Relato 9
Estaba despierto desde hace unos diez minutos. Solo que no quería abrir los ojos ni levantarme; estaba andado vueltas en la cama, además sospechaba que aún era temprano porque no había ningún rastro de luz, cuanto tuve conciencia de mí mismo, lo primero que noté fue un fuerte dolor de cabeza, hundí el rostro en mi almohada, aspiré profundamente y percibí un olor a tierra húmeda demasiado familiar.
Abrí los ojos y me levante lentamente con ayuda de mis brazos, el dolor hace que me maree. Cuando doy una visión del lugar donde me encuentro no reconozco mi habitación por ningún lado. No era mi habitación. No estoy en mi habitación.
Ahora si asústate, Julián.
Estoy en una alcoba eso sí, es bastante grande, las paredes tiene un tapiz violeta viejo o al menos eso intento ver detrás de los montones de libros y rollos de papel que suben por la pared, apilados, de tapas duras, parecen ejemplares viejos; acumulados con una ligera capa de polvo en la superficie, más allá divisé un cajón de madera donde tenía varios envases de metal, con rollos de pergaminos amarillentos.
A mi derecha tenía toda clase de libros apilados en varias formas, de pie, acostados, inclinado, era una estructura curiosa.
No es mi casa y me estoy preocupando, me duele la cabeza y todo en resumidas cuentas. Me muevo por la cama hasta la orilla y me siento queriendo ganar algo de estabilidad a mi desequilibrada mente y cuerpo que no para de balancearse.
Me toque el pecho y me mire, tenía mi ropa, ok, seguía bien, me toque el rostro y no me falta nada. Busqué mi teléfono en el bolsillo del pantalón y no lo encontré y esto me inquieto un poco porque yo recordaba haberlo llevado cuando salí con Vadim…
Afile la mirada.
Vadim…
¿Dónde estaba exactamente él en estos momentos de angustias?
Busque por la habitación y no lo divisé, nada. Pero si encontré algo a cambio, mi teléfono estaba en una pila pequeña de libros en el suelo. Me levante y pise el suelo frio, de madera oscura, me acerqué a donde había visto mi teléfono y lo tomé, nada malo paso. Lo vi, y tenía poca batería, me imagino que estos celulares no duran nada.
Me distraje en las escrituras de aquella portada de un libro grueso y viejo. Decía algo acerca de …Estaba en ruso…
No me jodas.
Me acerque para quitarle el polvo de la tapa luego de guardar mi teléfono en el bolsillo trasero. Me incliné y levante la tapa, las hojas eran de un color marrón, corroídas por el tiempo, inmediatamente después de abrirlo estornudé, estornudé dos veces y cerré el libro porque tenía mucho polvo, definitivamente iba a dejar mi nariz allí.
Retrocedí y me apreté la nariz un poco, solo porque me picaba luego de estornudar por última vez escuche la puerta abrirse lentamente. La puerta de la habitación estaba llena de los mismos libros a los lados de ella. No percibí a nadie entrar.
Escuche un maullido y baje la vista, era un gato, gordo con pelo abundante de color gris. Caminaba hacia mí con sus ojos grises, grandes, y fijos hacia donde yo estaba. Era muy adorable sin embargo. Sin ningún temor de agache, no soy de gatos, pero era tan adorable.
Él se dejó acariciar y se acostó cerca de mis pies desnudos. Dispuesto a echarse allí como si yo le hubiera invitado que se echara en mis pies, yo solo quería acariciarlo. Ahora se plantó allí. ¿Ahora cómo me muevo para que me deja caminar?
Estornudo y el gato se levantó enseguida. Bueno al menos se levantó. La puerta estaba entreabierta y sentí el sensato deseo de asomarme por ella. Así que con pisadas ligeras me acerque a esta y me asome mientras que el gato se frotaba contra mis piernas como si quisiera volver a acostarse en mis pies.
Abrí un poco más la puerta y encontré un pasillo largo e iluminado con algunos libros apilados a los costados, grandes cuadros sin colgar, no me detuve a ver de quien era, o que tenía pintado. Avance a por el pasillo, realmente no quería que me escuchara caminar. –Quien sea que viviera aquí- El gato me siguió de cerca pasando por entre mis pies amenazando con hacerme caer.
