Título: Once upon a castle: EPISODE 7
Tipo: Crossover Castle/OUAT Swanqueen/Caskett.
Agradecimientos: A Fran por su indudable ayuda, a Anto por seguirme en todo, y a todas las que estáis ahí! Gracias por leerme y comentar!
Nota: Es algo personal, pero me gusta este fic porque me he tenido que documentar con cada cosa que he escrito y me ha servido para conocer desde venenos letales xD hasta arquitectura, oficios, lugares de NY, jerga policíaca, etc. Estoy muy feliz!
La iglesia católica de San Malaquías se localizada entre Broadway y la Octava Avenida, una calle concurrida rodeada de grandes edificios donde el lugar de culto resaltaba por su diseño en piedra, su enorme rosetón y sus numerosas puertas.
La inspectora y el escritor terminaron de abrir la enorme puerta principal de la estancia al son de un crujido de bisagras.
-¿Hola?
El lugar era austero pero acogedor, con numerosas velas encendidas. Kate anduvo por el pasillo principal saludando en voz alta con la esperanza de encontrar a una respuesta.
-¿Hay alguien ahí?
Una señora, de la que apenas se habían percatado se encontraba rezando en primera fila, cuando se acercaron a ella vieron que se trataba de una anciana.
-Hola, perdone…
La mujer le interrumpió balbuceando cosas en otro idioma, dejando a su vez a Kate con la boca abierta; entre quejas y gestos secos la anciana, de aspecto rumano, se marchó.
Beckett giró su rostro hacia Castle.
-¿La has visto?
Castle asintió con los ojos muy abiertos y las cejas altas. Kate se relajó y se rió ante su mueca.
-Bueno …- la atractiva mujer policía miró a su alrededor.
-¿Qué viste Bruce?- se preguntó alzando su vista hacia la majestuosa bóveda de piedra azul, con puntos blancos imitando un cielo nocturno, fue entonces cuando se dio cuenta, se fijó en lo que parecía una cámara de seguridad que se encontraba a mitad de una columna, justo por encima del capitel. Frunció el ceño.
-Bienvenidos a la casa del señor- los usurpadores dieron un brinco del susto.
-Soy el padre Karras- dijo sonriendo -¿qué desean?.
Un señor, de unos cincuenta años, con escaso pelo canoso y ataviado con sotana apareció tras ellos
-Buenas señor Karras, soy la inspectora Beckett y éste es el señor Castle, venimos a causa de una investigación del homicidio. ¿Conocía al señor Mendoza?, Bruce Mendoza- Kate le mostró una fotografía.
El padre asintió con pena. Becket guardó la imagen en una carpetita azul.
-Era un buen chico, siempre puntual, detallista, restauró el capitolio de madera de San Judas Tadeo y estaba trabajando con el altar.
-¿Tenía usted una estrecha relación con Bruce? ¿le contó si estaba en problemas?
El cura miró al suelo.
-No hablamos mucho, él prefería trabajar solo- el señor mayor parecía recordar.
Un ataque de tos le cogió por sorpresa, y se disculpó -¿Desean agua?
Kate miró a Castle y asintieron.
-Talbot- un joven monaguillo apareció por una puerta lateral con una jarra con agua fresca.
El cura sonrió y le acarició la cabeza gentilmente.
-Eres un chico muy inteligente Talbot.
El joven les sirvió el agua y se marchó solo con la jarra que estaba casi vacía, Beckett lo observó con detenimiento, sus cabellos oscuros, y sus ojos marrones parecían tímidos ante la presencia de una mujer.
-¿Qué hace él cuando está en la iglesia?
-Normalmente atiende al servicio del altar, es decir me ayuda en las misas, me ayuda con la sotana, sufro de dolores de espalda desde que tengo memoria, vigila las velas votivas, atiende en el ofertorio a la recogida de los dones y a veces, cuando las limpiadoras no pueden venir ayuda en el cuidado de la iglesia.
Beckett miró a la nada, en su cerebro se entramaban posibles situaciones y una probabilidad.
-¿Puede llamar de nuevo al monaguillo?
-Claro, por supuesto- la voz ronca y grave del cura daba sensación de confianza y lealtad, pero a veces en eso se equivocaban.
-¡Talbot!
