CAPITULO 37: BIENVENIDO A LA UNIVERSIDAD. LA VERDAD. EL SACRIFICIO DE RISSA.
3 días más tarde
"¿Ya tienes todo?" Me pregunta mi padre mientras cargo la última caja.
"Esa era la última." Afirmo asegurándola.
"Jake, hijo..." Me dice. "¿Estás seguro que esto es lo que quieres? No me opongo a que te vayas, pero..."
"No sé si es lo que quiero, pero sé que es lo que necesito hacer." Afirmo. "Los Cullen estarán en el complejo, Edward empezará medicina otra vez, así que... bueno, tampoco voy a estar solo del todo."
"Ya, pero... ¿esa carrera?" Me dice.
He estado intentando postergarlo todo lo posible, el momento en que miraría a mi padre a los ojos y le diría que iba a estudiar veterinaria para cumplir el sueño de Bella, para sentirme más cerca de ella.
"Sí, Bella quería ser veterinaria, y tener a uno en la manada será un avance, podría curarnos si alguien vuelve demasiado mal en su forma animal, sin necesidad de que se destrasforme a la forma humana hasta que no cure del todo." Afirmo mirándole.
Intento sacarle un lado positivo a la patética idea de que necesito hacerlo para poder sentirme cerca de ella porque ya no está. Es por el mismo motivo por el que entre mi equipaje llevo cosas suyas, colonias que hacía con flores, su uniforme verde que me niego a lavar, un album de fotos...
"Jake, hijo." Me llama Billie con una voz de que quiere contarme algo serio.
"Billie, no hagas esto más difícil, por favor." Le digo suspirando antes de mirarle de nuevo a los ojos tras un tiempo en el que no he podido hacerlo, ni a él ni a nadie aparte de Karim y algún otro del centro verde, ni siquiera a mi manada y mucho menos a Embry aunque he compartido mente con ellos. "Tengo que irme de aquí, es... lo necesito. Este tiempo aquí... admitelo, ni siquiera tú pensabas que podría acabar el curso y terminar mis estudios. Tengo que irme de aquí, al menos un tiempo. Necesito un tiempo fuera, necesito calmar las cosas y pensar."
"Lo sé." Afirma suavemente. "Y bueno, qué narices, si quieres ser veterinario mira, cobran un sueldazo y hacen poco. Y además, es cien veces mejor que que seas un tendero más de la reserva."
Sonrío demasiado sin fuerzas antes de ir a darle un abrazo sincero a mi padre hasta casi levantarlo de su silla de ruedas.
"Te voy a echar de menos, papá." Le digo. "Volveré en cuanto tenga más de 3 días seguidos libres."
"Eh, capullo." Oigo que me llaman desde mi espalda haciendo ruido fuerte de metal en varios puntos. "Espero que no intentaras irte sin despedirte ¿no?"
"Leah, tú cómo siempre tan... Leah." Le digo sin poder encontrar otro adjetivo.
"Manda huevos, que lleve yo tanto diciendo que me iría y que el primero en conseguirlo de nosotros seas tú." Me dice. "Cuídate ¿vale? En las grandes ciudades los indios somos los pardillos."
"Y él tiene doble de cara de pardillo." Afirma Paul.
"Muy graciosos, creo que deberías dejar a mi hermana y pensar en liarte con Leah." Le digo. "Sois tal para cual."
Eso me cuesta casi un golpe doble de ambos, pero en lugar de eso me encuentro levantado del suelo por Embry.
"Tío, tienes que cuidarte." Me dice. "Y a ver si echas chicha, te estas quedando en los huesos."
No puedo decir nada, es Embry el que me está hablando como si nada, el mismo Embry que lloró como un bebé conmigo cuando lo de hace meses; pero ahora sonríe como si nada, aunque está claro que como todos, él también está triste de que me vaya a ir al menos durante todo un año.
Todo eso es demasiado, estoy a punto de volver a llorar mientras me van dando diversas cosas de despedida.
Entonces Embry es el que me pone un libro contra el pecho.
"¿Qué es esto?" Le digo mirandolo.
"Tu anuario." Afirma. "Te perdiste la fiesta de graduación, en cuanto te dieron tu diploma huiste aprovechando el revuelo de los birretes. Así que lo he recogido por tí, creo que deberías leerlo, cuando tengas tiempo. Y ya nos dirás."
