Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
Capítulo 14: Manzana Envenenada
Bella POV
Me desperté antes de que sonara el despertador de Alice y me vestí apresuradamente. Había optado por unos jeans entubados, una camiseta de una banda de rock, mis converse blancos y una chamarra gris. Nada glamorosa o arreglada. Alice se iba a infartar al verme así y a la maraña que era mi cabello.
Bajé al comedor y tomé un poco de lo que se empezaba a servir. Salí al jardín y caminé con los audífonos.
Mis manos iban escondidas en los bolsillos de mis jeans y me mordía mi labio inferior.
Era ese beso que me había dado Edward, me emocionaba de una manera no conocida para mí.
Vamos, he besado a un par de tipos en mi vida y nada se comparaba a lo que me había pasado con él. Quería que se repitiera, quería volver a besar a Edward.
Suspiré.
Como si de un imán se tratara, llevé mis dedos a mis labios. Recordaba el movimiento de nuestros labios. Estaba rememorando ese momento que me tenía extasiada.
Seguí caminando hasta que me topé con alguien que estaba de recargado en un árbol. Llevaba unos pantalones de mezclilla, una camiseta gris y una chamarra de cuero. Sus manos llevaban un cigarro a sus labios, inhalaba y exhalaba, el humo que expulsaba le daba un toque atractivo.
En cuanto avancé unos pasos más lo identifiqué.
James, la manzana envenenada.
Me miró de reojo y siguió fumando.
Me quité los audífonos.
―Es temprano como para que salgas al jardín ―había diversión en su voz.
―Lo mismo digo ―lo desafié.
―No voy a delatarte ―dio una última fumada y lanzó su cigarro.
―No me preocupa eso ―me encogí de hombros.
―No eres la clase de chica que le dan miedo las consecuencias de sus actos ―me miraba de arriba a abajo―. Es muy raro encontrar a alguien así.
―No sabes nada de mí ―mis manos salieron de mis bolsillos para cruzarme de brazos―. No hagas como si me conocieras porque no es así.
―Como digas… ―hizo una mueca de indiferencia.
―Me sorprende que no tengas a tus damas de compañía ―me miré las uñas despreocupadamente.
―A veces uno debe de alejarse de sus sirvientes ―dijo petulante.
―Perdone su majestad, pero ese discurso ya lo había oído en una película. Ahora me vas a decir que te gusta darles el día libre, ¿cierto? ―por alguna extraña razón le sonreí.
―Me obligaron a verla ―me devolvió la sonrisa.
Algo en su comportamiento me hizo girarme. Quise alejarme inmediatamente de él. Esa sonrisa que me mostró me dejó ver algo que no entendía.
Me dispuse a caminar.
Se suponía que debía de mantenerme alejada de las manzanas podridas, y ahí iba yo… dispuesta a entablar una conversación con alguien que a decir verdad no lucía como una manzana envenenada.
En realidad, James tenía una característica encantadora. Era tan atractivo como una planta carnívora.
Ese pensamiento fue lo que me hizo alertarme de ello.
James era tan atractivo como letal.
Tal vez mis pensamientos estaban mal en esos momentos, o tal vez no. Era algo que ni yo supe describir pero sí supe que debía de mantenerme alejada de James.
―Espera, estábamos conversando a gusto ―James me alcanzó. Su mano se posó sobre mi espalda baja mientras avanzaban mis pasos.
Un escalofrío me recorrió.
James me sonrió maliciosamente, seguramente malinterpretando mi estremecimiento.
Debía de mantener la calma.
―Sólo fueron un par de palabras las que dijimos ―mantuve la vista al frente.
―No lo creo ―su mano seguía ahí, dándome ñañaras―. Creo que podemos ser muy buenos amigos.
Me limité a voltear mi rostro en su dirección, pero no mis ojos, y sonreír de manera convincente.
―Pareces una presa que va siendo cazada ―susurró. Sus labios estaban cerca de mi lóbulo―. Su pongo que yo soy el cazador.
―Supongo que para quienes estén cerca de ti deben de tener un muy fuerte estómago ―intenté ocultar mi nerviosismo con una voz despreocupada.
―¿Por qué lo dices, cariño? ―estaba invadiendo mi espacio y me estaba empezando a alterar los nervios.
