CAPITULO 22: TE QUIERO, PULGUITA. ROMEO Y JULIETA.

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((Puffff... pido mil perdones pero a mí los oredenadores me torean como quieren. Acabo de volver a colgar el capítulo 20 porque todo lo que eran los trozos de carta ¡no se veían! La explicación es que, muy metida en detalles yo, las cartas las hago directamente con la letra manuscrita que toca, y en el caso de Bella era la 'Pablo', así que no quisieron pillarla y claro, faltaban esos trocitos, así que si queréis volver a leerlo y veis lo que le faltaba que eran solo los trocitos de carta.

Una vez más mil perdones por las molestias, no tengo perdón divino, y aquí os dejo otro capítulo.))

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"Jake, por amor de dios." Me dijo mi padre. "No puedes irte sin más y dejar llamadas pendientes."

"Lo siento, he tenido una noche un poco rara." Afirmé despertándome. "¿Qué hora es?"

"Las 7 y media, haz el favor de llamar a los Cullen antes de irte." Me dijo.

"Voy…" Contesto.

Por suerte tengo el número de teléfono del móvil de Edward y Bella, así que puedo localizarlos donde sea y cuando sea.

"Ya era hora, nos tenías preocupados." Me contesta Bella. "¿Dónde has estado?"

"Ya os dije que teníamos invitados, he estado en la cena y luego fuimos a ver unos rastros, volví tan cansado que me fui directo a la cama y me quedé dormido en cuanto me tumbé." Le contesté. "Y ahora pásame con Nessy."

"Está dormida." Me dijo. "Y aún no me has contestado."

"Estuve por ahí, haciendo mis cosas." Le dije. "¿Te importa ponerme con Nessy? Tengo que irme pronto al instituto, me gustaría hablar antes con ella."

"Ya, pero está…" Dijo para cortarse con un grito de queja.

"¡Jake!" Me dijo Nessy feliz por el teléfono. "Jake es malo, no nos llama, no nos manda cosas…"

"Hola preciosa." Le dije sonriéndole. "¿Tanto me echas de menos?"

"Mamá dice que pronto vamos a vernos." Me dijo. "¡Te tengo que dar muchas cosas!"

"Y yo." Le dije sonriendo. "Por cierto, aún no me has hablado de una cosa. Me he enterado que ya vas al colegio."

"¡Sí!" Dijo feliz.

"¿Y ya tienes amigos?" Le dije.

"Una." Afirmó. "Pero papá no para de decirme que tenga cuidado, y que no se muerde a la gente. ¡Pero yo solo quiero el brazo de Jake!"

Eso me hizo gracia, Nessy me mordía, pero solo me mordía a mí y solo a mí, y sus mordiscos ni me hacían daño ni me afectaban lo más mínimo; era casi, casi como cuando nos peleábamos nosotros en nuestra forma de lobo, solo jugando, sentías un pinchazo cuando el colmillo perforaba la piel y la carne y luego notaba algo raro pero cálido cuando Nessy me chupaba algo de sangre, luego paraba, la herida cerraba sola en segundos y fin. Hasta cierto punto era agradable, sin contar con el pinchazo.

"Tú haz caso a tus padres." Le dije. "No está bien morder a la gente."

"¿Ni siquiera a Jake?" Me dijo inocentemente.

"Bueno… no, pero a mí no me importa demasiado." Afirmé.

"Entonces te morderé cuando te vea." Me dijo.

"Eso será si me coger primero, pequeña." Afirmé divertido.

"¿Jake me echa mucho de menos?" Me dijo.

"Un poco." Afirmé. "Pero bueno, mis amigos me llenan todo el tiempo libre."

"Renesme está contenta de que Jake esté bien." Afirmó feliz. "Pero cuando Renesme vuelva Jake tiene que prometer que jugará con ella."

"Está bien." Le dije. "Y además, podemos jugar con más gente. Mis amigos…"

"No, Renesme quiere jugar solo con Jake." Dijo. "El resto no pueden alcanzarnos cuando jugamos."

"Está bien." Le dije. "Solo gente que pueda alcanzarnos."

Eso excluía a gente, pero bueno, me hizo sonreír ese afán posesivo que tenía conmigo, no quería compartirme.

"Dime Nessy." Le dije. "Tú… ¿Qué soy yo para ti?"

"Jake es Jake." Afirmó tras una pausa que pareció pensárselo. "¡Y Renesme quiere a Jake!"

