Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La trama es mía.
Antes de empezar quiero agradecer de corazón a esas lindas personas que me han dado FAV o me han dejado un Review. Muchas gracias por motivarme y por sus comentarios que valen oro para mí. Les dedico este cap a
Alii Rathbone
Ipodeve
LuRathRamson
Jana Cullen
Ichigoneeko
Barbie15
Si me faltó alguien pido una disculpa y espero me lo haga saber. De todas formas me entero por la BlackBerry así que por eso se me escapan los nombres.
Un beso y un abrazo!
Capítulo 4: Sonámbula
No tardaron en llegar Esme y Carlisle. Ambos traían una expresión muy afligida.
Esme se sentó mientras Carlisle se quedaba parado, detrás de Esme quien miraba a su hijo como si no lo conociera.
Antes de que la cosa siguiera así de mal, decidí romper el silencio.
Aunque debía de admitir que me encantó ver la cara de Edward. Estaba asustado.
―Señor, director… Subdirectora… Antes de que hablen y esto se complique debo de explicarles todo. Ya estoy calmada y ahora me invade la vergüenza… ―suspiré con pesar―. Quiero que me escuchen atentamente ya que no lo voy a volver a repetir ya que es muy vergonzoso y es algo privado… bueno… no tan privado ya que ustedes se enteraron, pero para mí es algo privado y vergonzoso.
Los miré un momento y esperé tener la reacción que esperaba en ellos. Sus miradas eran de curiosidad.
Miré a Edward que me miraba extrañado pero con mis ojos le dije que confiara en mí.
―Verán ―solté aire audiblemente―, su hijo no es un violador. Yo llevé las cosas a otro extremo. Debo de dejar ese punto claro. Soy sonámbula. No quiero hablar sobre el tema ya que esto tiene tiempo que no me pasa pero la razón por la que estaba en el dormitorio de Edward era porque creía que estaba en el dormitorio de mi papá. En mi sueño, me iba a disculpar con mi papá por hacerlo enojar. Entré a su cuarto y me metí en su cama como cuando era chiquita. No conté con que Edward iba a despertar y como un vil cavernícola me tratara de despertar. ¿Qué podía pensar si despierto de golpe y su hijo está encima de mí? ¿Cómo iba a saber que el que no haya arreglado las cosas con mi papá, cosa que debí de haber sabido, tuviera ese efecto? Sé que debí mencionarlo antes pero me es difícil hablar de este tema al igual que lo es para mi familia, la gente me cree poseída o loca e incluso tengo que aceptar comentarios crípticos acerca de si soy torpe o peligrosa estando en ese estado. Hay estadísticas que mencionan las muertes que les pude dar a los sonámbulos por no mencionar que hay sonámbulos que parecen despiertos y tienen actividad… marital. Créanme que la única culpable soy yo. Sólo yo. No debí de haber dejado cabos sueltos y no debí de alterarme cuando Edward me estaba manoseando. Ahora si me disculpan debo de salir y hablar con mi padre. Tengo entendido que hay un teléfono en la oficina de la subdirectora… Lamento decirles que si no hablo con mi padre, seguiré en ese estado.
Dicho esto, me levanté y salí con seguridad.
No había dado ni tres pasos cuando tenía a Edward a lado mío.
―Te salvaste. Te creyeron pero eso no hace que me olvide de lo que me hiciste pasar.
―!Por Dios! Lo que a mí no se me va a olvidar es que fantaseabas con Tanya. Además nos estabas espiando lo cual no es correcto.
―Al igual que no es correcto que una mujer, más bien una chiquilla, se ande paseando por los dormitorios de hombres.
―A mí no me importa si se ve mal o no. No eres precisamente la persona correcta para andar corrigiendo o recalcando que estuvo mal o no.
―Pues deberías de darte cuenta de que tus acciones afectan a otros. No pudo creer que hayas hecho todo eso.
―Y yo no puedo creer que te hayas hecho pasar por dormido cuando sabías lo que iba a hacer y en vez de detenerme como lo habría hecho un caballero, te decidiste a participar. Ya sabes que el que se lleva, se aguanta. Lo cual me hace pensar que querías ese beso más que yo. Si no, ¿por qué molestarte en fingir que dormías?
―No sabes de lo que estás hablando ―en sus ojos brillaba la vergüenza y yo no iba a dejar pasar eso.
―Creo que sí lo sé. Te gusto y ahora sé que querías ese beso tanto como yo…
Se detuvo en seco al escuchar el tono meloso de mi voz. Sus labios se abrieron lentamente.
Me acerqué a él sin quitar el contacto visual. Me paré sobre la punta de mis pies. Enredé mis brazos alrededor de su cuello. Humedecí mis labios, los acerqué a centímetros de él. Pude sentir como su respiración se tornaba violenta. Esperé un momento a que él se acercara con la intención de besarme.
Sonreí con la victoria en mis manos.
