CAPITULO 52: NOCHES MOVIDAS. MENTE COMPARTIDA EN MANADA.

(Voz de Bella)

"Jo, yo también quiero alguien como tú…" Afirmó Embry.

Eso me hizo sonreír, era una declaración de amor-amistad preciosa, la más bonita que me habían hecho nunca, tanto que por desgracia, mi cuerpo no pudo controlarse como hacía antes y comencé a llorar sin quererlo yo, y eso hizo sonreír al resto. No sé cómo lo sabía pero lo sabía, sonreían divertidos o felices, hasta que se abrió la puerta y entró Jake al coche.

"Joder, ya os vale." Dijo. "¿Estás bien, Bella?. ¿Qué te han hecho ahora estos?"

"Nada." Le dije sonriendo feliz y secándome la cara. "Es que el cuerpo de Rissa no es tan fuerte ni tiene tanto control como para evitar este numerito."

"No es necesario que les encubras." Me dijo.

"No lo hago." Negué.

"Bella, no tienes que mentir por nosotros." Me dijo Embry serio. "Es mi culpa, Jake. He sido yo el que la ha hecho llorar, porque hemos estado hablando de secretitos de chicas y le he dicho que ojalá yo pudiera encontrar a una chica como ella algún día. Tío, soy tu amigo y no veas lo mal que me siento cuando algo dentro de mí desea que hagas algo que sea una cagada monumental y cortéis, así igual yo tenía alguna oportunidad."

Se acabó, ahora era cuando los dos se enganchaban como los machos cabríos montañeses o los muflones y se ponían a pelear, estaba preparada para saltar en medio y sujetar a Jake que era el que había sido ofendido cuando me sorprendieron.

"Embry… eres uno de mis mejores amigos y desde aquí te digo que como le pongas un dedo encima te mato." Le dijo Jake con una voz algo alegre. "Así que vas a tener que seguir buscando porque ni loco dejo yo escapar a esta chica."

Eso me hizo quedarme alucinada y sin palabras mientras el coche arrancaba y notaba el traqueteo del mismo bajo mis pies y mi trasero y espalda.

Para cuando llegamos a casa y bajamos, seguía sin haber dicho nada, creo que realmente no fui yo hasta no estar en la habitación tras haberme puesto el pijama y lavado los dientes.

"¿En serio estás bien?" Me despertó Jake de mis pensamientos. "Llevas un buen rato atontada."

"Sí, bueno, lo siento." Afirmé. "Estaba en mi mundo."

"Ya lo veo." Afirmó. "Bueno, pues me subo a la litera."

"Sí, claro." Afirmé tocando la misma para encontrar mi litera y abrir la ropa de cama para meterme, sin embargo, se me ocurrió algo más. "Jake, esto…"

"¿Sí?" Me dijo.

"Ya sé que es una tontería y todo eso, pero… ¿te importa pasar esta noche aquí abajo, con… conmigo?"

"Claro." Afirmó haciendo rechinar los muelles sobre mi cabeza y dejando oír un golpecito seco en el suelo junto a mi cama indicando que acababa de bajar de su cama para situarse junto a la mía. "¿Me haces hueco?"

"Claro." Afirmé moviéndome hacia la pared para apoyarme en ella con la espalda. "¿Ya está?"

"Claro." Afirmó mientras la cama se hundía junto a mí momentos antes de notar su brazo acercándose y apoyándose en la almohada cerca de mi cabeza por arriba. "¿Puedo?"

Asentí levantando la cabeza y entonces lo movió para ponérmelo bajo esta.

"Que bien se está…" Afirmé susurrando y acurrucándome.

"Espero que sea por mí." Afirmó mientras su otro brazo iba a parar por el antebrazo a mi cadera con la mano colgando a mi espalda. "Pero por favor ven más aquí que te vas a helar con la espalda contra la pared."

"Imposible, tú pareces un radiador." Negué bromeando y dejándole que me acercara más a él separándome de la pared.

"Espero que estés acostumbrada pues al calor, egipcia mía." Me dijo sonriendo y bajando la muñeca por mi cadera hasta reposar la mano cerca de mi trasero por el colchón. "Porque si no creo que la vamos a tener clara."

