Capítulo anterior

Corrimos por el más cercano.

En el momento en que quitamos la tapa, los monstruos y los hombres más seguridad se dirigieron al puente, dejando a un lado los turistas y los camareros con bandejas de bebidas tropicales. Un tipo con armadura griega sacó su espada y cargo, pero cayó en un charco de piña colada. Arqueros laistrygonian montados en la cubierta por encima de nosotros, entallado flechas en sus arcos enormes.

-¿Cómo iniciamos esta cosa?-gritó Annabeth.

Un perro del infierno saltó hacia mí, pero Tyson lo estrelló a un lado con un extintor de incendios.

-¡Adentro!-Grité. Destape a Riptide y redujo la primera descarga de flechas en el aire. En cualquier momento estaríamos desbordados.

El bote salvavidas estaba inclinado sobre el lado de la nave, por encima del agua. Annabeth y Tyson no estaban teniendo suerte con la polea de la liberación.

Me subí a su lado.

-¡Agárrense!-Grité, y corté las cuerdas.

Una lluvia de flechas silbaban sobre nuestras cabezas cuando caímos libres hacia el océano.

Capítulo 7:Nos convertimos en piratas y jugando al pilla pilla con la bruja

Percy

-¡El termo!-grité mientras nos precipitábamos hacia el agua.

-¿Qué?-Annabeth debió de pensar que había perdirdo la chaveta.

Ella se aferraba a una de las correas del bote para salvar el pellejo, con todo el pelo disparado hacia arriba como si fuera un pincel.

Tyson sí me entendió. Logró abrir mi petate y sacar el termo mágico de Hermes sin que se le cayera y, lo que es más, sin caerse él.

Las flechas y jabalinas silbaban a nuestro alrededor. Agarré el termo.

Confiaba en no cometer un error.

-¡Sujetaos bien!-les dije

-¡Ya estoy sujeta!-aulló Annabeth.

-¡Yo también!-dijo Clarisse.

-¡Más fuerte!-Afirmé los pies bajo el banco hinchable del bote; Tyson nos asió por la camisa a Annabeth,Clarisse y a mí, y yo le di al termo un cuarto de vuelta.

Al instante emitió un chorro de viento que nos propulsó lateralmente y convirtió nuestra caída en picado en un estrepitoso aterrizaje en un ángulo de cuarenta y cinco grados.

El viento parecía reírse mientras salía del termo, como si se alegrara de liberarse por fin. Al impactar con la superficie del agua, rebotamos una, dos veces, como una piedra lanzada al ras, y de repente salimos zumbando como en una lancha motora, con el agua rociándonos la cara y sin otra cosa en el horizonte que el mar abierto.Oí un clamor furioso en el barco, pero ya nos hallábamos fuera del alcance de sus disparos. El Princesa Andrómeda se convirtió enseguida en un barquito de juguete y desapareció.

Cuando estábamos bastante lejos del crucero vimos a lo lejos un gran barco que se dirigía hacia nosotros con una tripulación de ¿zombies? nos ayudaron a subir y nada más entrar al barco nos recibieron la tripulación entera especialmente el capitán quien se nos acercó.

-¿Quién de vosotros es Percy Jackson?-preguntó el que parecía un capitán zombie.

-Yo,¿por qué lo preguntas?-dije un poco incrédula.

-¡Aleluya,señora Jackson!hemos estado esperando semanas por usted desde que su padre nos envió a ayudarla en todo lo que necesite-dijo feliz

-¡Espera!¿mi padre os envió?-dije todavía mas confusa.

-¡Claro!El fue el que nos ordenó ir a buscarla a usted y a sus amigos.-me explicó.-Ahora las presentaciones,¡Os doy la bienvenida al CSS Birmingham!¡Soy el capitán Nicodemus y estamos a su servicio,mi señora!¿Hacia a dónde nos dirigimos señora Percy?

Todos nos quedamos medios aliviados,de que alguien nos salvara y medio incrédulos de no saber que es lo que ha pasado,tras un corto periodo de tiempo le respondí.

