Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.


Capítulo 7: La revancha

Me tapé con las mantas y me hice un ovillo.

No podía dejar de pensar en la reacción de Edward.

Me tomó desprevenida. Estaba en mi momento especial, momento que se suponía era perfecto.

No podía creer que había sido amable e intercambiado comentarios con Edward Cullen. Debería de estar enojada con él por andar escuchando tras la puerta.

Al estar ahí, sentada en el pasto, había olvidado por completo el incidente y lo último que le había dicho. Me estaba dando de topes con la pared por haber olvidado esos detalles.

Gruñí mientras me seguía hundiendo en el calor que emanaban las mantas. El calor de las mantas era algo confortante que me relajaba y me hacía entrar en un estado de adormecimiento.

Dormir, era lo que necesitaba en esos momentos.

Dejé que mis parpados empezaran a cerrarse y me olvidé del mundo que me rodeaba.

~oOo~

―Bella, despierta ―me movió Rose.

―Bella, es hora de cenar ―dijo Alice.

―No se despierta ―dijo Rose―, creo que necesitamos una intervención.

―Ya lo creo ―canturreó Alice.

Dejé que mi respiración siguiera siendo acompasada. Se sentía tan bien dormir. Era uno de los placeres que jamás iba a dejar de disfrutar.

La puerta se abrió y sentí los pasos.

Mis mantas se movieron y empecé a sentir unas manos grandes en mis costillas.

La risa empezaba a salir de mis labios.

―¡Ya, por favor! ¡Ya me levanté! ¡Ya me levanté! ―empezaba a decir y las lágrimas empezaban a salir.

―No pararé hasta que estés incorporada ―canturreó Emmet―. Levántate, Bella.

Me levanté riendo.

Emmet empezó a atacarme con las cosquillas.

Mis piernas fallaron y pronto terminé en el suelo, muerta de la risa. Por más que rogara no paró Emmet hasta que estuve de un reluciente color rojo.

Me incorporé con la respiración agitada.

Rose y Alice se dieron una palmada en las manos.

―Con que cómplices… ―dije.

―Teníamos que cobrar lo de esta mañana ―Rose dijo entre risas.

Me encogí de hombros.

―¡Es hora de cenar! ―Emmet cerró los puños emocionado.

Caminé y pasé de lado a Edward quien apareció en cuanto salí de mi dormitorio.

No podía evitar sentirme mal al notar que Edward ni siquiera me volteó a ver.

Su indiferencia me estaba volviendo loca.

―Dale tiempo ―murmuró por lo bajo Alice.

Asentí.

No volví a mirar a Edward en toda la cena ni cuando pasamos a nuestros dormitorios.

Rose se levantó de su cama.

―Es hora ―dijo mientras se ataba su cabello en una cola de caballo.

―Sí, es hora ―Alice dio un salto de bailarina.

Las miré interrogante a lo que ambas rodaron sus ojos.

―No pusiste atención en la cena ―Alice me miró con reproche.

―La verdad es que no… ―admití encogiéndome de hombros.

―Bella, hoy vamos a darles una revancha a los chicos ―dijo Rose con una sonrisa paciente.

Seguí sin entender a lo que ellas gruñeron y Alice se acercó a mí para sacudirme los hombros.

Para ser tan pequeña, Alice da miedo cuando se molesta y tiene fuerza. Chiquita pero…

―Bella, ayer los chicos nos estuvieron espiando y es hora de devolverles el favor ―a Alice le llamearon los ojos.

―Emmet me dijo que mañana nos vemos. Lo que Emmet no sabe es que él no puede guardar un secreto, bueno, no porque sea chismoso sino porque no sabe actuar. Es como un niño. La cosa es que no me dio mi beso de buenas noches por salir disparado. Cuando empecé mi relación con él, al principio me molestaba y decidí seguirlo una noche. Los chicos tienen un club secreto ―Rose sonrió mientras se ponía un sweater negro.

―Bella, sé que estás molesta y no te vas a escapar de la charla que vamos a tener al rato ―me miró con severidad Alice―, pero necesito que tu mente maquiavélica despierte.

Saqué aire audiblemente y sonreí.

―Operación: devolver el favor… ―las miré a ambas y sonreí en complicidad― Chicas, vamos por ellos.

Las tres reímos.

―Rose necesito que consigas globos, harina, huevos, leche, dos embudos y una botella ―le dije.

Rose asintió y salió disparada.

Alice y yo nos vestimos completamente de negro.

