Hetalia no me pertenece.
gracias por leer esta historia y comentar.
Sin criollos.
Vadim estaba desesperadamente inquieto, descontrolado y devastado, a pesar de que había dejado a Julián marcharse esa noche, no podía simplemente dejar de verlo. De vigilarlo. Porque aunque no lo supiera seguía siendo su lindo girasol, a pesar de que ya no podía escuchar su corazón o su risa.
En el pub, Vadim se notaba bastante desanimado y bebía el doble de lo que normalmente tomaba, sus amigos se le habían acercado una vez y preguntado la razón de su drástico cambio, pero el no quiso contarle la razón, al notar su insistencia solo los ignoro, se marchó y se preguntó que estaría haciendo aquella parca en ese momento.
Las parcas se encargan de recoger las almas que se han desviado del camino, no son muchas, no como los demonios, por eso siempre habían almas en penas de aquí para allá, ser una parca es sinónimo de trabajo y soledad, y también de carencia de apego. Eran muchas almas que recoger y una parca no podía andar encariñándose con ninguno, mucho menos con un humano.
Cosa que le causó cierta inquietud a Vadim cuando lo contemplaba en la oscuridad, en la sala de emergencia o en la sala de pediatría, sentado con Iván.
Iván Braginsky.
Arrugaba su ceño cuando lo olía cerca.
Era sin duda hijo de la familia Braginsky, de su familia y por consiguiente, esto los hacia familiares lejanos por siglos. Era su sobrino lejano, y podía constataste pues el parecido era increíble, más a la vez eran muy diferentes.
Iván era humano, Vadim no lo era.
La situación en el hospital se encontraba algo turbia debido a la desaparición de dos de los enfermeros en aquella madrugada, Vadim sintió algo de arrepentimiento debido a que gracias a eso ahora el ambiente del hospital estaba de más de insoportable, pero es que no se pudo controlar, estaba tan enojado, que no dudo en abrir las fauces y tragárselos a los dos.
Le dolía, le dolía no ser recordado por una persona tan importante con es Julián, y él estaba lo suficientemente seguro de saber que esa parca era Julián.
Ignoraba la razón por la cual no podía recordarlo, le daba mucho coraje y tristeza no poder hacer nada para cambiar ese hecho viendo que al intentar acercársele Julián siempre estaba a la defensiva.
A veces ni intentaba evitarle, a veces Vadim podía sentarse en cualquier sala de espera, solo porque se encontraba demasiado abatido como para hacer otra cosa y Julián aparecía por la puerta, lo veía sorprendido y se volvía a ir, allí Vadim suspiraba profundamente triste y toda la sala se envolvía en una sombra fría. Tan fría. Helada.
Julián podía hablar de muchas cosas con Iván en su tiempo libre que era muy poco frecuente porque siempre había mucho trabajo que hacer en emergencias y cuando no era así, la parca podía ver el cansancio en los ojos del joven eslavo, y se preguntaba cómo podía sentirse estar cansado. O cuando dormía se preguntaba como seria soñar, o si alguna vez él había soñado pues para alguien como él no había tal cosa como el descanso.
— Dzulian ¿Sabes algo de los enfermeros? –Preguntó un adormilado Iván recostado del escritorio –
Julián se había trasladado a una silla desocupada en el consultorio y veía con suma atención el reloj de la pared.
Volvió a Iván al escuchar tal pregunta.
— Si.
— ¿En serio? –
Julián asintió.
Hubo un silencio en donde Julián se mantuvo viendo a Iván al rostro, sin decir nada.
— ¿Qué pasó?—
— Murieron. –Le respondió el azabache, escueto – Ese demonio lo hizo. Ese tal…Vadim.
— ¿Vadim? ¿Tú lo conoces? –Iván se vio sorprendido, sabía que existían ese tipo de seres, pero jamás había tenido la oportunidad de confírmalo, hasta que Julián se lo había dicho. — ¿Es un demonio de verdad?
Julián se levantó lentamente de la silla. Dejando a un confundido Iván en el escritorio.
— No lo conozco – Puntualizó la parca – pero él dice que sí.
Iván arrugó el entrecejo.
— Extraño ¿no lo crees?
Iván asintió.
— ¿Vas a hablarle? – Julián parpadeó con sorpresa y negó con la cabeza— ¿No quieres saber por qué dice eso?
Julián dudó, guardó silencio un segundo y miró a Iván con severidad con sus grandes ojos azules.