-Nos dirigimos al mar de los monstruos,las coordenadas son"30,31,75,12"-les respondí.

-¡Cómo usted ordene señora!-dijo el capitán alzando su mano hacia su fue hacia el timón.

-¡Eso ha sido inesperado!-dijeron todos.

-¡Guay-dijo Tyson flipando con los zombies.

-¡Nunca imaginé que nuestro padre nos ayudaría!¡me alegro que seas mi hermana!-dijo Clarisse saltando de arriba a abajo.

-¡Yo también me alegro de que estés aquí!¡Siento haberme portado como una estúpida ,estaba celosa de que tu padre te prestara atención y de que Luke estaba enamorado de ti,pero ahora sé fue una tontería de mi parte y lo de Luke es enfermizo!¡Lo siento!-dijo Annabeth agachando la cabeza y sollozando.

-¡Hey,no pasa nada!¡todos cometemos errores!-le dije abrazándola.

-¡Al fin os reconciliáis!¡ALELUYA!-dijo Clarisse abrazándonos a todos en grupo.

Después de una media hora,sonó la alarma.Oí voces que venían hacia mí, oficiales ordenando a gritos que preparasen los cañones.

Subí a la cubierta principal y tomé unos prismáticos de un oficial zombie y escudriñó el horizonte.

-Al fin. ¡Capitán, avante a toda máquina-le dije al capitán.

Los demás no conseguían ver nada El cielo estaba nublado. El aire era brumoso y húmedo, como el vapor de una plancha. Incluso entornando los ojos y forzando la vista, sólo divisaba a lo lejos un par de borrosas manchas oscuras.

El motor crujía a medida que aumentábamos la velocidad.

-Demasiada tensión en los pistones-murmuro Tyson, nervioso-. No está preparado para las aguas profundas.

Yo no tenía ni idea de cómo lo sabía, pero consiguió ponerme nervioso.

Tras unos minutos, las manchas oscuras del horizonte empezaron a perfilarse. Hacia el norte, una gigantesca masa rocosa se alzaba sobre las aguas: una isla con acantilados de treinta metros de altura, por lo menos. La otra mancha, un kilómetro más al sur, era una enorme tormenta. El cielo y el mar parecían haber entrado juntos en ebullición para formar una masa rugiente.

-¿Es un huracán? -preguntó Annabeth.

-No -dijo Clarisse- Es Caribdis.

Annabeth palideció.

-¿Os habéis vuelto locas?-Nos dijo a Clarisse y a mi.

-Es la única ruta hacia el Mar de los Monstruos. Justo entre Caribdis y su hermana Escila.-le expliqué aun mirando por los prismáticos.

-¿Cómo que la única ruta?-preguntó en mar cubierto. Nos basta con dar un rodeo.

Tanto Clarisse como yo rodamos nuestros ojos.

-¿Es que no sabes nada? Si trato de esquivarlas, aparecerán otra vez en mi camino. Para entrar en el Mar de los Monstruos, has de pasar entre ellas por la fuerza.-dijo Clarisse.

-¿Y qué me dices de las Rocas Chocantes?-dijo Annabeth-. Ésa es otra entrada; la utilizó Jasón.

-No puedo volar rocas con los cañones del barco-respondí-. A los monstruos, en cambio…

-Tú estás loca-sentenció Annabeth.

-Mira y aprende, sabionda -Clarisse se volvió hacia el capitán-. ¡Rumbo a Caribdis!

-Muy bien,señora-dijo Nicodemus.

Gimió el motor, crujió el blindaje de hierro y el barco empezó a ganar velocidad.

El motor zumbaba, y la temperatura de las calderas estaba aumentando de tal modo que noté cómo se calentaba en cubierta bajo mis pies. Las chimeneas humeaban como volcanes y el viento azotaba la bandera roja de Ares.