"Soporto el calor mucho mejor ahora." Afirmé sonriendo. "En serio, intenta dormir algo, mañana tenemos clase."

"Pues hacemos pellas (hacer pellas = hacer campana = hacer novillos = saltarse alguna clase a posta)" Me dijo diría que sonriendo también a juzgar por el tono.

"Nada de eso." Negué. "Los veterinarios son gente seria, no puedes perderte ni una clase."

"Jo..." Se quejó en broma. "Está bien... pero a cambio tienes que hacerme algún día un numerito con bata de veterinario."

"Dios mío... estoy saliendo con un pervertido..." Gemí bromeando.

"Cielo... tú me has hecho un pervertido." Afirmó pegándome del todo a él con posesividad y mostrándome cómo estaba ya y solo de hablar.

No pude evitar reírme al darme cuenta que sin ser consciente, él necesitaba más la ceguera que yo, porque cuando no me veía, era cuando realmente me veía de verdad.

Pero no podía culparle, a mí me había costado reconocerme cuando desperté por primera vez allí dentro, tocarme la cara y no reconocer lo que tocaba, notar la suavidad de seda de mi pelo liso y lago en lugar del cabello rizado suave, duro y grueso que tenía.

Y eso que yo había ido con la mente abierta, con que para Jake que había tenido problemas para aceptar que yo fuese quien decíamos Rissa y yo…

De pronto mi mente dejó de funcionar, subyugada por las sensaciones que Jake causaba en mi cuerpo con sus acciones, enloqueciéndome con sus caricias hasta el punto de convertirme en el animal que todos teníamos dentro.

Y al final, siempre acabábamos igual, muertos sobre una superficie horizontal, sonriendo, sudados y felices hasta reírnos por cualquier tontería.

Y esta vez no fue diferente, cuando acabamos me volvió a abrazar sonriendo y enterró sus labios y la nariz en mi pelo.

"Ahora es cuando ya puedo dormir tranquilo." Suspiró casi susurrando y aspirando en mi pelo.

"Menos mal." Afirmé. "Otro más como esto y… yo creo que volvías a matarme."

"No digas eso ni en broma." Afirmó tensándose de golpe. "No quiero ni pensar en volver a perderte, yo… no podría vivir si vuelves a irte."

Eso me hizo encoger el corazón, nunca había pretendido que todo acabara así, que por mis convicciones él pudiera sufrir así.

No necesitaba poder ver para saber que sufría, en cómo me sujetaba y cómo no apartaba los labios de mi pelo…

"Yo nunca podría abandonarte, Jacob." Le dije suavemente correspondiendo a su abrazo con mis brazos a pesar de la fragilidad que ahora tenían comparado con la fuerza que tuve antes y frotando mi cara contra su pecho desnudo como si fuese una cría de animal indefensa. "Y aunque muriese… ten por seguro que nunca podrán alejarme de ti, aunque sea como fantasma siempre voy a estar a tu lado."

"Yo te quiero de todas formas, pero… quiero que estés viva." Afirmó. "Quiero abrazarte, cuidarte, protegerte… que cuando tengas frío recurras a mí para calentarte, irnos a acampar, protestar por el maltrato animal o lo que sea… Y quiero que seamos felices, muy felices. Yo voy a intentar hacerte la más feliz del mundo."

Eso volvió a hacerme conmover y de nuevo volví a llorar sin remedio, solo que esta vez, igual hasta de normal lo hubiese hecho también.

"Lo siento mucho. Es... a veces puedo ser un poco animal." Me dijo.

Sacudí la cabeza y sonreí.

"Es... eso era... precioso." Afirmé. "Es... realmente... romántico."

Entonces se llevó una mano mía a los labios y la besó antes de ponerme los dedos en las comisuras para indicarme que sonreía feliz.

"Me alegro de que te guste tanto." Afirmó. "Pero es realmente lo que siento."

De pronto me di cuenta de algo más y me preocupé; y él debió darse cuenta porque me preguntó.

"Me parece que está fuera todo demasiado calmado." Afirmé.

"Es tarde, seguramente todos duerman." Me dijo.

"Sí, y alguien ronca como un tronco." Afirmé. "Y hoy no hay ni un solo ruido."