―No soy tu cariño ―retiré su mano de mi espalda―. Lo digo porque eres completamente burdo y enfermizo ―lo miré a los ojos con enojo―. Ah, y te agradecería que utilices eso que nos enseñaron en el jardín de niños, mantén tus manos quietas.
―Lamento decir que no fui al jardín de niños y que las prefiero difíciles. No hay nada que me guste más que todo un reto ―su mirada era enferma, su mirada me enfermaba.
―Y vuelvo a decir que los que están a tu alrededor tienen un resistente estómago ―su mirada era tan penetrante, de una manera que me hacía asquearme―. No soy una presa así que deberías de guardar tus instrumentos de caza.
Seguí caminando.
Al parecer me había alejado demasiado, podía ver el sendero que estaba cerca del colegio.
Sentí como un alivio se instalaba en mí. Estaba cerca y en definitiva me iba a alejar de James. No quería volver a toparme con él.
Un agarre firme me detuvo.
―Oh, vamos ―me miró entre divertido y suplicante―. Apenas empieza la diversión. Podemos quedarnos un rato más.
―No sé a qué le llamas diversión pero lo que yo sí sé es que tengo hambre y el desayuno ya debe de estar servido ―sacudí mi brazo para liberarme de él y caminé.
―Si comiste algo ―me hizo una mueca―. Vi cuando tomaste un pan de la mesa del comedor.
―Me estabas espiando ―quise que sonara como una pregunta y lo único que pude logar fue que mi voz mostrara el temor que sentí.
―No del todo ―admitió con cinismo―. Bajé a fumar por un momento y cuando iba por las escaleras te vi.
―Y me seguiste hasta que adelantaste el camino e hiciste que pareciera que me había topado contigo ―terminé por él.
James asintió y lo único que pude hacer fue dar zancadas más largas.
―Aléjate de mí ―le gruñí.
Las puertas estaban cerca… sólo unos pasos más y me libraba de él.
―No creo que eso sea posible ―dijo con falso pesar―. Una vez que me interesa algo y lo quiero, me encargo de tenerlo.
Lo miré con asco.
Salí disparada a las puertas que de alguna manera me bridaron tranquilidad y protección.
Todos ya se estaban sentando en sus lugares. Pude ver a lo lejos a Alice y Rosalie que me miraban como si tuviera cuernos. También vi a Edward que me miraba de la misma manera.
Seguí el destino de sus miradas y a mi lado estaba James, me sonreía de una manera cómplice.
―Nos vemos, preciosa ―si había alguien que pudiera hacer sonar un halago de una manera nauseabunda, ese era James.
Iba a responder cuando sentí que acortó la distancia entre nosotros y depositó un beso en mi mejilla.
Me quedé con la boca abierta.
Cuando reaccioné, él ya se había ido con sus seguidores del mal. Se sentó en su mesa y chocó las manos con Laurent.
Victoria me fulminó con la mirada.
Como pude me senté al lado de Alice y Rose quienes me miraban sorprendidas.
―Bella, te dije que te mantuvieras alejada de las manzanas envenenadas ―Rosalie rompió el silencio.
―Bella, ¿estás loca? ―Alice parecía que se iba a tirar del edificio más alto.
―No ―respondí molesta―, simplemente salí a despejarme y cuando me di cuenta, ya tenía pegado a ese.
Alice y Rose intercambiaron unas miradas. Alice empezó a sacudir las manos.
―¿Y qué pasó? ―Alice estaba a punto de morderse las uñas.
―Bueno, pues se la pasó todo el rato tratando de ligarme, pero de una manera que hizo que quisiera sacar lo que cené ayer ―admití.
―Más te vale mantenerte alejada de James ―me advirtió Rose.
―Edward parece que va a decapitarte ―me dijo al oído Alice.
Mi mirada se topó con dos ojos verdes que me miraban con enojo.
―Tienes la culpa ―gruñó Alice―. Dejaste que ese tipo se acercara a ti. Parecía como si tuvieran algo, como si hubieran tenido un encuentro.
―Eso jamás pasó y jamás pasaría ―me levanté molesta, tomando mi vaso de jugo.
―Bella, ¿qué haces? ―dio un grito ahogado Rose.
Caminé hasta la mesa de James.
