NOTA DEL AUTOR: Saludos queridos lectores. Ha pasado bastante desde que subí el primer capítulo debido a mis problemas de tiempo con la Universidad. Espero les guste la segunda parte -que no será la última- y ojalá que aún haya para rato de esta entrega puesto que disfruto bastante escribiendo las peripecias de mis queridos mercenarios. Dejen su review para opinar o envíenme un mensaje si tienen alguna duda. Gracias, A.D.
II
-¡Pauling! ¡Por favor, ábreme!
El ruido resonaba como un gong imperial y las aves de los alrededores habían volado espantadas. Stuarth, el scout, había estado al menos unos cinco minutos golpeando una de las puertas colaterales del edificio de TF Industries, puesto que aparentemente la puerta principal estaba cerrada y con la cortina blindada protegiéndola. Su mano estaba enrojecida, siendo masacrada por el metal, y no al revés como él esperaba, por lo que Piotr lo sostuvo por los nudillos para que se detuviese, una vez que comenzaron a alterarse sus ánimos. Stuarth volvió la cabeza: Estaba pálido y agitado. Piotr le dio una palmada en un hombro para calmarlo un poco.
-Amigo, si no te calmas van a escucharnos.
-¡Esa es la idea, Piotr!
-No, no. No ellos. Ellos van a oírnos. Hay más como esa cosa de hace un rato ¿No es así?
-Salieron de aquí… -susurró Stuarth- … pero no fue nuestra culpa. Dexter va a solucionarlo muy pronto. El sabrá que hacer. Siempre sabe que hacer…
Piotr miró a la Señora Conagher. Había olvidado que estaba allí; los observaba desde un rincón del callejón en el cual había encontrado una caja que servía de asiento, con las manos juntas sobre su regazo, muy nerviosa tras haber escuchado el nombre de su hijo.
-Dexty no es todopoderoso… a veces él también se equivoca –susurró ella.
-Pero esta vez él no se equivocó –respondió Stuarth, alterado.
-Vamos a calmarnos ¿Si? Y esperaremos por ayuda –dijo Piotr intentando sonreír.
El scout se sentó en el suelo y suspiró. Luego de dejar salir un poco del estrés que lo estaba consumiendo, estiró su cuello contracturado y comenzó a describir círculos con la cabeza.
-¿Qué les parece si intentan ver algo por esa ventana? –Intervino entonces la anciana, mientras se levantaba y caminaba hacia los muchachos.
-¿Ventana?
Stuarth, quien aún mantenía el cuello flexionado hacia atrás, movió un poco la cabeza hacia un lado y entonces descubrió lo que parecía ser una ventanilla horizontal sobre el portón metálico; y aún más, para su suerte, se encontraba abierta.
-Puedo entrar por ahí. Luego, abriré la puerta desde adentro… si me das un aventón, claro –dijo esto último, girando los ojos hacia Piotr.
Su compañero no tardó en reaccionar: Se agachó un poco, entrelazó sus dedos y ofreció sus manos a Stuarth para elevarlo. El scout apoyó su pie y mientras el ruso lo levantaba, se dio impulso y logró alcanzar la orilla de la ventana. Su agilidad le permitió ingresar fácilmente y sin problemas. El interior del lugar estaba bastante oscuro por lo que se mantuvo quieto unos momentos, para dar tiempo a sus ojos a adaptarse. Cuando por fin comenzó a distinguir siluetas, descubrió que se trataba de un almacén; había cajas en los rincones, herramientas y uniformes apilados dentro de un par de canastos. Parecía despejado, por lo que procedió a abrir la puerta que sólo se mantenía cerrada a través de unos gruesos, pero para nada aparatosos, picaportes manuales.
