Ahora si chicos y chicas… el capitulo mas largo hasta ahora. No tuve el valor para cortarle nada y aguas con el lemon. Saltenselo si no lo necesitan J
Capítulo 64
Otro día para morir.
Aproximadamente una hora después de comenzar con la Operación Erizo Musical, todos en los cuatro puentes y las demás naves festejaban su triunfo total y absoluto con gran algarabía. En el puente del SDF-3 todos felicitaban a Rick por su estrategia secreta junto con la misteriosa Teniente Monrieul que con sus instrucciones tan precisas hizo que todos funcionaran como una maquina bien engrasada.
Fue hasta que Vince le pregunto por ella, que recordó que ellos dos tenían una cita con Jane. Decidió solo mandarle un mensaje de texto ya que no podía des afanarse tan rápido del trabajo.
Aime estaba con Aisha cuando todos comenzaron a felicitarse por la excelente comunicación. El celular que le había dado Rick comenzó a vibrar.
"No puedo desocuparme aun. Dile a la Tte. Harrison que te lleve con la Dra. Grant y le indique lo que necesito. Te prometo llevarte a cenar a Le Parisién para compensarte"
Aime suspiro aliviada al saber que él estaba sano y salvo, pero físicamente no se sentía bien. Había estado tan tensa durante la batalla, no había bebido ni comido nada en todo el día y la nave se había movido tanto, que le había pasado factura. Le mostro el mensaje en el teléfono a la Teniente, quien comprendió inmediatamente.
- Aisha… tendrás algo para el dolor de cabeza? - pregunto
- Aquí no, pero pues vamos a ir con la Dra. Grant. Ella puede darte lo que necesites. – dijo mientras la jalaba hacia la salida encargándole su puesto a su compañera por órdenes expresas del almirante.
Bajaron hasta la bahía médica y caminaron un largo pasillo. Aime tuvo que bajar la velocidad varias veces al sentir que la cabeza estaba a punto de estallarle.
- Buenas tardes, Dra. Grant– dijo Aisha al llegar al consultorio – Le traigo su cita de las 7 por órdenes de Almirante Hunter. No pudimos llegar a tiempo por la alerta roja.
- Ah sí, la chica que necesita las pruebas para Rick – dijo – Porque trae lentes obscuros?
- Parece que le duele la cabeza – dijo Aisha - Desafortunadamente no tenía ningún remedio a la mano que ofrecerle.
- No te preocupes. Yo la cuido bien. – Dijo la doctora – No ha llegado ningún herido aun. Debió ser una buena batalla la de allá arriba. Vince me marco muy feliz.
- No tiene ni idea. – dijo Aisha en tono enigmático. No importaba lo que dijeran esos análisis, para ella al menos, Aime, esa chica era la Almirante Hayes. Ninguna otra hubiera podido sacarse de la manga esa estrategia y mejor aún, regalarle el crédito al Almirante Hunter.
- Te dijo Rick que análisis necesita? – le pregunto
- Quiere sangre, ADN, huellas digitales, ARN y que se coteje con la base de datos de los miembros inactivos o DEA de toda la REF y RDF, su expediente deberá ser cerrado como clasificado y únicamente deberán ser manipulados por usted.
- En ese caso solo podre tenerlos hasta mañana al medio día, por lo menos! Sobre todo cuando comiencen a llegar los heridos más graves que necesitan atención médica. – dijo Jane – Esperara a que salga?
- Sí. Tengo órdenes expresas de no dejarla sola. – dijo Aisha – y también trae una herida en el hombro derecho, por si hay que atenderlo.
- Gracias Teniente. En un momento salgo con ella.
10 minutos más tarde la Dra. Grant salió con Aime caminando detrás de ella.
Algunos heridos comenzaban a llegar y la Dra. Grant estaba ansiosa por despachar los casos que no fueran emergencias.
- Dile a Rick que mañana tendrá los resultados. En cuanto a ella, solo estaba descompensada en azúcar y algo deshidratada, por eso se sentía mal. También le ayudamos con su herida. Ya casi no es visible – dijo Jane – Teniente Monrieul, si vuelve a sentirse mal, cómase un chocolate. A veces eso sucede cuando no ha comido durante muchas horas o por un episodio demasiado estresante.
- Lo tendré en cuenta Doctora, muchas gracias – dijo mientras sonreía.
Donde he visto yo esa sonrisa antes? – se preguntó la doctora mientras ingresaban varios heridos en camillas.
Las dos chicas se fueron caminando hacia donde la Teniente agarro uno de los jeeps disponibles para oficiales que estaban fuera de la bahía.
- Te apetece que te lleve a dar una vuelta a la ciudad mientras se desocupa el Almirante? – dijo Aisha
- No tienes que regresar a tu puesto? No quisiera que fueras amonestada por mi culpa – dijo Aime
- No realmente y además estoy tan feliz que no me importa que me quiten un día de sueldo – contesto sonriendo
- Porque estas tan feliz? – pregunto Aime curiosa
- Pues porque encontré una nueva amiga – Dijo Sonriendo – Además, creo que tenemos que ir de compras!
- Pero no tengo dinero! (creo que por primera vez en mi vida) – dijo Aime ruborizada.
- No te preocupes, yo le voy a prestar al Almirante y te aseguro que no pondrá objeción. – dijo Aisha – Dijo que te llevaría a Le Parisién y es un restaurante muy exclusivo y romántico.
- Romántico? – Aime sintió miedo de repente. Durante todas esas horas no había pensado mucho en la disyuntiva que tenía entre Rick y Brian. Ahora Brian no estaba aquí. Sería que tenía que tomarle la palabra a Serena y ver cuáles eran sus verdaderos sentimientos por Rick?
- Mira… la boutique cierra a las ocho y apenas tendremos tiempo. (eso si no quedó destruida por la batalla de hoy) – Dijo mientras entraba a la parte civil de la nave
Aime miraba todo en el camino fascinada. Había todo un pueblo dentro de esa nave. Restaurantes, boutiques, fábricas de alimentos, ropa, municiones, cines, invernaderos, bares… Era como si prácticamente estuviera en tierra.
La teniente Harrison detuvo el Jeep 5 minutos antes de las ocho, cuando la dueña y su empleada estaban aún reacomodando los maniquíes que se habían caído debido a las vibraciones de la pasadas horas. Aun así les dio la bienvenida.
- Buenas Noches, necesitamos un vestido muy especial para mi amiga – dijo Aisha empujando a Aime hacia adentro – Tiene una cena en Le Parisién. Y por los créditos no se preocupe. – dijo guiñándole un ojo.
La dueña, una mujer de mediana edad aún muy guapa, viendo con detenimiento la figura que tenía Aime, decidió llamar a su asistenta para que la ayudara. Ahí estuvieron probándose ropa durante casi una hora hasta que Aisha decidió el vestido era perfecto para la ocasión y se la llevo a su habitación para que tomara un baño y la ayudara a arreglarse para su cita.
Rick se estaba rasurando pensando en todo lo que había pasado esa tarde en el puente.
Desde la intervención de Aime, hasta hacia media hora, todo había sido nervios, estrés, recriminaciones por parte de Edwards ante la falta de tacto de la ahora famosa Teniente Monrieul por los parlantes, las incesantes preguntas de los cuatro capitanes de los cruceros acerca de cómo se le había ocurrido la idea, felicitaciones de humanos y zentraedi, firma de incansables reportes… en pocas palabras, todo había vuelto a ser un caos en su vida, pero al final, todo eso valdría la pena al verla en la cena.
