Hetalia no me pertenece.
Hola chicos, espero hayan pasado unas lindas fiestas.
He venido a calmar una inquietud en la historia, espero que no salten los capitulos por que lo próximo que diré es spoiler.
Julian SI está muerto. Mis felicitaciones habia sido por que era el dia de los Santos inocentes. No había ninguna broma oculta .
Espero disfruten este capitulo.
Sin relato
Aquella tarde cuando al pasar la revista en la habitación cinco, se encontró con un joven que parecía hablarle a un paciente; el hombre era muy viejo y se le tenía que hablar y escuchar muy de cerca, curiosamente aquella persona estaba sentado a cierta distancia de él y solo inclinó el torso de su cuerpo en un posición de interés.
Iván estaba asomado en la puerta de la habitación intentando entender lo que el viejo decía, pero tuvo que adentrarse y de inmediato vio cómo el individuo volvía el rostro hacia él con rapidez, se quedó unos segundos viéndolo. Iván recordó sus ojos, estaban muy abierto y por ende se admiraba el tono azul de estos.
Eran como el mar en movimiento.
- ¿Disculpe, viene de visita? – Iván le preguntó y su acento eslavo se escapó sin querer en su inglés –
El joven se levantó lentamente, miró al viejo postrado en la cama que miraba al joven y luego a Iván en silencio.
Él no hizo ningún otro movimiento, y realmente no se le veía tener alguna intención de hablar. Iván lo visualizó bien y este bajo los párpados un poco asustado.
Tenía un traje negro, uno que Iván no había visto en su vida, el cuello del traje era alto y tenía unos botones plateados a lo largo del pecho, de mangas largas y gemelos dorados. Pulcrísimo, un negro muy profundo. Su pantalón era de tela negra igual de perfecto pero había un detalle que Iván solo notó cuando el joven salió de la habitación con pasos muy ligeros, pero rápidos, iba descalzo.
Intentó preguntar si esa tarde el viejo de la habitación cinco había recibido visita a esa hora de la tarde, pero no había nadie con las características del joven en los registros de la recepción. De hecho, el viejo de la habitación cinco no recibía casi visitas. Su esposa había muerto años antes y sus hijos vivían al otro lado del país. Bastante triste.
Iván no vio más al joven y pensaba muy en el fondo que no quería verlo a él, seguro que lo había intimidado en su primera impresión como muchos. Quizá era su tamaño. No. Tonterías.
De todos modos y para estar seguro le preguntó a Toris, acerca de aquel evento que le había ocurrido y si conocía algún paciente o a alguien que se paseara descalzo por el hospital, y si de ser así ¿ha habido un inconveniente con esa persona y que parentesco tenía con el señor de la habitación cinco?
Sin embargo, cuando Iván le hizo la primera pregunta, obtuvo una negativa ya que no se había visto ninguna persona caminar descalzo por los pasillos del hospital
Esa misma tarde se acercó al Señor Da Silva para preguntarle acerca de aquel visitante. Iván se inclinó para hacerle la pregunta.
- ¿Aquel joven, es un familiar suyo, Señor? -
Los ojos oscuros del hombre se movieron y negó con la cabeza.
- ¿Tú también lo viste, chico? – Le preguntó, cosa que lo desconcertó un poco.
Iván asintió. ¿De qué otra manera preguntaría aquello?
- Oh, muchacho, entonces morirás pronto. –
Iván arrugó un poco las cejas y pensando que el hombre se había confundido dijo
- No entiendo.
El viejo se comenzó a reír y suspiro como si existiera algún teatro oculto en todo aquello.
- Ese joven me dijo que moriría pronto y que tenía que irme con él. Estoy solo y triste y creo que he vivido suficiente –
Iván no comprendía porque aquel hombre podía decir aquello con una seguridad impecable. Se enderezó un poco y miro los ojos del Señor Da Silva con algo de inquietud.
El Señor Da silva no le comentó nada al respecto y cuando Iván lo visitaba para hacer las revistas, no había alarma de una muerte próxima. El Señor Da silva estaba mejorando magníficamente.
