Título: Once upon a castle: EPISODE 2
Tipo: Crossover Castle/OUAT Swanqueen.
Situación: Situado en la cuarta temporada, pero no sigue la línea argumental en todo, no existen ni Hook ni Hood.
Resumen: Regina y Emma y su Roadtrip a Nueva York, un objeto de la cripta de Regina ha desaparecido, pero las cosas se van a torcer para ellas cuando tenga que ir a buscarlo.
Emma llamó inmediatamente al móvil de Regina, pero ésta no contestó. Necesitaba decírselo y necesitaba hacerlo ahora. Así que espabiló a Henry lo suficiente para acompañarle al cuarto y dejarle en la cama tapado.
En doce minutos estaba en el umbral de la mansión. Ding dong. Toc toc. Emma llamó a casa de la alcaldesa compaginando golpes en la puerta con el timbre..
Regina bajó apresurada las escaleras y abrió asustada, llevaba en camisón negro.
-Emma, ¿ha pasado algo? ¿estáis todos bien?
La mujer le hizo una señal -pasa- y se frotó los ojos tratando de despertarse.
-Lo he visto, tu objeto, en la televisión.
-¿Cómo?, ¿dónde está?.
-Ha sido hallado en un yacimiento en Siracusa.
-¿Pero eso está...?
-Van a llevarlo a Nueva York. Bueno, mañana ya estará allí, en el Metropolitan.
-Tenemos que recuperarlo.
-Y eso haremos, mañana al medio día saldremos, pero antes tenemos que trazar un plan.
-¿Quieres quedarte a dormir? creo que vamos a necesitar descansar.
-Tienes razón- Emma se giró –no te preocupes, no voy molestarte ahora, me vuelvo a casa.
-De verdad Emma, te has tomado las molestias de venir aquí a estas horas ¿y pretendes que te deje ir?- Regina negó con la cabeza –además- miró por la ventana -está empezando a llover.
-Vale, acepto, pero no tengo nada que…
Regina la miró de arriba abajo –te dejaré algo bonito- dijo sonriente y le hizo un gesto para que la siguiera escaleras arriba.
-Deberías de dejar aquí ropa tuya, por este tipo de situaciones- dijo de uno de sus cajones un pijama de pantalón corto y camiseta de tirantes de seda blanca.
-¿Dónde…- preguntó tímida, apoyada sobre el marco de la puerta de la habitación.
-Aquí al lado está la habitación de Henry.
-Me parece bien, pues… hasta mañana.
-Buenas noches Swan- dijo de espaldas ordenando levemente el cajón de los pijamas.
Serían dos horas después cuando Regina se levantó de la cama, toda esa historia del hurto y de las huellas le inquietaba; caminó en silencio escaleras abajo y justo en la esquina que daba hacia el salón se chocó con alguien.
-¡Ahh!- dos voces femeninas gritaron. Regina encendió la luz de pronto.
-¿Emma?
-Dios Regina, casi muero.
-¿Qué haces aquí, y a oscuras?
-No podía dormir- confesó Emma.
-Yo tampoco, no paro de darle vueltas a todo esto.
Regina se dirigió a la cocina -¿alguna idea?
-En…
-Perdona, ¿un café, un té, o algo?
-Un café, gracias. Tenemos que ir a ese museo y robar esa pieza- Emma se sentó en un taburete que daba a la barra americana de la cocina.
-¿Cómo se roba en un museo? ¿no hay sistema de seguridad y cosas de esas?
-Ese es precisamente el problema- Regina le entregó a Emma una taza con el dibujo de una manzana roja.
-En Nueva York no voy a tener magia.
-Lo he contemplado créeme. He recordado que tengo un amigo allí … de la época en que robaba en supermercados, ya sabes.
Regina negó con la cabeza.
-Lo siento que te interrumpa, pero es que no te imagino robando nada…
-Ya…- Emma sonrió y miró la taza que sostenía con ambas manos.
-Todas tenemos un pasado oscuro- dijo pensativa la rubia.
Hubo un silencio, pero cómodo, comprensivo.
-¿Lo conseguiremos?- preguntó Regina con duda apoyando los codos en encimera.
