CAPITULO 66: ÚLTIMO DÍA EN LA JUNGLA DE ASFÁLTO.

(Voz de Rissa)

Aquello se repetía. Fuego, devastación… vidas desperdiciadas… Y muerte.

Mira donde mirara había muerte.

Acababa de matar a alguien sin rostro cuando vi cómo, delante de mis ojos, desaparecía la vida más preciada para mí: Jake.

Grito, pero no puedo oírme, entonces veo las caras. Allí hay una niña pálida, con el pelo recogido en un moño y torturando a Embry mientras un tipo con la piel olivácea pero pálida y alto como un látigo sujeta a Quil hasta arrancarle la cabeza y desmembrarlo antes de coger a Seth en el aire y destrozarlo.

Y entonces les veo y siento cómo si me quemasen mientras noto mis extremidades arrancándose de mí. Tres hombres, dos morenos y uno rubio con unas mujeres más lejos y bien guardadas. Solo que esa gente viste diferente, como si vinieran de otra época, con ropas como del siglo I, tal vez incluso el II, algunos incluso como renacentistas.

Y grito incorporándome sudada.

Miro alrededor sin ver nada para notar a Jake dormido como un tronco a mi lado y mi boca húmeda, como si no me hubiera dejado la garganta gritando.

"Solo ha sido una pesadilla." Suspiro para mí en mi mente.

Me incorporo con cuidado y voy tanteando con mi pie hasta encontrar el bastón antes de recogerlo y largarme por la puerta al pasillo.

No sé si me cruzo con alguien, tal vez sean animales, pero no encuentro resistencia y consigo llegar al balcón que forman en la salida de una tubería, bien oculto tras una maya de acero. Pero al menos ahí hay aire fresco y que huele a agua salada.

Y allí me siento bien cubierta por la mantilla que Esme, la mujer del doctor Cullen, me dio antes de venir a pasar estos días aquí.

Tengo que respirar hondo varias veces antes de poder notar que mi ritmo cardiaco ha bajado hasta algo normal.

"Solo era un sueño." Me dije suavemente intentando convencerme a mí misma. "No ha pasado, Jake está bien y el resto también…"

Tenía que ser fuerte, siempre había sido fuerte y ahora no podía permitirme el lujo de convertirme en una cobarde.

Porque era eso ¿no? Era una cobarde.

Había muerto siendo Bella por salvar a un lobo gigante que creía a punto de extinguirse, eso sí había sido valentía. Rissa había muerto con la cabeza alta para darme su cuerpo a mí, su vida, sus recuerdos… todo lo suyo ahora era mío. Pero ahora… que mi alma estaba en este cuerpo… yo era una cobarde.

Estaba claro lo que debía hacer.

"¿Qué ocurre?" Me dijo una voz familiar.

"Jag-jag." Le llamé sin mirar.

"Trixxy, te conozco, compartimos sangre." Me dijo. "Qué ocurre."

No le contesté, simplemente negué con la cabeza.

"Trixxy, my pixie. (Trixxy, mi hadita.)" Me dijo con la rima que siempre me decía y que una vez me había gustado. "No puedo decirte que eres mi vida, pero eres parte de ella. Así que déjate de falsas modestias y dímelo, qué te pasa."

De nuevo no contesté, aunque me costaba mucho; y entonces pasó, se puso delante de mí colgado bocabajo del techo y cogiéndome la barbilla con suavidad.

"Trixxy." Me pidió mirándome a los ojos. "Por favor."

No había ni pizca de su arrogancia, ni pizca de superioridad en sus palabras; al contrario, su rostro, su voz, sus palabras… todo revelaba una necesidad increíble.

"He tenido una pesadilla." Afirmé. "Me duele todo."

"Ya has tenido antes de esas." Me dijo. "Nunca son reales."

"Jagger, las pesadillas no duelen." Afirmé. "Mírame la piel, aún la tengo ampollada. ¡Mira!" Afirmé descubriéndome los hombros para dejarle ver las marcas en mi piel donde notaba la hendidura como si hubiera habido un corte, como una cicatriz. "Soñé que me los arrancaban, nunca antes las había tenido tan profundas, siempre eran solo líneas rosadas. Esto no son simples sueños, Jag-jag." Le dije volviendo a cubrirme. "Presiento que algo malo está a punto de suceder." Añadí ocultando las palabras gratuitas que me había dado madame Justinia. "Y presiento que solo yo tengo en mis manos la solución para que no ocurra." Afirmé contándole mis suposiciones sobre lo que nadie me había confirmado.

