Hola a todos, quería agradecerles a los que les han dado fallow, favorite,y por sus review! y de paso decirles que tratare de actualizar d veces por semana o diario si puedo... sin mas que decir, les dejo con el segundo capitulo de esta historia.
NOTA: Esta historia no me pertenece, es de la escritora B.L. Miller., al igual que los personajes utilizados pertenecen a la serie Once Upon A Time.
CAPITULO 2
Regina Mills echo un vistazo en su reloj con diamantes por décima vez en una hora. De todas las miserables noches tenía que hacer una aparición en Sam´s, la casa del marisco que hacia también de lugar para las reuniones sociales de los ricos Albany. Cualquier noche uno podría ir allí y ver al gobernador, a senadores de estado, y gente común que deseaba gastar cientos de dólares en una cena. El maître sabía quién era quien y los sentaba como correspondía. Nunca sentaría a alguien como Regina, quien encabezaba una de las más grandes familias que poseía corporaciones en el área, cerca de alguien quien incluso no poseía su propia casa. A Regina no le gustaba ir allí, a pesar del prestigio mundial de su cocina. Esta noche sin embargo, tuvo poca alternativa. Mr. Gold, el zoning board of appeals commisioner, peleaba una petición de cambio de zona y había acudido a ella para alisar sus arrugadas plumas y para conseguir que la negociación pujara. Sus primos llevaban una pequeña ramificación de la corporación familiar, Mills Car Washes. Era un negocio pequeño en términos de ingresos que traía a la familia, pero enormes a los ojos del público, especialmente con los treinta túneles de lavado de autos sobre el área y los numerosos anuncios de televisión. "consiga su auto lavado adecuadamente en Mills" era un muy acertado slogan, y hacía mucho tiempo, financieramente hablando, que el nombre de los varones de la familia era una noticia de la casa. Neal y August son los primos a cargo del servicio de lavado de autos, deseaban construir uno nuevo en la esquina de Lake y Stare Streets. Era una primordial localización en un área predominante residencial. Incluso querían, por ahora, comprar la parte de la esquina del almacén que había estado previamente ahí y las casas adyacentes en espera de conseguir la transición. Ahora el comisionado Mr. Gold estaba cuestionando la destrucción de tres "magníficos antiguos edificios" de Albany para poner otro "estúpido auto lavado". Las reuniones y negociaciones no funcionaron, ofertas de grandes donaciones cívicas no funcionaron, incluso los sobornos fallaron. Y cuando los hermanos habían agotado todas sus ideas y aun no podían dominarlo, acudieron a Regina para poner las cosas correctas. El comisionado salto en la oportunidad de encontrase con una de las mujeres más elegibles de la ciudad e insistió en cenar esa noche.
Así que como resultado ella tuvo que salir de su agradable hogar en medio de una de las peores ventiscas golpeando la ciudad desde hacía años, para venir y cenar con el comisionado para que les autorizara la transición. Era una situación para negociar y Regina estaba acostumbrada a eso. El único problema era que Mr. Gold quería más que buena voluntad de la belleza de cabello oscuro que dirigía Mills Corporation.
Debido a su insistencia en que ellos se encontraran esa noche, no había habido oportunidad de hacer la reserva de mesa. Para casi cualquier persona, habría significado no entrar a la prestigiosa casa de la ostra. Pero para Regina, el maître los coloco en el bar, mientras desesperadamente intentaba encontrar un lugar para la presidente de Mills Corporation y su invitado. Durante la espera, la mujer de ojos oscuros sufría teniendo que escuchar los clamores pocos recordados de un hombre que le decía todo sobre sus títulos y lo inteligente que él era y como ella debería considerar pasar más tiempo con él.
La única parte buena de la noche había sido el constante rellenar de su copa de vino con el más fino de la cosecha por parte del camarero. Por lo menos había podido gozar de un buen vino mientras le escuchaba. Ahora una hora y media más tarde, estaban sentados en una mesa, tomando una cena que fue servida apenas pocos minutos antes. "Regina… usted sabe ese es un nombre tan bonito. Un nombre bonito para una bella dama," Mr. Gold extendió su tenedor para robar un pedazo de langosta de su plato. "No entiendo por qué usted cree que un área con tal clase y belleza necesita un auto lavado. ¿Puede usted imaginar en todo el tráfico que atravesaría por allí? Interrumpiendo a la gente mientras ellos están durmiendo, disturbándolos con todo el fuerte ruido que esas máquinas hacen". Su tenedor encontró otro pedazo de langosta, el reto de la cola. "Seguramente usted no desearía uno de esos justo a lado de su puerta ¿no es así?"
Los oscuros ojos se deslumbraron en la mejor parte de su langosta que hacia su camino dentro de la boca de alguien más. Había sido cortes y agradable toda la noche y ahora era tiempo de enseñar al pequeño hombre una lección. Limpio sus labios con la servilleta de lino. "El auto lavado estará únicamente abierto de ocho de la mañana a diez de la noche. Estoy segura que a nadie se le despertara y se le estará molestando, y si usted roba un pedazo más de comida de mi plato yo voy a apuñalar su mano con este tenedor, ¿me explico claramente?" dijo llanamente mientras se llevaba su copa de vino a sus labios. "Ahora usted y yo, ambos sabemos que en esas calles hay mucho tráfico, y seguro que a los residentes les gustara la idea de que un auto lavado llegue a su área, y eso también significa diez trabajos más a la comunidad. ¿Qué piensa que sucedería en las próximas elecciones si apoyamos a los demócratas y les damos y les damos esta pequeña pieza de información?¿Que bueno sería su nombramiento si el nuevo alcalde decide limpiar la casa?"
"Ahora usted está justo exhalando humo, Srita. Mills" él dijo, recostándose y encendiendo un cigarro. Fumar por supuesto estaba prohibido en esa sección del restaurante pero Mr. Gold creía que su posición lo ponía por encima de lo que él consideraba una tonta ley. "Los Mills siempre han apoyado a los republicanos, todo el mundo lo sabe." El tomo otra calada de su cigarrillo, y el humo cosquillo la nariz de Regina.
"¿De verdad?" Ella vacío su copa y la poso en el mantel de lino de la mesa, reprimiendo una sonrisa en el pensamiento de la bomba que estaba a punto de poner en el desgraciado comisionado. "Déjeme decirle algo, Mr. Gold. Los Mills han financiado más de un demócrata durante años y ahora que yo estoy a cargo, hay más cada vez."
Sus oscuros ojos taladraron en los de el cuándo se inclinó y tomo el cigarro de su mano, hundiéndolo profundamente en su cangrejo relleno. "Esta transición no significa nada para mi excepto conseguir a mis primos fuera de mi espalda. Su posición no significa nada para mí.
Pagaría cientos de miles en la siguiente elección si significa sacarlo de la oficina y poner a alguien que viera que el trabajo es más importante que el poder de presentar, así que usted necesita tomar una decisión. Puede ser el buen individuo que trajo diez trabajos para el área o puede ser el idiota que consiguió ser votado para salir de la oficina, la decisión es suya." Regina había ya determinado que pronto habría un nuevo comisionado. "Creo que esta reunión termino. Espero que allá disfrutado de mi cena." En su sobresaltada mirada agrego, "¿Qué? ¿Usted pensó que iba a tener suerte esta noche, Mr. Gold?" sus ojos le miraron rápidamente una vez. "Lo siento. No duermo con perros. Nunca se sabe cuándo puedan tener pulgas". Recogió su maletín y salió en grandes pasos, dejando al enojado pero arrinconado comisionado con solo una difícil posición y la cuenta.
