En Algún Lugar del Tiempo

Capítulo #2


El asombro de Gohan era innegable, y es que no podía evitar sentirlo tras la información recabada en su investigación. Aquella anciana que había aparecido hace ocho años en la presentación de su obra, resultaba ser la misma bella joven del retrato, ahora más que nunca necesitaba saber más sobre Videl Satán, así fue como llegó hasta la vivienda de quien habría escrito la más extensa biografía de la actriz. Tras bajar de su automóvil, el dramaturgo caminó raudo hasta la puerta para evitar las gotas de lluvia que bañaban la ciudad. Pronto tocó el timbre.

— ¿Diga?— una mujer de cabellos rubios no tardó en aparecer.

— ¿Es la señorita Iresa?— preguntó amablemente el pelinegro.

— Sí— respondió la mujer.

— Hola. Me llamo Son Gohan y leí su obra "Actrices Famosas de Orange Star" y me encantó…— comenzó a decir, la rubia no tardó en interrumpir al hombre,

— ¿Qué es lo que quiere?— interrogó con suspicacia.

— Información sobre Videl Satán— contestó sonriendo amable. La mujer le miró intrigada mientras le examinaba con desconfianza.

— ¿Qué clase de información?— inquirió cruzándose de brazos.

— Pues, soy dramaturgo y ahora quisiera escribir una obra sobre su vida— mintió. Iresa comenzó a cerrar la puerta.

— Lo siento, pero no puedo hablar de…— se disculpó, sin embargo el escritor le impidió terminar de cerrar la puerta en medio de súplicas.

— Por favor— pronunció tras lo cual permaneció algunos instantes en silencio, la rubia le observaba seria— No es una obra, señorita Iresa. Es algo muy personal— confesó.

— No entiendo— articuló la rubia desde la puerta con un dejo de curiosidad. Gohan tras tomar una bocanada de aire, metió una de sus manos en el bolsillo derecho de su pantalón, sacando un reloj dorado para enseñárselo a la mujer, ésta al verlo abrió sus ojos con desmesura.

— ¡¿De dónde sacó eso?!— interrogó con inocultable asombro.

— Pues ella me lo dio. Hace ocho años estrenamos una de mis obras en Orange Star y ella me lo dio esa noche— relató el dramaturgo. La mujer contempló en silencio algunos momentos el objeto.

— Apreciaba mucho ese reloj— expresó— Jamás, jamás se separaba de él— añadió dirigiendo la mirada a su interlocutor— Desapareció la noche que murió— pronunció con pesadumbre. Gohan abrió sus ojos con desmesura.

— ¿Murió aquella noche?— articuló con asombro. Iresa no pudo evitar sentir melancolía y curiosidad ante el relato del hombre.

— ¿Quiere usted pasar?— pronunció con dificultad mientras daba paso Gohan, éste asintió seriamente.

— Gracias— luego siguió a la mujer.

— Tengo una colección de cosas de teatro— expresó la mujer mientras abría la puerta de una pequeña habitación. Gohan observó maravillado el sitio, pronto caminó hasta un hermoso vestido blanco que era modelado por un maniquí— Éste vestido es de una de sus obras— indicó Iresa.

— Señorita… ¿Cómo era ella?— preguntó queriendo saber aquello que en ningún libro pudo hallar. La rubia sonrió nostálgica.

— Cuando la conocí era muy dulce y generosa pero… Pero después ya casi no solía hablar— expresó— Parecía vivir en un vacío— agregó.

— Pero no fue siempre así ¿Verdad?—inquirió Gohan.

— No— negó de inmediato la rubia— Nada de eso. Muchos que la conocieron de joven decían que era conversadora y alegre; fuerte, llena de vida… No como era después— argumentó mientras veía algunas de sus fotografías en un mueble.

— ¿Y por qué cambió?

— No lo sé. Pero creo que el cambio ocurrió en el setecientos veintitrés, después que actuó en el Grand Hotel— contestó amablemente Iresa. Gohan pensaba reflexivo. Pronto dirigió la mirada hacia un retrato de un anciano sentado en una sillón.