"¿Qué es lo que intentas decirme?" Me dijo. "No vamos a dejar que te pase nada, nunca más. ¿Me oyes? No lo consentiremos."

"No es algo que podáis controlar." Afirmé soltándome. "No podéis enfrentaros a ellos, son… son más viejos y fuertes. Son especiales, y saben cómo usarlos."

"Nos rebelaremos." Afirmó. "Haremos lo que haga falta, cualquier cosa por mantenerte a salvo. Ya matamos a ese guardia estúpido que te mató, no creas que no haremos lo mismo con ellos."

De pronto, todos los pelos de mi cuerpo se pusieron de punta.

"Jagger, eso es…"

"Mi pequeña venganza." Afirmó. "Aunque debo admitir que ahora eres guapa también. Aunque siempre me gustó más tu pelo, esos rizos eran…"

"Jagger, déjalo." Afirmé. "Yo… ya no te quiero."

"Eso se puede solucionar." Afirmó. "Vayámonos por ahí. Conozco unos cuantos sitios chulos en la ciudad para…"

"No, no lo entiendes." Le dije. "Ya quiero a alguien."

"No tienes por qué dejar de verle." Afirmó. "Podríamos incorporarlo, siempre he querido tener un perro. Phury siempre quiso un dóberman."

"Jake no es un perro." Le dije molesta. "Dios, sabía que no tenía que haberte contado nada. Nunca te tomas nada de lo que digo en serio."

"¿Qué está pasando aquí?" Dijo una voz familiar. "Jagger, no tienes permiso para entrar."

"Si estuvierais haciendo bien vuestra labor no estaría aquí dentro." Le dijo Jagger.

"Hacemos nuestra labor a la perfección." Le dijo la voz que sabía que pertenecía al chico que respondía al nombre de Rob, un chico con alas de ángel a la espalda. "Aunque ayudaría que tú respetaras las normas y te mantuvieras lejos."

"Eh, yo soy…"

"Emily, por qué no llevas a Rissa a algún sitio más tranquilo y cálido." Le dijo Rob.

"Claro." Dijo la chica sonriendo. "Vamos, querida."

"Hasta luego." Les dije. "Y Jagger…"

"Me da miedo que me llames por el nombre." Afirmó. "Siempre es por algo malo."

"Gracias por NO escucharme ni tomarme en serio." Le dije. "Por un momento me has hecho pensar que habías cambiado."

"Eh, y he cambiado." Afirmó. "Ya no me alimento de…"

"Buenas noches." Afirmé dándome la vuelta para dejar atrás su voz.

Di unos cuantos pasos oyendo sus quejas y cómo le contestaban los que fuese que estuviesen allí, y finalmente, noté la presencia de la otra mujer junto a mí.

"Cuidado, vamos por la derecha." Me dijo. "Vamos al salón de los gatos. Aunque habrá que estar calladas, a estas horas duermen la mayoría y créeme… la mayoría se enfadan demasiado."

"Lamento haberos despertado." Afirmé.

"No te preocupes, nuestra raza no duerme. No podemos." Me dijo. "Por aquí… ¿Qué era lo que te ha llevado a estar ahora despierta?"

"Supongo que tonterías." Afirmé.

"Aún así me gustaría saberlo." Me dijo. "Los problemas son más sencillos si los hablamos."

"Tuve una pesadilla." Afirmé.

"Ah… entiendo…" Afirmó. "Y apuesto a que soñaste con tu ancla."

"¿Con quién?"

"El lobo."

"Ah, sí claro… ¡¿cómo sabías tú eso?" Le dije asombrada.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Jacob)

Hacía nada que me había despertado al caerme de la cama tan estrecha que tenía allí y había descubierto que estaba solo. Me había preocupado tanto que había salido y había visto cómo la vampiresa que nos había encontrado, la de la pinta seria, que me había hecho un gesto de silencio antes de seguir con Rissa a su lado.

"Cuidado, vamos por la derecha." Le dijo a Rissa al llegar a una bifurcación donde Rissa hubiera ido a la izquierda por tocar la abertura con su bastón. "Vamos al salón de los gatos. Aunque habrá que estar calladas, a estas horas duermen la mayoría y créeme… la mayoría se enfadan demasiado."

"Lamento haberos despertado." Le contestó entonces Rissa

"No te preocupes, nuestra raza no duerme. No podemos. Por aquí… ¿Qué era lo que te ha llevado a estar ahora despierta?"