El niño de trece años salió de la misma puerta que antes y se acercó tímidamente a ellos, el chico no era tonto y había escuchado toda la conversación de inicio a fin.
-Hola Talbot, me llamo Kate, no me he presentado- la inspectora le ofreció una sonrisa hablando dulcemente, palabra a palabra, con la espalda encorbada, trataba de acercarse emocionalmente al chico.
-Qué nombre más curioso.
-Lo es, no conozco a nadie que se llame como yo. Bruce me decía que le recordaba al nombre de un vampiro de una serie de televisión.
La chica sonrió, -Veo que conocías a Bruce.
El monaguillo afirmó con la cabeza.
-Sí, sé que está muerto.
Beckett desvió su mirada a Castle que movió la cabeza en afirmación. Le gustaba compartir esas miradas con él, sentía que de ese modo eran un equipo, además, hacía tiempo que estuvieron a punto de transpasar esa línea.
-¿Y viste algo el día …
-Lo oí todo- le interrumpió el chico dejando a todos asombrados, inclusive al señor Karras.
-¿Es cierto Talbot?- se dirigió el cura a él.
Kate retomó el hilo de la conversación.
-¿Qué oíste exactamente?
El joven reconoció que estaba limpiando el interior del confesionario cuando vio a un hombre acercarse corriendo a Bruce. Comentó que le parecía que iba a pegarle pero que se relajó.
-¿Y qué le dijo?
-Tú y yo vamos a hacer un trato- rememoró el chico, -no te voy a matar ni aquí ni ahora, sin embargo vas a trabajar para mí- Talbot cerró los ojos –y le dijo algo como que era un trato por su vida y que tenía que dejar algo que no llegué a ver y que lo dejara en Siracusa o algo así.
-El yacimiento- dijeron Castle y Beckett a la vez.
- Después le oí respirar tan fuerte que parecía que iba a ahogarse, iba a salir, pero tenía miedo.
-Has sido un chico muy valiente Ta… - el joven cortó la frase a Kate.
-Luego escuché como el sonido de una enorme puerta abrirse, pero aquello no era madera- el niño frunció el ceño, inquieto, todos lo imitaron.
-Aparte de las puertas de entrada y las que dan a las oficinas, ¿hay alguna puerta más que comunique a otro sitio?
El cura miró a la nada, -a parte de las que ha nombrado solo está la de mi despacho, y la del cuarto de limpieza, no hay nada más.
-No eran esas puertas, era algo más gordo.
La incertidumbre los comía por dentro "¿Puede ser un efecto acústico?" se preguntó la detective.
-Oh, lo olvidaba por completo- Beckett se puso las manos en la cabeza cerrando los ojos, Castle notó que estaba cansada, el sol estaba a punto de caer, y eso en Nueva York significaba la oscuridad, pues los altos edificios tapaban el sol.
-Padre Karras, la cámara se seguridad que tiene ahí arriba …
-La instalamos porque nos han robado varias veces en el buzón de donaciones- le interrumpió el señor mayor apenado, escondiendo sus manos bajo la sotana.
-¿Están grabando las 24 horas?
Ante la afirmación del religioso Beckett casi ordenó…
-¿Podemos ver las grabaciones del día 24 de junio?
-Por supuesto, acompáñenme.
En una pequeña habitación adornada con una cruz y una imagen del Corazón de Jesús, el padre Karras se apoyó en el respaldo de una silla que estaba frente a un antiguo ordenador de torre con un monitor de tubo.
-Ehmmm, no me manejo muy bien con esto, creo que una vez cada cuatro semanas, si no han habido incidentes se borran los videos. Tú que sabes más que yo muchacho- se dirigió a Talbot. -¿Podrías buscarme donde guardamos los videos?
El chico se sentó en la silla y con tan solo tres clicks del ratón antiguo que tenía una bola en la base abrió el video del día señalado, una imagen de calidad media, en blanco y negro y sin audio.
Beckett le hizo adelantarlo hasta ver a Bruce entrar en la iglesia, una hora más tarde él seguía trabajando, con herramientas en mano, tras el altar, las patas del mismo estaban cojas y resquebrajadas y estaba solucionándolo.