Había pedido a La Teniente Harrison que le ayudara con la reservación de la cena a las 11 de la noche por medio del celular que le había dado a Aime. Parecía que le estaba resultando una gran aliada en esos momentos y estaba muy satisfecho con ella. Le había conseguido la reservación y le había dicho a Rick que se pusiera su traje de gala para la cena, pues Aime estaría adoc, así que supuso que también le habría conseguido uno a ella.
No podía negar que estaba ansioso. Prácticamente estaba yendo a una cita con Lisa, después de más de un año. Él estaba seguro de los resultados de esos exámenes, al menos en un 99%. Nadie más que ella hubiera podido sacar una estrategia tan ridículamente efectiva y terminar con el enemigo que los había estado atormentando por tanto tiempo.
Pero… y ahora? Que pasaría ahora?
Ella esperaba que le hiciera los análisis y poder regresar a su casa para la cena de esa noche. Ahí estaban sus amigos, su familia… su lugar era allá con ellos, en la tranquilidad de su hogar a la orilla del mar donde podría, por el momento, vivir en paz y tal vez formar una familia con su esposo. Eso es lo que ella quería… verdad? - Rick suspiro. Porque no simplemente iba y le preguntaba si quería quedarse ahí con él?
- Carajo! Donde esta Max cuando lo necesito! – dijo Rick frente al espejo (estúpido! lo dejaste esperando la respuesta de Jane a una pregunta que aún no has tenido oportunidad de hacerla)
Un mensaje de texto de Aimé diciéndole que ya iban en camino lo hizo apresurar el paso. Peino cuidadosamente su cabello, tomo su saco y su gorra y bajo a tomar su jeep. Debido a que no quería que la Teniente se metiera en problemas con la prefecta del piso de las barracas de mujeres, le había pedido que dejara a Aime en el restaurante y de ahí se fuera a descansar.
Llego en punto de las 11pm y ellas aun no llegaban. Que pudo haberles sucedido? Tendrían que haber llegado al menos cinco minutos antes que él. El Maître lo condujo a la mejor mesa del restaurante y también la que tenía el ambiente más íntimo. El restaurante estaba lleno y algunos de ellos militares en su traje de diario, lo que indicaba que acababan de terminar su turno. Comentaban a sus respectivas compañeros de mesa la emoción de la batalla de ese día y varios lo saludaron con respeto. El correspondía a los saludos y finalmente llego a su mesa.
No había pasado ni un minuto desde que se había sentado de frente a la puerta, cuando vio que tanto el Maître como el valet parking, ayudaban a bajar de un jeep a una mujer.
Una segunda mirada lo hizo abrir los ojos como platos por la impresión al ver que se trataba de Aime.
No venia en un traje de gala como el esperaba, sino en un vestido largo y recto que desafortunadamente para Rick marcaba con delicadeza sus curvas, tirantes de espagueti con brillantes rhinestones, escote recto al frente y profundo en la espalda y una abertura en la pierna hasta el muslo, dejando ver a cada paso sus bien torneadas piernas que terminaban en unas sencillas zapatillas de aguja. Su cabello lo había cepillado tanto que brillaba naturalmente y lo había dejado lacio pero con algunos rizos en las puntas sobre todo a cada lado de su cara. Aisha la había ayudado a ahumar un poco sus ojos de manera que pareciera con un poco más de edad, provocando que sus ojos verdes destacaran favorablemente. En cuanto a los labios, un labial rosa nacarado hacia que sus labios invitaran a besarla. No usaba ninguna joya, pero en lugar de un collar, se había colocado una cinta de terciopelo negro. En una pequeña cartera, llevaba su tarjeta y el celular de Rick. En su hombro lastimado, La Dra. Grant había hecho un excelente trabajo al cerrar la herida con láser y colocarle solo una ligera capa de tape quirúrgico color piel, que pudo esconder con su cabello.
Cuando entro al restaurante se escuchó un silencio que fue alarmante a oídos de Rick. Todas las miradas masculinas con o sin pareja habían volteado hacia la puerta para admirar a la diosa que acababa de entrar. El Maître se apresuró a mostrarle la mesa de Rick y este se levantó lentamente haciendo contacto visual con ella y con una sonrisa que la contagio.
Para Aime, la impresión que le dio Rick con su uniforme de gala era todo lo contrario a lo que ella hubiera esperado. Siempre se había jactado de decir a sus amigas que era mentira que los hombres con uniforme volvían locas a las mujeres, pero en ese momento, Rick era demasiado atractivo para lo que ella creía que podía manejar. Parpadeo varias veces sorprendida cuando el tomo su mano y galantemente se la beso. Un extraño calor recorrió todo su cuerpo haciendo que se ruborizara, tuvo que hacer un gran esfuerzo para respirar normalmente y evitar que se escuchara la rapidez de los latidos de su corazón.
- Hola Bonita. Me extrañaste? Porque yo sí. – dijo Rick guiñándole un ojo mientras la ayudaba a acomodarse en la silla.
- Hola Rick! Creo que no me diste muchas oportunidades de hacerlo – dijo Aime sonriendo – me tuviste muy ocupada en el simulador y luego que me aburrí, fui con Aisha a platicar…
- Aisha?
- La Teniente Harrison para ti – dijo Aime – Es un amor, me divierto mucho con ella!
- Me alegro. Después de pasar todo el día contigo voy a tener que ascenderla – bromeo Rick
- Supongo que no habrá mega hamburguesas aquí verdad? – dijo Aime divertida sin siquiera ver el menú.
Rick rio al recordar todo lo que le cabía en ese pequeño estómago.
- No, pero puedo recomendarte el Coq au vin o la Cassoulet. La última vez que vine pedí ambos.
Aime le puso una mano sobre la suya y se inclinó hacia el para sorpresa de muchos que seguían de cerca sus movimientos.
- Se un amor y pide por mí. En este momento estoy algo perdida. Solo que no sea muy pesado.
Rick la miro fijamente. Lisa nunca lo dejaba elegir. Más bien, ella siempre pedía lo mismo. Ensalada con pollo a la naranja y crepe suzette.
Llamo al mesero y ordeno para los dos al igual que una botella de vino blanco espumoso, pues sabía que ella casi no tomaba alcohol. El mesero llego pronto con un vino muy suave en la hielera y sirvió ambas copas. Aime solo dio un pequeño sorbo y le gusto.
En lo que llegaba la comida, Rick le conto lo que había sucedido a partir de que ella colgara su llamada con él. Ella puso mucha atención a todos los detalles de lo que Rick le estaba contando. En realidad no había podido ver mucho desde la pantalla de la sala de comunicaciones ya que no estaba diseñada para eso solo había podido escuchar y ver el radar, lo que la había puesto en extremo nerviosa. En pocas palabras según Rick de no haber sido por su estrategia, no estarían contándolo.
- Hubo muchas bajas? – pregunto preocupada
- Sorprendentemente no. Parece que esa motivación de hacerle depilado brasileño surtió el efecto deseado. – dijo riéndose
Contrario a lo que él pensaba, ella estaba avergonzada.
- Te debo una disculpa por haber dicho eso y haberte puesto en ridículo. –dijo- Cuando estoy estresada digo y cometo muchas tonterías.
- Bromeas? Estoy seguro que eso influyo muchísimo para ganar. – dijo Rick tomándole su mano entre las suyas.
- Debió ser el bajón de azúcar que dijo la Doctora, al menos ahora tengo una buena excusa para comer chocolates – Dijo guiñándole un ojo
Rick se preocupo
- Me estás diciendo que no te sentías bien? Porque no me lo dijiste? – reclamo Rick – Debiste llamarme.
