CAPITULO 86: ¿ESTO ES EL FIN?. ¿POR QUIÉN TAÑEN LAS CAMPANAS?

(Voz de Rissa)

Dong… dong… dong…

¿Qué es ese sonido?

Hasta hace un segundo no oía nada, estaba todo… tranquilo. Demasiado tranquilo.

Y ahora de pronto oía eso.

"Mmmmmm…" Gimo suavemente.

Me duele todo, me pica la cara.

Entonces me toco la cara y me asusto.

¡Tengo algo en la cara!

No quiero tener nada, me lo intento quitar pero alguien me para con firmeza.

"No lo hagas." Me dice una voz masculina que puedo reconocer perfectamente como la del doctor Cullen.

"¿Doctor?" Le digo confusa y notando que me arde la garganta por lo que me la toco con dolor.

"Tranquila." Me dice una voz femenina cogiéndome la mano para ponerme un vaso con algo líquido dentro en la mano ayudándome a cerrarla entorno al vaso. "Bebe un poco de agua."

"¿Dónde estoy?" Pregunto. "¿Dónde están mis hijas?"

Pregunto identificando por fin el sonido de antes como tañido de campanas y temiéndome lo peor.

"Están bien." Me dice la chica. "Esme, Rosalie, Bella y Renesme están con ellas."

"¿Están bien?" Pregunto aún con angustia.

"Solo un poco asustadas." Afirma el doctor mientras noto cómo me hace un reconocimiento. "Tranquila, ahora tienes que descansar bien."

"No." Niego reconociendo el tañido de las campanas. "Es… quién ha…"

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Embry)

Pasito… pasito…

Me duele todo, me pica el ojo… pero no, no puedo parar.

"Embry, deberías ir a descansar." Me dice Seth junto a mí.

"Pues anda que tú…" Le digo bromeando y refiriéndome a sus vendas y su pierna escayolada.

Nadie hubiera dicho que pudiéramos tener escayolas, éramos como superhéroes.

"¿A dónde creéis vosotros que vais?" Nos dice Jasper apareciendo con Emmet para hacernos un muro.

"Vamos a ver a las niñas." Le dice Seth serio.

"¿Pareciendo un par de momias?" Nos dice Emmet con ironía. "Yo creo que les vais a dar un susto de muerte."

"Anda, manco." Le digo a Emmet divertido devolviéndole su ironía. "Apártate antes de que te de un muletazo."

Si nosotros estábamos mal, a todo había quien nos ganase.

¿Qué yo tenía un brazo en cabestrillo? Emmet había perdido la mitad de los dedos y parte de la palma de una mano.

¿Qué la mayoría tenían quemaduras? Rosalie, la rubia tenía el pelo tan corto que parecía un hombre porque se le había quemado a trozos y lo había tenido que recortar así para que le quedase casi igual.

¿Qué Paul probablemente quedase medio ciego de un ojo? Alice probablemente perdiera la vista del derecho y con el izquierdo vería solo sombras, según Carlisle.

Todos estábamos hechos polvo; unos mejor y otros peor.

Dong… dong… dong… dong…

"¿Qué es ese sonido?" Preguntó Donna haciendo que a Seth se le alegrara un poco la cara.

"Son campanas de una iglesia." Le dijo Esme desde su asiento en la silla de ruedas que iba a ocupar como poco un par de meses debido a que tenía varios huesos rotos en las piernas.

"¿Y por qué suenan?" Dijo Nessy mientras veía a Bellatrix en el regazo de Esme que la acunaba mientras esta le agarraba un dedo y le chupaba como si fuese un chupete otro.

"Porque llaman a la gente a misa." Le mintió Bella.

"¿Ahora os divertís mintiendo a unas pobres niñas?" Le dije con ironía.

"No es necesario contarles la verdad." Dijo Edward.

"¿Y cuándo pregunten por él?" Le preguntó Seth preocupado.

"Eso es decisión de la madre." Afirmó.

Aún notaba la losa en el pecho. Habíamos perdido demasiado.

Me compadecía del pobre Sam que iba a tener que explicar por qué esta vez unos cuantos críos no volverían a la reserva.