De pronto pareció darse cuenta de ese detalle y diría que giró la cabeza.

"¿Tú crees que nos han oído?" Le pregunté preocupada y susurrando.

"Me encantaría decir que no, pero..." Me dijo también susurrando.

No hizo falta que me dijera nada, sabía que me había puesto como un tomate al darme cuenta que probablemente se hubieran enterado todos fuera de lo que acababa de pasar.

"Eh, no te preocupes, no creo que les importe demasiado." Me dijo haciéndome una caricia en la cara para hacerme mirarle. "De verdad, estoy seguro que nadie dirá nada de esto mañana, ni siquiera pondrán caras sospechosas."

"Dios... qué vergüenza..." Gemí tapándome la cabeza con las sábanas.

"Al que se supone que debería darme vergüenza es a mí." Me dijo. "Tú siempre estás perfecta, mientras que yo... digamos que parezco algo así como un estúpido mientras estamos..."

"Tú nunca podrías resultar estúpido." Negué suavemente. "Es... no sabes cómo me gusta cuando haces... esos ruidos."

"Ya, y si nos han oído tú quedas como una diosa y yo como el capullo que no sabe la suerte que tiene de tenerte entre sus brazos y sus sábanas." Afirmó.

Eso me hizo sonreír.

"Me parece que la que tiene suerte por tenerte soy yo, Jake." Afirmé divertida antes de tirar la broma. "Aunque ahora que lo dices sí que tienes suerte, yo también mataría por estar conmigo si fuera un tío."

Eso me valió que me hiciera cosquillas hasta dejarme casi sin aliento, y luego dormimos, alrededor de unas 4 horas.

No sé cómo lo sabía pero lo sabía, no necesitaba mirar el reloj para saber que no pasaban de las 5 horas aunque sí eran más de 4.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Embry)

He pasado una noche horrible, sé que debería estar feliz porque Bella sea feliz aunque no sea conmigo sino con Jake, y él, virgen santa, él también merece un poco de felicidad después de lo de Bella Cullen y luego Nessy. Pero al mismo tiempo no puedo evitar sentir dolor y envidia porque es precisamente con él con quien es feliz y no conmigo.

Gracias a dios, Seth y Quil no se despertaron cuando salí del cuarto y me fui a la bañera, a tumbarme y trasformarme en lobo que parece que las penas son menos penas.

Pero ni siquiera ahí he conseguido dormir algo, al contrario, me duele el pecho y ahora, también un poco la espalda.

Y entonces oigo pasos en el pasillo, solo que son tan livianos que juraría que es una mala jugada de mi mente, hasta que oigo un sonido de ropa al otro lado de la cortina de la ducha y cómo un chorrillo de algo líquido golpea otro líquido. Justo cuando voy a asomar la cabeza de lobo fuera de la bañera, veo una mano delicada que entra y tantea un poco la pared hasta llegar al interruptor que gira para conectar y empaparme.

Yo creo que, alucinantemente, ambas cosas son simultáneas: salto para salir de la ducha y evitar seguir mojándome y un respingo de susto por parte de la dueña de la mano.

Aunque me sacudo, no puedo evitar ver que se acaba de enrollar una toalla a la cintura antes de que pueda ver nada y me mira asustada.

"Tranquila, solo soy yo." Quiero decirle. "Lamento haberte asustado."

Pero ninguna palabra sale de mi hocico que solo emite sonidos animales.

Maldigo a mi hocico y estoy a punto de destrasformarme cuando noto su mano en mi frente tocándome y palpándome la cabeza mientras con la otra se sujeta la toalla atada.

"¿Embry?" Dice confusa. "Santo cielo, me has dado un susto de muerte. ¿Se puede saber qué haces aquí?"

Me destrasformé con cuidado cogiendo la primera toalla que cogí que no fuese la suya y tragué sonoramente.

"Me he… despertado pronto." Afirmé. "¿Y tú?"

"Me gusta ducharme cuando no hay nadie más." Afirmó. "No sabía que habías tenido la misma idea."

"Si, es... ducharme a primera hora, una gran... idea." Afirmé.

"Ah, es... he metido la pata ¿no?" Me dijo.

