Título: Once upon a castle: EPISODE 6

Tipo: Crossover Castle/OUAT Swanqueen.

Situación: Situado en la cuarta temporada, pero no sigue la línea argumental en todo, no existen ni Hook ni Hood.

Resumen: Regina y Emma y su Roadtrip a Nueva York, un objeto de la cripta de Regina ha desaparecido, pero las cosas se van a torcer para ellas cuando tenga que ir a buscarlo.

Agradecimientos: a Anto por … ser Anto xD, a mi pareja, por ser una crack y entenderme. A las swanqueens del grupo de FB y del wassap, ¡gracias por seguir mis historias!


-De acuerdo- la abogada se puso en pie con elegancia. Dio un par de pasos y se giró.

-Querida, nos veremos pronto.

Su aroma a perfume caro fue lo único que quedó en esa sala, sus caderas agitándose en esa falda azul marino se perdieron tras las puertas del ascensor.

Castle y Emma entraron a la sala de interrogatorios.

-¿Qué ha sido eso?- dijo la rubia, mosqueando a la inspectora por las confianzas.

Regina hizo la intención de contestar pero Kate la interrumpió.

-Si me disculpáis, tenemos trabajo que hacer- las instó con sus manos a salir.

Regina asintió, se levantó de la silla y cruzaron el umbral de la puerta.

Beckett se dispuso a acompañarlas al ascensor, las chicas observaban el entorno con curiosidad, al pasar por delante de la pizarra blanca del caso Emma se detuvo al ver su fotografía colgada. Regina notó que su amiga se había detenido y se giró.

-¿Emma?

La rubia simplemente la miró y desvió sus ojos hacia la pizarra. Kate se mordió el labio frustrada.

-¿Ésa eres tú?, ¿no podían haber cogido una foto mejor?- dijo Regina con las manos en su cintura alzando una ceja, no era eso lo importante, pero le pareció graciosa la fotografía. Una Emma Swan seria y con toques de rebeldía.

Emma la taladró con su mirada.

-No debéis…

"Imposible", pensó la inspectora Beckett, quería ponerse manos a la obra, o quizás solo tomarse un café y pensar.

-Esto es información privada.

Espósito y Ryan las observaban desde sus mesas, compartieron miradas con Kate, quien no paraba de negar con la cabeza. Emma y Regina analizaban en silencio el esquema, la línea de tiempo y las fotografías. La rubia cogió una fotografía y la compartió con la alcaldesa, era una reproducción de un artículo de un periódico donde se informaba del descubrimiento del famoso objeto en Siracusa, en la imagen, delimitado con una cinta estaba el cuadrado de una de las excavaciones y en el centro un arqueólogo sujetaba la punta de flecha; al fondo, más trabajadores andando hacia arriba y hacia abajo o pendientes de otras zonas.

-Mira aquí- Emma señaló a uno de los arqueólogos que estaba en la parte superior izquierda.

-¿Ése no es … - dijo Regina.

Beckett se acercó a las chicas y observó hacia donde señalaba la sheriff, le quitó con autoridad la foto de las manos y la elevó para observarla con más nitidez.

-Bruce Mendoza- dijo.

Castle salió de la sala de descanso con dos vasos grandes de cartón llenos de café.

-Ah, ¿seguís aquí?

Las chicas se miraron.

-Hemos descubierto algo- dijo Beckett seria.

"¿Hemos?", pensó Emma, pero optó por el silencio y fruncir el ceño simplemente.

-Bueno, la señorita Swan ha decidido saltarse todas las normas del mundo y burlar la información privada.

-Lo que viene a ser que he visto vuestra pizarra- alzó las cejas.

Regina sonrió abiertamente, le hizo gracia la aclaración de Emma, a veces le sorprendía, esperaba que nunca dejase de hacerlo.

-Ah, ¿y bien?

-¿Qué hacía el guarda de seguridad en la excavación de Siracusa?- Beckett volvió a colgar por medio de un imán, la fotografía en la pizarra. Castle le ofreció el café y observó la imagen.

-¿Se sabe en qué trabajó anteriormente Mendoza?

Las chicas observaron la conversación en silencio, Regina se apoyó en una de las mesas y Emma colocó sus manos a ambos lados de su cadera, se sentía sheriff de nuevo, resolviendo una encrucijada.

