Título: Once upon a castle: EPISODE 11

Tipo: Crossover Castle/OUAT Swanqueen/Caskett.

Situación: Situado en la cuarta temporada, pero no sigue la línea argumental en todo, no existen ni Hook ni Hood.

Resumen: Regina y Emma y su Roadtrip a Nueva York, un objeto de la cripta de Regina ha desaparecido, pero las cosas se van a torcer para ellas cuando tengan que ir a buscarlo.


-Primera parada- dijo Beckett mirándolas a través del espejo retrovisor –voy a echar gasolina, cinco minutos.

Mientras la detective pagaba en el interior de la gasolinera Richard no dudó en entablar conversación con sus misteriosas "brujas". Apoyó su brazo en el reposa cabezas de su asiento y girándose hacia ellas les sonrió.

-Bueno, ahora que estamos solos, entonces ¿tenéis poderes?.

Emma buscó la aprobación en los ojos de Regina.

-Sí, bueno, son habilidades.

-¿Y las controláis?, ¿podéis hacer desaparecer cosas?

-Y personas- dijo la morena con algo de malicia. Emma observó esa sonrisa perversa y no pudo evitar sonreír. Esa malicia de Regina siempre le había atraído, y ahora que la conocía bien eso no se le suponía una amenaza.

-¿Si tú eres la bruja malvada también hici…

-Vuelve tu novia- le interrumpió Regina con desdén recostándose en el asiento.

-Oh, oh- Castle recuperó su posición en el asiento –y no es mi novia- dijo ya en susurros.

-De momento- susurró también la alcaldesa, con el brazo izquierdo apoyado en la ventana y el dorso de su mano sobre sus labios.

Emma negó con la cabeza sonriéndole –qué mala eres….- le susurró con complicidad y una pizca de travesura.

-Castle es como un niño, me divierte- le confesó.

Pasaron dos horas y tras una corta parada para ir al servicio estaban a pocos kilómetros de su casa.

-Llegamos en quince minutos- anunció Beckett.

Notó la tensión en el cuerpo de Regina que no dejaba de mirar por la ventana y su pierna tamborileaba nerviosamente. Emma extendió su mano por el asiento hasta encontrarse con la de la morena y la apretó leve pero firmemente, la tenía helada; Regina observó ambas manos pensativa y alzó su mirada entristecida, Emma se había echado hacia delante y agazapada le susurró –todo irá bien.

Por un instante y en ese ángulo la rubia pudo verle el escote, su mirada se posó sobre él -¿lo tienes preparado?- le preguntó.

-Sí, el pergamino está en el árbol.

-Cuando lleguemos a la altura de una línea roja pintada sobre el cemento detened el coche-, advirtió la rubia amablemente.

Castle y Beckett se miraron.

A los pocos minutos la línea apareció en el horizonte y la inspectora comenzó a bajar de marchas lentamente. Se desvió hacia el arcén y puso el doble intermitente. Regina salió del coche caminando por la linde y cuando se aproximó hacia la línea roja descendió por la cuneta y se acercó a un árbol cuyas raíces estaban en el exterior y con aspecto deshidratado. Bajo la raíz más gorda Regina sacó un pergamino enrollado.

-Es la puerta hacia Storybrooke, bueno, la llave- dijo Emma sonriéndoles algo nerviosa observando a Regina desde el coche.

-Aham, porque… ese trozo de papel está encantado, ¿me equivoco?- la detective no podía dejar de sentir como si todo fuese una intriga inventada, un cuento, una película. Ante ella solo había una carretera comarcal vacía, cercada por el bosque.

-Vamos- Regina se acercó al coche e incitó a la detective a que fuese arrancándolo.

En el interior el ambiente era confuso por un lado y nervioso por el otro.

-Escuchad, voy a leer en voz alta este pergamino y todos lo tenemos que tocar si queremos pasar juntos al otro lado.

-¡Estoy excitado!- gritó Castle ilusionado como si esperase abrir un regalo. Todas las chicas lo miraron sorprendidas ante ese ataque de ilusión infantil.

-¿Que…?, quiero verlo, vamos Regina, hazlo ya- apremió a la morena.

Un escueto texto que rezaba algo sobre Storybrooke, una maldición y el Bosque encantado salió entre los labios sensuales de la alcaldesa. A continuación, sin decir una palabra todos tocaron el pergamino que Regina había colocado en el centro del coche, sobre la carcasa que sostenía el freno de mano.

Beckett pisó el acelerador pisando la línea roja y de repente el pueblo de Storybrooke apareció frente a ellos, sus casas, sus tiendas, sus coches, Pongo cruzó la avenida y a continuación Archie que lo llamaba a gritos, era un precioso dálmata.