"Digamos... que no podía dormir y me he venido aquí que no pensaba que vendría nadie." Le acabé confesando.

"Oh, entiendo…" Afirmó. "Una mala noche ¿eh?"

"Más o menos." Afirmé para fijarme que lo poco que podía ver de su piel tenía una ligera… tonalidad amarronada en algún punto de los brazos. "¿Esos moratones son de…?"

"Ah, no importa." Afirma intentando tapárselos con una sonrisa triste. "Estoy acostumbrada a estas cosas. Es el precio a pagar por mejorar."

Me duele mucho verla así, aunque diga que es normal no puedo evitar pensar que no está bien, porque si eso está así tras unas pocas horas significa que va a tener moratones y de los feos en cuestión de otras cuantas horas más.

"Creo que deberías dejarlo." Le dije suavemente. "De verdad, es… puedes confiar en nosotros para protegerte."

"Confío en vosotros." Asintió sonriendo, esta vez más de corazón. "Pero no puedo permitir que vosotros seáis los que os mezcléis por mí y yo quedarme de brazos cruzados. Nunca me ha ido eso. No, si vosotros peleáis y os jugáis el cuello por mí, yo me lo juego por vosotros; siempre fue así y no voy a cambiarlo solo porque ahora no esté tan preparada como antes."

"Eras una cabezota y sigues siéndolo." Negué un poco triste por su decisión. "Será mejor que salga de aquí, tú ibas a ducharte."

"Gracias, eres muy amable." Afirmó.

Esa chica era un auténtico terremoto, nunca había parado quieta un momento y era realmente incontrolable cuando se le metía algo entre ceja y ceja.

Me parecía increíble que aún habiendo cambiado de cuerpo y de forma física que había empeorado, ella seguía emperrada en seguir haciendo lo que hacía antes. Aún a riesgo evidente de moratones y demás heridas y lesiones, porque no necesitaba ser un vampiro para poder captar un ligero olor a sangre en el aire aún con la puerta del baño cerrada.

En cuanto llegué al salón, oí los ronquidos de nuestro cuarto y me di cuenta que la gente seguía durmiendo, lo cual tampoco era tan raro porque aún era temprano.

Me senté en el sofá y esperé, y esperé, y esperé, hasta que finalmente oí el agua de la ducha parar y tras varios minutos, oí abrir la puerta lentamente sin hacer ruido para volver a oír los pasos casi inaudibles por el pasillo hasta llegar al salón donde pararon en la puerta.

"Estoy aquí." Afirmé suavemente para que lo supiera.

"Ah, es que no te había oído ni te habías movido." Me dijo.

"¿Es así como nos ves?" Le pregunté.

"No, os veo tocándoos la primera vez." Afirmó. "Sé dónde estáis más o menos por vuestra voz y por los movimientos de aire que causáis. Ya sabes, al moveros y tal."

"¿Y cómo es posible que puedas estudiar si no puedes leer?" Le dije.

"No leo con los ojos, sino con los dedos." Afirmó sonriendo y moviendo los dedos con la toalla por la cabeza indicando que se había lavado el pelo. "Además, también tengo buena memoria acústica, a veces gravo las clases en audio y estudio oyéndolas. Como los libros de la biblioteca, como la mayoría no están en braille para que pueda leerlos, Jake me los lee o a veces, los propios profesores son los que me los leen y me mandan la cinta como audio-libro."

"Vaya, es… alucinante." Afirmé sorprendido. "Entonces por eso es por lo que Jake no puede dejarte sola."

"Jake es mis ojos y yo me encargo de otras cosas." Afirmó sonriéndome. "¿Quieres zumo? Voy a hacer un poco de multifrutas en la batidora."

"Espera, te ayudo." Afirmé.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Bella-Rissa)

"¿Y cómo es posible que sepas tanto sin poder ver?" Me dijo Embry.

Ya comenzaba a acostumbrarme a que cuando se enteraban que era ciega comenzaran con los interrogatorios de cómo era posible que pudiera hacer mi vida casi igual a la de cualquiera con el sentido de la vista intacto.

