NOTA: Esta historia no me pertenece, Es de la escritora B. L. Miller. Al igual que los personajes son pertenecen a la serie Once Upon A Time.

CAPITULO 6

Regina salió al deprimente día gris de otro día. La nieve había parado y ahora las calles estaban llenas de gente que intentaba una forma de pasar a través de la nieve congelada. Metió la mano en su bolsillo y saco la tarjeta de la biblioteca. Morris Street, intento imaginar donde estaba la calle en referencia al hospital. Seguro que no estaba lejos y podía encontrarla sin un mapa, Regina se dirigió hacia el garaje de varios niveles del estacionamiento.

El pequeño auto azul estaba justo donde August había dicho que estaría. La mujer de cabello oscuro lanzo su maletín en el asiento del pasajero y doblo su cuerpo dentro del pequeño espacio del asiento del conductor, agachándose hasta que encontró la palanca que le permitió que empujara el asiento hacia atrás de modo que sus rodillas no besaran su barbilla. Tuvo que girar la llave varias veces antes de que el 323 pudiera chisporrotear a la vida.

Regina bombeo la gasolina en barias ocasiones hasta que el viejo auto parecía dispuesto a continuar por si mismo. "August, tu hijo de perra", juro que le daría una paliza como excusa por el vehículo, lentamente lo saco del estacionamiento y lo dirigió hacia la rampa.

Regina tomo a la izquierda del garaje del estacionamiento y condujo sobre la Av. New Scotland hacia el parque. Condujo dos calles antes de que la señal de la calle que estaba buscando apareciera.

Como pensó, Morris Street era de un solo sentido, por supuesto en la dirección contraria del camino al que quería ir. Un rápido giro sobre Madison y otro en Knox la puso en el otro extremo de la calle y finalmente pudo subir por la estrecha calle.

Morris Street fue una vez el hogar de doctores y familias ricas pero hacía ya mucho tiempo que había cambiado a una calle conocida únicamente por los esporádicos conductores que pasaban de largo y las cucarachas que algo más. Las casas estaban abarrotadas firmemente juntas, normalmente con menos de un pie entre ellas. Regina aparco sobre el único espacio abierto que encontró, no haciendo caso a la salida contra incendios rojo que estaba propiamente situada sobre la rota acera.

Regina agarro su maletín del asiento de alado y salió del auto. Brevemente pensó en cerrarlo pero decidió que no valía la pena el esfuerzo. Si un ladron quería luchar con la cosa estúpida para conseguir que funcionara, eso estaba bien para ella.

Subió sobre el banco de nieve y echo un vistazo al número de la casa. A la mayoría de los edificios les faltaba uno o ambos dígitos pero finalmente encontró el lugar que Emma Swan llamaba hogar.

Regina subió los desgastados y resbaladizos escalones hasta que llego al exterior de la puerta que conducía al primer y segundo piso de apartamentos. Una mirada a los buzones montados en la pared mostro que Emma vivía en el apartamento del sótano. Saco del pequeño buzón de correo las cartas que había y dio un paso atrás sobre la plataforma. Maldiciendo en el pensamiento de bajar las escaleras cubiertas de nieve otra vez, la mujer de cabello oscuro puso la enguantada mano sobre el inestable metal del pasamanos y lentamente regreso al nivel de la calle. Debajo de las escaleras encontró una puerta que la mayoría de su pintura había desaparecido. Una pequeña tarjeta pegada al cristal decía simplemente "Swan".

Regina golpeo varias veces pero no recibió respuesta, Quizás la joven mujer vivía sola. Metiendo la mano en su bolsillo saco la llave de la gastada cartera deportiva y la introdujo en la cerradura, montada dentro en la manija de la puerta. Tomo algunos intentos pero finalmente la cerradura giro, permitiéndole a la ejecutiva entrar al pequeño apartamento.

Decir que Emma vivía miserable pobreza habría sido amable. El primer cuarto en el que Regina entro era muy probablemente la sala, aunque nadie había sabido de los muebles. Una silla de jardín a la que le faltaban varias tiras estaba colocada en el centro del cuarto, libros marcados con "Albany public library" estaban apilados junto a esta. Ese era el alcance del mobiliario. Ni un solo poster o cuadro colgaba en las paredes, no era que una docena de cuadros hubiera hecho la diferencia. El yeso viejo, desmigajado había desaparecido en varios lugares, mostrado las secas salidas tablillas debajo. El techo estaba en igual estado de deterioro, las manchas amarillentas por el agua formaban accidentados círculos y en varios lugares este cedía visiblemente. Regina dudo que pasara mucho tiempo antes de que el techo comenzara a derrumbarse. El apartamento estaba extremadamente frio y una rápida comprobación al termostato demostró por qué. El polvo se había colocado en el marcador, indicando que la temperatura no había sido cambiada en varias horas. Fue establecido en treinta pero con las ráfagas que venían de las viejas ventanas el viejo cuarto se sentía más bien como a diez.

Dejo su maletín en la desgastada silla, entonces metió su mano en su bolsillo y saco las dos cartas que había tomado del buzón de Emma. La primera nada más que propaganda postal anunciando que si el numero ganador igualaba con el que estaba en el sobre "Swan" seria la ganadora de once millones de dólares, la otra carta era un sobre amarillo de la compañía de luz. Aunque sabía que no debía, deslizo una muy manicurada uña bajo la esquina y la abrió. Como había sospechado, era un aviso de desconexión. La metió en la parte trasera de su bolsillo y se dirigió hacia el dormitorio, esperando encontrar una agenda de direcciones o algo que indicara a quien debería avisar que la joven mujer estaba en el hospital.

El dormitorio era justo tan revelador como la sala. Una pequeña cama estaba empujada contra la pared y una silla plegada servía como un improvisado tocador. Un par de jeans que hacía mucho habían visto sus mejores días e igualmente desgastadas sudaderas componían el pequeño apilado de ropa junto con algunos pares de calcetines que parecían más como queso suizo que calzado.

Una minuciosa búsqueda, no creía que esto tomara mucho esfuerzo. Esperaba encontrar alguna agenda de direcciones u otros artículos personales. Pero ni una carta de algún amigo o fotografía, nada que indicara que Emma conocía a alguien… o que alguien conociera a Emma.

El cuarto de baño fue solo otra deprimente parada en el recorrido de Regina. El botiquín contenía un casi vacío tubo de desodorante y un aplastado tubo de pasta dental, ambos luciendo el nombre de la marca Money Slasher. Dos tampones situados en el mueble del retrete junto a un rollo medio vacio de papel higiénico. Una gastada toalla estaba cubierta sobre el borde de la tina y tres pares de ropa interior hecha andrajos colgaban sobre el tubo de la ducha. "¿Cómo haces para vivir así?" preguntó en voz alta mientras giraba dejando el pequeño cuarto de baño.

Mientras lo hacía, noto un el único artículo que previamente había pasado por alto antes. Encajado entre la tina y la pared una pequeña caja arenera. "Bien, por lo menos no está sola". Como si hubiera escuchado la frase, un anaranjado y blanco gatito de no más de cuatro meses vino corriendo al cuarto de baño, maullando bastante fuerte para anunciar su presencia. "Hola allí".

"¡Mrrow!" Regina se inclinó para acariciarlo pero el gato salió hacia corriendo hacia la cocina. "Ven aquí, no voy a lastimarte."