—Es un demonio, la mayoría de ellos mienten – Dijo la parca, como si hablara consigo mismo y se quedó en silencio – Él dice que yo lo amaba, pero no lo recuerdo… ¿Cómo puedo amar a alguien que no conozco? – Se cuestionó arrugando un poco el entrecejo y se llevó una de sus manos al cabello negro para adquirir una actitud pensativa.
Julián permaneció en silencio y al volver a donde Iván estaba lo encontró dormido en el escritorio y realmente sintió algo de envidia que él pudiera tener el placer de descansar, dentro de su confusión sonrió suavemente y fue hacia donde él estaba se inclinó sobre la madera del escritorio y le observó el rostro durmiente y cansado. Le acarició el cabello rubio con un gesto espectral y esa madrugada lo dejo dormir.
En la sala de espera de pediatría habían algunos pacientes esa noche, varias madres con sus niños, Julián se sentó en uno de los puestos libres, en uno de los últimos puestos disponibles, como siempre se quedó viendo el reloj de la sala, hasta que la pregunta de Iván le taladró el cerebro.
Bajo los ojos e inclinó la cabeza. Recordó lo incómodo que se sintió -y sin decir asustado-cuando aquel demonio prácticamente explotó, solo por no poder reconocerlo y como se estremeció cuando le aseguro que se amaban. ¿Cuándo? , se preguntó ahora Julián, arrugando el entrecejo ahora confundido. Cuando salió de su ensimismamiento noto que la sala estaba vacía y que el doctor pediatra de turno salía del consultorio.
Se fijó en cada uno de los movimientos y lo vio alejarse de la sala y perderse por el pasillo, al no verlo más Julián no le dio más importancia se quedó en ese puesto por unos treinta minutos más hasta que percibió algo diferente, algo sin duda…diferente.
Julián tuvo que armarse de valor a lo desconocido para suspirar profundamente, enderezarse en su puesto y mirar la sala.
— No sé si es que quieres que te note o no sabes esconderte. – Habló el azabache.
Pasaron unos segundos para cuando Vadim apareció asomarse por la pared que se conectaba por el pasillo, Julián sintió una especie de estremecimiento extraño detrás de la nuca.
Vadim no se había movido de ese lugar para cuando vio a Julián sentado en la silla, este tenía los ojos clavados en su rostro. Vadim suspiró y pronto fue como una ceniza que se materializó a dos puestos de distancia donde estaba la parca.
Julián no lo perdió de vista; cuando Vadim se hubo sentado en el asiento, ahora la sala se quedó en un profundo silencio sepulcral por dos seres que no se decidían quién hablaría primero para espantarlo. Julián dejo de mirar al demonio y se dedicó a ver el reloj, sería las dos de la madrugada.
Vadim se preguntó por qué había ido allí, si el solo verlo lo hacía sentir miserable e impotente, debía de ir a Rusia, o a su casa en el inframundo donde no tendría que pensar que en lo habia perdido para siempre al verlo cerca. El demonio movió los ojos por los asientos de la sala y por el reloj, donde Julián no parpadeaba.
— ¿Has venido a comerte a alguien más?— Preguntó Julián. Esto hizo que Vadim se enderezara y volviera los ojos al perfil del azabache. –
— Nyet. – Susurró el demonio y se quedó en silencio mientras que veía la forma en que la mandíbula del otro se movía para volver a hablar.
— ¿A qué has venido? –
Oh, Vadim deseaba tener la respuesta a esa pregunta, él no sabía a qué había venido, ¿Por qué volver a algo que te causa dolor?.
A lo perdido.
La demora en la respuesta hizo que el más bajo volviera el rostro al demonio y no encontró sus ojos por que parecía mirar al piso con sus parpados casi cerrados.
— ¿No te has preguntado…por que no puedes recordar nada? – Susurró el demonio con cautela, cosa que no parecía mutar a su interlocutor. –
—No. La verdad. – Le respondió y esas palabras parecían quemar como hierro al rojo vivo –
Vadim suspiró.
— Dzulian. – Vadim levantó los párpados hacia él y vio como el otro fruncía las cejas confundido –
— ¿Qué se supone que debo de recordar? – Le cuestionó un poco intrigado — ¿Qué nos conocemos?
Y aunque eso era solo la punta del iceberg, Vadim asintió suavemente. Julián negó con la cabeza.
—No tengo recuerdo a cerca de ti. Ni siquiera sé cómo puedes saber mi nombre – Le refutó con calma— Eres un demonio, y todos los demonios son mentirosos.