Sí, eso ya lo sabía.

"Me quieres… ¿Cómo a tu mamá?" Le dije.

"¡No!" Me dijo.

"Como… ¿a papá?" Afirmé.

"¡No!" Gritó riéndose. "Mamá es mamá y papá es papá. Pero tú eres tú, no eres papá ni mamá, eres otra cosa."

"¿Y te parezco guapo?" Le dije.

"Jake es guapo." Afirmé. "¡Y sabroso!"

Eso me hizo sonreír y me quedé más tranquilo.

"Yo también te quiero, pequeña sanguijuéla." Afirmé sonriéndole y dándome cuenta de la hora que era. "Oye, prometo llamar otro día. Pero ahora me tengo que ir al instituto."

"Joo…" Me dijo. "No quiero que vayas al instituto. Hace mucho que no hablábamos…"

"Te llamaré los domingos ¿te parece bien?" Le dije. "Los domingos por la noche y podemos quedarnos hablando todo lo que quieras."

"¡Sí!" Dijo feliz. "¡Jacob me va a llamar los domingos por la noche!"

"¿Se puede saber qué le andas diciendo a mi hija?" Me dijo Bella antes de que Edward le pidiera el móvil y se pusiera él.

"Jacob, espero que cumplas la palabra." Me dijo. "Mi hija está muy entusiasmada por lo que le acabas de prometer, no quisiera tener que molestarme porque le hagas daño."

"Nunca se me ocurriría." Afirmé.

"Lo siento, es mi labor como padre." Me dijo. "Ya sé que no lo harías, pero… puedo ver tus dudas, otra vez."

"Te odio." Afirmé. "Y algún día tendrás que dejar de hurgar en nuestras mentes como si fuese un juego. Eres una garrapata."

"No es algo que controle, soy un padre preocupado." Afirmó. "Créeme, no me hace ninguna gracia; veo a una chica, me alegra que te haga sentir así. Pero no veo todo lo que piensas, me… cuesta un poco poner en orden toda vuestra mente, mezcláis todo y me resulta imposible…"

"Adios, llego tarde." Afirmé antes de colgarle. "¡Papá, me voy!"

"¡Vas a llegar tarde!" Me gritó desde la cocina.

"¡No si corro monte a través!" Afirmé saliendo y cerrando de golpe antes de ponerme a correr monte a través hasta donde tenía que llegar.

Me iba a dejar las deportivas en la carrera, pero no podía llegar tarde, así que aceleré aún más y más y más hasta que llegué al instituto y fui frenando antes de estamparme con algo al salir del boscaje y caerme rodando con lo que había chocado quedando yo debajo y enganchado con una bicicleta.

"¡Mira por dónde vas, maldito hijo de…!" Se puso a gritarme Bella golpeándome el pecho y un par de veces la mandíbula antes de parar con el puño en alto al ver quién era. "¡Dios!. ¡¿Estás loco?. ¡¿Estás bien?"

"Sí, eso creo." Afirmé frotándome los puñetazos. "Auch, buena derecha. No sé qué duele más si la caída o tu paliza…"

"Lo siento mucho." Afirmó aún sobre mí para frotarme un poco el golpe en la mandíbula. "¿Duele mucho?"

"Un poco." Afirmé moviéndola.

"Espera, déjame." Me dijo suavemente para hacerme unas caricias. "Sana sanita, culo de ranita, si no se cura hoy, se curará mañanita." Afirmó con caricia en cada frase antes de darme un beso suave en el golpe y mirarme sonriendo. "¿Mejor?"

"Yo quiero más de esa medicina." Afirmé sonriendo. "Creo que no ha sido suficiente dosis."

Se rió, pero me dio otro beso antes de levantarse y palmearse las ropas quitándose el polvo y mirarme.

"Vaya, creo que me has destrozado la bici." Afirmó.

"Oh." Afirmé mirando que le había torcido el manillar y le había abollado el cuadro un poco además de sacarle la cadena y abollarle un poco una rueda. "Lo siento, mi culpa."

"A ver cómo llego ahora yo a clase." Me dijo. "El abuelo también necesita el coche."

"Puedo arreglártela." Afirmé. "Lo que pasa es que me costará unos días."

"Bah, no te preocupes." Me dijo sonriendo. "Le diré al abuelo que me traiga y luego… bueno, supongo que podría hacer dedo y confiar en que alguien me lleve."