-Adelante, señoritas –Ofreció a ingresar inclinándose Stuarth, con un movimiento cordial del brazo. Luego, cerró la puerta otra vez. Desde un llavero que traía colgando del pantalón, sacó una pequeña linterna para inspeccionar el área. Al enfocar la luz al piso, descubrió una pistola vieja y algo oxidada a pocos centímetros de sus pies la cual entregó a su compañero, puesto que no confiaba demasiado de su puntería a ciegas. Luego de que Piotr revisara si estaba cargada, lo cual resultó positivo, les indicó avanzar. Los tres caminaron sigilosamente entre la pila de cachivaches hacia el fondo de la habitación en donde otro pasillo estrecho y paralelo conducía a la salida; el scout los detuvo con un ademán y apoyó su oreja con suavidad sobre la puerta de metal. Restos de viruta y pintura descascarada quedaron depositados sobre la mejilla del muchacho pero este no le tomó mayor importancia y tan sólo se rascó. Al no oír nada del otro lado, abrió el acceso y se encontraron en uno de los patios interiores de la estancia. Evidentemente, había sido sede de un enfrentamiento hacía no mucho rato: ventanales rotos, fragmentos de cristal ensangrentado, cartuchos de bala esparcidos y un lote de contenedores con el logo de la empresa carbonizados en el centro, aún emanando un poco de humo el cual se había dispersado en el aire que respiraban; sin embargo, no había señales de cadáveres.
¡Cuánto silencio! Podían percibir una leve opresión en sus pechos, como una sensación disneica que los obligaba a jadear.
"Estamos cerca" susurró Stuarth, y avanzó por la orilla con el mayor cuidado y discreción posible. La señora Conagher lo imitó, y por último Piotr, quién era inevitablemente torpe por su tamaño, caminando de puntillas les intentó seguir el paso, pero cada una de sus zancadas terminaba en un horrible pisotón de vidrios rotos. Su compañero le lanzó una mirada acusadora, y Piotr permaneció estático unos instantes; esperó a que el resto avanzara, y agudizó el oído para verificar que estaban solos. Un ruido similar a un carraspeo, lo hizo voltearse con los puños en alto. No había nadie… por lo menos no en el primer piso. La cabeza de Stuarth asomó por sobre su hombro: también había oído el particular sonido. "Los robots no tosen" moduló exageradamente con sus labios sin dejar salir un sonido de su boca, y luego señaló "arriba" en una de las escaleras. Era como Piotr sospechaba. "Yo voy primero" contestó este del mismo modo, sacando de su cinturón el arma que el scout le había facilitado al ingresar. Dio su primer paso en las escaleras y oyó un quejido de dolor, bastante sutil pero lo suficientemente claro como para asumir que efectivamente se trataba de una persona.
Piotr aceleró la marcha, llegando al segundo piso, agitado. Era otro pasillo, con unas tres puertas a un lado, una más grande al fondo y el ventanal destrozado al otro. Se adelantó, caminando encorvado, para revisar con cuidado cada una de las habitaciones. Al aproximarse a la tercera puerta tropezó, alcanzando a apoyarse con una de sus manos en el suelo; agachó la cabeza y al mirar por entre sus piernas flectadas identificó el obstáculo: un zapato que salía desde la puerta entreabierta. Empujó un poco, y algo calló del otro lado.
Los rayos de luz de mediodía pudieron colarse al interior de la pieza, y suavemente un cuerpo inmóvil comenzó a apreciarse en el suelo; aquél cuya pierna impedía el acceso. Era un hombre corpulento y musculoso, enorme para ser precisos, aunque su apariencia indestructible era opacada por más de diez heridas de proyectiles distribuidas entre su abdomen y su tórax. Lo que había caído al ingresar parecía ser su arma, una pesada minigun sin balas. La señora Conagher entró con cuidado e inmediatamente se acercó al caído; tomó su pulso y miró sus ojos para luego cerrarlos delicadamente. Movió su cabeza de un lado a otro en un gesto de pesar. Estaba muerto, y no había nada que hacer por él. La mujer mantuvo las manos sobre el pecho del sujeto y rezó por un momento, mientras Piotr inspeccionaba el resto de la habitación.
Era una enfermería. Las paredes opacas, lucían unas láminas de papel ya desvanecido con esbozos de lo que alguna vez habían sido dibujos de órganos humanos y que intentaban ocultar algunas manchas color marrón –similares al moho o bien, podía tratarse de sangre- y a su derecha, un modelo humano del esqueleto había perdido la mandíbula. En una de las esquinas del fondo, sobre un aparador de madera antigua cuya vitrina decorada de vidrios biselados exhibía distintos frascos de colores, un reloj de cuco comenzó a sonar anunciando que ya eran las 2 PM. La visión de Piotr se enfocó en el peculiar adorno y a continuación, sus ojos dieron con un biombo de hospital en la otra esquina. Tenía salpicaduras por la otra cara, que si bien no se observaban de frente, eran claramente distinguibles a contraluz.
