Gracias a Kazeshiro-sama por corregir los errores.

Disfruten.


Relato 11.

Parte II

Era de madrugada para cuando decidí volver a mi habitación y dormir, estaba cansado y aunque no me embriagué sí me sentía mareado. Mis padres se han ido a dormir ya; han cocinado y la comida esta lista. Mi hermana se fue al hotel con Alfred que aunque no estaba ebrio si estaba reventado.

Vadim no estaba ebrio ni nada. De hecho dudo que la cerveza le haya hecho algo, según conté se tomó como unas cuarenta o cuarenta y cinco botellas y aún estaba en sus cinco sentidos.

Serían las tres y yo no aguanto más, señores; me aleje discretamente a mi cuarto, me recordé al poco tiempo que mi madre había colgado un chinchorro, que estaba sobre mi cama, de color azul. El aire acondicionado estaba encendido y yo me acerqué a subirle la temperatura. Apagué la luz acto seguido.

No supe que hacer, cama O chinchorro. Por qué me gustan los dos.

Cama.

Me quité el calzado y subí a mi cama a gatas para estirar el cubrecama y sólo tenerlo cerca porque sabía que no lo necesitaría en ése momento. Miré la hamaca sobre mi cama y medité un poco a lo que fue el día. Había sido un buen día. Sorpresivo día y lo sentí extenso. Lleno de muchas risas y muchas bromas, comida, música y tiempo de calidad.

Cuando bajaron el volumen de la música, supe que la mayoría iba a dormir. Cerré los ojos y me arreglé para descansar, me apoyé de un lado de mi cuerpo y escondí mí mano debajo de la almohada. Suspiré, y el suspiro se me devolvió.

Abrí los ojos y...

Vadim...

Estaba acostado en el lado libre de la cama, y sólo cuando abrí los ojos lo sentí hundirse, sus ojos eran dos faritos violetas luminosos. Al detallarlo en la tenuidad de la habitación, noto que está sonriendo y está en la misma posición que yo.

Todos se fueron a dormir...– dice muy bajito. Riéndose.

¿Si? – me pregunte ¿Dónde estarían durmiendo?

¿Vas a dormir también?– le pregunté, y reparé en que él no puede hacer tal cosa.

Pero no parecía notar este error de mi parte. Asintió suavemente.

¿Vas a dormir aquí?

Da.

Cerré los ojos por un momento y los volví a abrir para verlo. Se supone que él debía de dormir en el chinchorro.

La familia de Dzulian es bonita, es alegre y divertida.

Le sonrío.

Mis primos son unos locos… y mi madre es muy curiosa.

Él no respondió de alguna manera, solo se sonrío achinando la mirada; se ve muy tierno cuando hace eso.

Me alegra que estés aquí. – le dije con el mismo tono de voz, como un susurro. Un secreto. –Es horrible pasar la navidad solo, y… el año nuevo, perdón por no traerte.

Hubo un momento de silencio que para mí fue una eternidad; el abrió los ojos y se puso serio; bueno, no serio, se quedó viéndome sin ninguna expresión, y fue cuando movió la mano y la pasó por mi cabello.

Dzulian solo tenía razón. –me dijo.– Los demonios no son bien vistos, tu madre es cristiana. Si Vadim hubiera venido en ése momento, algo muy malo pasaría.

Detuvo sus dedos cerca de mi quijada y allí se quedó, sin hacer presión ni nada, era liviana.

Me tomó algunos segundos entender algo.

¿Has poseído algún cuerpo, Vadim? –pregunté con cautela, porque, ¿de qué otra forma… se sonrojaría? o ¿a qué se refería con "ése momento"?

Éste es mi cuerpo.

¿Ah?

Él suspiró y alejó la mano de mí para tocarse la cara. Se tocó la mejilla izquierda, la que no estaba pegada contra la almohada.

Éste es mi cuerpo. Así lucía cuando estaba vivo. – me explica.– ¿Recuerdas que te dije que… tengo cosas en mi otra casa que se podrían dañar si las tenía en la tierra?

Asiento.

Abro los ojos con gran sorpresa y abrí la boca para exclamar, pero no sale sonido. ¡OH POR DIOS!

¡Vadim!