"Yo puedo llevarte." Afirmé. "Bueno, hoy no, he venido… corriendo."

"Sí, y también llegas tarde." Me dijo sonriendo.

"¿A ti qué te ha pasado?" Le dije.

"Se me han pegado las sábanas." Me dijo. "Nah, es broma. El abuelo se encontró un animal herido y le he ayudado, pero prefiero la versión de las sábanas."

"Ja, ja." Le dije. "Y luego dices que dudas si estudiar veterinaria… Si yo tuviese tanta vocación como tú, ya te digo si lo hacía."

"Tonto…" Me dijo riéndose. "Por cierto, me he estado informando. He visto que varias universidades ofrecen becas."

"Pero si solo hace horas que hablamos de eso." Le dije.

"Anoche no podía dormir y me dio por mirar en las universidades." Me dijo sonriendo y acompañándome mientras yo llevaba la bici como podía porque estaba torcida. "Y he visto varias que ofrecen becas a los estudiantes. Si te decides por alguna carrera… eso ayudaría bastante a cerrar un poco más la lista."

"Aún no lo sé." Afirmé. "No sé si puedo dejar solo a mi padre. Ya sabes, es… bueno, es una máquina con la silla, pero…"

"Pero tiene amigos ¿no?" Me dijo.

"Sí." Afirmé. "Pero no sé, dejarle solo… ¿Primero mis hermanas y ahora yo?"

"No pienso meterme en eso." Afirmó levantando las manos. "Pero creo que si lo que quieres es estudiar una carrera, seguro que tu padre te apoya."

"Si lo sé." Afirmé. "Mi padre es genial, me dirá que vaya, soy yo el que duda."

"Ya, lo entiendo." Asintió. "Si a uno de mis abuelos les pasara algo supongo que me sentiría como tú."

"Pero sí que me tienta la idea de compartir piso." Afirmé sonriéndole y aparcando su bici en el mismo sitio de siempre con la cadena que tenía en la mochila.

"Eh, eso suena bien." Afirmó sonriendo. "¿Y hay alguna manera de tentarte para que vengas?"

"Hum… demasiada tentación, pero tengo que darle otra vuelta más." Afirmé.

"No te preocupes, te avisaré cuándo van acabando los plazos de solicitud." Me dijo.

"¿Y si la universidad estuviese cerca?" Le dije tanteando el terreno. "Así podría ir y venir."

"Puedo mirarlo, pero… no te hagas demasiadas esperanzas." Afirmó. "La mayoría están cerca de Seattle. De veterinaria por ejemplo solo está el Washington State University's College of Veterinary Medicine, pero está en Pullman, al otro lado del país. Luego lo más cercano sería Port Angels, pero… no veo demasiado futuro ahí."

"¿A cuál querías ir tú?" Le dije.

"A la de Pullman, pero… bueno, tampoco descarté ingresar en alguna carrera de la Seattle University, como el nombre dice, en Seattle."

Era increíble, ella sí que tenía su futuro bien decidido. Sabía dónde quería ir, y no tenía ninguna duda de que podría escoger dónde ir.

"Entonces ve a Pullman." Dije.

"Jake… en serio, de momento no tenemos que hacer nada." Me dijo. "Es… solo digo lo de decidirse pronto para poder coger beca y tener más posibilidades."

"Ya." Le dije. "Está bien, hablaré con mi padre."

"Gracias." Me dijo sonriendo y dándome un beso. "Dile que volverías todos los fines de semana y fiestas de guardar."

"Eso será de gran ayuda." Le dije bromeando mientras llegábamos a la puerta de la clase y entrábamos aprovechando que volvía un compañero.

"Chicos…" Nos dijo el profesor sin dejar de escribir en la pizarra. "Llegáis tarde. ¿Y vuestra excusa?"

"Se me han pegado las sábanas." Afirmó Bella. "Aquí traigo el justificante de que en casa lo saben y mi palabra de que me ha caído una buena por llegar tarde."

"Lo mismo digo, pero yo no tengo justificante." Afirmé.

"A sus sitios, ambos." Nos dijo.

"Sí, señor." Afirmamos a la vez bajando la cabeza ella y haciéndome bajarla a mí con un gesto.

Fue curioso, pero vi al profesor sonreír mientras acababa de escribir lo de la pizarra y creo que fue la primera vez que no puso pegas a que llegásemos tarde y nos sentásemos con la clase casi empezada por minutos.