Stuarth revisaba el contenido de la vitrina buscando objetos útiles, y su linterna generaba un brillo molesto al reflejarse en las botellas por lo que Piotr le agarró la muñeca y dirigió el resplandor fuera de su rango; sin embargo, al hacerlo, el haz se proyectó de golpe sobre el biombo y ambos encogieron sus hombros, asustados, al ver aparecer una silueta antropomórfica sobre una camilla oculta. Piotr se adelantó con sigilo y al mover la tela jaspeada, identificó que se trataba de sangre fresca y que su dueño estaba agonizando. Por supuesto, la expresión de impacto de Piotr hizo que Stuarth se incorporara con rapidez para observar de qué se trataba.
-Oh… no… -Lamentó el scout al identificar al afectado. Se trataba de uno de los médicos, más precisamente de la doctora en práctica -¿Edeltrauth? ¡Hey! ¿Me oyes?
La señora Conagher apareció de sopetón por el otro lado.
-Está respirando –confirmó ella –Aún podemos ponerla a salvo.
-No… hay remedio… -Balbuceó la herida, tanteando su bata.
-Hey… ¿Estás bien? –le preguntó Piotr, nervioso –Tal vez… no esté tan mal… -añadió, mientras la anciana desabotonaba el delantal de la chica.
-¿Pueden… pueden ver el… control de signos vitales? –preguntó con dificultad la doctora.
-Es crítico… –intervino Stuarth, quien observaba los dígitos que mostraba el aparato y las observaciones.
Una pequeña pantalla estaba sujeta a una correa que Edeltrauth traía atada a la cintura, además de lo que parecía ser un bisturí, una cajita metálica con agujas, y una jeringa. Además, fue mucho más sencillo ver el motivo de su condición: aparentemente, un par de disparos en su costado izquierdo y una herida cortante en la pierna del mismo lado, no muy profunda, pero que sangraba bastante.
-Pero aún responde. Supongo… que con eso basta –exclamó Piotr, mientras entregaba su arma a Stuarth y tomaba la sábana que estaba a los pies de la camilla; cubrió a la muchacha, y luego la cargó con cuidado. -¡Vamos! Luego… volvemos por tu compañero.
-Él… ya se desangró... –lo detuvo ella. –Murió hace un par de horas, cuando los robots salieron de la base. No… oía nada desde entonces y por eso, ya me había dado por vencida.
El resto guardó silencio, mientras Herz cerraba los ojos. Sus facciones adquirieron un tono triste y rígido: Estaba conteniendo el llanto por el caído.
-Vamos… -dijo entonces, Stuarth, poniendo un pie fuera de la habitación, –No podemos quedarnos aquí. –Luego apuntó su mano en dirección al portalón del final.
El acceso al área segura estaba a sólo unos cuantos pasos: Era la entrada a la residencia de los mercenarios; un lugar acondicionado para todas sus necesidades. Según los simulacros de catástrofe, era además el sector más estable del edificio, y había sido construido como tal.
El scout, que era más rápido, se adelantó y alcanzó la puerta con sus manos, para amortiguar la velocidad y evitar estrellarse, y la golpeó copiosamente llamando a que fuese abierta.
-¡Pauling, ya regresé! ¡Abran rápido, que traemos un herido!
Piotr escuchó un par de chasquidos y la puerta se agitó. Cuando esta se abrió por fin, una persona asomó ansiosa y ahogó un pequeño alarido.
-¡MAMÁ!
-¡Dexty! ¡Cariño!
Era de quien habían estado hablando en su travesía hacia la base: Dexter Conagher, el brillante ingeniero del equipo. El hombre emocionado, levantó a su madre por los aires y giró mientras la abrazaba. Sollozó un momento, pero la señora Conagher acarició su cabeza y tarareó una canción suave, como suelen hacer las madres a sus bebés asustados.
