Gracias por sus comentarios, aqui va otros relato de estos dos. Disfruten

Hetalia no me pertenece.


Relato 2.

Cuando desperté, me dolía la cabeza, me sentía mareado. Estaba acostado en el sofá largo de la sala, y sospechaba que era de noche, no sé, no sé qué hora seria cuando me desperté, solo sé que sigo en una pieza. Bien.

- ¡AAH!

He gritado, porque el estúpido de Vadim se inclinó sobre mi rostro cuando me iba a levantar. Jesús, María y José. Que susto.

- Privet.

- Dios mío.

- No, Dzulian-Dijo el sin moverse- Vadim –

Ya sé que eres tú

-Te has desmayado. Vadim te cuidó de romperte el cuello.

Vaya, gracias, eso me hace sentir mejor. Busqué arreglarme en el sofá, y él se movió, se enderezó lentamente. Me senté sin sentirme mejor del dolor de cabeza, lleve las manos a mi cabello negro y me rasqué, me duele burda. Cerré los ojos. ¿En qué problema me he metido?

- Gracias. –Dije no muy convencido de esto. No lo miré, en cambio abrí los ojos solo para ver que tenía todos mis partes del cuerpo intactas. - ¿Qué… qué hora es? -Pregunté sin mirarle aun.

-Son las seis y dieciocho.- Me dijo y se movió de donde se encontraba hacia la chimenea, comenzaba a hacer frío.

La calefacción no es suficiente. Cuando decidí mudarme mi primera opción era Colombia, lastima, ahora tengo que aguantar el clima de Canadá. Veo como encendió la chimenea. No me pregunten como la encendió, él solo tocó la madera y listo, hay fuego.

Que cosa más rara.

- De verdad. ¿Eres un demonio?

-Oh, Da.- Me respondió con cierta gracia en su rostro níveo. –

- No lo pareces –Me atrevo a decir, y bajo los ojos porque me mareé por un momento –

-Así lucia cuando estaba vivo – Le reveló con un aire alegre, no puedo evitar palidecer más de lo que ya estoy cuando me dice eso.

Por qué no es algo que le dices a todo el mundo. Realmente nadie lo dice, nadie que esté vivo. El que vende periódicos en la esquina no te va a decir eso. ¡Es mentira!

- Estas pálido -Comenta después, mira quien lo dice, el más moreno del mundo – Vadim hizo té.

Desapareció hacia la cocina y volvió con una taza humeante. Se acercó a mí y tuve la necesidad de alejarme… Lo tomo, no lo tomo. Me está mirando muy fijamente, tan feliz, tome la taza con duda y él se vio satisfecho.

- Eso te calmará- Susurró jubiloso, infantilmente.

O me matará pensé en mis adentros y rogué por que no leyera mentes.

-Gracias. – Le dije, pero no lo bebí al momento. La taza expedía un olor a manzanilla. El ruso se alejó de mi cercanía, dándome espacio que agradecí y se fue hacia la chimenea viendo los adornos que había encima con interés casi profesional. –

Lo oí emitir un sonido de asombro ante algunos, y luego tarareó una risa desde el fondo de su garganta. Susurra algo en su idioma. Mire la taza y me sentí tan fuera de lugar en mi propia casa. Esto es tan incómodo.

- Oh, Camarada Dzulian tiene aves… - Dijo emocionado y vio las jaulas cerca de la ventana. Apreté la taza con nervio.

- Sí…-

-Son muy bonitas.

-Sí

Silencio.

Se quedó viendo a las aves con curiosidad. Detallándolas demasiado, demasiado. Por un momento pensé que se las iba a comer. No dije nada más porque de verdad no quería hablar mucho con este dolor de cabeza.

Se alejó de las jaulas, se acercó al mueble donde estaba, dio una somera mirada a la taza y dijo algo en ruso que no pude entender. Se terminó en otro mueble al frente de mí.

-Se va a enfriar –Comentó al ver que no movía las manos donde tenía mi taza- Tienes una casa muy bonita.

Su mirada no dejaba de cruzar del techo a mí, y a las paredes, hasta los forros de los muebles cortesía de mi madre era objetivo de su curiosa mirada felina.