"Yo también lo he firmado." Afirma Seth con esa inocencia suya que le caracteriza y sonriéndome. "Aunque bueno, a mí aún me queda un tiempo para acabar y graduarme."
"Gracias." Le digo atrapándole bajo el brazo para frotarle haciéndole una cerilla en el pelo antes de soltarle y mirar alrededor. "A todos." Afirmo antes de quedarme ciego por un flash.
"Tengo tu primera sonrisa en meses." Afirma Emily moviendo una cámara de fotos digital haciéndome reparar que hasta Sam está allí con ella.
"Te vamos a echar de menos." Me dice. "Esto no va a ser lo mismo sin el alfa."
"Eh, te libras de la oposición durante un tiempo." Le digo.
"Cuídate, Jake." Me dice dándome un abrazo al agarrarme una mano para palmearme la espalda con la otra.
Cuando me monto en el coche y arranco para irme por la carretera no puedo evitar sentirme mal, y peor aún cuando capto movimientos a los lados y veo lobos corriendo flanqueando la carretera desde el bosque hasta que llegan a un cortado donde no pueden seguir y les veo parar y piafar aullando todos a la vez como despidiéndose, entonces es cuando no puedo evitarlo y se me escapan un par de lágrimas mientras conduzco.
Sé que luego me arrepentiré, voy a echar de menos horrores convertirme y correr con ellos, llevo ya casi 4 años haciéndolo rodeado de ellos, viviendo las alegrías y las penas de los otros como si fueran propios y compartiendo alegrías y penas con ellos.
Tal vez solo haga el tonto, alejarme de mi hogar porque todo me recuerda a mi amor, mi único amor ya que lo que siento por Nessy es imposible que llegue a ser de la intensidad que lo que me hace sentir Bella, el dolor de la pérdida, la muerte de mi corazón al saber que no volveré a verla... y ahora la locura de pensar lo que han dicho el resto.
(Salto espacio-temporal)
"¿Nombre y carrera?" Me dice una mujer tras el mostrador de la universidad de la que recibí la carta hará menos de un mes.
"Black, Jacob Black." Afirmo. "De Primer año de Veterinaria."
"Black, Black..." Dice leyendo la lista. "Ah, el chico de las cartas de recomendación... ¿De verdad conoces al señor Cross?" Me dice.
"¿Quién?" Le digo. "El señor Claudio Cross, lleva el nombre de su bisabuelo, uno de los pioneros mecenas de nuestra universidad. Su familia nos da una cuantiosa donación anual. De hecho... gracias a la donación que hicieron para que le aceptásemos se va a comenzar el nuevo ala del hospital veterinario universitario."
"Ah, sí, es... un viejo conocido de... alguien muy, muy importante para mí." Afirmo atando cabos y relacionandolo con Claudio, el vampiro.
"Muy bien." Afirma. "Si no tenemos mal los datos... viene de cerca de Forks, al noroeste del estado, tiene 18 años, su media de instituto es de una mediocridad de 7 y... expresó su interés en alojarse en el campus universitario pero no en un cuarto de una residencia universitaria. ¿Correcto?"
"Sí." Asiento.
"Está bien..." Me dice mirándome por encima de sus gafas. "Ya está admitido, pero solo por curiosiad. En la solicitud de admisión, en la pregunta de motivación, usted la dejó en blanco. ¿Podría decirme por qué?"
"Son motivos personales." Le digo. "No es porque nadie en mi familia sea veterinario y me haya inspirado ni porque tenga una larga estirpe de veterinarios, si es lo que quería saber."
"Entiendo." Afirma para anotar algo en su carpeta. "Está bien, venga conmigo." Me dice levantándose para coger una carpeta nueva y una bolsa. "Le presentaré a uno de sus veteranos."
La sigo mientras observo a mi alrededor, el sitio está guay, cuando me saca fuera me doy cuenta que está mejor que guay, está de alucine, es una calle tranquila, zona ajardinada y incluso el tráfico es ligero.
"¡Señor Dickinson!" Grita la mujer a un joven que está con una chica bastante agarrados haciéndoles soltarse y que él se caiga de espaldas del banco donde estaba sentado.
"Perdón, señora Withenberg." Dice una chica que me suena de algo.
"Ya hablaremos, señorita Turner." Le dice la mujer. "Señor Dickinson, debería usted estar comportándose en lugar de andar holgazaneando, su beca pende de un hilo."
