IV
Estados Unidos se encontró a sí mismo trabajando desmesuradamente en su próximo proyecto de alunizaje. Las horas nocturnas eran mucho mejor para pensar; y parte de su hiperactividad lo obligaba a mantenerse despierto como un mal hábito. Exhausto, se frotó repetidamente los párpados intentando alejar el sueño.
De pronto la puerta de su estudio se abrió sin que alcanzara a reaccionar con sus típicos reflejos.
— ¿Rusia…?
No había escuchado pasos. No había siquiera escuchado alguna alarma de seguridad. Pero el eslavo estaba frente a él. Sin sonreír, y con un aura que no podía descifrar. Intentó pensar primeramente en cómo pudo haber entrado hasta su hogar sin haber escuchado disparos por parte de su equipo. También trató de intuir qué habría motivado al comunista a semejante maniobra suicida. Todo lo procesó en sólo segundos, pero la realidad era que por más que intentara plantearse una estratagema inteligente para defenderse, la situación era tan surrealista que nada más que sus instintos básicos le servirían de guía.
El ruso abrió la boca y pronunció su nombre. Pero no dijo Estados Unidos, como de costumbre. Le dijo América.
Quizás el hecho podía haber sido impactante en otras circunstancias, pero lo que casi lo hipnotizó fue el tono tremendamente insinuante con el que lo emitió. Una voz ronca, suave, y casi sensual. Por alguna retorcida razón, no pudo salir de su ensimismamiento y permaneció sentado en su silla, mirando nada más que el rostro intruso.
La nación mayor se acercó de forma lenta e imponente, apoyando ambas manos en el descansabrazos de la silla del americano, en forma acechante. El occidental de pronto sintió un increíble calor en el lugar, mientras su corazón se aceleraba por el vértigo.
—América —volvió a repetir, cual susurro pecaminoso—, sé uno conmigo…
Al americano nunca antes esa frase le había parecido tan tentadora, y mientras prácticamente se dejaba seducir por Rusia, comenzó a sentir la cercanía de los otros labios. Completamente fuera de sí, y con el calor extendiéndose por todo su cuerpo, cerró los ojos con fuerza.
Y al volver a abrirlos, se encontró con la afortunada –o desafortunada– realidad, de saber que sólo había un sueño. Se encontraba en la cama de la habitación donde se hospedaba, tras la reunión que hubo ayer con Japón. Tenía las sábanas revueltas a su alrededor; quiso controlar su respiración agitada, y al incorporarse un poco, descubrió con horror que estaba excitado.
—Fuck, fuck! ¡Esto no puede estarme pasando!
Intentó no caer en crisis; él estaba enamorado de Inglaterra. Se suponía que era así. Llevaba cerca de medio siglo intentando conquistarlo y recuperarlo, desde que se había dado cuenta de sus sentimientos tras la independencia. Y ahora, de la nada, se encontraba lidiando consigo mismo por haber tenido un sueño semi erótico con el comunista. Soltó un medio grito frustrado. Pensó en darse una ducha helada para eliminar el problema, pero sentía esa necesidad. Así que poniendo su mente en blanco, soltó el aire con cierto nerviosismo y se recostó de nuevo en la cama, decidido a tratar su asunto como si fuera cualquier otra ocasión.
Soltó un suspiro, tratando de concentrarse sólo en el acto. Sus mejillas empezaron a tomar un débil color sonrosado. Al cabo de un rato comenzó a soltar débiles jadeos. Trató de pensar en Inglaterra, permitiéndose desinhibirse un poco más. Era perfecto así, mientras visualizaba a su ex tutor tocando esos puntos que lo enloquecían. Su voz comenzó a elevarse cada vez más mientras intensificaba los movimientos; pero cuando llegó al clímax, otra vez como maldición injusta, el ruso llegó a su mente, junto con el gemido final. Con la respiración entre cortada, sus ojos desorbitados se mantuvieron fijos en el techo, apenas asimilando todo lo que había pasado.
Tenía que ser una broma cruel de su mente.