Me detuve en mitad del pasillo solo al ver una puerta a mi izquierda, no me la di de curioso y seguí adelante luego de un momento. Al final del pasillo me encontré una sala, las ventanas estaban cerradas y cubiertas por pilas de libro, estos iban desde los más gruesos a los más delgados y pequeños, además de varios libreros en donde estaban puesto ordenadamente hasta que…ya no alcanzaba más y estaba apilados en el suelo.
- Vergacion…- Dije al acércame a uno de los libreros, no tenía tanto polvo pero tenía mucho libros en diferentes idiomas y tamaños. El gato maulló con suavidad. Él quiere atención-
Pero la verdad no le preste atención. No quería comenzar a estornudar viendo ese librero. Puedo decir que no encontré ninguno en español. Busque las ventanas con la mirada pero todas estaban cerradas o cubiertas.
- ¡Vadim! ¿Dónde coño estas? – Exclamé.
- ¿Llamaste? –Él se asomó por el marco de la cocina. Y yo pegue un salto y un alarido de sorpresa. Solo vi como salto la mitad de su cuerpo asomado.- ¡Buenos días!
El siempre haciéndome sentir mal educado.
-Nada de buenos días ¿Dónde estoy? –
- En mi casa.
- ¿Qué? –
Debí imaginar eso, Vadim trabaja en una biblioteca…aquí hay libros por doquier. Julian por favor.
- ¿En tu casa? ¿Vadim estoy en el infierno? ….
Vadim se ríe.
- Nyet. Estas en los apartamentos, al este del centro. – Se detuvo a meditar- Los que son azules… ¿los has visto?
No mentiré que estoy algo aliviado por saberlo. Asiento.
- ¿Este es tu casa? -
La casa de la que siempre habla. Yo pensé que cuando se refería a casa al más allá, el inframundo y toda esa cosa. Pero es un apartamento abarrotado de libros. Frascos de monedas. Entre otras cosas.
-Da.
- ¿Vives….en un apartamento? –Le pregunte con incredulidad, arrugue un poco la cara y me vino un leve mareo –
Vadim asiente con serenidad.
-Tú…vives en un apartamento. –Proseguí y me apoye disimuladamente de uno de los muebles que al verlo también tenía unos libros. Vadim puede ser muy viejo pero el demonio más moderno que he conocido…Esta en todo.- ¿Todo esto es tuyo? ¿De dónde lo sacaste?
-Algunos son de mis trabajos…de mis viajes. Tratos- Me dice cándidamente, paseando la mirada por el lugar como si con esto se pudiera trasladar a esos lugares - …tragedias.
Ok.
- A Vadim le gusta coleccionar muchas cosas. – me dice y le creo, créeme Vadim que te creo 100% -
Parece que el vio algo en mi cara por que al momento arqueo las cejas como si recordara algo.
- Ayer…Dzulian se durmió. - Me dice- Vadim te trajo aquí.
- ¿Qué hicimos ayer? – Pregunté, por qué no recordaba en ese momento, luego de segundos recordé - ¿Qué hicimos anoche, Vadim? –Pregunte ahora con cautela por que no recuerdo nada luego del pub.
…Salida, Hockey, matazón, pub, Vodka. Vadim ebrio, colmillos, cuernos, cola. Salida del Pub….beso.
¡Ah eso!
-Ayer tú y yo –Lo señalé a él y a mi varias veces con un ademan de mi dedos índice- ¿no hicimos Nada más? ¿Verdad?
-Claro que sí. Yo te besé. – Me dijo y sonriendo muestras sus dientes perfectamente alineado.-
Así que lo recuerda y el alcohol no afecta su memoria.
- Vaya – Le dije y me reí. Lo mire desde donde estaba y note que mi corazón estaba andando muy aprisa. - ¿Vadim?
- ¿Hum?
- ¿Me puedes prestar tu baño? – Baje los ojos con vergüenza - Me quiero bañar.
No sentía vergüenza por que me quería bañar ¡qué va!, sentía vergüenza por que él no tenía pudor en decirme la verdad, debo pesar que estaba totalmente consiente de lo que había hecho.
Sé que fue un beso, un simple beso…pero ese simple beso es algo muy íntimo. ¡Nadie anda besando a la gente a diestra y siniestra! Y Vadim…
Suspiré desganado y el me guio hacia el baño que estaba no muy lejos de la cocina. Era un pasillo largo y poco iluminado hasta que el toco un interruptor y pop, luz.