- No. Tranquilo. Es solo que desde que llegamos… no había tomado agua ni comido y la doctora dijo que solo estaba un poco descompensada por el estrés. Nada grave- dijo Aime apenada.
- Y que te dijo Jane cuando llegaste? (Te habrá reconocido?) – pregunto Rick
- Pues solo que los resultados los tendría mañana a medio día. Me ayudo con la herida en mi hombro. Esa pistolita que tiene hace milagros – sonrió
- Lamento mucho lo que paso con Miri, de verdad que no creí que se hubiera atrevido a lastimarte – dijo Rick – Jamás nos había atacado por algo así.
- No creo que hoy quiera hablar de eso Rick. – dijo Aime – Prefiero disfrutar el momento porque…
El mesero traía la comida, interrumpiendo así a Aime para irritación de Rick.
Cuando se fue Aime solo dijo:
- Bon Appetit!
- Gracias! Buen Provecho.
Cenaron tranquilos discutiendo cosas sin importancia como las impresiones de Aime de la pequeña ciudad y de lo que Rick tendría que hacer a partir de ahora como misión. La comida había sido mucho mejor de lo que Aime esperaba, e incluso ella le dio a probar de su platillo a Rick, quien con gusto dejo que Aime lo pusiera en su boca.
Cuando llegaron al postre, los ojos de Aime se iluminaron al ver que eran trufas de chocolate con helado de vainilla.
- Supongo que en algún lado tendrás un gimnasio para poder bajar todo esto verdad? – dijo Aime saboreando con gusto su postre
- No creo que tu tengas algún problema con tu peso – dijo Rick – Pero si, hay uno al final del pasillo donde te quedaras a dormir.
- Qué bien! He estado inactiva demasiado tiempo – dijo Aime – Supongo que eso significa que no regresaremos esta noche?
- En este momento no puedo llevarte y mi turno comienza mañana a las 0600 pero termino a las 13:00, paso por los resultados y nos vamos. Te parece bien? – pregunto Rick ansioso. No quería que ella se fuera.
Aime se quedó en silencio jugando con su plato. Que excusa iba a dar para no llegar a su casa esa noche? Rick aprovecho para servirle una segunda copa de vino. Vio la incertidumbre en sus ojos.
- No te preocupes. Vamos a regresar con una hora de diferencia a la que nos fuimos así nadie te va a reganar – dijo con voz seria.
Aime volvió la mirada hacia el para saber si estaba diciendo la verdad y sonrió aliviada.
- En ese caso está bien! Podre ver mañana los aviones? – pregunto esperanzada.
- Te lo prometo – dijo Rick volviendo a poner su mano sobre la de Aime.
- Gracias – respondió nerviosa y retirando suavemente la mano. Esa conexión que tenían al tocarse se estaba volviendo demasiado fuerte.
Rick pidió la cuenta y salieron del restaurante con el poniendo su mano en su espalda desnuda en un gesto caballeroso, haciendo que Aime diera un pequeño brinco. Que acaso no podía controlarse cada vez que él tenía algún contacto con ella?
(- Creo que ahora entiendo más por qué la última vez Rick había estado huyendo tanto de mi contacto.)
Salieron y Rick pidió su auto al valet. Le había ofrecido su brazo mientras esperaba y ella estaba volteando al lado contrario donde había un grupo de militares jugando alegremente entre ellos.
De pronto el celular de Rick comenzó a sonar. Vio de quien se trataba y no lo contesto.
Después de la insistencia de sonido Aime lo volteo a ver diciéndole:
- No piensas contestar?
- No es nada importante
- Es de mala educación no contestar el teléfono solo porque sabes quién es. – lo regano – Además si insiste tanto es porque puede ser algo importante no crees? Por mí no te preocupes.
Rick la miro fascinado. Ahí estaba Lisa de nuevo. Reganándolo por no contestar el celular. Solo por darle gusto decidió contestarlo.
- Hunter
- Rick! Soy yo, MinMay!
- Si, lo se… que puedo hacer por ti a estas horas, MinMay?
Aime volteo a verlo al escuchar el nombre. MinMay? La tercera en discordia de la telenovela Hunter-Hayes que Aisha le había contado? Esa MinMay?
- Eres tú el que va saliendo del restaurante Le Parisién junto con una pelirroja, verdad? – dijo
- Aja
- Es así como guardas la sagrada memoria de Lisa? Saliendo con cualquiera y llevándola a su restaurante favorito?
- Uhmmmm… Dónde estás? – pregunto Rick volteando hacia ambos lados. Debía estar cerca para poder verlos.
- Te estoy viendo desde mi puesto de vigilancia! Tu deberías saberlo ya que firmaste el cambio de turno que pedí!
- Uhhh… en este momento no puedo hablar pero…
El valet llego con el auto y le estaba dando las llaves a Rick cuando Aime decidió intervenir con una pequeña travesura. Se acercó de frente a Rick, lo sujeto del cuello pegando su cuerpo a él y susurro cerca del teléfono con la voz más sensual que pudo.
- Cariño, podemos irnos ya? Muero por llegar a casa y arrancarte ese uniforme!
Rick estaba demasiado sorprendido para escuchar la sarta de improperios que MinMay estaba soltando en chino, japonés y todos los idiomas que sabía.
Cuando vio que Rick colgaba el teléfono sin despedirse Aime lo soltó del cuello y le dijo poniendo cara de inocente:
- Perdón, no pude resistirme después de lo que Aisha me conto. Supongo que ahora no puedo echarla la culpa a la falta de azúcar después de comerme ese helado verdad?
Rick movió la cabeza con resignación. Esta chica no tenía remedio. La ayudo a subir al jeep.
- Vuelve a hacer eso, y te juro que te agarro a nalgadas aquí mismo. – Le dijo con voz ronca
Tuvo que tomar un gran respiro antes de subir al Jeep. Aime había estado demasiado cerca.
- Creo que ya es tarde y debo dejarte descansar verdad? – pregunto Aime – En donde dormiré yo?
(- Lo más lejos posible de mí, porque si no, no respondo) - Te llevare al cuarto de Max y Miriya, pero debo pasar al mío por la llave de repuesto. Espero que no te moleste – dijo Rick sin voltear a verla.
- No… no te preocupes. (Gulp)
No tardaron mucho en llegar y afortunadamente para Rick, no se toparon con nadie en el camino.
Abrió la puerta y se alegró de haberlo mandado limpiar apenas dos días antes.
- Gustas pasar en lo que busco la llave? Sé que la deje en alguno de mis cajones. – Dijo Rick dirigiéndose directamente hacia su recamara donde se despojó de su saco, dejando a Aime en la puerta.
- Por alguna razón creí que eras un poco más… desordenado – dijo Aime suavemente recorriendo su salita perfectamente limpia y con todo en su lugar.
Fue hacia la ventana. Desde ahí se veían las estrellas. Debajo de la ventana había tres cosas que llamaron su atención: La primera era un casco gris con negro. Tenía unas cuarteaduras, por lo que le decía que ese casco ya estaba en desuso. Tal vez era de cuando era piloto o de alguien muy importante para él. Después había un portarretrato doble. Estaba la chica morena que ella había visto en el álbum de Rick con un apuesto hombre rubio que le recordaba a alguien, mas no podía recordar a quien. Estaban abrazados. En la segunda estaba Rick y Lisa en uniforme también abrazados. Aime suspiro. Si el tenia aun el retrato de su esposa en su sala era porque seguía pensando en ella. Pero la tercera la tomo entre sus manos y tuvo que sentarse por la impresión: Perfectamente conservada en acrílico junto a un dibujo realizado obviamente por un niño pequeño de lo que parecía ser una princesa de ojos verdes y cabello rojo acostada en la que algún adulto le había ayudado a ponerle el título "La Bella Durmiente", estaba la cadenita de oro que días atrás regalara como regalo de compromiso al Pequeño Ricky, aquel hermoso niño de cabello negro y ojos azules que le robo el corazón y un beso en los hangares.