A medida que nos aproximábamos a los monstruos, el fragor de Caribdis crecía más y más. Era un horrible rugido líquido, como el váter más gigantesco de la galaxia al tirar de la cadena. Cada vez que Caribdis aspiraba, el barco se arrastraba hacia delante, entre sacudidas y bandazos. Cada vez que espiraba, no elevábamos en el agua y no veíamos zarandeados por olas de tres metros.

Traté de cronometrar el remolino. Según mis cálculos, Caribdis necesitaba unos tres minutos para succionar y destruirlo todo en un kilómetro a la redonda. Para evitarla, tendríamos que bordear los acantilados. Por mala que fuese Escila, a mí aquellos acantilados casi empezaban a parecerme bien.

Los marineros seguían tranquilamente con sus tareas en cubierta.

Estábamos dentro del torbellino.

-¡Atrás a todo vapor!-les grité,para hacerme oír entre aquel estruendo. El mar giraba enloquecido a nuestro alrededor y las olas se estrellaban contra la cubierta. El blindaje de hierro estaba tan caliente que echaba humo.-¡Acercaos hasta tenerla a tiro! ¡Preparad los cañones a estribor!

Los confederados muertos corrían de un lado a otro. La hélice chirriaba marcha atrás para frenar nuestro avance, pero el barco seguía deslizándose hacia el centro de la vorágine.

Un marinero zombi salió a escape de la bodega y corrió hacia Clarisse. Su uniforme gris echaba humo. Su barba estaba medio quemada.

-¡La sala de calderas se ha recalentando demasiado, señora! ¡Va a estallar!-dijo un marinero

-¡Bueno, baje y arréglelo!-le dijo Clarisse.

-¡No puedo! -chilló el marinero-. ¡Nos estamos fundiendo! -Clarisse dio un puñetazo a un lado de la torreta.-¡Sólo necesito unos minutos más! ¡Lo suficiente para tenerla a tiro!

-Vamos demasiado deprisa -dijo con aire sombrío el capitán. árense para morir.

-¡No!-bramó Tyson-. Yo puedo arreglarlo.

-¡Mmmm...puede funcionar-dijo mientras los pensaba.-¡Corre!

Salió corriendo a toda pastilla,después de un buen rato vino un marinero.

-¡Señora Percy!-gritó el capitán-. ¡Los cañones de estribor y la proa están listos!

-¡Fuego! -ordené.

Tres bolas de cañón salieron disparadas hacia las fauces del monstruo. Una le saltó el borde de un incisivo, otra desapareció por su gaznate y la tercera chocó con una de las bandas de metal y rebotó hacia nosotros, arrancando la bandera de Ares de su asta.

-¡Otra vez!-ordené

Los artilleros cargaron de nuevo, pero yo sabía que aquello era inútil.

Habríamos tenido que machacar al monstruo un centenar de veces más para causarle verdadero daño, y no disponíamos de tanto tiempo. Nos estaba succionando a gran velocidad.

Pero entonces la vibración de la cubierta sufrió un cambio. El zumbido del motor se hizo más vigoroso, más regular. El barco entero trepidó y empezamos a alejarnos de la boca.

-¡Tyson lo ha conseguido! -dijo Annabeth.

La boca se cerró de golpe. El mar se sumió en una calma completa y el agua empezó a deslizarse sobre Caribdis.

Luego, con la misma rapidez con que se había cerrado, la boca se abrió de nuevo como una explosión y empezó a escupir el agua a borbotones, expulsando todo lo que no era comestible, incluidas nuestras bolas de cañón, una de las cuales se estrelló contra el flanco del CSS Birmingham con ese dong de la campana cuando golpeas fuerte con un martillo de feria.

Fuimos despedidos hacia atrás, montados en una ola que debía tener unos quince metros de altura. Utilicé toda mi fuerza de voluntad para impedir que el barco volcara, pero aún así seguíamos girando sin control y precipitándonos hacia los acantilados al otro lado del estrecho.

Otro marinero humeante surgió de pronto de la bodega. Tropezó con Clarisse y a punto estuvo de llevársela por delante y caer ambos por la borda.

-¡Las máquinas están a punto de explotar!-dijo el marinero.