El tiempo transcurrió, y antes de darse cuenta, ya era mediodía. Las indicaciones finales del evento les serían dados a los participantes alrededor de esa hora, y después de eso podrían irse a sus propios hogares. El americano, después de negar todo lo ocurrido en la mañana, decidió ir a la sala donde el japonés terminaría su reunión, y le invitaría a comer en algún sitio junto con Inglaterra.
Japón se encontraba con sus hermanos, explicando con su voz suave pero firme cada aspecto del acontecimiento, mientras trataba de evitar que Corea tratara de apoderarse de sus pechos. Como de costumbre, éste no lo obedecía en lo absoluto.
— ¡Corea, deja a Japón aru!
— ¿Por qué te enojas conmigo, hermano? —Replicó el coreano mientras hacía una cara en extremo afligida, que para nada ablandó al chino— ¡Sólo quiero que Japón me de sus islas! ¡Son muy bonitas!
— ¡Son suyas, y estate quieto por un rato aru! Sabía que sería todo un fastidio lidiar contigo.
— ¡No me odies! ¡Yo te quiero mucho! —en medio de su arranque infantil, se colgó del asiático mayor cual koala, pero sujetándolo también de los pechos. China soltó un grito agudo mientras el color se expandió por su rostro tal cual bomba.
— ¡Suéltame! —exclamó histérico, mientras Japón desvió la vista compartiendo la vergüenza. Hong Kong, que estaba al lado, miró todo con la misma cara de póquer de siempre. Los demás se hicieron los desentendidos.
—Hermano, ¡los tuyos son más suaves que los de Japón! —el coreano soltó una risilla traviesa con algo de perversión impregnada—. Creo que voy a quedármelos…
—Corea, me parece que China te ha dicho que lo dejes tranquilo.
Todos se estremecieron cuando vieron al imponente ruso parado detrás del chino y el coreano, mientras éste último tembló con pavor al sentir las cantarinas palabras cerca de su oído. Giró su cabeza con lentitud y observó el rostro del eslavo, cuyo flequillo proyectaba en sus ojos una sombra que volvía su sonrisa aún más espeluznante.
—Y-yo… mi hermano… sólo estaba…
— ¿Puedes quitar tus manos de China? —balanceó suavemente su tubería, alterando a todos los allí presentes. El coreano obedeció cual rayo.
— ¡R-Rusia-san, tengo que pedirle que se retire, está asustando a mis hermanos! —exclamó Japón, intentando mostrarse imponente.
—Japón, saldré un momento con Rusia —China le lanzó una clara mirada para que no interfiriera—. Puedes continuar con la reunión, me dices el resto por teléfono.
El dúo comunista salió de la habitación, mientras el resto de los hermanos reprendía a Corea, que aún temblaba un poco.
— ¿Qué haces aquí, Rusia? ¡Te dije que podías irte a tu casa si querías! —China caminaba con rapidez, a lo que Rusia le siguió el paso, feliz. Ambos se alejaron cada vez más de la sala, yendo a parar a las escaleras principales, cerca del elevador.
—Vine para esperarte —protestó algo afligido por el regaño del asiático—. ¿No te gustó la sorpresa?
El chino se revolvió el cabello, estresado. Ya había perdido la cuenta de cuántas veces le había dicho al ruso que dejara de acosarlo.
—Yo… ¡me molesta que asustes a mis hermanos! ¡Lo que pasó allá dentro no me gustó para nada!
—A mí no me gusta que se metan con tu territorio —soltó con voz tenebrosa, pero sin borrar la sonrisa de su boca. En un rápido movimiento, tomó la barbilla del chino, acercando su rostro peligrosamente, para el horror del otro—. Sólo yo puedo tomarlo, ¿da?
El asiático apenas iba a protestar, pero no le dio tiempo. Miró por el rabillo del ojo en un auto reflejo, sólo para darse cuenta que tenían un espectador. Rusia volteó también, interesado por lo que había distraído a la nación mayor. Sonrió de forma casi burlona, sin dejar el infantilismo.
El americano, que había salido del elevador, estaba allí parado con la boca entre abierta. Parpadeó. Y volvió a hacerlo, como si quisiera decir algo, pero sin encontrar la forma correcta. Él nunca había visto a Rusia en una situación así. Estaba acostumbrado a verlo pidiéndole a todo el mundo ser uno con él, pero nunca en tal grado de… intimidad.
