CAPITULO 87: DESPERTANDO TRAS TODO.

(Voz de Rissa)

"Bueno… parece que esto va mejor." Me dijo Carlisle mientras olía algo asado fuera de la habitación para girar la cabeza y mirarle con la venda aún sobre mis ojos. "Sí, ya. Está bien, puedes salir ya si quieres."

"Gracias, aquí me estaba volviendo loca." Le dije incorporándome del todo para sentarme en el borde de aquel diván con cuidado de no caerme y tantear buscando mi bastón.

"Si buscas tu bastón me temo que se rompió cuando…" Me dijo. "Puedes cogerte a mí."

"Muchas gracias." Le dije aceptando su brazo y cogiéndome a lo que parecía su brazo con un jersey de lana fina y cálida. "Vaya, qué tengo que hacer para que Papá Noel me traiga otro como este." Le dije medio en broma.

"Es un regalo de Esme." Afirmó sonriendo con su voz. "Pero estoy seguro que en cuanto pongas un pie fuera, las chicas te cubrirán de ropas de todo tipo."

"Ya, eso me da más miedo." Afirmé.

Había oído conversaciones de todo tipo desde allí; Embry, Seth y los chicos me habían visitado, habíamos hablado… y con todo eso había podido hacerme una idea de lo que me esperaba cuando saliese.

Tragué saliva preocupada.

Aún no me habían dicho por quién tañían las campanas, y eso era malo; tampoco había visto a todo el mundo que sabía que había estado, y de Jake…

"¿Ha vuelto Jake?" Le susurré a Carlisle notando flaquearme las piernas.

Sin embargo, antes de que pudiera darme una contestación, algo, mejor dicho, alguien chocó contra mí y me saltó encima.

"Donna, eso no se hace." Le dijo Seth acercándoseme.

"Donna… mi niña…" Le dije casi llorando y tocándole la cara, la cabeza, el cuerpo, las manos, los brazos… con angustia, buscando el más mínimo daño que pudiera haber tenido. "Mi niña…" Le dije aguantándome las lágrimas al ver que estaba sin la más mínima herida o marca.

"Mami, mami, mami, mami…" Se puso a gritar rápido y feliz abrazándome y haciéndome un poco de daño.

No me importaba que me hiciese un poco de daño, era mi hija, estaba bien, no le habían herido.

"Estas imágenes maternales siempre me hacen llorar de alegría." Afirmó Esme con felicidad en su voz.

"¿Esme?" Le dije confusa puesto que su voz no me llegaba desde la altura que debería.

"Esme está aún recuperándose de las heridas." Me dijo otro de los hijos, Edward creo que se llamaba. "Está en una silla de ruedas."

"Oh, ya… ya veo." Le dije cohibida. "Yo… había oído algo, pero…"

"Es cierto." Me dijo de nuevo. "Y también es cierto lo de Alice, y lo de Rosalie a medias, no es cierto que le quede tan mal."

"Aún con todo sigue estando preciosa, como una modelo." Afirmó Emmet con un tono alegre.

"¿Estabais esperándome todos aquí?" Les dije intentando bromear.

"Tu bebé está durmiendo en una cuna en el cuarto de las niñas." Me dijo otra chica.

"Esa es Rosalie." Me dijo Edward. "Sí, la rubia."

"Oh, qué tenéis todos contra las rubias." Dijo como si le molestase.

"Nada, es que… eres la única aquí." Le dije. "¿Y los otros?"

"Descansando." Dijo Jasper. "Estaban bastante heridos también."

"Había bastantes huesos rotos, aún están soldándolos en sus habitaciones." Me explicó Carlisle.

"¿Y… Y Jake?" Pregunté tragando saliva. "¿Dónde…?"

"Jake sufrió un golpe con una viga en llamas cuando la casa comenzó a caerse." Me dijo Jasper. "Es… tenía la columna tocada y estaba…"

No… no podía ser cierto. Jake no…

Fue demasiado fuerte para mí, perdí toda la fuerza en las piernas y me caí al suelo, por suerte aquella gente era demasiado rápida para que me hubiese golpeado la cabeza contra el suelo, me sujetaron pero no pudieron hacerme levantar y alguien me sujetó la cabeza para dejármela sobre una almohada.