-Lo haremos- Emma asintió decidida. Regina sonrió y puso su mano sobre la de ella. Fueron dos segundos, observándolas, después se sintió extraña y la retiró.
Pudieron dormir tres horas más y a la mañana siguiente Emma estaba ya despierta, vestida y con una hoja del cuaderno de teléfonos que Regina tenía en la mesilla del salón repleta de dibujos y palabras.
-Buenos días.
-Buenos días Regina- Emma giró el rostro y le sonrió.
Ella llevaba aun el camisón y el pelo algo despeinado -¿qué tienes ahí?
-El plan. Bueno, parte de él. Aun quedan cosas por cerrar.
Regina asomó su cabeza por encima del hombro de Emma pero a quince centímetros sobre él.
-Me parece bien.
-Si no has leído nada- rió.
-Lo siento, necesito un buen desayuno, ¿te apuntas?
-Me apunto- Emma seguía apuntado cosas en la hoja.
Tres horas más tarde los charming se encontraban en casa de Regina, junto a Henry. Trajeron una maleta con la ropa de Emma, y junto a la de Regina reposaban ya en el maletero del escarabajo.
-¿Seguro que no puedo ir?- preguntó Henry.
-Seguro cariño, no puedes faltar a la escuela- le dijo su madre tiernamente.
-Además, es peligroso kid- le acarició el pelo Emma.
-Tened mucho cuidado- dijo Blanca. David reposaba su mano sobre el hombro de su esposa, sus brazos estaban ocupados sosteniendo a Neil.
-Adiós hermanito- dijo Emma besándole la cabeza.
Tras despedirse partieron.
-Bien, ¿sabes llegar?
Emma miró a Regina fulminante.
-Vale.
Emma sonrió mirando la carretera, el cartel de Storybrooke las despedía del pueblo.
-Por curiosidad Regina, ¿tienes algún otro objeto así… tan motal y peligroso en tu cripta? Porque si es así te recomendaría poner una cámara de seguridad- bromeaba Emma.
-Bueno, hay varios objetos, pero si de verdad fueran peligrosos quien sea que entró se los hubiese llevado también.
-O quizás quien sea no sabía que tenías, o al contrario, conocía el sitio y fue directo a por él.
Regina se quedó pensativa.
Pasaron dos horas.
-South Portland, Nueva York a 315 millas- leyó Emma en un cartel -eso son…- miró su reloj de muñeca- cinco horas- ya habían pasado dos, de Maine a Nueva York por la costa eran siete horas y 21 minutos, sin paradas.
-Yo también puedo conducir- dejó caer Regina.
-En la próxima área de servicio cambiamos.
Regina apoyó el codo en la ventana cerrada y se mordió las uñas algo aburrida.
No pasó ni media hora cuando llegaron un área de servicio, una gasolinera y una enorme cafetería.
Tras tomarse un café un poco zombies retomaron el camino, sin mucha conversación. En este caso condujo Regina.
Emma era de sueño rápido en los coches, se había quedado dormida enseguida, con la cabeza apoyada en su muñeca y a su vez ésta sobre la ventana que estaba algo abierta, sus cabellos se movían con el viento.
Llegaron a una zona en línea recta y la conductora aprovechó para observar a su amiga. Nunca la había visto dormida y reconocía que estaba como nacida de un cuento, le resultó irónico. Vio ternura en ella, dulzura.
Desvió su mirada a sus labios y enseguida a la carretera, un coche se había incorporado delante suya de repente y tuvo que frenar. Emma se despertó.
-¿Qué ha pasado? ¿todo bien?- dijo asustada y algo desubicada, los ojos los tenía aun medio cerrados.
-Todo está bien, sigue durmiendo- le dijo delicadamente.
Una hora de sueño profundo y pensamientos de la morena y Emma despertó.
-¿Ya hemos llegado?
Regina no pudo evitar dejar escapar una carcajada –ojalá.
Emma la miró preocupada por su reacción, pero no sabía por qué esa carcajada le había hecho revolotear algo por dentro, se sentía cómoda.
La rubia se inclinó y cambió de emisora de radio, ésta empezó a perder señal por la cobertura. A lo lejos estaba Lawrence.