Sus manos le estaban temblando. No, no podía estarle pasando esto. Él no podía ser el pequeño Ricky. La vida no podía ser tan cruel con ella. Recordaba claramente como le había prometido que cuando la buscara al cumplir la mayoría de edad, ella se casaría con él. Obviamente ella había roto su promesa casándose primero pero en realidad nunca creyó volver a verlo.
- La encontré! – dijo Rick desde su habitación mientras escuchaba que algo caía al piso y salió corriendo esperando que no le hubiera pasado nada a ella.
"Intentaría conocer con certeza cuales son mis sentimientos hacia esa otra persona para saber si lo que hago es correcto o no. No podría vivir con la incertidumbre del famoso y si hubiera…"
Esas palabras dichas por Serena comenzaron a sonar más y más fuerte en la cabeza de Aime, tanto que había dejado caer sin querer el acrílico con la pulserita, haciendo que Rick saliera apresuradamente a ver qué había pasado. Se agacho para recogerlo al mismo tiempo que Rick lo hacía. No había sufrido daño y Rick volvió a colocarlo en su lugar.
- Perdón. – dijo Aime apenada en un susurro.
- No te preocupes, no le paso nada – dijo Rick poniéndola en su lugar – Toma aquí está la llave –dijo extendiéndosela. – Te acompañaré. No está lejos de aquí.
Él se dirigió hacia la puerta, pero ella no hizo el intento de moverse. Estaba de pie de frente con la vista hacia la pulserita. Esa pulsera le recordaba dos promesas que había hecho: Una, ya no podría cumplirla y la otra, en tres días, tendría que hacerlo. Necesitaba tomar rápidamente una decisión. Era ahora o nunca.
- Que pasa?
- Lo siento Rick, no puedo… - dijo Aime retrocediendo hasta llegar de nuevo hasta quedar frente al sofá
- Que es lo que no puedes? – pregunto Rick extrañado llegando junto a ella
- No puedo irme sin saberlo… - dijo Aime acercándose a él echándole los brazos al cuello provocando que sus labios se tocaran.
Tomo completamente desprevenido a Rick quien solo pudo cerrar los ojos y dejarse llevar.
Si… ese beso era completamente diferente al que había compartido con ella cuando la agarro deprimida o aquel con el que ella empezó a jugar con el cuándo lo confundió en el jardín. Había comenzado como un beso suave, hasta que poco a poco se volvió un beso altamente apasionado y sin ningún tipo de barreras que se los impidiesen a ambos. Él nunca había experimentado un beso tan ardiente. Todos los músculos de su cuerpo parecieron cobrar una sensibilidad especial. Sintió un fuego abrasador entre los muslos. Se sentía como un adolescente en su primer encuentro sexual.
Esta vez Rick podía estar seguro que lo estaba besando a él y no que lo estuviera confundiendo con nadie más o que la estaba agarrando desprevenida. Ella sentía la misma pasión por el, que el por ella y se lo estaba demostrando en ese beso. Le estaba dando todo. Era su Lisa la que lo estaba besando y esta vez no la iba a dejar escapar.
Su corazón estaba latiendo tan rápido que el mismo se sorprendió que no le estuviera dando un ataque al corazón ahí mismo. Cierto que durante esos últimos días su cuerpo parecía vibrar de deseo con el simple acercamiento de ella, pero esta vez, él no podría conformarse con solo eso. Aime estaba en un estado de completo éxtasis tratando de recordar cuando había sido la última vez que se había sentido así con un simple beso… Lo intento pero su cerebro se negaba a pensar en nada más que en disfrutar el momento.
Rick tuvo que abrazarla y apretarla cada vez más contra el para evitar a cualquier costo que pudiera escapar de él y para cerciorarse de que lo que estaba sucediendo era real y no solo parte.
Ninguno de los dos tenía prisa por separarse del otro.
(- Sus labios siguen tan dulces como yo los recordaba… ) – piensa Rick mientras sus manos recorren el escote de la espalda llegando hasta el final – ( Es encaje lo que estoy sintiendo?)
Ese ligero movimiento de las manos de Rick sacan un involuntario estremecimiento y un gemido de parte de Aime. No es tiempo de parar, pero aun así Rick hace un esfuerzo sobrehumano y se separa de ella, provocando una mirada de sorpresa de parte de Aime.
Tuvo que pasar saliva antes de decir.
- Necesito que me digas que pare antes de que sea demasiado tarde – Dijo Rick tratando de reponerse.
Grande fue su sorpresa al recibir la respuesta muda de Aime con una sonrisa. Hábilmente lo empujo de manera que cayera sentado en el sofá y coloco una rodilla sobre el sofá tomando su cara para volver a besarlo. Esa es toda la respuesta que Rick necesita.
Aime no está dispuesta a esperar mucho, y mientras Rick comienza a acariciar su firme trasero por sobre el vestido, ella comienza a desabrochar su camisa. Tiene la urgente necesidad de sentir la piel del pecho de Rick con sus manos y comprobar que la pasión que la está quemando a ella, lo está también consumiendo a él.
Rick ya había encontrado, en su exploración previa, el cierre oculto que dejaría libre a Aime de aquel vestido que le impedía deleitarse la pupila con el nuevo cuerpo de Lisa. Decidió hacer un poco de trampa y utilizar las conocidas zonas eróticas de su esposa localizadas en su cuello y espalda para excitarla aún más. Con uno de sus brazos la agarra firmemente por la cintura atrapando también sus brazos sobre su pecho, mientras que con la otra mano crea círculos en su cuello y nuca haciéndola gemir de placer. Podía sentir como la respiración de su Lisa comenzaba a agitarse y se retorcía de placer bajo sus brazos. Más de una vez Aime intento liberarse de sus brazos tratando de empujarlo suavemente pero solo lograba que el la mantuviera aún más cerca, por lo que decidió cambiar de táctica. Dejo de besarlo en los labios y comenzó a besar su cuello.
(- Parece que no se le ha olvidado cual es mi debilidad tampoco – pensó mientras se dejaba querer)
Sin dejar de besarlo en el cuello, y una mano en su nuca, una de sus manos baja al cinturón y con un simple movimiento libera la hebilla, el botón y el cierre de su pantalón. Rick está a punto y ella puede notarlo cuando atrevidamente mete la mano bajo los bóxer.
Sonríe pícaramente mientras sube su otra rodilla al sofá y ve directamente a los ojos a Rick quien está expectante.
- Permiso para aterrizar… Almirante
- Permiso… concedido – Dice Rick mientras se deleita con esa cara cachonda que tiene Aime.
Solo hizo falta un movimiento para que ella liberara su hombría completamente lista para recibirla y bajara lentamente sobre ella disfrutando el momento y dejando su cuello al descubierto para que Rick hiciera con él lo que quisiera, invitación que el acepto gustoso.
(- Pero que…? No se ha quitado la ropa interior! Como puede….?)- hasta ahí llegaron sus pensamientos al respecto.