"Es una suerte que Eleazar nos dejara usar el refugio de caza de su esposa." Dijo Bella suavemente. "Contando que estamos…"

"Intentaremos apestar esto lo menos posible." Le dije con ironía. "En cuanto despierte el resto podremos…"

"Rissa ha despertado." Afirmó Edward. "Pero no vayáis aún. Carlisle está haciéndole un reconocimiento."

"Paul se ha vuelto a quejar del ojo." Le dijo Seth.

"Ahora mismo voy a echarles un ojo." Dijo Edward para desaparecer.

"Yo voy a ver si hago algo de comida." Dijo Bella.

"Espera, te acompañaré y…" Dijo Esme para que Bella le parara en un cerrar de ojos.

"Esme, quédate." Le pidió. "Tenéis que descansar."

Aquel sitio era deprimente, nosotros lo hacíamos deprimente.

Nosotros, la situación… y los tañidos lejanos de la campana.

"Yo voy a llevarme a Renesme y a Donna a bañar." Dijo Rosalie.

"¿Os acompaño?" Dijo Seth.

"¡Ni de broma!" Le dijo ella. "Voy a bañarme con ellas."

"Anda, ni te acerques." Le dijo Emmet a Seth intentando sonreírle. "Rosalie es solo mía."

"No te preocupes, rubia." Le dije. "No vamos a ir corriendo, ya sabes."

"Más os vale." Afirmó. "Yo aún puedo moverme perfectamente."

No dijimos nada hasta que se fueron, y entonces miré a Alice que acababa de volver y se había sentado, con su venda en los ojos intentando curárselos mientras Jasper hablaba con ella susurrándole al oído algo bonito porque ella sonreía feliz.

"Pobre chica…" Dijo Esme cuando oímos un grito femenino en donde tenían a Rissa.

"Rissa…" Gemí. "¿Sabéis ya qué va a ser de ella?"

"De momento no sabemos nada." Dijo mientras oíamos abrirse una puerta.

"Las heridas que tenía…" Dije recordando las quemaduras superficiales de la cara cuando la habían metido allí, la sangre en sus ojos, la mala disposición de su espalda en la camilla improvisada que habían tenido que hacer para trasportarla hasta allí…

"Podría quedar paralítica." Dijo Seth.

"Eso es ponerse en lo peor." Le dijo Esme.

"No, si le han dañado la espalda." Dijo Seth preocupado.

Quería pensar en positivo, pero es que nada en nuestro estado permitía pensar en positivo. Quien no tenía alguna marca de por vida tenía cosas peores.

"Nunca me había dado demasiada pena nadie." Dije suavemente. "Excluyéndoos a Leah y a ti por lo de vuestro padre y a Emily por lo de… ya sabéis, su cara y Sam." Dije nervioso por cómo decirlo. "Pero lo de Rissa…"

Todos agachamos la cabeza con dolor.

Todos habíamos perdido mucho, unos más y otro menos pero TODOS habíamos perdido. Habíamos perdido gente, habíamos perdido partes del cuerpo y otras no volverían a ser lo mismo. Pero Rissa… la pobre se había llevado el gordo.

"Esme." Dijo Carlisle. "Oh, Embry, Seth, no deberíais haberos levantado."

"Necesitabamos ver a las niñas." Le dije. "¿Cómo… cómo está…?"

"He tenido que pincharle un calmante." Nos contó. "No tiene algo fácil, y con las campanas tocando a muerto no se facilita nada. No es tonta, sabía perfectamente qué significaba ese ritmo."

"Pero le has dicho que…" Dijo Seth para que Carlisle sacudiera la cabeza.

"He tenido que sedarla antes de poder contarle nada más que lo de esos chicos." Afirmó suavemente. "La parte buena es que sus heridas sanan cada vez mejor."

"¿Y qué hay de…?" Le dije tocándome los ojos al aire.

"Aún es pronto para decir nada." Me dijo. "Alice, si puedes ir… parece que tenéis una cierta conexión las dos."

"Alice debería descansar." Le dijo Jasper.

"Tranquilo." Le dijo ella sonriéndole suavemente y poniéndole la mano en la suya. "Ahora mismo voy con ella, puedo descansar allí." Afirmó.

"Creo que será mejor que vaya yo." Afirmé. "A fin de cuentas no puedo hacer nada por Trixxy y va a necesitar apoyo cuando se despierte."

