CAPITULO 10: PROBLEMAS DE COCOS.

"Vaya, cuando me preguntaste lo de la hora pensaba que era broma." Me dijo Bella mientras iba cuando recogía el chiringuito en la arena para llevárselo a la caseta y le quitaba yo un par de cosas para ayudarla puesto que el otro tío se había largado hacía un buen rato.

"¿Por qué habría de ir en broma?" Le dije. "Te pasas todo el día trabajando o estudiando, ahora, mientras te acompaño a tu casa podemos estar un rato solos."

"¿Eso tiene doble sentido?" Me dijo divertida y como con ironía dejando la mesa plegada en un rincón y el resto de cosas con ella antes de salir e ir a coger el remolque para ir a coger el material pesado.

"Ojalá." Afirmé riéndome. "Oye, tú no te cortas un pelo ¿eh?"

"Cortarse un pelo es una pérdida de tiempo si con el que tienes que hacerlo es tan vivo como tú." Me dijo divertida y sonriéndome con picardía. "Va, coge de ese lado."

"¿Qué ha sido del otro chico que trabajaba aquí?" Le dije.

"Ah, como esta tarde estuvo aquí ayudándome tiene el día libre mañana, así que… mañana me toca jornada doble." Me dijo. "Y esta noche tengo que ir a mirar una madriguera de lobos al centro de rehabilitación de aves."

"¿Quieres que te lleve?" Le ofrecí.

"Ah, no." Me dijo. "Me llevará el abuelo."

"¿No se supone que no sabía a qué te dedicabas?" Le dije.

"Y no lo sabe, del todo." Me dijo. "¿Cómo crees que te dejan salir del cuartelillo cuando eres menor de edad? Tienen que pagar tu fianza."

"Así que tu abuelo sabe que eres una pequeña terrorista." Le dije.

"Solo defiendo en lo que creo." Me dijo divertida. "¿No defenderías tú aquello en lo creyeras, aquello que amases?"

No tenía ni que pensármelo, yo defendía aquello en lo que creía, aquello que amaba y a aquellos a los que amaba y a la humanidad en general.

"Claro." Le dije para sonreír. "Creo que te entiendo."

Eso la hizo sonreír y me di un golpecito suave en el brazo caminando a mi lado con una mochila que…

"Anda, mira, un martín pescador." Le dije.

"¿Dónde?" Me dijo siguiendo la dirección de mi dedo.

"Aquí." Afirmé quitándole la mochila y colgándomela al hombro. "Tú lleva la bicicleta y déjame a mí lo más pesado."

"Cualquiera diría que no te fías de mí." Me dijo con ironía.

"Claro que sí, pero reconoce que no tienes nada que hacer contra estos." Afirmé sonriendo divertido y sacando bola un poco.

"¡Qué fuerte!" Me dijo haciendo un chillito de rubia loca sobreactuado antes de volver a su cara irónica. "¿Se supone que es eso lo que debo decir cuando veo eso? Porque no es tan impresionante."

"Ya me gustaría a mí ver cuántos tíos conoces tú que tengan estos músculos." Le dije.

"¿Tus amigos?" Me dijo con ironía. "Parecéis todos de gimnasio. Y ¡eh! Tenéis que decirme a cuál vais para ir yo también."

"La gimnasia del instituto." Le dije.

"Ya, y la lucha greco-romana en la playa." Me dijo. "Oye, yo creo que si os ponéis unos taparabos como los de entonces triunfábais."

"¡Pero qué graciosa!" Le dije cogiéndola y haciéndola que soltase la bici que cayó mientras yo la levantaba en un abrazo para hacerla girar y parar para dejarla en sus pies de nuevo mientras ella se reía. "Por cierto, creo que Embry se ha cabreado conmigo."

"¿Y eso?" Me dijo recogiendo su bici para volver a empujarla a pie.

"Paul se pasó diciendo que habíamos estado dándonos el lote cuando fuiste a poner lo de la cuerda esa bajo el mar y se cabreó." Pensé decirle, pero en su lugar le dije. "Nada, cosas de chicos."