Aime estaba completamente preparada y lo recibía con gusto. Completamente abandonada al placer, Aime lo abraza por detrás del cuello y comienza un movimiento de vaivén delicado al principio pero aumentando el ritmo de vez en cuando. Rick comenzó a agradecer la nueva condición física de Lisa, pero el volvió a marcarle el ritmo como aquella vez en el jardín. No quería que terminara pronto. Ella abre los ojos y lo ve deteniéndose un segundo, como si estuviera pensando que alguien más también la había frenado hacia poco, pero Rick hábilmente comenzó a jugar con sus pechos por sobre la ropa, lo que la distrajo de cualquier cosa que estuviera pensando. Ambos gemían de placer. Rick estaba completamente entregado a ella, quien parecía recordar que esa era su posición favorita, y llevar el control sobre el sofá era clave para ella en su disfrute personal.
(- Se ha vuelto más ruda, pero sigue siendo la misma. No voy a soportar mucho más si sigue así, y por tanto le voy a dejarla irse esta vez. Hoy voy a disfrutarla todo el tiempo que yo quiera y como yo quiera)
Aime siente un pequeño lamido en su cuello y luego un chupetón en el lado izquierdo que le electriza la piel mientras el dedo de Rick hacia círculos en la parte baja de su espalda haciendo que Aime no pudiera ya controlar el placer de su cuerpo teniendo su primera incontrolable oleada de placer, dejando a Rick con una risa traviesa.
- Creo… que hiciste… trampa… - logra articular Aime después de unos segundos que tarda en reponerse – (Como carajos sabe qué puntos son mi debilidad?)
Intenta apartarse de Rick, pero él no le da oportunidad de escapar. Con un brazo la carga de la cintura llevándosela hacia la recamara sin darle de nuevo la oportunidad de hablar pues sus labios ya habían vuelto a apresar los de ella. Con una sola mano y sin soltarla se despoja de los pantalones y de la camisa quedando solo en ropa interior.
Rick trata de llegar a la cama, pero es imposible. Al estarla besando cerro sus ojos por un momento y provoco un error de cálculo, chocando contra la pared junto al marco de la puerta. No la soltó ni por un segundo, Ella se encuentra inmovilizada entre la pared y Rick quien con un poco de desesperación al intentar bajar el cierre de su vestido y ver que lo ha atorado, decide romper el vestido, haciendo que los tirantes con pedrería cayeran hasta el suelo, dándose cuenta por primera vez, que no estaba usando sostén. Con la boca, le aferro uno de los pezones de Aime, quien soltó un pequeño grito por el placer tan intenso que sintió. Aun la tenía en el aire sostenida únicamente por su brazo izquierdo a varios centímetros del suelo. Rick se movió un poco y lamio el camino que llevaba al otro pecho. Aime no tuvo tiempo de reaccionar de otra forma que no fuera gemir de pasión.
- Que conste que te lo advertí – susurro Rick – Ya no podre parar.
Manteniéndola verticalmente contra la pared, Rick sube lentamente su mano libre hasta las caderas y de un solo movimiento termina por sacarle los cacheteros de encaje negro que estaba usando dejando que cayeran a sus pies. Su mano se movió entre los dos y Aime se quedó sin aliento cuando sintió el roce. Rick se libró de lo que quedaba de ropa en su cuerpo y un segundo más tarde de nuevo estaba dentro de ella.
Para Rick esto era tan increíble, tan extremadamente erótico. Excepto por las zapatillas negras, Aime estaba desnuda, completamente abierta a él. Por unos segundos no se movió, dejando que ella subiera sus piernas y rodearan su cadera. Él entonces se movió con fuerza, cómo si le hubieran liberado de alguna obligación y empezó un duro vaivén dentro de ella. Estaba tan necesitado de sentirla de nuevo y la batalla lo había tenido tan estresado que supo que le habría hecho daño si no hubiera provocado que ella terminara ya una vez. La tarde y noche entera había sido una forma de estimulación sexual desde que la había visto con aquel vestidito de gasa hasta donde estaban ahora teniendo sexo salvaje contra la pared. No era lo que el había pensado hacer con ella exactamente, pero ambos de pronto se encontraron latiendo, temblando, estremeciéndose en una explosión de placer para ambos al mismo tiempo.
Rick estaba seguro de que por la mañana tendría las marcas de las unas de Lisa enterradas en la espalda. Las había sentido y habían contribuido a una mayor excitación de su parte si eso era posible.
La respiración de los dos era tan fuerte que seguramente si alguien estaba en el pasillo hubiera podido oírlas. El amplio pecho que ahora tenía su esposa subía y bajaba y la fricción contra su pecho siguió excitando su cuerpo. Su cuerpo traidor.
- Bonita - Rick todavía estaba dentro de ella, duro como roca a pesar de haber culminado con ella – perdóname, perdí el camino a la recamara. – dijo apenado pero con una sonrisa de satisfacción.
Aime lo miro relamiéndose los labios.
- Esto aún no termina Almirante – le susurró al oído.
(- De verdad que no te reconozco Lisa, estas insaciable esta noche y espero que solo seas así conmigo)
La respuesta estaba en los ojos de ella. Ahí, solos ellos dos, hombre y mujer, el lazo más antiguo del mundo estaba allí, en sus ojos. Ella era suya y estaba en sus dominios. Suya.
Él alargó la mano libre para delinearle la boca, el contorno, donde la piel pasaba de rosada a marfil. Ella no hizo ningún movimiento, lo miraba con sus grandes ojos verdes, pero él sintió el movimiento del aire en el dedo cuando respiró.
- Tendrás que reponerme el vestido – dijo Aime juguetonamente.
- Sí - dijo él fervientemente – Una docena si quieres con tal de que me dejes hacer esto cuando yo quiera Li…iiinda (Diablos! Casi me equivoco)
La deposito suavemente sobre la cama y se dedicó a admirarla. Se le veía tan preciosa que no había palabras para describirla. No era definitivamente el cuerpo que el recordaba de su luna de miel. Tampoco era su juventud lo que lo excitaba. Eso solamente era un extra. Su cuerpo había cambiado para bien y ya lo había admirado con los diversos vestuarios que le conocía. Estaba más voluptuosa en el pecho y cadera, y su cintura ahora podía ser abarcada con ambas manos. Lo que siempre había sido su detonante erótico eran sus ojos. Y ahí estaban, mirándolo expectante.
Sólo pudo quedarse allí sentado, mirando, esperando a que algo de sangre le regresara de su entrepierna al cerebro. Se tumbó junto a ella y le rodeó la areola, excitándose como el infierno al ver que a ella se le ponía la piel de gallina y que el pezón se le puso duro y de un rosa oscuro.
(-Cálmate, cálmate. La vas a espantar)
Se quedó sentado allí durante un momento muy largo, consiguiendo controlar la respiración, con la mano rodeándole el pecho. Inclinándose hacia delante, le puso los labios en el cuello, donde el pulso le revoloteaba salvajemente. Sentía como el simple roce de su boca la excitaba. Esos signos eran buenos, el latido salvaje, la respiración acelerada y los pequeños pezones duros. Dios sabía que la excitación de él era bastante visible. Pero el quería que ella le pidiera a gritos ser tomada por él. Es lo que más deseaba. Le lamió la vena que latía en el cuello, un largo y lento pasar de la lengua cuando movió la mano hacia abajo. Por el pecho izquierdo, donde podía verse y sentirse el latido del corazón, por la caja torácica, por el vientre plano, abajo, más abajo… Se volvió loco al reafirmar que ella estaba completamente depilada. Aime captó la indirecta de la mano apoyada sobre su montículo y abrió las piernas. Él deslizó los dedos hacia abajo y alrededor y allí le tocó los labios. Suave, caliente y sí, mojado. Le tembló la mano cuando le abrió los labios e introdujo un dedo, sonriendo ante la repentina inspiración de aire de ella.
Le pasó los brazos alrededor e hizo que los dos dieran la vuelta, poniéndola encima y manteniéndola en posición vertical con las manos.