- El jabón líquido está en la canasta. Si necesitas algo solo llama. – Me dice yo estaba dentro del baño para cuando me dijo eso. El gato gris y peludo estaba en la orilla de la puerta. Ni crea que va a entrar al baño conmigo-
- ¿Me puedes prestar ropa?- Le pregunté con cierta pena en una voz más baja de lo que normalmente tengo, el asintió, yo solo lo capturé con el rabillo del ojo, porque no quería verle el rostro.
No sabía que rostro estaba poniendo. Mejor así.
Yo cerré la puerta lentamente hasta que el sonido de la cerradura me aseguró que estaba cerrada. Está bien, puedo confiar en que estoy solo.
Equivocado.
- ¿Cómo entraste? – Baje la mirada hacia el gato que estaba acostado en el piso se cerámica blanca impecable –
Su pelaje era blanco con manchas canela, delgada y solo estaba acostado en el piso, me miro con sus ojos; son de un color gris verdoso.
Ah..no importa. Cuando caminé hacia la regadera el gato no se movió así que supongo que no va a hacer otra cosa que estar echado allí.
Me quite la ropa y en mitad de mi proceso me di cuenta que el gato me estaba viendo. Que incómodo.
Sostuve mis pantalones hasta más debajo de mi cadera. Mire el gato, el gato me miro, yo miro al gato.
Me metí a la regadera y cerré la cortina.
Me desnude allí.
Colgué la ropa.
Abrí el grifo y este hizo un sonido antes de escupir el agua. Me moje el cabello y quise que también se lavaran mis confusiones, el mareo y por supuesto el olor a licor. Me pregunto qué hora podrá ser.
Me enjaboné, encontré el jabón en la canasta de alambres blanco que estaba colgado en la pared de cerámica.
Me percaté de que el baño estaba pulcro. Pulcrísimo. Cuando cerré el grifo, busque una toalla con la vista.
No, Señor, no me digas que no tienes toallas aquí. Noooohhh.
Rodé un poco las cortinas solo hasta la mitad del cuerpo y vi por la habitación a ver si de casualidad encontraba alguna toalla. Nada. El gato se levantó del piso y camino hacia la puerta comenzó a arañarla cuando esta se abrió y Vadim entro. El gato salió.
- Olvide darte la toalla.
Le pele los ojos. Él tenía una toalla azul doblada en su mano. No ha entrado todavía, está en el marco de la puerta sosteniendo la toalla.
-Ya lo noté – Le dije sarcásticamente. –
Se acerca a la regadera y me da la toalla con la sonrisa más cándida y los ojos más inocentes, me mira los ojos. Tome la toalla y cuando la tengo ruedo la cortina para ocultarme y secarme, él me dice que mi ropa está en el lavabo.
Cuando ruedo la cortina no está, en su lugar han aparecido dos gatos siameses.
¿De dónde coño sale tanto gato?
Cuando me termine de vestir en la regadera, me di cuenta que la camisa era pulcramente blanca y me quedaba un poco grande, el pantalón estaba perfecto. Me seque el cabello negro y me lo peino con los dedos.
Los gatos siguen allí.
Doblé mi ropa y salí del baño. En el pasillo los animales se adelantaron y terminaron trepando en las pilas de libros, cuando salí a la sala no solo vi a los dos gatos, había uno en el sofá largo, otro estaba en un estante.
- ¿Son todos tuyos? –Pregunté en voz baja-
Vadim estaba en la cocina y se asomó a la puerta
-No- Me responde- Cosaco…
Y señala a un gato, el primero que vi, el gordo y peludo, esta echado en el sillón largo y como si fuera alguna especie de señal levanto la cabeza y me miro.
-EL es mío- Me dice, Acto seguido Vadim me sonríe, siento sus ojos por mi cuerpo como si fuera un especie de mirada de inspección ante la ropa y quitó algo de mi camisa cerca de mi hombro.- La mayoría de los gatos aparecen cuando llego a casa. Supongo que Cosaco tiene algo que ver.
Cosaco como él lo llamaba estaba cómodamente acostado en el sillón con sus ojos abiertos, vigilante a todo.