-¡Stuarth! -Una chica que aparentaba poca edad se abalanzó sobre el boy scout, y sonrío mostrando su gran dentadura -¡Sabía que regresarías! Todo el tiempo tuve mucha fe en ti, hermano. Pauling estaba...- Pero se detuvo en seco al notar la presencia de Piotr y el bulto que traía en sus brazos. La expresión del ruso era de confusión; no sabía qué decir o a quién pedir ayuda.
-¡SÖREN! ¡SÖREN!
Se oyeron pasos apresurados acercándose y un hombre de bata blanca apareció desde uno de los pasillos que llevaban hasta el hall en donde se encontraban. Dio un traspié al intentar frenar, pero logró apoyar su mano en el hombro de la muchacha.
-E... Edel... -Susurró a punto de quebrarse, al ver a la doctora moribunda en los brazos del extraño.
-¿Quién es este, Stuarth? Vengan, vamos, rápido.
-Doctor, él nos ayudó, a mí y a la mamá de Dexter. Si no fuera por él... yo no la habría encontrado... ¡Piotr! ¡Se llama Piotr! Pertenece al ejército Ruso ¡Destruyó a un robo-Heavy con una vara metálica! -Explicó Stuarth, de manera confusa y acelerada, mientras caminaban a paso rápido hacia el fondo del pasillo por el que Sören había salido. Allí, había una puerta doble con sistema de vaivén, y al empujarla ingresaron a una versión mucho más moderna y amplia de la enfermería en la cual habían encontrado a Herz, hace unos minutos atrás. El médico se apresuró a mover una camilla hasta el centro, la señaló mirando a Piotr ordenándole que dejara a la doctora allí y movilizó un aparato que se encontraba anclado al techo a través de un brazo mecánico. Lucía como un cañón unido a un contenedor transparente lleno de un líquido de dudoso aspecto, con una palanca de acción en la parte superior y una serie de cables que conectaban las piezas entre sí. Por la parte más posterior, un cordón más grueso, se unía a una computadora para ejecutar funciones más complejas.
-Herr scout, enciende el motor de emergencia. -mandó el académico; el scout se volteó y abrió la caja de un panel de control presionando uno de los botones que protegía la cubierta. El ruido ronco de la maquinaria resonó en las paredes, y Sören activó el sistema empujando la palanca. La habitación se iluminó cuando un chorro de gas brotó desde el aparato, y comenzó a introducirse en el cuerpo de Herz: por su boca, nariz, y escurriéndose por las aberturas de su delantal; el humo estaba rodeándola, y la muchacha ya comenzaba a respirar a un ritmo estable. Piotr no pudo disimular su asombro ante la situación: era como un aliento de vida.
El médico cubrió la mitad de su rostro con una mascarilla y abrió el delantal de la chica, examinando las heridas. Tras pensar un momento, desde un carrito conectado a la camilla, tomó un objeto que consistía en una superficie redonda y un mango, el cual también tuvo que encender, conectando un plug al ordenador. Lo depositó sobre una de las heridas de bala, escribió un par de palabras con el teclado y el objeto comenzó a chillar, tal como lo hacía un detector de metales.
-Los proyectiles aún están aquí... Herr scout ¿Podrías sostenerlo a esta altura? -
Sören mostró con su mano derecha lo que correspondía a la longitud de dos cuartas y el scout, entendiendo, sostuvo el aparato.
-Cuando te diga, has de presionar el botón que está en el mango. No lo hagas sin que te lo ordene ¿Entendido?, -tras lo cual, Stuarth asintió. -Y tú, ven aquí. Necesito que descubras el área ensangrentada -añadió el doctor, mirando a la hermana del scout.
-Yo... a mí no me gusta la sangre... -respondió ella, con una mueca y los ojos vidriosos.
-Fraulien Scout, necesito mucha ayuda en estos momentos. No tengo a la doctora Herz para asistirme, y quisiera tenerla a mi lado el día de mañana en caso de una situación similar a esta -argumentó, Sören. -Además, debes usar unos guantes. No te pediré que tomes nada contaminado sin protegerte.
-Si, s-si -La chica abrió una bolsa de guantes quirúrgicos y se los puso apresuradamente. Luego, titubeó antes de abrir la camisa de Edeltrauth.