"Ah… pues bueno, no sé mucho sobre esas 'cosas de chicos' pero creo que hacéis muy buena pareja, como amigos, así que… yo que tú intentaría hablarlo con él." Me dijo con tono casual. "Si quieres podría mediar entre ambos."

"No, es… creo que mejor déjamelo a mí." Le dije. "Ya nos arreglaremos entre los dos."

"Más te vale." Me dijo. "Embry me cae bien, odiaría que os separáseis por cualquier tontería…"

Parecía preocupada de verdad, así que sonreí y le cogí la mano.

"No te preocupes." Le dije sonriéndole y haciéndola mirarme. "Estoy seguro que lo arreglaremos, solo ha sido un calentón del momento, nada más."

"Está bien." Me dijo.

"Por cierto, siempre me he preguntado por qué te mueves en bicicleta para ir a todas partes." Le dije.

"¿Te recuerdo que soy una ranger-verde?" Me dijo riéndose. "Además, no voy siempre en bicicleta, también ando mucho, y uso la moto y el coche de abuelo, pero el coche es eso, de mi abuelo, lo que significa que se lo lleva él porque lo necesita para trabajar y la abuela hacer las compras fuera de la reserva; y como mi moto está fastidiada y no tengo tiempo de arreglarla…"

"Si quieres puedo echarle un ojo." Le ofrecí.

"¿Y quitarme mi entretenimiento?" Me dijo con ironía. "Te dejo que la mires, pero repararla lo hago yo. ¡Que es mi entretenimiento!"

Eso nos hizo reír, y al final miré la bicicleta y sonreí.

"Venga, monta, te llevo." Le dije.

"Es una bici." Me dijo.

"Ya, yo pedaleo y tú montas en la barra." Le dije. "Te llevaría en el coche, pero… hoy no lo he traído."

"Vale, vamos a probar." Me dijo. "¿Aquí?"

"Perfecto." Afirmé mientras se montaba en el manillar mientras yo sujetaba la bici montado en el sillín para pedalear.

Intentamos movernos pero al final tuvimos que dejarlo entre risas porque me costaba un poco conducir sin torcerme.

Para cuando llegamos a cerca de su casa ella se paró y me sonrió.

"Mejor nos separamos aquí." Me dijo sonriendo. "Mi abuela… ya sabes, es un poco… estricta."

"Claro, lo comprendo." Le dije. "Entonces… hasta mañana, supongo."

"Hasta mañana." Me dijo sonriendo y girando la cara hacia la casa antes de soltar la bici y pasarme las manos por el cuello casi saltando para darme un beso en la mejilla y soltarme riendo antes de recoger la bici y salir pedaleando hacia la casa dejándome confuso hasta que entendí que era otra broma suya y sonreí divertido.

Creo que volví a casa caminando, corriendo un rato y saltando por el camino, y cuando entré en casa…

"Te ha costado." Me dijo mi padre. "Te han llamado hace un momento."

"¿Ocurre algo?" Le dije.

"Sí, Embry se pasó por aquí pero cuando vio que no estabas se fue, creo que estaba molesto por algo. ¿Ha pasado algo entre vosotros?"

"Sí, que nos gusta la misma chica." Le dije. "Solo que yo estoy imprentado y a él solo le gusta. Además, la chica tiene sus preferencias. ¿De quién era la llamada?"

"De un tal Edmound." Me dijo. "Creo que es el padre de tu amiga ecologista."

"Ah, su abuelo." Asentí cayendo en la cuenta. "¿Y qué quería?"

"Decirte que por lo que se ve va a llevarse a su hij… nieta, a su nieta a hacer un trabajo con él y como ella no es profesional tal vez tú quisieras acompañarla puesto que todos saben que la has acompañado casi hasta casa porque al parecer la otra chica os vio desde el camino y ahora lo sabe toda la casa."

"Genial, odio a una persona a la que ni siquiera he visto nunca." Afirmé.

"Bueno, pues si quieres ir yo que tú me daría prisa." Me dijo.

"¿Cómo?" Le dije.

