II

No habían transcurrido ni dos meses, y la Unión Soviética había lanzado su segundo satélite. La noticia no fue una buena nueva para el americano, que no hallaba más sitio dónde colocar su frustración. Ni siquiera quiso saber los detalles.

Lo peor es que habría una reunión por parte de la ONU para discutir el pequeño problema que sufría España con su duelo ante Marruecos. No es que no le gustara ayudar o le cayera mal el latino, pero lo último que quería era dar la cara ante el resto.

Se encontró deambulando entre los pasillos del edificio, había llegado algo temprano. Iba tan perdido mentalmente que no escuchó la voz por detrás hasta que sintió una mano en su hombro. Era el inglés, con el ceño fruncido.

— ¿América? ¿Qué pasa contigo?

—Oh, Inglaterra… También llegaste temprano —sonrió levemente, sintió algo de alivio al tener a alguien agradable con quien pasar el rato.

—Por supuesto; un caballero siempre es puntual —suavizó su semblante al no ver la acostumbrada hiperactividad de su ex colonia— ¿Te encuentras bien? Estás un poco… raro.

—Sí; estoy bien —mintió— ¿Cómo vas con tus tejidos de anciano?

— ¡No te metas con mi costura, impertinente! —Volvió a su expresión huraña— Y no trates de cambiarme el tema. Te conozco.

El americano rió esta vez, derrotado.

—Odio que me conozcas tan bien —le dedicó una mirada profunda, pero aún sonriendo—. Aunque también me gusta. Me gusta mucho.

—Claro que debería conocerte bien… —desvió la mirada; no le gustaba cuando el chico asumía su papel maduro; se sentía como niño frente a él—. Yo te crié.

Estados Unidos torció la boca. Se acomodó las gafas, mientras divisó a lo lejos al resto de las naciones, que comenzaban a adentrarse en la sala de juntas.

—Vamos, no querrás llegar tarde.

El inglés notó el cambio, avanzando mientras hacía conjeturas. Entonces lo recordó.

—Oye, ¿estás así porque la Unión Soviética de nuevo...?

—No me hables del bastardo comunista —cortó con voz grave, descolocando un poco a Gran Bretaña—. Seguramente todos van a felicitarlo por eso hoy. De todos modos, parece que lo mejor que puede hacer es lanzar satélites…

—Oye, sé que te molesta… Pero sinceramente no creo que eso ocurra.

— ¿Eh? ¿Por qué lo dices? —su voz acostumbrada regresó a él, mientras entraban a la sala. Todos se encontraban conversando, faltando pocos minutos para el inicio formal de la reunión. Francia se acercaba a ellos, saludando de forma extravagante.

—Bueno, es Rusia, después de todo…

Salut —Se acercó a cada uno, dándoles sus acostumbrados besos de bienvenida—. ¡Inglaterra, tan horriblemente vestido como siempre! —Exclamó falsamente escandalizado— mira nada más este saco… —terminó con un rápido toqueteo al pecho del inglés, poniendo histérico al mencionado, y ganándose una mirada afilada por parte del occidental. No dio tiempo a ninguna queja, alternando de persona—. Y Dios, ¿qué ha pasado contigo América? Estás como un zombi…

—No me veo tan mal —protestó inflando las mejillas, mientras saludaban a un agobiado España, el cual no veía hora de empezar.

Después de unos minutos, algunos países callaron de golpe. El ruso hizo acto de presencia. Portaba su fiel cañería a modo de bastón, caminando con parsimonia, y la eterna sonrisa tatuada en su rostro. El ambiente general del cuarto se hizo más denso.

Estados Unidos apretó los dientes, tratando de controlar sus ganas de romperle la cara con su propia tubería. Imaginó que el resto de los que habitaban con él entrarían al tiempo, pero al parecer llegaba solo. Algunos países como Alemania, Japón y Francia, lo saludaron con la habitual formalidad –excepto el francés, que lo hizo del mismo modo que con todos–. El resto se limitó a alejarse sutilmente del eslavo, como de costumbre.

—Felicidades por los satélites que lanzaste, es un gran salto tecnológico —se escuchó decir a Francia, tan jovial como siempre.

—Gracias, eres el primer país que me felicita. Aparte de mi familia, claro —el ruso sonrió feliz.

—Ya lo harán los demás —le dio una palmadita muy suave en la espalda, alejándose también, pero con más tacto—. Ahora disculpa; debo hablar con Inglaterra. Felicidades de nuevo —le dedicó una sonrisa algo forzada y se dirigió de nuevo con ambos rubios.

Rusia se sentó tranquilamente, mientras Alemania daba un último chequeo al temario de la junta, siendo acosado con miles de parloteos por parte de Italia. Cuando el eslavo dirigía su mirada a alguna nación, ésta se ponía nerviosa o trataba de ignorarlo, como siempre. Suspiró, intentando mantener su sonrisa intacta.