-Era la primera vez que trabajaba de guarda de seguridad- dijo Ryan acercándose.

-Y en el artículo lleva el mismo uniforme que los demás arqueólogos- dijo Espo desde su mesa.

-Puede que se colara en la zona de la excavación y robase uno de los uniformes, no es tan difícil si te lo montas bien- comentó con naturalidad Emma. Todos la miraron.

Se sintió cohibida.

-¿Desde cuándo eres policía?- dijo Espo algo borde, sentía que iban a comerse el terreno, ya le sucedió con Castle en los inicios.

Swan abrió la boca, pero recibió a tiempo un codazo por parte de la morena.

-Lo siento, solo es que queremos ayudaros.

-¿Ayudarnos a….?, Emma Swan, le recuerdo que usted y la señorita "Mills"- hizo el gesto de las comillas – estáis imputadas por robo.

Emma agachó la cabeza, Regina la miró mordiéndose el labio inferior y le acarició la espalda como consuelo, fueron dos segundos, pero le sirvió para recibir una sonrisa como contestación.

Kate las observó pensativa, casi sentía pena, no entendía por qué. Castle las observaba de reojo tras su vaso, el cual estaba apurando y compartió un fugaz intercambio de miradas con la misteriosa morena.

"¿Qué escondes?", se dijo.

-De acuerdo, Espo, tómate un descanso y cuando acabes busca si Mendoza tiene familiares en la ciudad, Ryan, investiga todo lo que puedas sobre el pasado de Mendoza, quizás no sea tan inocente como pensábamos, por cierto, ¿qué se sabe de la planta venenosa?.

-Nada, la mujer de la herboristería me dijo que actualmente no hay indicios de que exista.

-Bien- frunció el ceño.

-¿Y si ese veneno viene del bosque encantado?- le susurró Regina a Emma al oído, estaban sentadas juntas en una de las mesas.

Ésta la miró con miedo y negó con la cabeza, no porque no la creyese sino por las consecuencias de que eso fuese real, su mirada miró fugaz a sus labios.

-Castle, tú y yo vamos a acompañar a estas señoritas a la puerta.

Lo dijo de forma fría, autoritaria, pero Richard, solo él, sabía que era una forma de reafirmar su posición. En el fondo algo le inquietaba, y no era en el mal sentido.

Tras dejarlas en libertad el escritor y la inspectora se miraron. Las chicas iban bajando las escaleras algo desubicadas.

-¿Crees que se escaparán?- dijo Castle, sabiendo la respuesta.

-No.

Sus ojos estaban guiñados por el sol.

Escaleras abajo, las chicas estaban desubicadas.

-Y ahora, ¿qué vamos a hacer?- preguntó Regina, observando el tráfico alrededor de una rotonda, sacó la tarjeta de visita de Kate Beckett donde recitaba su número de teléfono.

-No lo sé. Debemos sacar la punta de Odín de mi coche antes de que ellos la encuentren.

Veinte minutos más tarde…

El coche se encontraba justo donde lo tenía aparcado cuando fueron detenidas.

-No me lo puedo creer…- los ojos de Emma se centraron desde lejos en los cristales rotos de las ventanas de su coche. Las ruedas estaban pinchadas.

-Que aun esté, que aún esté aquí- se dijo con miedo.

-Joder- Regina trataba de seguirla –lo dejé en la guantera.

Emma buscó y buscó y buscó, incluso donde no lo habían dejado.

-¿Qué vamos a hacer?- decía Regina andando de un lado hacia otro mirando al cielo, se detuvo y puso los brazos en jarra. -Tienen que saberlo- sentenció.

-¿Saber el qué?, ¿que el objeto que robamos nos lo han robado?

Desde el otro lado de la calle, tras un árbol, la abogada las observaba con un trapo blanco entre sus manos, de una parte rota asomaba una punta de flecha…

Comisaría 12

-Aquí tienes, como nos pediste, las grabaciones de los videos de seguridad del museo- Espo se acercó con un DVD

Lo introdujeron en un lector y de repente la pantalla estaba dividida en tres partes, una imagen general fija, en picado, de la zona de la exposición, de esa cámara habían sacado las imágenes en televisión, las otras dos mostraban planos más cercanos, ésas fueron las cámaras desactivadas. En la parte inferior de cada porción de pantalla un contador del tiempo de la grabación, en la superior derecha de cada una, la hora.