"Que si quieres acompañarles más te vale darte prisa, pasarán a buscarte dentro de media hora y tienes que cenar." Me dijo. "Me han convencido, además, ha prometido traerte pronto, tan pronto como le sea posible, por lo que se ve es un asunto en Port Angels, así que…"

"Eres el padre más guay de la reserva." Afirmé. "Ahora mismo me preparo algo de cenar y…"

"La cena la he hecho." Me dijo. "Faltan 5 minutos, así que… yo que tú iría a vestirme con algo más acorde a las horas que vas a volver."

"Y eso es…"

"Chaqueta, y unos pantalones al menos hasta la rodilla." Me dijo.

(Salto espacio-temporal)

Dong, dong…

"Creo que ya han llegado." Afirmé comiéndome lo que me quedaba en el plato con prisa.

"Tranquilo, deja que llamen a la puerta." Me dijo previendo los movimientos puesto que unos segundos más tarde llamaban a la puerta. "Buenas tardes."

"Buenas tardes." Dijo la voz del abuelo de Bella. "¿Está el jovencito ya listo?"

"Pasad, está aún acabando de cenar." Les dijo papá.

"Ahora mismo acabo." Afirmé antes de atragantarme.

"Por dios, chico, acaba de cenar sin prisa." Me dijo el abuelo de Bella casi riéndose abiertamente. "No hay tanta prisa."

"No me gusta hacer esperar." Le dije acabándome el plato y echándome un trago de agua antes de levantarme para llevar el plato al fregadero donde lo puse en agua antes de salir y ver a mi padre y el abuelo de Bella hablando animadamente de algo mientras ella estaba junto a ellos y levantaba la mirada para mirarme y sonreírme.

"Jake, no me habías dicho que conocías al abuelo de Bellatrix." Me dijo papá.

"En realidad prefiero solo Bella." Le dijo ella.

"Ah, lo siento." Le dijo papá. "Es que conocemos a otra Bella y para diferenciaros pues…"

"No pasa nada." Dijo entonces.

"A la chica no le gusta el nombre que escogió su padre para ella." Dijo el abuelo. "No le gustan las raices familiares."

"Abuelo, estoy muy orgullosa de llamarme como tu madre, pero es que no me gusta el nombre completo." Le dijo ella sonrojándose.

"Se avergüenza de su familia." Dijo su abuelo sacudiendo la cabeza. "De nosotros que la hemos cuidado y criado como si fuera nuestra hija, que le he enseñado todo lo que sabe, que hasta le ayudo a espantar a las malas compañías y…"

"Vámonos abuelo." Le dijo ella casi tirando de su brazo para sacarle. "Vámonos antes de que digas algo más que me abochorne."

"Y ahora reniega de su pobre y anciano abuelo." Dijo el hombre obviamente bromeando y sacudiendo la cabeza. "Yo que la ha llevado a ver partidos en directo, que la encubro para que vaya a hacerme sentir orgulloso con su habilidad con las máquinas…"

"¡Abuelo!" Le dijo ella colorada y abochornada.

"Oh, pues si os gusta el futbol tenemos que quedar algún día para ver un partido." Le dijo mi padre. "Aquí nos juntamos unos cuantos amigos para ver los partidos por la tele."

"Que bien, me encanta ver los partidos." Dijo el abuelo. "¿Unas cervecitas y algo de picar?"

"Desde luego." Dijo mi padre. "El próximo fin de semana tenemos uno."

"Si le invitáis vendrá." Le dijo Bella por él. "¡Abuelo, que tenemos que irnos ya o no llegaremos!"

"Jóvenes." Dijo el señor. "Siempre con prisas… Un placer, señor Black."

"Llámame solo Billie." Le dijo papá estrechándole la mano.

"Solo si tú me llamas Edmound." Le dijo el hombre guiñándole un ojo antes de levantarse y mirarme. "Vamos chicos, el deber nos llama…"

"Procuraré volver pronto." Le dije a mi padre.

"Mientras te traigan todo bien." Me dijo.

"Jake, vamos." Me dijo Bella girándose en la puerta.