—Me da un poco de lástima —comentó Francia cuando regresó con Inglaterra y Estados Unidos—. Le tienen demasiado miedo para siquiera elogiarle, aunque tampoco creo que alguien tenga ganas de hacerlo.

—Tú lo hiciste —comentó Inglaterra escuetamente, mirando de reojo al americano.

—Porque no me quedaba de otra —suspiró con una sonrisa cansada—. Aunque me opongo a su ideología, soy de los pocos que se lleva medianamente bien con él. Es algo triste ver cómo nadie quiere dirigirle la palabra…

—Se lo merece —siseó la nación más joven del trío, mirando al susodicho con todo el odio que podía enviar a través de sus ojos—. Por ser tan retorcido.

Los europeos suspiraron, sin tener ganas de llevarle la contraria. En realidad no diferían mucho de aquel comentario, pero decidieron guardarse sus opiniones.

El ruso sintió la mirada fiera, posando sus ojos violáceos en el par azul. Se limitó a sonreírle, de forma más perturbadora. Sabía que eso era suficiente para molestar al occidental, como estaba ocurriendo.

—Pero, ¿¡es que ustedes lo ven!? ¡El muy maldito me sonríe como si nosotros fuéramos algo!

—Tranquilo América, es su forma de molestarte —Inglaterra lo empujaba levemente a su silla (retirada lo más posible del soviético). Alemania había dado la señal de que la junta empezaba—. No lo dejes hacerlo, debes probarle que eres maduro.

Estados Unidos bufó, pero se limitó a seguir el consejo. Al menos el hecho de que nadie felicitara a Rusia lo hacía sentir mejor. Intentó tener eso en mente un rato más, poniéndose de buenas rápidamente.

Tuvo que esperar dos meses más para poder lanzar su primer satélite. No estaba del todo conforme, pero los resultados fueron estupendos para calmar a su pueblo. Por supuesto, invitó a Inglaterra a su casa para mostrarle su más reciente descubrimiento.

— ¡Vamos Inglaterra, sólo faltan dos horas! —Ambos se encontraban en un laboratorio de Washington— ¡Es totalmente asombroso!

—No sé que puede ser tan asombroso a las once de la noche, pero espero me tengas reservada una habitación en algún hotel, porque no pienso viajar a mi casa a estas horas.

—Es que se ve mejor a esa hora. ¡Te aseguro que vale la pena!

—Sólo espero que no me vengas con cosas como naves extraterrestres o cosas por el estilo…

—Los aliens son reales, ya te lo dije —infló las mejillas, enfurruñado—. No es mi culpa que no puedas verlos. Son como tus amigos imaginarios…

— ¡Ellos sí existen! —Exclamó el otro, como siempre que hablaban de sus criaturas—. Eso y esto es diferente.

—Ya, claro… porque es más creíble decir que los unicornios y las hadas habitan entre nosotros…

—Dios —rodó los ojos, visiblemente harto—. Sólo quisiera saber cuándo vas a parar con esto. Tu inmadurez con la ciencia ficción es...

— ¡No es ninguna inmadurez! —Replicó, sintiéndose ofendido—. De serlo, Rusia no estaría igual de obsesionado con encontrar mensajes extraterrestres…

— ¿Pero tú te estás oyendo? —El anglosajón lo miró boquiabierto, intentado no sonreír burlonamente—. Estás hablando de Rusia… Él no está cuerdo. Es normal que crea en ese tipo de tonterías.

Estados Unidos frunció el ceño, tomando un semblante más serio. Odiaba que lo siguiera subestimando. Lo odiaba porque sabía que era muy superior a Inglaterra, y éste aún no quería verlo como tal.

— ¿Entonces yo tampoco estoy cuerdo? ¿Mis investigaciones son tonterías?

—Yo… no dije eso —respondió, algo apenado por ser tan directo—. Hablaba de Rusia, no de ti.

En realidad lo único que el inglés había estado pensando todo el día era cómo entrenar a su liga para la copa mundial de fútbol, y la increíble ópera que Francis le recomendó para analizar la próxima semana. Los asuntos espaciales no le entusiasmaban en lo absoluto. Y el americano no era tonto respecto a la situación, pero eso no le impedía tratar de contagiarle su pasión al británico. Aunque cada vez se convencía más de que era inútil.

—Creo… que a esta hora está bien —murmuró el occidental después de un incómodo silencio—. Ya está lo suficientemente oscuro. Pero no importa si ya no quieres venir…

—Oh, no —replicó, tratando de arreglar la situación—. No voy a irme ahora. Vamos, muéstrame eso tan genial que me hará tragarme mis palabras.

Estados Unidos sonrió de nuevo. Tomó la mano del británico, guiándolo a su laboratorio. Llegaron hasta una sección privada, la cual estaba repleta de los monitores y radares más avanzados de la época. El mayor observó todo, totalmente asombrado.

—Todo esto… ¿Es tuyo?