No podía parar de llorar, me hice una bola sobre mi misma y me dejé ir todas las lágrimas.

Las lágrimas por mi muerte como Bellatrix, las de dolor al ver a los chicos y su sufrimiento antes de volver al cuerpo de Rissa, las de todas las dificultades que había superado para poder llegar al estado de Washington… todas salieron de golpe al entender que aquellas campanas tañían, entre otros, por Jake.

"Eh, hijos de la gran puta." Dijo la voz que más quería oír en mis sueños. "¿Qué coño creéis que hacéis? Ya os vale. Rissa…" Me susurró entonces. "Eh, Rissa, coño, despierta. Contéstame."

Noté unos toquecitos suaves en la mejilla, como si alguien me pinchase con el dedo y cuando fui a golpearle sin fuerzas, me cogió la mano.

Ese tacto… ese olor…

Levanté la cabeza rápidamente, tanto que me dolió el cuello y le miré a ciegas gracias a mi venda en los ojos.

Levanté la mano rápidamente para estamparla sin querer en su cara y mover ambas manos por esta para reconocer todos y cada uno de los milímetros cuadrados que formaban los rasgos más dulces y bellos que nunca había visto: los de Jake.

"¿Sabéis qué pasa cuando hacéis llorar a una Black?" Les dijo mientras me cogía en brazos girándo la cara hacia un lado.

"Jacob Black." Le dijo Carlisle. "Deberías estar en la cama, el armazón de metal es improvisado, aún tiene que ajustar tu cuerpo la columna en su sitio."

"Pues pasa que cuando haceis llorar a una Black, sobre todo a ESTA Black, viene su marido y os mata, cruel y despiadadamente como no me digáis por qué narices la habéis hecho… jogno… hisa… he me aoas…" Dijo cuando le abracé con tanta fuerza que me di cuenta que le dificultaba respirar porque le hacía daño en el cuello. "Cielo…"

"Lo… lo siento, pensaba que habías…" Le dije sin poder soltar lo que parecía un armazón de hierro que enjaulaba su cuerpo.

"Creo que cuando le hablamos de cómo estabas y por qué no estabas aquí, lo malinterpreto y se cerró en banda." Le dijo Edward.

"Pensaba que habías…" Balbuceé volviendo a tocarle la cara.

"Ya, ya, normalmente no me molesta que 'me mires' tanto, cielo, pero ahora estoy hablando con estos vampiros malos." Me dijo susurrando. "Me quitas dureza, cielo." Añadió haciendo que alguien, o todos, aguantasen la risa.

"Es que… me alegro tanto de que no estés…" Dije.

"Hace falta algo más que un fuego descontrolado para alejarme de ti, cielo." Me dijo dándome un beso en la frente. "Y ahora que tengo 3 mujeres a las que cuidar, menos aún."

"¿Y si salimos y les damos un poco de tiempo?" Sugirió la otra chica.

"Sí Bella, es una buena idea." Dijo Edward.

"Al menos tener cuidado de no haceros daño ¿vale?" Dijo Carlisle. "Jacob, eso va más bien por ti."

"Ya, ya." Dijo él. "Tranquilo, sé perfectamente lo que me conviene."

"Lo digo en serio." Le dijo. "Odiaría tener que volver a ajustarte la columna, o romperte otra vez las costillas porque te vayan a soldar en falso."

"¿Qué?" Dije.

"Cosas del médico, olvídalo." Me dijo Jake suavemente soltando un brazo y haciendo gestos para que se fuesen.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Jake)

Habían sido unos días largos. Primero pensando que Rissa había muerto en el incendio, luego despertando en un sitio desconocido, listo para atacar aunque me dolía hasta las pestañas. Por suerte había despertado junto a Jared que me había puesto al corriente de todo: de la batalla, de los resultados de esta… de todo lo que habíamos perdido y de todo lo que los Cullen habían vuelto a hacer por nosotros.