"Oh, e hijo…" Me dijo mi padre tirándome de la manga. "Espero que no vuelva a decirme el padre, en este caso el abuelo de alguien que te han dado un bofetón porque te has pasado de listo ¿vale?"

"Tranquilo." Le dije sonriendo al recordar qué había pasado cuando había besado a esta Bella. "No creo que tengas quejas. Nos vemos a la noche, o tal vez mañana."

Dicho esto salí casi corriendo hasta el coche que había aparcado fuera de casa y me sorprendí al ver un chevi-truck modificado para tener una zona cubierta en la parte de carga dejando esa zona oculta a la vista y el resto para carga donde había unas cuantas cosas bajo una tela.

"Por aquí." Me dijo Bella. "Yo voy en medio."

"Claro." Le dije. "Esto… dónde vamos."

"Vamos a ir a la reserva de conservación y rehabilitación de especies." Me dijo el hombre arrancando el coche. "Han llamado a Bellatrix, pero estaba en la playa trabajando, así que… bueno, cuando ha llegado se lo he dicho y además, yo tengo trabajo que hacer."

"¿Entonces usted no viene?" Le dije confuso pero esperanzado al pensar que nos quedaríamos solos.

"Más quisiseras, chaval." Me dijo divertido. "Que me caigas bien y crea que proteges a mi nieta además de ser un buen amigo no quiere decir que me chupe el dedo, que yo también he sido joven y sé muchos refranes."

"Ah." Dije sin entender mientras Bella se sonrosaba y le daba un golpecito suave a su abuelo. "¿Cuál es la parte que estaba mal?" Le pregunté entonces a ella.

"Los refranes, creo que ha entendido a cual me refería." Me dijo el anciano mirándome un segundo. "El amigo llega al higo. Lo habías oído ¿no?"

"Sí, sí, claro." Dije tosiendo al ver que no se andaba con rodeos.

(Salto espacio-temporal)

"Ah, por fin estáis aquí." Nos dijo un hombre con una linterna cuando entramos los tres al centro de interpretación de la reserva para rehabilitación y no-sé-qué donde habíamos llevado los cachorros que encontró Bella en el monte. "¿Y ese chico?"

"Tranquilo, Brian." Dijo el amigo extranjero de Bella. "Yo me encargo de ellos. Qué hay 'amigo de Bella'." Me saludó chocando la mano conmigo.

"Kasim, se llama Jake ¿recuerdas?" Le dijo ella.

"De Jacob." Afirmé.

"¿Ha pasado algo?" Dijo Bella cortando por lo sano.

"Se trata del cachorro de Anubis." Le dijo el hombre. "Ha vuelto a negarse a comer, hemos intentado de todo y tememos por su vida porque tiene fiebre y no conseguimos bajársela."

"¿Habéis probado con anti-térmicos?" Le dijo ella.

"¿Se te olvida con quién hablas?" Le dijo el hombre con ironía.

"Lo siento, tú eres el experto." Dijo ella. "Veré qué puedo hacer. ¿Me das un poco de carne?"

"La tengo preparada en la puerta mismo." Afirmó. "Cuando acabes tendremos que ir a buscar un coco que se nos ha escapado."

"Vale, tenéis al cachorro estable ¿no?" Le dijo ella parándose.

"Sí." Asintió el hombre.

"Pues primero el coco y luego el cachorro." Dijo. "¿Necesitamos ropa especial?"

"Tú con tal de que te encuentres cómoda sobra y él…" Dijo. "La ropa del torso es un poco suelta."

"Me la quito y listos." Afirmé. "Qué hay que hacer."

"Cazar un coco." Dijo el hombre. "¿Sabes cómo?"

"Jake viene conmigo." Dijo Bella deshaciéndose de su chaqueta y la camiseta quedándose con el bañador de camuflaje, los shorts cortados y las botas de monte negras. "Dále una linterna y que me avise si ve sus ojos brillando."

"Está bien." Dijo el hombre. "Ahora mismo os doy un par de ellas."