— ¿Q -qué están haciendo? —sintió que su pregunta fue demasiado estúpida, pero su mente no alcanzó a formular otra cosa.
—China y yo estábamos a punto de ser uno aquí —Rusia lo miró directamente a los ojos con sus iris violáceos, sin borrar la mueca de satisfacción— ¿Quieres unirte a mí también?
China hizo los ojos en blanco, dispuesto a decirle al americano que todo era una tontería del soviético, pero quedó atónito al observar que, por unos instantes, las mejillas de la nación más joven se tiñeron de un leve carmín antes de perder el control.
— ¡Jódete, asqueroso comunista! ¡Prefiero estar muerto antes que ser algo contigo!
Rusia soltó una risa corta y sombría, haciendo a China a un lado.
—Eh, Rusia… —el asiático intentó llamar su atención, pero como no surtió efecto, decidió que lo mejor sería ir a buscar a alguien para detenerlos; sabía que él sólo no podría.
El eslavo se acercó al americano, con la tubería en la mano. El menor se puso en guardia, con la adrenalina subiéndole por el cuerpo.
—Te ves algo tenso, América…
El menor contuvo un instante el aliento por cómo lo había llamado. De pronto sintió una especie de deja vú.
— ¿Es que acaso te pongo nervioso?
Ése fue el insulto a la injuria. Estados Unidos sabía que el eslavo no tenía idea de lo que su frase implicaba para él, pero en su mente todo lo malo que le ocurría, e incluso lo de la mañana, era culpa de Rusia. Y con la ira y los nervios a flor de piel, se abalanzó sobre la nación mayor, decidido a disipar todas las ideas extrañas de su cabeza con unos cuantos golpes.
El eslavo no vaciló en responder, bloqueando con su tubería el puño del otro, y borrando toda sonrisa de su rostro. Tomó el brazo de Estados Unidos con su mano derecha, torciéndolo hacia adentro con brutalidad y dispuesto a estrellarlo contra el suelo. Sin embargo, entre el grito de dolor del occidental, recibió como respuesta una violenta patada en su estómago. Rusia se colocó la mano izquierda en la zona atacada, afectado por la falta de aire.
— ¡Deja de meterte conmigo, ruso asqueroso!
El mencionado fulminó al chico con una mirada extremadamente lúgubre, impulsando el grifo hacia la quijada del occidental para derribarlo, pero sólo logro que éste tropezara hacia atrás en un intento por esquivar tremendo golpe. Aprovechando que el chico estaba en el suelo, lo tomó de uno de los pies para que no lograra levantarse, arrastrándolo en su dirección. En cuanto lo logró, se montó sobre el estadounidense como un oso.
—No me gusta que me insultes —murmuró Rusia una vez que logró posicionarse sobre el americano, mientras éste intentaba zafarse por todos los medios, aunque eso implicara retorcerse cual animal.
— ¡Suéltame!
—¿Vas a disculparte?
—Fuck you, son of a bitch…!
El ruso arrugó la frente, más que decidido a enseñarle un poco de educación al niño, aunque fuera por las malas. Pero el americano se movía tanto que lidiaba más con mantenerlo a su merced. Por lo que entre insultos y movimientos, no reparó cuando colocó una de sus rodillas en la entre pierna del estadounidense, causando que de su boca saliera algo muy distinto a un insulto.
Un gemido súbito y sin vacilación. El sonido fue tan imprevisto, que Rusia aflojó el agarre por unos segundos; segundos que aprovechó el americano para invertir posiciones usando toda su fuerza como la potencia que era. La cabeza del soviético chocó rudamente contra el suelo, mientras su rostro se encontró con el del americano. No le sorprendió toparse con una expresión de ira; lo que no cuadraba eran las mejillas increíblemente sonrojadas.
— ¿Qué estás viendo, imbécil? —Estados Unidos supo que el ruso ya lo había notado, pero no permitiría que lo humillara más.
—Estás excitado —sonrió a pesar del dolor que le provocaba la cabeza.
—Mentira —incrementó más el agarre, comenzando a exasperarse.
