Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
Capítulo 5: Un segundo
Salí a caminar por los alrededores del internado.
Todo era verde y húmedo. No podía evitar hacer muecas al ver que todo lo que me rodeaba era verde y húmedo.
Tenía mis audífonos puestos y la música compensaba mi estado de depresión. No me gustaban los lugares húmedos ni fríos.
Soñé por unos minutos sobre mi escapada en la playa. El sol calentando cada poro de mi piel y el viento meciendo mis cabellos. El paraíso se extendía ante mí con tan sólo imaginar mi vida después de escapar de este lugar.
La música seguía sonando, llenándome de esa tranquilidad, de que habrá un mañana. Sería completamente feliz en cuanto saliera de aquel depresivo lugar.
Me tensé en cuanto sentí la mirada de alguien y mis ojos se encontraron con dos ojos verde esmeralda.
―Pensé que estaba prohibido tener aparatos así ―dijo Edward recargado en un árbol con los brazos cruzados en el pecho.
―Saltarse las reglas es saludable ―respondí divertida.
Edward me miró y se acercó.
Por un momento dudé si debía seguir caminando pero me senté en el pasto no sin antes poner mi abrigo en el pasto mojado.
Edward se sentó a mi lado.
―¿Qué oyes? ―preguntó.
Le pasé un audífono y mantuve mi vista al frente.
La música era tan relajante que me hacía sonreír.
―Me gusta… ―empezó Edward.
Le puse un dedo en la boca.
―Disfruta… ―susurré.
Seguí con mi vista al frente.
Sentía una descarga eléctrica proveniente al lado de Edward. Era un cosquilleo que hacía que quisiera reír como una niña tonta. Pero era agradable.
Los segundos seguían pasando y sentía la mirada de Edward fija en mi rostro.
La música terminó y yo solo atine a dejar que siguiera la otra que era de la misma voz.
Hablada de los días de lluvia. Lo cual me hizo reír por un segundo.
―Se llama Late Night Alumni ―le dije a Edward―, la canción que pasó era Sunrise Comes Too Soon y la que estamos oyendo se llama Rainy Days…
Edward seguía estudiando mi rostro.
―No los había oído y me gustan.
―Lo sé, casi nadie los conoce. Te imagino que este es un poco de tu tipo. Se nota que eres uno de los que disfruta los clásico y tranquilos. Este es tu tipo.
―¿Cuál es el tuyo?
―Ese y ―busque en mi iPod― este. Tengo muchos tipos pero esos tipos están muy bien seleccionados.
Edward se sumergió en la canción.
―Me gusta y eso es extraño.
―L´amour est a cent lieues de moi… ―empecé a cantar.
Edward siguió mirándome. Era difícil seguir cantando e intentar relajarme con su mirada.
No entendía que me pasaba su mirada me quemaba de una manera que me gustaba. Me volvía loca esa corriente que provenía de él.
La canción terminó dejando a otro de mis preferidos.
―Christophe Willem, Berlin ―dije mirando a cualquier lado menos a él― y Ulala Session, Together With You.
Edward asintió. Su mirada seguía puesta en mí. No la apartaba para nada.
Me abracé las rodillas.
―Sabes pensé que eras de esa clase ―lo miré interrogante―. Ya sabes, de esa clase de las que escucha música superficial.
―No hay música superficial…
―En serio, ¿no has escuchado esas de las que hablan sobre dinero, joyas o cosas materiales?
―Sí, pero todo depende del sentido que tú le des a las cosas. Yo te puedo decir que el cielo es azul y mañana tu puedes decir que yo dije que es rojo.
―¿Por qué haría eso?
―Porque tus pensamientos y los míos son diferentes. Todos tenemos un punto de vista y todos reaccionan de manera diferente.
―Dame ejemplos.
―Escucha.
Le puse una canción que se llama Primadonna que era de Marina & The Diamonds. Sabía que no iba a captar todo.
―Se oye materialista…
―Pero es su punto de vista, es lo que quiere. Son sus sueños…
―¿Quién sueña con una corona?
―Hombres…
―No entiendo.
―No, porque estás viendo con tus prejuicios. Ve con algo más que eso. La canción puede expresar ese sueño que toda chica ha tenido en algún momento de su vida.
―No creo que una mujer sueñe con eso. Bueno no una seria.
―Pónsela a Tanya y observa su reacción.
―No creo que Tanya sea materialista.
―Hmph…
―¿Qué?
―Nada…
―¿Crees que ella sea materialista?
―La prueba viviente de que los hombres son idiotas.
―Feminista.
―Impotente.
―No me retes que te puedo demostrar algo más.
―No creo. Necesitaría una lupa para encontrarlo y me refería a que eres un impotente mental.
―Agradece que todavía soy un caballero que si no…
―Me puedo defender.
―Una mujer no se puede comparar con un hombre. No somos iguales.
―Físicamente.
―Y mentalmente…
―Somos iguales… Ambos podemos desempeñar trabajos. Además te recuerdo que los primeros en usar tacones fueron ustedes.
Edward se quedó callado.
―Eso no es cierto… ¿Además a qué viene eso a colación?
―Busca e infórmate.
Edward me miró molesto pero en su rostro había algo más. Su mirada mostraba algo más.
Sentí que me ruborizaba y me perdía en esos ojos.
Nos miramos un largo momento. Intentando descifrar lo que nuestras miradas expresaban.
La mano de Edward se apoyó en mi mejilla, dando un suave contacto. Tan delicado… tan cálido.
Cerré mis ojos y disfruté de esa caricia.
Su tacto me daba una descarga eléctrica que me estremecía. Estaba hipnotizada por sus ojos.
Edward soltó un suave pero audible suspiro después sentí como se levantaba y se alejaba.
―¿Qué pasó? ―susurré tan bajo y lastimeramente.
Por un segundo había sido feliz y me sentía de una manera que jamás me había sentido.
¿Qué fue eso? ¿Por qué se fue? ¿Hice algo mal? ¿Por qué me duele que se haya levantado?
Me sentía rechazada.
Definitivamente andaba bipolar. Un momento estaba molesta con él, después estaba feliz y ahora estaba… triste, resentida.
Como pude me levanté y me fui corriendo a mi dormitorio; intentado contener las lágrimas que amenazaban con salir en cualquier momento.
Bueno, antes que nada muchas gracias por sus reviews!
Habrá acción pero ahorita hay que darle un poco de levadura para que esponje.
Este momento es clave ya que Bella nunca se ha enamorado.
Ha tenido novios pero sólo fue por curiosidad de tener novio. Ya lo leerán más al rato cuando Bella y Alice tengan una charla sobre eso.