— Ese era su agente Muten Rochi— indicó la rubia.

— ¿Era de veras, lo rara que decía usted en su libro?

— Había algo muy extraño en la relación de ellos dos— contestó reflexiva. Gohan suspiró explorando con su mirada el resto de la habitación, pronto algo llamó su atención.

— ¡Oh, mire esto!— pronunció acercándose a un pequeño estante con libros— ¿Puedo?— preguntó mientras tomaba un enorme libro rojo.

— Sí— respondió de inmediato Iresa.

— Es increíble, éste Brief, fue mi maestro de filosofía en la universidad— comentó mientras le enseñaba la contraportada del libro a la mujer, donde se mostraba una gran fotografía del autor de aquel libro.

— ¿De veras?— preguntó curiosa.

— Sí— respondió el dramaturgo mientras sonreía divertido.

— Ella leyó ese libro muchas veces— comentó la mujer, Goha detuvo repentinamente su exploración de aquel libro, cerrándolo para leer el título "Viajes a través del tiempo".

Pronto continuó examinando la habitación, una maqueta del Grand Hotel sobre una pequeña mesa de madera llamó su atención.

— Ella mandó a hacer eso— comentó Iresa, sonrió al ver como el hombre observaba animosamente la maqueta hincándose ante la mesa le sostenía. Pronto retiró parte del techo de la maqueta, y de manera instantánea comenzó a sonar una hermosa melodía, Gohan abrió sus ojos desmesuradamente sin quitar la mirada del objeto.

— ¿Qué ocurre?— preguntó intrigada la rubia.

— Es mi música favorita, señorita— expresó al reconocer en la melodía de aquella caja musical Rapsodia sobre un tema de Paganini— No entiendo lo que pasa— susurró contrariado.


Todo había sido muy confuso para Gohan, sin embargo el libro de su maestro que tanto leía Videl antes de morir, le condujo hasta la universidad de donde se había graduado ya hace años.

— ¡Doctor Brief!— habló a su maestro. El hombre volteó hacia Gohan.

— Usted tendrá que caminar conmigo, tengo una clase — se excusó el hombre sin detener su andar— ¿Cómo se llama?— cuestionó.

— Gohan, Son Gohan— contestó.

— ¿Alumno?— preguntó el académico.

— Lo fui, hace nueve años— expresó Gohan.

— Pues, trato que mis conferencias sean interesantes. Pero tantos años… — bromeó, Gohan sonrió divertido— ¿Qué desea usted?—inquirió.

— Preguntarle algo— pronunció.

— Diga…— articuló casual el anciano.

— ¿Viajar en el tiempo es posible?— cuestionó, el profesor se detuvo repentinamente cambiando su expresión sonriente por una más seria.

— Una gran pregunta— masculló reflexivo Brief.

Pronto estuvieron en uno de los salones de la universidad, cuyas mesas se hallaban vacías aún por la ausencia de los estudiantes.

— Le contaré algo… ¿Es Gohan no?— pronunció el hombre mientras dejaba su maletín sobre su escritorio.

— Sí, señor— se apresuró en contestar el pelinegro.

— Estuve en Las Montañas Paos en 782— inició su relato— Me hospedé en un hotel muy viejo, pero de veras muy viejo. El edificio, los muebles, todo. El ambiente era muy viejo— describió— ¿Sí me comprende?— preguntó al dramaturgo que lo escuchaba en silencio, éste sólo se limitó a asentir para no interrumpir al profesor— En mi habitación me sentí como si viviera en un siglo o más atrás que en 700 ¿Me entiende?

— Sí— masculló Gohan— Es decir, que el lugar es muy importante— concluyó Gohan.

