CAPITULO 18: PASADO, PRESENTE Y FUTURO.

"Dios... estoy reventada." Afirmó Bella dejándose caer en el saco de dormir tras arrodillarse sobre este y frotándose inmediatamente la pierna.

"Cuidado, por favor." Le dije moviéndola un poco. "Las vendas no harán demasiado con la trampa que has caído."

"Bochornoso ¿no?" Me dijo sonriendo en broma. "La guerrera experimentada pisando una trampa para osos."

"Estaba demasiado bien escondida." Afirmé quitándole peso al asunto. "Hubiera caído yo de haber estado en tu camino y tú en el mío." Añadí moviéndola un poco la pierna para aliviar un poco su dolor. "¿Duele mucho?"

"Un poco." Afirmó. "Por suerte no clavó demasiado. No han tenido que darme puntos siquiera. ¿Te importa pasarme la camiseta del pijama? Está en la cuerda de fuera."

"Ahora mismo entro todo." Afirmé asintiendo y saliendo a coger los pijamas y la ropa que había lavado antes de irnos a patrullar en el turno de tarde para meterlas y pasarle la camiseta que me había dicho.

"Gracias."

Es una suerte que haya tenido que quitarse los pantalones quedándose con la parte de abajo del bikini de camuflaje por la venda que le han puesto y porque también se hizo un rasponazo en la pierna dado que esta vez, íbamos con pantalones cortos. Así haría pronto y mientras ella se quitaba la camiseta y la parte de arriba del bikini poniéndose la de dormir, yo me quedé con el bañador que me habían dado y me tumbé en el saco maldiciendo por el calor que daba aquel simple trozo de tela relleno.

"Tal vez deberías ir a cenar algo." Me dijo.

"¿Quieres que me vaya?" Le pregunté confuso.

"No, pero debes de tener hambre." Me dijo. "Y así de paso me traes algo. Iría yo, pero creo que a mi tobillo le conviene un poco descansar."

"NO te preocupes, enseguida vuelvo, a ver si me pueden poner algo envasado."

"Ah, tengo una fiambrera justo ahí." Afirma sonriendo para revolver entre sus cosas y pasarme una fiambrera de tamaño mediano. "Si eso echa comida aquí y ya nos las apañaremos para cenar."

"Claro, sin problema." Afirma. "Cojeré algo para los dos y vuelvo en un periquete."

Me gusta correr, esta tarde he corrido mucho y eso me ha dejado ligera y agradablemente cansado pero tanto como para cualquiera correr apenas un kilómetro haciendo jogging habitualmente.

Así que corro un poco hasta el comedor, donde hay ya gente cenando y cojo comida para dos en la fiambrera antes de coger un plato de papel con ensalada y hacer malabarismos con el segundo plato de ensalada, comentar que llevo la cena de dos porque Bella no podía ir a cenar y volver a irme, esta vez caminando normal.

Pero cuanto más me acerco a nuestra tienda más capto el olor a desodorante de hombre del amigo de Bella y más me preocupa, hasta que estoy a cierta distancia prudencial de la tienda y veo salir al tipo que vi en la comida mirándome desde la tienda de almacenamiento de comida que toma la ruta de otras tiendas, entonces comienzo a correr sin importarme demasiado perder algo de contenido de los platos en el camino.

"¡Bella!" Grito al entrar en la tienda preocupado por que no esté, sin embargo, sigue exactamente donde la he dejado. "Gracias a dios..."

"¿Estás bien, Jake?" Me dice confusa.

"Sí, es... me había preocupado, he visto a alguien sospechoso salir de aquí."

"Ah, bueno, ha venido a verme." Me dijo. "Se enteró que estaba mal y decidió venir a ver cómo estaba. ¿Te ha parecido sospechoso?"

"Mucho." Asiento sintiéndome mal por no poder prevenirle como dios manda sobre él y el peligro que entraña para ella. "¿Quién era?"

"Ah, es Claudio." Afirma. "Es de la camarilla, pero es mucho más simpático. Como el hermano que nunca tuve. Mira, me ha traído pomada para las heridas."

"No dejes que se te acerque." Le dije. "Es... no puedo explicártelo, pero me da mala espina."

"Ya sé lo que pasa." Dijo poniéndose mortalmente seria.