Cuando Iván se retiraba esa noche, sintió como el Señor Da silva le tomaba de la bata, le pidió que se quedara pues hoy era el día en que tendría que irse. Iván lo apaciguó asegurando que nada pasaría pero que de todos modos estaría muy al tanto de él y se mantendría cerca de la habitación en el transcurso de la noche pues le habían encargado las demás revistas.
Sería la madrugada para cuando pasó solo por curiosidad por la habitación cinco de hospitalización, la puerta estaba entreabierta y vio que la cama tenía las cortinas rodadas y cubrían toda la cama. La habitación estaba oscura como se esperaba y las cortinas de las ventanas cerradas pues el sol entran por el vidrio con mucha fuerza.
Escuchó una voz y eso lo inquietó.
Se acercó rápidamente al interior de la habitación y rodó la cortina con aparente calma. Al lado de la cama estaba aquel joven que ni se molestó a volver los ojos a Iván que había aparecido. El Señor Da Silva estaba despierto y calmado, respiraba suavemente y se arreglaba para sentarse, como si encontrara decidido a marcharse de ese hospital.
- ¿Señor Da silva?, ¿Quién es él? –
- Oh muchacho, yo te lo dije. –
El individuo en cuestión no se había movido de su lugar, al otro lado de la cama. Levantó los párpados lentamente y sus ojos claros vieron a Iván con expectación.
-Vamos - Él dijo, el de traje negro extendió la mano con lentitud hacia el viejo, su mano era blanca como la nieve, y lisa. - Ya es hora.
El rostro del joven se transformó en una expresión amable, Iván vio como el viejo, inspiraba hondo y tomaba la mano del otro sin poder entender lo que pasaba.
Era una mano hermosa, junto a una arrugada, áspera y vieja, carga de muchos años, un contraste muy notable. Al momento el Señor Da silva cayó lentamente en el colchón y el perturbador sonido de las máquinas en la habitación anunciaban que no tenía pulso.
Iván notó que estaba tieso en su puesto, de pie justo a la cama.
- ¿Qué has hecho?
Iván le preguntó al muchacho, su mano aún estaba sostenida en la nada, sus dedos estaban unidos como si estuviera a punto de recibir algún objeto o lo estuviera sosteniendo ya.
Cuando volvió a ver a Iván bajó la mano lentamente, tomó la cortina la rodó y salió por esta. Camino e Iván no escuchó sus pasos en ningún momento que rodeó la cama. Cuando se acercó a la puerta lo vio.
- Se fue – Le escuchó decir.
Vio como caminaba hacia la puerta, sin calzado.
-Espera
Inútil.
Cuando se asomó por la puerta vio como se había desvanecido. Él lo vio, aquel joven se había desvanecido en la entrada de la puerta. Como había dicho, el señor Da silva se había ido.
Entonces… ¿eso debía significar que él también moriría?
†
Se sorprendió bastante al percibir en ese lugar un olor muy particular, no era igual al olor de muchas otras criaturas que habitaban los hospitales y se sorprendió aún más porque no era el único lugar donde lo percibía, era una combinación extraña de incienso con cera de velas.
Jamás había olido algo así. Dudaba que fuera coincidencia que en su recorrido la tuviera que sentir en la entrada del hospital y de otros más.
Vadim había cruzado la recepción de aquel hospital y había tomado el ascensor muy alegremente, saludó a los que estaban en él y presionó el botón del cuarto piso, el área de hospitalizaciones, debía de cobrar ya varios favores.
Había que tomar ciertas almas de vez en cuando si no se olvidan de quien eres.
Además sería divertido por que percibió al instante a varios ladrones con traje cerca, sonriendo bestialmente en sus adentros al estar en el ascensor. Este se detuvo en el piso dos.
Dos de los enfermeros salieron y entró alguien más. Vadim se hizo a un lado y no puedo evitar sonreír con retorcida alegría. Iván había entrado al ascensor. Era un poco más bajo que él, pero sin duda el parecido era increíble, la practicante que aún esperaba su piso se cuestionó si serían parientes.
Iván tenía la mirada en la pantalla luminosa del ascensor, veía como pasaba los pisos. Vadim por otro lado no podía evitar mantener su sonrisa. Cuando la puerta del ascensor se abrió en el piso tres Iván salió disparado por el pasillo de paredes blancas seguido de la practicante. Vadim se acercó varios pasos a la puerta y se asomó, luego las puertas automáticas se cerraron y volvió a esperar por su piso.