"Perdón, señora Withenberg." Dice. "Ya nos conoce a los sigma-nu."
"Por desgracia." Dijo. "Dickinson, te presento al señor Black, es un nuevo estudiante y quiero que le deis un paseo guiado por el campus, su facultad es la de veterinaria, así que espero que empecéis por esa."
"¿Irá a los apartamentos de qué hermandad?" Preguntó el tío.
"De momento a ninguna." Dijo. "Se alojará en la calle Marple, 1º Derecha. Y señor Black..."
"Sí, señora." Le dije sobresaltándome porque se dirigiera a mí.
"Aquí tiene su carpeta con el horario de sus clases." Me dijo. "El resto de 'obsequios de bienvenida' le esperan el su apartamento. Oh, y al contrario de lo que le intente hacer creer el señor Dickinson, las fiestas universitarias son-totalmente-fuera-de-norma. Que pase un buen semestre."
Esperé un poco a que se fuese y entonces fue cuando la chica dio un chillito.
"¡Ala, yo te conozco!" Me dijo. "¡Eres el buenorro que fue con Bella a la concentración de otoño!"
"Claro, por eso me sonaba tu cara." Murmuré.
"Soy Beth, Beth Turner." Afirma. "¿Me recuerdas? Estaba con Kimberly a 2 tiendas de vosotros."
"Ah, eso Beth." Afirmo. "Menos mal, al menos una cara conocida."
"¿Tú también eres verde?" Me dice el tipo.
"Algo así." Afirmo. "Digamos que ya no soy tan... verde, estoy más de apoyo."
"Ah, bueno, pues si necesitas algo, lo que sea... aquí tienes, mi número." Me dijo anotándomelo en la mano con bolígrafo y sonriéndome. "Vivo en el edificio de estudiantes que está... de tu edificio sales a la derecha, al final de la calle otra vez derecha, como a 2 manzanas de nuevo a la derecha, cruzas a la acera de enfrente y te metes por la calle NE B hasta la esquina por la NE California, si llegas al chino frente a Alfa Phi es que te has pasado."
"Vale, lo tendré en cuenta." Afirmé.
(Salto espacio-temporal)
"Gracias por acompañarme." Les digo a la pareja cuando me llevan hasta la misma puerta del apartamento que me habían dejado y ayudarme a subir un par de cajas tras comprobar que había lo justo y nada más.
"No hay de qué." Dijeron.
"Bueno, ahora te dejamos para que des a esto un toque un poco más... hogareño." Me dijo ella mirando alrededor antes de mirarme y sonreír. "Pero si necesitas ayuda para calentarlo o te sientes solo o lo que sea... ya sabes, dame un toque, en mi edificio estamos un montón de chicas, la mayoría están solteras y sin compromiso, y ninguna decimos que no a una buena juerga."
"Claro." Le digo suavemente.
Tan pronto como se va dejo la caja que llevaba en el suelo y me tiro en el sofá. No esperaba que todo aquello fuese a ser tan duro, no acabo de llegar y ya echo de menos todo.
No, no puedo rendirme tan pronto, respiro un par de veces hondo y me giro para coger la carpeta de bienvenida donde está la carta de explicación y folletos del campus.
Mientras voy mirando todo me doy cuenta que no está tan mal.
Al final acabo dejando caer el brazo con la carta y miro al techo, está algo maltratado y tiene una mancha con forma de trozo de pizza en el techo, además de una huella de deportiva que me extraña cómo llegaría allí.
Estoy tan cansado que me quedo dormido allí mismo, abrazado al recuerdo que más atesoro del mundo.
(Salto espacio-temporal)
"Eh, oye..." Me dicen suavemente. "Vaya, creo que se ha tenido que tomar algo en mal estado..."
Es algo reflejo, le agarro del brazo y lo derribo antes de darme cuenta que estoy sobre una chica de cara familiar.
"Vaya, a esto le llamo yo un recibimiento caluroso." Me dice.
"Lo siento, es... ¿qué haces tú aquí?" Le digo.
"Vivo aquí." Afirma. "Tú debes de ser el nuevo compañero."
"¿Perdona?" Le digo.
"Sí, bueno, no están muy puestos con los nombres de mi cultura." Me dice la chica de rasgos árabes un tanto indigeneizados incorporándose y sentándose con las piernas en círculo en el suelo para sonreírme. "Se han pensado que la primera parte de mi apellido es el nombre."
