No iba a pasar mucho tiempo para que alguien se enterara de eso. Y no podría evitar la reprimenda.
— ¡¿Golpeaste a Rusia sin ninguna razón?!
Y allí estaba, sin falta ni retraso, como siempre. El incidente llegó a los oídos de Inglaterra un día después, y claro, éste no dudó en ir hasta su casa para sermonearlo. Estados Unidos no se quejó demasiado; al menos vería a su ex tutor.
—Fue su culpa… ¡Yo sólo intenté defenderme!
—Eso no fue lo que China me contó.
— ¿Ahora le crees a China? ¡Eres odioso, Iggy!
Inglaterra suspiró. El chico siempre se zafaba con eso, pero tampoco tenía ganas de defender al soviético, así que decidió dejarlo.
—Te creeré esta vez… Pero que no vuelva a pasar. Tu reputación está en juego, América.
—Iggy, abrázame…
El inglés se tensó con eso, preguntándose a qué venía el ridículo cambio de conversación.
— ¡No digas tonterías sólo para zafarte del regaño!
Pero recibió por respuesta una mirada tan penosa, que no pudo negarse por mucho tiempo.
—Bien, pero… pero no funcionará dos veces.
Extendió los brazos temblorosamente, permitiendo al estadounidense aferrarse a su cuerpo, quien se abalanzó con obvia alegría. Hundió su rostro en el cuello del inglés, sabiendo que ya había ganado terreno. Permaneció así unos minutos.
—O-ye… ¡Ya duró demasiado!
—No aún —respondió el menor, intentando captar todo el aroma del inglés; intentado borrar todo rastro de Rusia que pudiera quedar en su cuerpo y su mente—. En verdad… ¿eres tonto, o sólo no quieres verlo?
— ¿De qué hablas, mocoso? —Inglaterra se separó un poco, queriendo fingir ignorancia.
—Si fuera Francia sería distinto, ¿verdad?
— ¿Qué diablos tiene que ver Francia en esto? ¡No quieras empezar una discusión!
Estados Unidos se apartó. Quería besar al británico en ese momento; hacerle saber que lo amaba con locura. Pero no serviría de mucho si él no tenía ojos más que para Francia –aunque se empeñara en negarlo–. A veces ya no quería pelearlo más.
—Se hace tarde para mí, Iggy —le sonrió, sin poder ocultar del todo la melancolía—. Pero no me rendiré aún.
Se acomodó su chaqueta, dándole la espalda a su ex tutor, que sólo pudo observarlo con el corazón encogido.
« No hasta que tú cortes mis alas. Hasta que escuche el rechazo de tu boca, insistiré.»
Inglaterra ahogó un suspiro; sabía a lo que Estados Unidos se refería. Ya era consciente. Y lamentaba no poder responderle de forma positiva. Deseó con todas sus fuerzas no tener ese resentimiento que aún le guardaba, ni haberlo amado de forma tan fraternal.
….
En el frío invierno que azotaba Rusia, una puerta se abrió.
— ¡Has regresado, hermano!
Ucrania se levantó del modesto sofá de la sala principal, y le dio un abrazo al recién llegado eslavo. Pero se separó un poco del frío abrigo al no percibir el ambiente como de costumbre. El mayor se limitó a acariciarle la cabeza, sonriendo.
—Rusia, ¿te hicieron algo?
— ¿Por qué lo dices, hermana?
—Te percibo distinto.
El ruso arqueó las cejas. Se preguntó si en verdad era así de transparente, o sólo era que su hermana lo conocía demasiado bien. Pero no podía creer que en su cuerpo persistiera el hormigueo que había dejado el odioso americano sobre su cuerpo.
—Estoy bien; sólo necesito ponerme a trabajar.
La joven sonrió con ternura ante esto.
—Tú siempre buscando lo mejor para nosotros, hermano… Verás que resultarás vencedor —le revolvió los cabellos, y las mejillas del chico se colorearon por la felicidad.
— Spasíva.
Tenía que concentrarse. No tenía tiempo para tonterías; debía superar a Estados Unidos. Sólo debía encontrar algún terreno nuevo que el americano no hubiera explorado aún, y entonces volvería a la cabeza.
El espacio.
Sonrió al ver sus nuevos proyectos. Esa sería su primera victoria.
…..
— ¡Bien, terminemos ya esta tontería de falsos asuntos diplomáticos! —Gruñó Romano entre el resto de los países — ¿¡Tienen idea de la hora que es!? ¡Estoy trabajando a una hora insana!
Romano no era el único con expresión de fastidio. Varios países que se encontraban allí, querían retirarse, se habían extendido demasiado con temas irrelevantes. Realmente no les interesaba lo que Indira Gandhi hiciera con el congreso de su país, pero era indispensable que completaran las peticiones de India.
Rusia soltó un jadeo, acomodándose la bufanda. Lo que sea que estuviera ocurriendo en alguna parte de su país, debía soportarlo en su cuerpo. Sin embargo, la sensación era extraña esta vez.
— ¿Te ocurre algo?
Volteó a ver, China lo miraba con cierta cautela. Sonrió débilmente, negando con la cabeza.
