Último capítulo de este fic. Con Kanon.
Espero que os haya gustado esta pequeña historia a base de personajes que compusieron la vida de Radamanthys.


5. Equilibrio

—Así que eres tú quien está armando jaleo en mi territorio…

Kanon sacó el brazo izquierdo que atravesaba el torso de un espectro, haciendo brotar sangre a borbotones. Aún sujetaba el cadáver con la mano derecha. El caballero de Géminis cerró los ojos y sonrió de medio lado, arrojando el cuerpo al suelo con desprecio y se giró.

—Vaya, al fin aparece el plato principal…el aperitivo me ha resultado extremadamente aburrido y flojo, para mi gusto— masculló Kanon, limpiándose la sangre que ensuciaba la armadura de oro.

Radamanthys observó el reguero de cadáveres que aquel guerrero dorado había ido dejando a su paso.

—¿Impresionado?— preguntó Kanon, al observar el semblante serio del Wyvern.

—Para nada— respondió el inglés, dejando escapar una leve risa—. Las huestes de Minos no fueron entrenados debidamente, así que me esperaba que hasta una rata dorada pudiera derrotarlos con tanta facilidad.

La frialdad con la que Radamanthys hablaba de los subordinados de un compañero sorprendió al griego. Saboreó aquella declaración. Realmente pensaba que las hordas del Inframundo harían algo más que caer derrotados como moscas ante la invasión. Eran mucho más numerosas que ellos.

—¿Problemas en tus filas? No me extraña nada entre los espectros…dispuestos siempre a medrar a costa de sus propios compañeros. La victoria será siempre para el grupo más cohesionado y que luchan juntos como un mismo ser. Por eso acabaremos con vosotros.

El Wyvern se acercó hasta donde estaba Kanon y observó el último cadáver que segundos antes había arrojado con desdén. Apoyó el pie sobre el espectro y de un puntapié le dio la vuelta.
—¿Osas, precisamente tú, decirme cómo debo manejar el ejército del Inframundo?— murmuró observando la perforación que el caballero de Géminis le había realizado a modo de ejecución—. Je…me quitaste un peso de encima, Kanon. Éste idiota habría muerto a mis manos si no lo hubieras hecho tú antes

El griego pestañeó un par de veces. ¿Cómo sabía aquel espectro su nombre?

Al percibir aquella mirada de extrañeza, Radamanthys apretó el pie contra el cadáver, atravesándolo y provocando la salida de más fluidos y entrañas.
—Conozco todo lo que debo saber sobre ti, Kanon. Traidor a la diosa Atenea, ya que planeaste su muerte y fuiste el inductor para que tu hermanito pudiera sentar su trasero en el trono del Patriarca— musitó suavemente—. La verdad es que, a pesar de que luego nos traicionara, Saga nos quitó trabajo de encima al provocar una guerra entre los caballeros de oro y los de bronce. Casi falleces ahogado en cabo Sunión, encerrado por tu gemelo— Radamanthys emitió una carcajada siniestra—. Lo vuestro es típico de una tragedia griega a la antigua usanza. Auténtico y genuino amor entre hermanos gemelos. Sobreviviste gracias a la misericordia de Atenea, pero aún así, la traicionaste una vez más, vacilando a Poseidón y casi generando una nueva guerra entre el hermano de mi dios y Atenea. Parece que le tenéis vicio a morder la mano que os da de comer.

La mirada ambarina del Wyvern se dirigió a la turquesa de Kanon, quien tragó saliva y un leve escalofrío recorrió su espalda. No podía evitar pensar que aquel espectro le estaba juzgando implacablemente.

—Mis errores han sido perdonados y ahora estoy unido a mi diosa en cuerpo y alma. Aunque ésta sea la primera y última vez que peleo por ella— respondió el griego con vehemencia.

—Te aseguro que ésta será la primera y última vez que lo harás, te doy mi palabra— afirmó el Wyvern—. Porque te ha llegado el turno de enfrentarte a mi, Radamanthys de Wyvern. Soy yo quien acabará con tu vida.

Epílogo

Cuando sentía que su cuerpo se despedazaría completamente en el ataque suicida ante la imposibilidad de poder seguir combatiendo contra Radamanthys, Kanon cerró los ojos y se dirigió a su diosa y a su hermano gemelo, así como al resto de caballeros y hermanos.

Y en esa despedida, escuchó al juez del Inframundo, Radamanthys, hablándole con serenidad.

"Tenías razón Kanon, el grupo más cohesionado es aquel que defiende con firmeza aquello en lo que cree y en quien confía. Tu razonamiento era acertado. Sin embargo, la falta de unidad en el Inframundo no ha sido nuestro error primordial, sino en la falta de confianza entre nosotros. ¿Sabías que fui yo quien envió las tropas al Santuario, en contra de los deseos de Pandora? No confiaba en los caballeros de oro que murieron renegados…y así fue. Los caballeros de oro caídos en la guerra desatada en el Santuario han sido fieles a vuestra diosa. Incluso tú cambiaste para unirte a las filas cuando más te necesitaban. Habéis ganado esta guerra…pero no todo está perdido. Si volvemos a reencarnarnos, espero poder volver a enfrentarme a ti, en igualdad de condiciones. Me debes una revancha."

FIN