"Supongo que tonterías."

"Aún así me gustaría saberlo. Los problemas son más sencillos si los hablamos."

"Tuve una pesadilla." Afirmó de nuevo Rissa.

"Ah… entiendo…" Le contestó la mujer mientras veía cómo un par de gatos grandes aparecían de las sombras en un recodo y las miraban antes de dejarlas pasar. "Y apuesto a que soñaste con tu ancla."

"¿Con quién?"

"El lobo." Afirmó mientras llegaban a un sitio donde me quedé parado al ver cómo, lo que parecían todos los gatos del distrito, estaban allí.

"Ah, sí claro… ¡¿cómo sabías tú eso?" Le dijo Rissa asombrada mientras algunos gatos les rodeaban lentamente.

"Digamos que he pasado por alguna batalla." Le dijo la chica. "Y he amado varias veces. El amor es un gran sentimiento, te da fuerzas. Es una lástima que no se supiese hasta el siglo XX."

Vampiro de hacía tiempo, nunca sabías lo que estaban diciendo.

"El caso es que yo también he tenido esos sueños." Le dijo acortando. "El ser amado muriendo, alguien matándote…"

"¿Cómo lo has sabido?" Le dijo Rissa.

"Porque todas las que hemos vivido alguna batalla, hemos pasado por eso." Afirmó ella con un tono jovial sin dejar de acariciar el gato que se le había subido mientras Rissa hacía lo propio con la, al menos docena, que tenía encima.

"Yo también he soñado… olvídalo." Afirmó Rissa. "¿De quién son estos gatos?"

"De si mismos." Afirmó. "Y puedes decirme de qué iba ese sueño. Prometo no decírselo a nadie."

Ya era suficientemente malo saber que había soñado que yo moría en una batalla y eso la había despertado y ahora la impedía dormir de nuevo como para que me dijesen que había más.

"No sé… no ha sido solo esta noche." Sentenció Rissa como suspirando cada palabra y bajando el tono a casi susurrante y triste que me partía el corazón. "Es un sueño recurrente, y últimamente parece más… frecuente."

"¿Hablas desnuda delante de un auditorio y entre ellos está la persona amada?" Le dijo la mujer.

"¡¿Qué?. ¡No!" Dijo Rissa. "Al menos no delante de una audiencia…"

Eso me hizo sonreír, apostaría a que se había visto desnuda conmigo, lo cual no era tan raro, yo la veía así en mis sueños, cada noche.

"¿Entonces?" Le dijo.

"Me matan." Afirmó. "Es… Me despierto sudando, me dan miedo."

No podía moverme, estaba congelado. ¿Miedo? La había visto despertar sudada en la habitación que compartíamos del piso de estudiantes de la universidad, pero siempre había pensado que era por las pesadillas, o por el calor que al parecer necesitaba siempre, a pesar de tener la piel cálida al tacto.

"Bueno, es normal que en épocas difíciles sueñes… quiero decir, cuando te persiguen y eso." Le dijo la chica.

"No, no lo entiendes." Le dijo Rissa mientras yo veía que había más personas y animales en el pasillo, escuchando la conversación. "No es algo fijo. Me queman en una hoguera, me desmiembran, me decapitan con un hacha… es horrible, son tantas alternativas que algunas ni sabía que existían."

"Pero son solo… pesadillas." Le dijo la chica.

"¿Una pesadilla te dejaría esto?" Dijo Rissa mostrándole algo que no pude ver porque estaban sus cuerpos en medio.

"Deja de alargar el cuello." Afirmó un chico pequeño antes de saltar y convertirse en un gato atigrado con una mancha clara en la trufa que fue a colocarse junto a Rissa.

"Lo siento, pero… no sé qué decirte." Le dijo la mujer tras mirarme, o más bien algo tras de mí. "Nunca había visto algo así."

"Pero… vosotros sois guerreros tótem, sois…" Comenzó Rissa.

"¿Te importa acompañarme?" Me preguntó el ángel Rob poniéndome una mano en el hombro.

Asentí y le seguí de cerca. Me guió a través de los intrincados pasadizos que parecían no tener fin mientras recordaba todas y cada una de las palabras que había dicho Rissa.

Esperé un poco antes de dirigirme a él.

"Oye, chico ángel." Le llamé. "¿Qué pasa?"

"Me llamo Rob." Afirmó.

"Me da igual." Afirmé. "De qué va todo eso de los sueños."

"No podemos decirlo." Me dijo.