-¿Y Tyson? -pregunté.

-Todavía está abajo. Impidiendo que las máquinas se caigan a pedazos, aunque no sé por cuánto tiempo.-dijo Clarisse

-Debemos abandonar el barco -dijo el capitán.

-¡No! -gritamos Clarisse y yo.

-No tenemos alternativa, señora. ¡El casco se está partiendo! Ya no puede…

No logró terminar la frase. Una cosa marrón y verde, veloz como un rayo, llegó disparada del cielo, atrapó al capitán y se lo llevó por los aires. Lo único que dejó fueron sus botas de cuero.

-¡Escila!-aulló el marinero mientras otro trozo de reptil salía disparado de los acantilados y se lo llevaba a él.

Ocurría tan rápido que era como intentar mirar a un rayo láser, no a un monstruo. Ni siquiera había podido verle la cara a aquella cosa: sólo un relámpago de dientes y escamas.

Destapé a Contracorriente y traté de asestarle un mandoble mientras nos arrebataba otro marinero de la cubierta. Pero yo era demasiado lento para aquel monstruo.

-¡Todo el mundo abajo! -grité.-¡Hay que ir hacia los botes!

-Hemos de intentarlo. Percy, el termo.-dijo Annabeth

-¡No puedo dejar a Tyson!-dije

-¡Tenemos que preparar los botes!-dijo Annabeth a Clarisse.

Clarisse obedeció la orden de Annabeth. Con unos cuantos marineros muertos, destapó uno de los dos botes de remos. Las cabezas de Escila, mientras tanto, caían del cielo como una lluvia de meteoritos con dientes y se llevaban, uno a uno, a los confederados.

-Toma el otro bote-le dije a Annabeth lanzándoles el termo-. Yo iré a buscar a Tyson.

Corría ya hacia la escotilla de la sala de calderas, cuando de repente mis pies dejaron de tocar la cubierta. Estaba volando, con el viento silbándome en los oídos y la roca del acantilado a sólo unos seis metros de mi cara.

Escila me había agarrado por la mochila y me estaba izando hacia su guarida. Sin pensármelo, agité mi espada hacia atrás y conseguí asestarle una estocada en su reluciente ojo amarillo. El monstruo dio un gruñido y me soltó.

La caída habría sido bastante mala, considerando que estaba a unos treinta metros de altura. Pero mientras me desplomaba, el CSS Birmingham explotó de repente a mis pies

Habían estallado las máquinas y los pedazos del acorazado volaban en todas direcciones como una ardiente bandada de metal.

-¡Tyson!-chillé.

Los botes salvavidas habían conseguido alejarse del barco, aunque no lo suficiente, y los restos en llamas les llovían encima. Clarisse y Annabeth acabarían aplastadas o carbonizadas, o bien se verían arrastradas al fondo por la fuerza de succión del barco al hundirse.

Todo eso siendo muy optimista y dando por supuesto que lograran librarse de Escila.

Me hundí en unas aguas ardientes, pensando que Tyson se había ido para siempre y deseando poder ahogarme como cualquier mortal.

Desperté en un bote de remos con una vela improvisada con la tela gris de un uniforme confederado. Annabeth y Clarisse, sentadas a mi lado, iban orientando la vela para avanzar en zigzag.

Intenté incorporarme y de inmediato me sentí mareado.

- Descansa - me dijo Annabeth -. Vas a necesitarlo.

- ¿Y Tyson…?-pregunté

Clarisse meneó la cabeza.

- Lo siento mucho, Percy.-dijo Annabeth

Guardamos silencio mientras las olas nos sacudían.

- Quizás haya sobrevivido - dijo, aunque no muy convencida -. Ya lo sabes, el fuego no puede matarlo.

Asentí, pero no tenía ningún motivo para albergar esperanzas. Había visto cómo aquella explosión destrozaba el hierro blindado. Si Tyson estaba junto a las calderas en aquel momento, era imposible que hubiera sobrevivido.