Aime lo miro con ojos traviesos. Así iba a ser? Una vez ella controlando y al siguiente él? No estaba mal. Los pliegues de su sexo se abrieron al pasarle por la base de su miembro a Rick y quedó a horcajadas con las rodillas a cada lado de su caja torácica. Se miraron y ella le sonrió. Le deslizó las manos por los hombros y le agarró con fuerza los bíceps -. Bien - Se meneó subiendo y bajando, probando en forma de tortura para el - Esto es interesante.
- Mmmm —dijo él jadeante. No podía hablar; estaba tan caliente que pensó que le explotaría la cabeza. Le puso las manos en la cintura y la levantó de modo que quedó medio arrodillada.
Ella se movió encima de la punta, intentando encontrar la posición correcta, deslizándose hacia delante y hacia atrás. Aime se dejó caer un poco y entonces ¡sí! Él estaba dentro. A ella se le cerraron los ojos y apareció en su rostro una expresión de ensueño cuando fue avanzando lentamente. Luego se retiró y él tuvo ganas de gritar de frustración, pero no se retiró del todo. Se quedó quieta un momento, arrodillada sobre él, moviéndose con lentitud, dejando que la punta de Rick se moviera en círculos sobre los labios. Luego volvió a encontrar el ángulo correcto y lentamente empezó a bajar.
Y se paró. Lo estaba volviendo loco. Maldición y mil veces maldición. Se quedó completamente inmóvil, debajo, esperando que ella hiciera algo. Darle el mando en la cama, siempre habia sido una dulce tortura para el.
Aime se inclinaba hacia él, acercándose lo suficiente para que Rick oliera el aroma caliente y dulce de su piel, que se elevaba sobre el olor de la excitación y el sexo. Su cabello le rozó la mejilla, llenándole las ventanas de la nariz con su perfume.
- Acércate a mí - Dijo Rick de forma gutural y le salió de lo más profundo del pecho. Ella se balanceó hacia abajo y él, con la boca, le sujetó un pezón. Sabía dulce y salado al mismo tiempo. Lamió alrededor del pezón, endureciendo con la boca el pequeño capullo. Se aprovechó, dio largas y profundas succiones con fuerza. La boca trabajaba rítmicamente, fuerte primero, más rápido después. Al mismo ritmo que la respiración de ella, que llenaba el silencio del dormitorio. Los muslos que le sujetaban con fuerza a cada lado del torso, temblaban. Ella estaba jadeando, eran pequeños gemidos que venían de lo profundo de la garganta. Los gemidos se hicieron más fuertes, más rítmicos, uno por cada vez que él succionaba.
No apartaban la mirada el uno del otro. Él la miraba a los ojos con atención, porque allí leería lo que sentía. Estaba totalmente excitada. Estaba conectado a ella sólo por la boca alrededor del pezón y su virilidad profundamente metida en su interior, pero era como si la tocara por todas partes. Sentía lo que pasaba en el cuerpo de ella con tanta intensidad como sabía lo que pasaba en el suyo. Se quedó quieto y ella también, pero los dos estaban al borde del abismo, colgando allí, listos para caer.
Aime estaba temblando con mucha fuerza, todo el cuerpo se le estremecía. Él chupó fuerte, con la lengua frotó el pezón duro como un guijarro antes de morderlo ligeramente y de repente ella soltó un grito sofocado. El grito hizo eco en la habitación en el momento en que las contracciones de su sexo lo envolvieron, junto con los gritos de él, junto con los chorros que emanaron cuando él se corrió, y se corrió, y se corrió. Ella lo estaba drenando, tirando de él directamente de lo que parecía su espina dorsal.
Se observaron mutuamente, temblando, inmóviles, hasta que finalmente, después de momentos interminables, ella se relajó y se calmó. Con un suave gemido, Aime cayó sin fuerzas encima de él. La estrecha caja torácica subió y bajó. Le recostó la cabeza en el hombro y él sintió su respiración sobre la piel, el movimiento de las pestañas, y la suave seda del pelo rozándole el pecho.
Rick todavía estaba dentro de ella, duro. ¿Cómo era posible? También él había llegado al clímax. Aquella increíble sensación era indiscutible y él todavía parecía que tenía una barra de acero caliente como un adolescente. Asombroso. Aunque, ¿qué iba a hacer ella con un Rick aun durísimo dentro cuando apenas tenía energías para respirar?
Hábilmente Rick la voltea para quedar arriba. Se movía dentro de ella con acometidas firmes y largas. Aime estaba exhausta. Debería estar más allá de la excitación, pero asombrosamente no lo estaba. Cada acometida era un choque eléctrico. En esos momentos de lo único que se veía capaz de hacer era abrirse aún más para él, agarrarle fuerte por los hombros para afianzarse cuando la velocidad y la profundidad de los golpes aumentaron. Empezó como un revoloteo, creciendo ardiente, y luego explotando en una bola de fuego de calor. De repente no podía respirar, no podía moverse. Esto no podía estar pasando otra vez, no tan pronto, no tan rápido. Ella nunca…
Después perdió la noción de todo, nunca supo cuánto tiempo había durado. Una hora, dos horas, toda la noche. No hubiera podido decirlo. Él empujaba dentro de ella sin piedad, sin parar, usando toda la fuerza del cuerpo. Sin parar, con un ritmo constante y feroz. La cama rechinó tanto con las fuerza de las embestidas que se sorprendió de que no se derrumbara. No había límites. Y no parecía que hubiera algún límite en el placer que él era capaz de provocar en ella. Aime llegó al clímax varias veces más, perdiendo completamente el control del cuerpo. Con un grito Rick explotó dentro de ella de nuevo.
Aime notó la mano de Rick acariciándole el pelo enmarañado, el cosquilleo de la respiración sobre el hombro desnudo cuando él suspiro y luego nada más, el sueño la reclamó.
La alarma del despertador suena indicándole al Almirante Hunter que debe estar listo en una hora para comenzar su turno, por lo que suavemente para no despertarla sale de la cama y se dedica a contemplar por unos segundos a la hermosa figura que yace aun dormida. No habían parado hasta que ambos habían quedado completamente exhaustos y satisfechos una hora antes.
Sonríe de solo recordarlo y vuelve a excitarse, pero no es momento de regresar a la cama. Su deber lo llama. Tendrá que conformarse con una maldita ducha fría! Cuando sale del baño completamente vestido se da cuenta que ella no se ha movido de la misma posición en la que la había dejado, por lo que se pone a hacer su habitual café escribe algo en una nota y con un suspiro y una gran sonrisa deja su habitación para dirigirse al puente donde su turno acaba de comenzar.
Aime está sonando. Suena de nuevo con su aventura en el jardín, de principio a fin recuerda todas las sensaciones implícitas y su subconsciente comienza a jugar con ella. El desconocido ahora tiene una cara. Es Rick. Rick es el que la está besando y acariciando. Es el que la hace suya una y otra vez, quien la detuvo para marcarle el ritmo, quien sabe cómo, donde y cuando y comienzan en su mismo sueno a hacer comparaciones de sensaciones provocando que se levante de la cama de un salto. Es el! Él fue el desconocido con el que estuvo y que la hizo sentir como basura por el remordimiento!.
- Maldito hijo de…! – Exclama en voz alta.
Se dio cuenta que está sola en una habitación que no conoce. Hay ropa tirada por toda la habitación y ella esta desnuda en una cama. Todos los colores se le suben al rosto al recordar su debilidad de la noche anterior. Decir que estaba enojada era poco. Entro al baño y tomo una ducha para calmar sus nervios pero no funciona. Se pone su ropa interior y pronto se da cuenta que no puede ni debe salir a los pasillos con el vestido que se puso la noche anterior.