Sentí su aliento en mis labios. Sus ojos se cerraron al sentir que faltaba poco para que nuestros labios se acariciaran. En ese momento me aparté y le di un beso en la mejilla.
―Buenas noches, Cullen. No tienes tanta suerte como para recibir otro beso de mi parte. No eres mi tipo.
Caminé decidida a la oficina de Esme.
Marqué el número de Charlie.
―¿Diga? ―respondió con voz pastosa mi papá.
―Charlie.
―¿Bella? ¿Pasa algo? ¿Estás bien? ―se estaba alterando.
―Estoy bien, sólo llamo para decirte que lamento mucho lo que te he hecho pasar. Sabes que te quiero y que nunca quise defraudarte. Sé que mi comportamiento no ha sido el correcto. Tú no lo mereces. Tal vez mamá si pero tú no. Perdón.
―Bella, ya sabes que siempre te voy a querer y que nunca cambiaría nada de ti. Eres mi mayor tesoro y sé que tu madre no ha sabido darte el apoyo que necesitas pero sabes que no necesitas nada de ella. Yo te amo por ambos.
―Gracias, papá. Te quiero y buenas noches.
―Buenas noches, Bells o debería decir buenos días. Saluda a la enana y dile que la quiero.
―Lo haré.
Colgué.
No había cabos sueltos. Sabía que en el conotador de Carlisle se iba a ver si utilizaba el teléfono de Esme. Así que por si acaso hice la llamada por si ellos se atrevían a escuchar.
Caminé en silencio hasta el dormitorio.
Alice y Rose me esperaban con sus ojos interrogantes.
―Antes que hablen les aclararé todo y después nos iremos a dormir ―dije antes de que explotaran en preguntas.
Nos sentamos en círculo y les conté todo hasta el supuesto beso que le iba a dar a Edward. Ambas se quedaron con la boca abierta.
―¡Dios! Cierren la boca o les van a entrar moscas ―les dije.
―Acabas de rechazar a Edward Cullen. Nadie ha rechazado a Edward ―declaró Rose.
―Siempre hay una primera vez para todo ―dije levantándome―, además Edward no tiene nada que me atraiga de él.
Sin más abrí la puerta para dejar en descubierto a tres pares de orejas que estaban atentos a lo que estaba diciendo.
Las chicas pusieron cara de perplejidad.
―Osita no es lo que piensas ―declaró Emmet a la cara de Rose.
―Emmet, ¿desde cuando andas espiando en las puertas?
―No, eso apenas fue hoy o ayer… Fue idea de Edward ―dijo señalándolo con cara de niño chiquito.
―Gracias, Emmet ―dijo Edward en tono agrio.
―Cullen, deja de acosarme y te recuerdo que es delito.
―No te emociones sólo vine por mis chocolates.
―Lástima, ya nos los comimos ―dije y cerré la puerta.
―Eso es magia. ¿Cómo supiste que estarían escuchando? ―dijo Rose.
―Es fácil ―respondió Alice―, los hombres son chismosos. Ellos siempre dicen que somos nosotras las chismosas pero en realidad son ellos.
Rosalie y yo reímos.
Me recosté en la cama y me dejé perder por el sueño.
Mañana sería un largo día.
~oOo~
El despertador sonó y a regañadientes le hice caso.
La mañana era muy fría.
Me desnudé y rápidamente me puse el uniforme.
Cuando me di cuenta, Rose y Alice seguían dormidas.
―Chicas, despierten ―canturreé―. Se nos va a hacer tarde. Vamos… ¡Arriba!
Ambas hicieron un gemido y se acurrucaron.
Salí de la habitación en busca del fortachón.
Entré como pude al dormitorio de los chicos.
Edward se estaba poniendo los pantalones, Jasper se ponía la camisa y el fortachón estaba vestido, tomando una taza de café.
El olor me volvió loca y vi por el rabillo del ojo una cafetera.
―¿No te enseñaron a tocar? ―preguntó Edward, subiéndose rápidamente los pantalones para cubrirse.
―Ni te apures, no me interesa ver tus miserias ―dije burlona.
Edward me fulminó con la mirada.
Seguí caminando hacia Emmet.
―Fortachón tengo un trabajo para ti.
Emmet me miró interrogante.
―Sígueme ―dije haciendo señales con mi dedo y me volteé a ver a Edward ―. Por cierto, espero que eso que vi sea por el frío, de lo contario, yo consideraría una cirugía si fuera tú.
Jasper y Emmet se carcajearon hasta sobarse la panza.
―Ja ja ja ―dijo Edward molesto.
Emmet se seguía riendo cuando salí del dormitorio.
Entramos a mi dormitorio y le señalé los dos bultos que seguían durmiendo.
―Necesito una grúa para estas dos.
―Rose, siempre se queda dormida ―murmuró Emmet―. Osita, tienes que levantarte… te haré cosquillas…
Emmet empezó a hacerle cosquillas y Rose se levantó a carcajadas. Emmet se giró y empezó a cosquillear a Alice, quien se despertó y me fulminó con la mirada.