Sonreí y me senté en mi sitio mientras ella se iba atrás para ocupar el suyo tras Embry.

"A ver… el gallinero…" Dijo el profesor cuando el resto me preguntaron por qué llegaba tarde con susurros. "Señor Black, ya que llega tarde al menos no pierda el tiempo y copie lo que se ha perdido."

"Sí, profesor." Afirmé bajando la cabeza.

(Salto espacio-temporal)

"Que fuerte." Oí a Kim decirle a Bella en el cambio de clase cuando nosotros estábamos a un lado hablando y ella se la llevó a su corrito de amigas. "Habéis llegado juntos."

"¿Qué?"

"¡Jacob y tú!" Le dijo riéndose pero intentando no levantar demasiado la voz.

"Ah, lo decís por eso." Dijo. "Nos hemos encontrado fuera."

"Suena a bola…" Dijo otra de las chicas canturreando y sonriendo.

"Vale, me habéis pillado." Afirmó Bella riéndose. "¡Ha sido un ataque!" Afirmó riéndose. "Veréis, yo venía hacia aquí cándidamente canturreando los Pistol cuando de pronto… ¡zas! Aparece una sombra de la nada y me derriba de la bicicleta. ¡Me arroyó él!" Afirmó riéndose y haciendo reír al resto.

"¿Creéis que tendríamos que salvarla de las chicas?" Preguntó Quil.

"Nah, no creo." Dijo Embry. "Parecen estar riéndose."

"Así que… derribando jovencitas como si fueras el lobo feroz ¿no?" Me dijo Jared bromeando.

"Arg… soy el lobo feroz." Dijo Paul riéndose de mí.

"Ja, ja. Me parto." Le dije con ironía. "No fue mi culpa."

"Qué va, ella te atropelló." Dijo Jared bromeando.

"Ya." Afirmé. "No, no. Reíros." Les dije. "Supongo que de no haberme pasado a mí yo también me reiría."

"¡Es que… no sabes… lo gracioso que es…!" Me dijeron riéndose. "¡Atropellando… jovencitas… corriendo!"

Vale, hasta yo tuve que reírme al verlo de ese modo, pero fingí molestarme aunque sonriese.

"A ver, chicos…" Dijo la profesora de literatura al entrar. "Nos sentamos y cerramos la boca, capítulos sobre la mesa."

"Guay." Dijimos varios casi a la vez.

"Por cierto, ya he corregido vuestros comentarios sobre el capítulo anterior." Añadió. "Y debo decir… que me ha sorprendido bastante el resultado. No esperaba tan buenos resultados."

"Ahora es cuando dice que la empollona ha vuelto a sacar la mejor nota." Afirmó Paul.

"Luego os los repartiré." Añadió mirándonos gracias al comentario de Paul. "Por cierto, me gustaría que probásemos algo nuevo. Dado que he visto a, sorprendentemente, un chico que, aún más sorprendentemente, parece haber empatizado con Romeo hasta un nivel… sorprendente."

"Eso sí que es increíble." Dije bromeando a Embry y Quil susurrando. "Tres increíbles en la misma frase."

"Apuesto a que es Christopher." Me dijo Embry bromeando. "Oh… Romeo, Romeo…"

"Bueno, puesto que el gallinero de deportistas está tan revolucionado, Embry, tú serás Mercuccio."

"¡¿Qué, por qué?" Le dijo.

"Pareces el tipo." Afirmó la profesora. "Paul, tú serás Benvolio. A ver… un ama…"

"Alucina, ahora soy un Mercuccio." Me dijo Embry.

"Eh, Mercuccio habla más que Benvolio." Dijo Paul. "Y a mí no me gusta leer, y menos… papeles de mari... de julandrones."

"Bueno, y supongo que todos os preguntaréis quiénes van a ser Romeo y Julieta." Dijo la profesora.

"No." Dijimos todos a nuestros rítmos.

"Pero si todos saben quién es Julieta." Dijo Paul mientras la profesora se metía en un monólogo. "¿Quién es la empollona que siempre sabe lo que dice este peñazo…?"

"Oye, no la llames empollona." Le dijo Embry. "Yo entiendo esto mucho mejor si lo trabajamos juntos. Explica muy bien."