Según Annabeth, teníamos menos de veinticuatro horas para encontrarlo, y eso dando por supuesto que mi sueño fuese fiable y que Polifemo no cambiara de idea e intentara casarse antes.

- Si - dije amargamente -. Nunca puedes fiarte de un cíclope.

Annabeth fijó la vista en el agua.

- Lo siento, Percy. Me equivoqué con Tyson, ¿vale? Ojala pudiera decírselo.

Traté de mantener mi enfado, pero no era fácil. Habíamos pasado juntos un montón de cosas; me había salvado la vida muchísimas veces y era una estupidez por mi parte seguir haciéndome la ofendida con ella.

De pronto se vio tierra firme,fuimos a donde parecía un balneario en la que nos atendió"la gran y poderosa"Circe que se hacía llamar C.C y nos ofreció ser hechiceras como yo digimos que no de pronto nos empezó a ó a Annabeth y a Clarisse y las dejó inconscientes y se me acercó a mi y e repente me lanzó un sin que ella me viera saqué el bote de vitaminas y comí unas cuantas de ellas.

- ¿Cuál sería la forma adecuada para Perséfone? - dijo Circe con aire pensativo -. Una cosa pequeña y malhumorada… ¡Ya sé, una musaraña!

De sus dedos surgieron espirales de fuego azul, que se retorcieron como serpientes alrededor mía.

La miré paralizado de horror, pero no sucedió nada. yo seguía siendo la misma, solo que ahora más furiosa. Dí un salto y le puse a Circe la punta del cuchillo en el cuello.

- ¿Y por qué no convertirme en una pantera? ¡Una que te ponga las zarpas en el cuello!-le dije furiosa

- ¿Cómo demonios…? - aulló Circe

Alcé el bote de vitaminas para que lo viese la hechicera.

Circe dio un alarido de frustración.

- ¡Maldito sea Hermes y sus vitaminas! ¡No son más que una moda pasajera! ¡NO te aportan ningún beneficio!-dijo muy enfadada.

- ¡Despierta a mi amigas-dije enfadada-

- No-dijo

- ¡Tú lo has querido!-dije furiosa.

Entonces me acerqué a unos de los animales y le di una de las vitaminas a cada uno junto a Annabeth y a Clarisse quien estaban inconscientes.

- ¡NO! - gritó Circe - ¡Tú no lo entiendes! ¡Estos son los peores!

Uno de ellos se puso en pie: era un tipo enorme con una barba negra, larga y enredada, y con los dientes negros también. Vestía de un modo bastante incongruente, con ropa de lana y cuero, botas altas y un sombrero de ala flexible. Los otros vestían de modo más sencillo, con calzones y camisas blancas llenas de manchas. Todos iban descalzos.

- ¡Arggg! - bramó aquel tipo -. ¿Qué me ha hecho esta bruja?

- ¡No! - gimió Circe.

Annabeth ahogó un grio.

- ¡Te conozco! ¿No eres Edward Teach, el hijo de Ares?

- Si, muchacha - gruñó él -. ¡Aunque todos me llama Barbanegra! y por la forma de luchar y tus ojos me dicen que eres mi hermana una hija de Ares.Y ésa es la hechicera que nos capturó. Vamos a cortarla en pedazos y luego me zamparé una buena ensalada de apio. ¡Arggg

Circe echó a gritar y salió corriendo con sus ayudantes, perseguida por los piratas.

Salimos todos corriendo hacia la orilla donde encontramos el barco de barbanegra,ya que no había nadie la cogimos"prestada".

Nada mas subir cogimos el timón y salimos de la maldita isla,cuando salimos con el barco vimos que llegaron la tripulación de barbanegra,los miramos y nos reímos de horas después se divisó a lo lejos se divisaba otra mancha de tierra: un isla en forma de silla de montar, con colinas boscosas, playas de arena blanca y verdes prados: tal como la había visto en sueños.

Mis sentidos náuticos se encargaron de confirmarlo: 30 grados, 31 minutos norte; 75 grados, 12 minutos oeste.

Habíamos llegado a la guarida del cíclope.