Suspiro co
n frustración, abriendo la puerta de mi casa y dejando entrar a los dos más pequeños primero. Maddie se fue a dar unas clases particulares hace un rato y yo estoy solo con los niños.
Fuimos a un pequeño paseo luego pasar al hospital.
Tenía que ir a chequear algunas cosas. Ludwig debía ir por el chequeo anual y las vacunas. Lovino ha estado teniendo mucha fiebre así que decidí llevarlo también. Tres pájaros de un tiro.
Luego de eso fuimos a visitar la tumba de los Vargas, aunque Ludwig estaba un poco reticente, se veía tenso y nervioso. El ojiolivo por otra parte se veía algo triste, y no lo culpo. No nos quedamos mucho, porque incluso yo me sentí ansioso. Hoy no está siendo el mejor de los días.
Las nubes grises asoman por el cielo como un presagio de lo que sentimos. Es un día inusualmente tranquilo, pero no esa tranquilidad agradable, sino un letargo que te deja entre la frustración, el cansancio, la ira y la tristeza; el ambiente está sumamente apagado.
Lovino me llama desde la salita mientras yo arrastro mis pies hasta la cocina, los tres venimos con hambre y seguro Maddie también vendrá hambrienta; él me pregunta si puede invitar a Alfred a la casa para jugar unos videojuegos.
Alfred es el niño gordo de la clase. No es exactamente un obeso, sólo tiene algo de sobrepeso, pero suelen molestarlo por su cara gordita. Es escandaloso, se cree Super Man, ama los videojuegos, la comida chatarra y es un miedoso; jamas entenderé cómo es el mejor amigo de Lovino. Igual termino diciéndole que sí, pero con la condición de que no rompan nada. Ese niño es realmente un desastre a veces.
Mi hermanito se enfrasca más en terminar su tarea de inglés, y luego de eso se sienta con el Vargas a instalar la consola. Puede que no sea muy amante de los videojuegos pero le gustan un poco.
Continúo haciendo la cena, y luego de unos 20 minutos el susodicho ya está tocando a la puerta junto a su hermano mayor y responsable.
-Arthur Kirkland- Farfullo al recibirlos a ambos en mi puerta
-Gilbert Beilschmidt- Me gruñe devuelta
Está claro que no nos llevamos del todo bien.
Los niños se encuentranby empiezan a charlar, para luego instalarse en la sala para jugar. Mientras, nosotros permanecemos en el umbral de la puerta mirándonos con odio.
-¿Ahora eres niñera?- Su tono sarcástico me saca de quicio
-Nein. Soy demasiado asombroso para eso, son mi hermanito y el hijo de un amigo de la familia. Soy su responsable- Me cruzo de brazos inflando el pecho con aires de grandeza, sin embargo lo hago más por aparentar. En realidad no tengo ganas de nada
El ingles chasquea la lengua, torciendo los ojos fastidiado- Ni siquiera eres capaz de cuidarte a ti mismo
-Soy lo suficientemente capaz de cuidar de mí mismo
-Mentira- La mirada acusadora y dura del rubio me golpean fuerte
Me fastidia oír eso, pero usualmente sólo lo ignoro, pues no tiene importancia para mí si otros piensan eso. Me fastidia mucho más oír esas palabras del cejón.
-Ese no es tu problema- Ya estoy verdaderamente harto
-Me lo dice el que vive metido en un hospital y aún no es capaz de decir las cosas a las claras
-No. Es. Tu. Problema- Si no fuese porque si pie me lo impide, le cierro la puerta en toda su horrible y cejuda cara de gruñón- Déjame en paz
-Es mi problema cuando afecta tu salud, puesto que ello afecta tu desempeño laboral y hace que tu abuelo se enerve- Sus explicaciones siempre tan secas y llenas de nada. Me enferma- Además, eres insoportable cuando estás mal
-Sólo cállate
-Sólo toma un maldito tratamiento y dile a tu familia lo que sea que ocurra. Me estresas como tu asistente
-Pues pide un estupido traslado y vete de mi maldita vista, cejón
-¡Bien! Eso haré, ¡muérete o empeora y sigue estropeando todo, imbécil!
Cuando se da la vuelta para irse cierro la puerta de una patada.
Acabo de darme cuenta de algo, y en parte me fastidia que el idiota tenga razón en algo.
También noté, desde hace un rato, la razón por la que siento el día pesado y parsimonioso en su transcurso:
Las cosas, problemas, estrés, todo se me ha estado juntando. Ahora, por desgracia, y con las noticias de los médicos con respecto a todo, me siento aún más agotado. Pero no de forma física, sino mental. Estoy abatido. No quiero seguir y no quiero desistir; no sé qué hacer.
Tengo que atender mis asuntos de salud, los problemas de visión que se me han estado presentando, y el reciente tumor descubierto en mis pulmones.
Tengo que cuidar de mi hermano pequeño quien ha empezado a enfermarse un poco más de lo usual.
Tengo que cuidar de Lovino, porque ese niño ya no tiene a nadie más en este mundo.
Tengo que cuidar de todos, pero a quien menos cuido es a mí mismo. No soy, realmente, muy capaz de mantenerme bajo control médico, y no quiero ser operado, porque ¿entonces quién cuidaría de mi hermano, de Lovi, de Maddie? ¿Quién se preocuparía por ellos tanto como yo?
No puedo darme el lujo de "desaparecer" en un quirórafano y necesitar cuidados.
Un bufido escapa de mi boca cuando termino de cocinar. Me he tardado más de lo que esperaba y ya casi es hora de que llegue Maddie, también ya es hora de que Arthur venga a buscar a su hermano.
Y, como si leyeran mi mente, escucho una amena conversación entre los susodichos mientras ella abre la puerta con la llave. Los niños se le van encima.
Ahora que lo pienso, es una imagen que quisiera conservar, por siempre.
Madeleine, los niños, yo... quizás un asombroso y adiestrado perro.
Sin embargo, la frágil y fugaz imagen de mis fantasías es rota cruel y súbitamente por la frase que nadie nunca quiere escuchar con un rostro serio.
-Gilbert, tenemos que hablar
Keiyah R. Chan
X'DDDD Tenías miedo por nada, si más bien fue todo bonito (?) Deberías agradecerme, no maltraté tus feels ni los de nadie. Pero temed »:3
Feliz día de las mamis (?) Y digo que sí estuve a tiempo porque aún son las 11 acá. Justo en la raya.
Hasta el próximo cap. Temed(?)
An