— No sólo importante, es esencial— contestó ante la mirada fija del pelinegro, quien asentía interesado— El resto está aquí— añadió mientras tocaba con sus dedos su propia frente. Gohan bajó la mirada reflexivo— Una tarde, yo estaba tendido en mi cama. Y todo lo que me rodeaba formaba parte del pasado, hasta los sonidos que oía. Y concebí una idea. Y me pregunté: ¿Y si yo trato de hipnotizar mi mente y pienso que no estoy en 782 sino en 382?— narró mientras Gohan abría sus ojos con desmesura— Cerré los ojos y puse esa idea en mi cerebro: Es agosto de 382 y estoy en el Hotel del Mequio y enumeré todos los detalles, repitiéndomelos una y otra vez, y una y otra y una y otra— luego se quedó en silencio con la mirada baja.

— ¿Y?— preguntó intrigado Gohan, el hombre volteó hacia él.

— Pues, no lo sabré nunca— contestó con desesperanza, sentimiento que fue transmitido por Gohan quien bufó decepcionado— Gohan, no he vuelto a hacerlo, y pienso que ya no lo volveré a hacer— expresó categórico el profesor Brief— Me sentí exhausto después— indicó mientras tomaba asiento frente a su escritorio, Gohan le escuchaba serio— ¡Completamente sin vida! Y si de veras sucedió, estuve allí solamente un instante, tan fugaz— expresó, Gohan se le acercó entusiasta.

— Sí, señor, entiendo. Pero ¿Estuvo usted allí?— interrogó más interesado que nunca. Brief bajó la mirada unos instantes pensativo, pronto la redirigió al pelinegro.

— Eso creo— masculló mientras asentía. Gohan se reincorporó sonriendo— Fue imperfecto, lo sé ¿Cómo no iba a serlo? A mí alrededor había objetos del presente, y yo sabía que estaban allí. Ahora… si volviera a intentarlo. Pero oiga, no tengo la intensión de hacerlo. Rompería totalmente con el presente, me aislaría, quitaría todo lo que pudiera recordármelo. Y entonces ¿Quién sabe?— Gohan sólo reflexionaba ante lo explicado por el anciano profesor.


El hombre caminaba con un gran maletín por las calles de aquel pequeño pueblo, leyó nuevamente su pequeña agenda de direcciones, miró de un lado a otro y pudo al fin reconocer las calles que buscaba, pronto se encontró frente a una pequeña tienda y pudo leer en la vitrina "Tienda de Monedas de Baxter", a paso firme entró en el lugar.

— Hola— saludó— ¿Tiene dinero del año 723? ¿Sólo de ese año?— preguntó de inmediato, no tardó en conseguir lo que necesitaba.

Ahora se encontraba en su habitación en el hotel frente a un gran espejo, ante el cual cortaba su cabello con una tijera.

— Ajá… eso es— musitó al notar que su cabello quedaba perfectamente cortado con el estilo propio que modelaba a la sociedad de aquellos años de las primeras décadas de su propio siglo, quiso corroborar que su nuevo aspecto iba bien, observando algunas fotografías de periódicos antiguos— Sí, no está mal— masculló. Pronto se miró ante el espejo, contempló como su corte de cabello se complementaba con su smoking de un claro tono café sobre la cual finas líneas blancas de forma vertical le decoraba, una camisa blanca de cuello diplomático sobre el cual descansaba un moño marrón oscuro le otorgaba el aspecto formal que necesitaba, luego de tomar una bocanada de aire, cogió un sombrero del mismo tono que su traje el cual puso sobre su cabeza. Se miró ante el espejo y se lo quitó en señal de reverencia.

— Que tal señorita Satán, usted aún no me conoce— pronunció sonriendo ante su reflejo, algo en su presentación pareció no gustarle y fue así como volvió a colocar su sombrero para retirárselo nuevamente— Señorita Satán… aún no me conoce, pero lo hará— monologó observando su reflejo, no quiso seguir ensayando para continuar con su plan, y fue así como dejando de manera definitiva su sombrero sobre la mesa que descansaba junto al espejo, caminó hasta un escritorio junto a su cama y encendió una grabadora acercando un micrófono hasta sus labios, aclaró su garganta y empezó a hablar.

