CAPITULO 65: LA PÍCARA JUSTINIA. EL PRECIO DE LA INFORMACIÓN.

((De verdad, algún día saldré en las noticias por pedir a alguien que mande un virus internacional para matar a todos los pendrives. Otra vez se me ha vuelto a borrar información y ya estoy un poquito hasta las narices, en fin, espero poder recuperar en este capítulo un poco el hilo tras quedarme sin dos capítulos y un párrafo del antiguo '65', pero en fin, creo que lo voy a retomar contando por encima qué pasó y listo. Espero que os podáis enterar un poco, porque total, tampoco nos hemos perdido demasiado.))

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(Voz de Rissa)

Aquello no estaba yendo para nada bien. Aunque por fin nos habíamos enterado de qué mierda se movía por allí con nosotros, eso no era ni la mitad de malo de lo que yo sabía.

Aquellos demonios hijos de murciélago iban por mí. Sí, cierto que atacaban a cualquiera que se les cruzara, pero el objetivo prioritario era yo.

Yo era quien tenía precio por su cabeza con vida y en buenas condiciones, más o menos, el resto les daban igual; como mucho parecían interesarles Edward, Alice, Bella y la niña por algo que ver con sus habilidades, pero parecían haberse olvidado de Jasper, y sinceramente, él con sus habilidades naturales, por no contar lo de su 'super-poder' como le llamábamos nosotros, ya era un buen objetivo si lo que querías eran personas 'raras' en el sentido de 'únicas'.

Pero ¿y yo?. ¿Por qué les interesaba yo?

Nadie de los que habíamos conseguido interrogar parecía saber nada. Solo que tenían interés en tenerme con vida y en buenas condiciones.

Ya iba siendo hora de ir a buscar información de la buena.

"Espera aquí." Le dije al perro que me hacía de lazarillo cuando entramos en una tienda de los bajos fondos de la ciudad.

Sabía lo que iba a buscar, sabía perfectamente dónde me metía; lo que no sabía era qué me iba a costar la información que buscaba.

"Alto, control anti-metales." Dijo una voz masculina que podía recordar del guardián tras la puerta de la trastienda de la tienda que llevaba una de las 'aprendizas' de mi contacto antes de pasarme el supuesto detector de metales que realmente era algo diferente, nunca supe qué. "Ah… eres tú." Dijo entonces. "Pasa, enseguida estará contigo."

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Jacob)

"¿Y Rissa?" Pregunté cuando me desperté con dolor de cabeza tras la resaca de la noche anterior.

"Ha salido con el perro y algunos escoltas más." Me dijo la doble de Lady Gaga moviendo su copa de decantación de vino llena de sangre que se pegaba un poco por las paredes debido a la viscosidad. "Al parecer quería ir sola a algún sitio, pero se ha llevado escoltas."

"Mierda, no deberíais haberla dejado marchar." Afirmé. "¿Dijo a dónde iba?"

"Te repito que no quería llevar a nadie." Me contestó. "Eso significa que no, no dijo a dónde iba. Solo dijo que volvería para comer."

"Creo que iré a buscarla." Afirmé. "Hoy habría algún mitin o algo."

"Creo que en la 5ª avenida había una manifestación contra el uso de pieles naturales o algo así." Afirmó un chico.

"Vale, pues me voy allí." Afirmé.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Rissa)

"Ya puedes pasar." Me dijo el portero de mi contacto.

"Gracias." Afirmé tanteando el suelo con mi bastón plegable hasta llegar al marco de la puerta con cortinas de gasa que ya no podía ver.

"Adelante joven Nixx." Me dijo la señora sentada en aquella estancia.

"Ahora me llamo Rissa." Le dije sonriéndole. "Y era Trix."

"Los nombres cambian, pero no lo que hay dentro." Me dijo con la sonrisa que siempre me dedicaba antes de besarme la frente, como siempre. "Y dime, qué es lo que te trae por aquí."

"¿No se suponía que conocía todo?" Le dije bromeando.

"Solo quiero regodearme un poco mientras me pides el favor." Me dijo con un tono pícaro y susurrándomelo como si me contase un secreto.