―Bella, ya ni te pude contar que pasó hoy pero al rato les voy a contar a ti a Rose. Estoy feliz y me gustaría que tú lo estuvieras ―Alice apoyó su manita en mi hombro.

―Gracias, Ali ―dije apretando su mano apoyada en mi hombro―. Sé que en estos momentos ando distraída y ni siquiera puse atención a lo que decían en la cena. Supongo que es por el cambio de escuela y de ambiente.

―Bella ―dijo mi nombre con un suspiro―, no me mientas. En primera porque eres una mala mentiros y en segunda porque te conozco desde siempre. Esto es por Edward y por el momento que ustedes dos compartieron. N o te atrevas a negarlo porque sabes que lo vi.

―Cierto ―dije al recordar el "don" de Alice―, no lo negaré. Aunque sabes que él se fue y desde entonces no me volteado a ver. Le soy indiferente.

―No le eres indiferente pero ahora él va a tener una lucha interna porque son opuestos pero en algo coinciden ―Alice me miró con reclamo―, ambos empezaron mantener una relación sólo por experimentar.

―No sabía que eso te molestara ―recalqué la última palabra.

―No es eso, simplemente es que tú la vas a tener difícil al igual que él. Ambos han leído, visto y escuchado lo que es el amor. Una cosa es eso y otra es llevarlo a la práctica. Ni tu ni él saben lo que sienten y es muy pronto para que sepan que es la palabra con "A".

―Alice…

―Eso no, me refiero a la otra con "A".

―Lo sé ―desvié la mirada―, es sólo que apenas y sé lo que me está pasando.

―Fue amor a primera vista pero te va costar admitirlo.

La puerta se abrió y dejó ver a Rose con un montón de cosas.

―Conseguí todo pero tuve que sobornar a alguien para que me diera globos ―Rosalie depositó todo en la cama de Alice.

―Bien, empecemos ―dije frotando mis palmas.

Tomé la botella y empecé a poner la harina con un embudo.

Rose y Alice no pararon de hacer una imitación de la risa de una bruja a lo que al final terminé acompañando.

Tomé otro embudo, puse los huevos y la leche en la botella. Tomé un globo y empecé a rellenarlos con la boca de la botella.

Seguimos riendo como brujas durante todo el proceso.

Teníamos doce globos listos y rebosantes de una asquerosa mezcla. Los pusimos en una manta y los arrastramos hasta el jardín.

La noche era bastante fría y todo estaba en silencio.

Arrastramos los globos por el húmedo y verde pasto.

Pasamos por varios árboles hasta dar con lo que parecía era una casita del árbol. El árbol era enorme y frondoso.

La casa era difícil de ver.

Claro, entre más alto más difícil de ver.

Subimos las escaleras de madera y miré por todos lados.

Al parecer no había nadie.

Miré interrogante a Rose.

―Se fueron a bañar ya que las regaderas permanecen cerradas a las diez de la noche y son abiertas hasta la primera clase de gimnasia. O sea hasta las once de la mañana ―empezó a reír Rose.

Alice y yo nos unimos a su risa.

―Alguien va a oler mal en la mañana ―se rio Alice.

―Alice, ¿no se supone que debes defender a Jasper? ―pregunté.

―Nop, se lo merece por andar espiando y dos veces ―dijo Alice mostrando sus dos dedos.

Nos seguimos riendo hasta que vimos la luz de una linterna.

―Emmet ―susurró Rose―, a veces se me olvida que es como un niño. Aunque eso fue lo que me enamoró de él.

Rápidamente acomodamos los globos. Cuatro por cabeza.

―En cuanto estén subiendo las escaleras y lleguen en medio, empezamos a atacar. No les daremos tiempo de retirarse ―susurré conteniendo la risa.

―A sus posiciones ―dijo Alice―. El primero en subir va a ser Edward seguido de Emmet y Jasper. Supongo que ese honor te toca a ti, Bella.

Asentí y nos posicionamos. Esperando el momento perfecto.

―Esperen… ―murmuró Alice con los ojos cerrados― Esperen… Esperen… ¡Ahora!

Tomé el primer globo y lo dejé caer con fuerza.

―¡Pero qué demonios! ―grito Edward.

―¡¿Qué mierda?! ―exclamó Emmet.

―¡Qué asco! ―dijo Jasper.

Edward miró directamente a mi dirección con los ojos llameando por la furia.

Seguí tirando globos al igual que las chicas.

Para desgracia de Edward, él era el blanco en donde más caían globos.

Edward en un intento por tratar de bajar rápidamente, apoyó su pie en la cabeza de Emmet.