Mis hijas estaban bien, las mujeres de los Cullen cuidaban de ellas y Seth y Embry les hacían de chaperones. Pero sobre Rissa… no habían sabido decirme nada.

Todos estábamos hechos polvo, y cuando Carlisle o Edward venían a echarnos un ojo… las noticias no eran demasiado buenas.

Pasaron las horas y un par de días, yo deliraba por la fiebre al curarse mi cuerpo solo y las alucinaciones de la medicación que me daban para sobrellevar los dolores, que eran demasiado fuertes porque mi genética se revelaba evaporando todo antes de que hiciera demasiado efecto, como al resto.

Y entonces, justo hacía menos de cinco minutos, había oído a Rissa.

No podía creerlo. ¡Estaba bien!. ¡Estaba viva!

Y estaba allí, en algún lugar de esa casa y…

No, joder, estaba sufriendo.

La oía llorar, y si yo la oía, y el resto también a juzgar por cómo desviaron sus miradas para mirarme, significaba que no se estaba escondiendo y realmente lo estaba pasando mal.

No sé de dónde saqué la fuerza para incorporarme, levantarme y deshacerme de los que intentaron pararme. No hice caso de las voces que me decían que me tenía que quedar quieto, ni aún cuando Sam me ordenó que no me moviese. Yo era mi propio alfa, no tenía por qué obedecer a nadie.

Casi fui arrastrándome por las paredes hasta donde sonaban sus llantos.

Se me partía el alma cuando llegué y la vi tirada en el suelo, con una almohada bajo la cabeza y hecha un ovillo desgañitándose a llorar sin gritar casi, como si le hubieran partido el alma mientras Donna y Nessy miraban en brazos de Rosalie y Bella.

"Eh, hijos de la gran puta." Les dije abriéndome paso hasta caerme de rodillas junto a ella porque me fallaron las fuerzas. "¿Qué coño creéis que hacéis? Ya os vale. Rissa…" Le susurré preocupado. "Eh, Rissa, coño, despierta. Contéstame."

Le di unos toquecitos suaves en las mejillas intentando despertarla, entonces le pinché suavemente con el dedo y fue justo entonces cuando reaccionó e intentó darme, sonriendo le paré la mano.

Estaba viva, y si había reaccionado así es que seguía siendo ella.

Entonces levantó la cabeza de golpe y se me calló el alma a los pies al ver que tenía los ojos y parte de la cabeza tapados con una venda, como cegándola.

Por un momento tuve miedo de que le hubiera pasado algo más a sus ojos, porque mientras los tuviera bien había esperanza, pero si les había pasado algo… si algo los había dañado…

Entonces levantó la mano rápidamente para estamparla sin querer en mi cara y mover ambas manos por esta para reconocerme. La había visto hacerlo tantas veces que no tenía la menor duda de que intentaba verme, comprobar que realmente era yo, como si aún no pudiese creerse que lo era.

Pero no tenía tiempo para eso. Los Cullen habían hecho llorar a Rissa de aquella manera, y eso sí que no se lo perdonaba.

"¿Sabéis qué pasa cuando hacéis llorar a una Black?" Les dije mientras la cogía en brazos girándo la cara hacia Carlisle y Edward.

"Jacob Black." Me dijo Carlisle denotando que me iba a echar una bronca. "Deberías estar en la cama, el armazón de metal es improvisado, aún tiene que ajustar tu cuerpo la columna en su sitio."

"Pues pasa que cuando haceis llorar a una Black…" Continué haciendo oídos sordos a sus palabras. "Sobre todo a ESTA Black, viene su marido y os mata, cruel y despiadadamente como no me digáis por qué narices la habéis hecho… jogno… hisa… he me aoas…" Les dije cuando Rissa me abrazó tan fuerte al cuello que me cortó la respiración y me resultó casi imposible respirar. "Cielo…"

"Lo… lo siento, pensaba que habías…" Me dijo sin soltar, solo aflojando un poco la presión de su agarre.