Me acerqué a él tan rápido que se echó un poquito para atrás, no huele a nada, nada, ni un gramo de putrefacción o algo, algo que denotara que era un cadáver. ¿Estamos hablando de un cadáver? ¿No?

¿Por qué coño hiciste eso?

Ya lo dije; quería pasar navidad con Dzulian.

Me quedé en silencio en ése lugar, en ésa posición. Hice un gesto de tristeza, él hizo eso sólo para estar conmigo como humano. O sea, profanó su propio cuerpo muerto sólo para ocultar su naturaleza demoniaca y pasar una temporada conmigo y mi familia.

No lo puedo creer…– dije suavemente, mire a Vadim a los ojos con severidad. –Vadim ése es tu cuerpo, muerto. ¿Cómo puedes volver a él? ¿Es como una resurrección?

No. Es solo un traje. – me dijo indiferente ante mi sorpresa, mi estupefacción. – Si salgo de él será un cadáver, mientras me encuentre en él puede tener todas las funciones de un humano, menos dormir, enfermarse, envejecer o desvanecerse.

¿Por eso puedes sonrojarte? ¿Sentir calor?

Asintió suavemente apoyando su cabeza de la almohada.

Tiene las funciones naturales de un humano.

¿Tu corazón palpita?

Él se llevó la mano al pecho como si quisiera confirmarlo.

Si, está palpitando ahora.

Eso me dio mucha curiosidad y luego de arreglarme un poco contra la almohada me quedé en silencio viendo como retiraba su mano de su pecho y la ponía a la altura de la cadera. Descansando. ¿Cómo coño era eso posible?

Nadie te enseña esto en catecismo.

Me acerque a él, literalmente me arrastré un poco, y me encogí de manera de que mi oído estuviera pegado de su pecho; y sí, lo escuche palpitar, aunque muy lentamente, un corazón en calma. Vadim no se movió en ningún momento y me mantuve escuchado como latía su órgano conductor de sangre.

Verga…

¿Humm?

Estoy sorprendido. – Le expliqué, no voy a explicarle lo que se entiende aquí por verga.

¿Qué más puedes hacer con este "traje"? –Le pregunté ahora bien intrigado. – Esto es muy raro Vadim...

Más raro es que no estoy asustado por saber algo así. La verdad siento mucha curiosidad.

Me alejé un poco de él, pero al arreglarme en la almohada nuestras narices se rozan, quedando a pocos centímetro; otro poco más y nuestros labios se tocan. Instintivamente apreté y escondí mis labios, no sé por qué lo hice, al momento los escondí y pase discretamente la lengua por ellos.

Puedo oler y parecer humano. Ocultarme. – Me dice con voz queda y percibo que ligeramente descolocado. Bajó los parpados. —puedo sentir calor, frio y cansancio.

No, no… – me adelanté a decir, porque pensé que lo había hecho sentir mal. –Vadim, mira, esto es raro pero no me molesta tanto, solo me sorprende… – le dije, hablando todavía en susurro como si alguien nos pudiera oír a las... cuatro de la madrugada con todo el mundo rendido en la casa, pero por si a las moscas. –Entiendo que lo hayas hecho por mí, y está bien… de otra forma no estarías aquí, y de verdad, Vadim, me alegra mucho que estés aquí, eres unas de las cosas más buenas que me ha pasado en mi corta vida

Reí cortamente.

En serio…– continúe, con una sonrisa. Me sentía vulnerable al decir todo esto, un poco tonto, pero por otro lado me sentía bien, porque todo era verdad. Le toqué la mano libre que tenía descansando en su costado. – Tú eres alguien muy importante para mi… ¿Entiendes?

Y le arqueé ambas cejas haciendo énfasis en mi pregunta.

Ay Dios, me da cierta cosa que me vea así cuando me estoy abriendo con él, es como si al momento de "abrirme" el quisiera recorrer todo con la mirada y salir, o como si se quisiera quedar allí por mucho tiempo, hurgando.

De verdad, Vadim.

Quedé en silencio por un momento, por un breve tiempo en donde mire su rostro iluminado escasamente por el brillito de sus ojos y la tenuidad de la habitación a la cual me había acostumbrado. Vadim aún no dice nada y yo ahora me quedo viéndolo, esperando a que se digne a decir algo.