— Es el veintisiete de junio del año veintitrés— recién ahora tomó consciencia del tiempo que le dividía de aquel año— Vaya— masculló— Te acuestas en tu cama en el Grand Hotel, son las seis de la tarde del veintisiete de junio de setecientos veintitrés, tu mente lo acepta en absoluto, son las seis de la tarde del veintisiete de junio de setecientos veintitrés. Videl Satán está en el hotel en éste momento, su agente Muten Rochi, está en el hotel en éste momento, aquí, Videl Satán y tú… Los dos están aquí en el mismo momento. Videl Satán y tú están aquí en el Grand Hotel— Gohan escuchaba una y otra vez su propia voz grabada mientras retiraba de su habitación todo indicio del presente. La televisión, cuadros, teléfono, cualquier cosa que le recordara el presente. Pronto tomó las monedas antiguas que había comprado hace unas horas y las guardó dentro de uno de los bolsillos de su chaqueta. Ahora se recostó sobre su cama, la habitación oscura sólo lo tenía a él tendido en ella y su voz desde la grabadora sonando una y otra vez.

Las horas pasaban y seguía sin poder cumplir su objetivo. Abandonó su cama para pasear en la habitación con sus ojos cerrados, regresaba a la cama, se sentaba sobre ella, repetía lo que la grabación decía, sin embargo no conseguía nada.

— ¡Diablos!— prorrumpió mientras apagaba la grabadora. Paseó unos instantes junto a su cama, miró con el ceño fruncido el objeto que antes reproducía su voz, caminó lentamente hasta él y suspiró intentando recobrar la calma, volvió a reproducir su grabación.

No hay dudas en tu mente. Ahora, a las seis de la tarde del veintisiete de de junio de setecientos veintitrés. Tú lo sabes ¡Lo sabes! Lo aceptas totalmente. Sabes que es así, lo sabes. Videl Satán ¡Tiene que suceder! No hay dudas en ti. Cálmate, acéptalo. Sabes que es así. Sabes que va a pasar— a pesar de sus intentos no lo conseguía, ya no tolerándolo más se reincorporó con violencia sobre su cama y apagó la grabadora. Dejó caer su rostro contra su colchón, se sentía exhausto, y es que su persistencia por viajar al pasado realmente agotaba su mente, su rostro se encontraba humectado por el sudor que le bañaba, al igual que sus cabellos que revueltos demostraban sus esfuerzos.

Cambió sus ropas y su peinado para ir una vez más hasta el salón de la historia y así contemplar a aquella joven actriz, al parecer la única manera de viajar al pasado era contemplándole en aquella imagen, su mirada se fijó largos instantes en la fotografía mientras reflexionaba. Una pareja no tardó en ingresar al sitio sacando a Gohan de sus contemplaciones. Éste ahora caminó hasta una vitrina. Copas, tazas, pequeños platos y servicios pudo observar en ella, sin embargo un libro de color rojo oscuro llamó su atención "Grand Hotel. Registro de Invitados" fue lo que pudo leer en sus letras doradas. Entonces una idea fugaz pasó por su mente.

Ya era más de medianoche, sin embargo aquello pareció no importarle, corrió por las afueras del hotel, una pequeña cerca pretendía impedirle su destino, pero con gran habilidad el dramaturgo saltó aquella barrera y continuó de prisa su camino.

— ¡Trunks, Trunks!— llamaba mientras llegaba hasta la casa del mayordomo, se apresuró en llamar a la puerta— ¡Trunks!— al notar que no había respuesta, golpeó la ventana— ¡Trunks, despierte!— exclamó suplicante ahora regresando a la puerta. El mayordomo abrió calmo la puerta— Oh Trunks, siento despertarle, pero… necesito ayuda— expresó delirante— Esas cosas del salón de la historia ¡¿De dónde salieron?! ¿Hay algún almacén?— preguntó desesperado, Trunks le observaba pasivamente— ¡¿De dónde salieron esas cosas?!— interrogó impaciente.

— En la… guardilla señor Gohan— contestó Trunks.

Pronto Gohan llegó al lugar indicado por el mayordomo, con una linterna iluminaba el sitio, cajas, maniquíes, antiguos estantes, baúles, de todo artículo del pasado pudo encontrar, no tardó en encontrar un estantes con libros.

