En Algún Lugar del Tiempo

Capítulo #4


Videl entregada a la novedosa emoción que experimentaba en aquel instante, escurrió sus finas manos enguantadas por el cuello de Gohan, al cual se aferró mientras correspondía a las caricias regaladas por Gohan con sus labios. Pero ¿Qué más podía hacer? ¿Por qué evitarlo? Si tal como Rochi se lo había confirmado, él llegaría a su vida, y tal como aquella misteriosa anciana, se lo habría predicho un tiempo antes…

Era una bella noche de verano. La frescura de la brisa, hacía a los cabellos negros de Videl bailar sobre su rostro adolescente. Esta era su primera gira con la compañía teatral a la cual pertenecía. Su popularidad era tan escasa como el público que concurría a sus presentaciones, y es por ello que habían decidido partir de Orange Star para presentar su trabajo en lugares donde quizás, la expectación por la novedad que podrían despertar, pudiera dar a aquella compañía el reconocimiento del que carecía.

Ahora se detenían en un pequeño pueblo a descansar luego de la presentación en una de las tantas ciudades por donde habían pasado.

La adolescente de ojos azules, joven aún entre sus compañeros, quiso alejarse un momento del ambiente pesimista que impregnaba el ánimo de los más experimentados, parecía ser la más optimista entre ellos. Todos justificaban aquel ánimo de la muchacha en sus cortos dieciséis años, los cuales la dotaban de un supuesto surrealismo y sueños absurdos deficientes de realidad.

Ahora la chica caminaba por el pueblo dejando en el olvidándose del pasar del tiempo. Con sus manos cruzadas bajo su pecho paseaba en medio de la actividad nocturna del lugar. La luna iluminaba con su naturalidad el sitio, el que además era apoyado por algunas antorchas que bordeaban el camino. El relinchar de un caballo amarrado en un poste a las afueras de una cantina llamó momentáneamente la atención de la ojiazul, quien no tardó en olvidarlo al voltear hacia su derecha, donde pudo ver a la distancia como varias casitas eran solidariamente alumbradas por varias fogatas, mientras sus habitantes entre bailes primitivos compartían las carnes de algunos terneros que quemaban al calor de una de las tantas fogatas. Videl les observó un rato, le llamó poderosamente la atención cómo a pesar de ser un gran grupo, podían permanecer todos tan unidos y disfrutar tan intensamente de cosas tan pequeñas. Para ella nada era así. A pesar de que vivía del teatro, lo que sin duda amaba, se sentía vacía. Y es que siempre esperó poder luchar en equipo por triunfar, sin embargo se encontraba en medio de una nebulosa de desesperanza que limitaba sus anhelos. Si deseaba exteriorizar sus triunfos, estos debían ser inevitablemente de gran alcance, para no recibir palabras desalentadoras de sus mayores.

Pronto su mirada aventuró por el resto de aquel pequeño aglomerado de viviendas, pero una en particular llamó su atención, una distante al resto. Ni siquiera podía llamarle casa, era una carpa de enigmático color oscuro. La tenue iluminaria interna, el silencio que le rodeaba y el humo que se escapa por sus aberturas hicieron pensar a Videl que aquella carpa era víctima de un incendio, y fue así como se apresuró en llegar al sitio para socorrer a quien pudiese encontrarse en ella.

El sobresalto llevó a la joven actriz a estar prontamente ante la carpa, sin titubear se adentró en ella, los segundos podían ser valiosos para quien pudiese estar ahí.

¿Hay alguien aquí?— preguntó entre jadeos mientras entraba a la carpa, sin embargo no encontró más que silencio. Vio de un lado a otro, no tardó en darse cuenta que el fuego no se había ensañado con el sitio. La tenue iluminaria que había observado desde las afueras correspondía a algunas largas velas de distintas tonalidades que se alzaban sobre una mesa. El humo que pudo ver, correspondía a algunos inciensos que acompañaban a las velas y algunas extrañas hierbas que se quemaban serenamente entre las velas y los inciensos.