Tal vez otro día podía ver bien a su sobrino lejano.
En la noche, Iván atendió a varios pacientes de emergencias, he hizo las revistas diligentemente. Algo que le gustaba hacer cuando tenía tiempo libre era pasar por el área de pediatría y hablar con el pediatra de turno; Matthew Williams un canadiense que parecía invisible en las noches.
Antes de poder avanzar al consultorio del nombrado, vio que en la sala de espera estaba aquel de traje negro; y sin moverse ni un centímetro observaba con suma inmersión las agujas del reloj.
Parecía que no lo había notado para cuando Iván se adentró en la sala de espera, de hecho al parecer nadie lo había visto allí. Caminó hacia el consultorio de Matthew y cuidadosamente abrió la puerta, lo encontró tomando una pequeña siesta en el escritorio de la consulta. Sería muy descortés y desconsiderado si lo despertaba. Volvió hacia la sala de espera y aquel joven estaba en el mismo lugar, justo en el centro de las muchas filas de silla.
Lo observo desde la puerta de la consulta; su rostro era joven liso, y no notaba ninguna marca o arruga en ellos, sus cejas eran negra al igual que su cabello, con la tinta que caía por su rostro y sus ojos quizá era lo único que otorgaba color a su monocromático ser. Eran azules, un azul claro, demasiado inquietante.
Se acercó con cortos pasos. Pensó que lo que iba a hacer era una locura.
- ¿Hola? –
Lo vio parpadear al instante, descendió los párpados del reloj y se quedó por unos segundos viendo a la silla que tenía al frente, Iván no se movió, por algún miedo extraño a morir, como vio morir al Señor Da Silva.
Pronto el volvió a el futuro médico.
- Buenas noches- Saludó y su voz sonó baja y calmado.
Iván lo contempló por unos segundos, no podía pasar de los veintitantos años y notó al momento que no tenía zapatos.
-Eh… ¿Tus zapatos lo has perdido, Da? – Iván preguntó con cautela antes de acercarse con precaución –
El joven se miró los pies y luego miró a Iván sin expresión en el rostro.
- No. –Le respondió, arrugó un poco el entrecejo - ¿Cómo puedes hablarme? –Preguntó ahora intrigado.
- ¿Se supone que no pueda? – Cuestionó el futuro médico - ¿me puedo sentar?
El joven se quedó en silencio por un momento, no muy seguro de que responder realmente porque muy seguramente nadie se le había acercado a hablar, nadie que no muriera pronto.
-Me llamo Iván Bragisnky –Le dijo al poco tiempo y sonrió con algo de cortesía –
- Solo dime, Julián.-
- ¿Por qué solo Julián?
El nombrado ladeo un poco la cabeza.
- Porque sí – Le respondió, y vio como el eslavo se sentó. - ¿Por qué puedes verme y hablar conmigo? – Preguntó él.
- Porque sí – Respondió Iván luego de sonreír porque aquello le resultaba algo cómico e imprudente a la vez. – ¿Por qué mirabas el reloj?
- ¿Disculpa? –Preguntó Julián haciendo que su rostro dibujara una mueca de confusión
-El reloj ¿por qué lo mirabas?-
Julián guardó unos segundos de silencio.
-Alguien morirá hoy. – Dijo escueto.
- ¿Cómo sabes eso? – Preguntó Iván
- Solo lo sé -
Iván lo miró por largo tiempo mientras este volvía la mirada al reloj.
- ¿Eres un ángel? –
Julián no respondió en ese momento, de hecho, se tomó varios segundos para responder.
- Quizás.
Iván se obligó a mantenerse en silencio, pero lleno de intriga sin embargo. ¡Aquello era un encuentro sobrenatural!
- ¿Eres malo Dzulian? – Preguntó el eslavo y observó claramente aquel ser, Quizás ángel o quizás no. El nombrado bajo un poco los ojos y abrió la boca, a centímetros.
