Capitulo 29: Actos de amor II
El amor es la fuerza que mueve el universo, la música que alegra el corazón, la mezcla de pureza y lujuria que da origen a la vida misma.
Al otro lado del distrito, Annie y Finnick entraban a una suite de lujo en uno de los mejores hoteles del distrito 12.
Durante el camino iban tomados de la mano, Finnick se comportaba como un hombre tierno, Annie por otro lado estaba nerviosa, sin embargo aceptaba los besos de su esposo con mucho amor.
Luego de registrarse en la recepción, no pudieron evitar besarse con locura en el ascensor, con mucho esfuerzo Finnick logró introducir la tarjeta llave del cuarto y sin más preámbulos alzó en brazos a Annie, cerró la puerta de una patada y llevándola a la cama, le quitó el vestido dejándola en ropa interior.
Annie por su parte le ayudó a quitarse a Finnick el saco y la camisa, no hacían falta las palabras, los latidos eran intensos, los besos demostraban lo que no era necesario decir con palabras.
Al quedarse sin prenda alguna se dieron a la tarea de explorarse y reconocerse uno al otro, primero con las manos, luego con los labios y por ultimo con la unión de sus cuerpos.
Cuando ese momento llegó, no hubo necesidad de preámbulo alguno, Finnick entró en el interior de Annie de un solo golpe, ella debido a la excitación que tenía en su corazón y en su cuerpo solo sintió una tensión que anhelaba explotar.
Cuando ambos tocaron el éxtasis, simplemente fue un poder nuevo, una conexión universal, era como si sus corazones y sus almas entonaran una melodía única surgida de los confines del tiempo.
Annie fue la primera en recobrar la conciencia, sentía que su cuerpo ya no le pertenecía, era una sensación extraña pero al mismo tiempo gratificante.
Con mucho cuidado, se movió despacio, para no despertar a Finnick, luego tomó una bata que había en un mueble, se la puso y se dirigió al baño.
Solo cuando fue al cuarto de baño, se dio cuenta de que en la habitación había una pequeña bandeja con fruta, al lado de esta había una botella de vino blanco y dos copas.
En el baño tuvo la tentación de llamar a su hermana, pero resistió, quizás su hermanita estuviese ocupada como ella lo estuvo hace un rato.
Cuando vio una mancha de sangre sobre el muslo derecho, Annie se asustó un poco pero recordó la conversación que había tenido con su madre y su hermana, comprendió lo que le había sucedido, ya no era una prometida, ahora era una esposa.
Lo primero que hizo Finnick al despertar fue estirar el brazo para buscar a Annie, se encontró con que no estaba en la cama
Aun estaba oscuro, así que se levantó y comenzó a buscarla por la habitación, al encontrar la puerta del baño cerrada, supuso que estaba allí.
Annie ¿Estás bien?
-Si- respondió ella al otro lado- Ya salgo
El se sentó en el borde de la cama y notó la mancha de sangre que había en las sabanas.
Recordó lo que había pasado y se sintió culpable, Annie no era una muchacha de puerto, era su esposa y debió haber hecho las cosas con más cuidado.
Al verla parada frente a él, Finnick se sintió mal, Ella, su Annie, le había entregado su prenda más preciada y el simplemente la había tomado como un ladrón.
-Lo siento- no quería que las cosas fueran así.
-No te sientas mal- Aunque no lo creas, fue mejor así.
-Tú merecías algo mejor que una locura momentánea.
-Finnick, está bien, fue algo bonito, aunque un poco loco.
¿De verdad no piensas que fui un salvaje por todo lo que pasó?
-No, para eso se necesitan dos y créeme, fue muy gratificante participar de algo salvaje por primera vez.
-¿Estas hablándome en serio?
-Lo que importa ahora es que tú y yo estaremos juntos hasta que uno de los dos se vaya al otro lado. Lo demás no importa.
-Perdóname, fui un bruto contigo
-Lo bueno es que solo yo puedo hacer que seas bruto.
-De acuerdo, entonces prometo comportarme como un bruto de vez en cuando
-Y yo estaré gustosa de ayudarte a ser un bruto.
Sin decirse nada más se abrazaron y volvieron a la cama, para tratar de dormir un par de horas antes de viajar a su nuevo hogar.