"Creo que cuando le hablamos de cómo estabas y por qué no estabas aquí, lo malinterpreto y se cerró en banda." Le dijo Edward.

"Pensaba que habías…" Balbuceó volviendo a tocarme la cara.

"Ya, ya, normalmente no me molesta que 'me mires' tanto, cielo, pero ahora estoy hablando con estos vampiros malos." Le dije susurrando puesto que era algo entre nosotros, íntimo y personal. "Me quitas dureza, cielo." Añadí para ver que todos se aguantaban la risa como si fuese muy divertido.

"Es que… me alegro tanto de que no estés…" Dijo antes de que pudiese gruñir a aquella familia.

"Hace falta algo más que un fuego descontrolado para alejarme de ti, cielo." Le contesté besándole la frente. "Y ahora que tengo 3 mujeres a las que cuidar, menos aún."

"¿Y si salimos y les damos un poco de tiempo?" Sugirió Bella sonriendo.

"Sí Bella, es una buena idea." La apoyó Edward.

"Al menos tener cuidado de no haceros daño ¿vale?" Nos pidió Carlisle. "Jacob, eso va más bien por ti."

"Ya, ya. Tranquilo, sé perfectamente lo que me conviene."

"Lo digo en serio." Me dijo. "Odiaría tener que volver a ajustarte la columna, o romperte otra vez las costillas porque te vayan a soldar en falso."

"¿Qué?" Dijo Rissa preocupada.

"Cosas del médico, olvídalo." Le contesté suavemente soltando un brazo para pedirles al resto que se fuesen de una vez y viéndoles salir con nuestras niñas para cerrar la puerta del salón dejándonos solos por fin. "¿Estás bien? Te he oído llorar como si te hubiesen hecho algo y pensé que…"

"No es… pensé que estabas muerto." Me dijo. "Oí las campanas tocar a muerto hace un par de días y cuando pregunté por ti…"

"Oye, me duele que tengas tan poca confianza en mí." Le dije medio en broma. "¿En serio crees que me moriría dejándoos solas a las niñas y a ti?"

"No, pero…" Comenzó.

Sonriendo le cerré la boca con un beso.

Había echado demasiado de menos eso mientras estaba allí en la cama, esperando que se me curase lo que fuera que fuese lo que tenía.

"Cielo… dejemos estos temas para cuando las ranas crien pelo ¿vale?" Le sugerí sonriéndole y peinándole con los dedos. "Lo importante es que volvemos a estar juntos."

"Sí… juntos para el resto de nuestra vida." Afirmó sonriendo.

Sonreí cogiéndole de la barbilla para levantarle la cara y besarla. Aún notaba los dolores, pero era como si teniéndola a ella, el resto del mundo desapareciera. Tanto era así, que ni me di cuenta cuando acabamos tumbándonos sobre mí enredados y juntos, totalmente juntos.

"Dios… Rissa…" Gemí notando que ardía mi sangre y se mezclaba con el éxtasis de mi felicidad. "Ojalá estuviésemos bien los dos, ojalá estuviésemos solos en algún lugar, lejos de todo y todos…"

"Pero estamos aquí…" Gimió parcialmente sobre mí.

"En momentos como estos es en los que odio a esta gente." Afirmé bromeando para hacerla reír.

Echaba de menos su risa, y echaba de menos todo en ella cuando no estaba conmigo.

Entonces me di cuenta de algo y alargué mi mano para cogerlo.

Había estado en mi bolsillo cuando salí la maldita mañana de casa para ir al ciber-centro cruzando la calle, había seguido allí cuando regresé para desayunar con mi familia, incluso cuando la vieja cotilla había venido a buscarla para introducirla en el círculo de lectoras marujas de aquel pueblo. Incluso cuando había peleado y había dejado los pantalones a un lado había conseguido que se mantuviera allí dentro; en mi bolsillo abandonado casi, y ahora, seguía allí.