— Vaya— masculló mientras se acercaba hasta ellos, eran libros de registros del hotel— Veamos ahora— pronunció mientras dejaba los libros en el suelo hincándose junto a ellos, buscó en sus costados el año al que correspondía los datos, y no tardó en encontrar el que buscaba— Aquí está— expresó triunfante al leer "723". Le abrió rápidamente buscando primero la fecha en que Videl se habría hospedado en aquel hotel— Videl, Videl, Videl— susurraba mientras buscaba con su dedo índice el nombre de la actriz— Aquí está— pronunció ahora al encontrarla— "Señorita Videl Satán"— respiró aliviado mientras cerraba los ojos, tras lo cual continuó leyendo el nombre de los huéspedes en el hotel. Dio vuelta la hoja para seguir leyendo— Oh, Dios— articuló con asombro al leer "Son Gohan, Capital del Oeste, habitación cuatrocientos dieciséis, 9:18 am"— ¡Yo estuve allí!— expresó con asombro.


Ahora se encontraba nuevamente en su habitación, vestido nuevamente como si estuviera en el año setecientos veintitrés, se tendió sobre la cama y echó a andar la grabadora.

"Son las seis de la tarde, del veintisiete de junio de setecientos veintitrés, no hay dudas en mí"— pudo oír mientras veía pensativo el objeto— Claro— masculló apagando la grabadora para luego dejarla bajo su cama, era un artículo contemporáneo a él, y era probable que su intervención en su auto hipnosis no le estuviera permitiendo viajar al pasado.

Se recostó nuevamente sobre la cama mientras cerraba sus ojos— Cuatro dieciséis, cuatro dieciséis, nueve dieciocho por la mañana— se repetía intentando interiorizar la habitación donde debería despertar— Videl, Videl, Videl, Videl— mascullaba mientras su consciencia se rendía a sus nuevas convicciones— Estuve aquí, estuve aquí, en setecientos veintitrés— pronunció ahora cayendo bajo un profundo sueño, no antes sin dibujar una sutil sonrisa en sus labios…


No tardó en amanecer, los rayos solares que se colaban por la ventana de la habitación de Gohan lograron acabar con sus descansos nocturnos, el joven abrió lentamente sus ojos mientras el galopar y el relinchar de caballos eran el ruido ambiente en las afueras del hotel, algo que llamó poderosamente la atención del dramaturgo. Su visión poco a poco se fue haciendo más nítida, lo primero que pudo apreciar fue una extraña fotografía, la cual no recordaba hubiera estado en su habitación, un extraño dolor en su espalda le obligó a dejarse caer en donde se hallaba, su descanso nocturno parecía no haber sido lo suficientemente reconfortante, fue así como pudo darse cuenta que había despertado sobre un antiguo sillón, se reacomodó en él para examinar su entorno, el decorativo era prueba suficiente.

— Lo logré— susurró mientras se ponía de pie lentamente aún adolorido— Oh, vaya…— articuló maravillado mientras contemplaba la habitación. Pronto miró sus manos como intentando cerciorarse de que no se trataba de un sueño— Lo logré ¡Lo logré! Dios— se apresuró en buscar su reloj de bolsillo y las monedas que había guardado en su chaqueta. Se afirmó sobre un mueble para contemplar su reflejo en un espejo colgado a la muralla. Sin embargo, el sonido de una puerta abriéndose tras él le hizo abandonar su última acción volteando hacia la puerta. La dulce voz de una mujer tarareando una canción hizo a Gohan abrir sus ojos con desmesura, tomó suavemente su sombrero que se hallaba sobre el sofá en el que había despertado y se oculto tras las cortinas de un ropero, dejó un pequeño espacio para ver, y no tardó en aparecer la dueña del canturreo vistiendo ligeras prendas, lo cual hizo a Gohan retirar la vista avergonzado. La mujer caminó hasta una pequeña mesa y vertió whisky en un pequeño vaso de cristal, tras lo cual regresó a su habitación. Aprovechando aquello, Gohan caminó a paso firme hacia la salida, sin embargo al sentir que la puerta principal se abría se detuvo súbitamente abriendo sus ojos con desmesura, su respiración pareció detenerse junto con su andar mientras veía la manilla moverse.

