Disclaimer: Los personajes de la película Maléfica no me pertenecen...PERO OJALÁ! Y no hago esto para sacar dinero.
Old married Couple
Capítulo 2
Philipp no podía estar más contento. Su Aurora, su preciosa Aurora, había accedido a casarse con él hace ya un tiempo, y mañana era el gran día. Todo había sido un caos en el castillo. Flores, trajes, decoración, invitados, banquete...Aurora había insistido en invitar también a las criaturas del pueblo de las ciénagas, y muchos habían accedido, curiosos por la fiesta. Aunque muchos otros habían preferido quedarse en el bosque, y celebrar allí que su reina se casaba.
Lo que no sabía aun, era si Maléfica, la madrina de Aurora y protectora del mundo mágico, había accedido a participar. A Aurora le hacía mucha ilusión aquello.
Philipp meditaba sobre el acontecimiento mientras se daba un reconfortante baño con espuma. Privado, en una de las torres del castillo, con la bañera junto a una ventana, desde donde se podían divisar las tierras del reino.
-Bueno bueno.- Una voz que no debería estar ahí sobresaltó al joven príncipe, que por poco salpica el agua fuera de la bañera del susto, al ver a Maléfica junto a la puerta del baño.
-¿Cómo...? Pero si...- Él hubiera jurado que había dejado la puerta cerrada. Pero Maléfica no hacía caso a sus balbuceos. Alzó la barbilla, con expresión dominante hacia el príncipe, y futuro marido de su ahijada.
-Mañana es el gran día.- Comentó la obviedad, para empezar la conversación. Philipp no sabía que decir, ya que su mente estaba todavía preguntándose de donde había salido la madrina de Aurora.
-Madrina...
-Es Maléfica, o Señora, para ti.
-Maléfica...
-Mejor Señora.
-Si, señora.- Philipp tragó saliva, y se encogió dentro de la bañera. Un graznido llamó su atención, y se encontró con el cuervo de Maléfica, apoyado en la ventana, y mirándole fijamente.
El hada tuvo que contenerse la risa. Se repitió a si misma que esto era necesario, que era su deber como protectora de las ciénagas, y de la Reina.
- Como te iba diciendo, Philipp, mañana es el gran día.- Dio un par de pasos. La habitación era demasiado pequeña para ella y sus gigantes alas. -Por lo que he podido ver, está todo a punto, y Aurora parece muy feliz.- Maléfica hablaba despacio, pronunciando cada palabra como si la tuviera ya meditada, y, aunque no se movía casi debido al reducido tamaño de la habitación, desprendía una imponente presencia.
-Claro...
-Como bien sabrás, el matrimonio es algo que no se puede romper así como así.
-Madr...Señora, no entiendo a que punto quereis llegar.- El joven príncipe se sentía confuso, e intimidado, y la fija mirada del cuervo no ayudaba mucho a tranquilizar sus nervios.
-Como madrina de Aurora, es mi deber velar por su felicidad, y no he podido evitar preguntarme si de veras la amas, como para casarte con ella.- Maléfica terminó la frase volviendo la vista hacia Philipp, que carraspeó, incómodo, buscando una respuesta que no terminase con él convertido en una planta, o en un animal, o el algo peor.
-B-Bueno...Claro, claro que la amo. La quiero con todo mi corazón. Bueno, quizá no llevamos tanto tiempo juntos como para estar unidos de la forma que lo estais vos y su...- Cuervo? Siervo? Esclavo?-...Pareja, pero de verdad que le aseguro que nunca jamás haría dañ...
Maléfica interrumpió su atropellado discurso alzando la mano.
-¿Qué has dicho?- Fue la pregunta que salió de su boca. Diaval ahora parecía un cuervo de piedra, sin mover ni una pluma, y con los ojos fijos en Philipp.
-Que...Que por supuesto que la quiero y la adoro y..
-No. Antes.
-Eh...-El joven príncipe recopiló las palabras antes pronunciadas en su mente- ¿Que aun no estamos tan unidos como vos y vuestra pareja?-
Maléfica tensó los labios, el pecho, y se le cortó la respiración. Quedó estática mirando al joven príncipe, y si este no hubiera estado ocupado rezando en su mente por no acabar transfigurado en un hurón, hubiera podido fijarse en que sus pómulos habían adquirido un suave colorido.
Pero mantuvo la compostura, como era habitual.
-Silencio.- Zanjó el tema. -Y ahora escúchame bien, principito.- En una milésima de segundo se había acercado a Philipp, y le taladraba con los ojos. Una sombra se cernía sobre ella, de forma amenazante.
-Si se te ocurre hacerle el menor daño a Aurora...El. Más. Mínimo...Te perseguiré, te alcanzaré, y correrás una suerte peor que terminar con tu vida. ¿Te ha quedado claro?-
Philipp quería llorar.
-C-C-Clarísimo...Señora...- Ni siquiera supo como se las había arreglado para pronunciar esas palabras.
-Bien. Entonces solo me queda daros mi bendición para la boda. Descansa, Philipp. Mañana será un gran día.
Y dicho esto, y con un movimiento de sus dedos, el hada abrió la puerta, y salió a pie de la habitación (ya que la ventana era demasiado pequeña para salir volando por ella) seguida de su cuervo, Diaval, y dejando al joven príncipe con el corazón palpitando acelerado, y el agua de la bañera helada.
Continuará.
Espero que os haya gustado.
