Ludwig observa desde su propia cama como el italiano se revuelve incómodo.
En la semipenumbra es capaz de distinguir los movimientos bruscos y espasmódicos de su compañero de cuarto, además de oír salir de su boca algunos quejidos en baja voz. El rubio es de sueño ligero, así que despertó inmediatamente al escuchar el rechinar de la madera de la cama y los sonidos emitidos por él.
Se pregunta si estará bien, pues ya lleva un rato en eso. Piensa que quizás sea sólo un mal sueño del sureño, pero la ansiedad y preocupación no lo dejan dormir, así que con miedo y parsimonia por la somnolencia se acerca hasta la cama del otro para ver cómo se encuentra. Da un pequeño sobresalto al acercarse, viendo al mayor moverse bruscamente y casi golpearse con la cabecera de la cama.
Trastabilla un poco, pero al final es capaz de hablar- Lovino, ¿te sientes bien?
A pesar de que alguien normalmente tendría celos hacia quien tuviese tanta atención por parte de su familia (en este caso, su hermano mayor), el alemán en mille
ded le tiene cierto cariño y aprecio al Vargas; ha sido su compañero de juegos desde hace mucho, y no es tan odioso como muchos creerían.
Además, es lo suficientemente maduro como para entender y aceptar la situación.
De lejos no se había percatado, pero ahora que está junto a su cama es capaz de ver las gotitas de sudor que resbalan por la frente del italiano.
Acerca una mano con cuidado hasta la frente del sureño mientras la otra toca su propia frente.
-Tienes fiebre
El castaño, aún estando despierto, mantenía cerrados los ojos, hasta que el otro le habla.
Su mirada oliva escudriña sin malicia en la azulina del más joven, y sin decir nada se da la vuelta, dándole la espalda al rubio.
-Te desperté, sólo vuélvete... vete a tu cama- Masculla con dificultad, haciendo de sí mismo un ovillo bajo las mantas
Ludwig no dice nada, simplemente se da la vuelta también y camina sigiloso fuera de la habitación.
Estando solo en la sala de la casa se cuestiona si ir a tocarle a Maddie y su hermano, pues son ya las tres de la madrugada y deben estar agotados. Ambos tuvieron que salir juntos a hacer unas compras y los dejaron al cuido de una Nana, llegaron entrada la noche.
El menor pasa saliva, nervioso. Ya sabe qué tiene que hacer.
Busca subido en un banquito un pequeño botiquín tras el espejo del baño. Llena con agua un envase y toma una toalla pequeña.
Cuida mucho no hacer ruidos fuertes pues no quiere despertar a los mayores, y tan sigiloso como salió del cuarto vuelve a entrar.
Luego de un pequeño "forcejeo" (el cual no puede llamarse como tal siendo apenas vagos movimientos para alejar las manos del otro) el más chico consigue sacarle la temperatura, aunque Lovino le dedica una mirada enojada desde su cama; ahora puede verlo con más claridad debido a la luz de noche en la mesita.
-39 grados es mucho... quizás...
-Si quieres hacer algo, que no sea llamar a Maddie o Gil- La mirada del sureño rehuye hacia la pared del lado contrario a donde se encuentra Ludwig
-Pero, ¿está bien si me encargo yo?- Pregunta con algo de miedo a una negativa, pero sencillamente no se permitiría bajo ninguna circunstancia que siguiera así. Llamaría a su hermano o a Maddie en caso de que no pueda él solo
Luego de meditarlo unos largos segundos y con el llanto de las cigarras de fondo, Lovino asiente con la cabeza y regresa a recostarse bocarriba. Cuando lo hace. Lo primero que siente es una compresa fría y húmeda sobre su frente; le pesan los párpados, así que le cuesta entreabrirlos un poco para mirarle directamente.
-¿Qué hora es?- Las palabras también salen atoradas
La mente del italiano está tan embotada por la fiebre que apenas y es capaz de captar la respuesta cuando el Beilschmidt menor se la da.
-3:33 am
-Está muy tarde
-Y tú muy enfermo, Lovino
El mayor contesta inflando las mejillas en un puchero- Eres fastidioso
Al rubio se le escapa una sonrisa mientras coloca otra vez la compresa con más agua fría, le parece divertida e infantil la forma en que refunfuña, hasta para ser él.
-Puedes dormirte y seguiré colocando compresas
-No, está muy frío para dormir...
El silencio invade la pieza de ambos niños.
Una escena que es en realidad algo linda, ignorando el trasfondo de la grave enfermedad que uno padece. El hecho de que uno tenga ese tipo de atenciones y consideración con el otro, resulta en verdad ameno; te hace creer que, siempre de una forma u otra, queda una pequeña esperanza a la cual aferrarse.
-Hey... Ludwig...- Llama en un susurro, siendo arrastrado poco a poco al mundo onírico
El aludido se inclina para escuchar lo que le tiene para decir.
-Grazie mille
Lamento haberme tardado tanto en volver a publicar D: Pero ya me pondré activa, que he andado webeando(?)
Actualización semanal como antes, entre Viernes y Domingo. Y prometo cumplir~
Y pongo un plazo de tres días porque si pongo un día sé que nunca lo cumpliré(?) Soy un asco con las fechas límite, de verdad, Chiaki es más responsable y puntual que yo.
Bueno, sólo era eso uwu
Muchísimas gracias por leerme, seguirme, comentarme y agregar a fav, de antemano.
An