"¿Entonces cómo te llaman?" Le dije.
"Ben." Afirmó. "Y el nombre es Rissa, el apellido es Ben-al-Kris. Significa que mi padre se apellidaba Kriss."
"Ah." Afirmé.
Claro, había leído en la carta que el apartamento era compartido con otro chico, pero creía haber leido claramente que era un chico.
"Ya veo que sigues siendo de poco hablar." Dijo. "Bueno, voy a asentarme. ¿Has escogido cuarto?"
"No, acaso..."
"Como eras el primero pensaba que habrías escogido cuarto." Me dijo encogiéndose de hombros para sonreír. "Pues entonces... ¡me pido este!" Afirmó corriendo para cogerse una puerta que estaba junto al baño.
"Esto... vale..." Dije sin entender del todo a qué venía eso y mucho menos creerme lo que me estaba pasando.
"Jo, no tiene gracia si estás con esa cara tan larga." Me dijo. "Venga, chico, anímate."
"Ya, sí claro." Afirmé. "Esto... estaré en mi cuarto."
"Claro, pasa." Me dijo apartándose de la puerta.
"Acabas de decir que ese era tu cuarto."
"Sí, el de ambos, intentaba bromear un poco." Me dijo. "Es una litera."
NO puedo creermelo hasta que no entro en la habitación para ver que efectivamente hay una litera y dos armarios empotrados en la pared además de unas estanterías, claramente diferenciadas en dos.
"Bueno, vamos a hacer una cosa." Me dijo. "Yo tengo unos tupper, yo voy a empezar por el baño y mientras tú deshaces tu equipaje y luego yo deshago el mío y tú puedes usar el baño. ¿Qué te parece?"
"Claro." Afirmo.
Todo eso es un poco subrealista, no puedo despertar hasta que no oigo la puerta del baño cerrarse con un pestillo y me doy cuenta que de la pila de cajas que había ha desaparecido un par de ellas, las más pequeñas comparadas con las otras dos y maletas que hay.
"Jake... qué te está pasando..." Me digo a mí mismo suspirando.
Pensé que ir allí me ayudaría, pero no hace nada. Abro la primera caja y me encuentro mi ropa, así que escojo uno de los dos armarios y pego una de las pegatinas con mi nombre que me venían en la carpeta y que ponen que son para mi armario marcarlo con respecto al de mi compañero de piso.
Ni en mis mejores sueños podría haber soñado compartir un piso con una chica, menos aún una que acababa de conocer días antes y tan misteriosa.
A decir verdad, me daba un poco de escalofríos pensar en lo que me habían contado, en lo que sabía sobre ella.
Rissa, si realmente se llamaba así, no era Rissa, había muerto durante casi un día y entonces se había levantado cuando la estaba velando Karim y otra persona, había sacado la mano de la tierra y había excavado ante el asombro de Karim y los presentes hasta sacar la cara por el agujero y respirar.
Cuando se había levantado había comenzado a hablar como cuando la conocí por primera vez, de una chica que se le había aparecido en sueños, de que habían vuelto juntas y le había dicho que ella acabaría desapareciendo de su propio cuerpo y que esa otra chica lo usaría para seguir su vida hasta el final.
Rissa o como quiera que se llamara, nunca había conocido a esa otra persona, Rissa nunca había salido de su casa en El Cairo, Egipto y esa otra persona nunca había estado en Egipto. Nunca habían estado siquiera en el mismo país ni tampoco se habían visto en la tele. Eran completas desconcidas, y en cambio, el misterio había pasado en ellas.
"Eo, oye, Jake, despierta." Me dijo moviendo la mano delante de mi cara con el pelo mojado calléndole con gracia por la espalda y el frente hasta debajo del pecho mientras llevaba una camiseta amplia de lino sobre una toalla atada como si fuese una falda de película de egipcios. "Te decía que si has completado tu papeleo de estudiante."
"Er... no lo sé." Afirmé.
"Pues deberías ir comenzando, mañana igual necesitas tus papeles ya." Me dijo. "Vivimos en el bloque de Apartamentos Trillium, me han dicho que estamos frente al campo de futbol, así que no tenemos pérdida." Afirmó cogiéndose una toalla de lavamanos que había llevado al cuello y frotándose el pelo.
"Ah, sí." Afirmé.