—Gemiste cuando te toqué en…
— ¡Cállate! —Se empalmó más sobre el euroasiático, como un león enfurecido— ¿Crees que voy a ser el único humillado?
Y en un desesperado intento porque sufriera el mismo bochorno, comenzó a hacer presión en la entre pierna del eslavo aposta. Rusia apretó los ojos, sintiendo una breve corriente eléctrica en su cuerpo, pero intentó mantenerse estoico. No iba a darle el gusto. Recibió el mismo movimiento de forma cada vez más rítmica, sintiendo cómo su miembro comenzaba a reaccionar con cada roce. Su respiración se estaba acelerando. Giró levemente la cabeza, intentando localizar su grifo para derribar al menor cuanto antes.
— ¿Te gusta, comunista? —escuchó la voz del estadounidense muy cerca de su oído, más enronquecida.
La verdad, ninguna nación había tenido la osadía de tocarlo así; ni siquiera Francia. Y representaba una burla para él que el americano fuese el primero. Pero eso no quitaba la sensación tan placentera que le estaba provocando.
Estados Unidos comenzó a enfurecerse al ver que su plan no estaba resultando. Y en un arrebato, actuó con la cabeza caliente.
—Maldito… ¡gime!
Rápidamente apresó con su mano derecha las muñecas ajenas, y con la izquierda, apretó por encima del pantalón el sexo del mayor, que yacía levemente caliente. Y eso Rusia no lo había visto llegar, intentando ahogar su gemido de forma inútil, mientras sus pupilas se dilataron con la vibrante sacudida que recorrió su espina dorsal.
Pero eso fue demasiado para el americano, y su propio miembro reaccionó ante el estímulo de la situación. Soltó un inevitable jadeo, sobrecogido.
— ¡Deténganse ustedes dos!
La voz de China resonó, quien se acercaba corriendo junto con Japón y el resto de sus hermanos.
El ruso reaccionó primero, y usó toda la fuerza que poseía para empujar bestialmente al estadounidense, que cayó de espaldas. Tomó su tubería por reflejo y estrelló la punta contra la garganta del chico, sólo lo suficiente como para que no pudiera moverse. Volvió a fruncir el ceño, intentando regular su ritmo cardíaco.
—Si vuelves a hacer eso, te mataré.
— ¡Rusia, deja a América!
Apartó el grifo, acomodándose la bufanda. No pensaba dar explicaciones a todos los que estaban allí, por lo que decidió pasar entre ellos como si no estuvieran. Y por primera vez decidió ignorar al chino, que preguntaba histéricamente qué había sucedido.
Japón lo escrutó con rapidez, sin pronunciar palabra. Fue junto con China para auxiliar al americano, y mientras lo ayudaban a levantarse, lo notó.
Estados Unidos estaba excitado. Y Rusia también lo estaba. De hecho, pudo percibir las mejillas del eslavo sonrojadas cuando pasó a su lado con rapidez.
Miró alrededor. Ni siquiera China se había dado cuenta. Se preguntó si debía comentar algo al respecto, pero decidió que no ahora, al menos. Presintió que algo inadmisible se avecinaba; sigiloso como serpiente, pero cuando se manifestara, colosal como un huracán.
…..
Okaaay…. Estos capítulos son los que me cuestan HORRORES. Más que cuando comienzo un primer capítulo. Más que un epílogo. Estos jodidos limes, semi-limes, fan service… no sé qué carajos sea lo que escribí, ustedes ayúdenme a definirlo (?)
Esta vez no hay referencias. Iba a meter una, pero no tenía cabida aquí, me esperaré cuando las aguas del RusAme se calmen, y todos estén medios tranquiiilos. Y ojalá no haya errores ortográficos justo en este capítulo, o me doy un tiro…
Sólo por ustedes y sus amables sugerencias, este se volvió mi primer fic con "tensión sexual". Hasta antes de mi regreso a Fanfiction sólo había escrito tramas homosexuales de telenovela, que encima eran un OoC total. Así que si les gustó, o tienen sugerencias de cómo hacerme mejorar en este tipo de género, háganmelo saber en un review. Un besote a ustedes, lectoras.
Tschüss˜