—Nada de qué preocuparse.
Pero China no era el único que tenía los ojos puestos en él. Estados Unidos entrecerró los ojos desde su prudente distancia en la conferencia, preguntándose si era algo relacionado con su guerra.
El tiempo transcurrió, implacable. Y no lo toleró más.
—Debo ir un momento al baño; disculpa, India.
Los hermanos italianos, y otros más se miraron, interrogantes. Pero luego pensaron que se trataba de Rusia, y él siempre era extraño. Decidieron ignorarlo.
Abrió el grifo en el tocador del baño de hombres, tosiendo levemente. Se lavó la cara, y enroscó más la bufanda a su cuello, el cual le producía un irascible malestar. Su cuerpo, aunque fuera en una mínima parte, había sufrido la consecuencia de algún hecho extraño en su país. Apenas terminara esa farsa de junta, telefonearía a miembros de su base para saber qué había ocurrido.
— ¿Qué ocultas?
Rusia se sobresaltó, y maldijo a su suerte al darse cuenta que, de todos los países que podían estar allí, justamente debía ser el americano.
—Nada que te importe. ¿Me estás acosando?
— ¡Eso lo haces tú! Tenías una cara como cuando tenemos una herida de guerra. O algo así… Quise venir a asegurarme. ¡Estabas probando algo para atacarme en tu casa y salió mal, ¿verdad?!
—Es lo más absurdo… Que he escuchado…
América miraba con molestia, pero no puedo evitar cambiar su expresión a una de malestar ajeno. Rusia no estaba bien. ¿Qué podía estar pasando en su país para que estuviera en esa condición? Un arma muy poderosa fallida, o algo más. Entonces vio que el eslavo se acarició ligeramente el cuello, donde se encontraba la enroscada bufanda de lana.
—El problema está ahí, ¿eh? Quítate la bufanda.
—Estás loco. ¿Qué te haces pensar que te dejaré-?
— ¡Déjame ver!
Le arrebató la bufanda, aprovechando lo desorientado que lucía el euroasiático. Y aunque Rusia opuso resistencia, no pudo contra el americano, que se encontraba en sus cinco sentidos. Entonces lo vio. Se horrorizó, soltando un gritillo apenas audible.
Una mancha de color naranja obscuro invadía la pálida piel blanquecina invernal. Esa misma área también presentaba un envejecimiento anti natural. Se extendía por toda la manzana de Adán. Como carne contaminada, alterada.
— ¿Qué demonios?-
Y al encontrarse ambos pares de ojos, vio el mismo terror y contradicción en los iris violáceos. No necesitaba preguntarle. Claramente Rusia tampoco sabía qué le estaba sucediendo.
Podía abandonarlo allí, y no contar nada a los demás países que esperaban en la junta. Tal vez si se muriese en ese momento, su guerra al fin terminaría. Pero el instinto humano que albergaba en él, aún como nación, se negaba a dejarlo así, como a un perro.
—Apuesto que te da gusto, ¿verdad?... —musitó el mayor, entre un leve acceso de tos—. No creí que fueras tan morboso… como para quedarte aquí a verme.
— ¡Eres un…! —Pero no puedo terminar la frase, los jadeos del otro lo alarmaron. Claramente al ruso le estaba costando respirar—. ¡O-oye, iré por los demás, ellos sabrán qué hacer!
—No… Ya pasará. Es doloroso, pero no voy a morir por esto.
Rusia se apoyó entre el tocador del baño, y se dejó caer lentamente hacia el suelo. Estados Unidos permaneció allí, aún con la bufanda color violeta entre sus manos.
— ¿Por qué no te vas ya? No tiene sentido… que estés aquí.
Rusia tenía razón. Pero el corazón del americano se empeñaba en acompañarlo. Tampoco entendía muy bien el porqué. ¿Era su mórbida curiosidad secreta, de poder ver si podría ser testigo de la muerte de una nación?
Negó. Había sentido horror de verlo así. Aunque lo odiaba. Porque contemplarlo así de frágil fue algo que nunca creyó posible. Rusia también podía sentir miedo y dolor, después de todo.
Se sentó también en el suelo, a una distancia prudente.
— ¿Duele mucho?
El ruso no contestó. Se limitó a observarlo, con una mirada penetrante e indescifrable. Finalmente, cerró un momento los ojos.
—Nunca voy a entender… qué sucede en tu cabeza americana.
Estados Unidos no dijo nada más. Tampoco él.
Pero en ese momento, no quería pensar demasiado. Dejaría a su cuerpo actuar en automático, quedándose allí con Rusia, y mandando al diablo la ridícula junta que estaba concluyendo a esas horas de la noche.
Tarde. Siempre tarde. Lo sé; pero qué le voy a hacer. Mejor tarde que nunca, ¿ah?
Qué puedo decir, me volvió la inspiración. Espero no estar desviándome mucho de la trama original, siento que hay lagunas, y esto de las parejas me puede más, ¿ustedes qué opinan, el cap no destiló mucha cursilería?
Espero les haya gustado, see ya˜