Todo iba bien, hasta que Bruce alzó la vista y siguió algo con su mirada. Se puso en pie y dio dos pasos hacia un lado, su cuerpo se situó a la derecha de la pantalla, siendo tapado en parte por un hombre que estaba de espaldas y que portaba una cazadora de cuero negra, hablaban –su nuca…- Beckett se acercó a la pantalla a tan solo unos centímetros, debido a la calidad de la imagen –parece un símbolo oriental, es nuestro hombre.
Miró al escritor preocupada.
En el monitor el desconocido agarró a Mendoza por el cuello y lo mantuvo en el aire unos segundos. El joven se veía visiblemente asustado, mantuvieron una corta charla después y el desconocido desapareció por su derecha, tal y como había entrado.
Al poner un pie fuera de la iglesia de San Malaquías Kate Beckett recibió una llamada en su móvil, no reconoció el número.
-Inspectora, soy Emma Swan, tenemos que vernos.
Ya había anochecido del todo cuando la inspectora seguida de Richard Castle salían del ascensor en la planta que les correspondía.
Justo frente a la pizarra del caso se encontraban sus dos ex-sospechosas.
-El hombre al que buscáis mide uno ochenta aproximadamente, pesa unos 90 kilos y usa botas de campo del 46- Emma, la que hacía unas horas estaba en una de las celdas ahora parecía toda una inspectora de policía, una sheriff más bien.
Swan y Regina se habían cambiado de ropa, no sabían dónde pero su aspecto ahora era más cercano, vaqueros y camisas abrochadas, parecían parte del equipo.
Beckett y Castle se miraron.
-En otra época fui de los vuestros- dijo la rubia y se guardó las manos en los bolsillos traseros de su pantalón.
Los rostros de ellos se desencajaron.
-Bien, ¿y cómo sabes eso?
-Esa punta de bastón que tanto buscáis …- Emma tomó aire. –Nos pertenece, bueno, le pertenece a ella- señaló a Regina, que estaba junto a uno de los escritorios con los brazos cruzados, ésta se mordió el labio.
-Ahora me cuadran las cosas… es decir- Kate no paraba de pasearse ante los tres, tratando de forzar un rompecabezas que bien le estaba agrietando la suya.
-Me estás diciendo que ese objeto, buscado desde hace años, del cual casi ni se afirmaba su existencia y que fue hallado, presuntamente –enfatizó- en un yacimiento arqueológico … ¿era tuyo? ¿y dónde lo tenías, en el salón de tu casa?- se dirigió a Regina. La inspectora estaba algo alterada y su pregunta fue algo altiva, todo cobraba tanto sentido como el que perdía cuando ellas hablaban.
-No estaba en mi casa- dijo Regina serenamente, sabía que no podía insultar a un agente de la ley, pero ganas no le faltaron.
-Estaba en mi cripta.
Espósito llegó justo para escuchar la frase mágica de la misteriosa, incógnita, morena.
Agitó la cabeza -¿tu qué?
Regina con negó su cabeza, Emma miró al suelo. Estaban hablando demasiado, o quizás no lo suficiente.
-Osea, estás diciendo que el objeto que robasteis fue a su vez robado de una cripta que posees ¿dónde?
-En Storybrooke.
-Un pueblo que no existe, aham- Kate se mostró visiblemente desconfiada, sus manos se posaron firmes sobre sus caderas.
-Es una locura, pero es verdad- dijo Emma todo lo razonable que podía.
Kate miró a Espo, si había venido era con novedades.
-Una de las cámaras de seguridad captó el rostro del asesino- el policía le entregó una fotografía.
-No está en alta y tampoco la hemos podido identificar, no está en nuestra base de datos, pero al menos tenemos un rostro.
Las chicas se miraron preocupadas, necesitaban ver ese rostro.
-¿Puedo …- Kate retiró la fotografía tan pronto como Emma había extendido su mano.
-Beckett- le advirtió Castle –ellas pueden reconocerlo, estaban en el museo.
Se sostuvieron las miradas, y la chica le confesó a regañadientes que tenía razón.
Emma sujetó la fotografía, Regina se acercó por su derecha y con su cabeza casi apoyada en el hombro de ella escrutando la imagen, Regina se inclinó más para verla mejor dejando su mejilla junto a la de Emma, ésta señaló hacia el sospechoso.
-Mira sus manos …
Continuará…!
Espero que os vaya gustando!
