CAPITULO 73: PLANES Y PETICIONES. PODRÍAMOS NO VER OTRO DÍA.
(Voz de Jagger)
"Aún no puedo creérmelo." Le digo a Trixxy sonriéndole. "Esto ha sido..."
"Espero que no olvides el trato." Me dice temblorosa.
"Eh, Rissa…" Le digo. "¿Estás bien?"
No me contesta, aunque tampoco necesito una contestación. La conozco, es nuestra Trixxy, de Phury y mía, de nadie más. Solo nosotros sabemos cómo es, cuando su gesto cambia, sabemos exactamente por qué es y qué pasa por su cabecita loca.
"Por favor." Le digo cogiéndole suavemente del brazo dado que parece que ahora es mucho más delicada que antes y me da miedo hacerle aún más daño del que ya le he hecho mientras… bueno, hasta hace solo un momento. "Trixxy, eh. No estás bien. ¿Qué te ocurre?"
"No olvides el trato." Me repite aún temblando pero sin soltarse.
"Claro, descuida." Le digo. "Y el trato puede irse a la mierda. ¿Qué te pasa?"
"Nada, estoy perfectamente." Me dice. "Por favor, suéltame."
De pronto caigo en la cuenta y noto un peso en el corazón.
"¿Tan desagradable te parezco?" Le digo. "¿Tanto castigo te supone hacer esto conmigo?"
"Dios… no lo entiendes…" Me dice.
Eso me hiere el alma y el orgullo.
"Te recuerdo que has sido tú quien has venido a mi…"
"Por dios, no me lo recuerdes." Me dice frotándose las muñecas. "No se lo digas a nadie."
"Descuida… será nuestro secreto." Le digo levantando la mano aunque ahora ya no puede verla. "Ahora en serio. ¿Tan desagradable te ha parecido? He tenido cuidado, te juro que lo he hecho. Es… me odio por haberte hecho estos…"
"Los moratones y las heridas desaparecen." Me dice frotándose las muñecas doloridas donde habrá marcas de mis dedos, seguro. "En cambio el resto…"
Trixxy siempre ha sido demasiado filosófica, no necesita acabar la frase para que yo sepa que se refiere a lo que llama 'heridas del alma'.
"Rissa, por favor." Le digo triste. "Por favor, dime que no sientes nada, que lo de hace un momento ha sido solo…"
"Jag-jag." Me llama. Siempre ha usado esa forma de llamarme cuando es cariñosamente, así que eso me anima un poco.
"Te quise." Afirma. "Llegué a quereros a los dos con locura. Tanto que no vi lo que era evidente, me mentí a mi misma para protegeros."
"Donde hubo fuego siempre quedarán brasas." Le digo animado por las nuevas expectativas.
"Lo siento." Me dice. "Pero esta será la primera y última vez. Mi corazón es de Jake, de nadie más que de él."
Ese maldito chucho de nuevo. Ojalá se muriera, ojalá los Vulturi lo mataran, ojalá…
Entonces Trixxy me pone la mano en la cara, como siempre ha hecho cuando se ponía tierna estando triste. La mujer que está ante mí es como una mala foto de ella, no es su cuerpo, como si no fuese ella; pero es ella. Cada uno de sus poros más oscuros que antes rezuma su esencia. Podría verla aunque se hubiera metido en un hombre blanco, gordo y seboso, y me seguiría atrayendo.
"Si alguna vez me quisisteis, y sé que me quisisteis, respetarás mi decisión." Me dijo suave y tristemente. "Jake es mi vida. Haría lo que fuera por él."
"¿Y sabe lo que acabas de 'hacer por él'?" Le dije con ironía.
"No, pero sé algo más sobre vosotros." Afirmé. "Sé que sois caballeros, o lo fuisteis, y si es cierto que me amáis, no vas a contarle a nadie lo que ha pasado aquí. Si Jake se enterase… yo me moriría."
Mierda… no había contado con que ella supiera ese tipo de cosas.
"¿Me das tu palabra de caballero?" Me dijo.
Suspiré.