-"El Museo Metropolitano de Nueva York está abierto de 7 a 19 para el disfrute de todos los ciudadanos y turistas"- decía una voz de mujer.
-"Clyde Snow, el arqueólogo que dio con la pieza de Odín nos concederá una entrevista en breves momentos"
Regina y Emma compartieron miradas y automáticamente la conductora subió el volumen de la radio.
-"Buenos días"- dijo la interlocutora.
Una voz joven asomó por el altavoz –"Buenos días Lisa"
-"Bienvenido a Radio Sirius XM, nos encontramos estrenando sección de cultura y usted va a abrir la veda, ¡felicidades!"
-"Muchas gracias Lisa"
-"¿Qué nos puede contar del descubrimiento? ¿Cómo encontró esa pieza de la que tanto se ha hablado y tanto se ha desmentido su existencia? ¿Cómo se siente?"
-"A ver, por partes. Llevamos excavando en esa yacimiento dos meses, se habían encontrado algunas piezas sueltas de madera, presumiblemente de lo que serían algún tipo de arma defensiva, están investigando. Pero cuando comenzamos a hacer prospecciones en una zona colindante y me topé con algo metálico me quedé de piedra, no correspondía a la datación de las anteriores piezas, pensé que estaba ante el descubrimiento de una nueva civilización en la zona."
-"¿A qué profundidad se encontraba el hallazgo?"
-"A medio metro de la superficie."
-No soy arqueóloga, ¿pero es no es muy poco?- le preguntó Regina a Emma.
-No es imposible, depende del suelo, y de la erosión, pero me resulta extraño que sea quien fuese enterrase la punta del bastón a tan poca profundidad, ¿acaso pensaba que no despertaría sospechas?.
-Quizás no sea un profesional.
-Yo solo sé que por momentos estoy más confusa.
-Me uno al club- dijo Regina indignada.
-Estamos cerca- miró un cartel -cuando lleguemos a la ciudad cogeremos dirección a Brooklyn, allí vive Will, o vivía, espero que siga siendo así.
Pararon dos minutos en una gasolinera y cambiaron puestos, Emma volvió a estar al volante, ella conocía mejor que nadie Nueva York, sus entradas, puentes y zonas llenas de un tráfico pavoroso.
Una hora y media después se encontraban cruzando por el Williamsburg Bridge dirección a Brooklyn.
E92nd St Brooklyn
El barrio estaba formado por casas de dos plantas de ladrillos rojos y delgados árboles de hojas amarillas.
-Es aquí- detuvo el coche frente a una casa de ladrillos de ventanas blancas, rodeada de unas rejas bajitas del mismo color.
Llamó a un timbre que estaba junto al buzón. Tras repetir varias veces se abrió la puerta.
Un chico de unos treinta años y complexión delgada salió al umbral.
-¿Emma?- dijo observándola guiñando sus ojos por el sol.
-¡Will, sí, soy yo!
-¡Qué alegría!, ha pasado mucho tiempo- bajó las escaleras con los brazos abiertos pero mirando a Regina.
Abrazó a Emma –Pensé que estarías en la cárcel.
Emma se mordió el labio algo incómoda, Regina sonrió.
-Hola, soy Regina.
-Hola … ¿Y Neil?
-Es una larga historia, ¿podemos pasar?.
-Claro claro.
El salón era pequeño pero acogedor. Lo malo, a través de las paredes se oía perfectamente la disputa de los veces de al lado.
-¿Podemos hablar en un sitio más… íntimo?- preguntó la rubia
Bajaron a un amplio sótano que solo tenía un par de ventanas con rejas a ras del suelo del exterior. Una gran sala con mesas grandes llena de circuitos, herramientas y lupas adornaban el salón.
-Tenemos un problema.
Tras explicarle por encima el tema del robo, omitiendo que fuese en una cripta y detalles extraños Emma le mostró el esquema que había trazado, el joven sacó unas gafas de ver de su bolsillo.
-Tenemos este plan- el joven pelirrojo de barba de dos semanas ojeó la hoja.
-¿Sabes que el Museo Metropolitano es de los más seguros del mundo, no?
-Y eso quiere decir…
-Que os van a pillar.
El chico se quitó las gafas.