"Oye, en serio, tú no estás bien." Me dijo parando para mirarme. "¿Te has tomado algo?"
"No, es que..." Dije. "Vas a pensar que estoy loco, pero... dijiste que alguien te enseñó cosas."
"Ah, eso..." Me dijo.
"Sí, y... hay algo en tí que... no sé, me resulta familiar." Afirmé para carraspear armándome de valor. "¿Qué es lo que sabes de mí?"
"Preferiría que... bueno, evitar hablar de eso." Me dijo.
"Lo sabía, solo era una broma macabra." Afirmé para levantarme molesto por haber creído por un segundo nada de lo que me habían dicho. "Voy al baño, a intentar ahogarme."
Me daba igual compartir piso, al menos ella parecía una chica normal.
Fui al baño y llené la bañera-ducha de agua caliente, tanto que casi hervía en la bañera y entonces me metí. No me había molestado en echar el cerrojo, tampoco esperaba que una chica con la que iba a compartir piso y que acababa de conocer fuese a entrar, por mucho que no pudiese verme porque era ciega de nacimiento.
Así que me metí en el agua y por un momento intenté ahogarme, deseé ahogarme por ser tan estúpido de haberme creído por un solo segundo que esas historias de terror podrían ser ciertas.
Ya casi me había ahogado cuando oí unos toquecitos suaves en la pared de la bañera y oí una voz que llevaba meses deseando oír y oía solo en sueños y mi demencia senil a veces, en mi cuarto; ese algo, esa voz me hizo abrir los ojos bajo el agua y ver la imagen que más quería ver y que me hizo levantar y besar a Bella, mi Bella.
Pero cuando abrí los ojos, la única que estaba allí, con su boca atrapada por la mía y mi mano en su nuca para atraparla era Rissa.
"Lo siento." Afirmé abochornado. "Dios, no tengo perdón. Te había confundido con otra persona, es... no tengo perdón, estoy volviéndome..."
"¿Loco, Jake?" Me dijo con la misma voz solo que un par de tonos diferente. "Es... sé que va a costar explicarlo, pero... no puedo vivir, no quiero vivir así. Haciéndote daño, dejándote que pienses que estás loco." Afirmó con los ojos cerrados y enfocándolos a mí como si me viese a pesar de tener los ojos cerrados.
Dios, conocía esa cara, era otro rostro diferente, pero sabía exactamente lo que era, quién era.
"Yo... nací como Rissa, pero... la Rissa que fui murió hace apenas un mes." Me dijo suavemente. "Yo... llevaba en el hospital un tiempo. Nunca había conocido el amor, y entonces una noche soñe con ella. No creía en la reencarnación, y tampoco en espíritus, así que al principio pensé que era un ángel de Yaveh, una emisaria de Mahoma para llevarme al cielo; pero ella era mucho más. Me dio consuelo, me ayudó a aceptar mi muerte y me habló de la suya."
"¿Qué...?" Murmuré para que me pusiera un dedo en los labios para callarme en ese gesto tan suyo con la cara triste.
"Por favor, no lo hagas más difícil." Me dijo. "Ella me habló de vosotros, de tus amigos, de Kim y las suyas, y de tí, sobre todo de tí. Yo no la conocía, ella no era musulmana, me habló de un lugar llamado América del Norte, yo ya sabía que existía por los libros de geografía e historia de clase. Y me habló de tí, Jake. Me dijo cómo era sentir el amor de una persona y cómo era amarla a esa persona."
"¿Qué te dijo de mí?" Le dije.
"Que eras alto, fuerte, tenías una piel preciosa y suave, del mismo color que las hojas de otoño cuando amarillean y adoptan un color entre pardo claro y rojizo, y unos ojos oscuros tan profundos como el cosmos, pero en vez de dar miedo, te hacían sentir ganas de perderte en ellos porque estaban llenos de calor. Su sonrisa, me dijo, iluminaba el cielo, era capaz de convertir el día más triste y oscuro en un cálido día de verano arruyado por el sol. Sus manos, afirmó, son grandes y poderosas, parecen hechas para la guerra, pero realmente son las más tiernas de las manos, capaces de acariciar y hacerte sentir preciosa solo con el tacto. Su cuerpo, parece tallado por dioses, y aunque sus amigos parecen todos salidos de una secta de gimnasio, Jake sobresale en belleza del resto porque es mío. Entre sus brazos, me contó, entre sus brazos parece como si nada pudiera alcanzarte, como si él fuera capaz de tirarse frente a un tren que fuera a atropellarte solo para sacarte de su trayectoria. Es capaz de seguirte a donde sea. Es fuerte y duro, pero a la vez... bueno, ella parecía triste, temía por él, por tí."