—Síp —sonrió incluso más, con orgullo—. Dentro de poco lo inauguraré oficialmente. ¡Será la mejor y más grande agencia espacial del mundo!

—Es… asombroso —y no mentía. Se detuvieron frente al enorme ordenador que comandaba el primer satélite estadounidense.

—Eres el primero al que se lo muestro —suelta el americano en un susurro, entrelazando sus dedos con los del británico. El segundo enrojeció un poco, vacilando en cómo reaccionar. Aún era como su hermano mayor, después de todo.

—Ehh… y… ¿y cómo funciona? —carraspeó un poco.

— ¡Oh, cierto! —soltó la mano del mayor, activando los sistemas de transmisiones para que sus enormes antenas allá afuera pudieran captar lo solicitado. Una vez que todo fue correctamente coordenado, una pantalla comenzó a transmitir diversas ondas que ocurrían fuera del planeta.

— ¿Qué es esto? —preguntó Inglaterra, sin saber siquiera lo que estaba viendo.

— ¡Son cinturones de partículas! —Exclamó el chico, aún emocionado— ¡La tierra está rodeada de muchos de estos, como si fuéramos alguna especie de planeta alien! ¡Imagina lo que podemos hacer con esto!

—Vaya, pues… supongo que alguna utilidad deberá tener, sí… —el británico trató de sonreír, realmente sin poder compartir la misma euforia que el chico. No negaba que era un buen descubrimiento, pero desde su punto de vista, sólo era algo que estaba en el espacio. ¿Para qué podría servirles a los humanos? Ni siquiera era posible ver las partículas a simple vista—. Es… es grandioso, América.

El americano río escuetamente, dándose por vencido.

—Sigues pensando que nada de esto tiene sentido… ¿verdad?

El inglés apretó los ojos, sabiendo que aunque mintiera, sus ojos lo seguirían delatando.

—América, sinceramente, yo… no tengo las mismas ideas que tú —trató de sonar dulce, aunque no supo si lo estaba logrando—. Para mí concentrarme en lo que tenemos aquí en la tierra es indefinidamente mejor… Pero no digo que lo que hagas sea estúpido.

—No; no lo has dicho—respondió casi al instante, desviando la mirada—. Pero sí lo piensas —ahogó un suspiro, apagando casi de golpe todo el equipo—. Ya es tarde. Vámonos.

Se dirigió hacia la salida, dejando al otro con las palabras en la boca, y sin más opción que seguirlo. Estaba dolido, y decepcionado de su ex tutor. No pudo evitar pensar que si le hubiera mostrado todo esto al ruso, seguro estaría casi enloquecido preparando su siguiente maniobra para adelantarlo.

Porque Rusia sí lo tomaría en serio. Quizás era el único de los países que en realidad lo hacía.

Estados Unidos palideció, sintiéndose repentinamente enfermo, ignorando la voz preocupada de Reino Unido enfrente suyo diciendo algo vago como "¿América, te sientes bien?"

« ¿Qué demonios acabo de pensar?»

¡Segundo capítulo! Espero no haya salido aburrido leer siete hojas, pero mi inspiración aún no me ha abandonado, y creo que ha sido mi actualización más rápidaen toda mi existencia en Fanfiction XD Supongo que es porque he estado súper intensa con History C. Y el feeling que me ha dejado "Gigantes de la industria"… ¿aunque a quién le importa esto? XD Igual sólo quería expresarlo (?)

Ahora… seguro se ve como que mandé la relación de Rusia y Estados Unidos por un caño con todo este ambiente USUK… Pero es necesario como un proceso natural (?) En fin, no será todo el tiempo así. Y qué demonios, el yaoi me sale por los poros, así que no se sorprendan si se encuentran más escenas de este tipo…

Disculpen si Inglaterra está tan… equis (?) pero sólo se me ocurrió ponerlo así porque de estar interesado, habría tratado de cooperar con Estados Unidos en la carrera espacial.

Y ahora sí, vamos a por las referencias, porque así de intensa soy a la hora de basarme en hechos reales para realizar un escrito.

*Sputnik II: El satélite que llevaba a la famosa perrita Laika… No quise poner más sobre eso, así que sólo lo dejé así. El tema me da algo de penita.

* La Guerra del Rif, fue un enfrentamiento entre las tribus de África frente a los colonos españoles y franceses que comenzó el 23 de noviembre de 1957. La intervención francesa ocurrió después, por lo que decidí poner sólo a España durante el inicio del conflicto.

*Supongo que ya saben cuál es la agencia de la que habla USA… Aquí la NASAapenas se estaba cimentando.

*La copa mundial de fútbol ubicada en Suecia en 1958. Inglaterra y su pasión por el fútbol, pues…

*Lo que entusiasmaba al americano eran los cinturones de radiación de Van Allen, descubiertos con el Explorer 1.

¡Nos vemos el siguiente capítulo!