"Cuando no puedes ver, es cuando mejor ves." Afirmé. "Es irónico, pero a veces es cuando cierras los ojos cuando precisamente mejor ves. Por ejemplo, esta manzana, me basta con tocarla y olerla para saber que está madura pero no demasiado. Además, es del tipo de hacer tartas, así que puedes servir para el zumo porque tendrá jugo."

"Vaya… y yo que pensaba que lo tenías peor por ser ciega." Afirmó mientras me ponía a batir las frutas tras cerrar la tapa de la licuadora.

Siempre era igual, ya me había acostumbrado; cuando viví en El Cairo al poco de comenzar a compartir el cuerpo de Rissa como una simbiosis donde yo casi no podía hacer nada más que escuchar, me di cuenta que ella llevaba años sintiendo la pena de los demás al saber que ella era ciega. Y cuando yo comencé a tomar el control por, cada vez más tiempo, me di cuenta que la gente nos tenía lástima por no poder ver. Yo misma había sentido lástima al principio, pero poco a poco, me di cuenta que Rissa no era digna de sentir lástima, era vital, era entusiasta y como yo, no dejaba que una dificultad le amargara la vida, y ella veía su ceguera como una dificultad, no un impedimento.

Era algo como: ¿Y qué si no puedo ver los colores de las cosas?. ¿Y qué si no puedo saber la diferencia visual entre mis conocidos y los turistas que visitan el puesto de souvenirs de mis tías? Yo sé a qué huele mi barrio, sé qué tacto tienen las flores, la hierba fresca y el pelaje de los camellos; además, tengo un punto de vista más ámplio porque el no poder ver los colores me hace no hacer diferencias entre gente por el color de su piel o por la belleza. Yo no veo la belleza de un cuerpo escultural, pero puedo ver la belleza de ese hombre o mujer que me da la mano para cruzar la calle, la del tendero del barrio que me cuenta el dinero mientras me da moneda a moneda para que sepa lo que me da aunque pueda tocarlo o que me acompaña a la salida para que no me choque con nadie, por no hablar de esa persona que me cede el asiento en el autobús para que no vaya de pie. No, la gente que ve no puede apreciar esos gestos.

"Los ciegos tenemos algunos superpoderes que los no-ciegos no podéis ni imaginar." Le dije bromeando y dejándole claro que así era.

"Lo que por lo visto tenéis un sentido del humor increíble." Me dijo divertido.

"Sí, eso también." Afirmé mientras oía movimientos en la casa. "Oh, creo que alguien más se ha despertado."

"Creo que no ha sido en mi cuarto." Negó él.

"Sí, el despertador de Jake tenía que sonar dentro de unos minutos, así que igual es él."

"Entonces creo que se molestará si me pilla aquí, contigo." Me contestó.

"Eh, somos amigos, y solo estamos preparando el desayuno." Afirmé abriendo un armarito para buscar la tostadora y el pan bimbo para ponerlos en la encimera y comenzar a calentar el aparato. "¿Tostadas, cereales o vais a haceros otra cosa?"

"De momento creo que comeré unas tostadas." Me dijo. "Y luego igual desayuno algo más. ¿Hoy también tenéis clase?"

"A las 9 y hasta la 1 y media." Asentí. "¿Vosotros qué haréis?"

"Supongo que cuando se despierten Quil y Seth estaremos un rato aquí y luego iremos a ver un poco más la ciudad." Me dijo. "Pero no te preocupes, estaremos aquí para comer."

"Vale, hoy toca verdura y pescado a la plancha." Afirmé.

"En realidad son varitas de pescado receta de los Clearwater." Afirmó Jacob dejándome claro que ya había llegado a la cocina tras pasar por el baño primero. "Y se encargaba Seth de hacerlas, así que igual están un poco quemadas de más."

"Oye, no está bien que te metas así con él." Le dije. "Encima que se ofreció a hacer parte de la comida y así que pudiéramos dormir un poco más."

"No me meto con él, solo constato un hecho y es que es un crío aún, con una madre que cocina de maravilla y que él no se sabe si cocina bien o mal pero desde luego no parece que le dejen tocar una sartén en casa." Me dijo.

"Fua, si eso fuera un hecho entonces yo no podría hacer la mitad de cosas." Afirmé.