Sonriendo saqué aquella pequeña caja de mi bolsillo y lo miré.

"Dime, cielo." Le dije mirándole. "¿Si consiguiera que esta gente y los nuestros nos dejasen un rato libres para cenar… querrías venir conmigo?"

"¿A cenar?" Me dijo confusa.

"Sí, no puedo darte muchos detalles, pero… una cena los dos solos." Le dije.

"¿Y las niñas?" Me dijo.

"Solo una noche." Afirmé. "Pueden quedarse aquí con todos, serán solo unas horas."

La vi dudar, pero al final acabó sonriéndome y asintiendo.

"Vale, por unas horas no pasaría nada." Afirmó sonriéndome. "Hace mucho que no estamos solos tú y yo."

"Cierto, ahora tenemos un par de razones para no estar solos y aún así ser felices." Le dije devolviéndole la sonrisa aunque no me la fuese a ver por lo que me llevé su mano a mi boca para que lo 'viera' y sonriera aún más. "Aunque de vez en cuando aún echo de menos ser solo tú y yo."

"Es por el bien del mundo." Me dijo sonriendo. "Esto podría acabar con futuras peleas."

"O empezar la siguiente guerra." Le dije dándome cuenta que era algo de doble filo, se podía ver como el comienzo de algo nuevo o como la primera y más grande aberración en la historia de nuestras especies. "¿No te habías dado cuenta?"

"Madame Justinia es demasiado sabia." Afirmó sacudiendo la cabeza. "Nunca se ha equivocado y ha dicho que será para bien."

"Pues con permiso, esa mujer es una chalada de aúpa." Afirmé. "Porque nadie en su sano juicio diría algo tan repugnante como que críes a dos niñas de padres diferentes para…"

"Son nuestras hijas." Me dijo.

"Sí, y quiero a Donna como si fuese mía también, pero no olvides que no lo es." Le dije sin controlar demasiado lo que decía. "Joder, me da miedo el día que descubra que es parte vampiro y ninguno de los dos tenemos esa parte… soy su padre, maldita sea."

Y maldita sea yo, por reconocer que me había encariñado con aquella cría que ni siquiera era mi propia hija. Pero así era, me había encariñado con aquella niña como si fuese mía. Si alguien intentaba hacerle cualquier cosa era como si fuese carne de mi carne y sangre de mi sangre.

"Jake." Me dijo Rissa.

"¿Hum, hum…?" Le dije temiéndome que me volvería a reñir porque habría malinterpretado lo que había dicho; pero en lugar de eso, me tocó el camino a la boca y me besó para sonreír separándose. "¿Y eso?"

"Gracias por aceptarla como si fuese tuya." Me dijo sonriendo.

"Yo… voy a lamentar decirlo pero… es tu hija." Afirmé. "Y estoy improntado de ti, lo que significa que al final acabaría viéndola como mi propia hija porque si tú la quieres, yo también. Además, la parte buena es que por lo menos, no tendré que pelearme con el padre por la custodia de la niña. Y… ahora tampoco con el… resto de familia."

"¿Y…?" Preguntó preocupada.

¿Cómo le decía que ese grupo había quedado cuanto menos desterrado al recuerdo?

"Aún no hay noticias de ellos." Mentí sonriendo, al fin y al cabo… qué necesidad había de contarle toda la verdad.

"Ah, es… sí, hacen eso a veces." Dijo sonriendo tristemente. "Seguro que están en algún lugar por ahí, divirtiéndose a su manera. O cazando…"

"Prometieron no cazar gente." Le dije entendiendo que no pretendía seguir.

"Ya, pero los dos sabemos que sus palabras son solo eso." Me dijo. "¿Te crees que me chupo el dedo? Solo hicieron penitencia con lo de 'no mujeres' y poco más."

"Vamos, yo… creo que no deberías dudar así de ellos." Le dije.

Todos pensábamos que ella no sabía nada.

"Jake, me sorprende que seas tan confiado." Afirmó.