— Yo jamás le mentiría a Dzulian. –
Julián no dijo nada, miro al demonio a los ojos y luego de removerse en el asiento suspiro.
—De verdad no puedo creerte. –Sentenció la parca mirándolo a los ojos — No puedo creerlo
— ¿Por qué no? ¡¿Por qué no?! – Exclamó el otro con alteración casi inmediata. — ¿Quién te hizo esto?
Vadim apretó los dientes y resistió el deseo de liberar un gruñido, frustrado, por temor a que Julián se fuera otra vez.
— ¡No sé por qué!—Julián exclamó – ¿Por qué es tan importante?
Vadim abrió los ojos de sobremanera.
— ¡Por qué yo te amo, maldita sea! — Vadim gruño y las luces titilaban con rapidez, para cuando se calmó, Julián tenía el ceño fruncido, claramente molesto.
Hubo un momento de silencio
—No me grites—Le ordenó el más bajo con una voz amarga y una mirada de furia, era la primera vez que Vadim había visto aquella expresión en el rostro de Julián. – Yo no—
Julián se quedó allí, con los labios entreabiertos cuando escuchó el gemido de una persona, era de un niño sin duda, pero era diferente, en seguida se levantó y cuando se dispuso a caminar a donde percibía tal lamento Vadim le tomó del brazo.
—Quédate, Dzulian
—No puedo. – Le dijo jalando su brazo, para recuperarlo del agarre del demonio – Tengo que ir…
—Dzulian, por favor... –Rogó el de ojos violeta, Julián sintió un revoltijo en el estómago y se quedó quieto viendo a Vadim. Estaba desesperado – quiero hablar contigo.
La parca apretó los dientes, y cuando escucho el gritillo otra vez, dio un brinco reaccionando.
—Tengo que ir…— Le dijo a Vadim con una voz más calmada. Movió el brazo que Vadim tenía sosteniéndolo y este lo soltó –
Vadim vio cómo atravesó la pared al área de hospitalización pediátrica. Julián pasó por varios pasillos de la sala para cuando volvió a escuchar el lamento de aquel niño.
Lo encontró escondido bajo algunas camillas y Julián se agacho para poder verlo. Estaba llorando.
— ¿Hola?
El niño enseguida se asustó y retrocedió, tanto que se golpeó la cabeza con el metal de la varilla. Julián se sonrió.
— ¿Qué haces aquí abajo? …no crecerás si te escondes debajo de las cosas… —
— Déjame solo…—Gimió el niño; tenía el cabello castaño y los ojos del mismo color, húmedos de tanto llorar.
Julián sorprendentemente a lo que debía hacer, se levantó de allí.
— ¡No, no, no, no, no me dejes solo! – chillo desesperadamente el muchachito y Julián se volvió a agachar.
— ¿quieres…salir de allí? –Preguntó la parca y aunque aún inseguro el muchachito se movió debajo de la camilla y fue hacia donde Julián se había agachado. – Bien, ahora ven aquí.
El pequeño que aún se limpiaba el rostro se aferró del cuello del otro con fuerza y comenzó a llorar entre gimoteos.
—Ya…ya.. ¿Por qué lloras? –
Julián se alejó de la camilla y caminó por el pasillo buscando algún indicio de lo que le ocurría al muchacho, a las pocas puertas de la camilla donde se encontraba estaba una cama en donde el cuerpo del niño estaba reposando, tenía muchos conductos conectados a su cuerpo y a su lado en un sillón estaba su madre que luchaba por permanecer despierta.
— ¿Por qué estoy fuera de mi cuerpo? – Pregunto entre uno de los gimoteos.
— Porque…tal vez tengas una oportunidad. –Le dijo luego de dejarme una palmaditas cariñosas en la espalda del niño y alejarse de la puerta de aquel cuarto— ¿Cómo te llamas?
— Eduardo…
—Muy bien Eduardo., Yo soy Julian y tengo algo que proponerte… —Julián se acercó a la camilla nuevamente y deposito al niñito allí para verle el rostro pues no se había despegado de su cuello desde que lo había cargado – Sabes que mamá te quiere mucho ¿verdad?
El niño asintió.