"Parece un altar"— pensó asombrada la muchacha mientras se acercaba a paso sigiloso a la mesa. Se detuvo a inhalar el residuo de lo que se quemaba, la extraña mezcla de hierbas e inciensos pareció aturdir a la actriz, quien agitó rápidamente su cabeza para alejar su efecto.

¿Qué haces aquí jovencita?— una tétrica voz a sus espaldas la hizo saltar del espanto. Videl volteó rauda, encontrándose con una misteriosa anciana, de cabellos lilas que caían en una melena hasta sus hombros que además era transportada por una bola de cristal. La ojiazul le observó en silencio confuso unos segundos.

Yo… creí que era un incendio— formuló con dificultad mientras veía a la anciana acercarse sobre su bola. Una vez frente a la muchacha le miró fijamente a los ojos, la joven le veía temerosa. La longeva y hostil mirada de la anciana lograba inquietarla. Ahora esta examinó su carpa, y pudo constatar que sus inciensos y hierbas humeaban en exceso.

Tienes razón, creo que me descuidé— articuló la mujer mientras se sentaba frente a su mesa— Te agradezco por haber querido ayudar— pronunció seria, Videl sólo asintió— Ahora acércate— indicó extendiendo sus cortos brazos.

¿Qué dijo?—masculló temerosa la actriz.

Ven, no te haré daño muchacha, sólo te daré las gracias con lo único que puedo— expresó la anciana. La joven tragó algo de saliva, tras lo cual a paso cuidadoso caminó hacia la mujer— Muy bien, siéntate frente a mí— indicó. La ojiazul obedeciendo dubitativamente se halló frente a la anciana, el humo de los inciensos y hierbas no le dejaban verle con nitidez— Ahora dame tu mano— dijo ahora mientras tomaba la mano de la chica, esta sintió un escalofrío recorrer su cuerpo al notar la frialdad de la mano de su interlocutora, quien se apresuró en mirar la palma de su mano.

¿Qué hace?— inquirió con sobresalto la joven. La anciana examinó en silencio la mano de la muchacha.

En este momento no tienes grandes satisfacciones, jovencita— pronunció la mujer— Te sientes rodeada de personas que no tienen las mismas esperanzas que tú ¿No es así?—Videl abrió sus con asombro, lo que decía aquella extraña mujer le hacía sentido, entonces se apresuró en asentir— Pero en tu futuro veo dos hombres. Sí, dos hombres. Y ambos serán de mucha importancia en tu vida— Videl la observaba contrariada— Uno de ellos, te llevará a la cumbre, será con quien te podrías hacer toda una estrella— indicó— Y el otro, al que conocerás a los veinticinco años de edad, será el amor de tu vida— añadió, Videl frunció el seño confundida— Pero cuidado, ese hombre puede hacerte muy feliz, pero también te llevará a la ruina— la muchacha arrebató su mano a la anciana mientras se ponía rápidamente de pie.

¡¿Quién es usted?!— preguntó molesta.

Uranai Baba, y puedo decirte mucho de lo que pasará en tu vida si así lo quieres— expresó la anciana serenamente desde su lugar.

¡Usted está loca!— prorrumpió Videl negando con la cabeza para luego retirarse del lugar.

Sin embargo lo que en aquel momento le habían parecido el delirio de una anciana demente, terminaba siendo verídico.

Primero el hombre que la llevaría al éxito, Muten Rochi tan sólo dos meses después de aquel encuentro con Uranai Baba, aparecía para convertirla en una actriz de renombre. Y ahora, a sus veinticinco años, de pronto llegaba hasta ella aquel hombre que la anciana vidente le había anunciado. Entonces ¿por qué reglamentarse al tiempo? Hacerlo no sería más que insólita vanidad. Vanidad que le podría hacer perder la oportunidad de ser feliz. Todo parecía cumplirse tal cual Uranai lo anunciaba, y como Muten Rochi también lo confirmaba.

Todo.

Si todo se estaba cumpliendo, había algo que Videl estaba pasando por alto.