"No te ofendas, pero creo que tal y como están las cosas, mejor que esté con Alice." Me dijo Carlisle haciéndome ver que ella acababa de desaparecer a paso humano por la puerta de la mano de Jasper antes de que él volviese, solo. "Jasper, las lesiones en la vista de Alice son bastante complicadas."

"No va a quedar ciega del todo, tú mismo lo dijiste." Le dijo.

"No, pero ya ha perdido la vista del ojo derecho, y por el izquierdo casi no ve, tal vez cuando se le sanen consiga ver poco más que sombras y movimientos y colores." Le dijo.

Nunca habíamos visto a ninguno de los Cullen derrumbarse, eran las personas que más sangre fría tenían que hubiésemos conocido nosotros nunca. Se habían encarado a los Vulturi por Nessy, con sangre fría y paciencia, no habían perdido nunca la compostura; al menos nunca Jasper y Carlisle.

Pero en ese momento… supongo que no podía tener en cuenta que Jasper perdiera la sangre fría y demostrase dolor, un dolor más profundo que nada que hubiésemos visto nunca antes, eso sí, sin perder casi la cabeza alta durante más de dos minutos que recuperó la cabeza alta.

"Entonces… ¿es definitivo?" Le dijo a Carlisle.

"Solo lo del ojo derecho, lo del izquierdo… casi." Afirmó.

"No es el fin del mundo." Le dijo Seth intentando calmar un poco su dolor. "Quiero decir… Rissa ha sobrevivido a no ver nada durante todo este tiempo. Bellatrix dentro de ella, quiero decir, Rissa era… ciega ya."

"No lo estás arreglando." Le susurré con la pequeña Bellatrix en el regazo de Esme y cogiéndome del dedo con toda su manita diminuta aún.

"Creo que sé lo que quieres decir." Dijo Jasper.

"Creo que lo que intenta decir es que no es el fin del mundo." Dijo Esme. "Tenemos mucho tiempo por delante para acostumbrarnos a esto. Billie lleva muchos años moviéndose en una de estas." Afirmó tocándo la silla de ruedas con cariño. "Y esta chica lleva probablemente un par de años o más viviendo sin vista cuando antes tenía."

"Sí, y yo puedo acostumbrarme a hacer todo a una sola mano y unos dedos." Dijo Emmet medio bromeando, o al menos enmascarando lo que sintiese con su habitual ironía en broma. "Y aún así, pienso seguir llendo un par de dedos por delante del resto, que lo sepáis." Afirmó levantando los dos dedos que le quedaban de la mano herida.

"Supongo que no será fácil." Dijo Jasper recuperando una ligera sonrisa forzada y triste que demostraba lo que sentía. "Pero al menos estamos juntos."

"Rissa le ayudará." Afirmó Carlisle. "Ella lleva tiempo en esto, podrá ayudarle porque ella lo pasó antes."

"Estoy seguro." Afirmó Jasper. "Es una chica increíble, parece como si nunca se rindiera, ni cuando todo parece perdido."

"Si lo hiciera no sería ella." Dije para que me miraran. "¿Qué? Sabéis que tengo razón. Cuando era Bellatrix hacía lo que hiciera falta para seguir adelante con sus ideales, y ahora que es Rissa no deja que ni el ser ciega le quite nada de tiempo de su vida, a su manera y con sus normas."

"Es evidente que es un claro ejemplo de lucha." Dijo Esme.

"Y puedes apostar a que también va a salir de esta." Les dije. "Aún no sé cómo, pero va a salir de esta."

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Alice)

No sé qué hora era, hace ya casi un día, tal vez más porque no puedo ver nada con la venda que Carlisle me puso con algo que apesta cuando está fresco y que me escuece en los ojos.

De pronto, noto movimiento junto a mí y pongo la mano sobre la mano vendada de Rissa, la chica que tengo junto a mí para notar que es ella la que se ha movido.

"No te muevas." Le digo suavemente sonriéndole. "Carlisle ha dicho que tienes que reposar."

"Necesito aire fresco." Me dice suavemente. "Es… me ahogo, hace… hace mucho calor."

"Estamos en el norte de Alaska." Le digo divertida. "Aquí no hace calor."

"Pues yo lo tengo." Afirma mientras oigo cómo se quita la ropa de encima para quedarse solo con el pijama. "Necesito salir, es… no puedo quedarme quieta mucho tiempo, es… me ahogo."