—Te diré que…puedes quedarte con mamá, o irte conmigo a descansar. – Como el niño no entendió Julián se tomó el tiempo de explicarle lo que realmente ocurría; que un coma no era la muerte y que normalmente el alma salía por que su cuerpo se encontraba en un trance. Tenía la opción de quedarse,esperar o dejarlo todo — Mas si te vas, dejas un gran dolor a alguien que te quiere…y tu mamá te quiere mucho. ¿Quieres esperar indefinidamente y quedarte, Eduardo o irte y olvidar todo?
El niño lo pensó mucho, hizo muchas preguntas que Julián respondió con un Sí y No, y espero pacientemente a que el infante decidiera. Al final el pequeño decidió esperar por su madre y por el día en que regresara a su cuerpo. Julián sintió algo de admiración y alegría.
—Bien… Entonces, no llores más y se valiente— Le acarició el cabello castaño— Estoy seguro que tu mamá te extraña mucho…por eso aún está esperándote….
Julián se detuvo un momento y miro a los ojos del niño, cayó en un trance que no supo explicar pero se sintió bastante familiarizado con aquel evento, el niño lo miró expectante. Cuando Julián alzó los párpados, abrazo al muchachito le deseo suerte, lo bajo de la camilla y lo vio correr a la habitación.
La parca se quedó a un lado de la camilla con los ojos clavados en la puerta de la habitación, se subió a la camilla y de allí no se movió en toda la noche meditaría en ese extraño sentimiento que experimento al decir esas palabras, era como si las hubiera escuchado en alguna parte y como si él mismo hubiera respondido. Balanceó los pies desnudos, sentado en la camilla suspiro tan profundamente.
— ¿Por qué no puedo recordar donde escuche eso?
Sería de día para cuando Julián volvió a la sala de espera de Pediatría y la encontró llena, no ubico algún asiento para él así que decidió usar el ascensor aunque necesario no le era, pero recorrió el camino a el más cercano espero a que abriera e iría a la azotea porque de algún impulso quería ver el amanecer.
Se comenzaba a frustrar de no saber por qué esos extraños caprichos de querer ver el cielo, antes le era superfluo, ahora parecía ser extremadamente necesario, más tarde quería visitar la cocina del hospital o incluso quería ir una tienda de suvenires.
Quería ver las aves en el cielo.
Pero todo eso terminó cuando se preguntó ¿Dónde estaría Iván?, antes de que el ascensor se abriera apareció en el consultorio donde no lo vio por ningún lado, apareció en emergencia y encontró la sala repleta y al pasar por ella no lo vio por ningún lado. Quería contarle lo que sentía, lo extraño, frustrado e incómodo que se sentía esa mañana.
No encontró a Iván, así que impotente de poder encontrarlo, se dignó a sentarse en el tercer piso, en unos bancos que estaban arrimados a los pasillos. Sorprendentemente no había muchas personas que transitan dicha área cosa que lo reconfortó.
Quería estar solo.
Quería pensar solo.
Y por sobretodo quería silencio. No supo cuánto tiempo estuvo intentando lo mismo; rebobinaba la vida en su mente y volvía a perderse, era como si cayera en una laguna mental y retomara otro recuerdo en una línea de tiempo diferente. Comenzaba a dudar de su memoria. Se llevó la mano al cabello negro y frunció el ceño enojado por no poder ordenar sus pensamientos evento que no le había ocurrido jamás
Todo era culpa de Él, Vadim.
Si no hubiera aparecido con tal historia quizá Julián no se cuestionara su existencia.
— ¿Qué es lo que quieres? – Preguntó con los dientes apretados, pasó las manos por su rostro en un señal de impaciencia y sintió que alguien, no, sintió que él se sentaba a su izquierda –
Ahora Julián no estaba asustado de tenerlo tan cerca, ahora está enojado de que se acercara demasiado.
Vio como le tomaba la mano derecha, los dedos de Vadim estaban cubiertos por guantes negro igual de fríos, Julián tuvo el impulso de alejarse y desaparecer de allí, huir y no verlo jamás. Sin embargo ya lo había tomado de la mano. Cuando volvió a verlo noto que estaba buscando algo en el bolsillo de su sobretodo.
— Hace algunos años… — Dice con una voz gruesa y cansino— celebramos mi cumpleaños con tu familia y…
Era una pausa en donde Vadim se debatía entre continuar o abandonar lo absurdo, Julián aún receloso veía a los ojos violetas del demonio, no había movió su mano por motivo que desconocía, cuando sintió algo frío y metálico tocarle la piel su mano tembló y se dio cuenta que estaba nervioso.