"Pero cuidado, ese hombre puede hacerte muy feliz, pero también te llevará a la ruina"— aquellas palabras repentinamente comenzaron a repetirse una y otra vez en la cabeza de Videl, pero ella intentaba bloquearlas. Gohan parecía inofensivo, no había nada en él que podría hacerle daño, era sin duda una tontería.

Tonterías.

Fue lo mismo que pensó cuando la anciana le anticipó su futuro, pero ahí estaba, viviendo todo al pie de la letra ¿debía ser aquella última frase acaso la excepción? Un repentino temor invadió a la joven actriz, quien de manera rauda se escapó de los brazos y labios de Gohan.

— ¡No!— exclamó mientras le lanzaba una gran bofetada, el dramaturgo le observó sorprendido unos instantes. Videl al instante pudo sentir la voz interna del arrepentimiento en su interior, sin embargo no doblegó su actuar— Por favor, no insista. No quiero que me siga molestado— expresó mientras le daba la espalda.

— Pero Videl…— susurró. El llamado a la puerta de la habitación interrumpió el diálogo.

— Satán— la voz de Rochi se oyó tras de ella— ¿Satán?— repitió en anciano. Videl abrió sus ojos con asombro a la vez que se alejaba lo suficiente de Gohan.

— Adelante— pronunció. Su representante no tardó en entrar, observando con desagrado la presencia de Gohan.

— Creo que debe irse— pronunció de modo hostil el anciano al dramaturgo.

— ¿Esperaste todo este tiempo que volviéramos?— preguntó contrariada la actriz.

— No es momento para discutir— espetó Rochi mientras caminaba hacia Videl.

— ¿Esperaste?—repitió la joven.

— Sí ¿te sorprende?— contestó el anciano.

— Nuestra relación es de negocios— discutió Videl.

— ¿Sólo de negocios?— cuestionó irónico el anciano ante un Gohan que permanecía como silencioso espectador.

— Sólo estoy contigo como actriz, señor Rochi— expresó duramente la ojiazul, el anciano parecía no entender aquello a pesar de los nueve años de trabajar juntos— No soy un limpiapiés ¡No limpies tus botas en mí!— exclamó irritada. El anciano abrió sus ojos con desmesura. Gohan bajó la mirada inquieto, pensó que lo mejor era dejarlos solos para que pudieran aclarar las cosas, entonces se dispuso a iniciar su marcha. El anciano representante de Videl le observó con desdeño cruzar el umbral, tras lo cual redirigió su mirada a la actriz.

— ¿Exceso con control, Satán?— preguntó Muten mientras alzaba una ceja. La joven le observó frunciendo el ceño— ¡Cómo no!— exclamó molesto retirándose de la habitación. La actriz se dejó caer derrotada sobre un sofá.


El día avanzó, y el descanso de Videl se vio estropeado por el tormento de sus disyuntivas. No dejaba de pasearse de un lado a otro de la habitación, ya caía el crepúsculo y la hora de la obra se acercaba, pero aquello se hallaba en la parte final de la lista de sus cavilaciones. Gohan la encabezaba. No podía evitar sentir crecer en su pecho el sentimiento por aquel joven, pero tampoco podía renegar el temor que sentía por la parte final de la predicción tanto de Rochi como de Uranai Baba.

Pronto alguien llamó a la puerta, sin embargo no fue hasta la tercera llamada que Videl cayó en cuenta de ello.

— ¿Quién es?— inquirió tras aclarar la garganta.

— Soy Gohan ¿Podemos hablar?— contestó desde el otro lado el dramaturgo, la ojiazul abrió sus ojos con asombro.

— ¿Gohan?— susurró, se apresuró en abrir la puerta— ¿Ahora qué quiere?— preguntó con forzosa molestia.

— Necesito hablar contigo— contestó el pelinegro.

— Ya le dije que…

— Vengo a despedirme— interrumpió mientras su rostro se tornaba grave. Videl le observó con asombro.

— ¿Qué dijiste?—formuló perpleja.

— Que me voy. Ya no tengo nada que hacer aquí. Hice lo que pude, pero ya no puedo hacer nada— contestó el dramaturgo bajando la mirada.

