El tren dio el último pitido dando anuncio a que partiría pronto, en uno de sus vagones, tres siluetas miraban en silencio el paisaje…
Que diferentes eran los hermanos Elric y aquel miembro reintegrado al círculo hermético que ellos formaban… Cualquier familia al reencontrarse, no pararía de hablar, de reír, de abrazar… pero los tres se mantenían en un relajado silencio, mientras el albino acariciaba distraídamente la mano de la armadura metálica y Edward, cruzado de brazos y con la cabeza apoyada en el cristal, viendo el paisaje cambiar lentamente.
Por supuesto, ninguno de los tres había vivido, desde su separación, momentos felices y los tres eran consientes de la situación de los otros dos, después de todo ¿Quién podía pasar una vida feliz y agradable metidos en el ejercito en pleno estado de guerra permanente?
-Buscaremos una solución a esto Al...-
La voz suave y serena, aunque teñida con un tono preocupado, se dejo escuchar, sacando de aquel letargo a los dos hermanos.
-No te preocupes Yue chan-
Sabiendo que el elemento principal para construir una Piedra Filosofal, era cuerpo, carne, alma y mente de una persona, la misma ética de Alphonse y Edward les llevaba a dejar aquella posibilidad de lado, después de todo, demasiadas muertes inocentes se habían perpetuado en aquella búsqueda, en medio de una guerra contra algo que va más allá de un simple idealismo político o codicioso de poder. En el fondo, las guerras, las peores de ellas, eran aquellas que te llevaban a medir tus propios valores, en situaciones límite, como había sido el caso de los hermanos Elric.
Edward miró al albino, sabía que bajo esa sonrisa dulce que le dedicaba , había dolor, pesadillas, momentos de tortura, no física sino simplemente momentos en los que, desearías morir al sentirte sin alma y sin consuelo… se preguntaba cuantas veces, a escondidas, había visto a su superior, en ese estado, la mirada perdida en un rictus de dolor , que solo podían llevar a la determinación de buscar la paz, la redención y el perdón a través de la felicidad de los inocentes que no pidieron una guerra, solo la libertad.
Y ahora los tres debían enfrentar una misión, en la que, rogaban no encontrar a aquellas jóvenes desaparecidas en el peor de los estados, o de no encontrarlas, pues, conociendo a quien podría estar tras esto, significaba que debía avecinarse una nueva guerra, de humanos, contra un nuevo dios…

-Valentine Noir…- leyó Yue para romper aquel silencio nuevamente – Conocido como el Porcionista del Amor… sus pociones son eficaces, y es muy frecuentado por las jovencitas del pueblo- suspiró y negó – Puede ser que sepa algo sobre las desapariciones, o esté involucrado, el Taisa no nos enviaría si él no tuviera nada que ver…-
Edward levantó una ceja, había escuchado de aquel mago del amor, famoso entre las chiquillas de su edad, no solo por su capacidad de solucionar cualquier problema amoroso, sino también porque, en palabras de ellas, era bastante bien parecido, como un ángel venido del cielo.
-Debe ser un presumido – murmuró casi con una leve vena inflamada en su cien, recordando a Roy Mustang, su arrogancia y su mirada de superioridad…
-Edo estas rojo…-
Yue se inclinó y le beso la frente ante la mirada de la armadura donde estaba metido Alphonse, notándolo afiebrado, por lo que suspiró y antes de que pudiese decir algo, la puerta del compartimiento se abrió, dando paso a la alta e imponente figura de su superior.
-Taisa...-
Los tres jóvenes miraron al mayor sin saber exactamente qué hacía allí cuando horas atrás lo habían dejado en central… y el moreno pareció entender la incógnita de sus miradas por lo que sonrió suave, pasando y sentándose en el único espacio vacio, junto a Edward.
-Subí antes de que el tren partiese, necesitaba solucionar unos asuntos – les explicó y vio como el rubio aparte de rojo parecía que iba a desmayarse en cualquier segundo y antes de que dijera o hiciera algo, Edward había caído casi dormido sobre el mayor.
-…Full metal...-
Por una extraña razón, el mayor dejo al menor descansar en su regazo, sabía que días atrás había llovido y Edward en sus idas y venidas investigando se había calado hasta los huesos, era normal que ahora estuviese enfermo aunque sea solo un resfrío o una gripe. Y ante la mirada de los dos jóvenes le arropó con su chaqueta.
-Taisa…-
El les hizo seña de que guardasen silencio, aun quedaba un trecho por recorrer y era mejor dejar descansar al chibi hagane… distraídamente el moreno acariciaba la espalda del menor perdido en sus propios pensamientos…