"Bella, yo... puedo explicarlo." Afirmé con miedo por que supiera la verdad por fin.

"¡Estás celoso!" Me dijo riéndose. "Tonto... no lo estés. Yo solo te quiero a ti, además, Claudio nunca se me acerca cuando estoy herida."

"¿Cómo puedes estar tan segura?" Le contesté un poco ido por que hubiese contestado que estaba celoso.

"Fácil, Claudio es hemofóbico." Afirmó sonriendo. "No toca nada punzante y ni se acerca a ningún herido. Incluso tiende a evitarnos cuando tenemos la regla."

Eso no tenía sentido, me rompía todos los esquemas. Un chupóptero con miedo a la sangre... no, era imposible.

"Me cuesta creerlo." Afirmé.

"Es un poco raro, pero es muy majo, y siempre se ha preocupado por mí." Afirmó sonriéndome. "Como con la pomada."

"No te la des, no me fío de él."

"¿Eres tonto?" Me dijo levantando una ceja. "Es pomada, para las heridas, cicatrizante."

"El que te ha curado te ha atendido ya." Le dije sacudiendo la cabeza. "No es bueno mezclar medicamentos."

"Hombre, eso es cierto." Afirmó. "Pero me duele."

"¿Puedo hacer algo por ayudar?" Le pregunté.

"Bueno... en realidad me duele también un poco el hombro." Me dijo sonriendo y moviéndolo con la mano en este. "Si pudieras darme un masaje…"

"Eso está hecho." Afirmé sonriendo para estirar la mano hacia ella y que se bajase un poco el cuello de la camiseta para apoyar su hombro en mi mano y gimiese con dolor.

"Lo siento, me duele un poco." Afirmó.

"Espera, te ayudaré a tumbarte y así no tendrás que moverte." Afirmé suavemente.

"Puedo sola." Afirmó yendo a girarse pero parando y estirando un brazo hacia mí con una sonrisa. "¿Sabes qué? Me parece que me gusta la idea de que me eches una mano."

"Eso me gusta más." Afirmé acercándome para cargarla y ayudarla a dar la vuelta con cuidado.

"Vaya, estás fuerte." Afirmó.

"De vez en cuando me toca cargar a alguien." Afirmé divertido.

"¿Ah, sí?" Dijo para mover ligeramente la cara a un lado. "¿Y has cargado a mucha gente antes?"

"A mi padre, alguna vez." Contestó dándome cuenta que he metido la pata. "Y una vez mi hermana se torció el tobillo y la tuve que llevar desde la playa a casa a caballito. Oh, y alguna noche he llevado a Embry o Quil hasta sus casas, ya sabes, si juegas con fuego te acabas quemando."

"Ah, vale." Afirmó. "Es que lo has dicho que sonaba fatal."

Vale, había metido la pata, pero al menos parecía que sabía sacarla casi sin problema.

"Bueno, a ver ese masaje." Afirmé.

"Espera, primero coge el botiquín de mi bolsa y coge el aceite de romero." Me dijo señalando a una mochila que había llevado. "Necesitas algo para que se mueva la mano."

"Yo no veo ninguna etiqueta que ponga eso." Afirmé mirando una especie de caramelo tubular y empapelado en un plástico como bolsa y con colorines. "¿Estás en días malos?"

"Haz el favor de dejar eso." Me dijo mirándome. "Lo siento, no suelo morder, es que… de todo lo que podías encontrar has ido a tocar eso… Es el bote que tiene un tapón de botella-biberón."

"Vale, lo veo." Afirmé cogiendo lo que dice. "Vaya, pensaba que era un jarabe."

"Es alcohol de romero pero con olor." Me contestó mirándome con la cara en la mano apoyada en el codo. "Me enseñaron a hacerlo en una concentración y le he añadido un toque extra para mejorar el olor, tal y como me enseñó mi abuela que se hace para las esencias de perfume caseras."

"Y esta huele… hum, huele bien, qué es." Le pregunté.

"Canela." Afirmó sonriendo.

"Ah, a eso me sonaba." Afirmé. "Huele como la tarta de manzana de mi… olvídalo."

"No, sigue por favor." Afirmó suavemente mientras le echaba un poco de aceite en el hombro.

"De mi madre, pero prefiero no hablar de eso." Afirmé. "Lo siento, creo que te he manchado la camiseta."