— Pero… no es necesario que te vayas ¡No es justo que lo hagas! No por mí— replicó contrariada la ojiazul.

— Vine hasta aquí por ti, ya nada me detiene— expresó Gohan.

— Y… ¿Cuándo te irás?— inquirió Videl con disimulada curiosidad.

— Pronto. Sólo debo solucionar algunas cosas para poder partir— contestó firmemente. Los ojos de Videl comenzaron a vibrar angustiados, el deseo de detenerle se ahogaba en su garganta ante el freno que las palabras de la anciana y de Rochi que le atormentaban.

"Pero cuidado, ese hombre puede hacerte muy feliz, pero también te llevará a la ruina"— la actriz tomó una bocanada de aire mientras prolongaba su mano derecha.

— Que tenga buen viaje— pronunció escuetamente. Gohan abrió sus ojos con asombro, realmente esperaba que ante ello la joven se mostrara más sensible, pero al contrario, su dureza parecía acentuarse.

— Gracias— contestó el dramaturgo correspondiendo mientras tomaba la mano de la joven para despedirse— Fue un gusto conocerla, señorita Videl— expresó mirándole fijamente a los ojos— Adiós— se despidió mientras volteaba. La ojiazul le vio desaparecer por el pasillo mientras su mirada angustiada se llenaban de lágrimas.


Después de mucho pensarlo, Gohan entró en el teatro del Grand Hotel. Por más que lo evitara, necesitaba verla por última vez, tan sólo una vez y nada más. Después de eso ya no la seguiría más. Gohan ya había caído en cuenta que la joven no le quería tanto como él a ella, así que respetaría su decisión, pero necesitaba verla una vez más. Fue así como buscando un lugar en medio del teatro, se sentó para ver la función. La expectación por ver a la actriz en el hotel era enorme, lo cual quedaba retratado en la completa ocupación del teatro por sus huéspedes. Los comentarios entusiastas eran el bullicio general, Gohan observaba maravillado aquello, se notaba a leguas que lo relatado por las biografías sobre Videl, no exageraban al definirla como una célebre actriz.

Prontamente el sonido de la orquesta dando inicio a la función logró silenciar al auditorio, quien no tardó en fijar su mirada hacia el escenario.

El telón carmesí subió, dejando a la vista la escenografía de lo que parecía un gran cuarto de oficina, el cual era aseado por una empleada, quien aprovechaba sus labores para leer uno de los libros que descansaba en la estantería. La repentina llegada de Videl al lugar, le hizo abandonar su distracción de sobresalto para retomar de manera rigurosa su labor. Gohan al ver a la actriz entrar en escena se acomodó sobre su asiento mientras respiraba hondamente e imitaba al público que aplaudía a la joven.

— Buenas noches, señorita— la empleada saludaba sonriente a Videl, quien se movía inquieta por la oficina sacudiendo su abanico.

— ¡No son buenas, son muy malas!— contestó malhumorada continuando su paseo inquieto— No bajaré esta noche— añadió mientras era ayudada por la empleada a quitarse un abrigo negro, para dejar a la vista un bello vestido blanco con brillantes del mismo tono que moldeaba sutilmente su figura. Gohan no tardó en reconocer el mismo vestido que Iresa le había enseñado en su colección de teatro.

— ¿Qué ocurre, señorita?—inquirió curiosa la empleada.

— Comí con un hombre con quien mi padre quiere que me case— contestó la ojiazul.

— ¿El banquero?— cuestionó sonriente la mujer.

— Con el banquero, sí— pronunció molesta, Videl— ¡Sesenta y siete años, un metro de altura y doscientos kilos de peso!—añadió molesta mientras lanzaba sobre su escritorio el abanico tras lo cual se sentó junto al mueble. El público se largó a reír ante el dialogo en escena.

— Pero tiene dinero, señorita— alentó la empleada.

— ¡Y no deja que nadie lo olvide!— articuló Videl haciendo una pausa reflexiva— Me asombra que tenga deseos de casarse… Ya está casado con su dinero— el público nuevamente rió, entre ellos, Rochi quien veía la obra desde un costado del escenario sobre su sofá.