Él se queda en esa misma posición y no distingo muy bien que cara está poniendo, cuando me arreglo siento su aliento caliente pegarme en los labios.

Puse mi mano libre; la que no estaba bajo la almohada, la derecha, en su hombro izquierdo y lo moví, lo empuje, lo acosté sobre su espalda, al quedar boca arriba paseó los ojos por el techo cuando me asomé a verlo; me incliné hacia su rostro para ver qué era lo que tenía, pero no lo hice, no me acerqué para ver lo que tenía, de hecho al inclinarme no me detuve, no lo vi bien, no tenía como mirarlo bien porque había poca luz.

Yo me había inclinado sin detenerme y uní mis labios con los de él. Sus labios no eran muy diferentes, quizá algo más cálidos, y debo de suponer que fue por el clima en donde estamos ahora, son suaves, solo fue un piquito y no hubo sonido porque no me he separado.

Cuando abrí un poco los labios, él también lo hizo, formado un beso más profundo y pasó sus dedos por los cabellos de mi nuca, eso me hizo sentir un cosquilleo por toda la columna, porque sus dedos son fríos acariciando mí cuello.

Él estaba acostado, yo inclinado hacia él, tenía los ojos cerrados y mi mano en su hombro buscando apoyo, mi otra mano se apoyaba de la almohada cerca de su cabeza.

Besar a Vadim se siente bien.

Cuando colocó su otra mano en mi cadera, me tiró hacia él. Quedé acostado, me apretó un poco más hacia él. Era un beso suave y tranquilo. Reconozco que me gusta que me bese así. Que acaricie mi cabello, que se deslice por sus dedos lentamente, que levante el borde de mi franela para rozar solo una parte de mi cintura, o que me empuje y me apriete contra él.

El abrazo se ablando con lentitud y cuando me separé lentamente luego de besarnos con un leve toque, caí en cuenta que él tenía los ojos abiertos y que lentamente formaba una sonrisa con sus labios, yo me apoyé en su pecho que subía y bajaba lenta y suavemente, podía escuchar el latir de su corazón y estaba un poco alterado. Latía un poco más acelerado y eso me emociónó de cierta forma porque el mío de verdad se había acelerado.

Ése no fue un beso cosaco. – me dijo con una voz gruesa que me sorprendió un poco, Vadim estaba sonriendo y sus ojos eran felinos y brillaban.

Reí cortamente, el me miro con atención.

No, no lo fue.– le respondí y acomodándome a su lado él se puso de lado aun tomándome de la cintura por debajo de mi camisa. – Eso fue un beso, Vadim…

Sí lo fue.– susurró, afirmando. Y vi que sus ojos estaban brillando, tenía la mirada clavada en mis labios. Los suyos estaban húmedos y rosados. Está acariciando mi piel con mucho cuidado, logré abrazarlo del cuello y recosté mi cabeza de su hombro.

Me quedé allí por unos segundos que considere idílicos y perfectos.

Vadim, ¿Cómo se dice te amo en ruso?

Я люблю тебя…

Yo también, te amo...

No pasaron ni dos segundos cuando sentí a Vadim encima, llenándome el rostro de besos y apretándome junto a él. Presioné un interruptor; no importa cuánto intenté calmarlo, él estaba muy alegre, recuerdo que no podía simplemente gritarle que se detuviera porque alguien podría escucharnos, por ese hecho, porque si gritaba alguien podría despertar.

Estuve aguantando las ganas de reírme porque cuando me daba los besos en el cuello me hacia cosquillas cosa que hacia que me retorciera, moviéndome, provocando más sonidos y ruidos.

Decía algo en ruso, bueno decía muchas cosas en ruso… Me besaba; el rostro, el cabello, el cuello y yo impotente de poder decir algo, me deje sin embargo porque me gustó… me gustó que Vadim reaccionara de esa manera.

Yo de seguro estaba rojo de una vergüenza buena, cuando me abrazo y me beso casi flotamos en la cama.

Realmente estoy muy feliz de que Vadim me haya seguido ese día de invierno a casa.