"Pícara Justinia hace justicia a tu personalidad." Afirmé.

"Es Madame Justinia." Me dijo. "Pero da igual, puedes llamarme de esa forma si así te place."

"Necesito dos favores." Afirmé. "Quiero saber."

"Saber… el gran deseo de la humanidad." Afirmó. "Y me temo que tu 'saber' sea a un precio mucho más alto del que pretendes pagar."

Típico de ella. Era una adivina, eso o tenía los mejores contactos e informantes del mundo. También se decía que estos eran muertos, fantasmas, invisibles al ojo mortal e inmortal. Bruja, chamana, santera y maestra del budú. Adivinaba el pasado y lo que estaba por venir. Hacía predicciones atemporales y todo tipo de mejunjes y ungüentos para sanar o dañar, según se diese el caso.

"Pon tu precio." Le dije.

"Por tus enemigos y sus motivos… 10 conocimientos, 5 lágrimas y 2 viales de sangre, fresca, desde luego." Afirmó poniendo unas cartas de tarot en la mesa, cosa que no necesitaba ver para saber que hacía. "Por las preguntas sobre tus sueños, recuerdos y dudas… me temo que el precio no estarías dispuesta a pagarlo, por no hablar de mis honorarios que seguro que no te importaría pagar."

Sospechaba algo así, mis sueños eran demasiado raros para poder llamarles sueños normales, pero tampoco podía saber nada de por qué cuando soñaba que me quemaban, por la mañana mi piel estaba sonrojada como si me hubiese pasado horas al sol y me hubiera quemado, cuando soñé que me cortaban el cuello por decapitación, al despertar mi cuello tenía una línea rosada y algo abultada como un arañazo.

"Está bien, solo las preguntas sobre mis enemigos y los motivos." Afirmé. "Pero quiero todo."

"Eso te costará 5 viales de sangre más y 3 lágrimas." Me dijo.

"Te daré los 10 conocimientos, 7 viales de sangre y además 12 lágrimas en lugar de 8 si me dices todo lo que necesito y no necesito saber sobre mis enemigos." Afirmé estirando la mano.

"Me encanta hacer tratos contigo." Afirmó sonriendo y estrechando mi mano. "Siempre pagas en efectivo y más de lo que vale la información. Iré por los viales."

Siempre era igual, otra persona en mi lugar hubiera cogido la puerta y se hubiera ido, pero si hubiera hecho eso significaba no conocer a aquella mujer.

Justinia era algo fuera de lo normal. Era taimada como ella sola, pero todo lo que tenía de taimada y peligrosa lo tenía de verídica y sabia.

Todo lo que salía por su boca era cierto, podía mentir, no lo dudaba, pero cuando le pedías información o algún tipo de protección siempre era fiable y con su sello te garantizaba el funcionamiento y la efectividad en un 99,9 por ciento. Y eso era mucho más de lo que nadie esperaría.

(Salto espacio-temporal)

"Vaya, esta vez no ha costado tanto sacarte lágrimas." Me dijo Justinia cerrando el corcho del vial con mis últimas lágrimas frescas.

"Me alegro de que haya sido más sencillo." Afirmé secándome la cara e intentando eliminar de mi mente la visión de Jake destrozado a mi muerte y cómo había sentido mi tristeza y la suya que había proyectado en todo ente sensible que hubiera, básicamente fantasmas y espíritus en rumbo al más allá.

"Ah, ya veo…" Dijo mientras notaba algo de resplandor extra en la sala. "Así que vuelves a tener un ancla. ¡Oh, por todos los espíritus y entes sobrenaturales!" Exclamó cuando hubo un fogonazo de luz que hasta a mí me hizo daño en los ojos obligándome a cerrarlos antes de que se apagara. "¡Virgen del perpetuo socorro, escribana y Satanás!. ¡Tu ancla sí que es fuerte!"

"Ya he oído varias veces lo del ancla. ¿Qué se supone que es eso?" Le pregunté.