Vadim entro a la cocina y buscó una bolsa donde metió mi ropa y me la entregó. Me dio un empujón hacia la sala y me dijo que me daría algo de comer. Yo avancé a hacia el sillón y me senté en el extremo contrario del sofá, Cosaco alzo la vista y se encaminó hacia mí, se subió en mis piernas y allí se echó.
Se echó en mis piernas.
Bola de pelo adorable en mis piernas.
Me recosté en el sofá y cuando Vadim apareció había tres gatos a mí alrededor y yo no me movía ni un centímetro por temor a incomodar a alguna de esas criaturas. La cara de Vadim era un poema. Estaba claramente divertido por esta situación. Yo me moví centímetros con Cosaco aun en mis piernas, los otros gatos se habían movido un poco.
Vadim tenía un consomé del que salía humo y un olor delicioso.
Lo tomé dándole las gracias. El tomó a Cosaco y se lo coloco en sus piernas.
No encontré que decir o que hacer, más que comer. Distraje mi mirada por el apartamento, por las paredes de la sala, por el estampado del papel tapiz violeta viejo de las paredes. Los gatos se echaban al azar en cualquier parte que para ellos les fuera cómodo.
- A ti te encanta leer ¿verdad?
- ¿Se nota? –
- No, solo es mi intuición- Le dije con ligero sarcasmo- ¿Has leído todos estos?
Vuelvo hacia él y lo veo asentir. Impresionante. Bueno no tanto, la inmortalidad debe de ser muy aburrida si no se tiene algo que hacer, Vadim ha hecho muchas cosas, supongo que por eso es muy feliz.
- ¿Eres feliz Vadim? – Pregunté de repente.-
Vadim me miro con atención y entornó los ojos como si se concentraran mucho en una respuesta.
- ¿Dzulian es feliz? –
A mí no me vas a joder.
-Yo pregunte primero
-Yo de segundo.
-Exacto.
Sonreí. Él sonríe pero no veo que me vaya a responder. Estoy masticando un pedazo de papa, esperando que él se dignara a responder, por dios, es una simple pregunta.
- Yo estoy bien. –Le dije. Aunque en este momento me encuentre con una enorme duda en mi mente- Estoy sano, vivo y...creo que si estoy feliz ¿sabes?
Volví a verlo. Ahora le toca a él responder.
-Entonces Vadim también es feliz, Vadim es feliz si Dzulian está feliz – Hace una pausa y yo hago una pausa con esta comida – No quiero que sea un humano gris.
- ¿Tú de verdad me quieres? ¿Verdad? – Le pregunté con cierto sarcasmo y rodé los ojos-
Vadim guardo silencio por unos segundos, cosa que me desconcertó, Lo contemplé y descubrí que él me estaba observando fijamente y no solo él, Cosaco también me estaba viendo.
Yo no sabía si ver al gato o a él, preferiblemente lo mire a él.
- ¿Vadim? –
- Yo te quiero, Dzulian.- Me dice y casi al instante mi corazón dio un salto; comenzó a palpitar muy rápido-
Sinceramente, muy en el fondo, sospechaba que algo así pasaría. Pero era un pensamiento tan efímero y superfluo que no le preste atención y caí en cuenta de lo despistado que soy.
Coño de la madre.
Simplemente tocó un mechón de mi cabello y lo movió detrás de mí oreja con lentitud haciéndome salir de mi ensimismamiento. Parpadeó y me enderezó lentamente, hasta que mi espalda toca el mueble. Mi cabeza esta puesta en su dirección y el parece imitarme solo que él es más alto así que nos quedamos mirándonos.
El me ve a los ojos. Parece que ha entendido mi inquietud por que al momento me dijo con una voz muy suave.
-…muchos seres que son como yo buscan una luz…buscan las luces para apagarlas, mutilarlas, poseerlas, comerlas o extinguirlas. –Dice él y no puedo evitar sentir un poco de inquietud ante lo que escucho.- Vadim solo busca una luz para cuidarla… Eres como un hermoso girasol en un invierno infernal.
Sus palabras son muy bonitas.
No se cómo tomar sus palabras o que hacer más que escucharlo, en estos casos doy gracias por mi incapacidad de sonrojarme. Aunque como el clima en Canadá es algo más frio y el sol no es tan fuerte, capaz y he perdido color…capaz este sonrojado y no me doy cuenta.