"Ah, esto… ¿te importa darte la vuelta, por favor?" Me dijo.

"¿Y eso?" Le pregunté.

"Voy a… quitarme la camiseta, para… bueno, te será más fácil y definitivamente, es más fácil sacar una sola mancha de mi camiseta de dormir que un ciento de manchas."

"Tiene lógica." Afirmé. "Voy un momento a coger las toallas."

"Vale." Asiente suavemente. "Te aviso cuando esté lista."

"Vale." Contesto antes de salir fuera y comprobar que ha anochecido y estamos en el crepúsculo, comenzando casi.

Las toallas son las que hemos usado en la poza, las hemos tendido a secar en la cuerda que compartimos con las dos tiendas de los laterales en unos árboles, aún están un poco húmedas, pero casi secas del todo, así que las recogí y me puse a doblarlas hasta que la oí llamarme.

"¿Se puede?" Pregunto.

"Sí, esto… ¿puedes poner la tela de las ventanas?" Me pregunta. "La tela y echar el candado."

"Hum…" Digo bromeando pero haciéndolo al ver que está donde la había dejado pero sin camiseta y con esta al pecho arrebollada a los lados tapando las vistas mejores.

"No pienses mal, pero no me gustaría nada que entrase alguien y pensase algo que no es." Me dijo sonriendo divertida pero esta vez sin levantar ni un milímetro el tronco del suelo. "¿Verdad?"

"Bueno…" Dije.

Hombre, no me gustaba demasiado la idea de que pudiera entrar nadie y molestarnos, pero... tampoco parecía que estuviese pensando ella en nada más que un masaje. O tal vez sí.

Sonriendo toqué el pie que me había metido el dedo gordo por la cintura del vaquero mientras estaba agachado poniendo el candado a la tienda y sonreí.

"Bueno, pues vamos a ver ese masaje." Afirmé sonriendo y moviéndome para ponerme junto a ella. "Si te hago daño avisa, a veces… bueno, digamos que la fuerza y yo no nos llevamos bien."

"Seguro que lo haces bien." Afirmó suavemente sonriéndome.

Dios, eso era algo alucinante, en cuanto puse la mano sobre su hombro noté que me subía el calor, como si tuviese seda en vez de piel, una suave y delicada cortina de seda.

"Mmmm…" Gimió.

"¿Estás bien?" Le pregunté. "Lo siento, ya te dije que la fuerza y yo…"

"No, no." Negó sonriéndome con la cara girada. "Lo haces genial. Es que… tienes unas manos maravillosas. Son grandes y… ejem, me gustan."

Sonreí mientras se me venían a la mente algunas ideas de cosas que hacer con las manos y demostrarle cómo de diestras eran.

"Gracias." Afirmé sonriendo. "¿Qué tal llevas la espalda?"

"Mejor." Afirmó sonriendo. "Pero no pares, por favor."

"Por mí perfecto." Afirmé divertido.

La cosa estaba guay, el problema era que de imaginarme que estaba desnuda de no ser por el pantalón del bañador, aunque no viese de pleno la parte interesante… bueno, podía notar el trasero debajo de mí puesto que para masajearle mejor me había puesto con una pierna a cada lado suyo y sentado en la parte del saco que le tapaba hasta el trasero… bueno… digamos que me alegraba bastante por dentro y… por fuera, sobre todo el porfuera de… cintura para abajo.

Así que en un momento dado, paré por miedo a que notara nada.

Increíble, yo retirándome con el rabo entre las piernas.

"¿Estás bien?" Me dijo.

"Sí, es que… bueno, mejor paro ya, que peso un rato y tú estás con las piernas mal."

"Las piernas están más abajo que el culo que es donde estabas tú." Me dijo sonriendo sin moverse demasiado.

"Vale, eres una listilla." Le dije.

"Esto… ¿te importa pasarme algo para taparme, por favor?" Me dijo.

"Claro." Afirmé sonriéndole y buscando la toalla de donde la había cogido para ir a dársela y que se incorporase un poco apretándose la ropa que había tenido bajo el pecho contra este sonriéndome y cogiéndome la mano para tirar cuando le tendí la muñeca y darme un largo beso antes de rodearme el cuello con un brazo mientras con el otro se sujetaba la tela al pecho mirándome para que esta vez, fuese yo el que la besase, abrazándola y apretándola contra mi pecho.