"Yo llevo mi mini." Le dijo ella sonriendo y sacándose un tubito pequeño apenas del tamaño de un pintalabios largo que encendió revelando que era una linterna.

"Cómo mola." Le dije.

"Es bastante potente, pero la suelo usar para hacer señales con otros guerreros." Me dijo apagándola.

"Algún día igual te acompaño." Le dije. "Dos personas montan mejor guardia que una sola."

"Claro." Me dijo. "No solemos llevarnos a gente que no sea… bueno, eco-guerreros, pero creo que contigo podría hacerse una excepción."

"Siempre podríamos hacerlo en secreto." Le dije guiñándole un ojo y haciéndola sonreír mientras el hombre regresaba y me daba una linterna grande y alógena. "Bueno, pues… ya estamos armados."

"Bella, recuerda que tienes que usar el lazo." Le dijo el tipo. "Los sedantes no funcionarán con…"

"Escamas duras, lo sé." Le dijo ella.

"¿De qué va lo del lazo?" Les dije.

"Ya se lo explico cuando toque." Dijo ella para cogerme del brazo para tirar de mí. "Vamos, cowboy, a cazar cocos."

"¿Los cocos se cazan?" Le pregunté mientras me llevaba hacia una zona algo pantanosa.

"Pues sí." Me dijo. "Vigila no le pises por error."

"Vale, ahora… ¿me explicas qué tiene que ver lo de la cuerda y la linterna?" Le dije.

"Linterna." Me dijo cogiéndola y blandiéndola como una experta poli de la tele. "Tú apuntas alrededor y tienes que ver un par de ojos brillando reflejando la luz, cuando los veas avisa porque entonces es que ahí hay uno."

"Vale, eso lo entiendo." Asentí sacándola y moviéndola un poco por los alrededores buscando algo que reflejase la luz. "¿Y la cuerda?"

"Reza para que no lo descubras." Me dijo con ironía. "Es broma, es para cazarlos."

"Cazar cocos." Le dije divertido. "Había oído recolectarlos, cogerlos, trepar por ellos… ¿pero cazarlos? Nunca."

"Ya, apuesto a que nunca has oído llamar a un coco así." Dijo iluminando hacia el agua antes de coger un walki que llevaba y acercárselo a la boca. "Aquí Panterita, por qué nadie me había dicho que teníamos bebés de cocos. Corto."

"¿Bebés de coco?" Le dije para que asintiera y señalase con la linterna a un par de puntos en el agua un poco hacia el medio. "¿Qué coño es…?"

"Aquí Águila verde." Dijo una voz. "Papá Coco se los requisó a unos turistas sin permisos y acabaron aquí para criarlos antes de mandarnos a los pantanos de Luisiana. Corto."

"Aquí Mamá Cabra." Dijo una voz femenina. "¡¿Por qué nadie me había dicho que iba a participar Panterita en esto?. ¡Panterita, aún tenemos que irnos un día a festejar lo de los furtivos aquellos!"

"Aquí Panterita, por dios, Mamá Cabra, baja esos humos, tenemos un civil oyéndonos y se va a pensar lo que no es." Le dijo Bella divertida. "Y antes de que alguien diga lo que no es, es amigo mío. Corto."

"¿Y ese interés en que sea solo amigo?" Le pregunté con ironía.

"El abuelo puede estar con la oreja puesta." Me dijo haciendo un malabar con el aparato y colgándoselo en el cinturón de nuevo. "Le caes bien, pero cuando pases de ser un amigo a algo más… creo que mejor no tentar la suerte, de momento."

"Por mí vale." Afirmé divertido viendo un destello. "¿Qué es aquello?"

"Otro coco." Afirmó mientras yo veía que se movía. "A ver, gente, qué coco es el que se ha escapado. Corto."

"Aquí Papá Coco, es Ray, 4 años, macho." Dijo una voz.

"Entonces no es ese." Me dijo a mí. "Tiene que tener un par de ojos más grandes."

"Ok." Le dije para seguir mirando alrededor. "¿Y repíteme otra vez qué son los cocos esos si no son la fruta?"