"Bella, y espero que todos coincidáis conmigo en que se lo merece, de momento es la que mejor parece entender la mentalidad de los personajes." Dijo sonriendo la profesora.

"Y tiene una voz bonita." Afirmó Kim sonriendo.

"¡Oh, venga ya!" Dijo la aludida sonrojándose y poniéndose el libro por la cabeza. "¡Si soy horrible…!"

"¿Y quién será Romeo?" Preguntó Jared divertido.

"Bueno… he leído vuestros trabajos y… creo que hay alguien que se merece ese honor." Dijo la profesora con un tono algo… coqueto o al menos juguetón. "Veamos… a quién darle ese honor…"

"A Brian o a Christopher." Dijo Quil.

"A mí no me gusta ni siquiera leer en clase." Afirmó Embry.

"Ha dicho que tiene que haber empatizado con Romeo." Afirmé mientras pensaba qué quería decir con eso. "Seguro que es Reese. Es… listo y da el tipo para ser Romeo."

"Jacob Black." Me llamó la profesora.

"Perdón, es que debatíamos sobre lo que dice Mercuccio." Dije. "Ahora mismo nos callamos."

"No, no, digo que tú eres Romeo." Afirmó sonriéndome mientras algunos reían, otros expresaban alegría y otros se enfurruñában.

¡Venga ya!

"Creo que ahora sabemos quién es el de la segunda mejor nota." Dijo Paul bromeando.

"Bueno, pues cada uno a su papel." Dijo la profesora. "Empieza… Romeo con Mercuccio y Benvolio. Chicos…"

"¿Cómo sigo adelante, si mi amor está aquí?" Leí intentando no sonar demasiado estúpido haciéndolo. "Vuelve, triste barro, y busca tu centro. Se esconde."

"No, eso no." Me dijo la profesora sonriendo. "Son las indicaciones para los actores."

"Oh, claro." Asentí. "Entonces… Vuelve, triste barro, y busca tu centro."

"Bien, Paul, Benvolio." Le dijo la profesora.

"¡Romeo!" Se puso a gritar divertido. "¡Primo Romeo!. ¡Romeo!"

"Bien, me gusta ese entusiasmo." Dijo la profesora poniéndose un dedo en el oído y con un ojo guiñado. "Pero procura tener el mismo entusiasmo sin gritar, en la clase de al lado no han pagado entrada."

"Es que me meto en el papel." Dijo.

"Vale, Embry, le toca a Mercuccio." Le dijo la profesora.

"Este es muy listo, y seguro que se ha ido a dormir." Dijo Embry.

"Vino corriendo por aquí y saltó la tapia de este huerto. Llámale, Mercucio." Le dijo Paul para mirarme divertido.

"Haré una invocación." Continuó Embry divertido. "¡Antojos!. ¡Locuelo!. ¡Delirios!. ¡Prendado!" Dijo con un tono teatral moviendo las manos como si lanzase un conjuro de verdad. "Aparece en forma de suspiro. Di un verso y me quedo satisfecho. Exclama «¡Ay de mí!», rima «amor» con «flor», di una bella palabra a la comadre Venus y ponle un mote al ciego de su hijo, Cupido el golfillo, cuyo dardo certero hizo al rey Cofetua amar a la mendiga. Ni oye, ni bulle, ni se mueve: el mono se ha muerto; haré un conjuro." Añadió parando a coger aire. "Dios, cómo puede alguien decir todo eso de carrerilla."

"Embry…" Le riñó la profesora.

"Conjúrote por los ojos claros de tu Rosalina, por su alta frente y su labio carmesí, su lindo pie, firme pierna, trémulo muslo y todas las comarcas adyacentes, que ante nosotros aparezcas en persona." Acabó.

Sonreí oyéndo cómo hacían su particular versión de voz de ambos personajes, hasta que me tocó a mí leer.