"Entra dentro de las preguntas de precio demasiado alto." Me dijo. "Pero por lo que has pagado de extra te diré que es el motivo que te ata a este mundo en este momento. El motivo por el que has cambiado de cuerpo pero no de memorias."

Jake.

"Ahá, ahora veo tus enemigos." Afirmó mientras la luz frente a mí volvía a ser tenue de nuevo. "Vaya, mi niña… sí que estás en líos."

"¿Puedes precisar un poco más eso de 'líos', por favor?" Afirmé.

"Los vampiros más importantes se han enterado de algo sobre ti, por suerte parece ser que no es más que la punta del iceberg." Afirmó produciendo un traqueteo como de dados antes de tirarlos sobre la mesa confirmándome que eran huesos y piedras. "Sí, solo es una parte de todo tú. Saben que esos críos de Jagger y Phury estuvieron tras de ti, saben que pesa sobre ti una reclama por ambos y saben que el hombre-médico y su familia te están protegiendo."

Carlisle, Jasper, Emmet, sus mujeres, la cría y sus padres.

"¿Dice algo sobre más gente?" Pregunté.

"Paciencia, mi niña." Me dijo volviendo a agitar algo en sus manos para tirarlos una vez y otra. "Las cosas cuesta encontrarlas y traducirlas."

"Lo siento." Afirmé.

"Sí, tienes a muchos animales a tu alrededor." Afirmó. "¡Dios santo, otra vez tu ancla! De verdad, va a ser difícil encontrar nada con ese chico cegándome cada vez que aparece mezclándose en tu destino."

"Volvamos a mis enemigos y sus motivos." Le pedí.

"Juventud… pensaba que ya habrías dejado atrás las prisas de la juventud, muchacha." Me dijo volviendo a las cartas.

"¿Tienen nombre?"

"Vulturis." Afirmó. "Por suerte para ti no puedo verles a todos, lo que significa que alguno podría no estar en ello."

Eso era un punto bueno a nuestro favor.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Jacob)

Era ya más tarde de la hora de comer cuando oí ladridos y supe que Rissa habría vuelto, así que casi corrí a su encuentro trasformado para destrasformarme ante ella y los que la acompañaban.

"Oh, por amor de dios." Me dijo la morena-putón con cara de disgusto. "Haz el favor de vestirte, no es necesario ir en bolas cada dos por tres."

"Rissa, por dios, me tenías preocupado." Le dije. "¿Se puede saber dónde has estado?"

"Por ahí." Afirmó. "Fui a dar una vuelta y vi una persona conocida. ¿Te importa guiarme? Estoy muerta."

"Estás pálida." Le dije dándome cuenta que era así. "¿Dónde has estado?"

"Dando una vuelta, ya te lo he dicho." Afirmó. "Además he ido a ver a alguien."

"¿Has pasado miedo?" Le pregunté intentando sonsacarle.

"No." Negó casi sin fuerzas. "Pero me ha cansado bastante. Solo necesito descansar un poco y comer algo."

"He conseguido unos perritos calientes de los que te gustan." Le dije decidiendo que era mejor dejarla un rato de descanso y luego volver a intentarlo.

"Ah, gracias." Afirmó.

"Necesitará legumbres mejor." Dijo la falsa Lady Gaga. "Y líquidos, muchos líquidos."

"Pediré una sopa de ramadán." Dijo el ángel. "Hay un marroquí al otro lado del lago, cualquiera podría ir a recogerlo en nada."

(Salto espacio-temporal)

"Ahora en serio, Rissa." Le dije mientras acabábamos de comer aquella sopa con carne, lentejas, garbanzos, habas secas y demás cosas que prefería no saber qué eran. "¿Qué has salido a hacer?"

"No importa." Me dijo comiendo un poco más antes de dejar la cuchara como si le pesase. "He oído hablar de unas calesas en Central Park. No es que no crea que es explotación animal pero… dejaré de lado un poco mi espíritu verde y por unos días intentaré ser de lo más normal. Así que un paseo en calesa suena romántico. O tal vez subir al Empire State. No voy a apreciar las vistas pero las conozco de la última vez y sé que te gustarán."