Jaque mate. Vencido por una mujer. ¿Quién lo hubiera dicho?
"Está bien…" Suspiré aceptando mi derrota. "Te doy mi palabra de que no será por mí por quién se entere."
"A nadie." Me dijo atándome aún más las manos. "Ni siquiera a Phury."
"No me niegues ese placer." Le dije contrariado. "Me encargaré de que no diga nada tampoco, pero no me niegues el placer de decirle que le gano por uno."
Pareció pensárselo un poco pero finalmente intuí su rendición.
"Está bien, pero asegúrate que no diga nada." Me dijo. "Solo Phury y tú."
"Hecho." Afirmé sellando el trato con un beso.
Si pensaba que iba a dejarla ir así como así, estaba un poco equivocada. Vale, mantendría mi palabra y la dejaría vivir feliz con su querida mascota, al fin y al cabo, aunque ella no lo supiera, acababa de firmar su contrato de eternidad. Ella viviría eternamente, y el chucho… bueno, si no éramos nosotros, otros lo matarían, por no decir que acabara muriendo de viejo. Y cuando él desapareciera… ella volvería con nosotros.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Jake)
"¿Rissa?" La llamé mientras Embry ganaba la mano con su otra mano inutilizada aún desde la noche anterior, de nuevo. "¿Dónde has estado?"
"Estirando un poco las piernas." Afirmó suavemente. "Voy a ducharme."
"Vale, nosotros iremos después." Afirmé.
Entonces asintió y casi salió corriendo hacia donde se suponía que habían hecho una especie de piscina natural con una cosa de metal que parecía una piscina pequeña y que mantenían caliente gracias al fogón que había en la sala justo debajo de la bañera.
"Qué raro…" Murmuró Quil. "Normalmente no suele correr así."
"Lleva unos días rara." Afirmó Embry mirando sus cartas de la nueva mano. "Nerviosa, agitada, falta de sueño… pero lo de salir por pies de nosotros… eso sí que es nuevo."
Me preocupaba, sinceramente.
"Igual deberías haber ido con ella." Me dijo Jared. "A frotaros la espalda mutuamente. ¡Uhhhh!" Gimió como una niña rubita y tonta.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Holly)
"Por favor…" Gemí frotándome la piel con fuerza. "Vete de una vez…"
Sucia.
Estaba total y completamente sucia. Me sentía sucia. Y eso era algo que no podía quitarme de encima.
Por más que me frotaba la piel, seguía notando la presencia de mi primer amor en mi piel.
"Por favor… vete…" Gemí frotándome.
Había sido algo que había racionalizado. Tenía exactamente lo que quería, y a cambio de… bueno, el precio era alto para mí, pero… a cualquiera le hubiera parecido el cielo.
"Bien hecho." Me dijo la voz de Madame Justinia en mi mente, imaginario, desde luego. "Has hecho lo que debías."
"Entonces por qué me siento así de mal." Pensé para mí.
"Ahora solo falta…" Me dijo la misma voz de aquella vieja adivina.
"Sé lo que falta." Dije golpeando la superficie del agua.
"¿Acostumbras a hablar sola?" Me dijo una voz femenina.
"Lo siento, Kiki, no sabía que…"
"Bah… es que me han llenado de sangre, solo quería lavarme un poco." Me dijo. "¿Y bien? Aún no me has dicho si acostumbras a hablar sola."
"No." Negué. "Pero…"
"Sí, lo entiendo." Afirmó. "A mí también me vuelve loca esto. ¡Soy una chica que ama la libertad, maldita sea! Pero eres de los nuestros, por eso te protegeremos."
Los nuestros, siempre los nuestros. 'Los nuestros' de los Quileutes, 'los nuestros' de los Diavvolo, 'los nuestros' de los verdes… y ahora 'los nuestros' de los 'guerreros-tótem'.
"Un momento." Afirmé dándome cuenta de algo. "Pero yo no soy una guerrero tótem."
"¿He dicho eso?" Preguntó.
"Sí, has dicho... que soy de los vuestros." Afirmé.