Aunque en este momento ese sería el menor de mis inquietudes porque puedo jurar que mi corazón va al ritmo de un tambor embravecido. Por más que intento relajarme y respirar lentamente no puedo, no puedo relajarme así de sencillo. Hay situaciones en la vida en donde no puedes relajarte, coño.
- Eres hermoso -Escucho y mis cejas se arquean con algo de intranquilidad, pronto sonrió y aprieto los labios –
- No puedo creer que me estés diciendo esto. –
- ¿No crees que eres hermoso? –Me preguntó, lo mire y no le respondí, él tenía su mirada clavada en mis ojos y podía jurar que mi reflejo está impreso en sus perlas. –
- No –Le repuse- no me refiero a eso. Yo sé que tú me quieres, Vadim. Eso es obvio, de otra manera no pasaras tanto tiempo conmigo.
Hubo otro silencio en donde yo suspire.
- ¿Esto no es por ese tal Víctor? ¿Verdad? – Cerré los ojos por un momento y luego los abrí, no sé por qué lo hice pero supuse que nombrar a aquel sujeto que había sido alguien tan importante en su vida me causaba algo de turbación. – tu dijiste que me parecía a él.
Cuando abrí los ojos y lo busque con la mirada estaba indiscutiblemente más cerca que antes. Traté de no moverme mucho, Cosaco bajo de sus piernas y se había tirado sobre mis pies.
- No. – Me dice
- ¿no?
-No. –Me vuelve a decir franco, al poco tiempo sonríe como solo él puede hacerlo – Dzulian no es Víktor, Víktor murió hace muchos años, Vadim lo quería mucho, pero yo quiero a Dzulian ahora.
Yo no dudo que él me quiera, porque…me hace comida, me cuida, siempre tiene un aspecto feliz cuando estamos juntos y nunca me ha espiado, no ha entrado a mi habitación sin mi permiso, no ha lastimado a nadie que quiera, es discreto y cuantas tantas cosas alegres...
Me quede viéndolo, y detallé cada fragmento de su rostro imperturbable, note en ese instante que su pupila cambio y recordé un gran e impactante detalle.
Él no era, ni nunca será humano.
Era un demonio.
-Vadim ¿Por eso me besaste?
- No, realmente no fue un beso. En imperio era muy normal darse un beso, incluso entre familiares, yo besaba a mi madre, padre e incluso mis hermanas menores, es un beso cosaco.
- Entonces no fue un beso –
Vadim lo meditó por unos segundos.
- No esa clases de beso…pero me gustaría besar a Dzulian otra vez. – Lo escucho reír- Pero Vadim no hará nada que Dzulian no quiera. Vadim quiere a Dzulian, y no le obligara a nada
Luego de eso, siento como acaricia mi cabello, yo solo puedo verlo y sonreír enternecido. ¿De verdad él es un demonio? Si lo es, es el demonio más humano del mundo.
Quise decirle que también lo quería pero no sé por qué no lo hice. Solo alcance a mirarle el rostro con aire pensativo. Mire sus labios pálidos y sentí un irremediable deseo de besarlos, pero lo considere una estupidez. Un capricho. Algo impulsivo.
Suspiré y le sonreí. Moví la cabeza en un suave asentimiento. El no dejaba de acariciarme el cabello cosa que me relajo un tanto. Estar con Vadim se ha vuelto tranquilizante y algo acogedor.
- Gracias por estar…ya sabes, conmigo… - Dije como un susurro, baje los ojos meditando un poco mi palabras- Eres una de las cosas más…extrañas que me ha pasado, pero no extrañas malas. ¿Entiendes Vadim?
Cuando volví a verlo me sentí aún más nervioso, no solo por el hecho de que sus ojos sean como los de un gato, o como los de Cosaco, sino porque le estaba diciendo al que podía resumir en pocas palabras.
- Gracias por hacer todo esto por mí. –Le dije- yo también te quiero, Vadim.
El detuvo sus dedos en mi cabello y los alejo, ladeo la cabeza y me sonrió como si esto le satisficiera. Yo lo imite, y ya no sentía incomodidad… Se acercó a mí y jure que me iba a besar
Pero solo me dio un beso en la frente con dulzura y acaricio mi cabello de ébano.
- ¿Puedes…enseñarme que tanto coleccionas? –Le pregunte con voz queda
-¡Oh! ¡Si!. Vadim puede enseñarte. -
Gracias por leer.~~~
DamistaH