Mientras todo esto ocurría, Piotr ya se había volteado desde que la sangre dominó la escena. Si bien, nunca se limitó de ver heridas en el pasado, jamás había presenciado una intervención, y menos en una mujer. Por otro lado, la fragilidad del estado de la muchacha le causaba cierta inquietud. Sören ya lo había notado, por lo que cada cierta cantidad de minutos, levantaba la cabeza para observar el estado del recién llegado.
-No va a morir, Piotr -Lo tranquilizó.
-¿Cómo dice?
-¿No es eso acaso lo que te tiene tan... intranquilo?
-Creo que sólo lo estoy distrayendo -Contestó, volteando un poco la cabeza para mirarlo directamente. Su preocupación era evidente.
-Debo estar atento tanto del estado de mi paciente, como del ambiente que me circunda. Ella está adormecida en estos momentos, y tampoco siente dolor -Sonrió Sören -Y dime ¿Cómo se han conocido Stuarth y tú? -Le consultó, curioso, mientras abría una de las heridas más grandes con un bisturí y extraía un cuerpo extraño -Aquí está la primera bala ¡Sigue contándome, Piotr!
- Bueno… este… Nos topamos en un minimarket. Yo había escapado desde el lugar en donde estaba alojando… Estas eran mis vacaciones. En mi país natal era profesor de literatura, y luego me aburrí y decidí alistarme al ejército… como mi padre.
-Pareces tener buenas condiciones ¿Cómo desactivaste al robot? - Sören sacó la segunda bala y la colocó sobre un recipiente.
-Tan solo le rompí la mandíbula.
-Debía ser uno de los viejos modelos de Gray Mann. Tienen un circuito importante en esa área, pero esas cosas son asuntos de ingenieros ¿No? -Rió nuevamente, mientras otro proyectil saltaba desde las entrañas de la chica y chocaba con la frente de Stuarth. La scout emitió un ruidito de asco.
-Pero no hice todo solo. Gracias a Stuarth pudimos salir ilesos -Añadió.
-Yo sabía que este cerebro de paloma era algo más que… una "cara bonita" -Se burló el doctor.
-Pff… -Bufó el scout en respuesta.
-Stuarth, ahora es tu turno. No puedo extraer esta bala con la pinza, pero puedo verla. Presiona el botón.
El joven obedeció y al activar el aparato, este comenzó a actuar a modo de imán y atrajo de golpe el proyectil incrustado.
-Apágalo - Inmediatamente, Sören puso su mano debajo del instrumento y la bala calló en su mano –Excelente. Gracias a los dos.
Por último, el doctor aceleró la máquina hasta su máxima potencia, para comenzar el cierre de las heridas: aproximó los bordes de la llaga más grande, y aplicó un gel especial en las más pequeñas, incluyendo el corte de la pierna izquierda esto para que "las cicatrices no fuesen evidentes" –Ya saben, para una mujer lo visible es uno de los aspectos más importantes ¿No es así pequeña cobrita superficial? –Dijo el médico a la scout con tono cariñoso, pero obviamente bromeando.
Luego se dispuso a asearse las manos y se quitó la mascarilla.
-Y por cierto, mil gracias a ti también, Piotr –Sonrió gentilmente, Sören, inclinando la cabeza.
-Me están dando mucho mérito – Se sonrojó Piotr, mientras Stuarth le dio una gran palmada en la espalda. La mano le quedó aturdida por unos segundos, pero se quejó en silencio.
Los cuatro salieron de la sala tras haber arropado a Herz que permanecía algo aturdida aún, sin embargo, era necesario que descansase tras el enorme esfuerzo al que su organismo había sido expuesto.
-Podemos ofrecerte asilo mientras el peligro no cese –Ofreció el doctor –Es lo mínimo que podríamos hacer… o lo que yo podría hacer. Salvaste a mi única alumna; ella es mi futuro, mi creación… mi legado –Agregó con vehemencia.
-¡PIOTR PODRÍA INTEGRARSE AL EQUIPO! –Gritó entonces el scout.
-¡Shhh! ¿Qué?
-Eso –Respondió casi cuchicheando, Stuarth –Piotr ya es un militar; los nuevos integrantes del equipo debían llegar esta semana, pero eso ya no va a ocurrir. Al menos, eso me dijo Pauling. Necesitamos todo el apoyo que sea necesario.