-Tengo algunos utensilios que pueden ayudaros pero no prometo nada.
El joven sacó de un doble fondo de un armarito de pared una pieza de plástico negra con un chip. –Este mecanismo suspende el arco de seguridad de una zona por unos minutos.
Emma agarró la pieza redonda y la observó.
Hay cámaras y hay guardas de seguridad, contra ello no tengo mucho que hacer salvo… nunca lo he probado, pero esto…- se gira y saca una caja de cartón de debajo de la mesa –es un dispositivo que inhibe la señal que les llega a las cámaras de seguridad, pero no sé si llegará a todas las zonas ni por cuanto tiempo.
-Nos servirá- Emma se lo quitó de las manos y se lo pasó a Regina que lo observaba todo callada y seria, con sus manos sobre su cintura de avispa.
Subieron a la sala de estar de Will, juntos miraron el mapa del museo. Sonó el pitido del microondas y de él sacó un plato de pasta con bechamel.
-Os recomendaría un hostal pero vivo solo desde hace un mes y necesito compañía.
-¿Qué ha pasado con Norman?
-Lo dejamos, conoció a Paolo, un guaperas italiano y se enamoró de él.
-Oh, lo siento Will.
-Aquí tienes, es algo escueto pero podréis comer algo antes de acostaros.
-Gracias Will- dijo Regina. Éste asintió.
Tras la cena el joven las guió escaleras arriba.
-Os quedaréis aquí.
Una habitación luminosa aunque pequeña con una cama grande con una colcha de verano roja y blanca.
-Gracias…
Estaba anocheciendo, la habitación de Will estaba justo al lado.
-Bien …- la puerta se cerró tras ellas. De alguna manera la situación les resultaba algo chocante a las mamás de Henry.
-Si quieres duermo abajo, hay un sofá que tiene pinta de cómodo- dijo Emma algo cortada.
Regina frunció el ceño y negó con la cabeza.
-De ninguna manera, además, que yo muerdo ni nada- le sonrió, se giró y se comenzó a quitar la ropa. Emma, sorprendida se giró rápidamente y la imitó algo tímida. Sacó de su maleta una camiseta ancha blanca y unos pantalones cortos grises. La alcaldesa llevaba un camisón seda.
Ambas se tumbaron en la cama dándose la espalda, y a una distancia prudencial.
-Buenas noches- dijo la alcaldesa abrazando la almohada. La rubia estiró las piernas para evitar cualquier roce, le imponía, lo reconocía, la ponía nerviosa, también, no tenía remedio.
A la mañana siguiente las chicas estaban hechas un ovillo de lana. Emma estaba boca arriba con las piernas estiradas y abiertas y los brazos casi en cruz acaparándolo todo, Regina tenía la cabeza apoyada sobre el hombro de ella, una pierna sobre su vientre, uno de sus brazos pegado al colchón mientras que el otro reposaba sobre el muslo de Emma. Todo había sucedido después de una noche de vueltas, cansancio, insomnio, mucho sueño, inquietud, más vueltas, calor, y algo de necesidad de contacto, inconsciente o quizás no …
Toc toc, unos nudillos sonaron sobre la puerta blanca. Ésta se entreabrió y apareció la cabeza de Will.
-Chicas, ya es de día.
Las mujeres comenzaron a abrir los ojos, guiñándolos por la luz, y empezaron a situarse. Casa de Will, Will en la puerta, cama, ellas dos en una cama, rebujo de extremidades.
Las chicas se sintieron incómodas y se separaron rápidamente, aunque pareciese irreal para ellas, sentían un vacío al separarse. Lógicamente ninguna iba a decirlo.
-Hola Will. ¿Qué hora es?- Emma miró de reojo a la despeinada y sensual morena. Porque estaba muy sensual con uno de los tirantes del camisón caído hacia un lado dejando ver más escote del que necesitaba ver en ese momento. "No te distraigas", se dijo a sí misma.
-Las seis. En una hora abre el museo.
-Bien …- Emma resopló para quitarse un mechón de pelo de la cara.
Will le guiñó un ojo cómplice e hizo un gesto con la cabeza señalando a Regina, que estaba sentada de espaldas.
Continuará …