- Depende de lo que entiendas por malo. – Apuntó el azabache con calma - Yo no maté al señor Da silva si eso te preocupa, Iván.-Se volvió a verlo y lo vio a los ojos- Él debía morir en ese momento. Nada es eterno en este mundo y a mí me dijeron que debía llevar las almas a su descanso.
Una parca, pensó Iván.
Un Ángel de la muerte.
Julián se levantó con calma con la mirada en el reloj. Marcaba las dos de la madrugada.
-Será dentro de poco. –Anunció aquel que no tenía calzado. Y caminó por la final hacia la salida de la puerta de entrada.
-Espera, Dzulian – Le advirtió el médico practicante- ¿te lo llevarás? –
- Por supuesto, es mi trabajo. – Le respondió y sonrió como si esto le causara gracia, Iván se acercó a él a grandes pasos, cosa que hizo retroceder a la parca-
- ¿No hay otra forma? – Preguntó - ¿Se puede salvar? Iván podría ayudar si es necesario. No quiero que nadie muera.
El de cabellos de ébano, arqueó ambas cejas por un momento al escuchar eso. Vio la esperanza humana del futuro médico y algo se revolvió en su interior semejante a un dolor de estómago.
- Si alguien está vivo, le corresponderá morir en algún momento - Le explico con calma – Nadie puede ser inmortal. Nadie humano desde luego, ya será tarde, el tiempo se agota y debo irme. Un placer conocerte, Iván.
Esa noche alguien murió en la operación a corazón abierto, una mujer
En emergencia Iván lo veía sentado en los asientos libres del gran salón como si esperara siempre algo, cuando Iván entraba en su guardia de noche, Julián tenía la cortesía de saludar con la mano ligeramente.
Iván pensó por un momento que iba a morir pronto, sin embargo había pasado una semana de platicar con él y dedujo que el día en que le tocara morir Julián se lo diría porque siempre que se iba decía que era porque alguien en algún lado de la ciudad iba a morir y le tocaba a él recogerlo.
Lo decía de forma tan natural que era inquietante como si tuviera muchos años haciendo tal actividad. Lo había visto hacerlo en la sala de emergencia. Tocaba la cabeza del paciente en cuestión este poco a poco cerraba los ojos, o en algunos caso los mantenía abierto, sostenía algo en su mano con mucha delicadeza hasta que guardaba la mano y se marchaba.
Los enfermeros llegaron tarde para cuando el señor Davidson murió de un aparente ataque cardiaco, e incluso la parca llegó tarde, se quedó por un momento viendo el cadáver confundido. Iván apareció al poco tiempo y vio como Julián se inclinaba por hacía el cadáver del hombre con ojos analíticos y enseguida susurro.
-…Lo adulteraron –
Cuando los enfermeros se retiraron y el doctor se fue a darles la noticia a los familiares, Julián se quedó en la habitación, la recorrió con sus pies descalzos persiguiendo un rastro de tierra húmeda y oscuridad. Estaba enojado. Frustrado por que alguien más se había llevado esa alma.
Cuando salió de la habitación ahora vacía encontró el pasillo solitario, en un silencio tan sepulcral, tan muerto y tan familiar. Le resultó fácil caminar por el amplio pasillo de cerámica blanca, miro el reloj al final del pasillo; tres y cincuenta y dos de la madrugada.
Volvió a su izquierda y se abría un pasillo idéntico al que había recorrido momentos antes, a su lado derecho los doctores pasaban de aquí para allá. Se planteó la posibilidad de pasar el resto de lo que quedaba de madrugada en la sala de espera de pediatría, allí era tranquilo y podía pensar mientras esperaba.
No dio el primer paso cuando sintió un fuerte olor a tierra húmeda golpearle la nariz y se detuvo, acto seguido se dio lentamente la vuelta y observó el pasillo iluminado por lo bolsillo de luz blanca, un silencio que hacía eco solo en los zapateos del pasillo derecho.
Miró el corredor con expectación pero no observaba nada a simple vista. No había nadie en ese pasillo, nadie humano y nadie inhumano. Por qué el último paciente había muerto hace una hora.
- Dzulian. – Escuchó, pero por raro que sonara, no era la voz de Iván, y estaba casi seguro que aquel llamado provenía del suelo o el techo. Julián avanzó con cautela por el pasillo y a los pocos segundos de llegar a las primeras habitaciones escuchó los pasos de alguien acercarse.
