Capitulo 1: El funeral
"Cuando una niña con ojos de luna y cabellos nocturnos pierda a su padre de sangre, irá hacia los gitanos y entre ellos estará en familia"
Arcano de los gitanos
Era una tarde de octubre, con los cielos grises y con la lluvia cayendo en el camposanto.
Dos funerales se llevaban a cabo; el primero era sobrio y triste, como todo funeral, un minero Tom Everdeen se encontraba en el ataúd rodeado de unas pocas personas todas conocidas.
Solo dos familiares se encontraban en aquel lugar despidiendo a este hombre: Su viuda, una mujer rubia llamada Effie Trinket y con ella en brazos, su pequeña hija llamada Katniss quien contaba apenas con un mes de nacida.
Cuando el cuerpo ya iba a ser sepultado, una bandada de sinsajos se posó sobre los sauces del cementerio y entonó una melodía lastimera.
El otro funeral, era algo fuera de lo común, pues había música, baile y cantos en un idioma extraño. Era un funeral gitano.
El cuerpo era de una mujer; Mayslee Donner, quien falleció al intentar tener a su segundo hijo, quien tampoco sobrevivió, pues al morir la madre, también murió el pequeño.
Al lado del féretro de color marfil, se encontraba su esposo Haymitch Abernathy, líder de la tribu gitana del sinsajo. Él al igual que la mujer del otro funeral llevaba en brazos una pequeña niña de un año llamada Annie.
Cuando los sinsajos entonaron su melodía, la comitiva que acompañaba los cuerpos de Mayslee y su bebé guardó silencio, cesaron los cantos y las danzas y en su lugar una anciana ataviada con una pañoleta de color negro con ribetes dorados tomó un puñado de tierra y pronunció esta oración:
"Dejaste la pared de nuestros sueños tatuada con la sombra de tu nombre, y un aroma de silencio se vierte en el vacio
Descansen en paz hijos míos, llevad en brazos el misterio, de la vida, el amor y la muerte, en vuestro seno eterno"
En ese momento, todos los presentes se arrodillaron y la anciana arrojó el puñado de tierra sobre el ataúd, luego poco a poco los presentes se levantaron e hicieron lo mismo, quedando de último el atribulado viudo con su hijita en brazos.
Todos los presentes de ambos funerales se retiraron de prisa por temor a la tormenta.
-Adiós Amada - dijo Haymitch con voz ronca - No nos olvides. Y arrojando la tierra se retiró del lugar.
En ese momento la lluvia cayó con más fuerza como si el cielo diera la bienvenida a dos personas amadas, dos personas que sin conocerse llegaron juntas a la eternidad.