"Vale, hace cuánto que lo sabes ¿eh?" Le pregunté.

"Olvidas que he pasado unos meses como alma antes de entrar en este cuerpo." Me dijo moviendo la venda sobre sus ojos como si hubiera levantado una ceja. "Pero agradezco lo que haces."

"Vaya, estamos hoy muy listas." Le dije divertido. "Vale, y según tú… qué se supone que es lo que intento hacer."

"Alegrarme el día, y demostrarme que puedes convivir con el hecho de que sean la familia de una de nuestras hijas." Afirmó para darme un beso.

"Vaya… a veces creo que ves mi mente también." Afirmé sorprendido.

"Siempre, mutuamente." Afirmó tocándose su mente y la mía seguido.

Eso hizo que me sintiese feliz. No era solo algo mío, ella también sentía lo mismo por mí. Ella podía leer en mí igual que yo en ella.

Estuvimos un rato así hasta que decidí que era suficiente porque me dolía la espalda y ella tampoco es que andase sobrada precisamente.

"Deberíamos llamar a los Cullen." Le dije. "Estás hecha polvo y yo también agradecería un poco de descanso. AL fin y al cabo lo que tengo es solo un apaño, como se mueva podría acabar mal."

"Sí, es… qué te pasó." Me dice.

"Tenemos toda la vida para hablar de esto." Afirmé besándole antes de besarle los nudillos con cuidado. "Ahora es mejor que descansemos un poco."

Más que nada porque me conocía sus charlas. Comenzaríamos por nosotros y al final acabaría desembocando en cómo estaba el resto y por qué estaban así.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Sam)

Voces en el silencio, acercándose.

Miro alrededor. Estamos todos tirados en camas improvisadas sobre colchones, con sacos de dormir aunque no los necesitemos y la chimenea como única iluminación.

"Ronda de revisión." Nos dice Carlisle con Edward al lado. "Manos arriba los que estén despiertos para ser los primeros."

Con cuidado levanto la mano.

"Creo que la mayoría duermen." Le dice Edward.

"No los culpo." Le contesto. "Nunca habíamos estado peor."

"Os recuperaréis." Me dice deshaciendo con cuidado el vendaje de mi torso para mirarlo. "Cada vez sanáis más y más las heridas. Dentro de poco estaréis de nuevo listos para lo que sea."

Entonces espero. Había supuesto que entonces iría contándome más sobre el resto, esperaba información sobre el motivo por el que estábamos allí, pero esta no llegó.

"¿Cómo están?" Le digo.

"El resto está bien, mejoran poco a…"

"Ya sabes a quiénes me refiero." Le digo cortándole.

Unos segundos de silencio.

"Avanzan rápido." Me dice. "Las lesiones de la espalda de Jacob sanan a velocidad normal. Probablemente tengáis que esperarle un poco más que lo que pensabais."

"¿Y ella?" Le pregunto con temor a recibir malas noticias.

"Sanará, pero…" Dice Carlisle.

No, eso nunca son buenas noticias.

No puedo evitar mirar a un lado. Ya era suficiente con Emily como víctima de nuestra torpeza, si ahora encima tenemos también a Rissa, la impronta de Jake, con graves cicatrices…

"No creo que a Jake le importe demasiado." Dice Edward. "Ni lo uno ni lo otro."

"Si es por las marcas que le puedan quedar, no creo que a Jacob le importe demasiado." Me dijo Carlisle. "Al fin y al cabo, es su impronta."

"Dijo el que no tiene ni idea de qué va eso." Dijo Paul con sarcasmo.

"Paul, esto es grave." Le riño.

"Ya lo sé." Afirma. "¿Te crees que va a ser agradable tener que apartar la vista también de ella? Era una tía que no estaba tan mal, como compañía me refiero. Nos seguía el ritmo y era divertida hasta cierto punto."

"Cullen, Jacob no va a alejarse de ella solo porque ahora tenga alguna cicatriz más." Les dije a ambos mirando a Carlisle. "Como habéis dicho, es su impronta, y aunque fuese una inválida, tampoco iba a dejar de verla preciosa o de quererla. Pero el resto de gente en la reserva no son Jacob ni nosotros."