— Tú me regalaste esto, tal vez tampoco lo recuerdas...— Susurró con pesar el más alto y entornó los ojos con un sentimiento gris —
Era un bolígrafo negro con franjitas plateadas y algo pesado. Un artículo hermoso. Julián sintió como el otro le soltaba la mano lentamente.
Julián se quedó en silencio y cerró los dedos alrededor del artículo. Era bonito debía de admitir y no parecía tener ninguna maldición, era un bolígrafo corriente. Lo miro con detenimiento, con suma atención, presiono el puntero y la punta salió, lo presiono otra vez y la punta se volvió a guardar.
Se sintió mareado de repente.
Suspiro sonoramente, apretó y relajó la mano en el bolígrafo, como si lo amasara, como si de él, quisiera exprimir los supuestos recuerdos.
—Me iré – Dijo el demonio y Julián no hizo ninguna expresión, no respondió algo, ni volvió a verlo. –
Julián tenía la mirada clavada en el bolígrafo, no dejaba de amasarlo con los dedos.
—Dzulian, me iré a Rusia –Vadim suspiro y bajó los ojos hacia sus propias manos, había tomado aquella decisión momentos antes, además que ya la tenía meditada desde hace unos meses. –
Ya no encontraba nada que hacer allí, Julián no lo recordaba, no recordaba algo tan importante, algo tan clave en su relación, algo por el cual habían estado juntos. No recordaba nada.
Vadim confirmaba por fin, que lo había perdido todo. Todo en ese momento.
Julián no era Julián nunca más. Eso había concluido el demonio.
—Vadim quiere a Dzulian, por eso no te obligare a que me creas, a que me acompañes, a que me escuches –Dijo el ruso, guardo silencio por un momento. Tomo aire suavemente y se fijó que el otro había dejado de amasar el bolígrafo en sus dedos.
— ¿te irás? –
—Da—
Silencio.
Julián aún tenía los ojos clavados en el bolígrafo negro y reanudó el movimiento de sus dedos
—Es muy bonito. –Comentó, Vadim no dijo nada, Julián tampoco — ¿Eres ruso?
—Da. –
La parca le creyó sin duda.
— ¿Por qué te iras? – Quiso saber el más bajo –
—No tengo ya nada que hacer aquí. No puedo obligarte a creerme.
—Eso es correcto — Julian está de acuerdo y cierra los ojos lentamente.
Vadim ve perfectamente cómo sus párpados descienden con lentitud. Como se queda en silencio. El demonio confirma que estaba en lo correcto, no importa cuánto intente hacer que le crea, Julián no puede recordarlo, mucho menos podrá recordar el sentimiento que ambos compartían.
No sabe cuánto tiempo pasó, pero se sintió un poco más aliviado al ver el rostro de Julián tranquilo, sentado en aquel banco de metal. En paz. Esa seria, quizá, la última imagen que vería del venezolano en su vida.
Pues la última vez que vio su cuerpo fue en el momento que cerraron el féretro. Hace tres años.
Vadim se levantó suavemente, dando por terminado aquella despedida. Julián aun no abría los ojos, no se dignará a despedirse, no lo culpaba, los demonios no eran seres merecedores de gratitud o cortesía por otros seres.
Eran una amenaza. Estaba seguro que en ese hospital, aquella Parca se sentía amenazado por el demonio cercano. Vadim lo vio por última vez y este abrió los ojos poco a poco.
—Adiós, Dzulian, Vadim fue muy feliz contigo. – Tal vez aquello no pudiera expresar bien todas las emociones y vivencias que compartió con el latino en aquella vida, pero no quería aturdirlo más en su escasa memoria— Vadim, espera que seas feliz, ahora.
Como esperaba, la parca no respondió. Vadim se dio media vuelta e intento no volver atrás, intento no pensar en nada. Él era un demonio y veía gente desaparecer a diario, no debía de sentirse más vacío de lo que ya estaba. No debía de retroceder a aquella decisión que era sin duda la más sabia.
No podía obligar a nadie a que lo amará, mucho menos a Julián.
Por qué el amor…el amor era de humanos, solo humanos. Que egoísta ha sido Dios, pensó.
—Vadim. Espera. –llamó la parca, esto lo hizo detenerse y volver suavemente –
Julián tenía el bolígrafo en la mano había dejado de amasar el bolígrafo, muy por el contrario se había levantado y le extendía el bolígrafo.
—Esto es tuyo. –
—Ya no lo es—
—Sí, lo es. –
Vadim miró el rostro del otro.