-Es diferente a las casas que he visto – Me dice. No, eso no logra aquietarme.- ¿de dónde es Dzulian? - Preguntó ahora viéndome. Se puso cómodo en el sofá que se hundió un poco. –

¿Esto está pasando en serio? …

- Venezuela – Respondí. El arqueó las cejas rubias visiblemente, estaba sorprendido, apuesto que no sabe dónde queda eso. He tenido la mala experiencia de que la mayoría de los extranjeros piensan que Latinoamérica es México. –

- ¿Latinoamericano? –

Asentí, algo sorprendido.

- Eso está muy lejos. – Dice pensativo, sus ojos bajaron meditando – No he estado en Venezuela. Estuve en Brasil un tiempo. Los latinos son divertidos…

Se recompuso y sonrió como un niño contando una historia.

-Gracias. –

La comunidad latina agradece que un demonio diga eso. Que locura. Llevé la taza a mis labios y ya estaba tibia, escuche la madera crujir.

Tomé un sorbo de té, y estaba bueno. Escuche una risa, seguro él se encontraba complacido.

- Tú trabajas en la biblioteca ¿no? –Cuestioné, porque no sabía que habían vacantes para demonios. El asintió y llevo las manos unidas en su abdomen; tenía guantes, negros. Muy lindos si me lo preguntan. –

-Da. – Vadim parece feliz – Es un lugar que me gusta mucho. Hay tantas cosas interesantes.

Ya lo creo que sí…

Tomé otro sorbo de té en silencio. Al tercer sorbo se había terminado. Me siento algo más aliviado, ahora solo estoy cansado.

-Sí… mire, Vadim- Comencé calmadamente y el me prestó atención con sus ojos felinos sobre mí - No quiero ser malo, ni nada, pero en serio, en serio…. –Debo recalcar que esto es serio, e hice un gesto con mi mano tensa para agregarle más relevancia – En serio…. ¿Qué quiere?, porque, no es por nada ni me crea racista, pero los demonios no son bien visto.

- No quiero tu alma si a eso te refiere- Me dijo, a secas, yo me esperaba algo más dramático como en las películas pero no. Vadim se veía bien cómodo en su asiento y esperó algún tipo de respuestas por mi parte. Yo estaba aliviado.

Bueno, todo los que nos dicen de los demonio es que quieren nuestra alma y eso, la perdición eterna. Esas cosas. Aunque no sé si creerle o no, pero no profundizare más.

-Aja, ya se lo que no quiere- Le dije- ¿ahora qué es lo que quiere?

No sé si quiera saber, creo que no quiero. ¡Pero ya pregunté!, espere su respuesta con incertidumbre. La taza ya estaba vacía y yo seguía con mis cinco sentidos intactos hasta el momento.

- Me quedaré aquí. – Me dijo, así, a lo natural. – Me gusta aquí, esto ya lo dije. Dzulian tiene cosas muy bonitas.

- ¿En serio?

- Sí – Dijo emocionado como un infante- ¡Claro que es en serio! –

Se ríe brevemente y se arregla la bufanda. Esto NO puede estar pasándome a mí, O sea ¿Qué hice Señor Jesucristo?, me quedé en silencio por un momento. Estaba asustado no lo voy a negar, vengo de un país con una tradición religiosa muy trabajada, O sea, que el hecho de que un demonio me venga a decir que va a instalar a mi casa porque sí, me hace temer… burda.

Asentí varias veces, muy lentamente, muy suave. Me estoy recomponiendo de lo que acabo de presenciar. Bajé los ojos un poco hacia mis rodillas, manteniendo la calma, la calma, Julián porta la tranquilidad. Dejé la taza en el borde la mesa donde estaba el teléfono.

Se quedó en el sofá con aire pensativo. ¿Qué se supone que debía de hacer?, nadie me preparó para esto ¿debía de llamar a un sacerdote…?. No, no creo que funcione con él. Ahora está viéndome, seguro quiere que exteriorice algo.

- ¿Quieres ver mi forma real? – Suelta de repente emocionado. Como si fuera una noticia, como si se hubiese comprado una ropa nueva y quiera mostrármela-

-No. – Le respondí- Gracias…. –Agregué para no sonar descortés y tajante, cosa que no logre.

- ¿Por qué? -Me pregunta con duda- No pienso hacerte nada, ya lo he dicho, Camarada.

- No, no, no. Tranquilo, no siento curiosidad. Ahora – Susurré y él parece que me escuchó perfectamente-

- Puedo ser mujer si quiere- Me dijo- Vadim puede ser muchas cosas.