"Verdes, quería decir… verdes." Afirmó.
"Ya… claro…" Le dije con la mosca tras la oreja.
Aquello sonaba a todas luces a una mentira como una catedral para ocultar algo, como si no quisiera que me enterase de algo o como si hubiera hablado de algo que no quería que yo supiera.
"Cambiando de tema." Le dije. "¿Dónde podría…? Ya sabes, ir para tener un poco de intimidad con alguien."
"¿Qué te hace pensar que yo…?" Me dijo.
"Kiki… sé lo de Nikki." Le dije haciendo referencia a un integrante del grupo de gatos que todos fuera de los guerreros tenían por chico, aunque la realidad era diferente. Y yo lo había descubierto por casualidad, cuando me tiraron contra ella.
"Ah, ya… Nikki…" Dijo. "¿No vas a decir que qué asco?"
"¿Por qué?" Le dije para comprender de pronto a que se refería. "Ah, lo dices por el hecho de que dos mujeres se…"
"Sí, por eso."
"Bueno… digamos que en el mundo hace falta más amor." Afirmé. "Mientras vosotras os queráis, el resto debería daros igual."
"No sé si es cierto que estás loca, que te falta algún 'algo' en el coco o que eres demasiado buena." Me dijo. "Y deja de frotarte, te vas a arrancar la piel."
"Estoy sucia." Afirmé. "Noto los pegotes de porquería, pero no quieren irse."
"Estás limpia, de hecho, de tanto frotarte te has hecho hasta sangre y todo." Me dijo. "Y sobre lo del sitio donde estar tranquilos…"
No sé por qué, Kiki me caía cada vez mejor. No es que antes me cayese mal, pero… su actitud de ligoteo hacia todo el mundo no acababa de ponérmelo fácil.
En cambio, en ese momento, hablando las dos mientras nos aseábamos con aquel agua fresca, me pareció como si fuésemos amigas de hacía tiempo.
"Yo creo que voy a salirme ya." Me dijo. "Tú deberías hacer lo mismo."
"Necesito este baño." Afirmé. "Pero puedes decir al resto de chicas que pueden entrar si quieren. No me importa, y yo tampoco voy a poder verlas."
"Vale, pero creo que las gatitas ya se han lavado, ya sabes, con eso de que siendo animales se lamen…" Me dijo divertida antes de que oyese sus pasos alejándose por la salida de aquella 'gruta'.
De nuevo sola.
Suspiré y me senté en el suelo, en la parte donde apenas me cubría sentada hasta la barbilla y me intenté relajar. Y ese debía ser mi día de mala suerte porque justo fui a sentarme en la que debía ser la única irregularidad del terreno bajo agua y me clavé un poco algo que me hizo levantar de un salto y agarrar lo que sobresalía para quitarlo y oler mi propia sangre.
"Maldito…" Murmuré a punto de tirarlo.
Entonces algo me retuvo, una idea de esas que hacían iluminar una bombillita en la cabeza y cogí aquella esquirla de metal apenas tan grande como una cuchilla de afeitar del tamaño de una uña de perro y la cogí con firmeza y cuidado de no cortarme.
No toleraba mi suciedad, pero eso podía solucionarse.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Jake)
"¡Virgen santísima del perpetuo socorro y todos los ángeles celestiales!" Oí gritar entonces. "¡No hagas tonterías!"
"Ya han vuelto a pillar a alguien atracándose de comida." Dijo Paul.
"A mí no me suena a eso." Afirmé. "Debería ir a ver. Suenan como…"
"Déjala un rato tranquila…" Me dijo Jared suavemente. "Es una mujer, no un perrito de compañía, si la agobias te acabará mandando a la mierda."
Me inquietaba un poco el que estuviese tardando tanto, pero claro, igual había ido a hacer algo después de bañarse.
"Eh." Nos dijo Rob. "Se nos ha acabado el alcohol medicinal. ¿Os importa si os quito esto?"
"Nosotros lo necesitamos para sobrellevar el encierro." Le dijo Paul.