"Harán preguntas y va a ser difícil para vosotros contestarlas." Dijo Edward para Carlisle leyéndonos la mente. "Por no contar con que Emily, tu esposa sabe de primera mano lo que son las consecuencias de marcas asociadas a vosotros."

Tenía que decirlo, tenía que meter el dedo más aún en la yaga que me había dejado ser el responsable de que ahora Emily tuviese esas horribles marcas en la cara.

"Lo siento, no pretendía eso." Me dice.

"Ya, ahórrate las disculpas." Le digo. "Si queréis hacer algo, haced que salgamos cuanto antes de aquí."

"Lo vuestro es fácil." Nos dice Carlisle pasando a Paul y atendiéndole el ojo antes que nada. "Salvo casos como el tuyo, pero avanzas bien."

"Sanamos rápidamente." Le dice él orgulloso. "Me preocupa más que me puedan quedar marcas feas."

"No creo que a Rachel le importe demasiado o durante demasiado tiempo." Le digo.

Probablemente pasase un tiempo sintiendo lástima o algo de reparo hacia las marcas que las quemaduras iban a dejarle a Paul como al resto, pero al final el amor siempre acababa ganando la partida y las aceptaría; eso si es que no las aceptaba desde casi el principio.

"¿Podrá volver a ver por ese ojo?" Le pregunto a Edward.

"Posiblemente pierda parte de visión." Me dice casi susurrando. "Pero hay que ser optimistas."

Optimistas, eso es demasiado sencillo de decir; sobre todo para él que no tiene demasiado daño y es casi inmortal. Pero… ¿Y nosotros?

Nosotros somos lobos quileutes, pero somos mortales, y algún día, acabaremos muriendo como los hombres que somos.

Nosotros tenemos familias que se preocupan de nosotros, que sentirán dolor cuando nos vean volver hechos trapos o con nuevas marcas. Tenemos madres, padres, mujeres, hermanas y demás a los que preocupar.

¿Qué será de nosotros?

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Jake)

"¿Y cuál es el plan ahora?" Me pregunta Embry a eso de media noche cuando sabemos que los Cullen han salido a cazar salvo Alice por su falta de vista en esos instantes y Esme por su incapacidad al estar en silla de ruedas; pero sabiendo que ambas están ocupadas cuidando de las niñas y Rissa.

"De momento curarnos." Le digo. "Todos estamos mal, así que lo primero que tenemos que hacer es descansar y sanar las heridas antes de poder pensar en hacer nada más."

"¿Y cuándo volvamos?" Me dice un amigo de Seth.

"Mi madre me va a matar." Me dijo otro. "Pensaba que estábamos todos de acampada al norte, y ahora… mira, tenemos quemaduras y algunos cosas incluso peores."

"Tendremos que pensar algo para decir." Les intento calmar desde mi cama donde me han acabado convenciendo para volver a cambio de poder estar un rato al día con Rissa que vendría a verme allí. "Escuchad, sé que no va a ser fácil, y probablemente esto vuelva a pasar. Pero son mi familia, y no puedo dejar que les hagan nada."

"Jake, deja de hacer el bobo." Me dice Paul tirándome un calcetín sudado. "Somos compañeros, lo que le pasa a uno, nos pasa a todos."

"Todos para uno y uno para todos." Afirma Embry bromeando.

"Jake." Me dice Sam. "Aunque seamos dos manadas, ambos nos ocupamos de proteger nuestras tierras. Y si se meten con uno, se meten con todos."

Debería haberlo supuesto, pero aún así… no pude evitar sonreír y sentirme orgulloso.

Era cierto, éramos dos grupos separados, y era cierto, no todo eran amistades entre las dos manadas, comenzando por el hecho de cómo y cuándo nos habíamos separado del grupo original; pero a la hora de defender nuestro hogar y a los nuestros, entonces éramos una sola manada.