Volteo a ver la recamara. Recoge la ropa tirada. La Ropa de Rick la cuelga frente al armario y su vestido lo dobla cuidadosamente sobre la cama que acaba de tender. Sip. El lugar esta como antes de que esa locura comenzara pero ella sigue sin tener ropa para ponerse. El uniforme lo dejo con Aisha en su habitación y la ropa con la que llego la dejo en la oficina de Rick.
- Debe tener alguna ropa que me pueda poner… Ya sé! En los cajones! – dijo dirigiéndose hacia allá – Pero… no estaré cruzando algún límite? (Y quien comenzó a hacerlo?). Tercer cajón de derecha a izquierda – le dijo una vocecita. – Voila!
Saco un pants de ejercicio gris y una playera negra. Se recogió el cabello con una liga de oficina que encontró en la salita. Con eso debería bastar por el momento. Saco el celular y su tarjeta y se dispuso a ir a explorar. No se iba a quedar ahí de brazos cruzados. Sin embargo no hay zapatos que pueda usar, por lo que solo se coloca unas calcetas grises y así mismo sale.
Llego al final del pasillo y vio un gran gimnasio. Entro y durante 45 minutos se puso a correr. Entre más furiosa estaba al recordar que Rick le había mentido, más rápido corría y tenía que subirle la velocidad a la maquina hasta esta llego al límite! Nop. No había sido suficiente para liberar su furia pero estaba llamando la atención de los oficiales que estaban haciendo lo mismo que ella. Antes de decidir qué otra cosa hacer, vio su reloj. Eran las ocho. Estaría Aisha despierta?
Le marco desde su celular.
- Harrison?
- Aisha soy yo!
- Aime! Me quede preocupada por ti. Creí que regresarías por tu ropa.
- Para eso te llamo. Seria mucha molestia que vinieras con mis cosas al gimnasio de oficiales. No creo que deba salir en estas fachas y no puedo usar el vestido de anoche para andar paseando por ahí.
- Que te parece si te veo ahí en media hora, y nos vamos a desayunar y así me cuentas como te fue.
- Perfecto. Aquí te espero.
Volvió a dejar el celular en el suelo y a lo lejos ve una bolsa de arena que nadie está utilizando y se dirige hacia allá.
La acaricia primero para sentir el material en sus manos. La fría piel negra le da la bienvenida y comienza a lanzar ligeros golpes de calentamiento con sus puños. Comienza a patearla con el empeine de ambos pies, hace combinaciones, volviéndose cada vez más y más agresiva.
- Maldito, maldito, malditooooooooooooo! – dice cada vez con más fuerza, hasta que finalmente ha caído exhausta.
- No crees que ese saco ya ha sufrido bastante? – Le pregunta un hombre enorme y moreno de ojos gentiles que la ve desde arriba.
- No creo que sea de tu incumbencia lo que haga o deje de hacer – Le dice ella furiosa incorporándose y retándolo con la mirada
Otros oficiales que estaban ahí voltean a verla intrigados. Quien era tan valiente de hablarle así al primer oficial de la nave? Esperaban la reacción del Capitán Vince Grant. Pero este tiene una cara de asustado por lo que está viendo. Corrió a su locker y trae su cartera mientras Aime sigue golpeando el saco. Saca de ella la última foto que Vince le saco a Claudia cuando fue a visitarla a la academia Robotech en la isla Macross. Esta su hermana, alta, morena de ojos verdes junto a su compañera de cuarto de apenas 18 años. La réplica exacta de la chica que tiene frente de él.
Aime molesta por la forma en la que la está mirando, ve a Aisha acercarse por la puerta de vidrio y le hace señas, por lo que lo deja ahí parado, con la expresión de haber visto un fantasma, mientras entra a las regaderas para cambiarse.
- Entonces te gusto la cena? – pregunto Aisha en la cafetería mientras ambas pasaban sus tarjetas para sacar sus charolas.
- No estuvo mal! – dijo Aime encogiéndose de hombros
- Y luego? Anda dime que paso! – volvió a preguntar.
- Nada, no pasó nada. Me fue a dejar al departamento de los Sterling y me vine a desayunar contigo - dijo Aime buscando un lugar donde sentarse con su amiga mientras que para Aisha no pasa desapercibida una moretón en el cuello de Aime – ah sí y la tal MinMay le llamo para reclamarle – dijo sonriendo al recordar su travesura.
- En serio? Vaya! Parece que añadirás otro capítulo a la telenovela. – dijo Aisha emocionada
- No. No hay capitulo nuevo, no hay nada. Entre el Almirante y yo no hay, ni habrá nada! – dijo Aime molesta con el tema – Mira allá la doctora está sola. Vamos a sentarnos ahí.
- Podemos sentarnos con usted doctora? – pregunto Aime – No hay mucho lugar disponible.
- Adelante. Mi esposo no ha llegado pero no creo que haya problema – dijo sonriendo
- Muchas gracias- dijeron ambas.
- Aun con dolor de cabeza? – pregunto la doctora – O por que los lentes obscuros?
- Uhhh órdenes del Almirante Hunter – dijo Aime mientras intentaba comer ese desayuno que parecía hecho con cartón
- Rick? Y eso por qué? Ayer tampoco te los quitaste durante la consulta. – pregunto Jane bastante extrañada que su amigo se metiera en asuntos no oficiales.
Aime subió los hombros restándole importancia al asunto y al ver que su esposo no llegaba, Jane decidió irse a su consultorio por lo que finalmente se quedaron solas.
- Veo que hoy no estas de un buen humor y espero que no sea por algo que te haya dicho o hecho el Almirante – dijo Aisha esperando que se desquitara con ella con el famoso genio de los Hayes
- Hoy es mi último día aquí y estoy dispuesta a disfrutarlo – dijo Aime sonriendo – Crees que tú puedas ser mi guía? El Almirante esta de turno.
- Seguro! Le vas a avisar? – pregunto
- Aja – (No se lo merece) Contesto Aime haciendo finta de escribir un mensaje de texto y apagando el celular a propósito.
Terminaron de desayunar y Aisha le mostro toda la nave, desde proa hasta popa. Aime veía muchas cosas intrigada y hacia cientos de preguntas que Aisha le contestaba gustosa. Al medio día por fin llegaron a los hangares.
Aun cuando estaba vestida como piloto, Aime y Aisha no pasaron desapercibidas. Las curvas de Aime en ese uniforme hacia que todos los mecánicos comenzaran a rechiflar y hacer comentarios, lo que en particular a Aisha la tenían bastante divertida.
- Idiotas! – fue lo único que acertó a decir Aime antes de ver de cerca un flamante VF-1 Súper Valkiria de color Rojo. Le llamaba la atención que estuviera estacionado junto a uno de color azul mientras que los demás eran completamente de colores neutros.
- Aisha? De quien es este Varitech? – pregunto
- De la Capitán Parino – dijo Aisha – Mejor no lo toques. Te matara, literalmente.
- No importa, ya lo intento una vez y no pudo – dijo Aime mientras bajaba la escalerilla para curiosear
- Que dices? – pregunto Aisha asombrada mientras Aime solo le señalaba su herida en el hombro, lo que provoco que la teniente Harrison abriera los ojos asombrada al entender lo que Aime intento decirle.
Varios pilotos y personal de mantenimiento habían dejado de hacer lo que estaban haciendo al ver un hermoso y redondo trasero sobresalir por sobre la escotilla del varitech de Miriya. Sabían que no era la Capitán Parino porque ella siempre usaba su antiguo uniforme rojo cuando iba a volar. Decía que le traía suerte.