Aquello sonaba bien, sin embargo…

"Rissa, no me líes." Le dije. "Estás muy pálida, qué te ha pasado mientras has estado fuera."

"Ya te lo he dicho, me encontré a alguien conocido." Repitió. "Me cansé un poco, eso es todo."

"Sí, y también dijiste que comiendo y bebiendo algo se pasaría, y no es así." Afirmé.

"Entonces supongo que necesitaré tomar un poco de aire fresco." Me dijo incorporándose. "Voy fuera pues."

"Espera, te acompaño." Afirmé. "Iremos a dar esa vuelta, pero tendrá que ser en algún tipo de vehículo; de verdad, estás muy pálida, no quiero que te pase nada por enfermar."

Asintió suavemente y entonces la cogí del brazo.

(Salto espacio-temporal)

"Eso es… con cuidado…" Le dije a Rissa ayudándola a montar en el descapotable de la época de los primeros coches casi. "Esa gente ha sido muy amable prestándonos este coche."

"Energías renovables." Afirmó sonriendo. "Funciona con vapor de agua. El único problema es que hay que echarle agua cada 110 kilómetros."

"Bueno… podemos parar en parques y rellenar el depósito con las garrafas esas del maletero." Le dije.

Ya habíamos estado en el Empire State Buliding, viendo las vistas desde lo más alto y teníamos fotos que había pedido que nos sacase otra gente con la máquina desechable que había comprado. Al menos tendríamos unos bonitos recuerdos de esta vez.

(Salto espacio-temporal)

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(Inusual, pero vamos a poner esto que si no nos perderemos algo.)

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(Pícara Justinia)

"Madame Justinia." Me llamó una de mis aprendizas con un tono de preocupación en su voz y su rostro. "Tiene visita."

"¿Ya ha llegado?" Le pregunté. "Vaya… esperaba que fuese más tiempo. En fin, hazle pasar."

Hacía días que había visto 'esa' visita; lo menos, lo menos… desde que vi la visita de Nixx, o como ahora se hacía llamar, Rissa.

Sabía que vendría, como sabía que él sabía quién era ella realmente.

"Justinia…" Me saludó aquel coloso entrando.

"Qué hay, joven." Le saludé. "Siéntate. Bien… dime, qué se te ofrece."

"Busco información." Me dijo.

"Todos los que me visitan la buscan." Afirmé. "¿Qué será esta vez?" Añadí sabiendo qué quería e intentando evitarlo. "¿Un muñeco budú, algo para alejar los malos espíritus… un protector para ataques mentales y mal de ojo, o tal vez…?"

"Información." Afirmó. "Necesito información."

"Muchacho, trabajas para los más poderosos de los vampiros." Le dije sacando una carta de mi baraja sin mirar sabiendo que sacaba el rey de diamantes. "Tu status es elevado." Añadí sacando la 'J' de diamantes. "¿Por qué buscas esa información?" Sentencié sacando el as de corazones.

Le observaba en todo momento, mis trucos de cartas siempre le habían parecido juegos de manos pero a la vez parecían ejercer en él siempre un leve matiz de respeto; no las despreciaba porque en el fondo era consciente de su poder.

Esta vez no fue diferente, mis cartas lo incomodaron, pero no lo mostró abiertamente, solo en pequeños matices de sus gestos.

"La he encontrado, sé que lo he hecho." Afirmó. "La vi morir, sé que la mataron, y a nuestro Julius Primo con ella." Afirmó. "Pero eso fue… hace demasiado. ¿Cómo es posible que ahora esté…?"

"Mis cartas no dirán nada." Afirmé sacudiendo la cabeza.

"Por favor, Justinia, es de Cris de quien hablamos." Pidió el hombre. "Podría…" Afirmó enfurenciendo su rostro antes de volver a apenarlo. "Por favor…"

Podría informar a los Vulturi de mi forma de vida, de mi existencia, pero no serviría de nada puesto que yo aún seguía viva y la gente que me había intentado perseguir durante siglos ahora estaban convertidos en cenizas mientras yo perduraba. Mis conocimientos estaban, con diferencia, por encima de los de cualquier mortal, vivo o 'mal-vivo' como eran ellos.