"Se ríe de las heridas quien no las ha sufrido." Afirmé divertido antes de ver el comienzo de la escena que mejor entendía en todo el libro, la escena en que Romeo ve a Julieta saliendo a la ventana para pensar en alto pensando que estaba sola. "Pero, alto." Afirmé gesticulando y todo para mirar al papel en mi mano estirada. "¿Qué luz alumbra esa ventana? Es el oriente, y Julieta, el sol. Sal, bello sol, y mata a la luna envidiosa, que está enferma y pálida de pena porque tú, que la sirves, eres más hermoso." Afirmé mirando a Bella que sonreía mirándome. "Si es tan envidiosa, no seas su sirviente. Su ropa de vestal es de un verde apagado que sólo llevan los bobos. ¡Tírala!" Entonces era cuando Bella miró al cielo. "" Me toqué el corazón instantáneamente. "¡Ah, es mi dama, es mi amor!. ¡Ojalá lo supiera! Mueve los labios, mas no habla. No importa: hablan sus ojos; voy a responderles." Afirmé mientras en efecto lo hacía mirando al techo y mirando también yo. "¡Qué presuntuoso! No me habla a mí. Dos de las estrellas más hermosas del cielo tenían que ausentarse y han rogado a sus ojos que brillen en su puesto hasta que vuelvan. ¿Y si ojos se cambiasen con estrellas?

El fulgor de su mejilla les haría avergonzarse, como la luz del día a una lámpara; y sus ojos lucirían en el cielo tan brillantes que, al no haber noche, cantarían las aves."

Bella era la más bella, podía entender perfectamente a Romeo cuando decía eso de Julieta, vale, era una cosa realmente empalagosa y fuera de moda, pero tal y como nos había explicado Bella, era algo precioso, todo metáforas aludiendo a la belleza de su amada. Sin lugar a dudas no podía haber habido otra Julieta si no era Bella.

Y entonces apoyó la cara en la mano con el brazo en la mesa como si estuviese triste y me incliné un poco hacia ella con el papel aún en la mano para leer las palabras tal cual estaban ya que no quería desmerecerlas, ni a Bella; no, sobre todo a ella.

"¡Ved cómo apoya la mejilla en la mano!" Afirmé señalándola con la mano. "¡Ah, quién fuera el guante de esa mano por tocarle la mejilla!"

"¡Ay de mí!" Suspiró Bella sin necesidad de su entrada.

"Ha hablado." Afirmé mirándola. "¡Ah, sigue hablando, ángel radiante, pues, en tu altura, a la noche le das tanto esplendor como el alado mensajero de los cielos ante los ojos en blanco y extasiados de mortales que alzan la mirada cuando cabalga sobre nube perezosa y surca el seno de los aires!"

Era increíble, Bella ni siquiera me miraba, ni a mí ni a su libro, al menos no directamente, porque de vez en cuando echaba un ojo. Era como si realmente fuese Julieta, y entonces me sumergí en aquello.

Ya no estábamos en clase, estábamos en su casa, ella estaba en una ventana del piso de arriba mirando el cielo estrellado, a la vista pero a la vez fuera de mi alcance. Y yo la observaba vestida con un vestido blanco mientras yo llevaba un esmoquin.

"¡Ah, Romeo, Romeo!. ¿Por qué eres Romeo?" Afirmó suspirando o al menos expresando necesidad con dolor en su voz. "Niega a tu padre y rechaza tu nombre, o, si no, júrame tu amor y ya nunca seré una Capuleto."

"¿La sigo escuchando o le hablo ya?" Dije suavemente leyéndolo en el papel.

"Mi único enemigo es tu nombre. Tú eres tú, aunque seas un Montesco." Dijo suavemente gesticulando con las manos suavemente. ""

"¿Qué es «Montesco»? Ni mano, ni pie, ni brazo, ni cara, ni parte del cuerpo. ¡Ah, ponte otro nombre!. ¿Qué tiene un nombre? Lo que llamamos rosa sería tan fragante con cualquier otro nombre." Afirmó sonriendo como si estuviese enamorada realmente y moviendo las manos con suavidad en las partes adecuadas antes de terminar llevándoselas al pecho sobre el corazón. "Si Romeo no se llamase Romeo, conservaría su propia perfección sin ese nombre. Romeo, quítate el nombre y, a cambio de él, que es parte de ti, ¡tómame entera!" Afirmó abriendo las manos suavemente.

¿Cómo podía decir que no era femenina? Ahora mismo me estaban dando ganas de encaramarme por la fachada imaginaria y subir a su balcón para abrazarla con suavidad y besarla como si tuviese miedo de romperla, de que desapareciera entre mis brazos.

"Te tomo la palabra." Afirmé sonriendo suavemente como si no fuese yo y sin mirar siquiera el papel antes de mirarlo porque no recordaba las palabras exactas con que lo decía Shakespeare y parando para continuar. "Llámame «amor» y volveré a bautizarme: desde hoy nunca más seré Romeo."