Cuando la parca volvió Iván estaba en el inicio del pasillo.
- ¿Dzulian?
- Iván, vuelve a emergencias. – Le pidió la parca para cuando un olor intenso a humedad y tierra le golpeo el olfato, el medico no entendió del todo, pero estaba suficientemente consciente de su posición para saber que el rostro serio de Julián significaba apuro.
Cuando Julián volvió la mirada al pasillo había alguien más allí, a poco pasos de él. La parca dio un ligero pasa hacia atrás lleno de impresión, aquel olor era tan fuerte le golpeaba la nariz.
- Iván, largo de aquí. –Le gruño al humano con algo de urgencia –
Pero Iván no se movía, más una fuerza imposible de ver lo arrastró al pasillo con rapidez.
- Dzulian…-Aquel ser volvió a llamarlo.
Con algo de desconcierto la Parca lo vio; su vestimenta era igual de negra que la él, un sobretodo negro y una bufanda gris que caía detrás. Su cabello era de ceniza y en su aparición aun simulaba desprender una arena gris muy fina.
Vadim estaba a exactamente cinco pasos de Julián y se debatía entre moverse o no. O en abrazarlo o hablarle. Era él, estaba allí. No estaba vivo, claro estaba porque olía diferente, olía corteza de árbol húmeda, un poco más leve que el propio olor de Vadim.
Vadim le taladró los ojos azules con los propios, seguían siendo tan hermosos como cuando estaba vivo, solo que ahora estaban un poco más brillante y su cabello hacia un contraste muy marcado con su rostro pálido y blanco.
- Dzulian… - Se acercó unos pasos a él y noto que el azabache se alejaba a la misma cantidad de pasos-
Vadim hizo una mueca, confundido.
El demonio volvió a avanzar y casi al momento Julián retrocedió a la defensiva. Se preguntaba ¿Si el había sido el demonio que se llevó el alma de señor Davidson?, efectivamente era así, pero la escena no encajaba. ¿Cómo conocía su nombre?
- ¿Qué quieres? –preguntó Julián
Vadim se inclinó aun poco y en su rostro confundido intentó sonreír.
- Dzulian…-le dijo lentamente, su acento eslavo le recordó a Iván, y al avanzar un paso, Julián se obligó a permanecer en su lugar – Soy yo, Vadim…
Julián entornó lo ojos, él no recordaba a un tal Vadim, había tenido muchos encuentro con demonios incluso había peleado con algunos de ellos porque se llevaban las almas que él debía de guiar a su destino.
- ¿Vadim?- Julián unió los dedos y retrocedió con cautela.- ¿Cómo sabes mi nombre?
-Sé muchas cosas de ti. – Vadim respondió, dudó en continuar cuando vio a Julián alejarse y por eso no avanzó más, como si le tuviera cierto miedo - ¿…por qué no me recuerdas? ….-Se preguntó a si mimo y bajo un poco los párpados. - ¿Por qué no me recuerdas?
- Porque nunca te he visto – Le respondió el más bajo con una voz escueta pero lenta. –
Cuando Vadim escuchó aquello y saboreó cada palabra con amargura, la luz del pasillo se apagó de golpe, prácticamente todo el hospital quedo en penumbras. Lo ojos de Vadim eran dos perlas luminosas demasiado brillantes.
Julián no se movió de su lugar para cuando el demonio movió la cabeza y escuchó:
- ¿Qué?, ¿qué has dicho? – Preguntó como si le susurrara un secreto a alguien - Dzulian, tú y yo, nos conocemos… recuérdalo.
Julián no dijo nada al respecto, había retrocedido sólo para asegurarse de que Iván estuviera bien en el pasillo. El médico lo había abandonado pues no lo veía por ningún lado.
El azabache negó suavemente con la cabeza.
- ¿Cómo no puedes recordarlo? –Cuestionó el demonio alzando la voz en ese momento.- ¿Cómo no puedes? ¡Dzulian!
El nombrado levantó la mirada y sus perlas azules tenían un tenue brillo. Estaba sin palabras, en su vida recordaba a alguien como Vadim.