"Vale, cálmate." Le digo. "Tienes que descansar. Tus heridas eran bastante serias."

"¿Cómo de serias?" Me dice suavemente. "¿Tú las has visto?"

"Es… no, yo no." Le digo un poco nerviosa porque no puedo mentirle. "Pero Carlisle…"

"Pero ahora estás aquí, cómo…"

"No… no puedo ver." Le digo llevándome su mano a la venda de mis ojos para darle a ver que no puedo ver nada.

Entonces silencio. No dice nada mientras palpa suavemente la venda como si comprobase que es una venda de verdad.

"Vaya, lo siento." Me dice cogiéndome mi mano para llevársela a su cara donde la pone sobre un tejido que descubro al tocar es otra venda como la mía. "Supongo que estamos igual."

"Sí, es… no sé, dicen que probablemente no pueda volver a ver y…" Le digo notando dolor dentro al darme cuenta que entonces no volveré a ver nada y la cara de toda mi familia será solo un recuerdo que con el tiempo se perderá.

"No pasa nada." Me dice. "Es… al principio parece que es el fin del mundo." Afirma cálidamente. "Pero no lo es. Quiero decir… es solo acostumbrarse a hacerlo todo diferente."

"No voy a poder volver a ver a nadie." Le digo triste. "Es… no voy a ver a Renesme crecer, ni veré a nadie sonreír… no voy a volver a ver a Jasper. ¿Quién va a hacerle sonreír cuando vuelva a acordarse de algo malo?"

"Tú, si lo hacías antes lo puedes seguir haciendo ahora." Me dice. "Es… entiendo lo que estás pasando. Cuando desperté aquí y pensaba en Jake… señor, pensaba que no iba a volver a verle nunca. Que no podría volver a verle porque estaba en el Cairo y él en América. Que no podría encontrarle porque no podría verle aunque pasase a mi lado… y quién iba a consolarle cuando volviese a mi tumba en la reserva de animales, o cuando veía algo que le recordaba a mí en La Push." Afirmó para darme unos segundos para hacerme una idea de lo que decía antes de continuar, solo que ahora adoptó un tono suave, maternal y dulce. "Pero entonces me di cuenta. No podía ver, cierto, pero tenía un oído capaz de distinguir hasta los pasos de una mosca en la red anti-insectos de las ventanas, era capaz de saber qué cocinaban los cocineros de la familia desde habitaciones de distancia, sabía dónde vendían los mejores dátiles y la fruta más fresca del zoco. Mi tacto era capaz de distinguir un producto de cuero auténtico de una falsificación que nadie a simple vista podría distinguir, solo con tocar algo era capaz de hacerme una idea casi exacta de qué era, con todas sus cualidades… No, Alice, yo no veía, pero podía 'ver' todo gracias al resto de sentidos."

Eso era increíble.

"¿Recuerdas cuando jugamos a baseball con vosotros?" Me dijo.

"Claro." Asentí.

Cómo podría olvidarlo. Había sido impactante ver cómo un equipo formado por los chicos de la manada de lobos de La Push, la de Jacob, con una ciega casi total en su equipo y con los ojos cerrados, eran capaces de seguirnos el juego a nosotros, que teníamos supervelocidad y agilidades sobrehumanos. Y ella, la chica ciega, había jugado como si no tuviese ese problema y solo fuese un poco torpe.

"Yo no veo, pero soy capaz de hacer casi cualquier cosa si me lo propongo." Afirmó suavemente con un tono alegre. "Mírame, he entrenado con tus hermanos. He corrido a la par de Jasper, he entrenado lucha con vosotros como si no fuese lo que soy. ¿Y eso ha supuesto algún problema?"

"No, pero…" Le dije.

No, no había peros, había hecho todo eso.

"Mira Alice." Me dijo suavemente. "No voy a decirte que ser ciego es lo más." Afirmó suavemente. "Para serte sincera, mataría por no ser ciega. Pero tampoco es el fin del mundo. Basta con que seas consciente de qué puedes y qué no puedes hacer, y tu familia te va a ayudar. Y tienes varias formas de llevarlo."

"¿Cómo voy a poder seguir haciendo lo que hacía antes si no soy capaz de…?"