"¿Quién eres tú, que te ocultas en la noche e irrumpes en mis pensamientos?" Me dijo mirando a todos lados como si me buscase en las sombras de la noche.

"Con un nombre no sé decirte quién soy. Mi nombre, santa mía, me es odioso porque es tu enemigo. Si estuviera escrito, rompería el papel." Le dije.

"Mis oídos apenas han sorbido cien palabras de tu boca y ya te conozco por la voz." Me dijo suavemente para bajar la voz como si temiese que la pillasen. " ¿No eres Romeo, y además Montesco?"

"No, bella mía, si uno a otro te disgusta." Le dije.

Sonreí, hasta el bardo parecía haberla escrito pensando en ella. Vale, el 'bella' ahí era un adjetivo para Julieta, un piropo, pero parecía haber sido escrito con la intención de ser su nombre, quedaba de muerte con su nombre.

"Dime, ¿cómo has llegado hasta aquí y por qué?" Me dijo suavemente pero con un gesto algo tentador en la mirada. "Las tapias de este huerto son muy altas y, siendo quien eres, el lugar será tu muerte si alguno de los míos te descubre."

"Con las alas del amor salté la tapia, pues para el amor no hay barrera de piedra, y, como el amor lo que puede siempre intenta, los tuyos nada pueden contra mí." Afirmé abriendo un brazo, el que no tenía los papeles.

"Si te ven, te matarán." Me dijo preocupada.

"¡Ah! Más peligro hay en tus ojos que en veinte espadas suyas." Le dije mirándola fijamente y pidiéndole. "Mírame con dulzura y quedo a salvo de su hostilidad."

"Por nada del mundo quisiera que te viesen." Me dijo preocupada.

"Me oculta el manto de la noche y, si no me quieres, que me encuentren: mejor que mi vida acabe por su odio que ver cómo se arrastra sin tu amor." Afirmé.

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((Lo siento, pero me encanta este pasaje en particular y me parece perfecto para la historia, claro que Jake y Bella no tienen el problema de familias enfrentadas, pero los sentimientos son los mismos, como podemos constatar de lo que Jake dice. En fin, espero que os guste tanto como a mí. Me salto hasta el final de la escena entre ambos.))

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Me encantaba estar actuando con Bella, solo estábamos los dos en su casa, solos los dos hasta…

"¡Julieta!" Gritó Kim sin levantar demasiado la voz.

"¡Mil veces buenas noches!" Me dijo sonriéndome enamorada como la noche anterior.

"¡Julieta!" Repitió de nuevo Kim, esta vez un poco más alto para que se viese que estaba el ama más cerca, dentro del cuarto de Bella/ Julieta.

"¡Ya voy!" Le contestó mirando a su lado antes de mirarme de nuevo a mí. "Mas, si no es buena tu intención, te lo suplico..."

"¡Julieta!" Repitió una vez más Kim,

"¡Voy ahora mismo!" Añadió repitiendo el gesto de antes de nuevo para seguir más rápido en lo que le decía a Romeo. "...abandona tu empeño y déjame con mi pena. Mañana lo dirás."

"¡Así se salve mi alma...!" Afirmé.

"¡Mil veces buenas noches!" Me dijo sonriéndome enamorada como la noche anterior.

"Mil veces peor, pues falta tu luz."Finalicé suavemente. "El amor corre al amor como el niño huye del libro y, cual niño que va a clase, se retira entristecido."

Ahí me callé y tras un segundo, me ensordecieron un montón de aplausos y tuve que mirar a todos aplaudiendo, unos cuantos incluso vitorearon y mis amigos sonriendo divertidos.

"A ver por favor…" Pidió silencio la profesora gesticulando con las manos para ir consiguiendo poco a poco silencio. "Seguimos mañana, que hoy ya nos hemos pasado de tiempo, darle las gracias al profesor, que no nos ha echado a patadas." Afirmó haciéndome volver a la tierra y ver que el siguiente profesor estaba ya allí mirándonos y aplaudiendo también suavemente.

"Nunca hubiera pensado que uno de los caballeros del gallinero pudiese hacer una interpretación tan buena." Dijo el profesor.

"Lo de los chicos de ese corrito ha sido una auténtica sorpresa." Dijo la profesora recogiendo. "Por cierto, Jacob, Bella, muy buena actuación. Prepararos el resto para el próximo día. Mañana comentamos este trozo de hoy."