"A esto podemos jugar todos." Afirmé bromeando.

"Lo sé." Afirmó sonriendo antes de que le volviese a atacar.

Era extraño, pero de pronto, no solo era yo el que tenía la batuta; sus manos se movían suavemente por mi espalda a mi cintura gracias a mi costumbre de estar casi todo el día solo con vaqueros, sobre todo ahora que íbamos a estar solos en la tienda y ella parecía tranquila conmigo así.

Podía notar sus palmas en mi espalda, se estiraban y parecían querer abarcarlo todo, pero como las mías, hasta que paramos un segundo a coger aliento y me volvió un poco la cordura.

"Bella, deberíamos parar un poco." Le dije.

"¿Por… qué?" Consiguió decir como con duda más que cansancio.

"Dios, no creí que tuviera que decir algo así nunca pero… me estás poniendo como una moto y no sé si eres consciente de qué va después y quiero hacer las cosas bien y no forzarte a nada." Afirmé sintiéndome abochornado de tener que decir algo así.

Joder, tenía a la chica que quería delante de mí, estábamos los dos como motos, su corazón parecía desbocado… y lo único que se me ocurría era decir que teníamos que parar. Me iba a ganar el infierno por eso.

"¿Y quién te ha dicho que a mí me importe seguir?" Me dijo sonriendo con ironía. "Si tu quieres seguir, adelante."

"Pues… ¿tú quieres?" le dije dándome cuenta de lo que estaba diciendo.

"Ay, señor…" Dijo ella suspirando. "Veo que a ti hay que hacerlo como a mí, solo que yo pillo las cosas un poco más fácilmente…" Afirmó mirándome a los ojos. "¿Tú no ves cómo me pones? Coño, llevo media hora con lo del masajito, que vale, me ha relajado hasta no veas cuánto, pero leches, que era para aumentar un poquito el calor aquí…"

Eso me hizo soltar una risa y hacer un giro de ojos para mirarla.

"Dios, eres lo que no hay." Afirmé divertido. "¿Y si soy yo el que no quiere?"

"Entonces bien, no soy una violadora." Afirmó. "Bueno, tampoco voy ofreciéndome al primero que pasa, pero… creo que si es contigo todo irá bien."

"Me dejas más tranquilo." Afirmé con ironía para verla mover las manos a su trasero antes de sacarla de nuevo y cogerme una mano con la otra para ponerme la primera en la mía y dejarme algo dentro para apartarla.

"Mira, yo ahí lo dejo." Afirmó mientras descubría qué me había dejado en la mano como si nada. "Si te apetece otro paso bien, si no… bueno, puedo esperar a que estés preparado también tú."

Eso me hizo reír suavemente apretando su 'regalo' en mi mano y sacudiendo la cabeza antes de mirarla sentarse en su trasero sobre su saco de dormir con un par de muecas de dolor por la pierna que se frotó sobre la venda antes de comenzar a echarse la tapa por encima un poco.

"Está bien." Afirmé. "Creo que no necesitarás eso."

"¿Has decidido algo?" Me dijo. "¿Tan pronto?"

"Decido quedarme con el regalo y tomar lo que la vida me da." Afirmé sonriendo antes de atacar su boca con suavidad y parar. "A ver cómo hacemos lo del ritmo, no sé si seré lento o me embalaré o qué."

"Bueno, en este baile bailan dos." Afirmó sonriéndome y levantando una comisura con picardía. "Si no sabemos ninguno de los dos… ya llevaremos un rato cada uno la batuta."

"Suena de muerte." Afirmé sonriendo mientras nos rozábamos los labios suavemente como jugando antes de besarnos de nuevo.

Dios, yo siempre había 'bailado' solo, Jake y su manita… penoso pero estaba aún en el instituto, había contado con que tenía al menos hasta el fin del instituto, el baile de fin de curso, una chica bonita, mi ranchera… recordaba que había querido esperar a alguien, pero mientras Bella me besaba respondiendo a mis besos con otros besos, tuve más claro que nunca, que eso no podía haber sido con nadie más que con ella.

Cuando llegó el momento de deshacerse de barreras inútiles, lo hice con cuidado, disfrutando de cada segundo con ella, aprovechando cada gesto y cada vista como si fuesen únicas, como si no fuesen a darse nunca más.