"Cocos, la forma cariñosa de llamar a eso que tienes a 1 paso de tu pie derecho así que yo que tú no me movería." Me dijo. "Estos no suelen atacar a la gente cuando han llenado el estómago, pero si se siente amenazado corres el riesgo de quedarte sin pierna." Afirmó sacándose una cuerda para hacerla un lazo y acercarse al animal para enlazarle el morro y tirar de él. "Vaya, parece que no presenta demasiada batalla. Espera un momento y no te muevas. Tengo que llevarlo al agua."

"Un momento." Le dije para cogerlo con problemas porque se revolvió y lanzarlo al agua. "Tienes otra de esas ¿verdad?"

"Sí, creo que sí." Afirmó para mirar otro ovillo y desenrollarlo para hacer un aro. "Ya está, así es más fácil."

"Parece fácil cazar esos… ¿qué es eso?" Le dije captando un par de destellos por casualidad en una charca donde había garzas o algo así.

"El lago de las garzas." Me dijo. "Creo que tienen un par para reproducción o algo así y una con un ala rota."

"No, hay… mira." Le dije señalando la linterna.

La vi seguir el haz de luz antes de abrir los ojos más y coger el walki.

"Aquí Panterita y compañía, tenemos al prófugo." Dijo. "Vamos a intervenir antes de que se coma algún animal."

Aquello fue un caos, hubo un montón de voces a la vez para disuadirla, pero ella simplemente se quitó el cinturón, me pasó todo lo que llevaba y se descalzó quitándose los pantalones para quedarse con el bañador.

"Espera un momento." Le dije. "¿A dónde te crees que vas?"

"Pues a cogerlo, está claro." Afirmó sacando unos trozos de carne del paquete que había llevado hasta entonces en una mano. "Primero hay que atraerlo hasta aquí fuera… en tierra tiene la mitad de posibilidades."

"Haz el favor." Le dije preocupado ante la posibilidad de que pudiese atacarla un monstruo escamoso y carnívoro. "¡Oye!"

"¡Ahí está!" Afirmó echando el lazo para que cayera en el bicho que lo apartó. "Mierda, he perdido el tiro."

"¿Dónde está ahora?" Le dije.

"No lo sé." Murmuró mirando alrededor y señalando con la linterna. "Ten mucho cuidado."

"No sé cómo peleáis vosotros, pero… ya que me estoy jugando mi cuello también, sugieron una formación de…"

"Espalda contra espalda y nos las cubrimos mutuamente." Dijo. "Y si no quieres jugarte el cuello, apunta con la linterna en barridos, a ver si reflejamos los ojos y le vemos. Aunque en tierra firme los caimanes y los cocos se arrastran sobre la tripa y son algo lentos a no ser que persigan a alguien."

"O sea, que lo veremos antes." Le dije.

"Pensemos que sí." Afirmó.

"¿Y haces esto muy a menudo?" Le pregunté con ironía.

"No me gusta arriesgarme a que me arranquen una pierna." Me dijo con ironía. "Pero sí, suelo arriesgar un poco mi pellejo para salvar animales. Ah, ya sé." Dijo sonriendo. "Vamos allí." Afirmó señalando un punto cercano.

(Salto espacio-temporal)

"Jo, esto se lleva la palma." Afirmé esperando y alumbrando alrededor con unos trozos de pescado crudo a mis pies. "Me dejan tirado con un montón de cosas apestosas a los pies."

"Silencio." Oí que me decían susurrando. "Vamos, no te quejes tanto, puedes llegar de un salto a la rama y él no saltará."

"No me tranquiliza nada pensar que puede atacarme y dejarme sin una pierna." Le dije.

"Piensa que los heridos de guerra tienen mucho tirón." Me dijo divertida. "Además, yo sé cómo anularle la mandíbula que es algo y tú nada."

Era raro, pero llevaba razón, mientras guardaba silencio podía oír todos los ruidos allí, desde unos aleteos de algún ave nerviosa hasta los sonidos de los animales nocturnos.

La verdad es que aquel sitio molaba, estaba muy calmado, hasta que…