— ¡Maron!— habló el hombre mientras ingresaba a la habitación— He vuelto— anunció mientras abría las cortinas del armario donde hace unos instantes Gohan se había ocultado. Ahora caminó hacia la mujer— ¿Estás lista?—preguntó a la joven mujer.

— No— respondió presuntuosa caminando hacia el otro extremo del lugar. Gohan oculto tras el sofá donde había despertado, observaba en silencio la escena.

— No sé porqué te portas así— expresó contrariado el hombre.

— Claro, ya suponía que no— musitó la mujer regresando a su habitación.

— ¿Y qué debo pensar de ese comentario?— inquirió el esposo de Maron.

— Lo que quieras Krillin, lo que quieras— contestó con molestia la mujer, el hombre calvo siguió a la mujer hasta la habitación. Gohan se dispuso a ponerse de pie para abandonar el lugar aprovechando la ausencia de la pareja, sin embargo no tardaron en regresar.

— ¿Vas a portarte así cada vez que me fije que existe una mujer que no seas tú?— preguntó calmo en hombre.

— ¿Qué te fijas que existe? Eso no describe lo que haces con ellas— refutó la mujer de cabellos turquesa.

— ¿Qué hago con ellas?— pronunció con asombro Krillin.

— Ya no me quieres— expresó entristecida.

— Oh… Maron— masculló el hombre mientras negaba con la cabeza.

— Me acostaré un rato— anunció la mujer mientras se retiraba hacia su habitación.

— Oh, gran idea— pronunció Krillin.

— Gran idea— repitió Gohan desde su ubicación.

— Te lo advierto, no quiero más discusiones…— expresó Krillin mientras seguía a la mujer a la habitación, Gohan ahora aprovechó para salir del lugar, la pareja no tardó en regresar, siendo Krillin quien logró sentir como la puerta principal se cerraba. Éste se apresuró en salir a averiguar quién había cerrado la puerta, el dramaturgo mientras escapaba sintió que alguien salía del cuarto, fue así como en una rápida decisión volteó para fingir que recién ahora pasaría por aquella puerta.

— Discúlpeme— Krillin detuvo a Gohan— ¿Vio a alguien intentando entrar aquí?— preguntó amablemente.

— Sí— respondió apresuradamente— Un joven que iba por ahí— añadió señalando el pasillo.

— Diablos, debo informar eso— musitó dirigiendo la mirada al dramaturgo, quien hizo una reverencia apresurado.

— Será mejor… Yo lo hubiera informado de saber que…— expresó mientras el hombre reingresaba a su habitación y cerraba la puerta enérgico en su cara. Gohan ahora respiró aliviado.


Gohan caminaba por los pasillos del hotel, mientras ensayaba su presentación.

— Hola señorita Satán, no me conoce. Hola señorita Satán— monologaba mientras leía el número de las habitaciones— Señorita Satán, he viajado sesenta y ocho años ¿Puedo hablarle?—decía ahora frente a una puerta. Su corazón comenzó a golpear con energía, aclaro su garganta tras lo cual llamó a aquella puerta con el número ciento diecisiete.

— Dígame señor— pronunció amable una mujer que aparecía tras el umbral.

— Señora— pronunció— ¿Está la señorita Satán?— inquirió. La mujer bajó la mirada.

— No, ella no está aquí— articuló mientras comenzaba a cerrar con sutileza la puerta, Gohan le detuvo del mismo modo.

— ¿Quiere decirme dónde está?— preguntó ahora.

— Lo lamento, no lo sé señor— contestó cerrando ahora la puerta.