— Quizá no sea tan malo señorita. Debe haber algo de él que le guste ¿No?— preguntó pícara la mujer.

— Sí, su ausencia— contestó escuetamente. Las risas envolvían el teatro, Gohan también lo hacía desde su lugar. Pronto las risas acabaron para retomar la atención hacia el escenario, la mirada de Videl se tornó vaga— El hombre de mis sueños casi se esfumó ya— pronunció acongojada, la empleada le observó con extrañeza, el resto de los actores y libretistas voltearon sus miradas hasta Videl.

— ¿Y qué hombre es ese señorita?— formuló de forma improvisada la empleada.

— Uno que he creado en mi mente— contestó, pronto se puso de pie— La clase de hombre, con la que sueña toda mujer en lo más profundo de su corazón—añadió mirando a la muchedumbre— Casi puedo verle frente a mí— pronunció posando sus ojos en Gohan, quien atontado e incrédulo observaba a quienes le rodeaba.

"¿Me está hablando a mí?"— se cuestionó vacilante, regresó su mirada al escenario, y notó que la ojiazul le seguía contemplando.

— Pero ¿Qué le diría si realmente estuviera aquí?—agregó a su diálogo la actriz ante una inquieta sirvienta que permanecía en silencio— Perdóname. Nunca había sentido esto. Viví sin ello toda mi vida ¿Te parece extraño que no te reconociera?— Gohan le contemplaba embelesado— Tú me hiciste sentir por primera vez ¿Hay algún modo de decirte cómo cambiaste mi existencia? ¿Algún modo de hacerte saber la dulzura que me diste?— la joven no quitaba su mirada del pelinegro, quien poco a poco se iba convenciendo de que todo aquello era para él— Tengo mucho que decirte, y no encuentro las palabras, excepto estas— expresó. Gohan comenzó a dibujar una sonrisa que se hacía cada vez más pronunciada en su rostro— Te amo— articuló sonriendo. La embelesada sonrisa de Gohan desapareció instantáneamente mientras que el asombro se adueñaba de su expresión— Así se lo diría a ese hombre, si realmente estuviera aquí— concluyó Videl buscando ahora a la sirvienta. El aplauso del público no tardó en aparecer. Rochi se puso rápidamente de pie, y furibundo se retiró del sitio ante la mirada curiosa de los actores que eran testigo de su ira.

Las cortinas no tardaron en cerrarse anunciando el fin de la escena, y prontamente volvieron a abrirse mostrando a la joven actriz para recibir los aplausos del público. Gohan al verla nuevamente, se puso de pie, el resto de los espectadores le imitaron al instante. La ojiazul hacía sutiles reverencias en agradecimiento a quienes aplaudían. No tardó en encontrarse con la mirada de Gohan, le sonrió de manera cómplice, el dramaturgo devolvió el gesto aliviado. Al parecer, a pesar de la variación en el diálogo de la actriz, todo salía bien.

Luego las cortinas se cerraron de manera definitiva para alistar el segundo acto.

— ¿Qué diablos estabas haciendo?— el director de la obra se apresuró en reclamar a Videl una vez cerrado el telón.

— Nada— contestó casual la ojiazul.

— ¡¿Nada?! Escribiste otra primera escena— recriminó el hombre.

— Pero la llevé otra vez al principio— pronunció de manera indiferente mientras caminaba hacia los vestidores.

— Espera un momento, hay que tomar esa fotografía— dijo ahora el hombre.

— Oh… muy bien, pero tengo que cambiarme— expresó la actriz mientras se apresuraba en sentarse en una banca frente a la cámara.