Los próximos días, fueron de celebración y alegría para la familia. Mis primos compitieron con Vadim a ver quién bebe más licor una noche. Yo humildemente me senté en la sala y vi como uno a uno ellos destrozaban su hígado y como Vadim los invitaba tan cándidamente a darse por vencidos.

El primo Vicente estaba derrotado en cuestión de una hora. Vadim estaba más preocupado porque el licor se le acabara que por ganar. Al final se rindieron y Vadim muy contento fue a parar a donde yo estaba sentado.

Vimos como llevaron a los derrotados a los cuartos a descansar de su combate.

Al menos se rindieron, y no paso como el jueves pasado que te trajiste a todos rendidos de la pea. – le dije.

Un jueves de esa semana se les ocurrió la brillante idea de tomar afuera. En la noche, invitaron a Vadim, cuando se hicieron las cuatro de la madrugada y salí por que escuche a alguien entrar, bajé las escaleras y encontré a Vadim con tres de mis primos acuestas y arrastraba a otro del brazo por el piso de la sala.

Se durmieron. – me dijo solo eso.

Yo lo miré con cierta pena.

Vi como los arreglaba en los muebles de la sala. Él estaba en sus cinco sentidos, sospechaba que no había bebido ni un poco. Sospechaba incluso que él era el conductor designado, pero no. Cuando me dio un beso de bienvenida supe que se había tragado la licorería completa.

Vadim…

¿Da?

No me digas que competiste con ellos. – le dije con una mirada inquisitiva.

Bueno, yo diría que… No competí.

¿Ah no?

No, se durmieron a la tercera botella de Vodka.

Suspiré profundamente. Cuando fuimos a dormir me reí en el camino a la habitación, por lo cómico de todo el asunto.

Lo peor fue cuando todo se enteraron que Vadim "cumpleaños" el treinta y uno de diciembre. Él dijo que cumplía unos veintiocho años, edad a la que al oír tuve que apretar los dientes para no reírme, si supieran que tiene siglos.

Mientras todos arrastraban al ruso a la cocina preguntándole muchas cosas de su vida, sus hermanas o incluso de cómo son sus hermanas o como coño puede ser tan resistente al alcohol con su edad. Yo me fui.

Salí de la casa discretamente a hacer una diligencia. Volví entrada la tarde, mi mamá hizo un bizcocho de vainilla grande porque éramos muchos y mi hermana había hecho su quesillo. Todos se reunían a cantarle cumpleaños a Vadim antes de que año se terminara.

De verdad era una imagen agradable, el ver a un cumpleañero que sobresalía no solo por estar en el centro de la mesa sino porque era el más alto de todos. Cuando nos acercamos al cantico estaba seguro que a todos nos pasa que: no sabemos si cantar, aplaudir, o quedarse quieto. Vadim en cambio parecía bastante calmado.

Veía las velas iluminarle el rostro, mientras le cantábamos el "feliz cumpleaños", sonreía y movía los ojos por el biscocho y pronto se quedó viendo hacia mí con una expresión que catalogó de agradecimiento o felicidad.

¡Pide un deseo, pide un deseo! – todos le animan con aplausos y gritos.

Cuando apagó las velas todo quedó en oscuridad, pero yo claramente noté como sus perlitas luminosas se habían cerrado para no llamar la atención.

Vadim se vio más contento de lo usual y tuve que estar pendiente de que no terminara transformándose por lo emocionado y alegre que estaba.

La fiesta lo siguió el baile y la comida, el licor y las canciones de fin de año, el año terminaba, otro año se va. Otra vida.

Cuando me senté afuera de la casa, en la escalinata de piedra, en el jardín de mi madre; veía los fuegos artificiales que lanzaban los vecinos y como los niños estaban jugando con sus estrellas luminosas.

Le toqué el hombro y él volvió, me senté a su lado.

Quería darte algo… – le dije así por que sí. – Es tu regalo de cumpleaños.

Él me vio en mucha atención, como un niño emocionado

¿Dzulian tiene un regalo para mi?

Asentí y rebusqué en mis bolsillos un paquete, pequeño, delgado y largo. Era un estuche, era negro con detalles plateados. Se lo acerqué y él lo vio con mucha curiosidad al tomarlo con cuidado lo abrió y se dio a conocer un bolígrafo idéntico al mío. El antiguo bolígrafo de mi padre.