Habiendo fracasado en su primer intento de encontrar a la joven actriz, Gohan caminó hasta el vestíbulo, no tardó en ver con asombro la gran cantidad de personas que pasaban por el lugar, cada vez estaba más convencido que había viajado sesenta y ocho años en el tiempo, el modo de vestir de los huéspedes y la música que sonaba de fondo se lo decía. No pudo evitar sonreír. Observó con detenimiento la infraestructura del sitio, todo evidenciaba que era el año setecientos veintitrés. Caminó entre la gente, unos niños jugaban con un enorme balón rojo, éste casi alcanza a Gohan, sin embargo alcanzó a atraparlo. Sonrió a quien se lo había lanzado y se preparó para devolvérselo, sin embargo una voz desde la recepción le detuvo.

— ¡Trunks!... Aquí no— su padre habló al dueño de aquel balón— Siéntate— añadió mientras Gohan se acercaba curioso al pequeño niño. Se hincó ante él sonriendo.

— ¿Eres Trunks?— preguntó amablemente al niño de cabellos lilas.

— Sí, señor— contestó el pequeño. Gohan abrió sus ojos con asombro y bajó la mirada reflexivo mientras asentía al recordar lo que aquel mayordomo le relataba cuando había llegado al hotel.

— "Yo vine con mis padres cuando tenía cinco años. Mi padre trabajaba aquí. Yo solía jugar con una bola en el vestíbulo, él se ponía furioso, a veces no sé como llegué a viejo"— recordó. Y entonces pudo darse cuenta que cuando aquel anciano le preguntaba si se habían conocido, no estaba equivocado.

— Aquí tienes— articuló mientras le devolvía su balón.

— ¡Trunks!— su padre volvió a hablar. Tanto el dramaturgo como el infante le miraron— Aquí no— repitió el hombre— "Sabandija desobediente"— pensó al notar que su hijo aún no acataba su orden. Gohan recogió sus hombros sonriendo, acción que fue imitada por el pequeño de ojos turquesa, quien caminó resignado hacia la parte baja de la recepción para sentarse sobre su balón y ahí se quedó inmóvil. Gohan ahora recordó su objetivo, y se apresuró en dejar el lobby.


Ahora llegaba hasta el teatro, lo primero que pudo ver fue un gran cartel que anunciaba la función que se presentaría "Muten Rochi presenta a la famosa actriz de Orange Star, la señorita Videl Satán protagonizando Sabiduría del Corazón, viernes veintiocho de junio de setecientos veintitrés a las ocho con treinta de la tarde". Gohan no pudo evitar sonreír al leer el nombre de la joven.

Ahora entró al teatro, pronto pudo notar que algunos actores ensayaban la presentación del día siguiente, se aproximó al escenario a paso sigiloso. Pronto llegó hasta dos hombres quienes bajo el escenario discutían sobre la decisión de Rochi de partir del hotel tan pronto como acabara la obra el día siguiente.

— Si está tan ansioso de irse de aquí, que ayude a desmontar— gruño uno de ellos, Gohan se quitó su sombrero para hablarles.

— Perdonen… ¿La señorita Satán?— inquirió con sigilo.

— Diga lo que quiere decirle y yo se lo diré— contestó prepotenteuno de ellos. No era la respuesta que el dramaturgo esperaba, fue así como se acercó hacia el escenario, donde algunos actores ensayaban parte de la obra junto a su director.

— Disculpen— pronunció. Los actores le observaron seriamente— Lamento molestar, pero ¿Saben dónde está la señorita Satán?— preguntó amablemente mientras sonreía ansioso por una respuesta. Quien dirigía la obra le observó unos instantes, tras lo cual volteó la mirada a los actores.

— Muy bien, volvamos al comienzo… al mismo comienzo— pronunció mientras la sonrisa se borraba del rostro de Gohan, al parecer encontrar a la joven no sería tan sencillo como imaginaba.

Ahora caminó hasta los camarines, seguramente allí la encontraría ¿Cómo no lo había pensado antes? Se cuestionó mientras negaba con la cabeza mientras sonreía. Tras lo cual volvió a ensayar.