-No me lo puede creer- el motor del coche reinó en el interior del automóvil, Beckett permanecía con la boca abierta y Castle lo miraba todo como si fuesen fantasmas los que danzaban frente a él.

-Son personas reales, éste es nuestro hogar- dijo Emma.

-Tenemos que seguir, y tenemos que hacerlo ahora- apremió Regina. Kate asintió rápidamente, nerviosa, resoplando sobre un mechón rebelde que le caía sobre su frente una y otra vez continuó la marcha del vehículo.

-Vamos a mi casa- sugirió Emma.

-¿Seguro que estarán allí?

La rubia se encogió de hombros.

-No tengo mi móvil, ¿me dejáis uno?- preguntó al escritor y a su musa. El primero le dejó su smartphone, e inmediatamente Regina fue marcando mientras Kate circulaba a 10km/h por la avenida mirándolo todo como si nunca hubiese visto una tienda, un coche, un buzón o a los niños jugar.

-Blanca, soy Regina ¿y mi hijo?, ¿estáis bien?- Emma la miraba con el ceño fruncido, temiéndose malas noticias hasta que Regina suspiró -está bien, están bien, tenemos que hacer algo, no, ahora no podemos veros, y sí, estamos aquí, vale, cuídalo, y si algo se pone mal llamad a este número ¿vale?- colgó y le pasó el móvil a Richard –todo está bien, ahora vayamos al cementerio

-A sus órdenes- dijo Beckett renegada y hasta temerosa.

Detuvieron el coche en la entrada y con Regina como guía caminaron hasta toparse con el pequeño mausoleo de la familia Mills.

-Esto es lo que se veía a través del portal.

El crujido de una rama en el suelo tras la edificación las puso en alerta. Un hombre apareció desde detrás de ellos y agarró a Castle sujetando con una de sus manos su la barbilla –¡Un movimiento y le rompo el cuello!- amenazó el famoso hombre oriental.

Para entonces Beckett ya tenía su arma apuntándole –tranquilo, tranquilo, no vamos a hacer nada.

-¡Suelta eso!- advirtió.

-Un momento…- , Regina dio un paso lateral hacia Emma y con discreción le dijo –¿ves su collar?, ¿no te suena de nada?

Alicia Monroe, la abogada, no se había quedado en Nueva York, salió de detrás del mausoleo –buen trabajo querida- dijo con soberbia y un corazón latente en la mano mientras le ponía una mano en el hombro al hombretón.

Ipso acto Regina Mills hizo aparecer una bola de fuego sobre su mano.

-Caray, ¿y puedes encender cigarrillos con eso?- preguntó Castle asombrado aun siendo rehén.

-Yo no fumo…- lo miró mosqueada y desvió su mirada hacia la abogada.

-¡Castle! No es el momento- le riñó Kate casi incrédula.

-¡Tú! ¿cómo has podido hacer eso?- Regina se acercó a la abogada que sonreía divertida, apagó su bola de fuego, y se asqueó al notar que ella se dejó arrancar el collar, ese collar de cristal verde.

El rostro de la abogada se transformó en el de su hermana Zelena Mills, con su traje negro, su piel verde y su sombrero.

-No me lo puedo creer- dijo Emma estupefacta. Más estupefacta estaba Kate que había visto como una persona se convertía en otra y encima de piel verde. Tuvo que pestañear varias veces.

-Hola hermanita- sonrió con locura -¿te alegras de verme?

-Todo este tiempo has sido tú…, no sé por qué no lo he sospechado antes.

-¿Tal vez porque pensabas que estaba muerta?, oh, siento desilusionarte querida, no soy tan fácil de matar- se rió de nuevo.

-Pero él…, o ella…- Emma miró al captor de Castle y en ese instante el escritor le sacó de debajo de sus ropas un collar idéntico al de Zelena. Se lo arrancó con dificultad y el hombretón se transformó en Mulán. La joven guerrera apareció como perdida, desubicada, soltando a Castle.

-¿Mulán?- dijo Emma.

-Mulán… esto es surrealista, es mi película de Disney preferida- se dijo la detective casi para sí misma mientras negaba con la cabeza pensando en si se había bebido algo en mal estado.

Mulán se observó sus manos y cerró los puños -¡Tú!, ¿cómo me has hecho esto?- se fue directa hacia Zelena y ésta la frenó apretando su corazón. Se quejó y cayó de rodillas.

-¡Para!- dijo Emma.

-Ha sido divertido, pero estoy un poco cansada de huir… y hay algo por lo que debes de pagar Regina, algo que hiciste hace mucho tiempo.

La morena frunció el ceño.

-Claro que no te acordarás puesto que tienes una larga lista de víctimas, hermana, y la bruja malvada soy yo.