"Tienes dos alternativas." Afirmó. "Primera, puedes pensar que no puedes y rendirte. Tu familia te puede conseguir un perro lazarillo y no te va a dejar tropezar. Oh, y hay unos bastones de ciego chulísimos por ahí, yo tengo una colección de ellos para que me hagan juego con la ropa."

Eso era cruel. Ella no hacía eso, casi ni dependida demasiado del resto para hacer su vida.

"Eres cruel." Le dije.

"No." Afirmó. "Eres tú la que quiere rendirse, y yo no soy quién para decirte que no lo hagas. Pero si no lo haces… hay otros caminos, más duros."

"¿Más?" Le dije.

"Sí." Asintió. "Puedes seguir el segundo camino, aceptar que eres ciega y adaptarte a ello. Pedir ayuda cuando la necesites y confiar en el resto para ayudarte cuando lo necesites. Tu familia va a estar ahí para ayudarte, eso seguro. Te quitarán obstáculos de tu camino, te llevarán del brazo en las escaleras o terrenos irregulares y hasta te harán la comida si lo necesitas."

Eso sonaba mejor. Pero yo no comía como todos, necesitaba cazar, era algo que nos daba una alegría cuando teníamos que cazar animales en sitios alejados de los humanos que pudieran meterse en medio.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Jasper)

No podía aguantar más, acababa de oír sin pretenderlo parte de la conversación de Rissa y Alice y me llamaba la atención cómo lo hacían, así que entré aprovechando que la puerta estaba vuelta, sin hacer el menor ruido, sin mover casi el aire para ponerme junto a la puerta de forma que pudiera pasar quien lo deseara sin delatarme.

Y allí estaban, Alice preciosa sentada junto al diván que ocupaba Rissa que estaba incorporada por un par de almohadones bajo su espalda y cabeza para dejarla semi-incorporada. Ambas parecían calmadas y ambas tenían una mano en la de la otra, solo que Rissa tenía la otra en su regazo y Alice en el reposabrazos, laxo como si no tuviera fuerzas.

"Mira Alice." Le dijo Rissa suavemente cortando el silencio tras coger aire como si se resignase. "No voy a decirte que ser ciego es lo más." Afirmó suavemente. "Para serte sincera, mataría por no ser ciega. Pero tampoco es el fin del mundo. Basta con que seas consciente de qué puedes y qué no puedes hacer, y tu familia te va a ayudar. Y tienes varias formas de llevarlo."

"¿Cómo voy a poder seguir haciendo lo que hacía antes si no soy capaz de…?" Le dijo Alice preocupada y triste.

"Tienes dos alternativas." Afirmó Rissa. "Primera, puedes pensar que no puedes y rendirte. Tu familia te puede conseguir un perro lazarillo y no te va a dejar tropezar. Oh, y hay unos bastones de ciego chulísimos por ahí, yo tengo una colección de ellos para que me hagan juego con la ropa."

Eso era cruel. Ella ni siquiera dependía de nadie para hacer su propia vida. Nunca la había visto ir del brazo de nadie si no fuese estrictamente necesario y desde luego era ella quien tomaba sus decisiones y hacía lo que hiciera falta para valerse por si misma.

Iba a tomar parte para reñirle cuando Alice se me adelantó.

"Eres cruel." Le dijo casi al borde del llanto.

"No." Afirmó Rissa seca. "Eres tú la que quiere rendirse, y yo no soy quién para decirte que no lo hagas. Pero si no lo haces… hay otros caminos, más duros."

"¿Más?" Le dijo aprovechando que yo me había quedado helado al ver su frialdad al tratar con Alice.

"Sí." Asintió Rissa de nuevo. "Puedes seguir el segundo camino, aceptar que eres ciega y adaptarte a ello. Pedir ayuda cuando la necesites y confiar en el resto para ayudarte cuando lo necesites. Tu familia va a estar ahí para ayudarte, eso seguro. Te quitarán obstáculos de tu camino, te llevarán del brazo en las escaleras o terrenos irregulares y hasta te harán la comida si lo necesitas."

Eso sonaba mejor. Yo iba a estar con ella tanto tiempo como hiciera falta. La ayudaría a cazar si era lo que necesitaba. Podía cuidar de ella todo lo que necesitase, hasta le traería las mejores piezas ya heridas para que pudiera cazarlas mejor.