"¿Te... temía?" Conseguí murmurar a pesar de tener los ojos ardiendo en mis cuencas por aguantar las lágrimas de pena y dolor que estaba aguantandome.
"Dijo que te había visto." Afirmó llorando pero solo en el sentido de con lágrimas saliéndole de los ojos y un tono de voz un poco más grave. "Te habí observado después de morir. Dijo que tú estabas mal, y que ella sentía morir su alma cada día por el dolor, dijo que pidió, rogó y suplicó poder volver, no, eso no." Dijo. "Ella pidió para que tú fueras feliz. Y entonces, un día, 'ÉL' la oyó y escuchó sus súplicas. Me dijo que le había dicho que había habido un error, que ella no debería haber muerto, y entonces le buscaron un cuerpo para reencarnarse y tener una segunda oportunidad. Que 'ÉL' me había elegido a mí porque había tenido una vida honrada y virtuosa, pero que ella no quería tomar un cuerpo joven al que le quedaba mucha vida por delante. Ella lloró por mí, intentó negarse a coger mi cuerpo, pero yo no tenía nada más que hacer. A mí no me quedaba nada, era joven y aún podría haber tenido tiempo, es cierto." Asintió sin dejar de llorar como ahora yo lloraba. "Pero cuando mi alma salió de mi cuerpo, me di cuenta que yo moriría de todas maneras, y ella aún tenía algo en vida que mereciera la pena, así que decidí darle mi cuerpo. Ella se negó, intentó incluso ofrecer su alma a cambio de que yo pudiera volver a mi cuerpo, pero yo me negué. Yo nunca he conseguido nada; mi hermano mayor murió en el ejército, mi padre murió antes de nacer, mi madre se fue con mi tía y su marido, y cuando yo morí estaba ya enferma. No me queda nada en vida para mí, pero a ella sí le quedaba mucho. Así que yo ofrecí mi cuerpo para que ella pudiera tenerlo. Ella siempre te ha buscado, ella ve, y su alma cada vez es más fuerte y la mía es más débil a pesar de sus intentos por cohabitar ambas en mi cuerpo. Yo he muerto, sé que es cuestión de tiempo que yo vaya al cielo."
"¿Dón... dónde... est...?" Logré balbucear.
Entonces se tocó el pecho sonriendo.
"Ella está aquí, ahora duerme, yo la he hecho dormir." Afirmó. "Ella necesita crecer, necesita fortalecerse, pero cada vez más ella puede mantenerse al mando en mi cuerpo, y yo descanso. La muerte no es tan terrorífica como pensé, ella me lo enseñó. Ahora es como si volviese a ser una niña, mi alma cada vez es más pequeña y liviana y ella me coge como una madre. Me abraza y me acuna en sus brazos, ella me da consuelo, quiere que quiera vivir y la expusle, pero solo me anima más a abandonar el cuerpo."
No puedo ni hablar, todo es demasiado raro, y eso lo hace real.
Esa chica que tengo delante es Rissa, pero a la vez también es Bella, solo ella podría describirme así cuando Rissa es ciega y nunca ha visto colores ni me ha visto, ni siquiera tocándome, en cambio sabe cosas que nadie más que Bella sabría.
Estamos así hasta que el agua se enfría, entonces despierto del letargo y me mojo la cara para luego secármela con el dorso de la mano.
"¿Qué quieres cenar, Rissa?" Le digo intentando que mi voz suene fuerte aún cuando sale ronca al intentar contener la tristeza y el dolor ante esto. "Hoy yo hago la cena."
Supuse que me diría que quería algo de su tierra y tendría que decirle que no sabía, pero en lugar de eso...
"Nunca he probado un sandwich de 6 pisos." Afirma sonriendo. "Aunque sea musulmana y no pueda comer cerdo, me gustaría provarlo aunque sea una única vez."
Sonrío al recordar a qué puede llamar eso y asiento.
"Voy a comprar pan en rodajas y mantequilla de cacahuete, jamón y queso mozzarella fresco." Le digo. "¿Quieres que le ponga también atún?"