"Sí, y yo para curar a alguien." Afirmó él. "Jacob, por favor. ¿Te importaría acompañarme un momento?"
"No, claro." Afirmé. "Ahora mismo voy."
"No te preocupes, acaba primero esa mano." Me contestó. "Esperaré aquí un poco."
"¿Ha venido alguien herido?" Preguntó Embry.
"No, ha sido un accidente." Afirmó suspirando. "Últimamente ha estado actuando raro, pero claro, todos estamos bajo presión. Algunos lo llevan mejor que otros."
"Que gran verdad." Afirmó Jared.
Últimamente ambos hablaban con si fuesen mayores, y de allí, salvo Seth, el resto éramos todos de la misma clase.
"Bueno, yo ya me retiro." Afirmé cuando acabamos esa mano y la siguiente. "Vamos Rob, te acompaño. ¿Tendremos suficiente con esto?"
"Coge solo una botella." Me dijo. "El resto podéis quedárosla, en unas horas tendremos una nueva remesa de material sanitario."
Asintiendo, me levanté y le seguí, sin embargo, aquello no iba a ser privado, porque al cabo de unos segundos, Embry nos alcanzó y nos siguió en silencio.
"Embry, no creo que sea necesario que…" Le dije.
"Me preocupa el olor de la sangre que tiene aquí el 'angelito'." Me dijo haciéndome caer en la cuenta de cuál era el olor que me sonaba de lo que le había pillado a él. "Tú también lo reconoces ¿no?"
"Sí." Asentí maldiciéndome por no haberme dado cuenta antes de 'a quién' me sonaba ese olor y notando cómo mi estómago se encogía para hacer juego con mi corazón al identificar el olor.
Entonces pasamos de largo de la 'zona de baño' y entramos en la sala junto a esta para ver allí a las dos vampiresas con las que medianamente nos tratábamos de aquel grupo y a alguien de espaldas en la semi-sombra que me hizo encoger el corazón.
"¿Cómo te encuentras ahora?" Le dijo Rob.
"¿La estáis drogando?" Le dije al captar el olor a marihuana en el aire.
"Es solo para calmarla un poco." Dijo Rob. "Estaba… bastante nerviosa."
Me acerqué pasando del resto junto con Embry para ponernos uno a cada lado suyo frente a ella.
Se me cayó el alma a los pies cuando la vi.
Tenía el pelo corto, en algún sitio parecía que llevara un pequeño trasquilón que le hacía tener el pelo a diferentes larguras de corto mientras, era evidente que tanto 'falsa-lady-Gaga' y la 'otra-Emily' la habían estado intentando arreglar un poco aquel destrozo. Sin embargo, no era eso lo que más me dolió; eran sus ojos, tenían unas bolsas debajo que parecían de haberse hinchado a llorar y tenía varias marcas más.
"Rissa, eh." Le llamé cogiéndola suavemente por la barbilla para hacerle mirarme decidido a no meter el dedo en la llaga de las marcas. "¿Qué te pasa?. ¿Has estado llorando otra vez?"
"No es nada." Dijo sonriéndo como alguien que a la vez llorase por dentro.
"¿Y esas marcas?" Le dijo Embry atreviéndose a ser directo sin más.
"¿Eh?" Dijo ella para tocarse donde Embry le tocó el cuello cerca del hombro donde tenía un comienzo de moratón. "Ah, no es nada, he tenido un accidente tonto. Un resbalón, eso es todo."
"Un resbalón no te deja esas marcas." Le dije preocupado. "¿Y el pelo? No sales a pelear, no creo que necesitaras cortártelo."
"Un… un cambio de imagen." Afirmó.
"Te has cortado los dedos por cortarte el pelo." Afirmó Rob mostrándonos los dedos de Rissa con cortes finos y sangrantes. "Deberías habérselo pedido a alguien."
"Sé cortar el pelo, me apeteció cortármelo yo y no molestar a nadie." Afirmó. "¿Son graves las heridas?"
"No." Afirmó. "Son cortes limpios y en su mayoría, superficiales. ¿Te duele mucho?"
"No, solo escuece lo justo." Negó ella.