―Estaba soñando con mi caballero.
―Hablando de caballeros, me retiro para que puedan vestirse ―dijo Emmet.
―Gracias, osito.
Emmet salió con una sonrisa radiante.
Ambas se empezaron a vestir mientras les contaba lo que le había dicho a Edward.
―No puedo creerlo ―empezaba a carcajearse Rose―. Nadie le ha hablado así a Edward ni nadie se ha resistido a él.
―Pues para todo hay una primera vez ―declaré.
―Lo sé, pero… ¿de verdad lo viste? ―preguntó Alice.
―No ―confesé―. Aunque él no debe de enterarse. Un baño de humildad no le cae mal a nadie.
―Bella, ¿has estado con alguien? ―preguntó Rose.
―No ―Rose abrió la boca y en cuanto vi sus intenciones añadí―, ni Alice ha estado con nadie.
―No compartas secretos ajenos ―gruñó Alice.
Me encogí de hombros.
―Chicas, estuvieron en un monasterio porque me sorprende que siendo tan… como son, sigan siendo vírgenes. No tiene nada de malo. Pero me impresiona. Se ve que ustedes son la clase de las que ya han probado de todo.
―La verdad es que a Alice y a mí nos gustaría que fuera por amor.
Nos quedamos en silencio hasta que el timbre para anunciar el desayuno sonó.
Bajamos al comedor y ahí pude ver las miradas envenenadas que me dio Tanya junto con Maria. Al parecer ya se habían enterado de lo que hicimos.
Rápidamente, ambas se levantaron y fueron directamente donde estaban Edward y Jasper.
Tanya besó apasionadamente a Edward mientras Maria hacía lo propio con Jasper.
Desvié la mirada molesta.
Carlisle venía directo a su mesa pero se detuvo ante el espectáculo que su hijo estaba dando.
Juraría que Carlisle estaba morado del enojo. Se dirigió dando zancadas largas al espectáculo que se llevaba a cabo. Sin aviso ni nada, tomó a Edward y a Jasper de las orejas y se los llevó a un rincón apartado.
No pude escuchar lo que decían pero por las expresiones de ellos, pude ver que no les esperaba nada bueno.
Bueno, estábamos en un internado. Se supone que el contacto está prohibido, pero vamos, es estúpido tratar de parar lo inevitable. En algún momento algo así va a pasar.
Tuve la ligera sospecha de que ellos sabían eso pero confiaban en nuestro buen juicio. Además en el reglamento dejaba claro que todo era bajo nuestra responsabilidad.
Me quedé pensando un momento hasta que vi que Edward se dirigía a su mesa.
Me senté y me preparé mentalmente para el largo día que me esperaba en clases.
Las primeras cuatro clases no fueron tan malas. Terminé de conocer a los padres de Tanya en las clases que me tocaron con ellos, al igual que a Esme y Carlisle. Los que sí fueron estrictos en todo momento durante las tres últimas clases, fueron el profesor Aro, Cayo y Marco.
Entre clase y clase fui ubicando a cada persona.
Ahora sabía bien quien era Jane, Alec, Félix, Demetri, James, Victoria, Laurent, Kate, Irina, Bree, Diego, Freddy, Chealsea, Renata y otros tantos.
Me costó un poco de trabajo pero al final me pude grabar algunos nombres y otros me los grabé solamente por el rostro pero tenía cuidado de no parecer obvia cuando se me olvidaban los nombres. Todos me cayeron bien pero supe de quien debía cuidarme.
Me daban muy mala espina el trío de las manzanas podridas al igual que el dúo de las hormonales.
Jane y Alec eran de otro costal, simplemente no me metía con ellos y punto.
Félix y Demetri eran bastante guapos pero en las clases pude ver que eran puro musculo y nada de cerebro.
Edward y Jasper eran muy inteligentes e incluso sorprendí a Alice y a Jasper mantener un dialogo de miradas. Por mi parte traté de no ver a Edward. Me molestaba mucho que haya besado a Tanya. No sabía que le veía. Tanya era la prueba viviente de por qué dicen que las mujeres guapas son estúpidas. Veía en Tanya ese aire, ella pensaba que con ser bonita hacia que todos pasaran por alto su falta de interés o inteligencia. En más de una ocasión Aro la reprendía por estar más atenta de su reflejo que de la clase. Para colmo Edward siempre la estaba acariciando. Eso me hacía hervir la sangre. Edward era un tonto.
¡No podía estar celosa! ¿O sí?
No, simplemente estaba resentida por lo de anoche.
No podía creer que me llamara Tanya, no podía creer que le encontrara algo a esa cosa.
Reflexioné sobre eso durante el camino al comedor. Ya era la hora de la comida y daba gracias al cielo por eso.
Un momento de distracción.
Una vez más gracias y prometo actualizar aunque sea un cap por día o si no cada dos días.
Dejen REVIEWS!
Prometo un poco de acción para el prox cap que ya lo ando escribiendo!