―Viejo, tu pie está en mi cabeza ―dijo Emmet.

―Animal, apúrate a bajar ―maldijo Edward.

Emmet empezó a bajar lo más rápido que pudo al igual que Jasper.

Edward pisó uno de los escalones que tenían la mezcla embarrada y se resbaló, derribando a Emmet y a Jasper. Todos cayeron audiblemente.

Sólo que daba un globo por lo que Rose Tiró con fuerza en su dirección. El globo cayó, embarrando a los chicos.

No pude con la risa y caí al suelo por las carcajadas.

En definitiva eso no tenía precio. La cara de Edward fue tan graciosa.

Mi risa fue acompañada por las de Alice y Rose que no podían ni sostenerse en pie al igual que yo.

La cara de los chicos empezó a tornarse roja por el enojo.

―Eso… ja ja ja… es… por… ja ja ja… andarnos… ja ja ja ja ja… espiando… ja ja ja ja ―dije muerta de la risa.

Empezamos a bajar con cuidado para no resbalarnos.

Seguíamos riendo y el aire nos faltaba a causa de eso.

Cuando llegamos al suelo, los chicos seguían ahí.

Emmet estaba enfurruñado y tenía la cara de niño chiquito, Edward me fulminaba con la mirada y Jasper miraba a Alice quien le dio un rápido beso en los labios.

Seguí riendo a carcajadas.

Edward se levantó molesto y empezó a perseguirme.

―¡Retirada! ¡Retirada! ―les grité a las chicas.

Las tres salimos corriendo.

Edward me alcanzó por lo que di un salto y me posicioné a su lado. Le di un caderazo como en el Roller Derby. Lo derribé y orgullosa empecé a bailar.

―¡Ja! ¡En tu cara! ―le dije.

Edward me siguió fulminando con la mirada.

Las chicas y yo subimos rápidamente a nuestro dormitorio, en silencio.

No paramos de reír.

―Por si acaso, hay que cerrar con seguro nuestra puerta de ahora en adelante ―les dije a las chicas.

Ambas asintieron.

―Bella, eres una mente retorcida ―me elogió Rose.

―Buen brazo, Rose ―le dije con una sonrisa.

Nos reímos las tres y escuchamos a los chicos arrastrar los pies en el pasillo.

Pegué el oído en la puerta y escuché como se cerraba con cuidado.

Pude distinguir el suspiro de frustración de Edward.

Me volteé a encarar a Rose y a Alice. Empecé a hacer una imitación de Edward, tomándose el puente de la nariz con frustración.

―Soy Edward Cullen ―hice una mala imitación de la voz de Edward―, me voy a vengar de Bella Swan. La chica más linda que pude haber visto y que veré en mi vida. Ahora no me podré quitar esa mezcla asquerosa hasta las once de la mañana. ¡Ah, Dios!

Alice y Rose siguieron riendo.

Nos pusimos la pijama entre risas.

Alguien tocó la puerta y un papel relucía por debajo de la puerta.

Lo tomé entre risas y leí.

Bella:

En primera, yo no hablo así.

En segunda, no eres la chica más linda ya que he visto mejores.

En tercera, esta te la voy a cobrar.

Por último, cuida tus espaldas porque cuando menos lo esperes, te voy a devolver el favor.

Edward.

Miré a las chicas y le pasé la nota a Rosalie.

Osita:

No puedo creer que hayas descubierto el club súper secreto de los emisarios de He-Man.

Me las voy a cobrar y tú sabes con qué.

Emmet.

Rose estaba sonrojada y le pasó la carta a Alice.

Alice:

No estoy molesto por lo que hicieron.

Cumpliría tus deseos y caprichos sin importar lo que sea.

Eres mi Diosa y te veneraré.

Jasper.

P.D. Espero verte mañana nuevamente en donde nos vimos hoy.

Alice bailó por todo el dormitorio y aferró la carta con fuerza.

Rose y yo la miramos.

―A ésta sí que le dio duro ―murmuré.

―Ajá ―asintió Rose.

―Cuida tus espaldas ―imité a Edward.

Ambas reímos ya que Alice seguía sumergida en su burbuja personal.

Me metí a la cama aun riendo.

Cerré los ojos y me imaginé lo que pasaría mañana.

Sin darme cuenta, caí en la inconsciencia con una sonrisa.


Un cap más y las bromas acaban de empezar...

Dejen REVIEWS!

Comenten! les gustó? Lo odiaron? Creen que deba checar mi salud mental?