— ¿Puedo hablarle señorita Satán? Eh… ¿Puedo hablarle yo?— repetía. Pronto se encontró frente a la puerta de un camarín, al verse ante ella, aclaró la garganta— Señorita… Sí, Videl… yo— formuló mientras acariciaba su nuca— Señorita Satán, buenas tardes señorita— no dejaba de repetir, quería encontrar las palabras perfectas para hablarle a la joven actriz. Ahora más decidido, llamó a la puerta. Sonrió jubiloso al ver que ésta no tardaba en abrirse, sin embargo sus ojos se abrieron con desmesura al ver quien le recibía.

— Eh… yo— formuló con dificultad al ver a una anciana mujer de cabellos rojos, cuya voluminosa silueta se acercaba insinuante hasta él.

— ¿Te ruborizas? ¿No habías visto nunca a una actriz tan bonita como yo?— interrogó posando sus manos en su cintura mientras reía divertida y le lanzaba algunos besos con sus excesivamente rojos labios al dramaturgo, éste tomó su cabeza avergonzado.

— Yo busco a la señorita Satán— pronunció amable.

— Oh… debe estar de paseo junto al lago— respondió la anciana colorina.

— ¡Gracias!— agradeció, tras lo cual se apresuró en caminar hacia aquel lugar.

Pronto estuvo fuera del hotel, desde allí exploró con su mirada el lago, la presencia de innumerables árboles rodeándole le dificultaban la búsqueda de la muchacha, sin embargo no tardó en reconocer una delicada silueta caminando en aquel bosque.

Gohan abrió sus ojos con desmesura y se apresuró en caminar en su dirección. A medida que se acercaba sus pasos se hacían más pausados, sigilosos, incluso tímidos. La hierba que alfombraba el pequeño bosque hacía imperceptible su andar, la joven silenciosa observaba las aguas cristalinas del lago mientras la suave brisa hacía bailar sus finos cabellos que se negaban en ir junto al resto recogidos en su moño.

Después de unos instantes la joven continuó su paseo. Gohan le siguió lentamente, ella estaba tan cerca, después de tantos esfuerzos por fin la encontraba, al pensar en ello sintió su pecho abultarse mientras respiraba con gran profundidad. La actriz se detuvo para acariciar la corteza de un enorme árbol, pudiendo advertir prontamente la presencia del dramaturgo, quien al notar que le observaba sonrió maravillado sin detener su andar. Mientras más se acercaba, más convicción tenía de que era realmente ella, la joven mujer cuya belleza pareció dejarle cautivo en aquel retrato, aquella mujer que la noche en que dejaba el mundo terrenal iba hasta él para pedirle que regresara a ella, aquella mujer por la que inexplicablemente sentía los latidos de su corazón agolparse uno tras otro en su pecho. Sin duda era tan bella, o quizás más que en la fotografía.

Videl le observó en silencio serenamente con una mano delicadamente posada sobre la corteza de aquel árbol. Gohan siguió acercándose sin quitar sus ojos negros del rostro de aquella bella mujer, sus hermosos ojos azules obligaban al muchacho a contemplarle con insistencia. Pronto estuvo frente a ella. Había practicado tantas veces que debía decir al encontrarse con Videl, sin embargo no lograba articular palabra alguna, simplemente no sabía qué decir, entonces fue la joven quien rompió con la silenciosa atmósfera que les rodeaba.

— ¿Eres tú?— preguntó ilusionada.

Continuará


MUCHAS GRACIAS POR LEER, ESPERO SEA DE SU AGRADO

Reviews:

Iloveyoutrunks: Hola! Bueno, es totalmente válido que no haya sido de tu total agrado. Sin embargo aquí dejo la continuación, es de esperar que te animes a leerla y lo que hace que te resulte extraña, termine por darle el sentido que quizás no le hayas =) . Saludos y gracias por comentar.

LDGV: Hola! Me da mucho gusto que te haya gustado el primero capítulo, es la primera vez que intento algo con Universo Alternativo y quise hacerlo de ésta manera. Espero no decepcionar tus expectativas. Saludos y muchas gracias por comentar :)