Oh mierda

-No, no. Ya entendí, solo estate así –Le pedí alterándome, porque la imagen de ese niño revivió el miedo que sentí – Ya, Vadim, en serio. Usted está bien así.

Arqueó las cejas antes esto. Lo ha captado mal. Lo veo sonreír como si aquel "cumplido" lo satisfacía. No sé qué pasa por su cabecita pero no quiero saber. Se levantó y se acercó a la mesa de teléfono a mi lado y tomó la taza vacía.

-Vadim hará la cena –Me anunció muy contento así como es él.

Estoy descubriendo que es un ser muy feliz, para estar muerto. Me quedé viéndolo mientras decía eso, y distinguí que, de sus ojos expedía una luz violeta demasiado intensa. Sus pupilas se dilataron un poco, me intimidó e hice un gesto tenso con mis cejas.

-….Aja- susurré

Él ríe divertido. Estúpido.

Se va a la cocina, a mi cocina. Escuchó como mueve las ollas y todo. Oh, si mi madre estuviera aquí, seguro le da algo. Me hundo en el sofá, cansado. Cierro los ojos. No sé por cuánto tiempo, pero los cierro y aprieto lo labios, aún estoy tenso. Escucho la chimenea crujir. Está haciendo más calor. Abro un ojo y sigo vivo.

No me había dado cuenta de que había encendido las luces. Uhmmm… igual no me agrada. Cierro el ojo y vuelvo a mi meditación. Me iré a bañar. Ese pensamiento vino a mí. No sé por qué, bueno, debe de ser porque eso iba a hacer antes de que todo esto pasara.

Abrí los ojos y con un esfuerzo me levanté. Caminé por la sala y atravesé el pasillo hacia mi habitación. Afortunadamente no lo vi en mi recorrido, porque el pasillo de las habitaciones está en el lado opuesto.

Abrí la puerta de mi habitación y me sentí más seguro allí. Encendí la luz y me di cuenta que todo estaba en orden, busque mi toalla, y en mi armario preparé la ropa que iba a ponerme, no es algo que hago, pero no quiero estar desnudo por mucho tiempo.

Me siento observado.

Corrí –De verdad lo hice- Corrí al baño, y cerré la puerta del baño detrás de mí en cuanto entre.

- La comida está casi lista- Me dice desde la cocina, y lo dude porque me hizo pensar que estaba detrás de la puerta. Lo escuche nítidamente. –

Que emocionante. Nótese el sarcasmo.

Me bañé. Había agua caliente, era lo bueno, en mi país te bañas con el agua que haya a la temperatura que haya, por que sí. Aquí no. Al menos.

Luego que terminé, busqué la toalla y me sequé, me seque el cabello solo para volver a correr a mi habitación, bueno, esta vez no corrí, camine rápido, muy rápido. Me vestí rápido y escuché que tocó la puerta, llamándome a comer.

-No entres – Le ordené algo asustado. No tocó más la madera y al parecer se fue. Cuando me peiné el cabello y me vi en el espejo. Salí con cautela, atravesé el pasillo, pase por la cocina y más allá el comedor.

Él estaba sirviendo algo, tuve que acercarme, entre al comedor. Mi comedor es sencillo, como vivía con mi hermana no necesitaba una tan grande; es redonda de cuatro sillas, de madera, barnizado y no tenía mantel.

- ¿Tú comes? –Pregunté, porque no vi plato para el

-No- Me dice dejando las rodajas de pan cerca de mi plato- No como esta comida, si a esto e refieres.

Ah…. que interesante.

Preguntaría qué come si no me diera miedo el saber. Lo vi erguirse y me observa, creo que espera que me siente, no tengo otra opción. No. Sí tengo otra opción, salir corriendo, huir del país y desaparecer… pero….me senté.

Vi el plato, él se sentó a mi lado, en la silla de la derecha . La cena consistía en… pan tostado con una mermelada que sospecho que es la de mango que compre hace dos semanas con la mantequilla de maní y jamón… queso.

- ¿De verdad te vas a quedar?

El me sonrió y pude ver sus colmillos asomarse, ríe con gracia infantil.

-Da.

….Oh Jesucristo... ¿Por que a mi?


Espero les haya gustado.

DamistaH.