Y ella parecía tan segura y a la vez con tanto miedo… cuando me tocó ayudarla a desabrochar el único botón de toda su ropa, me lié y ella se rió.

"Tranquilo…" Me dijo sonriéndome y parándome la mano para ayudarme con un gesto lento y cuidadoso.

"Estoy un poco nervioso." Afirmé para verla a ella también roja dado que ahora se veía claramente a pesar de la oscuridad que reinaba ya fuera y que la única luz en la tienda nuestra era la del fuego que ardía en el 'descansillo' de las tiendas, justo fuera de la tienda a unos metros.

"Aunque no lo parezca, también yo." Afirmó cogiendo la camisa que era lo que tenía más a mano para taparse la boca hasta la nariz mirándome como una niña a la que le pillas robando una galleta del bote. "No me siento nada segura, no soy perfecta y estoy herida, temo no ser lo que esperabas y…"

"Eres preciosa." Le corté antes de que dijese una tontería más besándola de nuevo haciéndola apartar la camisa de su boca. "Y las heridas son pasajeras, además, no me importa que te quedasen marcas."

"Ya, tú tienes alguna." Afirmó.

"¿Cómo lo sabes?" Le dije confuso parando la mano que tenía cubriéndole un pecho.

"Me he fijado." Afirmó. "Tienes marcas un poco más claras en la espalda y tienes unas marcas de operación en el pecho."

No podía creerme que se hubiese dado cuenta de eso.

"Y esta." Afirmó por la que tenía en la palma de la vez que me corté la palma horizontalmente en un descuido en casa de Bella, un desafortunado accidente pero…

"Pero si la de la palma no se nota." Afirmé.

"Cuando me haces esto…" Dijo haciéndose una caricia que le hizo dar un pequeño respingo puesto que se apuntó al cuello con los ojos cerrados para abrirlos al parar y mirarme con los ojos brillantes como hacía un rato que los tenía ya. "Sé que no es una marca de la mano, pero… no quería decir nada por si pensabas que me… porque no me importa que tú..."

"Creo que estás en peligro." Afirmé divertido y sonriendo feliz.

"¿Qué vas a…?" Me dijo preocupada antes de que la tumbase bajo mi peso sin aplastarla para quedar mi cara a milímetros de la suya mirándole directamente a los ojos.

"Cada vez me enamoras más." Afirmé susurrando. "Corres el peligro de que decida no dejarte ir nunca… y luche por acabar consiguiéndote para mí."

Si dijese lo que pasó después, no sería un caballero, y no es para eso para lo que Billie me ha educado todos estos años, así que solo diré que fue alucinante, y aunque largo por la falta de práctica y experiencia, al final acabamos sobre los sacos de dormir mezclados y tapados de rodilla a bajo-vientre como podíamos con el resto del saco.

Aún después de parar, nos costó un poco recuperar la respiración normal y yo seguí olisqueando y besándole el pelo a Bella que de vez en cuando estiraba la cara sobre mi pecho para mirarme y darnos un beso.

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((Erotismo al poder, sexo prohibido y romanticismo… ¡a patadas! Sello personal de Lily ;) Como siempre, espero no ofender la sensibilidad de nadie, y si lo he hecho, mis más sinceras disculpas, he intentado no meterme en grafismos.))

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"Madre mía, me muero de hambre." Murmuró Bella suavemente y sonriendo feliz desde mi pecho.

"Lo siento, creo que la cena se ha quedado congelada." Conseguí murmurar al verla aún junto a la puerta. "Pero podemos comer un poco de hierba, al resto les encanta."

"Por mí vale." Afirmó sin moverse. "Pero no estaría nada mal algo fresco de líquido para rehidratar un poco… y proteínas, montañas de proteínas."

"Claro." Afirmé sonriendo. "Si hace falta cazaré algo para asar fuera."

"¡No!" Me dijo para reírnos. "Se te tirarían todos encima. Y yo no como nada cazado cruelmente, solo carne de carnicería donde hayan matado al animal con la normativa legal, o sea, con inyección letal o descarga para dormirlo y luego se le mata."

"Vaya… para una carnívora eres bastante compasiva." Afirmé alucinando porque incluso para la muerte de animales fuese tan compasiva.

"Verde hasta la muerte." Dijo bromeando y levantando un puño. "¿Y si cenamos solo la ensalada?"