Vio al demonio consternado, confundido y buscando palabras para hablar. Decía algo en ruso que a Julián no le sorprendió tanto entenderle.
Decía insistentemente:
"No puede ser, no puede ser"
-Dzulian tiene que recordar-Exclamaba el ruso y se acercó a grandes pasos a él, el moreno apenas y tuvo tiempo de retroceder, su cuerpo se pegó a la pared, atrapado entre ella y el demonio- ¡Tienes que recordarme! ¡Yo te amaba! ¡Tú me amabas, a mí!
Le sujetó de los hombros como si con este gesto, con este contacto quisiera hacerlo reaccionar. Al contrario de todo lo que pensaba el demonio Julián no reaccionó, no se movió, estaba paralizado entre la pared y el demonio que se había inclinado hacia su rostro.
- ¿No recuerda todas las cosas que hice para ti? -Preguntó el demonio con aparente calma aunque por dentro alguien parecía descoser una sutura y eso a su vez permitiera que un gran río se desbordara - ¿Nada? ¿¡NADA!?
Se alteró. Julián dio un brinco, no respondió, solo podía ver sus ojos brillantes, felino y llenos de dolor del demonio.
Vadim apretó los dientes, una corriente de impotencia le arrolló, la ira se acumuló en su garganta, al ver a Julián solo sintió el incontrolable deseo de abrazarlo muy fuerte. Lo extrañaba demasiado. Lo seguía amando pero ahora lo que siente en muy contrario a la felicidad.
Ahora estaba frustrado.
Gruñó, desde el fondo de su garganta al alejarse de él, se llevó las manos al rostro, lanzando injurias en ruso; como si el responsable de que Julián no pudiera recordarlo lo estuvieran viendo.
- ¿Por qué? ¡Si tú me amabas! -Vociferó el demonio y su voz hizo que lo bombillo de vidrio explotaran en el pasillo - ¡Tú me amabas a mí! ¡A mí! ¡A mí!
El moreno se estremeció con cada palabra. Y la ignorancia lo asustó.
El hospital se volvió un caos a los pocos segundos, los gritos de los pacientes y el correr de los camilleros y enfermeros inundó los pasillos.
Julián se dio cuenta tarde que su cuerpo comenzó a temblar, porque cuando Vadim emitió un segundo gruñido parecía que estuvieran desgarrando algo en su interior. Julián quería que se detuviera, pero aquel demonio estaba tan descontrolado, perturbado, y confundido que no parecía darse cuenta de la turbación de la parca.
Julián no podía recordar nada. De hecho no podía recordar nada desde que abrió los ojos en medio de la carretera abandonada camino a la ciudad.
El solo nació y no preguntó.
Vadim estaba furioso, en cambio, furioso con la vida misma y ahora con la muerte. Se había esforzado para construir algo que le otorgaba alegría, pero lo perdió, lo perdió todo, perdió a Viktor, perdió a Julián, perdió la primavera.
El de cabello negro se movió por el pasillo, contempló al demonio frente a él, veía como profería maldiciones en su idioma natal y como parecía pensar en su alterado estado. Vadim estaba devastado.
- Dzulian, Dzulian tiene que recordarme, por favor. – Comenzó lentamente el demonio eslavo intentando calmarse y cuando intentó tocar a Julián este se alejó como si quemara. Julián se pegó nuevamente a la pared y la mitad su cuerpo la atravesó, pasando del área de hospitalización al piso de traumatología. Vadim tuvo el impulso de seguirlo pero estaba claro que ahora Julián no quería saber nada de él ya que las parcas les tienen mucho resentimiento a los demonios.
Vadim pegó las manos de la pared y se quedó en esa posición, como si estuviera en un debate mental por ir tras él o dejarlo ir. Volvió al pasillo derecho y vio como dos enfermeros se acercaban con prisa hacia él. Tenían linternas y lo alumbraron justo en el rostro, por ende arrugó el entrecejo.
- ¿Se encuentra bien? –
Vadim se quedó en silencio ante la pregunta, pego su frente de la pared blanca, y suspiró profundamente y la luz de la linterna se apagó. Al igual que sus vidas. Al igual que toda esperanza.
DamistaH.