Eso me hizo sonreír.

No había sido dura con Alice porque le gustase ser dura o porque fuese una mala mujer, había sido dura para ayudarla.

Rissa ya sabía desde un principio que había esa alternativa, que se podía avanzar a pesar de ese problema; estaba intentando hacer ver a Alice que tenía que superarlo y que, solo cuando consiguiese aceptar que no podía ver como siempre pero que podía seguir viviendo normalmente si adaptaba ciertas cosas a su nueva situación, solo entonces podría vivir feliz.

"Aún así… hay algo que no me acaba de cuadrar." Le dijo Alice sacándome de mis pensamientos alegres.

"¿De qué se trata?" Le dijo Rissa confusa.

"Eso que has dicho es genial, pero… no sé, algo de todo eso no me suena como si fuese lo que tú haces." Le dijo.

Era cierto, miré a Rissa para verla dibujar una media sonrisa irónica y medio divertida.

"Muy aguda." Le dijo. "Es cierto, ese no es el camino que yo he elegido."

"¿Hay otro?" Le dijo Alice asombrada, pero no tanto como yo.

No pensaba que hubiera otro camino, alguno que pudiera… entonces me di cuenta, ESE no era un camino para nada.

"Sí, pero no es un camino." Afirmó Rissa sonriendo divertida. "Es un camino de constante sufrimiento. Es agonía, es caerte cientos de miles de veces y aún así, recuperarte y ponerte en pie, aunque te hayas hecho tanto daño que desees quedarte abajo. Y para eso, hay que estar hecho de una pasta especial." Afirmó.

Eso era un mazazo, pero llevaba razón. Ella no dejaba que 'ser ciega' fuese un impedimento para nada en su vida.

Un ciego no podía correr como ella lo hacía, un ciego no podía jugar a baseball como ella jugaba, un ciego no podía siquiera soñar con hacer nada que necesitase ver para desarroyarlo; pero ella lo hacía.

Había corrido con nosotros siguiendo los sonidos de campanillas y campanas de aire para orientarse, había peleado con nosotros hasta hacerse lesiones y heridas feas. Tenía las palmas de las manos en carne viva por haberse caído muchas veces en un solo día entrenando pelea con nosotros, las rodillas le sangraban y cojeaba porque parecía haber pisado mal, pero volvía a ponerse de pie para encararnos.

Luchaba rebelándose contra su ceguera hasta quedar reducida a poco más que un trapo de persona, siempre hasta el límite y nunca un solo milímetro más allá de su propio límite personal; pero allí estaba, viva, haciendo cosas que ningún otro ciego hubiera soñado jamás con hacer, haciendo gala de una fuerza de voluntad férrea que era digna cuanto menos de una reverencia por nuestra parte.

"Alice." Le dijo Rissa. "Yo no soy familia tuya, pero… como amiga, porque espero que puedas considerarme amiga como yo os considero ya a vosotros… como amiga te digo que creo que puedes seguir siendo tú, con tu vida y tus hobbies. Tan solo tienes que buscarte a ti misma, conocer tus límites y no ir más allá. Tienes que adaptarte, que la ceguera sea parte de ti pero no tú. No sé si me explico."

Entonces lo noté, me ardían los ojos, lo más cercano al llanto que teníamos nosotros los vampiros.

Era increíble, una simple chica, vale, era una trasformista ocasional y bastante poderosa, pero cuando no estaba en llamas, una simple chica, ciega; una simple chica ciega era capaz de decir las palabras más poderosas que había oído en siglos, tal vez incluso las más poderosas que nunca había oído, y eso que había formado parte del ejército confederado y había oído y tenido que decir cosas que hicieran moverse a un montón de gente, que los motivase y los moviese por dentro y fuera. Pero nunca ni por asomo había oído una simple frase con tanta fuerza que me hiciese querer llorar.

Alice podría seguir como siempre, tan solo tenía que adaptarse a ese nuevo impedimento que era no poder ver como antes.

Y entonces Rissa giró lentamente la cabeza para mirar hacia mí. Sí, era hacia mí… ¿acaso era consciente de mi presencia?

Entonces, como si me hubiera leído la mente, levantó un dedo y se lo llevó a los labios para hacer un simple gesto sonriendo: silencio.