"No me vengas con cuentos." Afirmé golpeando la pared junto a su cara. "Me da igual que seáis guerreros tótem o sagrados o paquito chocolatero. Quiero saber qué pasa con Rissa. Porque no me creo que seáis tan abiertos por ser compañeros. Conozco a los verdes y no hay trasformistas entre ellos."

"No somos… lo que sea que sea eso de 'verdes'." Me dijo. "Y sobre ella…"

"¿Quién es esa Nixx con la que la confundís?" Le dije. "¿Por qué todas atenciones y protección con ella?. ¿Qué es eso de los sueños que tiene?"

"No… no puedo decirte nada de eso." Me dijo. "Solo que Nixx es un nombre de la que llamáis Rissa. El último por el que la conocimos. Y ayudamos y protegemos a Rissa porque… bueno, entre nosotros nos ayudamos. Disculpa, tengo que ocuparme de algo."

"Oye. " Le llamé intentando retenerle para que me diera un 'aletazo' suave que hizo que le soltara y salir volando de allí.

Intenté seguirle, pero no pude.

"Mierda…" Susurré.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Madame Justinia)

"Madame." Me llamó el portero de la puerta de conexión.

"Déjale pasar, Lou." Dije. "Phury, pequeño bribón… vi tu llegada con antelación."

"Ha venido a verte ¿verdad?" Me dijo.

"Me temo que el cartel que hay sobre mi puerta pone bien claro que no doy información sobre quién me ha visitado o qué pidieron." Le contesté. "Pero puedo decirte algo que necesitas saber."

"Ahórrate el truco." Me dijo. "Te conocemos desde hace tiempo. Los trucos baratos para turistas no me conmoverán. Quiero mi información."

"Nada de clientes o qué querían." Le dije seria y avisándole. "No te incumben."

"La chica es mi amiga." Afirmó. "Su destino nos pertenece."

"Os equivocasteis entonces y veo que no habéis evolucionado." Afirmé secamente. "La chica no os pertenece. Y su destino ya no está atado al vuestro."

"¿Y eso quién lo dice?" Me dijo. "¿Tus cartas?"

"Harías bien en no despreciarlas, jovenzuelo." Le avisé. "Ellas me han hablado del ancla."

"Pffff…" Dijo el chico, de nuevo menospreciando mis dones. "¿Y quién es?"

"Eso no os incumbe, Diavvolo." Afirmé.

"Escucha, vieja." ¿Vieja?. ¡¿Cómo se atrevía? "Rissa lo pasa mal. Vosotros no podéis entenderlo."

"Sus sueños son más frecuentes." Le dije interpretando por fin los designios de las cartas, runas y posos que no había podido entender. "Sus recuerdos comienzan a volver, por algún motivo."

"¿Sus recuerdos?" Me dijo.

"Lou, el joven ha acabado su consulta." Le llamé.

"Aún no has contestado mis preguntas." Me dijo mientras Lou abría la puerta para entrar a buscarle.

"Es cierto." Afirmé. "Déjame buscarte algo… esto no… esto tampoco… no, definitivamente esto no…" Afirmé tirando objeto tras objeto buscando lo que necesitaba. "¿Dónde lo puse?" Murmuré cambiando de sitio donde buscar hasta encontrarlo. "Ah, aquí está." Afirmé sonriendo. "Aquí tienes, esto te costará un mechón de tu pelo."

"¿Y para qué quiero yo un peluche con lacitos?" Me dijo. "Perteneció a Nixx, y quiero que se lo devuelvas a Rissa. Esto es para ti." Afirmé pasándole el colgante.

"¿Un colgante de mujer?" Me dijo.

"No hagas el tonto, niño." Afirmé cortándole un mechón de pelo largo y guardándolo en la cajita destinada para él. "Te protegerá. Y esto es para el lobo que acompaña a Nixx." Añadí pasándole el vial lleno del elixir cristalino. "No intentes quedártelo porque causarás que acabe el mundo tal y como lo conocemos ¿me oyes? Dile que cuando llegue el momento, sabrá que uso darle."

"¿Qué es?" Me dijo.

"Algo que evitará que se vuelva a sumir en la oscuridad." Afirmé. "Y ahora ve."

"Por aquí, caballero." Le dijo Lou mientras yo cerraba los ojos para descansar.

Oí cómo ponía el grito en el cielo y oponía resistencia. Pero Lou era un buen portero, al menos la mayor parte del año; 3 semanas al mes de 4 no estaba nada mal.

"¿Se ha ido ya?" Pregunté sin abrir los ojos.