— Será sólo un momento— indicó el fotógrafo— Señorita Satán, una sonrisa— pidió el hombre, la mujer jugando con una gran pluma blanca posó mirando el cielo con elegancia— Muy bien, así está bien— aprobó el fotógrafo acercándose a la cámara— Una sonrisa, por favor— repitió, la mujer volvió a posar— Oh, no, no. Así no ¿Puede usted pensar en algo que sea muy bueno o…?— en aquel momento Gohan llegaba al lugar, Videl posó sus ojos en él mientras sonreía dulcemente— ¡Sí, así está bien!—pronunció el fotógrafo. El dramaturgo le observó maravillado, la manera en que la joven le miraba y le sonreía, era tal cual aparecía en aquel retrato que pudo ver en el salón de la historia. No podía creerlo, aquella dulzura, belleza y elegancia que tanto había admirado en su expresión en aquel retrato había sido presenciado por él, no podía articular palabra alguna mientras le contemplaba fascinado.


El segundo acto había dado inicio, aquel hombre de cabellos negros permanecía maravillado sumido en sus pensamientos, Videl aún no volvía a aparecer en escena, por lo que no prestaba mayor atención a lo que allí ocurría. Sin embargo un guardia acabó con las tranquilas reflexiones de dramaturgo.

— Señor Gohan— pronunció mientras tocaba cuidadosamente uno de sus hombros, sin hallar respuesta— Señor Gohan— reiteró un poco más firme, recién ahora el pelinegro reaccionó a su llamado— Para usted— dijo ahora el hombre mientras le entregaba un sobre, el dramaturgo algo confundido lo recibió. Se apresuró en abrirlo para ver su contenido.

"Señor: Debo hablarle enseguida. Es algo de vida o muerte, no me falle. Lo espero en la glorieta atrás del teatro. Rochi"

El pelinegro se apresuró en concurrir al lugar de encuentro, allí se encontró con un reflexivo Rochi.

— ¿Tiene usted idea de cuántos años llevo con la señorita Satán?—se apresuró en preguntar el anciano sin siquiera voltear a ver al dramaturgo. Este le observó en silencio unos instantes.

— Desde marzo de 714— contestó calmo.

— Marzo de 714, eso es correcto— pronunció Rochi girando la mirada hostilmente hacia Gohan— Ella tenía dieciséis años. La vi en aquel oscuro escenario, en una patética comedia. Y ella estaba radiante. En unos pocos segundos comprendí lo que en su futuro iba a ser— Gohan sea acercó sigilosamente.

— ¿La señora Rochi?—preguntó irónico.

— ¿Acaso usted cree que yo la moldeé con un esmero total? ¿Que la cuidé con empeño? ¿Le enseñé todo y la desarrollé todos estos años para que fuera mi esposa?— preguntó fuera de sí mientras se ponía de pie ofendido por la suposición del dramaturgo.

— ¿Para qué?—preguntó entonces el pelinegro.

— Para verla una estrella— contestó firmemente el anciano, Gohan frunció su ceño suspicaz— ¡Sólo una persona de su poca madurez, puede pensar que mi pasión por esa mujer sea sólo física!—expresó enardecido Rochi— ¿No puede comprender que ella lleva dentro de sí todo lo necesario para ser la mejor actriz de su generación?— cuestionó indignado, Gohan bajó la mirada pensativo, se sentía realmente mal por haber intuido dobles intensiones en el anciano hacia Videl.

— Debe disculparme, ahora le entiendo, sólo tiene las mejores para ella— expresó seriamente el pelinegro.

— ¿Entonces?— inquirió el agente alzando una ceja.

— Pero yo también— se apresuró a decir, el anciano abrió sus ojos con asombro— Claro que seguirá actuando, y continuará creciendo y será finalmente cuanto quiera usted para ella— expresó el dramaturgo.

— ¿Con usted a su lado?— Rochi se anticipó amargamente a lo que creía que Gohan diría.

— Sí. Conmigo a su lado— confirmó el joven mientras asentía calmo.

— Jamás— sentenció categórico el agente, Gohan abrió sus ojos con desmesura.

— ¡Por Dios! Cree usted ser su dueño— espetó perplejo, Rochi sonreía victorioso.

— Sé quién es usted. Tan pronto llegó me di cuenta de su identidad. Y quiere destruirla— expresó seguro el anciano mientras le veía de manera hostil.

— Oh, usted está loco— musitó el pelinegro, tras lo cual emprendió el camino de regreso al teatro. Sin embargo un dueto criminal le abordó en su camino para golpearle brutalmente.