Vacío, a los dos minutos de observar los tres pares de ojos una imagen estática, una pareja de alemanes se pararon a ver los objetos, un guarda haciendo su ronda pasó mirando al frente, un par de mujeres maduras se pararon a leer los carteles. A los dos minutos entraron en escena el grupo de excursionistas.

-Ahí está el grupo.

Todo parecía normal, según las imágenes, hasta que uno de los turistas comenzó a gritar. El video no tenía audio pero sus gestos lo decían todo. Otro turista oriental le contestó.

De repente, en dos de las tres imágenes la cámara grababa en vacío. Una señal gris que impedía ver nada, nada, solo la cámara que estaba más lejos captó una imagen.

-Desactivaron dos de las tres cámaras- confirmó la inspectora concentrada en la pantalla de 32 pulgadas.

Un barullo de gente agitando brazos y ahí entraban en escena Regina y Emma robando la pieza. Castle y Beckett se miraron al mismo tiempo y casi sin darse cuenta sonrieron. Les parecía irónico que lo interesante del video no fuese ese peculiar robo, pero aun así prestaban atención por si podía haber alguna pista.

Y aparecieron Mendoza y otro guarda de seguridad para poner orden. Sin embargo también agitaban los brazos violentamente.

-¿Ése es Mendoza?- dijo Castle.

Kate y Espo se acercaron tanto que sus rostros se iluminaron con la pantalla.

-Eso parece. Así que estuvo allí antes.

Swan y Mills se marcharon con el objeto escondido bajo la chaqueta de Emma y dejaron de ser vistas por la cámara, los turistas y los guardas se relajaron y observaron el entorno algo aturdidos, desconcertados. El otro guarda de seguridad se situó junto a una columna hablando por el walkie talkie.

Castle acercó una silla para que Kate se sentara. Ella le sonrió y le respondió en voz baja –gracias.

La exposición nuevamente sola, los turistas se habían dispersado y los guardas se habían marchado, los minutos pasaban, y Kate decidió adelantar el video, cinco minutos más tarde.

-Y ahí está Bruce de nuevo.

Junto a él un hombre, no se le veía bien, llevaba una boina y una gabardina, sus manos estaban cubiertas por guantes de cuero.

El desconocido observaba el yacimiento y anduvo apresuradamente hacia la vitrina de cristal agujereada anteriormente por Emma. Mendoza se desabrochó la chaqueta nervioso. El desconocido realizó gestos violentos, de reprimenda, el muchacho se tocó la nuca avergonzado y agachó la cabeza.

El sujeto desconocido le abrió los botones de la camisa de un solo movimiento, se quitó uno de sus guantes y posó la palma de su mano sobre su pecho desnudo, en un movimiento rápido y ágil.

Kate se levantó de su silla para colocarse en cuclillas frente a la pantalla, quería introducirse en la escena, vivirla para comprenderla.

El chico comenzó a temblar y calló al suelo, agitando sus extremidades, éstas fueron cediendo en sus movimientos y ralentizándose a su vez hasta detenerse.

El asesino desapareció por un lateral.

-¿No hay más cámaras de seguridad por esa zona?

-Voy a preguntar.

Kate se puso en pie.

-Bien- su mano se posó sobre su nuca -¿cómo se puede traspasar un veneno de piel a piel sin que te afecte?

-Y no solo eso, dejando como huella un mensaje en el pecho.

-Esto no tienes pies ni cabeza Castle, yo no sé que hacer.

El escritor la vio agobiada como pocas veces. Su mente daba vueltas y vueltas y su solución más viable era una totalmente irracional.

Ryan apareció como un viento fresco para la policía, suspiró.

-¿Qué sabes de Mendoza?

-Trabajó de manitas en distintos negocios, arreglaba muebles, puertas y techos, todo por cuenta propia. El último trabajo que se le conoce fue en la iglesia católica de San Malaquías donde se encontraba restaurando el altar, el contrato fue a través del Sr. Daniel Karras.

Beckett se mordió el labio.

-Castle, tú y yo vamos a visitar esa iglesia, a ver que dice el señor Karras.

-Espo, ayuda a Ryan a identificar al asesino en las otras cámaras de seguridad, quizás se le vea el rostro.

El agente latino asintió.

Continuará!

Sé que no ha adelantado mucho, pero ya estoy con la siguiente parte