Entonces me permití mirarle mejor. Se había cortado el pelo bastante, pero el flequillo parecía igual que antes.
"¿Necesitas que nos quedemos?" Preguntó Embry.
"No, pero agradezco la compañía." Dijo suavemente.
"¿Qué tal te ha sentado el baño?" Le pregunté intentando sobreponerme a la duda que había sembrado en mí sus marcas y que se hubiera cortado el pelo tan repentinamente.
"Bien, he… tenido tiempo de penar.
"¿Algo interesante?" Le pregunté.
"No, solo pensé en cosas mías." Afirmó encogiéndose de hombros.
Entonces intercambié una mirada con Embry que sacudió la cabeza encogiéndose de hombros.
Sí, a mí tampoco me sonaba del todo cierto.
"¿Qué tal la partida de cartas?" Nos dijo.
"Bien." Afirmé.
"Jake es la caña jugando." Le dijo Embry.
"Bueno, bueno, que estábamos empatados en eso." Afirmó Embry
"Bueno… pues esto ya está." Le dijo Rob. "Bastará con unas tiritas, pero ten cuidado con que no se te despeguen."
"Vale." Dijo.
"Embry, voy a llevarla para que descanse." Le dije susurrando. "Si quieres puedes ir con el resto."
"Me interesa saber de dónde ha sacado las marcas." Me dijo. "No me trago que haya sido de un accidente."
Asiento y le doy una palmada en el hombro mientras Rissa que queja haciendo pucheros de que murmuramos de ella a sus espaldas.
"Vamos, será mejor que descansemos un poco." Le digo sonriéndole y dándole la mano con cuidado de no hacerle daño en los cortes. "Yo estoy un poco cansado, así que supongo que tú también lo estarás."
"Sí, había pensado en algo así." Afirmó suavemente.
(Salto espacio-temporal)
"Vaya, ya no quedan gatos." Afirmo mientras compruebo que en la sala donde solíamos dormir no hay nadie.
"Estarán fuera." Me dijo Rissa suavemente cerrando la puerta con el cerrojo.
"¿Y eso?" Le digo confuso. "Tú nunca cierras con pestillo."
"Me apetecía un poco de… intimidad." Afirma.
Todo eso me parece muy raro, demasiado, sobre todo cuando va directa hasta la alfombra peluda y acolchada y se tumba ahí en lugar de hacerlo en la cama doble de matrimonio 'amoroso'.
"Rissa, estás demasiado rara." Le digo tumbándome junto a ella. "¿Tienes frío?"
"Hum." Asiente. "Es solo que… llevamos mucho tiempo sin… bueno, sin estar juntos."
"Sí, la guerra es un motivo poderoso." Afirmo. "Yo vengo cansado y herido y tú…"
"No, me refiero a 'juntos', de… ya sabes." Me dice.
"Oh, vaya." Digo casi atragantándome al entender que se refiere a 'solos' de sin nadie cerca y haciendo cosas… ejem, de adultos enamorados que somos. "Sí, bueno… aquí tampoco podemos estar demasiado solos."
"Ya." Afirma. "No nos molestarán."
"¿Y eso?" Le digo.
"Solo hay que hablarlo." Afirmó encogiéndose de hombros y acercándose a mí un poco como tentándome.
"Vale." Le digo suavemente. "Pero primero dime qué te ha hecho esas marcas."
"Ya te lo he dicho, un accidente." Afirma.
"¿Quién te ha hecho esas marcas?" Le digo. "Tienen forma de dedos."
"Cuando… estuve fuera me… atacaron y… debe ser de entonces." Me dice.
Parece dudar bastante al contármelo. Podría ser mentira o bien…
"¿Por qué no me lo has dicho antes?"
"Tenía miedo de…"
Lo que pensaba, así que no le dejo terminar y le doy un beso.
"Ya está." Le digo. "Has tenido que pasar miedo, será mejor que intentes olvidarlo."
"Lo intentaré." Afirmó.