- Pero que carambas pasa aquí! – Comenzó a gritar en Coronel T.R. Edwards provocando que todos corrieran lejos de él. – Regresen a sus labores bola de zánganos!
Aime escucho el alboroto y salió a ver que sucedía.
- Y usted qué demonios hace ahí! – grito – Baje inmediatamente!
Por la seña que le hizo Aisha, decidió que era mejor bajarse de ahí. Vio las insignias en el traje del Coronel e hizo el saludo militar correspondiente.
- Disculpe Coronel, solo curioseaba – dijo con voz firme
- Descanse, piloto. Usted quién es? No la había visto por aquí. Es nueva? – le pregunto Edwards
- Si Coronel Edwards, es su primer día – Contesto Aisha cuadrándose también – Le estaba mostrando el lugar.
(oh - oh … creo que voy a tener problemas por esto) –pensó Aime mordiéndose un labio nerviosa.
- Cual es su nombre teniente? – Dijo Edwards ignorando a Aisha
- Teniente Aime Monrieul, Coronel
(((Ten mucho cuidado. Ese hombre es implacable)))
((Ese es el coronel que quieres que elimine?))
(((Solo si quieres salvar a miles de personas)))
La única mitad visible de la cara del Coronel estaba en un estado de furia controlada.
- Lamento mucho lo que sucedió ayer Coronel, fue una completa estupidez de mi parte decir lo que dije – Dijo Aime entre dientes volviendo a cuadrarse – Ya he sido reprendida y sancionada por el Almirante Hunter y me envió aquí a pedirle disculpas.
Aisha la vio y comprendió lo que intentaba hacer.
- Quítese los anteojos. Acaso no sabe cuál el mas mínimo protocolo militar? – pregunto un poco más tranquilo. Si Hunter la había sancionado era porque le estaba mostrando un mínimo respeto.
Aime volteo a verla para ver lo que decía Aisha quien detrás del coronel le hacía toda clase de señales para que no lo hiciera.
- Si señor, mis disculpas nuevamente por mi torpeza señor. – Dijo Aime quitándose los anteojos y dejándolos en su mano izquierda.
El ojo descubierto de Edwards se abrió por el asombro, el temor y el odio. (No es cierto! Ella está muerta!) Iba a decir algo cuando sonó la alerta.
- A todos los escuadrones completos de varitech disponibles. Se les ordena despegar de inmediato al sector 4G. Grupo de Invids rezagados de la batalla de ayer están atacando la nave. Repito. A todos los escuadrones completos de varitech disponibles. Se les ordena despegar de inmediato al sector 4G. Grupo de Invids rezagados de la batalla de ayer están atacando la nave. Esto no es un simulacro.
- Que está esperando? Suba a su varitech y salga! – Dijo el Coronel esperando que ella se moviera. No importaba si era su primer día o no. Si le habían asignado el uniforme azul de su escuadrón, era su responsabilidad. Ya después averiguaría más de quien era y porque se parecía tanto a Lisa Hayes.
- Yo no tengo aun asignado un varitech Coronel – Dijo Aime tratando de no parecer nerviosa.
- Déjese de estupideces y utilice aquel que esta vacío! – dijo señalándole un valkiria con una franja azul cielo - Que no escucho que es una emergencia? – Grito mientras corría hacia el suyo. Como líder de escuadrón azul, esa era una orden directa.
Aisha corrió a su estación en comunicaciones mientras le marcaba al Almirante Hunter para ponerlo al tanto.
Toda la mañana Rick había estado intranquilo. Le había enviado al menos 100 mensajes de texto a Aime y no había contestado ninguno. De no ser porque había tenido demasiado trabajo hubiera ido a ver como estaba. Ni siquiera había tenido la oportunidad de desayunar con ella como era su intención y se la había dejado ver en la nota que le dejo en la cocina.
Y ahora para colmo, unos cuantos rezagados de la flota de ayer los estaban atacando. No eran naves grandes, pero habían visto la batalla de ayer y habían aprendido de sus errores. Había salido ya el escuadrón amarillo, café, el verde y el azul que eran los únicos que estaban disponibles y listos para defender.
Escuchaba que sonaba su celular, pero no podía contestar. Estaba asegurándose que la batalla fuera rápida y certera, escuchando a sus controladoras de vuelo dar órdenes.
- Ese piloto está completamente loco o se ha vuelto kamikaze? – dijo una de las controladoras – Está acabando con todos a su paso sin gastar municiones y haciendo movimientos demasiado extraños.
- Quien es? – pregunto otra controladora
- No está en la lista – respondió – Según esto ese varitech no ha sido asignado aun
- Pues pídele que se identifique – le sugirió
- Atención piloto del VF-102 del escuadrón azul. Por favor identifíquese.
El celular de Rick seguía sonando insistentemente. Llego el momento en que lo harto y vio que era la Teniente Harrison.
- Más le vale que sea de vida o muerte Teniente! – Escuchaba que la teniente hablaba muy rápido pero no le estaba entendiendo. No tuvo que hacerlo cuando escucho:
- Aquí el piloto del VF-102, Identificándome como Teniente Segundo Aime Monrieul del Escuadrón azul
- Hagan regresar a ese Varitech inmediatamente! – Grito Rick con una desesperación que sorprendió a todos ahí.
- Atención al piloto VF-102, se le ordena regresar a la nave, repito, se le ordena regresar a la nave. – dijo la controladora observando al Almirante a punto de tener un ataque.
- Aquí el Coronel Edwards líder del escuadrón azul. Teniente Monrieul regrese a la nave como se lo están ordenando – dijo Edwards sin realmente ninguna emoción en la voz.
- Con todo respeto señor, no creo que eso sea posible por el momento, pero en cuanto me desocupe con mucho gusto. – dijo Aime tratando de zafarse de una situación comprometida
Rick encendió su auricular.
- Teniente Monrieul. Aquí el Almirante Hunter. Esta es una orden directa. Regrese a la maldita base! – grito Rick desesperado.
Silencio. La verdad es que solo la estaban distrayendo y verdaderamente estaba en una situación difícil. Tenía a 10 enemigos tras ella y no podía estar perdiendo el tiempo en conversaciones ridículas. Si acababa con esos 10, podría regresar.
- Me está escuchando Teniente? – volvió a gritar Rick
- Fuerte y claro Almirante, pero si no deja de distraerme, no podre regresar a la base en una sola pieza – dijo Aime mientras recordaba su batalla en el simulador – Porque no mejor viene y me ayuda?
Edwards estaba feliz escuchando como aquella muchacha discutía y ponía en ridículo a Hunter por el tac net. Parecía que seguía enojada con él por lo de su sanción cualquiera que esta fuera.
Rick decidió dejarla en paz. Sabía que ella tenía razón. Era vital que no se distrajera para salir de ese embrollo. Diez minutos más tarde todo había terminado y los tres escuadrones regresaban sin ninguna baja.
Aime fue la primera en regresar a la base como había dicho. Desgraciadamente Rick ya la esperaba en el hangar.
Se bajó despacio, dejo ahí el casco que había utilizado y vio a Rick con los puños apretados en la posición más furiosa que ella hubiera conocido nunca y camino hacia él.
Rick estaba planeando todo un regano marca Hunter para Aime mientras ella caminaba lentamente hacia el con los ojos brillantes y una gran sonrisa. Para sorpresa de todos los que estaban ahí y los que iban aterrizando, Rick la abrazo con tanta fuerza que casi no la dejaba respirar y le dijo a Aime llorando:
- No vuelvas a hacerme eso, Lisa! No podría soportar perderte una segunda vez!