"Bueno." Me rendí. "La verdad es que comerme el plato de judías frío no me apetece demasiado."

"Hombre, podríamos calentarlo luego al fuego de fuera." Me dijo. "Es muy fácil, basta con sacar unas ascuas al lado de la hoguera y poner el plato encima."

"Creo que el plástico fundiría." Afirmé viendo el endeble plato de plástico desechable que nos habían puesto para las alubias.

"No, hombre." Dijo para separarse y reptar sobre su tripa hasta sus bolsas para buscar y sacar una jarra de metal que me pidió que sujetara y finalmente un plato de metal con un par de abolladuras para meter la jarra de nuevo tras cambiármela por el plato. "Está un poco abollado, es el primero que tuve y me da un poco de pena tirarlo después de todo lo que hemos vivido juntos."

"¿Tal vez porque está abollado?" Le dije. "Espera, puedo arreglártelo."

"Déjame uno, soy una romántica, quiero acordarme de cómo se los hice." Afirmó sonriendo mientras yo me ponía a enderezar un poco los bollos que tenía.

"¿Y cómo se los hiciste?" Le pregunté.

"Er… prefiero no decírtelo." Afirmó. "De verdad, no contribuiría nada a mi imágen."

"Ahora tengo más curiosidad." Afirmé.

"Pues no lo vas a lograr." Afirmó. "Puedo ser una tumba si quiero. Comida."

"Vale, creo que ya está." Afirmé. "Te he dejado un bollo en el centro, espero que no moleste para la cocina."

"Gracias." Afirmó cogiéndolo y echando todas las alubias dentro para intentar levantarse y recordar que tenía la pierna con un pequeño impedimento. "Se me olvidaba eso."

"Esto… primero será mejor vestirse." Afirmé. "Creo que ni la gente verde vería bien que saliésemos a calentar comida desnudos."

"Oh, sí, cierto." Afirmó dándose cuenta de ello. "Vale, vamos allá, me pondré la ropa y…"

"Y ponte mi camiseta, es tan grande que te sirve de falda, así no tendrás que volver a ponerte pantalones, por tu pierna, claro."

"Desde luego." Afirmó. "No tiene nada que ver con ningún jueguecito vuestro de las chicas impregnando con su olor vuestra ropa."

"¿Cómo sabías eso?" Afirmé.

"Todos los tíos sois muy básicos." Suspiró sonriendo y poniéndose mi camiseta por encima tras ponerse su bañador de nuevo. "A mis anteriores ex les gustaba prestarme cosas porque luego decían que conservaban mi olor y me sentían cerca cuando no lo estaba."

"Wow, me sorprende que nadie te dijera nada." Afirmé.

Bueno, los humanos hacían eso por ese motivo, la ropa conservaba una muuuuuy ligera traza del olor de la chica, pero en mi caso… la traza de olor se convertía en un perfume impregnando mi ropa, te recordaba a la chica aunque no estuviese a tu lado.

Sonreí y le di un toque en la barbilla tras ponerme los vaqueros, entonces me sonrió y nos dimos un beso antes de soltar el candado de cerrar las cremalleras para impedir el paso y abrirlas para salir y ver gente alrededor de la hoguera.

"¿Aún con la cena?" Nos dijo uno de los vecinos.

"Yo pensaba que ya habríais cenado." Afirmó una de las chicas.

"Eh, me duele un poco la venda." Les dijo Bella. "He estado echando una siesta y mi compañero, como buen compañero, ha estado esperando a que me despertase." Añadió moviendo un poco unas brasas con un palo para esparcirlas un poco fuera de la hoguera hasta formar un lecho de brasas donde puso el plato metálico con dos asas plastificadas.

La verdad es que era una chica bastante lista, lista y ahora mía.

La miré un momento mientras hablaba con una vecina, esta noche estaba brillante, estaba más hermosa que nunca, como una flor recién abierta. Una preciosa aparición celestial… y entonces me pilló mirándola y sonrió antes de seguir con la vecina pero acabando la conversación antes de moverse para apoyar la cabeza en mi hombro sonriendo y mirar la hoguera.

Lo tenía claro, Bella era parte del pasado, antes de ese día, mi presente, en ese momento, y mi futuro, porque desde luego, no pensaba soltarla por nada del mundo.