… Un lado y otro de la puerta… Edward caminaba por aquel espacio blanco, tan blanco y vacio que daba miedo… en el fondo había dos figuras jugando inocentemente un juego de palmaditas…
Su hermano, de carne y hueso, con sus ojos con profundas ojeras, aunque ya no tan delgado y demacrado jugaba con una bella niña de 17 años , cabellos blancos y hermosos ojos azules.
-… Alphonse… Usagi…-
Ambos le sonrieron con felicidad al verlo.
-Esto es…-
-Un sueño…- aclaró Alphonse – Es la única forma en la que podemos contactar contigo, por ahora-
Usagi solo asintió dejando que sus cabellos platinados se moviesen con gracia sobre su lindo vestido.
-Pero... estas... te ves...-
Alphonse asintió, ahora estaba vestido con unos pantalones y una camisola holgada.
-Aquella vez que abriste la puerta, despertaste a Usa chan… solo fue cuestión de tiempo para que me encontrase y prometiese acompañarme… ella... es real... Yue no mentía, es real…-
Edward vio a la platinada y estiró su mano humana para acariciarle la mejilla… tantos años regañando a Yue por hablar solo delante del espejo... hasta que un día dejo de hacerlo entre lagrimas, porque "alguien se había llevado a su onechan"… y ahí estaba, la viva imagen de Yue pero en forma femenina, como habría sido su gemela de haber estado vida…
-Usa chan...-
-Niichan…-
A diferencia de Yue, la vocecita de la chica era cantarina y graciosa, como la de una niña pequeña, de alguien inocente, alguien lleno de bondad y amor como para quedarse junto a su hermano y nutrirlo con sus propias energías.
Ambos chicos señalaron un espejo en donde Edward pudo versé a si mismo durmiendo en el regazo del moreno.
-WAA!-
Dio un salto y podía verse la vena palpitando en su frente causando la risa en los dos jóvenes.
-¿Qué hago ahí!? Es un sueño ¿verdad?-
Ambos negaron.
-Tu estas así ahora...-
-… acostado sobre Roy Mustang...-
Porque, al escuchar aquel nombre, simplemente sus mejillas se teñían de rojo furioso, era solo el nombre de su superior, de aquel arrogante hombre sin escrúpulos, pervertido y mujeriego…
-Niichan... deberías aceptar tus sentimientos de una vez…-
El mayor se giró y los miró, sus ojos estaban tristes y ya no quedaba ni rastro de aquel sobresalto que había tenido segundos atrás.
-No puedo...-
-¿Por qué no?- preguntaron ambos al unisonó
-Porque… tu... y ahora Usa chan…-
Alphonse le puso un dedo en los labios sonriéndole.
-Estaremos bien…
-Pero...-
Esta vez fue Usagi quien habló
-Edo chan…- le acaricio los cabellos – Debes ser feliz... lo mereces-
-¡NO!- Edward les miro dolido y culpable – No puedo ser feliz... estando ustedes...-
-Estaremos bien… te lo pedimos...-
-Dale una oportunidad a tu corazón…-
-Y se feliz…-

Abrió sus ojos encontrándose recostado en un cuarto blanco, no era de un hospital, dado a los ositos de felpa y libros que había en los estantes y el enorme dibujo de una luna creciente dentro de un octógono azul claro que había pintado en el techo… reconocía aquel cuarto, ese perfume y esas sabanas de seda que se movían a la perfección con aquel pijama de la misma tela... Estaba en el cuarto de Yue, en la mansión Croix, hogar del doctor Fausto Croix, mejor conocido como el alquimista blanco al cual los dos adolescentes detestaban, por haberlos separado cuando eran pequeños, poco antes de que Trisha Elric muriese…
-Donde… o mejor dicho... ¿desde cuándo...?-
La armadura y el albino se pararon cuando escucharon aquella voz y sonriendo aliviados.
-Niichan, dormiste toda la mañana y la tarde, ya es de noche...-
-¿¡Que!?-
-El taisa te trajo aquí, para que mi padre te viese... y – Yue parecía molesto – Obviamente, insistió en que nos quedásemos para mantenernos vigilados-
-¿Y Aceptó?-
- El taisa confía mucho en mi padre, ¡y sigo sin entender la razón! –
-No conoces el dicho, dios los cría, el viento los amontona…- dijo Edward con un tic en el ojo – Quizás tu padre quiere otra mordida- dijo malignamente gracioso a lo que logró sacarle una pequeña risa cómplice a los dos muchachos por el recuerdo.
-Eres un bruto niisan-
-Y de todas formas me termino llevando...-
-Si pero con recuerdito en su mano, ¡Jáh!-
-Repito... eres un bruto…-

Edward suspiró y les sonrió para dejarlos tranquilos, pensativo por aquella conversación en sueños…
¿Debería darle a Roy Mustang, la oportunidad de hacerle saber sus sentimientos?