No sé, hay algo en ella que no es como siempre. Se muestra tímida y a la vez osada, demasiado osada. Es como si tuviera hambre de mí, pero en cambio, cuando conseguimos fusionarnos, vuelve a ser ella misma. Mi Rissa… no, mi Bella, Bellatrix… mi hembra…
"¡Ahhh!" Gime mientras yo gimo por lo bajo notando cómo estallamos casi a la par y manteniéndome quieto unos momentos mientras acabamos de convulsionarnos. Atados no solo por debajo de la cintura sino por las bocas, con un mechón de su pelo enredado en mis dedos convertidos en ganchos por los espasmos e intentando no hacerle daño por tirarle del pelo.
Entonces la verdad me cae a plomo y me doy cuenta de que se me ha olvidado tomar medidas de protección.
"Oh, mierda…" Gimo cuando la saco y descubro que la 'fundita' se ha roto dentro.
"¿Qué pasa?" Me susurra Rissa.
"Es… se me ha olvidado…" Murmuro. "Está roto."
"¿Qué?" Me dice.
"La funda." Afirmo. "Está… se nos ha roto el…"
"Oh, mierda." Dice suavemente. "No habíamos contado con que estamos a bajo 0 fuera…"
"Mierda, y ahora dónde encontramos…" Murmuro.
Entonces pasa algo alucinante. Noto un par de manitas suaves en la cara hasta que me hace girarla y mirar la cara de Rissa.
"Tranquilo… estamos en esto juntos." Me dice suavemente para sonreír. "Y si pasase algo… a mí no me importaría, te quiero."
Es algo que he estado esperando.
"Rissa, si… bueno, en cuanto acabe toda esta pesadilla… esto… tengo algo que pedirte." Le dije.
"¿Qué es?" Me dijo.
"Tendrás que esperar hasta que acabe todo." Le dije divertido.
"Jake, yo… la experiencia me dice que antes de una gran guerra como esta, lo mejor es vivir cada día como si fuese el último." Me dijo. "Porque podría no haber un mañana. Podrían tirar una bomba sobre el refugio y acabar con todos nosotros de un golpe."
"Cásate conmigo." Le dije. "No puedo pedírtelo así, quiero que sea bien. Quiero que sea en un restaurante; o tal vez un picnic a la luz de la luna, en la playa. Y quiero tener un anillo antes. Quiero decir… uno bonito, porque… ahora que lo veo, el que hice yo es una caca. Y también…"
"Sí, quiero." Afirmó suavemente.
"… quiero que sea especial y… ¿cómo has dicho?" Le dije un poco alucinado cuando entró su información al cerebro.
"Que sí, quiero convertirme en la señora de Black." Afirmó. "Y me quedo con el anillo que has hecho. No te preocupes por si es bonito o no, no puedo verlo así que por mí como si es de hilo dental."
"Claro que no es de hilo dental." Afirmé ofendido. "Es de metal, y va a juego con una pulsera."
"La pulsera que regaláis para hacer promesas sinceras y duraderas." Asintió ella.
"¿Cómo sabes tú eso?" Le dije.
"Eh, era india, al menos en parte." Afirmó. "Siempre he pensado que los celtas y los nativos americanos eran 'verdes' de 'pensamiento, palabra y obra'. Me he estudiado costumbres de todas las tribus indígenas."
Vaya, eso sí que no lo esperaba. Sobre todo cuando estiró ligeramente la mano izquierda hacia delante como esperando algo.
"Es… genial, de verdad, aún estoy que no…" Dije intentando no dejarme llevar demasiado por la confusión que me había 'cortocircuitado' entero el cerebro y las reacciones. "Pero… no las tengo aquí, están… bueno, en mi equipaje."
"Vale." Asintió.
"¿También vas a querer casarte aquí?" Le dije bromeando.
"¿Por qué no?" Dijo. "Carlisle… Bueno, me comentó que es hijo de un pastor, de un cura. Él podría casarnos ¿no?"
"Estamos en medio de una batalla." Le dije. "Es… es poco más que un suicidio apartar a alguien como él de la batalla."
"Yo me encargo de que no se note." Afirmó.