-Ella va a oponerse… -Replicó su interlocutor cruzando los brazos y con la vista hacia el suelo, reflexionando.
-Piotr había enviado su currículum antes.
-De verdad, Stu, no quiero ser una carga. Ni siquiera fui llamado a la entrevista…
-¡Pero nos salvaste a la señora Conagher y a mí… y a Edeltrauth!
Sören abrió los ojos con esto último.
-Que lo haya hecho no significa que esté cien por ciento capacitado para ocupar un puesto en las filas de mercenarios de TF industries –Contraargumentó, Piotr –Insisto en que me estás dando demasiado crédito.
De pronto Sören recordó algo importante. La situación crítica de su aprendiz lo había hecho perder un poco la noción de la situación.
-¿Dónde está el capitán, Stuarth? –Preguntó.
Stuarth enmudeció, y sólo miró de reojo a Piotr.
El médico comenzó a desesperarse. Algo no andaba bien -¿Vas a responder o no? –Alzó la voz -¿Dónde está Markov? ¿POR QUÉ NO REGRESÓ CON USTEDES?
-Está muerto, Herr Doctor.
Edeltrauth salió por la puerta de la enfermería, sujetando un porta suero que llevaba una bolsa de sangre que estaba siendo transfundida por su brazo derecho.
-Lo siento mucho, Sören... fue una emboscada, y no hubo nada que pudiésemos hacer. Yo estaba esperando mi final en tu oficina del ala este; ya había perdido mucha sangre – Dijo Herz, señalando su abdomen vendado – Y el capitán fue acribillado. Falleció mucho antes de que los muchachos pudiesen si quiera encontrarnos.
-De hecho… -Intervino la girl scout –Pauling y Dexter… ya los habían dado por muertos a todos.
-¿Cómo es eso? –El doctor estaba impactado. Nadie se lo comentó; como miembro importante del equipo, Pauling estaba en la obligación de informárselo.
-Dexter logró activar uno de sus dispositivos de rastreo, y el control de signos vitales de Edeltrauth y Markov no respondían. Tú estabas atendiendo heridas menores de los demás, y no quisieron… preocuparte.
-¿Preocuparme? ¡Ellos son mi grupo! ¡Cómo no iba a preocuparme! Heck… -Sören cubrió su boca con ambas manos, mientras se tambaleaba. Le temblaba el pecho con cada bocanada de aire. Se volteó lentamente, apoyándose en la pared. No quería romperse en frente de esos críos por lo que se mordió los labios para evitar emitir algún sonido. Un adulto siempre debía mantener la calma.
-Perdimos a Markov hoy… M-Markov… y a un soldado la semana pasada… ¡No podemos seguir así! –Exclamó, volteándose. Sus ojos fulguraban –Piotr, tú vas a quedarte. Necesitaremos armar a un heavy en poco tiempo y creo que lo más adecuado es que YO me encargue de ti. Pauling no va a impedir otra vez que sea el entrenador oficial de este escuadrón.
No había nadie importante para detenerlo. El capitán era el que siempre calmaba sus pasiones y ya no estaba.
¿Acaso Markov… alguna vez realmente estuvo?
Muchas cosas pasaban por la mente de Sören en ese momento.
Quería ver a Edel segura; de alguna forma se veía reflejado en esa chica. Era como una parte de él, ese lado testarudo y atrevido; esa faceta que rompía las reglas y gozaba de los placeres de la vida. Aunque, eso más bien encajaba perfectamente con el perfil de un joven. Se sentía tan viejo en comparación a ella, y cada mañana se levantaba con los hombros más cargados del peso del tiempo. La pérdida de ese día, su pérdida, lo había inundado aún más de desesperanza, pero no iba a permitir que esto fuese en vano.
"Autoproclamo este día, como mi día" pensó Sören "Nuestro día…"
Y de esta forma, decidido, ajustó sus guantes de goma y se alejó por el corredor en dirección a la oficina de la asistente de administración.
No había duda de que por fin iba a salirse con la suya, aunque esto dependiese un poco de sus influencias y (supuestas) amistades. De todas formas, no se podía confiar en nadie.