—No, ya no lo es—
—Sí, si lo es. Yo te lo regale. —Dijo el — ¿Lo recuerdas? El año nuevo, estábamos con mi familia, era tu cumpleaños… ¿Lo recuerdas Vadim?
Julián entorno los ojos. Vadim arqueo las cejas sorprendido.
—Esto siempre va a ser tuyo – Afirmó el azabache. Vadim quedo sin palabras –
En aquel silencio, Julián se acercó al más alto y le tomó de la mano derecha, solo para depositarle aquel artículo en ella. Fue un acto atrevido, viniendo de una parca hacia un ser tan oscuro como un demonio.
Al ver el pluma en su mano, sintió un dolor nacer en su pecho. Miró a Julián y este poco a poco sonrió.
— Recuerdo que el día que te lo regale, poco después, me sentía extraño ¿sabes?-Julián bajó un poco los ojos como si se transportara a estos recuerdos- como si la vida hubiera decidido hacer algo conmigo, no te lo dije porque yo simplemente no quería pensar en otra cosa que no fuera estar contigo. …No quería pensar que yo…iba a morir tan pronto…
Hubo una pequeña pausa.
— Y yo…No creo que pudiera sentirme feliz si tú decides irte ¿sabes?, por que Rusia queda muy lejos… Y yo no puedo aparecerme así como así. Es decir, no he planeado viajes tan largos.
Vadim dejo salir aire en un profundo suspiro.
— Nyet, Vadim no se irá. –Dijo el otro tan rápidamente, un poco descolocado, Julián sonrió de oreja a oreja y sus ojos parecieron imitar a los de otro, por que comenzaron a brillar— Porque no quiere que Dzulian se vuelva un ser gris… —
Porque había recordado.
—Vadim también sería feliz de estar con Dzulian, Mi girasol – Me inclinó un poco y atrapó a el más bajo en un abrazo, por la cintura, lo levantó del piso y lo encontró más liviano que antes.
No importa. Aquel demonio se sentía muy feliz.
Sentía como el otro le abrazaba el cuello, peinaba su cabello de cenizas y daba muchos besos a su rostro y frente. Vadim por otro lado hundió el rostro en su pecho y le acariciaba la espalda suavemente.
Decía en ruso lo feliz que estaba y lo mucho que lo amaba, que estaba más delgado pero no importaba, Julián entendió todo para su suerte.
La luz pronto se apagó, por alguna razón, Julián se asustó, y sospechó que fuera obra del demonio que estando muy contento, no era de extrañar que se descontrolara. Se pegó al cuerpo del más alto en un abrazo que este disfruto mucho de su cercanía.
— ¿Ese fuiste tú?
—…Quizá. –
—Hay pacientes pegado a máquinas.
— ¿y?
—Que pueden morir…
Vadim rió, y le acarició todo el tramo de su espalda.
—¿Da?
—Y Yo soy una parca.
—Sí, eso es correcto. –
—Intento decir que tengo que…ya sabes, llevármelos –
— ¿A dónde?
— a descansar—
Vadim asintió comprensivo. Pero no se despegó de Julián en ningún momento. Se quedó así por unos minutos que para él fueron muy cortos.
—Vadim, querido, de verdad necesito hacer esto.
Entonces lo bajo.
— ¿Dzulian va a volver? –
—Sí, voy a volver. – Le dijo cuándo sus pies descalzos tocaron la cerámica — ¿No te iras? ¿Verdad?
Vadim negó con la cabeza suavemente y Julián pudo verlo, porque ambos claramente podían ver a través de la oscuridad. Eso hizo sonreír al más bajo.
—Bien, no te comas a nadie mientras— Julián sonrió, Vadim lo imitó, se inclinó y compartieron un beso de momentánea despedida. Vadim sin embargo le sostenía las manos y pasaba el pulgar por la piel descubierta de estas.
—я люблю тебя /Te amo/–Le susurro el eslavo al separarse y beso la frente del otro con devoción. Julián se enterneció en la oscuridad. Su pecho se sentía gratamente pesado.
—Я тоже тебя люблю. /Yo también te amo/— Le respondió al poco tiempo
Cuando el demonio vio a la parca marcharse se sintió idílicamente feliz, por que volveria. Sabia que volveria, eso lo hacía feliz...
...Vadim era muy feliz.
El fin.
DamistaH.
Este es el final de nuestra historia. Espero les haya gustado.
Estos niños vivirán una eternidad juntos. Gracias por leer~