Cuando nuestras miradas se cruzaron, pude ver nuevamente esa mirada lasciva y enferma que me dedicaba.
―¿Te quedaste con ganas de más? ―me preguntó y eso fue la gota que derramó el vaso.
―Entre tú y yo nunca pasó o va a pasar nada ―le grité.
James me sonrió con malicia.
No pude más y le tiré el jugo en la cabeza. Mi mano se estrelló contra su mejilla. El golpe resonó en todo el comedor y todos me miraban.
James se levantó.
―Esa me la vas a pagar, muñeca ―me susurró d manera que sólo yo pudiera escuchar―. No sabes cómo lo voy a disfrutar.
―Bella, ¿todo en orden? ―preguntó Edward que estaba a mi lado.
No le hice caso.
Volví a sentir a mi estómago retorcerse a causa de las náuseas que sólo James me provocaba.
―Te dije y te lo vuelvo a decir: ¡ALEJÁTE DE MÍ! ―lo miré amenazadoramente.
Salí dando zancadas. Empecé a correr.
Estaba molesta.
¿Quién se creía? ¿Con qué derecho? James estaba loco. No era nadie para hacerme eso.
―¡Bella! ―Edward trató de alcanzarme.
No tardó en seguirme el ritmo.
―Bella, ¿qué pasó? ―me detuvo.
Las lágrimas a causa de la furia empezaron a brotar.
No quería que Edward me viera así.
―¡¿Te lastimó?! ―Edward empezó a ponerse rojo y su rostro estaba furibundo. Las aletas de su nariz estaban dilatadas y sus ojos ardían en furia.
―No ―se me rompió la voz.
―No me mientas Bella ―me sacudió de los hombros―. Tenemos que hablar con Carlisle y con Esme. Eso no puede quedarse así.
―No ―traté de calmarme―. No hace falta. No me hizo nada, además fue mi culpa. No debí de haber salido al jardín.
Edward me miró unos momentos, inspeccionando que no le estuviera mintiendo.
―Está bien ―me tomó de la barbilla cuando bajé la mirada―. No quiero que se vuelva a acercar a ti.
Asentí.
―Ni yo quiero que se me acerque ―dije molesta.
―De todas formas, no vas a estar sola en ningún momento.
―No me trates como a una damisela en apuros que no lo soy ―estaba empezando a molestarme. De pronto recordé a Tanya―. Mejor deberías de preocuparte por tu querida Tanya.
Empecé a caminar pero me agarró de la cintura.
―Entre Tanya y yo no hay nada ―me dio la vuelta para que mi rostro estuviera frente al suyo―. Entiéndelo.
―Una imagen vale más que mil palabras ―dije dolida.
―Bella, entiende ―se dio media vuelta. Parecía exasperado. Sus manos se posaron por su cabello.
Di media vuelta y empecé a correr a mi dormitorio.
Cuando iba a cerrar la puerta, Edward me lo impidió, entró y cerró la puerta tras de él.
―Bella, tenemos que aclarar esto ―me tomó de las manos―. Ahora.
―No tienes que explicar nada ―traté de retirar mis manos.
―Bella, relájate ―me pidió.
Di un respiro profundo y me relajé.
―Bella, debemos de hablar esto y aclarar las cosas.
―Mira, tu y yo no somos nada ―desvié la mirada dolida. Ese hecho me dolía―. No eres mi novio y yo no soy tu novia.
—Bella, me gustas y mucho —su voz se entrecortó.
Mi boca se abrió y se cerró de golpe.
—¿Qué?
Mi cuerpo se empezó a poner tenso y no porque no me gustara lo que acababa de decir.
Edward dio un paso y lo tuve cerca… tan cerca que nuestros labios se rozaron.
―Bella, me gustas y mucho. Quiero ser algo más que el tipo con el que te besaste en el cine.
Mi respiración se entrecortó…
―Bella, ¿quieres ser mi novia?
Jamás pensé que Edward me diría eso…
Yo de regreso! No olviden dejar REVIEWS!
Para el prox cap respondo sus reviews! He estado en la luna y paso de volada para actualizar ya que algunas me han de querer llevar a los Vulturi!
Perdón!
Por cierto, también hubo actualización de El Precio del Amor! Pasen a leer!