Se le quedó viendo con una cara de póker bastante… estresante para mí, porque no decía nada. Hasta que lo tomó en sus dedos y yo supe de inmediato lo que esa reacción significaba. Me moví un poco buscando otra cosa en mi bolsillo.

Saqué mi propio bolígrafo.

Tomé el que tenía el en su mano y lo intercambie.

Me equivoqué. – le dije.

Cuando él toco el plumón, eso fue como una corriente por sus dedos que respiro, sonrió lentamente al verlo y luego me vio a mí. Yo le estaba regalando lo que el más quería de mí, materialistamente hablando; un simple bolígrafo.

Quizás él veía más cosas en ese simple bolígrafo que yo. Quizá Vadim podía ver a través de las cosas más sencillas. Él era un demonio, podía ver muchas cosas… y sabía muchas cosas que yo ignoraba incluso de mí mismo.

Él me observo con una sonrisa enorme, llena de felicidad y sus orejas se enrojecieron tiernamente. Estaba totalmente seguro que me iba a caer encima a besos, si no fuera porque no estábamos solos, así que se limitó a hacer lo que me gusta que haga.

Me dio un beso en la frente y acaricio el cabello de mi nuca.

Me susurro él te amo en ruso y otras cosas más que no reconocí.

Ven, Dzulian. –me dice de repente a la hora de levantarse. –Vamos a ver los fuegos artificiales.

Me tomó de la mano y me levanto, fuimos a la entrada del jardín y no encontramos a mis primos, Alfred y María. Estábamos esperando los últimos segundos del año viejo.

Tuve una extraña sensación, no sabría cómo explicarlo, pero en ése segundo, en ése segundo en donde el año terminó y escuché un estrepito en donde los gritos de euforia, en donde sentí que medio mundo se unía en un abrazo grupal, en donde el cielo era iluminado por los fuegos de colores… sentí que algo había concluido. Como si algo fuera sellado.

Algo se decidió. Fue extraño.

Pero realmente… en todos éstos últimos meses había sido muy extraño. No le di importancia cuando tenía a medio mundo cayéndome encima, Vadim me abrazó, fue un abrazo algo más largo y me reconforto mucho. Mis primos comenzaron a cantar y ebrios empezaron a decirme lo mucho que me querían, incluso estaban hablándole a Alfred diciéndole lo mucho que lo querían como miembro de la familia.

Lo agarraron en cayapa y le comenzaron a decir un verguero.

"Eres nuestro hermano, eres nuestro hermano, denle una cerveza a éste gringo. María le va a mejorar la raza, no joda".

Yo me limité a reírme, Vadim escuchaba todo aquello con un rostro bastante feliz. María estaba que se moría de vergüenza y risa. Yo sólo me moría de risa. La verdad, estallé en risa.

Ése día amanecimos celebrando, comiendo y hablando. Vadim escuchaba todo mayormente, estaba cerca de mí, la única vez que lo vi hablar elocuentemente con alguien, fue con mi madre. Simplemente se había alejado de mí y se había sentado en una mecedora gemela de mi mamá, y mi mamá estaba a su lado en la otra gemela.

Los vi hablar. Mi mamá parecía muy concentrada y Vadim parecía muy atento.

No los quise interrumpir. Así me fui al otro lado de la casa a jugar dominó con mi papá y mis primos…

Recuerdo que ésa mañana amanecí viendo el sol por la ventana de la cocina. Me había detenido a dejar un plato de comida en el lavabo cuando me percaté que estaba amaneciendo. Era hermoso.

Otra vez me sentí raro. Es difícil de explicar, pero cuando estuve solo en la cocina sentí que algo pasaría, solo pasaría algo. Arrugué el entrecejo con extrañeza. Sacudí la cabeza y me sentí extrañamente nostálgico y con una leves ganas de llorar. No sé por qué…

Dzulian…

Volví lentamente.

Vicente… ha vomitado en la sala.

¿Qué? – exclamé sobresaltado. – ¿En el mueble?

Vadim asiente. Mi mamá lo va a escoñetar. Mi mamá le va a escoñetar el alma a Vicente.


Gracias por leer~

DamistaH.