"Vale, vamos a dejarlo." Afirmó. "¿Qué hay de desayuno?"

"Zumo y tostadas, iba a poner café a hacer porque no sé si al resto les gusta desayunar con café." Afirmé.

"Por nosotros no te preocupes." Le dijo Embry. "Si queremos café sabemos usar la cafetera."

"Hablando de eso… hoy te has despertado pronto." Le dijo Jake a Embry.

"Sí, bueno… no he pasado una buena noche." Afirmó.

"Pues ya que estáis los dos, aprovecho para ir a cogerme una cosa que se me ha olvidado en el cuarto."

"Claro." Afirmaron los dos.

La verdad es que me había dejado de coger un cinturón en la habitación, así que fui allí y me puse a buscar alguno que me fuera con lo que había cogido de ropa, y no es que quisiera poner la oreja a lo que decían en la cocina, pero me enteré igualmente.

"¿Qué te ocurre, Embry?" Le dijo Jake. "Normalmente tú eres de los de dormir aunque estén cayendo bombas."

"Digamos que alguien no me dejó pegar demasiado ojo anoche." Le dijo.

Genial, nos habían oído. No había sentido más vergüenza en la vida.

"Oye, lo siento tío." Afirmó Jake. "No quería..."

"Ahórratelo." Le dijo Embry. "No es por ti. Me siento mal porque quiero que ella sea feliz y por otro lado me duele que no sea conmigo con quien consigue esa felicidad. Así que no tienes nada que ver."

"Embry, yo... de verdad, lo siento mucho." Le dijo Jake. "Prometo que intentaré no volver a hacer algo así mientras estéis..."

"Ahórratelo." Afirmó Embry. "Quiero que sea feliz, y por lo que oí me parece que pasarlo mal como que no lo estaba pasando." Añadió con un tono de voz más alegre.

Vale, ahora sí que quería que se me tragase la tierra.

Me tiré en mi cama y me tapé la cara con la almohada, creo que estuve a punto de ahogarme a posta cuando vino alguien y me la quitó de la cara.

"¿Qué se supone que estábas intentando hacer?" Me dijo Seth asustado.

"Ahogarme." Afirmé volviendo a coger la almohada y notando resistencia. "Oh, vamos, Seth. No pensarías que es en serio ¿no? Es un decir."

"Yo ya me creo lo que sea." Afirmó. "¿Por qué querías... ahogarte?"

"Es un decir."

"Aún así." Repitió.

"Digamos que son cosas personales." Afirmé.

"Mira, yo... no quiero meterme donde no me llaman pero... ¿en serio crees que hay 'cosas personales' entre los miembros de la manada?" Me dijo.

"Sí, por el bien de Jake espero que así sea." Afirmé suavemente.

"Ojalá fuera así, pero... cuesta bastante concentrarse cuando estás en una nube." Afirmó suavemente. "Y cuando nos convertimos... digamos que algo así como que compartimos la mente. Lo que haya en ella, aunque sea en un rincón, podremos verlo todos, en todos los sentidos."

Genial, ahora sí que quería que se me tragara la tierra, así que me cubrí con la manta y puesto que no podía coger la almohada porque la tenía Seth, me intenté enterrar en el colchón.

Eso sí que era vida, los colchones solo tenían que soportar el peso por las noches, el resto del día vivían bien, sin preocupaciones, sin pensar...

"Eh, ya vale de bromas." Dijo esta vez Jake.

"Dios, no... me quiero morir..." Afirmé gimiendo.

"No digas eso ni en broma." Me dijo nervioso.

"Ya, claro, como no es a ti al que han visto todos como dios te trajo al mundo en los recuerdos de alguien..." Le dije.

"Eh, que en los pensamientos super-X de aquí nuestro alfa también se ve su culo." Me dijo Embry casi con ironía. "Solo que evidentemente, incluso desde su punto de vista tú eres casi como un ángel."

Bueno, eso se suponía que debía alegrarme el día, pero aún así...

"Eh, he dicho que no te intentes ahogar." Me dijo Jake retirándome las mantas y cogiéndome para sacarme fuera de la cama y de la habitación a pesar de mis intentos por impedirlo.