"Sí, maestra." Me dijo. "¿A qué ha venido lo de darle 2 objetos gratis y el otro a cambio del pelo?"

"El pelo de esos hermanos y el de los trasformistas tiene propiedades milagrosas, el de los Diavvolo es tan poderoso que sirve para mantener alejados a malos espíritus y a los de tu especie y otros trasformistas." Afirmé. "Y Nixx ha pagado con creces por todas mis ayudas, digamos que estos dos regalos son la deuda que contraje con sus propinas a lo largo de tantos siglos."

"¿Y es cierto?" Me dijo. "¿Su nombre auténtico es Nixx?"

"No." Negué. "Pero es el nombre con el que la conocí. Ha tenido varios nombres a lo largo de los siglos. Nixx, Cristiana, Lixandra, Bellatrix y el actual, Rissa-ben-al-Kris son solo algunos de ellos."

"Entonces…" Me dijo mientras volvía a encargarme de tejer los cabellos negros de aquella mujer tan… 'especial' con cuidado de no dañarlos lo más mínimo. "¿Quién es?"

"Ah… los secretos querido Lou son lo más divertido de ser mujer." Afirmé mirando lo que llevaba hecho. "Este pelo es increíblemente de una calidad perfecta. Protege y calienta… y es terriblemente suave."

Y el pelo era lo de menos. Toda ella era un enigma.

"¿Y su pérdida de memoria?" Me dijo.

"Daños colaterales." Afirmé cogiendo una pizca de polvo de enebro para añadirlo al té.

"Cada vez que adopta una nueva identidad se le desarrolla una personalidad diferente pero en cierto modo igual a las anteriores. Igualmente, olvida todo lo respectivo a sí misma anteriormente."

"No lo entiendo." Negó.

"Sí… reconozco que es todo un enigma, ni siquiera yo que he visto de todo puedo resolverlo del todo…" Afirmé sonriendo y tomando un trago de mi taza.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Jake)

"Rissa…" Le llamé cuando amaneció y ella se movió tras una noche en vela preocupado por ella y haberme vuelto a acostar segundos antes de que ella llegara de nuevo y se metiera tímidamente a la cama.

"Lo siento, te he despertado." Me dijo.

"No, estaba en vela." Le dije. "¿Te pasó algo anoche? Noté movimiento, pero no me despertó."

"No pasa nada." Me dijo sonriendo tiernamente. "Tuve pesadillas."

"¿De mucho miedo?" Le pregunté intentando hacerla hablar de ello conmigo.

"Un poco." Afirmó sonriendo. "Pero ya estoy bien. ¿Te parece que vayamos a una manifestación y a hacer las últimas compras antes de volver a casa?"

"Tenemos los billetes para las 7." Le dije.

"Pues eso, podemos llevar las cosas al aeropuerto y dejarlas allí antes de comenzar el día." Me contestó.

"¿Y los tíos estos?" Le pregunté aún sabiendo que como se pusieran tontos podíamos escaparnos de ellos ya que pelear sería un suicidio porque eran muchos y nosotros solo 2.

"Pueden apañarselas solos." Me dijo. "Por mí nos despedimos y nos vamos tras agradecer la hospitalidad."

Sonreí complacido. Aquella era mi chica. Una mezcla entre super-heroína y pacifista con una meta.

"Apoyo la moción." Afirmé con cada vez más ganas de hacerle cosas que requerirían no tener a toda la tropa loca por allí cerca.

"¿En qué piensas?" Me dijo mientras acababa de vestirse y se me acababa el verla casi como vino al mundo.

"Pues… hasta que he visto las marcas que tienes en los hombros… deleitándome con las vistas." Afirmé confuso acercándome para bajarle el cuello de la ropa para mirarle los hombros donde tenía marcas hundidas como si hubiesen sido cicatrices.

"¿Qué te ha pasado aquí?" Le dije viendo las marcas. "La última vez que te vi ligera de ropa no las tenías."

"No lo sé." Afirmó tapándoselas rapidamente. "Si estás vestido deberíamos ir yéndonos. Darlas gracias y despedirnos llevará su tiempo."

"Claro, es… ahora me pongo la camiseta limpia y estoy listo." Afirmé dándome prisa por acabar de vestirme mientras ella iba metiendo lo que podía en la mochila que había llevado conmigo.

Lo de las marcas me tenía intrigado, porque estaba seguro que hacía como dos días no estaban ahí, y eran un poco profundas para haber sido recientes.