió el color de un tomate —¡N-na-nada! ¡N-no est-tabamos haciendo nada! —dijo Hinata nerviosamente.

—Heeeee, ¿En serio?

—Basta Suigetsu —le dijo Sakura

—Pero es que mira que enorme sonrisa tiene en la cara, tan pacífica. Ya me gustaría morir así. Oye Hinata la próxima vez, porque no me haces lo mismo que a la anc...

Sakura le clavo el codo en las costillas a Suigetsu y mientras le recriminaba sus palabras, lo apresuro, a él y a los otros enfermeros, para que se llevaran el cadáver fuera de la habitación...

Eso recordaba Hinata; mientras se preguntaba si aquella anciana se sentiría tan feliz como ella se sentía en este momento. Nunca conoció el nombre de la anciana. Se apareció de repente en el cuarto de Hinata y le comenzó a hablar como si la conociera de toda la vida. Pero le había caído bien, al menos hasta que la beso.

Morir con una sonrisa en la cara. Ya quisiera yo morir así. Pensó Hinata y sin darse cuenta sonrió.

—¿Recordando algo agradable, Hinata? —Le pregunto la voz fría y directa de su doctor.

Estando absorta en sus recuerdos, Hinata, no se había dado cuenta que su doctor se encontraba sentado en el sofá de la habitación y la miraba atentamente.

—¡¿eh?! ¡¿Q-que?! ¡¿Que?! ¡Claro que no! ¡No era agradable! —dijo Hinata como si se lo reprochara.

—¿Entonces porque sonríes?

—¡¿eh?! —Hinata, confundida, se llevó las manos a la cara. Y palpándose el rostro sintió una sonrisa.

¿Por qué estas sonriendo?... Pues porque estoy feliz... ¿Y por qué estas feliz?... No lo sé, no me lo había preguntado... ¿Fue por qué conocí a Naruto? ¿Fue por qué me dijo que era increíble?... Seguramente sea por eso... ¿No será que realmente estabas recordando algo agradable?... ¡Claro que no!... ¿O sí?... Espera...

—¡¿C-cuanto t-tiempo lleva ahí Doctor?! —dijo Hinata sorprendida, apenas dándose cuenta de la presencia de su doctor.

—Como media hora.

—¡¿Y-y p-por qué no me dijo nada?! ¡¿Q-que e-estaba haciendo?!

—Estaba observándote.

—¿eh? ¿Me estaba observando?

—Si. Es bastante extraño verte sonreír. Desde que te conozco no te había visto sonreír. Hasta ahora. Así que he decido aprovechar el momento y conocerte mejor —Lo dijo sin emoción alguna en su voz, como si estuviera leyendo en el diccionario la definición de "Esplenomegalia" — ¿Te paso algo bueno en tu salida al parque?

—¡¿eh?! ¡No!... B-bueno tal vez.

El nuevo doctor de Hinata la ponía nerviosa. Su doctor anterior le agrada más. Apenas pasaba unos pocos minutos al día con ella; pero era atento y muy afable. Por desgracia para Hinata, su anciano doctor se jubiló y la dejo a cargo de su alumno más brillante, según él, Uchiha Sasuke.

El doctor Uchiha pasaba más tiempo con ella. La visitaba por lo menos tres veces al día y la molestaba todo el tiempo. Siempre le preguntaba cosas personales e incomodas; ¿Cómo fue tu primer beso? ¿Ya tienes el periodo? ¿Ya has tenido relaciones sexuales? ¿Qué tal te llevas con tu familia? ¿Mojaste la cama de niña? etc. vale que es su doctor y tal vez necesite saber algunas cosas personales, pero su anterior doctor nunca le pregunto nada parecido ¿Así que por que ahora venían a preguntarle tantas cosas vergonzosas?; y aunque Hinata muchas veces se moría de vergüenza, siempre contestaba, pues su nuevo doctor la intimidaba bastante.

Había algo en su voz. Algo oscuro y profundo, que la devoraría si se negaba a contestar. O almeno esa impresión le daba.

—Enserio ¿Que sucedió en el parque?

—¿Q-que s-sucedió?

—Si, dime. ¿Qué ocurrió para que estés tan feliz?

—N-nada i-importante —Hinata no lo dijo con la intención de ser cortante. Es solo que siempre tiende a menospreciarse. Así que lo que dijo, lo dijo enserio. Consideraba que lo que le había pasado no era la gran cosa, que realmente era una tontería cualquiera.

—¿Entonces por qué estás tan feliz?

—¿Eh?

—Sabes Hinata, una vez que las personas han encontrado un lugar cómodo, intentan por todos los medios seguir ahí. Es algo instintivo. Cuando conocemos un lugar, un tipo de música, un artista, un tipo de comida, un tipo de persona, que nos agrada, con la que nos sentimos cómodos, nos negamos rotundamente a abandonarlos. Lo mismo pasa con los comportamientos. Yo por ejemplo estoy completamente cómodo con mi papel de persona arrogante, fría y calculadora. Me hace sentir seguro. Lo mismo pasa contigo. Algo lo bastante fuera de lo común tiene que pasar para que salgamos de nuestra zona de confort. Algo lo suficientemente importante tuvo que pasarte para sacarte de esa actitud deprimida, derrotista y autocompasiva que siempre tienes —lo dijo como si le informara a su ratón de laboratorio los pasos del experimento a los que se vería sometido— ¿Acaso conociste a alguien?

Incapaz de ocultar un secreto, Hinata se sonrojo ante la pregunta.

—¿Acaso te enamoraste?

Hinata guardo silencio. Parecía que fuera incapaz de procesar la pregunta de Sasuke. La verdad es que no lo había pensado. Ni había tenido tiempo. Los sentimientos que experimentaba no solo eran de felicidad también sentía miedo, añoranza, deseo, euforia, angustia y otros más que eran completamente nuevos para ella; a los cuales no sabía cómo nombrar. No sabía que eran. Todos se agolpaban y se mezclaban en su cabeza. No sabía cómo empezar a poner orden en su corazón.

—N-no lo sé —contesto Hinata aturdida.

—Bueno no importa, ya lo averiguaremos después —Sasuke miro en silencio las flores de cerezos a través de la ventana. Después de un momento en silencio se levantó— Vendré a verte más tarde. Hoy vienen tu hermana y tu primo. Tengo que hablar con ellos.

Hinata se sorprendió.

—¿No lo habrás olvidado verdad? Después de todo esa fue la razón de tu escape. ¿Verdad?

Hinata asintió en silencio. Lo había olvidado completamente. Al recordarlo, el desasosiego se unió a la mezcla de sentimientos que le agobiaban el alma.

Sasuke dio media vuelta y se dispuso a marcharse.

—Doctor, e-espere.

Sasuke de volvió —¿Qué sucede?

—¿U-usted alguna vez se ha... se ha enamorado?

—Si. Una vez.

—¿Y cómo resulto?

—Resulto muerta.

Después de un breve silencio Sasuke se volvió. La puerta se abrió con un frió clic y se cerró con un ruido seco y distante.