"La chica a la que buscas no es Cristiana." Le dije tirando las runas para que me dijesen a mí que Nixx aún estaba a salvo. "Así que no puedo ayudarte."

"La has visto." Afirmó. "Percibo su olor aún aquí, así que has tenido que verla."

"Te equivocas." Afirmé. "Observa qué pasa si preguntamos por Cristiana." Añadí tendiéndole la baraja de cartas de arcanos mayores del tarot para que las barajara y sacara una: la muerte. "Vuelve a barajarlas y saca otra."

De nuevo repitió el proceso y volvió a sacar la misma carta, la tercera vez sacó el ahorcado y la cuarta y quintas de nuevo la muerte.

"Es imposible." Afirmó tirando la baraja que se desperdigó en el suelo junto a la mesa como vulgares papeles. "Yo… yo la he visto." Afirmó jadeando y mirándome. "Es igual. Tiene su cara, su pelo…"

"Pero no su olor." Afirmé recogiendo las cartas una a una mientras notaba cada vez más actividad 'antinatural' en mi humilde salón. "La mujer que buscas no es Cristiana. Ya no."

"Luego sabes algo." Afirmó parándome la mano sobre una carta y haciéndome levantarla a la mesa. "Dímelo."

"El precio de esa información es muy alto." Afirmé. "Nadie estaría dispuesto a pagarlo."

"Dímelo." Afirmó.

"El precio es de dos ojos, 4 litros de sangre y un alma, todos ellos frescos." Afirmé.

"Iré a buscarlos." Me dijo. "Si me doy prisa podría…"

"No." Negué. "No lo entiendes." Afirmé señalándole. "Son los tuyos los que quiero."

"¡Eso es imposible!" Afirmó golpeando la mesa y enfureciendo aún más a mis contactos y a todos los seres que comenzaban a congregarse en torno a él y flotando en el techo, incapaces de tocarle. "¡Mírame cuando te hablo, vieja bruja!. ¡Nadie en su sano juicio pagaría eso!"

"Te avisé que el precio era demasiado alto." Afirmé sacando una carta de la baraja que había recogido casi por completo para ver que era el pozo y sacando otra más para sacar otra que resultó ser la rueda. "Pero si quieres, estoy dispuesta a ofrecerte otras informaciones más baratas."

"¿Qué clase de informaciones?" Me dijo calmándose un poco.

"Fortuna y buenaventura." Afirmé. "He visto cosas, sé qué pasará, conozco el futuro y he visto cosas."

"¿Qué clase de cosas?" Me dijo.

"Los pagos por adelantado." Afirmé cortándolo y estirando la mano hacia él. "10 recuerdos, 5 años y 3 viales de sangre."

"Está bien." Afirmó. "Pero espero que sea información buena."

"Lo será." Afirmé. "Te diré todo lo que necesitas saber, aunque eso no siempre es 'lo que quieres' saber. Iré por los viales."

Él era aún joven, pero yo llevaba ya suficientes años en este mundo como para saber que no siempre lo que uno necesita es lo que quiere, ya fuera en conocimientos como el destinos. Y sin duda lo que ese hombre quería no era para nada lo que necesitaba.

(Salto espacio-temporal)

"Ya tienes tu pago." Me dijo el hombre con los ojos oscuros de hambre al haberle quitado yo parte de su sangre por lo que le di una de las bolsas que una de mis discípulas tenía en la nevera para cuando la necesitaba. "Ahora díme lo que sepas."

"Juventud… siempre con prisas…" Afirmé estirándome las ropas. "Muy bien. He visto malos tiempos, batallas, sangre… aunque dudo que las batallas sean lo que tú piensas. Sé que perseguís a alguien, solo que cada cual por un motivo diferente. No me interrumpas." Le advertí cuando vi que iba a abrir la boca para decirme algo y mirándole con una advertencia gravada a fuego en mis ojos. "Tú la persigues para salvarla, como salvarla pretenden los que la rodean; otros la persiguen para matarla, los que te acompañan la persiguen para matarla. Creen algo que no es cierto, saben algo que es solo la mitad de la verdad, pero en la cara oculta se esconde un poder más poderoso aún. Pero os encontraréis resistencia, pues muchos son los que la custodian." Afirmé sonriendo recordando a todos los animales que había visto en mis sueños. "He visto muerte, la muerte os ronda a todos, pero solo alcanzará a algunos contendientes." Añadí antes de callarme.