La presentación había terminado, los actores recibían la ovación del público mientras hacían gentiles reverencias, el telón no tardó en bajar, y aquella joven de ojos azules caminó de prisa hacia uno de los costados del escenario en búsqueda de su doncella.

— ¿Lo encontraste?—preguntó de prisa.

— No señorita— respondió la mujer.

— ¿Fuiste a su cuarto?

— No estaba— entraron rápidamente al camarín de la joven.

— ¿Qué dijeron abajo?—continuó su interrogatorio Videl mientras se quitaba el sombrero blanco de una pluma negra frente al espejo.

— No lo han visto.

— ¿No dejó un mensaje?

— No, lo lamento.

— Esto es incomprensible ¿Qué le pudo pasar?—se cuestionaba inquieta la ojiazul— Mary, ayúdame a cambiarme— pidió ahora mientras corría al guardarropa. El repentino llamado a la puerta interrumpió aquella acción— Aguarda Mary— pronunció la actriz apresurándose en ir a la puerta, al abrirla se encontró desilusionada con la figura de Rochi. Sin decir nada volteó de regreso a la habitación, su doncella salió para dejarles hablar tranquilos.

— Tu actuación en el primer acto, creo que fue… un tanto excéntrica— expresó el anciano.

— ¿Dónde está él?—preguntó enseguida la joven— ¿Qué le hiciste?— no podía evitar dejar caer sus sospechas sobre su agente, desde el primer instante había notado el recelo que Gohan despertaba en él, y conociéndolo desde ya casi diez años, sabía de lo que era capaz.

— No le hice nada, Satán— contestó calmo, Rochi— Pero creo que se fue— añadió fríamente— Eso es todo.

— No comprendo— pronunció suspicaz la ojiazul.

— Se fue del hotel, y de tu vida— sentenció.

— No lo creo— expresó firmemente la actriz mientras se sentaba frente a su espejo.

— Debo confesar que era más atractivo que otros que conocíamos en el pasado, tú y yo. Y quizás un poco más sincero— comentó casual el anciano mientras se sentaba sobre un sofá.

— ¿No era de él de quien hablabas?—interrumpió Videl. El anciano le contempló en silencio unos segundos.

— No— respondió escuetamente.

— ¿Te equivocaste, ah? Te equivocaste— pronunció mientras sonreía con desdén, tras lo cual guardó silencio unos segundos— Lo amo y él va a hacerme muy feliz— expresó— ¿Lo entiendes? Lo amo— enfrentó al anciano.

— ¿Qué importa que lo ames? Ya se ha ido— refutó.

— Lo encontraré, Muten. Y no intentes detenerme— concluyó Videl— Y ahora con permiso, voy a cambiarme— las palabras fueron prontamente entendidas por el anciano.

— Oh, como no— articuló mientras se ponía de pie. Caminó hacia la puerta y giró a ver a la ojiazul, no tardó en reconocer el afligimiento en su expresión, no le gustaba verla así, pero consideraba que era necesario, todo era en pos de su carrera — Debo recordarte que partimos en una hora— indicó, tras lo cual abandonó la habitación.

La hora de partir ya había llegado, Videl como así el resto de la compañía no tardó en estar lista. Sin embargo no quiso abandonar tan prontamente su habitación, tenía la esperanza que él llegaría a buscarla allí, pero ya era tarde, debía partir. Confundida, solitaria y sintiendo algunas lágrimas descender por su rostro, abandonó la habitación y aquel hotel donde en tan pocas horas estaba segura de haber encontrado el amor y donde también lo perdió.

Continuará…


MUCHAS GRACIAS POR LEER C:

Reviews:

LDGV: Hola! Cierto, es muy poco lo que se conocen, sin embargo actúan con cierta presura, con una Videl algo dubitativa y un Gohan algo más determinado. Muchas gracias por leer y comentar, espero que éste capítulo sea de tu agrado. Saludos!

ViDeL HlMh: Hola! Me alegra que te haya gustado. Aquí dejo la continuación, saludos y gracias por leer y comentar :) .