-¿Ella es la bruja malvada?- dijo Castle, que se había ido junto a Kate, ésta le había apretado el hombro y había suspirado aliviada al verle a salvo.

La morena se acercó a su hermana y la increpó

-Dime entonces, ¿qué hice mal? A parte de nacer, como una vez me dijiste …

-En el bosque encantado mataste a un cazador, era un día soleado y se cruzó con tu carro y tus guardas, estabas de muy mal humor y lo pagaste con él.

Regina la interrogó con la mirada

-Esa mujer no es quien soy ahora, era Evil queen…

–Ese- enfatizó la palabra interrumpiéndola -cazador era mi pareja, estaba enamorada de él, llevábamos dos años juntos, éramos felices ¿sabes?.

-¡Por eso lo de "cazado" en el cuerpo! Era una pista- apuntó Castle a Kate emocionado, se le había olvidado que poco antes casi le matan –Zelena quería cazar a su hermana, y si era en otro mundo, uno como el nuestro, donde no hay magia, las reglas iban a ser distintas.

-No sabía eso- contestó Regina a su hermana de forma neutral e intentó quitarle el corazón de Mulán de su mano pero ésta lo apretó con fuerza haciendo gritar a la guerrera en el suelo.

-Suelta su corazón, coge el mío si quieres y destrúyelo, yo soy la culpable de todo esto, ella no ha hecho nada salvo lo que le has obligado a hacer, déjala libre.

Su hermana pareció pensativa y tiró con desdén el corazón al suelo.

-De acuerdo, pero antes…

Zelena le lanzó a su hermana una ráfaga de magia oscura que la tiró al suelo haciéndola rodar, a la detective le hizo desaparecer su arma en una nube verde, Emma entró en acción y le lanzó desde sus manos una fuente de energía blanca que Zelena rebotó y la hizo chocar contra el tronco de un árbol a unos metros atrás, Regina aprovechó esa distracción para rodear a su hermana y haciendo aparecer en su mano el brazalete encantado anti magia que había usado en otras ocasiones se lo colocó en una de sus muñecas bloqueándole toda la magia.

-¡Mierda!- esbozó la pielverde.

Regina miró a Emma que estaba apoyada sobre un árbol con las piernas estriadas junto a la detective y el escritor y se aproximó corriendo hacia ella, obviando a su hermana, que sin magia ya no presentaba un peligro.

-¡Emma! ¿estás bien?- su rostro estaba desencajado, se acuclilló junto a ella tocándole el hombro preocupada.

-Creo que sí- dijo en susurros aun con los ojos cerrados.

-¡Ouch!- se escuchó quejarse a Zelena, Mulán le acababa de golpear en la cara. Regina asintió aprobando el gesto y se volvió a girar hacia Emma, -vamos- la ayudó a levantarse dándole apoyo en una de sus manos y con la otra cubriéndole la espalda.

-¿Se pondrá bien?- dijo Beckett preocupada.

-Sí, estamos acostumbradas a esto, ¿verdad?- le dijo tiernamente a la rubia.

-Más o menos- Regina rió por su tono de voz y ésta abrió los ojos y la miró, estaban cerca la una de la otra, pues la morena le hacía de apoyo, sus miradas reflejaban algo distinto.

-Necesita descansar- dijo.

-¿Y estamos a salvo?- preguntó Castle

-Ahora sí- Mulán salió de la cripta de Regina con el bastón de Odín completo en sus manos y lo separo en dos piezas, observo seria a Zelena a la cual había dejado maniatada a un árbol –ahora sí se ha acabado todo, debemos de quemar una de las piezas, la vara.

-Eso es pan comido- Regina cedió a Emma a la inspectora que la sujetó con miedo de hacerle daño, se remangó e hizo una bola de fuego en su mano, la lanzó sobre el bastón y éste se prendió.

Mientras observaban quemarse el bastón sobre el suelo Emma se había sentado sobre una lápida apoyando sus codos en sus rodillas, Regina observaba la punta de flecha entre sus manos y Mulán parecía querer decir algo.

-Yo… siento todo lo que he podido hacer en este tiempo.

-Sabemos que estabas dominada por Zelena, no tienes por qué pedir perdón ahora- dijo Emma casi sin mirarla, estaba bien pero le dolía la cabeza por el golpe.

-Pero me siento mal Emma, era consciente de todo lo que hacía pero no podía hacer nada, me obligó a recolectar plantas venenosas, me dio un cuerpo que no era mío, uno con fuerza y dotes sobrenaturales, era pero no era yo.

-A veces no somos nosotros mismos…- Regina observó a su hermana, aunque se alegraba de haberla capturado se sentía tremendamente identificada con ella.

El bastón era ya todo cenizas sobre el suelo.

Continuará

el siguiente es el FINAL, aunque ya está casi todo contado.
Espero que os esté gustando.