"¿Y eso es todo?" Me dijo.

"Es lo que has pagado, sí." Afirmé asintiendo suavemente con la cabeza. "Y como has pagado por mis servicios… me permitiré darte un consejo más."

"Claro." Afirmó un poco perdido.

"Deberías dejar de aferrarte al pasado y mirar la futuro." Le dije.

"¿Y eso por qué?" Me dijo.

"Porque si no dejas ir a los fantasmas de tu pasado… no verás la daga a la que estás corriendo en el futuro." Afirmé chasqueando los dedos por lo que Tadeus, mi escolta particular entró a la sala. "Tadeus, acompaña a este joven a la salida y haz pasar al siguiente en cuanto llegue. Ah, y joven Félix." Afirmé cogiendo el vial con apenas 6 gotas de sangre en su interior mezcladas con arcilla en polvo y un pellizquito de azufre para pasárselo volando y que lo atrapase en el aire. "Mantén eso cerca de ti, cuando te llegue el momento de usarlo… bueno, ya me entiendes, tú mantenlo cerca por si acaso."

Sé que se fue refunfuñando, Tadeus era más viejo y por tanto más sabio que él, y con su don para convencer, hasta el gorila más loco del mundo pensaría que era una niña con tirabuzones de apenas 3 años de edad.

Con cuidado recogí la carta que me quedaba en el suelo y la miré. Eran los amantes, solo que en lugar de mirarse como siempre, la cara de la mujer miraba a un punto fuera de la carta.

"Tsk…" Chasqué la lengua sacudiendo la cabeza. "Pobre infeliz…" Afirmé pasando la mano sobre la carta para hacer que volviera a su ser.

"¿Todo bien, Justinia?" Me dijo Tadeus desde la puerta. "He sacado al muchacho. No volverá en un tiempo, me he asegurado de ello."

"Es triste ver a la progenie de uno perder el seso." Afirmé devolviendo la baraja a su bolsa de terciopelo negro y atarla con la cinta de seda trenzada con los cabellos impregnados en sangre que parecían delgadas hebras de fuego al tacto pero no quemaban las cosas.

"¿Era él?" Me preguntó.

"Así es, carne de la carne de la carne de la carne de la carne de la carne de la carne de la carne de la carne de la carne de mi carne." Afirmé. "Ahora es lo que es gracias a la sangre de la sangre de mi sangre."

"Debería descansar." Me dijo.

"Dos visitas de la familia en un día." Afirmé sonriendo tristemente. "Solo uno sobrevivirá esta vez…"

"Ya hay demasiado hielo por el mundo." Me dijo su hija, una de mis aprendizas ayudándome a incorporar. "Iba siendo hora de que el fuego debastase un poco de ese hielo."

"Lo sé…" Afirmé. "Pero jamás pensé que sería tan pronto. Una madre no debería ver morir a los hijos de los hijos de sus hijos de ninguna generación."

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Jake)

"Rissa, dime lo que ocurre." Le pedí mientras cenábamos en la cubierta de un barco-restaurante en el río de aquella ciudad. "Has recuperado el color, pero llevas toda la tarde demasiado calmada y conmigo. Dime la verdad. ¿Qué ocurre?"

"Nada." Me dijo sonriendo suavemente, casi hasta tristemente. "Es solo que… quería estar contigo."

"En serio, hablas como si no fuésemos a vernos nunca más." Le dije. "Y yo no voy a irme a ningún lado. Estaré contigo siempre, hasta que tu corazón deje de latir e incluso después, ya lo sabes."

Había estado visitando su tumba en la reserva y viviendo por ella la vida que a ella le hubiera gustado, para honrar su memoria. Para mí no había existido otra mujer como ella y no lo existiría.